Trastorno neurocognitivo

Entrevista a Aarón del Olmo, neuropsicólogo

En esta entrevista, el neuropsicólogo Aarón del Olmo nos acerca a una realidad fascinante y, a la vez, desconocida: cómo el cerebro condiciona nuestras emociones, pensamientos y comportamientos cotidianos. A lo largo de la conversación, desmonta mitos muy extendidos sobre la memoria, la atención o la autoexigencia, y explica cómo el ritmo de vida actual, la sobreestimulación y la falta de descanso afectan directamente a nuestro rendimiento cognitivo. Además, pone el foco en la importancia de comprender nuestro propio funcionamiento mental como herramienta clave para mejorar el bienestar emocional, adaptarnos a los cambios y aprender a convivir con la incertidumbre. Aarón ¿qué te motivó a centrar tu trabajo en comprender cómo el cerebro influye directamente en nuestras emociones y conducta diaria? Una parte de ello se debe a que el cerebro sigue siendo un misterio y que precisamente detrás de ese misterio se oculta el por qué nos comportamos como nos comportamos. Realmente entender las emociones y la conducta pasan por entender cómo funciona el cerebro y cómo influye. La otra parte radica en que precisamente esa comprensión ayuda a poder ayudar a las personas mucho mejor. Muchos casos que he evaluado y trabajo me muestran a personas que están a “merced” de cómo funciona su cerebro, de lo que permite hacer o no y comprender ese funcionamiento es una herramienta que les puede ayudar a funcionar mejor, a cambiar cosas o a entender otras. En tu experiencia clínica, ¿qué errores comete con más frecuencia la gente al interpretar sus propios problemas de memoria o atención? Pues ahí depende mucho de la edad y del tipo de problema. Me explico. En la etapa infantil por ejemplo, cualquier fallo de atención, problema de concentración o despiste se convierte en un indicador del famoso trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad. Y eso es un error, ya que en el neurodesarrollo, los propios procesos atencionales tienen que construirse e integrarse. Muchas veces el desarrollo normal o momentos en los que todo está “montándose” se patologizan. Pero también en las personas mayores, a veces los despistes que pueden ser normales de la edad se confunden con un inicio de un problema neurodegenerativo. No es que no sean problemas reales o molestos para una persona (despistarte ahora más que hace 20 años cuando eras joven) pero eso no implica una patología o un problema de atención. Igual, también nos ocurre ahora, con tanta sobre estimulación, en la que parece que perdemos la memoria pero realmente es nuestra atención la que no puede seguir todo lo que nos rodea. ¿Cómo explicas a un paciente que su cerebro puede “engañarle” y qué impacto tiene esto en su bienestar emocional? La idea más que decirle que le “engaña” es explicarle cómo funciona. El cerebro tiene sus límites y fallos. A veces nos exigimos más de lo que incluso nuestros cerebros pueden hacer y otras resulta que podemos tener problemas de atención, memoria o de manejo de información que nos dificultan hacer tareas en el día a día y que convertimos en un problema intencional (no lo hace porque no quiere) o un problema de capacidad (no lo hace porque es tonto). Así te encuentras con muchas personas que se consideran poco capaces o poco útiles simplemente porque no atienden a su forma de funcionar. Eso es importante porque muchas veces puedes modificar el grado de exigencia (por ejemplo en la escuela) o cómo exiges las cosas. Pero muchas veces la clave de esto es que, al comprenderse, uno puede reinterpretar las cosas que le han ocurrido hasta ahora, su historia vital y plantearse la forma de, con esa información, comenzar a organizar su entorno conforme a ello. ¿Qué relación observas entre el ritmo de vida actual y el aumento de dificultades cognitivas como la falta de concentración o la fatiga mental? En mi opinión, resulta más fácil tener fallos atencionales en cualquier ambiente que tenga mucha estimulación simultánea o nos exija una alta velocidad. Simplemente, nuestros procesos atencionales no son estables ni perfectos. Si necesitamos estar continuamente usando nuestros procesos de control atencional para frenar estímulos que son irrelevantes, terminamos por fatigarnos más rápido y al final, empezamos a cometer errores de manera más frecuente. Este exceso de estimulación y este ritmo de vida superan muchas veces y de muchas maneras la forma de funcionar de nuestro cerebro y nos terminan arrastrando a llevar un ritmo para el que no estamos preparados. Desde tu perspectiva, ¿cómo afecta la autoexigencia excesiva al funcionamiento cognitivo y emocional? Es una buena pregunta. Creo que muchas veces esa autoexigencia puede estar en la base de una ansiedad anticipatoria. Si por ejemplo uno espera o aspira a hacerlo de una forma perfecta todo puede experimentar cierto grado de ansiedad ante las diferentes situaciones que le provoque precisamente evitar enfrentarse a ciertas tareas. Un ejemplo que veo mucho en los niños y niñas en la edad escolar lo podemos tener en al aprendizaje de la lectura, un proceso duro y largo que no todos los niños dominan a la misma velocidad ni con la misma eficiencia. Ocurre que muchas veces hay pequeños que durante su desarrollo presentan problemas de atención o lenguaje que forman parte de su desarrollo y eso impacta en cómo aprenden a leer, terminando por frustrarse ante la lectura o tener sensaciones de baja autoestima.  Igual pasa en los casos de personas con un perfil TDAH en la edad adulta, donde el nivel de exigencia choca a veces con sus capacidad de control atencional y eso conlleva una respuesta de evitación de tareas que puedan provocar situaciones difíciles de gestionar. ¿Qué papel juega la frustración en los procesos de rehabilitación neuropsicológica y cómo se puede trabajar de forma saludable? Pues es muy importante, porque debemos saber lidiar con ella. Cuando tenemos a una persona con daño cerebral, está generalmente ha podido perder o ver afectados procesos que antes de ese daño funcionaban perfectamente. Esto supone una choque para personas. El verse menos fluido hablando, cometiendo errores de

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¿Cómo se deben tratar las alucinaciones en los adultos mayores?

