Trastorno destructivo

¿Cómo Saber Si Sufres un Burnout?

En un mundo donde el trabajo y las responsabilidades parecen nunca acabar, el síndrome de burnout se ha convertido en un enemigo silencioso que afecta a millones de personas. ¿Te has preguntado si podrías estar experimentando burnout? En este artículo, te ayudaremos a identificar las señales menos evidentes de este síndrome y te daremos soluciones que quizás no conocías. ¿Qué es el burnout? El burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés crónico relacionado con el trabajo o las responsabilidades diarias. Si no se aborda a tiempo, puede afectar tu salud, relaciones y calidad de vida. Señales de que podrías estar sufriendo burnout Fatiga extrema persistente Sentirse cansado incluso después de dormir bien puede ser una señal de alarma. Este agotamiento no desaparece con el descanso habitual. Irritabilidad y cambios de humor Si reaccionas de manera desproporcionada ante situaciones menores o tienes cambios de humor repentinos, puede ser indicio de burnout. Cínico o desapegado Perder interés en tu trabajo, tareas o relaciones, y sentirte indiferente, puede ser una señal importante. Problemas de concentración y memoria Olvidar tareas importantes o tener dificultad para enfocarte puede ser síntoma de que tu mente está sobrecargada. Dolores físicos inexplicables Dolor de cabeza, musculares o problemas gastrointestinales pueden aparecer debido al estrés acumulado. Baja productividad Sentir que estás trabajando más pero logrando menos es una de las características principales del burnout. Soluciones que no sabías para combatir el burnout Practica la desconexión digital Desconéctate de correos y redes sociales fuera del horario laboral. Establecer límites claros ayuda a reducir la sobrecarga. Tómate microdescansos Pequeñas pausas de 5 minutos durante tu jornada pueden recargar tu energía y mejorar tu productividad. Prioriza el autocuidado Haz ejercicio, medita o simplemente date tiempo para actividades que disfrutes. Cuidar de ti mismo es clave para prevenir el agotamiento. Aprende a decir “no” No puedes hacerlo todo. Establecer prioridades y delegar tareas te ayudará a aliviar la presión. Busca apoyo Habla con amigos, familiares o un terapeuta. Compartir tus sentimientos puede ser un gran alivio. Rediseña tu espacio de trabajo Un entorno organizado y agradable puede influir positivamente en tu estado de ánimo y productividad. Evalúa tus metas y valores Reflexiona si tus esfuerzos están alineados con lo que realmente valoras en la vida. Ajustar tus metas puede ayudarte a encontrar un propósito renovado. Conclusión El burnout no es solo un cansancio pasajero; es un problema serio que puede afectar todos los aspectos de tu vida. Si identificas algunas de las señales mencionadas, no ignores los síntomas. Implementa las soluciones propuestas y, si es necesario, busca ayuda profesional. Tu bienestar es esencial. Recuerda que no puedes dar lo mejor de ti si no te cuidas primero.  ¿Y tú? ¿Has experimentado alguna vez burnout? Comparte tu experiencia en los comentarios.

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¿Cómo controlar las conductas desafiantes en niños con TDAH?

