¿Te sientes diferente a la hora de relacionarte?
Durante mucho tiempo hemos aprendido a entender la personalidad a través de dos conceptos que parecen opuestos: introversión y extroversión. De una persona que disfruta de la tranquilidad, necesita momentos de soledad y puede sentirse agotada después de determinadas situaciones sociales solemos decir que es introvertida. Por el contrario, cuando alguien disfruta especialmente de relacionarse, de conocer gente, de participar en actividades grupales y de estar rodeado de otras personas, tendemos a definirlo como extrovertido. Sin embargo, la personalidad humana es mucho más compleja que una clasificación dividida en dos extremos. No todas las personas se sienten representadas por estas categorías y, precisamente para describir una experiencia diferente, en los últimos tiempos ha comenzado a popularizarse el término otrovertido. La palabra otrovertido procede del concepto inglés otherness y ha sido difundida especialmente a partir del trabajo del psiquiatra estadounidense Rami Kaminski. El término intenta describir a personas que no se sienten especialmente identificadas con las categorías tradicionales de introversión y extroversión y que, además, pueden experimentar una relación particular con los grupos sociales y con el sentimiento de pertenencia. Se trataría de personas que pueden disfrutar de las relaciones humanas, mantener vínculos profundos y sentirse cómodas conversando con otras personas, pero que no necesariamente sienten la necesidad de formar parte de un grupo concreto o de identificarse con una determinada comunidad. Esto es importante porque, en ocasiones, podemos confundir la necesidad de relacionarnos con la necesidad de pertenecer. Son conceptos relacionados, pero no exactamente iguales. Una persona puede disfrutar de la compañía de los demás y, al mismo tiempo, sentirse poco identificada con los grupos. Puede tener amigos, mantener relaciones afectivas satisfactorias, conversar durante horas con determinadas personas y disfrutar de encuentros sociales, pero no sentir una especial necesidad de integrarse en una “tribu”, de compartir una identidad colectiva o de formar parte de un círculo social determinado. En ese sentido, el otrovertido no sería necesariamente alguien que rechaza a los demás, sino alguien cuya forma de relacionarse puede ser más individual y menos vinculada al sentimiento de pertenencia grupal. Cuando estar con personas no significa sentirse parte de un grupo Una de las características que suelen relacionarse con el concepto de otroversión es precisamente esa sensación de estar ligeramente al margen de los grupos. No necesariamente porque exista rechazo, conflicto o aislamiento, sino porque la persona puede sentir que su identidad no depende de formar parte de una comunidad concreta. Puede participar en una reunión, conversar con otras personas y disfrutar de la experiencia, pero al mismo tiempo conservar una cierta sensación de independencia respecto al grupo. Podemos encontrar ejemplos de esta situación en diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Alguien puede trabajar en una empresa y mantener buenas relaciones con sus compañeros, pero no sentir la necesidad de formar parte de los grupos internos que se crean. Puede tener varios amigos, pero no identificarse con una única pandilla. Puede disfrutar de una actividad determinada sin querer convertirla en parte de su identidad. También puede sentirse cómodo manteniendo relaciones individuales con diferentes personas sin necesidad de reunirlas a todas dentro de un mismo círculo. Esta forma de relacionarse puede resultar difícil de explicar en una sociedad en la que el sentimiento de pertenencia tiene un peso importante. Desde pequeños aprendemos la importancia de formar parte de un grupo: la familia, los compañeros de colegio, el grupo de amigos, los compañeros de universidad, los colegas de trabajo o determinadas comunidades vinculadas a intereses, aficiones o valores. Para muchas personas, sentirse parte de un grupo constituye una fuente importante de seguridad, identidad y apoyo. Para otras, en cambio, esa pertenencia puede resultar menos necesaria y pueden sentirse más cómodas conservando un grado mayor de autonomía. Otrovertido no significa antisocial Una de las principales confusiones que pueden aparecer alrededor de este concepto consiste en pensar que una persona otrovertida es necesariamente antisocial, distante o incapaz de establecer vínculos. No es así. No debemos utilizar el término para describir automáticamente a alguien que evita a otras personas o que tiene dificultades para relacionarse. De hecho, una persona puede ser perfectamente sociable y, sin embargo, no sentirse especialmente vinculada a los grupos. Puede disfrutar de una conversación, conocer gente nueva, tener sentido del humor, participar en actividades y mantener relaciones afectivas estrechas. La diferencia estaría en que quizá no experimente esa necesidad de sentirse integrada dentro de un grupo determinado. Esta distinción resulta especialmente importante cuando hablamos de salud mental. No debemos convertir cualquier característica de personalidad en un problema psicológico. Tener una forma diferente de relacionarse, preferir vínculos más individuales o no sentir una fuerte necesidad de pertenencia no constituye por sí mismo una enfermedad ni un trastorno mental. La salud mental no consiste en comportarnos todos de la misma manera ni en tener exactamente las mismas necesidades sociales. Cada persona tiene una combinación diferente de características, preferencias, experiencias y circunstancias que influyen en su manera de relacionarse con los demás. ¿Es lo mismo que ser introvertido? No exactamente. Aunque pueden existir algunas similitudes, introversión y otroversión hacen referencia a aspectos diferentes. La introversión es un rasgo de personalidad ampliamente estudiado y suele relacionarse con una menor búsqueda de estimulación social y con una mayor preferencia por ambientes tranquilos o por interacciones menos numerosas. Una persona introvertida puede necesitar tiempo a solas después de una jornada social intensa y sentirse más cómoda en conversaciones profundas con pocas personas que en grandes reuniones. La otroversión, en cambio, se ha planteado principalmente en relación con la sensación de pertenencia y con la posición que una persona ocupa respecto a los grupos. Por eso, alguien puede ser comunicativo, disfrutar de las relaciones y no presentar las características que normalmente asociamos con la introversión, pero tampoco sentir una identificación fuerte con los grupos sociales. También debemos recordar que la introversión y la extroversión no funcionan como dos cajas cerradas en las que todas las personas tienen que entrar. La personalidad se sitúa en un continuo y cada individuo puede presentar diferentes características en distintos grados. De
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