Las alucinaciones en ancianos son un síntoma común en varios trastornos neurológicos y psiquiátricos, y pueden ser una fuente significativa de angustia tanto para la persona afectada como para sus familiares. A medida que las personas envejecen, es más probable que experimenten alucinaciones debido a condiciones como la demencia, el delirium o trastornos relacionados con la salud mental. Si bien estas experiencias pueden ser aterradoras, es importante abordar el tratamiento con comprensión, paciencia y un enfoque integral. Aquí te explicamos cómo tratar las alucinaciones en los ancianos. Identificar la causa subyacente El primer paso para tratar las alucinaciones en los ancianos es determinar su causa. Existen muchas condiciones que pueden desencadenar alucinaciones, como: Demencia: La enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia son comunes en los ancianos y pueden llevar a alucinaciones visuales y auditivas. Delirio: Esta condición temporal puede ser causada por infecciones, desequilibrios en los medicamentos, deshidratación o cambios en el entorno. Trastornos psiquiátricos: Depresión, psicosis o trastorno bipolar pueden manifestarse con alucinaciones en la vejez. Medicamentos: Algunos fármacos, especialmente aquellos para tratar enfermedades crónicas o el dolor, pueden inducir efectos secundarios que incluyen alucinaciones. Evaluar el entorno y reducir el estrés Un entorno tranquilo y familiar puede ayudar a minimizar las alucinaciones. Los ancianos que experimentan alucinaciones pueden sentirse confundidos o temerosos si su entorno cambia abruptamente, por lo que mantener una rutina regular y un ambiente seguro es clave. Evitar estímulos excesivos: Reducir el ruido, las luces brillantes o cualquier cosa que pueda generar ansiedad. Proporcionar apoyo emocional: Escuchar sin juzgar y asegurarse de que la persona se sienta acompañada y tranquila. Revisar la medicación Las alucinaciones a menudo son causadas o exacerbadas por ciertos medicamentos. Si un anciano está tomando múltiples fármacos, puede ser útil hacer una revisión de la medicación con un médico para evaluar posibles interacciones o efectos secundarios que contribuyan a las alucinaciones. Alternativas farmacológicas: A veces, el médico puede recomendar cambiar la medicación o ajustar las dosis. Intervención farmacológica Cuando las alucinaciones son graves o difíciles de manejar, pueden ser necesarias intervenciones farmacológicas. Los antipsicóticos atípicos como la quetiapina o la clozapina se usan con frecuencia, aunque siempre deben ser recetados y monitoreados cuidadosamente debido a los posibles efectos secundarios en personas mayores. Terapias no farmacológicas Aparte de la medicación, existen varias intervenciones terapéuticas que pueden ser útiles: Terapia cognitivo-conductual (TCC): Puede ayudar a las personas mayores a manejar las alucinaciones al enseñarles a identificar y cambiar los pensamientos distorsionados que las acompañan. Estimulación cognitiva: Actividades que mantengan la mente activa, como juegos de memoria, pueden reducir la frecuencia y la intensidad de las alucinaciones al mejorar el funcionamiento cognitivo general. Educación y apoyo a la familia El apoyo de la familia y los cuidadores es crucial. Es importante que las personas que rodean a un anciano que experimenta alucinaciones entiendan la naturaleza de este síntoma y sepan cómo reaccionar adecuadamente. No confrontar las alucinaciones: En lugar de discutir o contradecir lo que la persona está viendo o escuchando, es mejor validar sus sentimientos y ofrecer tranquilidad. Buscar ayuda profesional: A veces, los cuidadores necesitan apoyo psicológico o grupos de ayuda para manejar las demandas emocionales de cuidar a alguien con alucinaciones. Considerar un enfoque interdisciplinario El tratamiento de las alucinaciones en los ancianos debe ser integral e involucrar a un equipo multidisciplinario, incluyendo médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales. Este enfoque asegura que todos los aspectos de la salud del anciano sean considerados, desde los aspectos médicos hasta los emocionales y psicológicos.  

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¿Cómo pueden los juegos y apps mejorar el desarrollo cognitivo?

El desarrollo cognitivo es un aspecto fundamental en todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la edad adulta y la vejez. Afortunadamente, la tecnología ha permitido la creación de aplicaciones y juegos diseñados específicamente para mejorar habilidades cognitivas como la memoria, la atención, la resolución de problemas y la creatividad. En este artículo, exploraremos algunas de las mejores aplicaciones y juegos para estimular el desarrollo cognitivo. Aplicaciones para el Desarrollo Cognitivo Lumosity Lumosity es una de las aplicaciones más populares para entrenar el cerebro. Desarrollada por neurocientíficos, ofrece juegos diseñados para mejorar la memoria, la velocidad de procesamiento, la resolución de problemas y la atención. La app adapta los ejercicios al progreso del usuario, brindando un entrenamiento personalizado. Elevate Elevate es otra aplicación de entrenamiento cerebral que se centra en habilidades como la lectura, la escritura, las matemáticas y la concentración. Sus juegos están diseñados para mejorar la agilidad mental y la comprensión verbal. CogniFit Desarrollada con el apoyo de neurocientíficos, CogniFit ayuda a evaluar y entrenar diferentes funciones cognitivas. Ofrece ejercicios específicos para personas mayores, niños y personas con dificultades de aprendizaje. Peak Peak ofrece juegos cortos y desafiantes para mejorar la memoria, la atención y la agilidad mental. La aplicación incluye un sistema de análisis que permite evaluar el progreso del usuario. Neuronation Esta app ofrece programas personalizados para entrenar el cerebro y mejorar la concentración, la memoria y la velocidad de pensamiento. Además, permite realizar un seguimiento del rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo. Juegos para Estimular la Mente Sudoku El clásico juego de números es una excelente forma de mejorar la lógica y el pensamiento estratégico. Se puede jugar en papel o a través de diversas aplicaciones. Scrabble y Palabras Cruzadas Juegos como Scrabble y crucigramas ayudan a mejorar el vocabulario, la ortografía y el pensamiento crítico. Ajedrez El ajedrez es una de las mejores herramientas para desarrollar el pensamiento lógico, la planificación y la toma de decisiones estratégicas. Existen aplicaciones como Chess.com y Lichess que permiten jugar contra oponentes de diferentes niveles. Brain It On! Este juego de rompecabezas basado en la física desafía al jugador a resolver problemas dibujando diferentes formas y estructuras. Es excelente para mejorar la creatividad y la resolución de problemas. Monument Valley Un juego de rompecabezas visual que estimula la percepción espacial, la creatividad y la resolución de problemas mediante niveles con estructuras imposibles. Conclusión El entrenamiento cognitivo a través de aplicaciones y juegos es una forma entretenida y eficaz de mantener la mente activa. Ya sea para mejorar la memoria, la concentración o la resolución de problemas, estas herramientas pueden ser un gran aliado en el desarrollo cognitivo. ¿Cuál de estas aplicaciones o juegos probarás primero?  

