Entrevista al Dr. Gonzalo Muñoz Neurólogo Adultos en Chile

La migraña y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) han sido considerados durante años dos problemas de salud independientes. Sin embargo, la investigación más reciente está revelando que ambas condiciones comparten mucho más de lo que se pensaba, desde determinados mecanismos cerebrales hasta factores ambientales que pueden favorecer su aparición y mantenimiento. Comprender esta relación no solo permite realizar diagnósticos más precisos, sino también ofrecer un abordaje integral que mejore la calidad de vida de quienes conviven con ambas. En esta entrevista, el Dr. Gonzalo Muñoz Muñoz, neurólogo de adultos de Clínica Las Condes (Chile), analiza la evidencia científica actual, desmonta algunos de los mitos más extendidos y explica cómo la interacción entre migraña y TDAH está cambiando la forma de entender y tratar estas dos condiciones neurológicas.

Durante años se ha considerado que el dolor de cabeza y el TDAH eran problemas independientes, pero ¿qué cambios en la investigación y en la práctica clínica le han llevado a pensar que existe una relación mucho más estrecha de lo que imaginábamos y qué implicaciones tiene esto para los pacientes? Durante mucho tiempo se estudiaron como enfermedades completamente distintas. Sin embargo, en los últimos años han aparecido estudios epidemiológicos muy sólidos que muestran que las personas con TDAH presentan una prevalencia significativamente mayor de migraña que la población general. Además, en consulta es muy frecuente encontrar pacientes con ambas condiciones. (y creo que cada vez lo he ido preguntando y evaluando más en los pacientes).

Hoy sabemos que probablemente comparten mecanismos biológicos, como alteraciones en redes cerebrales relacionadas con la regulación de la atención, la modulación del dolor y neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina. Pero por sobre todo, comparten factores ambientales como la privación de sueño, el estrés y la dificultad para mantener hábitos regulares.

La principal implicancia es que ya no basta con tratar únicamente el dolor de cabeza. Si el TDAH no se identifica, es posible que el paciente siga teniendo crisis frecuentes pese a recibir un buen tratamiento para la migraña.

Cuando una persona con TDAH acude a consulta por migrañas recurrentes, ¿qué señales le hacen sospechar que el trastorno del neurodesarrollo puede estar influyendo directamente en la frecuencia, intensidad o evolución de esas cefaleas? Más que la intensidad del dolor, observo el contexto en que aparecen las crisis. Pacientes que duermen a horarios muy irregulares, olvidan comer durante horas, trabajan bajo hiperfoco, consumen exceso de cafeína o viven con una sensación permanente de saturación mental.

También me llama la atención cuando las migrañas empeoran durante periodos de alta demanda cognitiva o cuando el paciente refiere que «no logra desconectar nunca». En muchos casos, al explorar la historia aparecen síntomas de TDAH presentes desde la infancia que nunca habían sido diagnosticados.

¿Hasta qué punto la sobrecarga sensorial que muchas personas con TDAH experimentan a diario puede convertirse en un desencadenante silencioso de migrañas o cefaleas tensionales y cómo puede aprender el paciente a identificar ese patrón? La sobrecarga sensorial probablemente es uno de los factores menos reconocidos. Muchas personas con TDAH pasan horas expuestas a ruido, pantallas, múltiples conversaciones o ambientes muy demandantes sin darse cuenta del esfuerzo que supone para su cerebro.

No significa que el ruido provoque directamente la migraña, pero sí aumenta el nivel de estrés fisiológico y reduce el umbral para desarrollar una crisis.

Un diario de cefaleas suele ser muy útil (algunos lo hacen en aplicaciones o en papel). Muchas veces el paciente descubre que sus crisis aparecen tras jornadas especialmente caóticas más que por un alimento concreto. Identificar este patrón permite intervenir antes de que aparezca el dolor.

En consulta, ¿ha observado diferencias en la forma en que describen el dolor las personas con TDAH respecto a quienes no presentan este trastorno, y qué le enseñan esas diferencias sobre el funcionamiento del cerebro? Sí. Muchas personas con TDAH describen el dolor como una experiencia que invade completamente su capacidad de pensar y funcionar. Les cuesta «poner el dolor en segundo plano», especialmente cuando existe una alta sensibilidad sensorial o emocional.

También suelen referir mayor dificultad para anticipar desencadenantes y para mantener estrategias preventivas de forma consistente.

