Trastornos de aprendizaje

Entrevista a Maria Garau experta en neuropsicología

En esta entrevista conversamos con María, especialista en neuropsicología infantil, sobre los retos a los que se enfrentan muchos niños y adolescentes cuando sus necesidades no son comprendidas a tiempo. Hablamos de diversidad neurocognitiva, salud mental, autoestima, resiliencia, fracaso escolar y del papel decisivo que desempeñan familias y docentes en la construcción de la identidad infantil. María ¿qué historias silenciosas cree que se esconden detrás de los niños que “no encajan” en el aula pero nunca llegan a ser evaluados clínicamente?  Muchas veces hay historias de esfuerzo invisible. Niñxs que pasan horas intentando compensar dificultades que nadie está viendo. Niñxs que no dan problemas de conducta y, precisamente por eso, pasan desapercibidxs. Detrás del “no se esfuerza”, “eres una despistadx” o “es peculiar” puede haber TDAH, dislexia, TEA, ansiedad, trauma… También veo mucho sufrimiento silencioso asociado a la comparación constante. Hay niñxs que aprenden muy pronto que mostrar dificultad implica decepcionar, así que empiezan a esconderla. Y cuando un niño tiene que dedicar tanta energía a aparentar que puede, queda muy poco espacio para aprender o disfrutar. Si pudiera rediseñar desde cero el sistema educativo pensando en la diversidad neurocognitiva, ¿qué tres cambios estructurales serían imprescindibles? Primero, formación real en neurodesarrollo para docentes. Seguimos interpretando muchas conductas desde la voluntariedad (“quiere/no quiere”) en lugar de desde la comprensión de la neurobiología. Segundo, flexibilizar la forma de enseñar y evaluar. El sistema sigue premiando sobre todo rapidez, memoria inmediata, atención sostenida prolongada y capacidad de adaptación a formatos rígidos. Pero aprender no es eso únicamente. Y tercero, incorporar salud mental y regulación emocional como parte estructural de la educación, no como algo accesorio. El cerebro aprende peor en alerta constante. No podemos separar aprendizaje de sistema nervioso. ¿Qué le ha enseñado su práctica clínica sobre la relación entre el lenguaje interno de un niño y su capacidad para regular emociones? Que el lenguaje interno acaba convirtiéndose en la forma en la que el cerebro interpreta la experiencia. Muchxs niñxs no solo tienen dificultades académicas; tienen un diálogo interno profundamente hostil construido a base de repetición: “soy tontx”, “siempre lo hago mal”, “todo me cuesta”. Y eso tiene impacto regulatorio. La regulación emocional no depende solo de “calmarse”, sino también de cómo interpretas lo que te ocurre. Un niño que vive el error como amenaza a su valía entra antes en activación fisiológica y tiene más dificultades para recuperar su estado basal. ¿Hasta qué punto cree que estamos patologizando conductas infantiles que en realidad son respuestas adaptativas a entornos poco flexibles?Creo que a veces confundimos adaptación con patología. Hay niñxs inquietxs en contextos extremadamente sedentarios. Niñxs distraídxs en entornos sobreestimulantes. Niñxs irritables sosteniendo niveles de exigencia muy altos o vínculos inseguros. Es fundamental contextualizar el síntoma. Observar ese patrón conductual, emocional y cognitivo en el contexto de origen. Si un niñx se cría en un entorno en el que no hay límites desafiará la norma, pero no como síntoma del propio TDAH sino a consecuencia del contexto en el que se encuentra. No tener en cuenta el contexto, puede llevar al sobre diagnóstico. ¿Qué papel juega la mirada del adulto (familia o docente) en la evolución de un niño con dificultades, más allá del propio diagnóstico? Es enorme. La mirada del adulto muchas veces acaba convirtiéndose en identidad. Un niñx que crece con etiquetas como “problemático”, “vago” o “difícil” organiza su autoconcepto alrededor de eso. Nuestro autoconcepto determina el cómo me relaciono con el mundo: con mis compañeros, con mi trabajo cuando sea adultx, con mi pareja… La diferencia entre un entorno que interpreta la conducta como desafío y otro que la interpreta como señal de necesidad cambia esas etiquetas y por tanto la vivencia del propio niñx. ¿Cómo influye el contexto cultural y social en la forma en que se manifiestan y se interpretan los trastornos del neurodesarrollo? Mucho. El contexto define qué conductas son toleradas y cuáles generan alarma. Por ejemplo, en niñas con TDAH o TEA seguimos viendo mucho infradiagnóstico porque socialmente se refuerzan más las conductas de complacencia y compensación. También influye el acceso a recursos, el nivel de información de las familias y el estigma. Hay entornos donde pedir ayuda psicológica sigue viviéndose como fracaso o donde las dificultades se interpretan exclusivamente desde la disciplina. En su experiencia, ¿qué diferencias encuentra entre los niños que reciben un acompañamiento emocional adecuado desde el inicio y los que solo reciben intervención académica? La diferencia principal suele estar en la autoestima y en la relación con el aprendizaje. Cuando solo abordamos el rendimiento, pero no el impacto emocional de sentirse diferente o quedarse atrás, el riesgo es que el niño aprenda estrategias académicas mientras sigue sintiéndose incapaz, muchas veces impidiendo que se acaben de automatizar realmente las pautas académicas. Los niñxs que reciben validación emocional suelen desarrollar más sensación de competencia, menos indefensión y más capacidad para pedir ayuda sin vivirlo como fracaso. El como tu te percibes (autoconcepto) va a determinar como te enfrentas al mundo. Si se trabaja la esfera emocional, el sistema de creencias (soy capaz o soy suficiente) y el autoconcepto será muy diferente el cómo el niño o la niña se enfrente a la esfera académica. ¿Qué impacto tiene en el cerebro en desarrollo crecer sintiéndose constantemente comparado con otros? La comparación mantenida activa sistemas relacionados con amenaza y evaluación social. Y cuando un niño o una niña crece sintiendo que nunca llega al nivel esperado, aumenta el riesgo de ansiedad, evitación, perfeccionismo o desconexión emocional del aprendizaje. Además, el cerebro infantil está construyendo identidad. La repetición constante de experiencias de “quedar por debajo” acaba consolidando creencias muy profundas sobre el propio valor. ¿Cómo se construye la resiliencia en niños que han vivido fracaso escolar repetido? No se construye diciéndoles que “pueden con todo”. Se construye generando experiencias reales de competencia y seguridad. Un niño o una niña recupera resiliencia cuando deja de vivir cada error como confirmación de incapacidad. Necesita adultos que entiendan su funcionamiento, ajusten expectativas y le permitan experimentar pequeños éxitos

