Televisión

¿Cómo el cine y la TV distorsionan el desdoblamiento de la personalidad?

El desdoblamiento de la personalidad, o trastorno de identidad disociativo (TID), ha sido un tema recurrente en el cine y la televisión. Desde thrillers psicológicos hasta series de misterio, este trastorno ha sido retratado de maneras que capturan la imaginación del público, pero a menudo a costa de la precisión científica. A lo largo de los años, las representaciones ficticias han dado lugar a muchos mitos y malentendidos sobre lo que realmente significa vivir con TID. En este artículo, analizamos algunos de los mitos más comunes y los contrastamos con la realidad de este trastorno. Mito 1: Las personas con desdoblamiento de la personalidad tienen múltiples «personalidades» totalmente distintas En películas como Split o Psicosis, los personajes con TID a menudo son mostrados como personas que pueden tener varias personalidades completamente diferentes en términos de edad, género, habilidades e incluso acentos. Esta idea ha reforzado la creencia de que cada identidad o «alter» es completamente independiente de las demás. Realidad: Si bien es cierto que las personas con TID pueden tener diferentes «alter egos» o estados de identidad que funcionan de manera distinta, no son personalidades completamente separadas en el sentido que las películas sugieren. Los «alters» pueden tener sus propias memorias, actitudes y comportamientos, pero todos forman parte de la misma persona. Además, estos «alters» pueden interactuar y ser conscientes unos de otros, lo que es mucho más complejo que la idea de una simple «transformación» instantánea. Mito 2: El desdoblamiento de la personalidad es un trastorno común Muchos personajes en películas parecen sufrir de TID, lo que puede llevar a la creencia de que es un trastorno común. Algunas películas retratan el desdoblamiento de la personalidad como algo que cualquiera podría desarrollar bajo estrés extremo. Realidad: El trastorno de identidad disociativo es extremadamente raro. Se estima que afecta solo al 1% de la población mundial. Además, su diagnóstico suele estar vinculado a experiencias de trauma severo, como abuso físico o emocional en la infancia. No es un trastorno que se desarrolle repentinamente, ni es tan frecuente como las películas sugieren. Mito 3: Las personas con TID son peligrosas o violentas El cine a menudo vincula el desdoblamiento de la personalidad con comportamientos peligrosos o violentos. Split (2016), por ejemplo, retrata a un hombre con múltiples identidades que secuestra a varias mujeres, sugiriendo que su trastorno es la causa de su comportamiento violento. Realidad: Este mito es uno de los más dañinos, ya que perpetúa el estigma de que las personas con TID (y otros trastornos mentales) son inherentemente peligrosas. En realidad, la mayoría de las personas con TID no son violentas ni peligrosas. El trastorno está más relacionado con el manejo del trauma que con comportamientos antisociales. Si bien los problemas de identidad pueden causar angustia emocional, no hay evidencia que sugiera que las personas con TID tengan más probabilidades de ser violentas que el resto de la población. Mito 4: El desdoblamiento de la personalidad es fácil de diagnosticar En muchas películas y series, los personajes que experimentan desdoblamiento de la personalidad son diagnosticados rápidamente por un psiquiatra o terapeuta. Esto puede dar la impresión de que es un trastorno fácilmente identificable. Realidad: El diagnóstico del trastorno de identidad disociativo es extremadamente complicado y puede llevar años. Muchas veces, los síntomas del TID se superponen con otros trastornos, como la depresión, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o los trastornos de ansiedad. Además, los pacientes pueden no ser conscientes de la presencia de otras identidades, lo que dificulta aún más el diagnóstico. Mito 5: Cambiar de identidad es algo que ocurre instantáneamente y de forma dramática En la cultura popular, el cambio de una identidad a otra suele representarse de manera instantánea y exagerada, con cambios dramáticos en la voz, la postura e incluso en el comportamiento en cuestión de segundos. Realidad: En la vida real, el cambio entre diferentes identidades (o «switching») no suele ser tan dramático ni rápido. Puede ocurrir gradualmente y no siempre es evidente para los demás. Las transiciones pueden ser sutiles, como cambios en el estado de ánimo o en la manera de interactuar con el entorno. Además, no todas las personas con TID experimentan cambios tan visibles. Mito 6: El desdoblamiento de la personalidad es incurable Algunas películas y series retratan el TID como un trastorno que no tiene solución, donde la persona afectada está condenada a vivir con múltiples identidades por el resto de su vida. Realidad: Si bien el trastorno de identidad disociativo es crónico, las personas con TID pueden mejorar significativamente con tratamiento. La terapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual y la terapia orientada al trauma, puede ayudar a las personas a integrar sus identidades y a llevar una vida funcional. El objetivo del tratamiento no siempre es eliminar las identidades, sino ayudar a la persona a manejar sus síntomas de manera efectiva.  