Esto refleja que el dolor no depende únicamente de la intensidad del estímulo, sino también de cómo el cerebro procesa la atención, la regulación emocional y la información sensorial.

Muchos adultos descubren que tienen TDAH después de años consultando únicamente por dolores de cabeza. ¿Qué errores diagnósticos siguen siendo frecuentes y qué preguntas cree que ningún profesional debería dejar de hacer en estos casos? El error más frecuente es atribuir todos los síntomas al estrés o a la ansiedad sin explorar si existe un trastorno del neurodesarrollo de base.

Siempre pregunto si desde la infancia existían dificultades para concentrarse, terminar tareas, organizarse, controlar impulsos o gestionar el tiempo. También pregunto por el rendimiento escolar, la historia laboral y antecedentes familiares de TDAH.

El diagnóstico del TDAH es clínico y longitudinal; no aparece de un día para otro en la adultez. Además creo que es extremadamente importante realizar un adecuado tratamiento de la migraña porque esta enfermedad tiene muchos síntomas cognitivos asociados y que no solo aparecen en el momento del dolor.

¿Cómo influye la desregulación emocional característica del TDAH en la percepción del dolor y por qué dos personas con una cefalea similar pueden vivir experiencias completamente diferentes? El cerebro no procesa el dolor de forma aislada. La ansiedad, la frustración, la fatiga mental y la regulación emocional modifican la experiencia dolorosa.

En el TDAH existe una mayor dificultad para modular estas respuestas. Eso puede hacer que una misma migraña tenga un impacto funcional mucho mayor que en otra persona.

No significa que «les duela más porque sean más sensibles», sino que el procesamiento cerebral del dolor es diferente.

¿Considera que el tratamiento eficaz del TDAH puede reducir indirectamente la aparición de migrañas al mejorar hábitos como el sueño, la organización, la alimentación o el manejo del estrés, incluso sin actuar específicamente sobre el dolor? Sí, y es algo que vemos con frecuencia.

Cuando el paciente consigue horarios de sueño más regulares, recuerda hidratarse, evita saltarse comidas, reduce el estrés asociado al desorden diario y organiza mejor su jornada, muchos desencadenantes de migraña disminuyen.

Eso no significa que el tratamiento del TDAH sustituya al tratamiento específico de la migraña, pero sí puede convertirse en un componente muy importante del manejo integral.

¿Qué papel desempeñan los ritmos de vida actuales, marcados por pantallas, hiperestimulación constante y multitarea, en el aumento simultáneo de síntomas de TDAH y cefaleas, especialmente entre los adultos jóvenes? Vivimos en un entorno que exige atención permanente y ofrece muy pocos momentos de descanso cerebral.

Las notificaciones constantes, la multitarea y el exceso de información aumentan la fatiga cognitiva, empeoran el sueño y favorecen el estrés crónico, factores estrechamente relacionados con la migraña.

No creo que las pantallas produzcan TDAH, pero sí pueden amplificar los síntomas en personas predispuestas y favorecer la aparición de cefaleas.

En ocasiones se habla del impacto cognitivo de la migraña, pero menos del impacto emocional que supone convivir con dolor crónico cuando además existe TDAH. ¿Qué consecuencias observa en la autoestima, la vida laboral y las relaciones personales? Es una combinación especialmente difícil.

Muchos pacientes sienten que nunca alcanzan su potencial porque alternan días de dolor incapacitante con dificultades para organizarse o mantener la productividad.

Con el tiempo aparecen sentimientos de culpa, baja autoestima, agotamiento e incluso miedo a comprometerse con proyectos por temor a una nueva crisis.

El tratamiento debe abordar no solo el dolor, sino también la calidad de vida.

¿Cómo puede distinguir un paciente entre una cefalea relacionada con factores cotidianos propios del TDAH y un dolor de cabeza que requiere una valoración neurológica urgente por posibles causas más graves? La mayoría de las cefaleas relacionadas con migraña o tensionales siguen un patrón relativamente conocido para cada paciente.

En cambio, debe consultar de forma urgente si aparece el peor dolor de cabeza de su vida de forma brusca, una cefalea acompañada de fiebre, alteración de conciencia, debilidad, dificultad para hablar, convulsiones, pérdida visual persistente o un cambio muy importante respecto a su patrón habitual.

El hecho de tener TDAH nunca debe hacer que minimicemos síntomas de alarma.