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¿Por qué mi hijo no habla?

El retraso en el habla es una preocupación común para padres y cuidadores. Aunque cada niño tiene su propio ritmo, la ausencia o dificultad para comunicarse verbalmente puede ser indicio de trastornos del neurodesarrollo que requieren atención. En este artículo, profundizamos en señales menos conocidas que pueden ayudarte a identificar estas condiciones. ¿Cuándo debería preocuparme? Es normal que los niños desarrollen el habla de manera diferente, pero generalmente: A los 12 meses, los bebés empiezan a decir sus primeras palabras como “mamá” o “papá”. Entre los 18 y 24 meses, combinan palabras para formar frases simples. A los 3 años, pueden mantener conversaciones básicas. Si tu hijo no habla o balbucea para estas edades, es importante observar otras señales y consultar con un profesional. Trastornos del neurodesarrollo y el habla: señales menos conocidas Dificultad para imitar sonidos o gestos La imitación es fundamental en el aprendizaje del lenguaje. Los niños aprenden a comunicarse reproduciendo sonidos, entonaciones, y movimientos faciales de quienes los rodean. Un niño que no intenta copiar sonidos simples como “mamá”, “papa” o no imita gestos básicos (saludar con la mano, señalar objetos) puede estar mostrando un retraso en habilidades comunicativas. Esta dificultad puede ser una señal temprana de trastornos como el trastorno del espectro autista o retrasos en el desarrollo del lenguaje. El proceso de imitación es un indicador de que el niño está atento a su entorno y está desarrollando conexiones neuronales para el aprendizaje social y comunicativo. Por eso, cuando la imitación no ocurre o es muy limitada, es necesario investigar más a fondo. Escasa interacción social y contacto visual limitado El lenguaje va más allá de la producción de palabras; es un medio para conectar y relacionarse con los demás. Un niño que evita el contacto visual, que no busca la atención de los adultos para mostrar objetos o compartir intereses, o que parece preferir estar solo, puede estar mostrando signos de dificultades en la comunicación social. Este tipo de conducta es común en trastornos del espectro autista (TEA). El contacto visual es una de las primeras formas en las que los bebés establecen comunicación no verbal y comienzan a entender el mundo social. Su ausencia puede dificultar el desarrollo del lenguaje y la interacción. Además, la falta de respuesta a su nombre o a situaciones sociales puede indicar un problema en el procesamiento de información social. Respuestas no verbales o reacciones tardías Cuando un niño no habla, puede comunicarse a través de gestos, expresiones o sonidos no verbales. Sin embargo, si estas respuestas son escasas, inapropiadas o tardías, puede indicar que el niño tiene dificultades para comprender o expresar sus necesidades. Por ejemplo, un niño que no señala objetos para llamar la atención, que no sonríe como respuesta a una sonrisa, o que reacciona tarde o no reacciona a estímulos verbales o emocionales, puede presentar problemas en su desarrollo comunicativo. Estas señales reflejan posibles dificultades en la integración sensorial, en la capacidad de procesamiento del lenguaje o en el desarrollo emocional, factores importantes en trastornos del neurodesarrollo. Sensibilidad sensorial atípica Muchos niños con trastornos del neurodesarrollo presentan una sensibilidad diferente a estímulos sensoriales. Pueden ser hipersensibles (molestados o angustiados por sonidos, luces, texturas) o insensibles (no reaccionar ante estímulos que normalmente llaman la atención). Esta sensibilidad atípica puede dificultar la exploración y la interacción con el entorno, lo que limita las oportunidades de aprendizaje del lenguaje. Por ejemplo, un niño que se tapa los oídos ante ruidos cotidianos o que evita tocar ciertos materiales puede perderse experiencias clave para desarrollar la comunicación verbal. Además, esta hipersensibilidad puede generar conductas evitativas o ansiedad, dificultando la socialización y el desarrollo del habla. Dificultad para comprender órdenes simples La comprensión es la base para la comunicación verbal. Un niño que no habla debería, al menos, entender y responder a órdenes o preguntas sencillas como “dame la pelota” o “¿dónde está tu zapato?”. Si tu hijo muestra dificultad para entender instrucciones básicas o parece no reaccionar ante el lenguaje hablado, puede haber un problema en la comprensión auditiva o en la capacidad cognitiva que afecta el desarrollo del lenguaje. Esta dificultad también puede manifestarse en el juego, en la resolución de problemas o en la respuesta emocional, y debe ser evaluada para diseñar estrategias de intervención adecuadas. ¿Qué hacer si sospechas un problema? Consulta con un especialista: Un pediatra o un neurólogo infantil puede realizar una evaluación inicial y derivarte a un terapeuta del lenguaje, psicólogo o equipo multidisciplinar. Estimulación temprana: Los programas de estimulación del lenguaje y la comunicación, cuando se inician a tiempo, pueden mejorar significativamente las habilidades del niño. Observa y anota: Registra comportamientos, avances y dificultades. Esto facilitará la evaluación profesional. Busca apoyo: Participar en grupos para familias y en terapias grupales puede proporcionar estrategias y soporte emocional. Conclusión Identificar a tiempo señales menos evidentes de trastornos del neurodesarrollo puede marcar una gran diferencia en la vida de tu hijo. El silencio no siempre es un problema, pero cuando va acompañado de otras señales, es vital buscar ayuda profesional. El acompañamiento, la detección temprana y el apoyo adecuado permiten que los niños desarrollen sus habilidades comunicativas y sociales, mejorando su calidad de vida y la de toda la familia.  

