El viaje positivo de la hiperacusia
Estoy teniendo un desarrollo normal trabajando en diferentes colegios de maestra con niños, aprendiendo a ser independiente, cuando un día 21 de enero del 2010 me levanto con la cabeza pesada (presión que desconocía), cansada y con malestar. Vuelvo del trabajo más agotada. Y el 22 de enero en la madrugada comienzo con un dolor de oído izquierdo junto a un sonido del que fui poco consciente hasta dos días después. En Ávila acudo al otorrino que me trató de pequeña y me dice que son Acúfenos. Le pregunto en qué consiste y me relata: “sonidos que solo escuchas tú y no los demás”. Decido que quiero aprender a convivir con ellos. Posteriormente siento dolores de cabeza, ansiedad y estrés con los sonidos ambientales. Me dicen en Gaes que es una Hiperacusia, molestia auditiva excesiva a los sonidos ambientales. Siento bloqueo, y miedo al sonido. Empiezo un tratamiento auditivo y me compro unos cascos para protegerme del ruido, eso creía, que necesitaba protegerme Como me había operado de cervicales me mandan a nadar con 30 años y yo me decía: “cómo lo hago si tengo fobia al agua y me molestan los sonidos. Al final lo logré hacer gracias a un monitor que me decía: “es tu mente”. Me ayudó a relajarme en el agua. En 2012-13 mi papá enferma y muere. Yo lo llevo regular, con frustración. Tengo una recaída y decido que lo hago de forma natural sin taparme los oídos. Hago muchas terapias, desde ir a un centro neurológico, magnetoterapia, masajes, me expongo con lo desagradable; psicología, logopedia, etc., hasta que descubro la atención plena. A lo largo de este periodo me da por buscar información de integración sensorial porque noto cosas extrañas en el resto de los sentidos: me cuesta adaptarme a los gorros de piscina, a los tapones, manejar información cuando hay mucha gente, etc. Observo mi parte cognitiva y social sintiendo que puedo tener fobia social. Me hago una terapia de cuencos tibetanos y empiezo a integrarme en los sonidos escuchando mi cuerpo. En el 2018 descubro el origen de mi sensibilidad auditiva: las inflamaciones producidas por el azúcar que me producen exceso de mucha cera en los oídos, una de las veces casi pierdo la audición; mucosidad acompañada de tos, casi sin poder respirar, además de diarreas frecuentes. 16 años después estoy descubriendo que el procesamiento sensorial puede estar relacionado y estoy tratándolo. Conocer la hiperacusia y los acúfenos me está ayudando a conocer el sonido de una mejor forma, darme cuenta que cada sonido, al igual que imágenes, personas, aporta una emoción al cuerpo, además de quitar atención a lo desagradable y tener pensamientos positivos. Espero y deseo que esta historia te ayude a darte cuenta que se puede mejorar la vida con sensibilidad auditiva, teniendo un sonido con una presión. (Testimonio de Begoña, 45 años)
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