El tratamiento conductual se fundamenta en que las conductas se producen, mantienen o desaparecen en función de las consecuencias ambientales. Si un comportamiento determinado va seguido de una recompensa aparecerá con mas frecuencia. Por el contrario, si ese comportamiento no tiene ninguna recompensa, se ignora de forma sistemática o va seguido de un castigo o una pérdida de beneficios tiende a reducirse y desaparecer. Los programas de modificación de conducta siguen una pauta que se resumen en los siguientes puntos: Identificación de las conductas problema Análisis de las relaciones entre estas conductas y los acontecimientos externos y los estados internos Manejo de las consecuencias ambientales Se ha observado que cuando aparecen conductas alteradas o comportamientos perturbadores en niños hiperactivos, los adultos prestan demasiada atención a estas conductas, hacen valoraciones negativas sobre la forma de ser del niño y lo molesto de su comportamiento y lanzan amenazas en forma de castigos que en muchas ocasiones quedan sin cumplir. Por el contrario, son menos frecuentes las valoraciones positivas, como alabanzas, elogios, muestras de satisfacción por parte de los padres y la familia en relación con las habilidades y conductas adecuadas. Esta actitud resulta comprensible pero no ayuda al niño a cambiar su comportamiento y en cambio carga negativamente las relaciones familiares. Las técnicas de modificación de conductas permiten intervenir de una forma mas eficaz para lograr el control y la modificación de los comportamientos inadecuados y el refuerzo de las conductas adaptadas y positivas de los niños con TDAH. Los conceptos de premio y castigo son ampliamente admitidos como estrategias educativas, pero con frecuencia desconocemos que precisan de ciertas condiciones para resultar eficaces. La primera tiene que ver con la identificación de las conductas que queremos eliminar o desarrollar y su asociación con consecuencias coherentes, consistentes y proporcionadas. No aplicar de forma aleatoria premios o castigos, sino que cada comportamiento del niño quede asociado siempre a la misma consecuencia ambiental y que ésta sea específica para esa conducta. La segunda es saber que los procedimientos de castigo nunca favorecen el establecimiento de hábitos deseables. El castigo será eficaz únicamente para eliminar aquellos comportamientos a los cuales queda asociado de manera inmediata y consistente. Es fundamental no utilizar el castigo físico como forma de corrección de conductas negativas. El castigo físico merma la autoestima del niño, que en el caso de niños con TDAH suele estar ya afectada por el bajo rendimiento escolar y por sentir que no cumplen con las expectativas de los padres. Además, despierta intensos sentimientos de rabia en el niño que le conducen a actitudes desafiantes y deteriora su confianza en los padres y en su capacidad para controlar las situaciones. Es siempre preferible aplicar la fuerza de la razón que la razón de la fuerza. Técnicas para disminuir o eliminar las conductas alteradas Retirada de atención. Consiste en no prestar atención a la conducta alterada, dirigir la mirada hacia otro lado sin hacer ningún tipo de comentario tanto positivo como negativo acerca de lo ocurrido. Esta técnica puede utilizarse en aquellos comportamientos no deseables del niño y que suelen ser objeto de atención continuada por parte de los adultos como, por ejemplo, llantos y rabietas, utilización de palabras malsonantes, bromas inoportunas o gestos inadecuados a la situación. Tiempo fuera. Es muy eficaz cuando el niño se porta mal buscando la atención de las personas que están con él. Consiste en la retirada del niño a un lugar cercano pero apartado de estímulos gratificantes como personas o juguetes durante un tiempo breve que dependerá de la edad del niño y de la conducta que se pretende corregir Coste de respuesta. Se trata de retirar algún reforzador tras emitir una conducta desajustada Sobrecorreccion. Se aplica cuando el comportamiento inadecuado ha tenido consecuencias negativas para terceros o entraña una gravedad significativa. El niño tiene que reparar los efectos que ha originado su conducta y además realizar una acción compensatoria. Técnicas para el aumento de las conductas adaptadas Refuerzo positivo. Es todo objeto o experiencia que cuando se produce tras una conducta hace que aumente la probabilidad de que esa conducta se repita en el futuro. Son premios a las conductas positivas en forma de objetos materiales o refuerzos sociales. Reconocimiento social. Las alabanzas como premio han demostrado ser muy eficaces en mejorar el rendimiento y el comportamiento de los niños hiperactivos. Pese a su aparente desinterés, los niños con TDAH están ansiosos por lograr la aprobación de quienes les rodean y en especial de aquellos adultos a los que sienten realmente interesados en su bienestar. La imposibilidad de conseguir esa aprobación es la mayor fuente de frustración en esos niños y el convencimiento de que esta incapacidad es algo intrínseco en ellos y no una dificultad extreman, constituye uno de los mayores riesgos para el desarrollo de trastornos de conducta y/o del estado de ánimo. Atención a los adultos. Es uno de los principales reforzadores para los niños, por lo que resulta muy útil el procedimiento de la atención selectiva. Ignorarle cuando se porta mal y atenderle, escucharle, jugar con él cuando se porta bien es uno de los principios básicos para cambiar su comportamiento. Un tipo de refuerzo positivo muy utilizado es el llamado “economía de fichas o puntos” que consiste en otorgar al niño un punto cada vez que los adultos consideren que ha cumplido con el objetivo planteado. Los puntos pueden anotarse en algún tipo de registro o entregarse en forma de fichas que pueden ser de cualquier material, forma o color. El primer paso es lograr la colaboración del niño, de manera que no vea esta tarea como una imposición de los adultos, sino que perciba que el objetivo último es que él consiga el control de su propia conducta, a la vez que logra un repertorio de comportamientos adecuado a su edad y capacidades. Para ello es importante que adquiera protagonismo participando activamente en las sucesivas decisiones que hay que tomar en el diseño del sistema de economía de puntos. La primera de estas decisiones