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¿Cuáles son las cuatro fases de la desorientación en los adultos mayores?

Los muy mayores despistados y desorientados han entrado en la última fase de la vida: resolución frente a vegetación. Se trata de personas que jamás han logrado lo que Erikson denomina la “integridad”. Esas personas pasan por cuatro fases, que se distinguen por diversas características físicas y psicológicas. Cada una de ellas supone un paso más hacia la retirada del sujeto de la realidad en una lenta regresión física. Sin embargo, no hay que tomarse literalmente las categorías, ya que hay personas que pueden pasar de una fase a la siguiente en apenas cinco minutos. Un hombre puede estar orientado a las ocho de la mañana y a las tres de la tarde asegurar que debe marcharse a  su casa a dar a comer a los caballos y a ordenar las vacas. Primera fase: despiste – orientación deficiente ante la realidad Segunda fase: confusión temporal – pérdida de las capacidades cognitivas Tercera fase: movimientos repetitivos que sustituyen al discurso Cuarta fase: vegetación – retraimiento total hacia el interior Para comprender a los ancianos que se encuentran en estas cuatro fases, se ha de entender cómo utilizan los símbolos Símbolos: billetes al pasado Un símbolo es un objeto o una persona del presente que representa un objeto significativo del pasado. Los símbolos utilizados por los adultos psicóticos pueden parecerse a los que utilizan las personas despistadas o desorientadas. De hecho a los muy mayores despistados se les suelen diagnosticar alucinaciones o ilusiones paranoides. Una persona psicótica fabrica símbolos imaginarios a partir de miedos internos; sus alucinaciones e ilusiones son percepciones patológicas e infundadas de la realidad y, por lo tanto, esas personas necesitan ayuda. Los símbolos no están relacionados con la pérdida de capacidad intelectual, ni tampoco responden a un mecanismo de curación que aparezca en la última etapa de la vida. Cuando el mundo exterior se desdibuja debido a la pérdida de visión, al deterioro del oído y la pérdida del tacto, resulta fácil y natural reemplazar objetos y personas actuales por otros del pasado. Las personas despistadas suelen utilizar figuras de autoridad del presente para expresar la ira que sintieron hacia sus padres. Símbolos universales y su posible significado Joyas, ropa: valor identidad Zapatos: contenedor, útero, macho o hembra, símbolo sexual Monedero: sexo femenino, vagina, identidad Bastón o puño: pene, potencia, poder Mobiliario duro: padre, Dios Mobiliario blando: seguridad, madre, hogar Pañuelo, objeto plano: tierra, pertenencia, vagina, identidad Comida: amor, madre Beber de un vaso: poder masculino, potencia Cualquier receptáculo: útero Hurgarse la nariz: placer sexual Jugar con excrementos: placeres de la infancia temprana Algunos símbolos personales típicos empleados por muy mayores desorientados: Una mano: un bebé Un dedo: un padre, pies para andar, niños con quienes pasear Un trapo: papeles importantes, masa para cocinar, ropa de niño El brazo de una silla: una calle Espacio abierto: un pasillo de casa, paraíso, esperanza Botón guijarro: alimento, amor Chasquidos con la lengua: seguridad, alegría Movimiento de mecer: madre, maternidad, seguridad, alegría Liquido: poder masculino Silla resistente: pene, hombre, marido, sexo Tenedor, cuchillo: enfado Asa, mango: pene Voz grave: persona masculina Cuchara u objeto curvado: mujer, sexo femenino Calcetín, zapato: niño, ropa de niño, órgano sexual Prende de quita y pon: acto sexual, libertad, desafío Planta de una residencia: barrio Pasillo de la residencia: una calle del barrio Silla de ruedas: un coche, una bicicleta, un carruaje Primera fase: despiste Estas personas se aferran a roles sociales establecidos con una única excepción: necesitan expresar conflictos del pasado de forma velada. Para ello, utilizan a las personas del presente como símbolos que representan a personas del pasado. Una anciana, por ejemplo, puede acusar a su compañera de habitación de robarle la ropa interior; en ese caso, la compañera de habitación simboliza a una hermana de quien siempre estuvo muy celosa. Asimismo, una mujer que nunca haya expresado sus deseos sexuales puede asegurar que hay un hombre escondido bajo su cama. En esta fase se suele producir una negación de los sentimientos. El habla, la razón y el pensamiento racional son muy importantes. Las personas despistadas valoran las opiniones claras y serenas y el control, y suelen responder negativamente al control físico y al contacto visual demasiado cercano. Son conscientes del paso del tiempo, reflexionan, ponen cada cosa en su lugar y mantienen un orden. Se sienten avergonzadas cuando alguien se da cuenta de que han olvidado algo, cuando repiten frases o historias que ya han explicado o cuando confunden a una persona con otra. Entonces se inventan cosas, utilizan experiencias ficticias para ocultar sus lagunas de memoria y las niegan. Se sienten viejas e inútiles, tanto si están en una residencia como si están solos en casa, creyendo que se trata de un castigo por su comportamiento en el pasado, dicen que “alguien está envenenando” su comida. La comida es un símbolo de amor. Amargadas, solas y sin el amor de nadie, estas personas se quejan de que “alguien está robando” sus posesiones. Se sienten robadas en la vejez igual que de niños se sintieron robadas por sus hermanas que les robaban la dignidad. Los sentimientos de naturaleza parecida cruzan el tiempo y se atraen como imanes. Para justificarse a sí mismos o negar sus sentimientos del mismo modo que han hecho durante toda la vida, esos ancianos culpan y acusan a los demás. Cuando su pareja muere nunca sienten culpa o pena, sino que acusan a los médicos. Se ofenden cuando los jubilan, pero en lugar de expresar esa cólera, acusan a su jefe de tener perjuicios contra las personas mayores que él. Cuando pierden el pelo por culpa de la edad, culpan a la esteticista o al peluquero. Para mantener el control en una guerra contra la pérdida del control, se dedican a acumular cosas; ante el miedo de sufrir cada vez más pérdidas, almacenan todo lo que pueden: naranjas, pañuelos, tazas, paquetes de azúcar, sal, periódicos, cintas, todo para protegerse contra futuras pérdidas. Y nadie logrará convencerles para que no lo hagan: la necesidad de justificar el pasado