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¿Sabías que la dislexia también afecta a los adultos?

En adultos, la dislexia puede pasar desapercibida durante años, ya que muchas personas aprenden a compensar sus dificultades. Sin embargo, algunos síntomas comunes pueden incluir: Dificultad para leer rápidamente: La lectura de textos puede tomar más tiempo del habitual, y a menudo se presentan errores o dificultad para comprender lo leído. Problemas con la escritura: Los adultos con dislexia pueden cometer errores ortográficos frecuentes, tener dificultad para organizar sus ideas al escribir o experimentar problemas con la puntuación y la gramática. Dificultades con la organización: La planificación y ejecución de tareas pueden ser un desafío, ya que a menudo hay dificultades para organizar pensamientos y actividades de manera estructurada. Dificultad con las direcciones: Recordar direcciones o secuencias de instrucciones también puede resultar complicado. Baja autoestima: Las personas con dislexia a menudo se sienten frustradas por sus dificultades, lo que puede afectar su autoestima y confianza en sí mismas. El Impacto de la Dislexia en la Vida Adulta La dislexia no solo afecta el rendimiento académico o laboral, sino que puede influir en diversos aspectos de la vida adulta. Las personas con dislexia pueden enfrentarse a problemas en el ámbito profesional debido a su lentitud en la lectura o dificultad para escribir informes o correos electrónicos de manera eficiente. Además, pueden sentirse abrumadas en situaciones que requieren rapidez para leer o procesar información escrita. ¿Cómo Detectar la Dislexia en Adultos? Para detectar la dislexia en adultos, es fundamental realizar una evaluación adecuada. Existen diversos test que pueden ayudar a identificar el trastorno. Algunos de los más comunes incluyen: Pruebas de lectura y escritura: Estos exámenes evalúan la velocidad de lectura, la precisión y la comprensión lectora. Evaluaciones cognitivas: Se realizan para evaluar la memoria, la atención y las habilidades lingüísticas, ya que los adultos con dislexia suelen tener una manera diferente de procesar la información verbal. Entrevistas clínicas: Los profesionales de la salud mental o los especialistas en trastornos de aprendizaje pueden realizar entrevistas para evaluar los antecedentes educativos y familiares. Test Comunes para Diagnosticar Dislexia en Adultos Test de Lectura de Palabras y Pseudopalabras (Word and Pseudoword Reading Tests): Estos test evalúan la capacidad del individuo para reconocer palabras y palabras inventadas, lo que ayuda a medir la habilidad para descifrar textos. Prueba de Velocidad de Lectura: Mide el tiempo que una persona tarda en leer un pasaje y evalúa su fluidez. Test de Discriminación Fonológica: Este test evalúa la capacidad para identificar y manipular los sonidos de las palabras, una habilidad clave en la lectura. Cómo Superar la Dislexia en Adultos Aunque la dislexia no tiene cura, existen diversas estrategias y tratamientos que pueden ayudar a las personas a manejar sus síntomas y mejorar su calidad de vida: Uso de tecnología asistiva: Herramientas como los programas de lectura en voz alta, los correctores ortográficos y los softwares de dictado pueden ser de gran ayuda. Terapia cognitivo-conductual: La terapia puede ser útil para mejorar la autoestima y enseñar técnicas de afrontamiento para manejar la frustración y la ansiedad asociadas con la dislexia. Entrenamiento en habilidades de lectura y escritura: Los adultos con dislexia pueden beneficiarse de programas especializados que les ayuden a mejorar sus habilidades de lectura y escritura a través de la práctica constante y las técnicas adecuadas. Adaptaciones laborales y educativas: En el entorno profesional, se pueden implementar adaptaciones como tiempo adicional para leer o escribir, o el uso de herramientas tecnológicas para facilitar el trabajo. Conclusión La dislexia en adultos es un desafío real, pero con el diagnóstico y las herramientas adecuadas, es completamente posible vivir una vida plena y exitosa. Si sospechas que puedes tener dislexia, no dudes en consultar a un especialista que pueda realizar un test y ofrecerte estrategias personalizadas para superar este trastorno. La concientización y el apoyo son fundamentales para lograr una adaptación exitosa en todos los ámbitos de la vida.  

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¿Qué es el Trastorno del aprendizaje no verbal (TANV)?