¿Qué avances científicos recientes considera más prometedores para comprender los mecanismos cerebrales que comparten la migraña y el TDAH y cómo cree que cambiarán la forma de tratar a estos pacientes en los próximos años? Los estudios de neuroimagen funcional y la investigación en conectividad cerebral están mostrando que ambas enfermedades comparten alteraciones en redes de atención, control ejecutivo y procesamiento del dolor.

También resulta muy interesante la investigación sobre neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, además de la genética compartida.

Creo que en el futuro hablaremos menos de enfermedades aisladas y más de perfiles neurobiológicos que permitan tratamientos realmente personalizados.

Desde su experiencia, ¿qué hábitos aparentemente insignificantes suelen marcar la diferencia en la prevención de las cefaleas en personas con TDAH y por qué cuesta tanto mantenerlos de forma constante? Dormir y despertarse a la misma hora, comer sin saltarse comidas, mantenerse hidratado, hacer pausas durante jornadas intensas y reducir el uso de pantallas antes de dormir parecen medidas simples, pero tienen un enorme impacto.

El problema es que precisamente esas rutinas son difíciles de mantener para muchas personas con TDAH debido a sus dificultades en planificación, memoria prospectiva y autorregulación.

Por eso, más que pedir fuerza de voluntad, debemos diseñar estrategias que faciliten esos hábitos.

¿Existe el riesgo de que algunos pacientes atribuyan todos sus síntomas al TDAH y pasen por alto enfermedades neurológicas importantes, y cómo puede evitarse ese fenómeno sin generar una preocupación excesiva? Sí. Cuando un diagnóstico explica muchas cosas, existe el riesgo de utilizarlo como explicación para cualquier síntoma nuevo.

Siempre debemos recordar que tener TDAH no protege frente a otras enfermedades neurológicas. Los síntomas nuevos, progresivos o diferentes siempre merecen una valoración adecuada.

El objetivo es evitar tanto la banalización como el alarmismo.

Si pudiera desmontar tres mitos que siguen circulando sobre la relación entre migraña, cefalea y TDAH, ¿cuáles elegiría y qué consecuencias tienen esas creencias erróneas para el diagnóstico y el tratamiento?

1: «Las migrañas del TDAH son solo consecuencia del estrés.»

El estrés influye, pero existe una asociación biológica que va mucho más allá.

2: «Si trato el TDAH, desaparecerán automáticamente las migrañas.»

No necesariamente. Son enfermedades distintas que pueden influirse mutuamente y, en muchos casos, ambas requieren tratamiento específico.

3: «Los estimulantes siempre empeoran la migraña.»

No existe evidencia de que esto ocurra de forma sistemática. En algunos pacientes pueden incluso mejorar indirectamente el control de las cefaleas al favorecer hábitos más regulares y reducir la sobrecarga cognitiva. Como cualquier tratamiento, debe individualizarse.

Si imaginara que dentro de diez años la atención a los pacientes con TDAH y cefaleas fuese realmente excelente, ¿qué cambios le gustaría haber conseguido tanto en la práctica médica como en la comprensión social de estas dos condiciones? Me gustaría que dejáramos de tratar al paciente por compartimentos.

Que quien consulta por migraña sea evaluado también por factores cognitivos, emocionales, del sueño y del estilo de vida cuando corresponda. Y que quien consulta por TDAH reciba preguntas sistemáticas sobre cefaleas, calidad del sueño y dolor.

También espero que la sociedad entienda que ni la migraña ni el TDAH son falta de voluntad. Son trastornos neurobiológicos reales, tratables y cuyo impacto puede reducirse enormemente cuando se diagnostican a tiempo y se abordan de forma integral.

Algo que añadir… Creo que el mensaje más importante es que debemos dejar de entender el cerebro como un conjunto de enfermedades independientes. Atención, dolor, sueño, emociones y funciones ejecutivas forman parte de una misma red.

Cuando escuchamos la historia completa del paciente, muchas veces entendemos que la migraña y el TDAH no son dos diagnósticos aislados, sino dos manifestaciones de un cerebro que necesita un abordaje global. Ese cambio de mirada probablemente sea uno de los avances más importantes que estamos viviendo en neurología.

Cualquier cosa me cuentas.
Dr. Gonzalo Muñoz Muñoz
Neurólogo Adultos – Universidad de los Andes, Chile
Clínica Las Condes, Santiago de Chile
@neurogon (Instagram)