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¿Cómo ayudar a los adultos mayores a enfrentar el temor a la muerte?

La tercera edad está considerada como la etapa del ciclo vital que empieza alrededor de los 65 años y que finaliza con la muerte. Existen diferentes términos para hacer referencia al mismo periodo, tercera edad, edad avanzada, vejez, ancianidad, etc. Las personas que se incluyen en esta etapa tienen una percepción de la propia muerte como algo más cercana. A lo largo de su vida habrán tenido numerosos contactos con personas que han muerto. La muerte del otro se convierte entonces para el anciano en el punto de partida sobre el cual imagina o fantasea acerca de cómo será su propia muerte. De esa manera se va preparando para su proceso de “ser en la muerte”. Las pérdidas que a lo largo de su existencia puede haber venido acumulando en los ámbitos personal y social pueden también ocasionar el que cada nueva muerte signifique un aumento de empobrecimiento y de su soporte en la vida, ya sea afectivo o biológico. Por ello lo que más le preocupa al anciano no es la muerte sino la pérdida. La muerte contiene una enorme cantidad de incógnitas, pero es un hecho inevitable, natural a la condición humana, como lo es el rechazo que despierta, con la consiguiente angustia y temor que expresan los ancianos. El hombre, sabe que morirá y tiene conciencia de este hecho, aunque no lo haya experimentado en él mismo. Desde la antigüedad, el hombre se ha esforzado por asumir la muerte. Ya viejos poemas hacen referencia a ella, lo que nos demuestra que ya en aquellos tiempos el hombre se resiste a aceptar que va a desaparecer y necesita creer que pervivirá en su alma. La ciencia define la muerte como el cese absoluto y definitivo de todas las funciones biológicas, que incluye la interrupción total e irreversible de las funciones circulatoria y respiratoria y el cese, también irreversible, de todas las funciones cerebrales. Para la psicología la muerte constituye una de las fuentes de angustia más significativas e importantes. Las diferentes emociones que pueden presentar los ancianos ante la muerte como el miedo, la angustia, la tristeza o el enfado junto con la influencia de los factores culturales serán la base que tenga en el proceso del final de la vida. La muerte se considera como un proceso y no como un acto puntual. El enfermo terminal se va muriendo poco a poco y va diciendo adiós al amor, a las ilusiones y a las esperanzas. Por otro lado, aumentan los miedos al más allá, al sufrimiento de los últimos días, a qué pasará con sus familiares, al olvido. Pero también es importante resaltar, que este proceso de morir, lo experimentan los familiares y/o cuidadores que están día a día con el enfermo al final de su vida. La muerte psicológica también penetra en la esfera familiar que a través del duelo tendrá que aceptar que todos nos morimos un poco en la pérdida del ser querido. En este sentido, cuidar al cuidador es una labor importante y necesaria ya que puede facilitar el buen morir del enfermo al final de la vida. Actitudes ante la muerte La actitud es uno de los conceptos más relevantes en psicología social. No es un concepto aislado, sino que se haya en estrecha relación con otros conceptos psicológicos como: motivación, percepción, personalidad y conducta. Allport lo define de la siguiente forma: “Estado de disposición nerviosa y mental, organizada mediante la experiencia, que ejerce un influjo dinámico o directivo sobre las respuestas que un individuo da a todos los objetos y situaciones con que ella está relacionada” (1935) Una actitud tiene los siguientes componentes: Ideas y creencias sobre el objeto de la actitud Emociones que produce el objeto de la actitud Acción respecto al objeto de la actitud Los tres componentes pueden o no estar relacionados, pues a veces hay contradicciones entre ellos; por ejemplo, las actitudes ante la muerte con frecuencia son contradictorias, pues la muerte en sí encierra una contradicción. Las actitudes ante la muerte son un producto de la educación, que varía en función del contexto cultural. Están estrechamente relacionados con la visión personal del mundo y con la posición que uno considera que ocupa en el mundo. Esto a su vez tiene que ver con el control percibido de la realidad, en concreto de las leyes naturales, pues una sensación de control sobre éstas lleva a tener menos conciencia del poder de la naturaleza sobre la vida y por lo tanto de la muerte. También tienen que ver con las experiencias relacionadas con la muerte, con la esperanza de vida y con las creencias sobre lo que es un ser humano La muerte genera todo tipo de actitudes y emociones siendo el miedo y la ansiedad las respuestas más comunes. Para Limonero (1997), la ansiedad ante la muerte se puede entender como una reacción emocional producida por la percepción de señales de peligro o amenaza a la propia existencia. La ansiedad podría aparecer ante la presencia de una enfermedad grave, la muerte de un ser querido, la noticia de un fallecimiento o por estímulos situacionales que por asociación con los anteriores han condicionado estímulos internos del sujeto tales como pensamientos o imágenes relacionadas con la muerte propia o la de un ser querido. Para Dobler (1974), la ansiedad sería un estado emocional negativo que carece de objetivo específico. Sería como tener miedo a algo, sin saber que ese algo, mientras que el miedo sería lo que experimentamos cuando podemos localizar y describir la fuente de nuestras preocupaciones. Es decir, la ansiedad ante la muerte sería el miedo a dejar de sentir, mientras que el miedo a la muerte podría ser miedo al proceso de morir, en el sentido de cómo será la agonía, si se podrá controlar el dolor, etc. La actitud ante la muerte depende de múltiples factores: la personalidad de la persona, su estilo de vida, el contexto sociocultural, las relaciones humanas que se han tenido y las que se mantienen con la familia y

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¿A qué afecta la Enfermedad de Huntington?