El TANV es el menos conocidos de los trastornos del aprendizaje y por ello está infra diagnosticado. En términos generales, los niños con TANV presentan dificultades en tareas que requieren una buena coordinación de la motricidad fina y de la percepción y orientación espacial. Estas dificultades repercuten en el grafismo, actividades de construcción como los puzles, orientación y distribución de las tareas escolares en el papel, aprendizaje de hábitos de anatomía (como vestirse y abrocharse) y actividades deportivas. El contraste con estas dificultades que les hacen parecer torpes, muy a menudo destacan por sus habilidades relacionadas con el lenguaje. Son capacidad de utilizar un vocabulario muy rico y ser muy buenos conversadores. A pesar de esta habilidad para la comunicación oral, su torpeza en las actividades físicas y una cierta ingenuidad en la interacción con niños de su edad les llevan, en muchos casos, a importantes problemas de relación y autoestima. En cambio, suelen relacionarse bien con los adultos. El TANV se conoce desde hace relativamente poco tiempo. Las primeras publicaciones datan de la década de los años setenta cuando dos autores Myklebust y Johnson describieron a un grupo de niños con dificultades para comprender el contexto social y con escasa habilidad para el aprendizaje académico. Las pruebas de inteligencia que se realizaban a estos niños arrojaban buenos resultados en cocientes de inteligencia verbal y malos resultados en los cocientes ejecutivos. A pesar de estas primeras descripciones hasta 1982 B.P. Rourke no aportó una visión más completa de las manifestaciones del TANV, así como de las posibles causas y localización de las estructuras cerebrales disfuncionales. Este autor relacionó por primera vez el TANV con una alteración de la sustancia blanca cerebral, especialmente en el hemisferio cerebral derecho. El desconocimiento de este trastorno, tanto en el ámbito medico como psicológico y pedagógico, hace que muchos de estos niños estén sin diagnosticar y por tanto sin recibir las ayudas educativas necesarias. La buena capacidad para el lenguaje de estos niños, sus conocimientos en algunos temas y en la mayoría de los casos, su buen aprendizaje inicial de la lectura hacen que su torpeza sea considerada como vagancia o falta de motivación. Sin embargo, especialmente en este trastorno del aprendizaje, los problemas de autoestima, ansiedad y rechazo social son muy frecuentes. ¿Cuáles son las causas del TANV? El TANV no es un trastorno específico en sí mismo sino un perfil determinado de habilidades y dificultades cognitivas y conductuales que puede obedecer a causas distintas. Muchos de los niños que padecen este trastorno son niños con una inteligencia normal y sin otras alteraciones genéticas y/o neurológicas conocidas. Sin embargo, algunos trastornos neurológicos y de problemas del funcionamiento cognitivo tienen las características del TANV. Este dato se debe a que los síntomas del TANV traducen el mal funcionamiento de unas determinadas estructuras cerebral. Las causas de este mal funcionamiento, sin embargo, pueden ser muchas y en bastantes ocasiones desconocidas. Describiríamos una situación parecida al hablar del trastorno por  déficit de atención/hiperactividad (TDAH). Aunque los síntomas pueden ser diversos, los síntomas traducen un mal funcionamiento de unas estructuras cerebrales determinadas. Así como en el TDAH existe un componente familiar y genético, en el TANV se desconoce que exista un componente familiar y no se sabe cuáles son las bases genéticas que lo condicionan. En el TDAH halábamos que las estructuras cerebrales implicadas eran los lóbulos frontales. En el TANV estas estructuras son: Sustancia blanca cerebral Hemisferio cerebral derecho Sustancia blanca cerebral En el cerebro se diferencian dos tipos de tejidos: La sustancia gris formada por células nerviosas o neuronas que se encuentran en la llamada corteza cerebral o capa más externa del cerebro y en estructuras más profundas o núcleos grises. En la corteza cerebral es donde están ubicadas las distintas funciones cognitivas La sustancia blanca está constituida por fibras que conectan las distintas aéreas de la corteza cerebral. Existen fibras que conectan regiones entre sí, dentro de un mismo hemisferio cerebral y otras que conectan los dos hemisferios cerebrales entre sí. De estas últimas, la más importantes es la llamada cuerpo calloso. Durante mucho tiempo se pensó que el papel del hemisferio cerebral derecho en las funciones cognitivas era muy inferior al del hemisferio cerebral izquierdo. La localización en el hemisferio izquierdo del lenguaje, la habilidad que mas diferencia al ser humano de las otras especies hizo considerar a este hemisferio como el fundamental para los procesos cognitivos complejos. El hemisferio derecho es fundamental en funciones que requieren orientación en el espacio, habilidades artísticas, y en la capacidad de adaptación y comprensión de situaciones sociales. El hemisferio cerebral derecho El hemisferio cerebral derecho se desarrolla más rápidamente que el hemisferio izquierdo, procesa información nueva y tiene un papel fundamental en la adquisición de nuevos aprendizajes durante las primeras etapas del desarrollo. A pesar de que sea el hemisferio izquierdo el especializado en el lenguaje, es el hemisferio derecho el responsable de la expresión o mímica facial, el tono y melodía de la voz, gestos, etc. El hemisferio cerebral derecho procesa mejor la información que se recibe por vías sensoriales táctiles y visuales, mientras que el hemisferio izquierdo es superior en el procesamiento de la información por vía auditiva. Estas habilidades del hemisferio derecho son las que permiten la comunicación con un bebé y sin fundamentales para el posterior desarrollo de la comunicación por medio del lenguaje. Si pensamos en una expresión como “que te parta un rayo” el hemisferio izquierdo es el que produce y comprende el sentido estricto de las palabras. Pero la correcta interpretación de la frase con su sentido metafórico depende del hemisferio derecho y sin él interpretaríamos que nuestro interlocutor desea que un rayo nos electrocute. El hemisferio derecho es capaz de hacer la interpretación correcta porque analiza la información de una forma global y dentro de un contexto, percibiendo ideas el tono de voz, la gestión y la expresión de la cara del interlocutor. ¿Cómo ayudar al niño con TANV? El paso más importante para ayudar al niño con

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¿Cómo Afecta la Dislexia al Proceso de Aprender a Leer y Escribir?