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¿La violencia en televisión tiene efectos sobre el niño?

No existe ninguna investigación que por sí sola haya demostrado suficientemente que la violencia televisiva engendre comportamientos agresivos en el niño. Sin embargo, la convergencia de numerosas investigaciones al respecto es tan abrumadora que se puede afirmar que bajo determinadas condiciones, la violencia televisiva puede influir sobre el ulterior comportamiento agresivo del telespectador. Para muchos la conexión entre la violencia televisiva y la conducta agresiva ha sido establecida más allá de una duda razonable. Aunque en algún caso se habla de esta relación en términos de conexión causal, los investigadores suelen utilizar términos más matizados como efectos establecidos bajo ciertas condiciones. Ello significa que hay un efecto facilitador pero no determinista. Niños sometidos a televisión violenta pueden no manifestar esos efectos perniciosos. La investigación ha señalado, entre las variables facilitadores, unas ligadas al sujeto y otras al contexto. Para cada caso se tratará pues de analizar qué factores facilitadores están presentes, si lo que se presente es evaluar el eventual efecto sobre la conducta final del niño. Los mayores efectos de la violencia en televisión pueden situarse en las siguientes ocho categorías: Desplazamiento de otras actividades saludables Moldeamiento de conductas inapropiadas Desinhibición Desensibilización Distorsión Aumento del arousal agresivo Asociación con conductas de alto riesgo Afectar al estilo de ensoñaciones Desplazamiento de otras actividades saludables. Por ejemplo, en lugar de mostrar al niño una conducta de juego y colaboración con otros niños, le induce otra de lucha que desplaza a la anterior. Al mismo tiempo, ver mucha televisión de tipo violento produce una reducción del juego en general y del juego dramatizado en particular, en el que el niño despliega su imaginación y creatividad mediante la acción de la que es guionista, director y actor Modelamiento de conductas inapropiadas. Por ejemplo, un niño que quiere molestar a su hermano ve en televisión un acto violento que le sugiere la manera de hacerlo. Desinhibición. Hacer algún acto violento al que antes no se atrevía porque, según su manera de razón, si en la tele lo hacen yo también puedo hacerlo. Es una manera de atribuir la justificación y responsabilidad del propio acto a la televisión. Desensbilización. Ver a alguien pegando brutalmente a otra persona puede producirle menos pena Distorsión. Incrementar las percepciones del espectador de vivir en un mundo peligroso del que hay que defenderse. Aumento del arousal agresivo. El programa agresivo puede hacer que al provocar que aumente el nivel de arousal o activación cortical del niño, éste reaccione más violentamente ante una contrariedad de lo que le hubiera hecho antes de ver el programa, cuando su nivel era más bajo Asociación con conductas de alto riesgo. El niño ha visto a un personaje luchando con otro con cuchillos. Sale ileso y le parece fácil manejarlo. Decide jugar con un amigo suyo y con cuchillos de verdad porque seguro que no pasa nada y es más divertido. Afectar el estilo de ensoñaciones. En un estudio a lo largo de un año con niños entre 8 y 11 años, aquellos que veían programas dramáticos violentos tenían ensoñaciones en las que dominaban los héroes agresivos, mientras que aquellos que veían programas no violentos presentaban ensoñaciones cada vez más positivas a medida que discurría el año. ¿La violencia afecta igual a todos los niños? La respuesta es no. La misma violencia que aparece en televisión puede afectar mucho, algo o poco a diferentes niños dependiendo de algunas variables como las siguientes: Predisposiciones a la violencia. Los chicos propensos a la violencia o que presentan conductas delincuentes en la vida cotidiana ven mucha televisión violenta o presentan niveles de agresividad previos y tienen mayor probabilidad de ser influidos por la violencia televisiva trasladándola a su comportamiento en su entorno. Hay determinados periodos críticos para fortalecer esta relación violencia-conducta agresiva. Así, en un estudio longitudinal se pudo comprobar que aquellos jóvenes que mantenían conductas agresivas habían mostrado preferencias por la violencia televisiva cuando tenían 8-9 años. La violencia televisiva puede afecta tanto a chicas como a chicos, aunque estos últimos suelen presentar mayores índices de violencia, sobre todo con relación a series de lucha como Power Rangers. La estructura de la personalidad es un buen indicador de la eventual inclinación del niño a percibir o ignorar la violencia televisiva. La violencia televisiva influye sobre la forma en que el superyó se construya La actitud hacia la violencia es también otro factor que indica la forma en que el niño será o no influido por la violencia televisiva. No parece haber correlación significa entre el nivel de inteligencia y el de agresividad. Ello quiere decir que el niño no manifiesta más o menos agresividad si es más o menos inteligente. Puede ser muy agresivo y poco inteligente. Puede ser muy agresivo y muy inteligente. El grado de agresividad depende pues de otras causas La cantidad de televisión a la que se expone el niño influye sobre su evaluación de la violencia que ve.   (Información extraída de Mi hijo y la televisión / Jesús Bermejo Berros, 2006)  