La  Enfermedad de Huntington es una enfermedad neurodegenerativa de herencia dominante, causada por una expansión de tripletes CAG en el gen IT 15 del cromosoma 4. Clínicamente se manifiesta como un trastorno motor, deterioro cognitivo y alteraciones psiquiátricas comporta mentales que aparecen en edades medias de la vida. Perfil clínico El cuadro clínico se caracteriza por la triada de: trastorno motor, deterioro cognitivo y alteraciones del comportamiento. Con mayor frecuencia los síntomas aparecen gradualmente en el adulto joven, entre la tercera y cuarta década y progresan durante 10 a 25 años. Sin embargo, una cuarta parte de los casos son de inicio juvenil (antes de los 20 años) o de inicio senil (después de los 50 años). Trastorno  motor La corea es la alteración predominante. Se define como un síndrome hipercinético caracterizado por movimientos involuntarios amplios, irregulares, generalizados y bruscos, que el sujeto intenta integrar en el conjunto de movimientos voluntarios. Son también frecuentes y precoces las alteraciones de la motilidad ocular. Con la evolución de la enfermedad aparece distonia, rigidez, bradicinesia y alteraciones de la marcha. Los sujetos que inician los síntomas en edad infantil y juvenil suelen desarrollar una variante rigidoacinética que se conoce como forma de Westphal. Trastorno cognitivo El deterioro cognitivo puede comenzar en paralelo con los síntomas motores o precederlos en el tiempo. Las alteraciones cognitivas suelen ser leves en estadios tempranos y solo en fases  avanzadas producen discapacidad funcional suficiente como para caracterizar un síndrome demencial. La demencia se caracteriza por un perfil subcortical en el que destacan una disfunción precoz y las alteraciones visuospaciales. Se observan además bradifrenia, defectos de atención, planificación y secuenciación, perseveración y déficit mnésicos (el deterioro de memoria se caracteriza por déficit en las estrategias de recuperación de la información previamente codificada y por relativa preservación del aprendizaje incidental). En general, están más afectadas las funciones manipulativas que las verbales. El lenguaje suele estar conservado, excepto por dificultades de articulación. Alteraciones del comportamiento Las alteraciones del comportamiento aparecen y evolucionan sin relación directa con el deterioro cognitivo. En una tercera parte de los casos, los síntomas psiquiátricos son la primera manifestación de la enfermedad. Retraimiento, apatía y tendencia al mutismo pueden ser los primeros síntomas de La  Enfermedad de Huntington. También pueden desarrollarse una gran variedad de síndromes psiquiátricos incluyendo cuadros depresivos e inhibitorios graves, alteraciones emocionales bipolares, síndromes esquizofrenia-like con alucinaciones y delirio, alteraciones de personalidad y gran variedad de cambios menores. La severidad de la apatía es el rasgo comportamental que mejor se correlaciona con la evolución de la enfermedad. Es importante recordar las altas tasas de suicido en los pacientes con La Enfermedad de Huntington. Otro signo general muy frecuente es la pérdida de peso, a pesar de una ingesta apropiada Neuropatología y neuroquímica El hallazgo característico es la atrofia progresiva y bilateral del estriado. En las fases iniciales de la enfermedad se afectan las zonas dorso mediales del estriado, progresando posteriormente la lesión hacia zonas ventrales y laterales. Microscópicamente se produce una pérdida selectiva y precoz de pequeñas interneuronas espinosas gabaérgicas y astrocitosis. La afectación del estriado se clasifica en cinco grados de intensidad creciente, de acuerdo con los criterios de Vonsattel y cols (1985). Debido a la pérdida de neuronas gabaérgicas, se observa en el estriado una disminución importante del ácido gammaaminobutírico (GABA) y de la actividad de la enzima descarboxilada del ácido glutámico (GAD), responsable inmediato de su síntesis. Las neuronas gabaérgicas estriatales pueden diferenciarse según los neurolépticos que contienen y sus regiones de proyección. En la Enfermedad de Huntington se observa una pérdida selectiva de las neuronas productoras de encefalina. En la corteza cerebral se observa moderada atrofia de lóbulos frontales y temporales con grados variables en estrechamiento cortical, pérdida neuronal, distorsión de la arquitectura y gliosis reactiva. La intensidad de los cambios histológicos parece relacionarse directamente con la gravedad del efecto molecular. En los pacientes con inicio juvenil los cambios histológicos son más graves y se extienden a tálamo, cerebelo e incluso a los tractos corticospinales. (Información extraída de Guías en demencias: conceptos, criterios y recomendaciones para el estudio del paciente con demencia. Revisión 2002 / Grupo de estudio de Neurología de la conducta y la demencia; coordinadores Jordi Peña-Casanova y Alfredo Robles Bayón, 2002)

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¿Cómo los déficits neurocognitivos afectan a las personas con psicosis?