La dislexia es el trastorno del aprendizaje más frecuente entre la población infantil. Su prevalencia se estima entre el 5-10%, aunque según estudios llega a alcanzar el 17,5%. Aunque en España no existen estudios epidemiológicos en muestras grandes, no cabe duda de que la dislexia representa un problema muy importante, tanto por sus repercusiones académicas como emocionales. A pesar de afectar a una parte tan importante de la población, y de figurar entre las causas más preocupantes de fracaso escolar, existen diversos y controvertidos puntos de vista, no solo sobre la etiología y los mecanismos cognitivos implicados, sino incluso sobre la ubicación categórica. La primera descripción corresponde a Kussmaul, que en 1877 publicó el caso aislado de un paciente que perdió la facultad de leer, a pesar de conservar la inteligencia, la visión y el lenguaje. La denominación del trastorno fue “ceguera verbal”. Correspondía a lo que actualmente diagnosticamos como alexia, es decir, la forma adquirida de trastorno de aprendizaje de la lectura. Unos años más tarde, en 1896, Morgan describió la forma congénita del trastorno, que recibió el nombre de “ceguera verbal congénita”. Aportaba la historia de un muchacho de 14 años que, a pesar de ser inteligente, tenía una capacidad casi absoluta para manejarse con el lenguaje escrito. Poco más tarde, en 1900, Hinshelwood, un cirujano de Glasgow, se interesó por los niños que no podían aprender a leer. Ello le permitió publicar la primera serie de tales pacientes en Lancet. Este autor propuso distinguir dos grupos de pacientes con dificultad para la lectura, según tuvieran o no retraso mental asociado. En el grupo sin retraso mental, donde se podía considerar el problema lector como puro, había pacientes cuyo defecto era muy grave. Para ellos utilizó el nombre de “ceguera congénita para las palabras”. Cuando la inteligencia era normal y la capacidad lectora baja, pero de carácter más leve, usó el término de “dislexia congénita”. Para el grupo con dificultad para la lectura asociada a retraso mental propuso el nombre de “alexia congénita”. Orton propuso el nombre de “estrefosimbolia” en 1928. El mismo autor, en 1937, sustituyó esta denominación por la de “alexia del desarrollo”. Hallgren, en 1950, la denominó “dislexia constitucional”· No fue hasta 1957 cuando la World Federation of Neurology utilizó por primera vez el término “dislexia del desarrollo”. La definición aportada en aquel momento fue: “un trastorno que se manifiesta por la dificultad para el aprendizaje de la lectura a pesar de una educación convencional, una adecuada inteligencia y oportunidades socioculturales. Depende fundamentalmente de alteraciones cognitivas cuyo origen frecuentemente es constitucional. La dislexia se contempla de forma muy similar en la Clasificación internacional de Enfermedades (CIE-10) y en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-TR). La CIE-10 incorpora la dislexia en el apartado de trastornos específicos del desarrollo de las habilidades escolares bajo el término de “trastorno especifico de la lectura”. En el DSM-IV-TR se la denomina “trastorno de la lectura” y se incluye en el capítulo de trastornos del aprendizaje. La CIE-10, al igual que el DSM-IV-TR, establece como pautas para el diagnóstico que el rendimiento en la lectura sea significativamente inferior al nivel lector esperado de acuerdo con la edad, la inteligencia general y el nivel escolar. Según este sistema de clasificación, el mejor modo para evaluar la capacidad lectora es la aplicación, de forma individual, de test estandarizados de lectura. Se señala además que, en las fases tempranas del aprendizaje de la escritura alfabética, pueden presentarse dificultades para recitar el alfabeto, para hacer rimas simples, para denominar correctamente las letras y para analizar o categorizar los sonidos. Más tarde pueden presentarse errores en la lectura oral. Los errores más comunes son: omisiones, sustituciones, distorsiones, inversiones o adiciones de partes de palabras. La velocidad lectora es baja y es habitual observar falsos arranques, largas vacilaciones y pérdidas del punto de texto. También puede presentarse dificultad para la comprensión de la lectura, en parte derivada del esfuerzo para la descodificación fonológica. El punto más cuestionado de las definiciones aportadas por el DSM-IV-TR y la CIE-10 es la necesidad de que para establecer el diagnóstico deba existir una discrepancia entre el nivel de inteligencia y el nivel lector. Incluso la CIE-10 contempla como criterio de exclusión la existencia de un cociente intelectual inferior a 70. El uso de dicho criterio presenta ciertas incongruencias. Con el fin de aportar argumentos sobre la utilidad o no de emplear la discrepancia nivel lector/cociente intelectual como criterio diagnóstico, es preciso reflexionar sobre cuatro aspectos relacionados con la interacción entre cociente intelectual y habilidad lectora. En primer lugar se debe tener en cuenta que la práctica lectora influye decisivamente, de forma general, en las habilidades lingüísticas. La lectura favorece la adquisición de vocabulario y agiliza el razonamiento verbal. De ello se interfiere que la capacidad lectora explica una parte de la varianza del cociente verbal y en consecuencia del cociente intelectual total. Por tanto, los diagnósticos basados en discrepancia entre nivel lector y cociente intelectual verbal o total son excesivamente conservadores, pues excluyen precisamente los casos más graves de dislexia, en los cuales existe un fuerte impacto sobre los niveles de inteligencia verbal o general, medido por los test de inteligencia. En segundo término, la discrepancia entre nivel lector y cociente intelectual no verbal o razonamiento perceptivo genera otras incongruencias. Por un lado, un razonamiento perceptivo relativamente bajo excluiría de la discrepancia a un considerable número de niños con bajo nivel lector. Si la premisa básica para justificar el uso de dicha discrepancia se sustenta en la independencia entre estos parámetros, resultaría que el bajo nivel de razonamiento perceptivo se convertiría en un factor protector de dislexia, puesto que, tomando como base este criterio, un cierto número de pacientes quedaría excluido del diagnóstico. Bishop puso en evidencia que entre gemelos idénticos existía una alta coincidencia  respecto al diagnóstico de trastorno específico del lenguaje, mientras que las puntuaciones referidas al cociente intelectual no verbal variaban sensiblemente entre uno y otro hermano gemelo. Si se hubiera tomado como

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¿Porqué mi hija de 3 años empezó a tartamudear?