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¿Qué es la respuesta de ataque o fuga?

La respuesta de ataque o fuga está muy desarrollada y a lo largo de la historia nos ha ayudado a adaptarnos a un mundo hostil y a asegurarnos la supervivencia fisca. Esta respuesta también puede observarse fácilmente en otros mamíferos. Por ejemplo, antes de que un animal se decida a huir de un oponente mas fuerte, primero puede ofrecer un espectáculo agresivo y bravucón. Antes de batirse en retirada puede sisear, cambiar de color, ponerse erecto, dar zarpazos en el aire o bufarse. Estos gestos amenazadores pretenden ahuyentar al oponente. Podemos ver fácilmente el equivalente en la persona agresiva que grita, enrojece, se endereza y se inclina hacia adelante, señala con el dedo al blanco de su agresividad y dice cosas tales como: ¡Mas te vale que te andes con cuidado! Cuando la supervivencia fisca está en peligro, esta reacción constituye un sistema de respuesta de enorme importancia. La respuesta de ataque o fuga provoca una liberación de adrenalina y de otras hormonas asociadas al estrés. La respiración, el consumo de oxigeno y la vigilancia se incrementan, y el organismo se siente fuerte. Ganamos fuerza y empuje que pueden conducirnos o no a comportarnos sabiamente. Por ejemplo, cuando en la oscuridad de la noche tropiezan con un atracador que podría causarles un grave daño físico, las víctimas potenciales experimentan esta reacción cognitiva, conductual y fisiológica intensa y concebida con el propósito de ayudar a identificar una respuesta apropiada. Ahora bien, en el caso de los seres humanos de hoy en día tal vez la respuesta más apropiada no sea el ataque ni la fuga. Las autoridades suelen recomendar que nos limitemos a entregar el dinero y nos libremos así del posible daño físico. La respuesta de ataque o fuga también puede activarse cuando observamos que la supervivencia física de otras personas se está viendo amenazada. Por ejemplo, en tiempos de guerra la respuesta de ataque o fuga puede conducir al heroísmo, como cuando decidimos proteger y defender vidas humanas y valores colectivos a los que concedemos mucha importancia. Pero también puede conducir a la propia destrucción en un esfuerzo por proteger al grupo, como cuando una persona arriesga su seguridad para intervenir en una gresca o en un robo. En términos generales la respuesta de ataque o fuga constituye un vestigio de necesidades pasadas. La mayoría de los desencadenantes aversivos a los que nos enfrentamos no suponen una amenaza para la supervivencia fisca. Aunque ciertamente se cometen crímenes contra las personas, los pacientes tratados por la mayoría de los profesionales suelen encontrarse con desencadenantes que amenazan a la supervivencia social. Los desencadenantes suelen ser del tipo de tener una discusión verbal, ser objeto de bromas, abandonar nuestro asiento preferido en el teatro a requerimiento de otras personas, ser objeto de un escupitajo por parte de un compañero de instituto y observar a otros conductores, a los amigos, a los compañeros de trabajo o a los familiares comportarse de una forma inadecuada. Solo raramente los modernos desencadenantes amenazan nuestro bienestar físico y solo raramente