El primer autor en detallar el deterioro cognitivo característico de los trastornos psicóticos fue a principios del siglo XX, Emir Kraepelin (1919-1971) en sus descripciones clínicas de la demencia precoz. Kraepelin se percató de que determinados pacientes manifestaban una progresiva disminución funcional e intelectual a edades tempranas e identificó diversos déficits que incluían las alteraciones en la atención, aprendizaje y la resolución de problemas. Sugirió que estas alteraciones neurocognitivas explican el pobre funcionamiento social, personal y laboral de estos pacientes. Se estima que en torno a un 90% de los individuos con esquizofrenia presenta un deterioro clínicamente significativo en al menos un dominio neurocognitivo y el 75% en dos. Es probable, además que estas cifrase sean aun mayores debido a las limitaciones de los estudios que examinan estos déficits. El hecho de que solo un pequeño porcentaje de pacientes no manifieste déficits puede deberse al efecto de presentar un nivel superior de funcionamiento pre mórbido y/o reserva cognitiva frente a los pacientes que presentan déficits. Se ha planteado la necesidad de llevar a cabo comparaciones con subgrupo clínicos mas específicos. Por ejemplo Heinrichs et al. (2015) examinaron el funcionamiento neurocognitivo en pacientes con trastorno de espectro psicótico sin aparentes déficits neurocognitivos, controlando: El nivel de funcionamiento pre mórbido estimado El perfil neurocognitivo El nivel de razonamiento social y probabilístico Cuando se controlan estas variantes lo que se observa es que el subgrupo sin déficits presenta en realidad niveles inferiores en velocidad de procesamiento que individuos sin el trastorno. Estos resultados son consistentes con otros hallazgos que ponen de manifiesto una menor velocidad de procesamiento en los pacientes categorizados como “cognitivamente normales” Los déficits neurocognitivos parecen ser independientes de los síntomas clínicos de la psicosis. Aunque cabria suponer que la capacidad neurocognitiva estuviera afectada por la presencia de síntomas positivos (por ejemplo, las alucinaciones auditivas o los delirios), existe poca evidencia que apoye esta relación. Por el contrario, estos déficits parecen relacionarse de manera más consistente con los síntomas negativos (por ejemplo, la abulia, la alogia, la apatía o la anhedonia) y desorganizados, pero la cantidad de varianza compartida sigue siendo relativamente pequeña entre el 5 y 10%. La independencia entre el funcionamiento neurocognitivo y los síntomas clínicos se apoya en múltiples estudios que relevan la persistencia de las alteraciones neurocognitivas tanto en momentos de sintomatología severa como de revisión. Estas alteraciones han sido identificadas en estudios con muestras de individuos a lo largo de todo el continuo de severidad de la psicosis. El alcance y la gravedad de los déficits neurocognitivos tampoco parecen asociarse de forma consistente con el uso de anti psicóticos. A pesar de que algunos estudios han concluido que los anti psicóticos de primera generación podrían afectar a la neurocognición, este efecto no se ha observado con los de segunda generación e incluso su uso se ha realizado con ciertos beneficios. En todo  caso, estas diferencias a favor de los anti psicóticos de segunda generación  pueden deberse a otras variantes tales como las dosis utilizadas, la presencia de síntomas extra piramidales o la administración de agentes anti colinérgicos. Otros datos apoyan que los efectos adversos de los anti psicóticos sobre la neurocognición podrían ser el mecanismo por el cual se reducen los síntomas positivos. En concreto, Moritz et al. (2013) han considerado que la disminución de la velocidad de procesamiento y el incremento de la duda secundarios a los neurolépticos podrían ser el requisito previo para poder trabajar sobre los delirios y las alucinaciones. Diversos estudios han relacionado la capacidad neurocognitiva con el nivel de funcionamiento psicosocial en los trastornos del espectro de la psicosis. En concreto, se ha encontrado que los niveles de atención y vigilancia se asocian con el funcionamiento social; la memoria y el aprendizaje  verbal, con el nivel de independencia social y ocupacional, las funciones ejecutivas con el grado de independencia y la velocidad de procesamiento con la capacidad para trabajar. También se ha visto que son determinantes a la hora de predecir la evolución clínica del trastorno. En este sentido, los problemas de memoria pueden afectar a la adherencia a los tratamientos psicofarmacológicos y psicoterapéuticos. Los problemas de atención, razonamiento y memoria pueden limitar, a su vez la capacidad para comprender e interiorizar los conocimientos y habilidades adquiridos en psicoterapia y por tanto, impedir la correcta transferencia de las habilidades aprendidas a la vida diaria. (Información extraída de Evaluación de los trastornos del espectro psicótico Eduardo Fonseca Pedrero (Coordinador), 2018)

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¿Por qué es importante la rehabilitación cognitiva?