La característica principal del trastorno de la fluidez de inicio en la infancia (tartamudeo) es una alteración de la fluidez y la organización temporal del habla que no se corresponde con la edad del individuo. La alteración se caracteriza por la repetición frecuente o la prolongación de ciertos sonidos o sílabas y otras alteraciones de la fluidez, como palabras fragmentadas (p. ej. Pausas en medio de una palabra), bloqueo audible o silencioso (es decir, pausas en el habla, llenas o vacías), circunloquios (sustitución de palabras para evitar palabras problemáticas), palabras producidas con exceso de tensión física y repeticiones de palabras completas monosilábicas (p. ej., yo-yo-yo-yo lo veo). La alteración de la fluidez interfiere con el rendimiento académico u ocupacional y con la comunicación social. El alcance de la alteración varía en las distintas situaciones y a menudo es más grave cuando la comunicación está sujeta a algún tipo de presión (ej., hacer una presentación en el colegio, realizar una entrevista de trabajo). La disfluencia muchas veces está ausente durante la lectura oral y al cantar o hablar con objetos inanimados o mascotas. Características asociadas que apoyan el diagnóstico Se puede desarrollar una anticipación temerosa del problema. El locutor puede intentar evitar las disfluencias mediante mecanismos lingüísticos (ej., alterando la velocidad del habla, evitando ciertas palabras o sonidos) o evitando ciertas situaciones, como telefonear o hablar en público. Además de ser características de la afección, se ha mostrado que el estrés y la ansiedad exacerban la disfluencia. El trastorno de la fluidez de inicio en la infancia también puede acompañarse de movimientos motores (ej., parpadeo de ojos, tics, temblores en los labios o la cara, sacudidas de la cabeza, movimientos de la respiración, apretar los puños). Los niños con trastorno de la fluidez muestras diferentes niveles de habilidades de lenguaje y la relación entre el trastorno de la fluidez y las habilidades del lenguaje no está clara Desarrollo y curso El trastorno de la fluidez de inicio en la infancia o tartamudeo del desarrollo se presenta antes de los 6 años en el 80-90% de los individuos, situándose la edad de inicio entre los 2 y 7 años. El inicio puede ser insidioso o más repentino. Típicamente, las disfluencias empiezan gradualmente con repetición de las consonantes iniciales, las primeras palabras de una frase o las palabras largas. El niño puede no ser consciente de estas alteraciones de la fluidez. Cuando el trastorno progresa, las disfluencias llegan a ser más frecuentes e interfieren más, ocurriendo en las palabras o frases más significativas de lo que se expresa. Cuando el niño llega a ser consciente de la dificultad para hablar, puede desarrollar mecanismos para evitar la disfluidez y las respuestas emocionales asociadas, evitando, por ejemplo, hablar en público y utilizando frases cortas y sencillas. Los estudios longitudinales muestran que un 65-85% de los niños se recupera de la alteración de la fluidez y la gravedad del trastorno de la fluidez a los 8 años predice la recuperación o la persistencia del trastorno durante la adolescencia y después. Factores de riesgo y pronóstico Genético y fisiológico. El riesgo del tartamudeo entre los familiares biológicos de primer grado de los individuos con trastorno de la fluidez de inicio en la infancia es más de tres veces mayor que el riesgo de población mayor. Consecuencias funcionales del trastorno de la fluidez de inicio en la infancia (tartamudeo) Además de ser características de la afección, el estrés y la ansiedad pueden exacerbar la disfluencia. La alteración del funcionamiento social puede ser el resultado de esta ansiedad. Diagnóstico diferencial Déficit sensitivo. Las disfluencias del habla pueden asociarse a una deficiencia auditiva u otro déficit sensitivo o motor del habla. Cuando las disfluencias del habla sobrepasan las que normalmente se asocian a estos problemas, se puede hacer el diagnóstico del trastorno de la fluidez de inicio de la infancia. Disfluencias normales del habla. El trastorno debe distinguirse de las disfluencias normales que ocurren frecuentemente en los niños pequeños, como repeticiones de palabras enteras o frases (ej., “Yo quiero, yo quiero helado”), frases incompletas, interjecciones, pausas vacías y comentarios aparta. Si estas dificultades aumentan en frecuencia o complejidad mientras el niño crece, el diagnóstico de trastorno de la fluidez de inicio en la infancia sería correcto. Efectos secundarios de la medicación. El tartamudeo puede ocurrir como efecto secundario de una medicación, lo que puede detectarse por su relación temporal con la exposición a dicha medicación. Disfluencias de inicio en el adulto. Si el inicio de las disfluencias es durante la adolescencia o después de ésta, se trata de una “disfluencia de inicio en el adulto” y no de un trastorno del neurodesarrollo. Las disfluencias de inicio en el adulto se asocian a daños neurológicos específicos y a diversas afecciones médicas y trastornos mentales, y pueden ser especificadas con ellos, aunque no constituyen un diagnóstico del DSM-5 Trastorno de Tourette. Los tics vocales y las vocalizaciones repetitivas del trastorno de Tourette deberían ser distinguibles de los sonidos repetitivos del trastorno de la fluidez de inicio en la infancia por su naturaleza y ritmo. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)    

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¿Cómo Se Diagnostica el Trastorno Fonológico en la Infancia?