nos vemos obligados a recurría a una reacción intensa de ataque. Los desencadenantes de hoy en día tales como los insultos verbales o el hecho de ser ignorado en una fiesta, con frecuencia suele ser activar una intensa reacción de ataque o fuga exactamente igual que si la supervivencia física estuviera amenazada. Son muchos los pacientes agresivos que despotrican de la desgracia social como si la propia supervivencia dependiera de que los acontecimientos  se desarrollasen tal y como estaba previsto. Además de los efectos negativos sobre el cuerpo del paciente derivado del aumento de la activación fisiológica, es útil enseñarles a los pacientes que en la sociedad actual la reacción de ataque o fuga suele ser contraproducente de cara a encontrar una solución a largo plazo al problema en cuestión. De hecho, no podemos ni luchar ni huir ante muchos de los desencadenantes cotidianos. Cuando tropezamos con un jefe, compañeros de trabajo, vecinos o unos hijos aversivos, en realidad disponemos de pocas opciones salvo controlar nuestras reacciones y encontrar soluciones que no impliquen el ataque ni la fuga. En la mayoría de los casos, pegar o salir corriendo no hará más que agravar los problemas. En el caso de los pacientes agresivos, los desencadenantes aversivos de la sociedad actual siguen conduciendo a la plena activación de la respuesta de ataque o fuga y provocando agresividad, discusiones, agresión, hipervigilancia, secreciones hormonales, tensión muscular y aumento de la reactividad. Ello conduce a su vez a una serie de reacciones conductuales que suelen ser contraproducentes de cara a encontrar una solución al problema. Junto con las cogniciones/verbalizaciones y las manifestaciones conductuales agresivas, los pacientes con una agresividad excesiva suelen comunicar síntomas de activación físicas tales como tensión muscular y aumento del ritmo cardiaco y de la respiración, sudoración e hipervigilancia. La activación agresiva le impide al paciente identificar las opciones apropiadas frente al desencadenante interpersonal o social. Dicha activación no solo inhibe la conducta motriz efectiva sino que inhibe igualmente la claridad de pensamiento. De hecho, nadie querrá ser el paciente de un dentista o de un cirujano agresivo y sumamente alterado. Ni tampoco querríamos que un presidente de la nación agresivo y sumamente alterado negociara tratados internacionales en los que se jugará un importante beneficio para el país. Las habilidades motrices y la capacidad de juicio se ven ambas afectadas por la agresividad. De cara a solucionar la mayoría de los problemas sociales, los pacientes pueden aprender a reducir sus pensamientos desadaptativos y conductas reactivas de base agresiva y sustituirlos por pensamientos y actitudes que tengan menos probabilidades de conducir a la agresividad. Pero ello no constituye una tarea fácil cuando el cuerpo está sumamente activo y lleno de hormonas de ataque o fuga y cuando los músculos están tensos y/o la respiración es excesiva. A los pacientes siempre les resulta difícil llevar a la práctica nuevas estrategias, pero especialmente cuando el nivel de activación física es elevado. Así pues, un primer paso para reducir la agresividad consiste