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¿La violencia en televisión tiene efectos sobre el niño?

No existe ninguna investigación que por sí sola haya demostrado suficientemente que la violencia televisiva engendre comportamientos agresivos en el niño. Sin embargo, la convergencia de numerosas investigaciones al respecto es tan abrumadora que se puede afirmar que bajo determinadas condiciones, la violencia televisiva puede influir sobre el ulterior comportamiento agresivo del telespectador. Para muchos la conexión entre la violencia televisiva y la conducta agresiva ha sido establecida más allá de una duda razonable. Aunque en algún caso se habla de esta relación en términos de conexión causal, los investigadores suelen utilizar términos más matizados como efectos establecidos bajo ciertas condiciones. Ello significa que hay un efecto facilitador pero no determinista. Niños sometidos a televisión violenta pueden no manifestar esos efectos perniciosos. La investigación ha señalado, entre las variables facilitadores, unas ligadas al sujeto y otras al contexto. Para cada caso se tratará pues de analizar qué factores facilitadores están presentes, si lo que se presente es evaluar el eventual efecto sobre la conducta final del niño. Los mayores efectos de la violencia en televisión pueden situarse en las siguientes ocho categorías: Desplazamiento de otras actividades saludables Moldeamiento de conductas inapropiadas Desinhibición Desensibilización Distorsión Aumento del arousal agresivo Asociación con conductas de alto riesgo Afectar al estilo de ensoñaciones Desplazamiento de otras actividades saludables. Por ejemplo, en lugar de mostrar al niño una conducta de juego y colaboración con otros niños, le induce otra de lucha que desplaza a la anterior. Al mismo tiempo, ver mucha televisión de tipo violento produce una reducción del juego en general y del juego dramatizado en particular, en el que el niño despliega su imaginación y creatividad mediante la acción de la que es guionista, director y actor Modelamiento de conductas inapropiadas. Por ejemplo, un niño que quiere molestar a su hermano ve en televisión un acto violento que le sugiere la manera de hacerlo. Desinhibición. Hacer algún acto violento al que antes no se atrevía porque, según su manera de razón, si en la tele lo hacen yo también puedo hacerlo. Es una manera de atribuir la justificación y responsabilidad del propio acto a la televisión. Desensbilización. Ver a alguien pegando brutalmente a otra persona puede producirle menos pena Distorsión. Incrementar las percepciones del espectador de vivir en un mundo peligroso del que hay que defenderse. Aumento del arousal agresivo. El programa agresivo puede hacer que al provocar que aumente el nivel de arousal o activación cortical del niño, éste reaccione más violentamente ante una contrariedad de lo que le hubiera hecho antes de ver el programa, cuando su nivel era más bajo Asociación con conductas de alto riesgo. El niño ha visto a un personaje luchando con otro con cuchillos. Sale ileso y le parece fácil manejarlo. Decide jugar con un amigo suyo y con cuchillos de verdad porque seguro que no pasa nada y es más divertido. Afectar el estilo de ensoñaciones. En un estudio a lo largo de un año con niños entre 8 y 11 años, aquellos que veían programas dramáticos violentos tenían ensoñaciones en las que dominaban los héroes agresivos, mientras que aquellos que veían programas no violentos presentaban ensoñaciones cada vez más positivas a medida que discurría el año. ¿La violencia afecta igual a todos los niños? La respuesta es no. La misma violencia que aparece en televisión puede afectar mucho, algo o poco a diferentes niños dependiendo de algunas variables como las siguientes: Predisposiciones a la violencia. Los chicos propensos a la violencia o que presentan conductas delincuentes en la vida cotidiana ven mucha televisión violenta o presentan niveles de agresividad previos y tienen mayor probabilidad de ser influidos por la violencia televisiva trasladándola a su comportamiento en su entorno. Hay determinados periodos críticos para fortalecer esta relación violencia-conducta agresiva. Así, en un estudio longitudinal se pudo comprobar que aquellos jóvenes que mantenían conductas agresivas habían mostrado preferencias por la violencia televisiva cuando tenían 8-9 años. La violencia televisiva puede afecta tanto a chicas como a chicos, aunque estos últimos suelen presentar mayores índices de violencia, sobre todo con relación a series de lucha como Power Rangers. La estructura de la personalidad es un buen indicador de la eventual inclinación del niño a percibir o ignorar la violencia televisiva. La violencia televisiva influye sobre la forma en que el superyó se construya La actitud hacia la violencia es también otro factor que indica la forma en que el niño será o no influido por la violencia televisiva. No parece haber correlación significa entre el nivel de inteligencia y el de agresividad. Ello quiere decir que el niño no manifiesta más o menos agresividad si es más o menos inteligente. Puede ser muy agresivo y poco inteligente. Puede ser muy agresivo y muy inteligente. El grado de agresividad depende pues de otras causas La cantidad de televisión a la que se expone el niño influye sobre su evaluación de la violencia que ve.   (Información extraída de Mi hijo y la televisión / Jesús Bermejo Berros, 2006)  