La incapacidad para recordar se puede deber a fallos que ocurren durante alguna de las tres fases de la memoria, o sea, durante el registro o codificación, el almacenamiento o retención y la evocación o recuperación. Cuando alguien experimenta la sensación de angustia de “lo tengo en la punta de la lengua”, el problema se puede atribuir a una falta de atención en el momento de registro, a problemas durante el almacenamiento o a deficiencias para encontrar alguna clave que propicie la evocación. Hay estrategias dirigidas al paciente para cada una de las etapas de los procesos de memoria: Para mejorar el registro o codificación Mantenga una actitud abierta y positiva. Como la memoria es un proceso creativo, la intención de recordar y la activación emocional van a determinar la actividad que se desarrolla. Crea en usted. No permita que las expectativas negativas lo derroten. Si se descubre pensando que no puede recordar nombres, sustituya el pensamiento por “puede que olvide los nombres, pero voy a mejorar gracias a las técnicas” Haga una elección consciente de lo que quiere recordar. Es imposible recordarlo todo, así que dirija su energía a las áreas mas importantes para usted. Observe activamente y piense acerca de lo que quiere recordar. Es muy difícil recordar cosas que no hemos observado claramente o con interés. Observar activamente es el acto de prestar atención consciente a los detalles que vemos, escuchamos o leemos. Por medio de una observación activa podemos encontrar significado en una fotografía, una cara nueva, un paisaje, una conversación o lo que sucede en la calle. Esto contrasta con la actitud pasiva de dejar pasar lo que nos ocurre diariamente sin pensar o sin mostrar interés. Es importante el significado de lo que estamos aprendiendo. Analice cómo se siente, cómo le afecte y qué es lo que desea recordar. Hágase preguntas que refuercen el significado. Una clave para recordar es mantenerse interesado. Enfoque la atención en lo que desea recordar. Pregúntese a qué le presta atención; hacerlo aumenta inmediatamente nuestra atención y concentración. Una alta proporción de los problemas de memoria se debe a una mala capacidad para escuchar activamente Fortalezca la huella de la memoria mediante varias modalidades. Utilice los cinco sentidos. Tenemos diversos tipos de memoria y la capacidad de cada una es extraordinaria. Por ejemplo, un olor puede activar los recuerdos más vividos, pues el nervio olfativo está a solo dos sinapsis de la amígdala, centro de las emociones humanas. El recuerdo evocado por un olor no es más exacto que uno evocado por otras claves como imágenes. A pesar de que el olor no aumenta la exactitud, se ha encontrado que incrementa la intensidad de la evocación. Elabore sobre los detalles de lo que desea recordar. Un pensamiento breve y mal examinado es muy frágil y se olvida fácilmente. Cuando elaboramos sobre los detalles de un pensamiento o una idea, la codificación de la información es más profunda. Para lograrlo trate de entender qué sucede y relaciónelo con lo que ya conoce y la sensación que le provoca Trate de comprender antes de memorizar. Haga preguntas para aclarar y verificar la información. Para mejorar la retención o el almacenamiento Proporciónese tiempo para aprendizaje y la memorización. Olvidamos cuando estamos apurados. Es necesario darnos tiempo para consolidar lo que tenemos que recordar. El aprendizaje nuevo interfiere con el antiguo. Recuerde que el almacenamiento temporal es muy susceptible a las interferencias Evite las distracciones, dé tiempo a la consolidación. Después de estudiar cerca de una hora, es importante que se tome un descanso y haga algo que eleve sus noveles de adrenalina y norarenalina como correr, caminar, lavar ropa, barrer; actividades que ayuden a fijar los recuerdos. Cuando tenemos una experiencia muy intensa, la norarenalina aumenta la intensidad de la señal y ésta se guarda en la memoria. Después del descanso regrese y revise el material antes de intentar aprender algo nuevo Repita y practique. Revise la información. Dígala o léala en voz alta; subraye lo que considere importante, haga un resumen o revíselo. Repetir la información ayuda a mejorar el recuerdo, siempre y cuando se haya combinado con otras estrategias. Este repaso adicional mejora el tiempo de evocación y fortalece el aprendizaje Revisualización. “una imagen vale más que mil palabras”. La visualización es el proceso de crear una imagen mental de una tarea, un número, un nombre o un pensamiento abstracto. Trate de convertir las palabras en imágenes con significado y retenga la imagen en la mente durante unos segundos. Esta técnica se conoce como “el arte de la memoria” y consiste en asociar imágenes vividas de las cosas o palabras que se desea retener con un conjunto de lugares conocidos para recordarlas luego. Por ejemplo, para no olvidar comprar aceite: coloque la imagen de la botella sobre la mesa de la sala donde si llega a tirarla, dañará los muebles. También puede colocar en varios cuartos de su casa imágenes de lo que necesita. Este sistema fue ideado en el año 500 a.C. por Simónides de Creos, poeta griego quien desarrolló el sistema de los lugares de la memoria. Cuenta la leyenda que durante un banquete el poeta se salvó de morir aplastado por el derrumbe del techo y fue el único capaz de reconocer los cuerpos destrozados de los comensales al recordar los lugares donde estaban sentados. Asociación. Consiste en hacer una conexión mental entre lo que estamos memorizando y el conocimiento que ya tenemos. Otra manera de utilizar la técnica estriba en asociar los datos e ideas que tienen sentido para nosotros; por ejemplo, codificar o asociar el número confidencial de la tarjeta bancaria con la fecha del cumpleaños. En este caso también es importante repetir la información varias veces, memorizar en sesiones cortas y descansar diez minutos. Mientras aprende es importante evitar interferencias como las llamadas telefónicas o el ruido Genere instrucciones verbales acerca de lo que desea recordar. La auto instrucción es el proceso de darse un refuerzo mental o verbal para prestar atención a

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¿Por qué la memoria puede fallar en diferentes etapas de la vida?