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¿Qué factores contribuyen a los conflictos entre estudiantes en la escuela obligatoria?

El conflicto interpersonal o entre grupos que no cede con el esfuerzo espontaneo no solo es indeseable sino que es una situación crítica. Entendemos por situación crítica una posición de extrema tensión en la dinámica, siempre cambiante y diversa, de las relaciones entre las personas. Las relaciones sociales estables basadas en la vida en común deberían ser fluidas, afectivas y solidarias, pero también hay en muchas ocasiones en que no lo son. La cotidianeidad y el trabajo conjunto crean sistemas de conocimiento compartido, afectos y emociones que pueden deteriorarse  a niveles mucho más profundos que aquellas que unen a las personas que no conviven. Los afectos y emociones que connotan las relaciones estables afectan en gran medida a la comunicación y al entendimiento mutuo, para bien y para mal. Las relaciones estables crean una suerte de expectativas respecto del interlocutor que con frecuencia es origen del buen entendimiento mutuo, pero también puede convertirse en la causa de malos entendidos que se hacen más y más profundos, produciendo estos conflictos críticos que se resuelven mal de forma espontanea. Las relaciones interpersonales producen tensiones entre los grupos y las personas, cuando éstas deben acudir asiduamente a los mismos escenarios, someterse a normas comunes y realizar actividades compartidas, de forma cotidiana. La información que se comparte, los sentimientos que se crean y las emociones que emergen ante situaciones difíciles van creando tensiones que deterioran los formatos de comunicación, inhiben sentimientos, transforman la empatía en resentimiento, con el consiguiente deterioro de la red de vínculos sociales. Aunque el sistema de relaciones interpersonales más cálido en afectos y emociones es el familiar, otros como el escolar en tiempos infantiles y juveniles y el laboral el resto de la vida, son también muy importantes en la vida de las personas. En ellos emergen afectos y emociones que pueden dar lugar a conflictos y tensiones que provocan un gran desgaste psicológico. La escuela es un escenario en el que la convivencia es literalmente una red de relaciones en la que es imprescindible disponer de instrumentos y recursos para resolver de forma espontánea los conflictos que emergen en el devenir diario de la vida en común. Aunque la escuela ha buscado formas de resolver conflictos y para ello ha establecido los sistemas normativos y disciplinares, no siempre son eficaces, por distintas razones. Un problema estable es que el sistema normativo no siempre ha sido elaborado con la participación de todos; no siempre es bien entendido por todos o no siempre incluye vías de solución de lo divergente, lo poco común y lo que por tanto es impredecible. No todo se puede regular mediante normas, hay un espacio importante, para la espontaneidad que cada uno administra con relación a los otros, en estos espacios de libertad es en los que aparecen conflictos que son propios de la relación concreta de los que tienen que hacer cosas en común. Los sistemas disciplinarios que emana de la construcción de normas y convenciones sociales deben realizarse mediante procesos negociadores que activen una visión positiva del conflicto, es decir, que asuman que el conflicto es positivo cuando estimula la comunicación y el dialogo constructivo; y muy negativo cuando la tensión emocional y el desafecto enturbian la comunicación o la hace inviable. Un centro que construye y una cultura de diálogo y negociación ante la toma de decisiones y que dedica tiempo y espacio a ello, es de esperar que sea una comunidad en la que los conflictos interpersonales no se fijen ni paralicen la convivencia, pero incluso en centros que disponen de una ideología positiva ante el conflicto, surgen entre las personas y los grupos algunos que son visualizados por sus protagonistas como difíciles de resolver de forma espontanea; es en estos casos en los que hay que pensar en una estrategia de mediación.   (Información extraída de La violencia escolar: estrategias de prevención / Rosario Ortega, Rosario del Rey, 2003)

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¿Cómo detectar sin un niño está sufriendo bullying?