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¿Qué tipos de programas afectan más las creencias y actitudes de los niños?

El niño de 4 a 12 años se encuentra en una fase de su vida en la que se forma todo tipo de creencias. Pero a diferencia del adulto, la televisión le presenta no pocas parcelas de la realidad con la que todavía no ha tenido contacto directo. Además, su capacidad de discernimiento y pensamiento está en formación. Ello hace que esté en una situación de fragilidad y desventaja porque no puede comparar las creencias que le presenta la televisión y la realidad de la vida cotidiana que todavía no ha experimentado. De ahí que la televisión sea un medio propicio para inducir la formación de creencias y actitudes. Puede provocar, sin que el niño lo advierta, creencias distorsionadas y estereotipos Los estereotipos son creencias o concepciones estandarizadas y convencionales. Son generalizaciones o presunciones que a menudo están basadas en percepciones distorsionadas pues cuando se aplican a personas presentan a éstas de forma unidimensional. Los estereotipos juegan un papel importante en los roles televisivos como agentes de socialización. La televisión presenta numerosos estereotipos y el niño, en su contacto con esos contenidos, puede desarrollar concepciones acerca de la gente que reflejen esas imágenes estereotipadas asimiladas de la pantalla. A pesar de las apariencias, el mundo de la televisión es muy estable en cuanto a las imágenes que muestra. A pesar de que la representación de los personajes femeninos en televisión ha mejorado, sigue sin reflejar la proporción en la vida real. Así por ejemplo, en los años setenta y ochenta los personajes masculinos eran tres veces más numeroso que los de la mujer y en los años noventa seguían siendo el doble. Por otro lado, durante los años noventa los roles de las mujeres seguían siendo menos importantes que las de los hombres y cuando las mujeres tienen roles importantes suelen darse en la comedia. La presencia de estereotipos en televisión sigue siendo muy fuerte en la actualidad. Por ejemplo, las mujeres prime time suelen ser más jóvenes que los hombres y se presentan con papeles más tradicionales y estereotipados que los hombres. Siguiendo un estudio realizado por la asociación CEACCU, en la programación infantil se dan varios arquetipos de representación de la condición femenina que se repiten con insistencia: La mujer como única ejecutar de las tareas del hogar La coquetería como cualidad más destacada del carácter femenino Referencias al aspecto físico femenino, realizadas por personajes masculinos La utilización de las mal llamadas “armas de mujer” Referencia a cualquier “rasgo distintivo” del sexo femenino Cuando se presenta una mujer ocupando algún lugar de la vida pública, fuera del ámbito privado del hogar, generalmente se ridiculiza o se deja bien patente su ineptitud. Si los análisis pues siguen mostrando que la televisión actual todavía presenta estereotipos, la cuestión fundamental es que la investigación también ha mostrado que tales estereotipos influyen sobre las percepciones de los niños, particularmente en lo que se refiere a los estereotipos de género, entre los que destacan