La memoria es una de las funciones cognitivas más sensibles al daño cerebral. El término se refiere a una pérdida parcial o total de la memoria, lo que la convierte en incapacidad para recuperar la información. Los trastornos de la memoria pueden ser graves que no solo se pierde la posibilidad de recuperar la información sino también toda noción de haber estado expuesto a ella. En los casos menos agudos, la evocación puede implicar únicamente pérdida de detalles, los cuales en ocasiones mejoran cuando se proporcionan claves o pistas. Es importante enfatizar que en la memoria intervienen diversos procesos y es necesario que todos ellos estén intactos para que ésta funcione normalmente. Es necesaria una atención adecuada para que se puedan registrar los datos. Las alteraciones en la atención se producen por un estado confusional y una imposibilidad para recordar. Personas somnolientas, deprimidas o ansiosas pueden manifestar dificultades para almacenar y recuperar la información Clínicamente es posible distinguir cuatro tipos de amnesia (Ardila y Ostrosky, 1991): Amnesia anterógrada. Consiste en la incapacidad para retener nueva información como consecuencia de una perturbación cerebral Amnesia retrógrada. Es la imposibilidad de evocación información aprendida previamente Amnesia especifica. Se relaciona con la naturaleza de la información que ha de memorizarse. Una persona puede presentar dificultades para recordar caras o lugares, pero no para recordar palabras o textos; también puede darse el caso contrario Amnesia inespecífica. Se presenta para todo tipo de material y se manifiesta en cualquier modalidad. Hay amnesia respecto a caras, lugares, palabras, textos, etc. La amnesia inespecífica con confabulación y amnesia inespecífica sin confabulación. La confabulación es la aparición de falsas huellas de memoria que probablemente se producen porque la persona es incapaz de hacer una evocación selectiva de sus recuerdos. Por ejemplo, cuando se le pregunta a un paciente qué hizo el día anterior, éste puede responder que estuvo en su casa, luego salió a pasear y se encontró con un amigo, cuando en realidad el paciente estaba hospitalizado. Lo que refiere es algo que pudo hacer sucedido y que podría responder a huellas de memoria que el paciente es incapaz de seleccionar apropiadamente. La identificación de las características de los trastornos de memoria aporta información valiosa acerca de la naturaleza y la localización de un daño o disfunción cerebral. En este sentido, se ha postulado un sistema que memoria que incluye las siguientes estructuras cerebrales: los cuerpos mamilares del hipotálamo, el tálamo, los lóbulos frontales, el cíngulo y el hipocampo. Lesiones a diferentes estructuras cerebrales pueden generar directa o indirectamente fallos en la memoria. Por ejemplo, las lesiones en el tallo cerebral afectan al nivel de conciencia y puede afectar indirectamente el proceso de memoria puesto que carece el individuo de un estado suficiente de alerta para realizar el registro de información. Las lesiones en las estructuras del sistema límbico afectan al proceso de almacenamiento de información nueva, aunque se mantiene la habilidad para recordar hechos antiguos. El lóbulo frontal interviene en las estrategias de almacenamiento y la recuperación de los recuerdos, e inhibe a la vez la información que no viene al caso. ¿Cómo cambia la memoria con la edad? Con la edad, las alteraciones de la memoria son causadas por cambios neuronales en el cerebro y por diferencias de procesamiento. Durante el envejecimiento surgen cambios en las neuronas del cerebro y en la eficiencia de los neurotransmisores que afectan la transmisión de información entre las neuronas, o se presentan deficiencias en la atención por alteraciones de los lóbulos frontales. Otras causas del deterioro de las neuronas incluyen: el uso de fármacos, las enfermedades crónicas como las cardiacas, la depresión, el alcohol, la vida sedentaria, la presión arterial alta, la falta de estimulación, la ausencia de deseo por aprender, la desnutrición y el exceso de grasa. Las personas mayores presentan dificultades en la evocación. Por ejemplo, aunque conocer el nombre de la medicina, no pueden recordarlo en un momento dado. Sin embargo, la mayor parte de las personas no manifiesta problemas con el reconocimiento y frecuentemente afirmar reconocer la información al verla u oírla. La memoria sensorial no cambia con la edad y así, el registrar información, a través de los sentidos la memoria a corto plazo funciona en forma muy parecida a cuando se es joven. Es conocido que ciertos factores pueden afectar al proceso de memoria en personas de cualquier edad. Sin embargo, el efecto de estos factores puede aumentar a medida que envejecemos; esto se debe a que las personas de mayor edad pueden experimentar mas al mismo tempo uno de estos factores. Los problemas de memoria se deben a cambios en los siguientes procesos (Ostrosky-Solís, 1998): La atención dividida. Nos cuesta más trabajo prestar atención a dos cosas a la vez La capacidad para aprender información nueva. Necesitamos hacer más esfuerzo para aprender información La recuperación. Es más difícil recuperar a la información almacenada en la memoria a largo plazo La evocación. Requerimos más tiempo para recuperar la información de la memoria a largo plazo. (Información extraída de Rehabilitación neuropsicológica / Juan Carlos Arango Lasprilla; revisión técnica, Edgar Miranda Terrés; editor responsable, Emilio Márquez Orta, 2006)  

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¿Cómo envejecer de manera saludable y mantener una mente activa?

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA según las siglas inglesas) que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud ha realizado estudios que indican que la pérdida de la memoria no forma parte del proceso natural del envejecimiento. La memoria se mantiene cuando funciona y se pierde cuando se deja de utilizar. La clave para que el cerebro siga funcionando en la vejez ya la dieron los antiguos griegos: seguir activos. En cuerpo y en mente. El ejercicio físico discreto previene muchos problemas de la vejez. Hay ancianos que se sientan a ver pasar la vida y cuando quieren levantarse no lo consiguen. Hay ancianos que dejan de hacer trabajar a su mente y cuando quieren que funcione no lo consiguen. La memoria y la musculatura se pierde de no usarlas. Los estudios sobre la neuropsicología del envejecimiento realizados por el NIA tratan de derrocar los viejos mitos que asocian la ancianidad con la pérdida de memoria y con la disminución de las facultades mentales. Estudios se han llevado a cabo mediante las modernas técnicas de resonancia magnética funcional de imágenes que permiten ver lo que sucede en el cerebro de una persona mientras realiza una actividad o procesa una información. Y esto supone un paso adelante en el conocimiento de los mecanismos con los que aprendemos y con los que recordamos. Estos estudios son importantes para la prevención de enfermedades como el mal de Alzheimer. Se están llevando a cabo en numerosos centros de investigación situados en Estados Unidos y Canadá. En Holanda se llevaron también a cabo estudios entre 1885 y 1995 entre distintos grupos de ancianos que determinaron que el ejercicio físico prolonga la vida ya que disminuye el riesgo de enfermedades vasculares. Científicos canadienses han señalado también que la práctica regular de ejercicio físico protege frente al declive mental que aqueja a muchas personas al envejecer, especialmente a las mujeres. Según sus estudios, las mujeres mayores de 65 años que practican algún tipo de deporte o ejercicio físico tienen menor riesgo de padecer Alzheimer u otro tipo de demencia senil, reduciéndose el riesgo en un 40%. Al mismo tiempo la revista Jano Online de 29 de octubre de 1999 señalaba que el 40% de los españoles no practica ejercicio alguno en su tiempo libre. Es muy importante mantener activa la mente practicando algún ejercicio mental, como la lectura, los crucigramas, el ajedrez o algún juego que requiera ejercitar la mente. Hay huegos de cartas como el Mus o la Canasta que precisan de agilidad mental. Tampoco hay que subestimar el ejercicio físico. Al fin y al cabo, la inteligencia está asociada al movimiento desde que nacemos. La primera señal de inteligencia  en un niño recién nacido es su respuesta motriz a los estímulos, es decir, a sus reflejos.       (Información extraída de Los errores del alma: convivir con personas difíciles / Ana Martos Rubio, 2004)  

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