Las relaciones de agresión y victimización entre escolares, lejos de ser una forma esporádica e intrascendente de interacción entre iguales, es una cuestión altamente preocupante, pero parece que solo cuando los hechos revisten cierto dramatismo y saltan a los medios de comunicación cobran importancia. En nuestro país según los estudios realizados por Cerezo y Esteban y por Ortega, en los últimos años el nivel de incidencia se sitúa en torno al 15% de los sujetos en edad escolar. En esta situación dos personajes implicados: el agresor y su víctima, aunque su repercusión dado el carácter independiente de las relaciones sociales, afecta al grupo en su conjunto. Es precisamente a partir del conocimiento de la estructura socio afectivo del grupo la intervención en las situaciones de agresividad entre los escolares.  La conducta agresiva que se manifiesta entre escolares conocida como fenómeno bullying es una forma de conducta agresiva, intencionada y perjudicial, cuyos protagonistas son jóvenes escolares. No se trata de un episodio esporádico, sino persistente, que puede durar incluso años. La mayoría de los agresores o bullies actúan movidos por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar a otros compañeros al que consideran su víctima habitual. Se define la conducta bullying como la violencia mantenida, guiada por un escolar o por un grupo, dirigida contra otro escolar que no es capaz de defenderse por sí mismo. Puede adoptar diversas formas: física, verbal o indirecta (Cerezo, 1991; 1997) Así pues, el bullying es una forma de maltrato, normalmente intencionado y perjudicial, de un estudiante hacia otro compañero, generalmente mas débil, al que convierte en su víctima habitual; suele ser persistente, puede durar semanas, meses e incluso años. Fundamentalmente, la mayoría de los bullies actúan de esa forma movidos por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. El bullying puede tomar varias formas: Maltrato físico como las diversas formas de agresión y los ataques a la propiedad Abusos sexuales, intimidaciones y vejaciones Maltrato verbal, como poner motes, insultar, contestar con malos modos, hacer comentarios racistas, etc. Maltrato social, especialmente manifiesto en la propagación de rumores descalificadores y humillantes que pretenden la exclusión y aislamiento del grupo Maltrato indirecto: cuando se induce a agredir a un tercero Se trata de una conducta agresiva persistente, de manera que, cuando un alumno o grupo de alumnos ha establecido una relación de intimidación con otro alumno o grupo de alumnos, se genera un trauma que refuerza su capacidad de generar miedo. Las consecuencias de la conducta bullying afectan a todos los niveles, pero especialmente al agredido. Los alumnos que son intimidados por los bullies pueden sufrir efectos muy negativos que, generalmente, trascienden el entorno escolar y van más allá del periodo académico. Algunas reacciones de las más frecuentes son: Experimentan una sensación horrible Sufren daños Son infelices en el colegio Afecta a su concentración y aprendizaje Algunos experimentan síntomas relacionados con la tensión nerviosa: dolor de estómago y de cabeza, pesadillas o ataques de ansiedad Algunos tiene miedo de vivir en su propia casa Sienten sus vidas amenazadas Hay otros que aprenden que siendo como los bullies consiguen lo que quieren, con lo cual se convierte en una dinámica expansiva que termina afectando a un número considerable de alumnos En cuanto a los efectos que experimenta el agresor, suelen situarse en la línea de la consolidación de estas conductas, lo que le lleva a intensificar su desadaptación y distanciamiento de los objetivos escolares. El ambiente escolar se deteriora gravemente.   (Información extraída de La violencia en las aulas: análisis y propuestas de intervención / Fuensanta Cerezo Ramírez, 2001)

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