La producción fonológica describe la articulación clara de los fonemas (es decir, los sonidos individuales) que se combinan para crear palabras habladas. La producción fonológica requiere tanto el conocimiento fonológico de los sonidos del habla como la habilidad de coordinar los movimientos de los articuladores (es decir, la mandíbula, la lengua, y los labios) con la respiración y la vocalización del habla. Los niños con dificultades para la producción fonológica pueden presentar problemas de diferentes grados en el conocimiento fonológico de los sonidos hablados o en la habilidad para coordinar los movimientos del habla. El trastorno fonológico es, por lo tanto, heterogéneo en sus mecanismos subyacentes e incluye el trastorno fonológico y el trastorno de articulación. El trastorno fonológico se diagnostica cuando la producción de los sonidos del habla no es la que se esperaría de un niño para su edad y etapa de desarrollo, y cuando las deficiencias no son el resultado de una alteración física, estructural, neurológica o auditiva. En los niños de 4 años con desarrollo normal, el habla general debería ser inteligible, mientras que a los 2 años sólo es comprensible el 50%. Características asociadas que apoyan el diagnóstico El trastorno del lenguaje, en particular las deficiencias expresivas, pueden concurrir con el trastorno fonológico. A menudo están presentes antecedentes familiares de trastornos del habla o del lenguaje. Si la capacidad de coordinar rápidamente los articuladores está claramente mermada, puede haber antecedentes de retraso o de incoordinación en la adquisición de las habilidades que también utilizan los articuladores y la musculatura facial relacionada; entre otras, estas habilidades incluyen masticar, mantener la boca cerrada y sonarse la nariz. Pueden estar alteradas otras áreas de coordinación motora, como en el trastorno del desarrollo de la coordinación.  Dispraxia verbal es un término que también se utiliza para los problemas de la producción del habla. El habla puede estar alterada de forma diferente en ciertas afecciones genéticas (p. ej. Síndrome de Down, la delección del 22q, la mutación del gen FoxP2). Si se presentan, se debería codificar también. Desarrollo y curso Aprender a producir sonidos del habla claramente y con precisión y aprender a producir un habla fluida son habilidades del desarrollo. La articulación de los sonidos del habla sigue un patrón de desarrollo que se refleja en las pruebas estandarizadas para cada edad. No es inusual que los niños con un desarrollo normal acorten palabras y sílabas cuando aprender a hablar, pero la progresión en el dominio de la producción fonológica debería conducirles hacia a un habla mayoritariamente inteligible a los 3 años. Los niños con trastorno fonológico siguen utilizando procesos inmaduros de simplificación fonológico después de la edad en que la mayoría puede emitir palabras claramente. Al llegar a los 7 años se debería producir la mayoría de los sonidos del habla con claridad, y la mayoría se palabras se debería pronunciar correctamente conforme a la normalidad para la edad y la comunidad. Los sonidos mal articulados con más frecuencia tienden a aprenderse también más tarde, llevando a que se les llame en inglés los “ocho que tardan” (l, r, z, s, th, ch, dzh, zh). La mala articulación de cualquiera de estos sonidos se puede considerar dentro de los límites normales hasta los 8 años. Cuando están implicados múltiples sonidos, lo apropiado sería quizá centrarse en algunos de esos sonidos como parte de un plan para mejorar la inteligibilidad antes de la edad en que casi todos los niños pueden producirlos correctamente. El ceceo (es decir, articular mal los sibilantes) es frecuente y puede implicar patrones frontales o laterales en la dirección de las corrientes de aire. Puede asociarse a un patrón anormal de la deglución como empuje lingual. La mayoría de los niños con trastorno fonológico responde bien al tratamiento y las dificultades del habla mejoran con el tiempo, con lo que el trastorno podría no ser para toda la vida. Sin embargo, cuando también está presenta un trastorno del lenguaje, el trastorno fonológico tiene peor pronóstico y puede asociarse a trastornos específicos del aprendizaje. Diagnóstico diferencial Variaciones normales del habla. Se deberían tener en cuenta las variaciones del habla regionales, sociales y culturales/étnicas antes de hacer este diagnóstico. Audición u otra deficiencia sensorial. La deficiencia auditiva o sordera puede conllevar anormalidades del habla. Las deficiencias de la producción fonológica pueden asociarse a una deficiencia auditiva, a otras deficiencias sensoriales o a una deficiencia motora del habla. Cuando las deficiencias del habla superan las que se asocian a estos problemas, se puede hacer el diagnóstico de trastorno fonológico. Deficiencias estructurales. Las alteraciones del habla pueden estar causadas por deficiencias estructurales (p. ej. Paladar hendido) Disartria. Las alteraciones del habla pueden atribuirse a un trastorno motor, como la parálisis cerebral. Los signos neurológicos, así como las características distintivas de la voz, diferencian la disartria del trastorno fonológico, aunque en los niños pequeños (menores de 3 años) la diferenciación puede ser difícil, particularmente cuando la afectación motora general es inexistente o mínima (p. ej. En el síndrome de Worster-Drought). Mutismo selectivo. El uso limitado del habla puede ser un signo de mutismo selectivo, un trastorno de ansiedad que se caracteriza por ausencia de habla en uno o más contextos o entornos. El mutismo selectivo se puede manifestar en los niños que padecen un trastorno del habla porque sientan vergüenza a causa de sus deficiencias, aunque muchos niños con mutismo selectivo muestran un habla normal en los entornos “seguros”, como en casa o con los amigos cercanos. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)    

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¿Cómo se diagnostica la discalculia?