los roles profesionales, el aspecto físico y el matrimonio. Por ejemplo, la felicidad se asocia frecuentemente al ejercicio de determinadas profesiones  y a la belleza física. Dicho de otra manera, la televisión tendería a hacer creer que ser feliz siendo obrero y feo es una aspiración difícil de lograr. Una temática que permite ver claramente cómo la televisión puede afectar al niño en la adquisición de creencias y actitudes es la representación que hace del sexo y el alcohol. La asimilación por los niños de ese conjunto de comportamientos sexuales representados en la pantalla, puestos en evidencia por los análisis de contenido, tiene influencia sobre las creencias y actitudes construidas sobre ellos. Dada la baja probabilidad de que el niño pueda contrastar las escenas de sexualidad vistas en televisión en la vida real, suelen perdurar en ellos más tiempo las creencias de que lo que  ven en televisión es real, en comparación con otros tipos de contenidos. La televisión por esta razón es un influyente inductor de creencias. Otra creencia entre los jóvenes que ven muchas series de televisión y que ilustra la distorsión que se produce, es que estiman mayores porcentajes de gente divorciada y de hijos ilegítimos en la vida real que aquellos jóvenes que ven menos esas series. También pueden llegar a creer que las relaciones sexuales prematrimoniales y extramatrimoniales, la violación y la prostitución son más comunes en la vida corriente de lo que realmente son. Por otro lado, los jóvenes que ven mucha televisión suelen manifestar actitudes más estereotipadas con relación a los roles sexuales. Con respecto al alcohol las creencias y actitudes están influidas también por la televisión. Por ejemplo, en una investigación se pretendía comprobar cómo afectaba el visionado de imágenes de gente bebiendo sobre las creencias de los niños acerca del alcohol. Los resultados mostraban que las intenciones de los chicos de consumir alcohol podían predecirse a partir de sus interpretaciones de los mensajes televisivos, de las conductas en casa con relación al alcohol, de sus deseos de ser como los personajes que bebían y por ultimo por las expectativas de que “beber aporta recompensa” Otro aspecto a tener en cuenta es la influencia de la realidad televisiva sobre la realidad del niño. Numerosos trabajos han mostrado que el contenido televisivo percibido como no realista retiene menos influencia sobre las actitudes, las creencias y los comportamientos del niño que aquellos considerados como realistas. Por otro lado, los contenidos de origen real dan lugar a mayores niveles de recuerdo y de interferencia de estados psicológicos, como motivos e intenciones de las personas que aparecen en el programa. La familia puede influir para reducir el realismo que el niño atribuye a programas ficcionales. Pero una cuestión muy importante es la que plantea qué efectos producen en el niño las imágenes en función de su carácter factual o ficcional. De manera general, las imágenes factuales le influyen más que aquella que juzga como ficticias. A pesar de que los programas de ficción también pueden tener influencia sobre él. En algún caso se ha

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