Algunas personas, a pesar de ser inteligentes, son negadas para los números. Operaciones tan simples como calcular el cambio después de haber pagado con un billete de 20 euros una compra de 13 euros se convierten en un atolladero. Constantemente precisan de los dedos para hacer las cuentas. La dificultad para hacer estimaciones de distancias, de tamaños, de intervalos de tiempo, etc. se convierten en un agobio que surge en cualquier momento. Las personas discalcúlicas son una nulidad para los números, un desastre para las matemáticas y ello a pesar de ser tan inteligente como cualquiera en otros campos. En cierto modo, es un problema similar a la dislexia, pero aplicado a los números. Sin embargo, es mucho menos conocido. La discalculia es un trastorno del aprendizaje que ha merecido menos interés que la dislexia, a pesar de tener una alta prevalencia y una considerable repercusión escolar, social y laboral. La confusión sobre la discalculia ya se pone en evidencia al analizar el desacuerdo en la terminología. El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-TR) utiliza el término trastorno de las matemáticas y propone los siguientes criterios: Habilidad para las matemáticas valorada por test estandarizados, sustancialmente por debajo a la esperada por la edad cronológica, inteligencia y nivel educativo. La dificultad interfiere en el rendimiento académico o las actividades diarias que requieren el cálculo. Si hay un déficit sensorial, las dificultades para las matemáticas, exceden las que se derivarían de dicho déficit. Al igual que se apunta para la dislexia, es muy probable que el DSM 5 adopte el término discalculia, con lo que acredite de este modo dicha denominación avalada por la extensión de su uso. La heterogeneidad del conocimiento matemático ha generado diversas interpretaciones a la hora de definir el fracaso en el aprendizaje matemático. De entrada, cabe plantearse si las diversas denominaciones equivalentes a discalculia realmente significan lo mismo. Pero el problema básico no reside en la terminología utilizada, sino en el método diagnóstico utilizado y en el concepto del trastorno. Puesto que las falibilidades matemáticas se pueden valorar de forma muy diversa y amplia, según el test utilizado y el punto de corte que ha marcado el diagnóstico, se han configurado grupos de pacientes no siempre equiparables entre unos y otros estudios. La conceptualización del DSM ha causado cierta confusión, por la razón de que la habilidad para las matemáticas es un concepto poco acotado. A diferencia de la lectura, que es un proceso relativamente unitario, el manejo de las matemáticas comporta mecanismos cognitivos muy diversos; pero además las habilidades matemáticas son muy heterogéneas. No es lo mismo el cálculo mental que el aprendizaje memorístico de las tablas de multiplicar; no es lo mismo hacer un cálculo aproximado sobre el número de niños que hay en clase que aplicar la fórmula de la superficie del círculo; no es lo mismo saber y aplicar la mecánica de resolución de ecuaciones que pensar todos los días que faltan para las vacaciones. Pero incluso dentro de una misma operación matemática están implicadas habilidades distintas y no necesariamente dependientes unas de otras. Es más que probable que el DSM 5 prescinda de la ambigüedad del concepto habilidad para las matemáticas y lo sustituya por dificultades en las habilidades numéricas básicas, incluidas bajo esta idea las dificultades en la generación o comprensión de cantidades, símbolos numéricos y operaciones aritméticas básicas. Para el aprendizaje de las matemáticas, se ha propuesto la implicación de los siguientes procesos: Memoria semántica (lingüísticos): conocer y nombrar los términos, operaciones y conceptos matemáticos y descodificar problemas escritos en símbolos matemáticos, así como seguir secuencias de pasos matemáticos, contar o recordar las tablas de multiplicar. Memoria de trabajo (atencionales): copiar números o figuras correctamente, acordarse de llevar o fijarse en los signos operacionales. Habilidades perceptuales: recordar o leer símbolos numéricos o signos aritméticos y formar agrupaciones de objetos. Sentido numérico: numerosidad. En el primer aspecto, lingüístico-semántico, están desfavorecidas las personas que padecen trastorno específico del lenguaje o dislexia. Muchos niños disléxicos lamentan sus dificultades para resolver problemas porque  no entienden el enunciado; pero cuando alguien se lo sintetiza, usando un lenguaje más claro y sencillo, están salvados. Igualmente tienen dificultad para recordar los datos aritméticos (tablas de multiplicar, fórmulas matemáticas, etc.), sin embargo, cuando tienen a mano una calculadora o pueden consultar la fórmula, funcionan de maravilla. También se ha atribuido la responsabilidad a la baja memoria de trabajo, lo cual correlacionaría el fracaso matemático con el trastorno de déficit de atención/hiperactividad. Las personas con dicho trastorno tienen una memoria operativa bastante pobre. Puesto que la mayor parte de razonamientos matemáticos implica mantener en el pensamiento consciente un cierto número de datos de modo simultáneo, también en este caso no es raro que exista un fracaso en el aprendizaje y uso de las matemáticas. Un problema perceptual puede expresarse, entre otros muchos aspectos, mediante la dificultad para el reconocimiento visuoperceptivo de la forma de los números, de las alineaciones de las operaciones matemáticas y de la identificación de los signos aritméticos. Estos aspectos han quedado enfatizados en los trabajos de Rourke sobre el llamado trastorno del aprendizaje no verbal. Según este autor, una de las características del trastorno de aprendizaje no verbal, es la dificultad para el cálculo matemático, la cual estaría vinculada al déficit visuoespacial propio de trastorno. Probablemente, también influye la dificultad que tienen los sujetos afectos de trastorno de aprendizaje no verbal para incorporar y aplicar rutinas cognitivas, tan necesarias en los procedimientos aritméticos. De todos modos, se debe enfatizar la dudosa entidad del trastorno del aprendizaje no verbal como un trastorno especifico del neurodesarrollo. Una interpretación práctica idéntica a la de Rourke, pero bajo la atribución de una localización opuesta, es la que parte de la asociación de la discalculia a digrafía, dificultades de discriminación derecha-izquierda y agnosia digital. Este conjunto de síntomas se ha denominado síndrome de Gerstmann. Sin embargo, el hecho de que estos síntomas puedan aparecer combinados de modo diverso con otras manifestaciones hace improbable que dichas dificultades

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