Salud mental

Entrevista a Tamara Arroyo psicóloga cíclica

Tamara es psicóloga y psicoterapeuta especializada en trauma, psicoterapia corporal y salud femenina. Desde hace más de veinte años acompaña procesos de cambio y recuperación, integrando distintas corrientes psicoterapéuticas desde una mirada que entiende a la persona como una unidad donde cuerpo, emociones, historia y contexto se influyen mutuamente. A través de Psicología Cíclica y Ágora Vitae también desarrolla formación y supervisión para profesionales, con el propósito de ampliar la comprensión de la salud mental femenina desde una perspectiva integradora, rigurosa y profundamente humana. ¿Cuál fue el momento en el que comprendiste que la psicología necesitaba integrar el cuerpo y el ciclo femenino para ofrecer una comprensión más completa de la experiencia de las mujeres? Más que un momento concreto fue una evidencia que se fue construyendo con los años. En consulta veía mujeres que comprendían perfectamente lo que les ocurría desde un punto de vista cognitivo, pero cuyos cuerpos seguían viviendo en alerta, agotamiento o desconexión. También observaba cómo muchas sufrían porque interpretaban como problemáticos cambios vinculados a su ciclo menstrual, al posparto o a la perimenopausia, cuando en realidad nadie les había enseñado a comprender esos procesos. Entendí que era imposible hablar de salud mental femenina dejando fuera el cuerpo y la biología. No porque el ciclo explique todo, sino porque forma parte de la experiencia de muchas mujeres y dialoga constantemente con su historia, sus relaciones y su contexto. Durante mucho tiempo, la psicología y la medicina han generado gran parte de su conocimiento a partir de investigaciones realizadas mayoritariamente con hombres, asumiendo que esos resultados eran universalmente aplicables. Poco a poco estamos comprendiendo que incorporar la salud femenina no significa crear una psicología distinta, sino hacer una psicología más completa y más precisa. Hablas de la naturaleza, la artesanía y los cuidados como pilares de tu vida. ¿Cómo han moldeado estos tres escenarios tu forma de acompañar a las personas en consulta y qué enseñanzas te siguen ofreciendo hoy? Los tres tienen algo en común: me recuerdan que los procesos importantes no pueden acelerarse. La naturaleza enseña que todo tiene ritmos y estaciones. La artesanía me recuerda el valor de lo imperfecto y del trabajo paciente. Y los cuidados me han enseñado que el vínculo es profundamente transformador. Creo que la psicoterapia comparte mucho con esas experiencias. No consiste en «arreglar» personas, sino en crear las condiciones para que puedan reorganizarse desde sus propios recursos. Tras dos décadas de trayectoria profesional, ¿qué creencias sobre la salud mental has tenido que desmontar en ti misma para seguir evolucionando como psicoterapeuta? Quizá la más importante ha sido abandonar la idea de que comprender un problema basta para resolverlo. Hoy sabemos mucho más sobre trauma, neurobiología y memoria implícita. Hay experiencias que no se modifican únicamente hablando sobre ellas. Necesitan ser vividas de otra manera también desde el cuerpo y desde una relación terapéutica suficientemente segura. Otra creencia que he dejado atrás es pensar que existe un método válido para todas las personas. Cada proceso necesita una escucha distinta, En una sociedad que sigue premiando el rendimiento constante, ¿qué consecuencias psicológicas observas cuando las mujeres intentan vivir desconectadas de sus ritmos biológicos y emocionales? Veo muchísimo agotamiento. Muchas mujeres viven intentando mantener siempre el mismo nivel de productividad, energía y disponibilidad, ignorando señales de cansancio, necesidad de descanso o cambios naturales en su estado físico y emocional. No se trata de afirmar que todas las dificultades psicológicas tengan un origen biológico, ni mucho menos. La salud mental siempre surge de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Pero ignorar cualquiera de esas dimensiones empobrece nuestra comprensión de las personas. Cuando una persona aprende a desconectarse de esas señales para responder continuamente a las exigencias externas, acaba perdiendo también la capacidad de reconocer sus propias necesidades. Eso favorece la ansiedad, la culpa, el burnout y, en muchos casos, una sensación muy profunda de haberse perdido a sí misma. La expresión «Psicología Cíclica» despierta mucha curiosidad. Si tuvieras que explicarla a alguien que nunca ha oído hablar de ella, ¿qué aspectos consideras imprescindibles para entender su verdadero alcance? Psicología Cíclica no significa que todas las mujeres sean iguales ni que todo dependa de las hormonas. Tampoco propone una visión esencialista de lo femenino. Es una forma de comprender la salud mental integrando una realidad que durante mucho tiempo apenas se ha tenido en cuenta: que muchos procesos biológicos femeninos interactúan con las emociones, el estrés, el trauma, las relaciones y el contexto social. Durante décadas, estas variables apenas estuvieron presentes en la investigación psicológica y médica, lo que ha contribuido a que muchas experiencias específicamente femeninas fueran malinterpretadas, invisibilizadas o incluso patologizadas. La Psicología Cíclica propone ampliar la mirada. No sustituye a la psicología basada en la evidencia, sino que incorpora conocimientos procedentes de la neurociencia, la psicología del trauma, la endocrinología y la salud emocional femenina para comprender mejor la experiencia de las mujeres desde una perspectiva integradora. Con frecuencia escuchamos a mujeres describirse como «demasiado sensibles», «intensas» o «inestables». ¿Cómo influye el contexto cultural en estas etiquetas y qué impacto tienen sobre la autoestima y la identidad? Las etiquetas nunca aparecen en el vacío. Muchas mujeres han aprendido desde pequeñas que expresar determinadas emociones es un exceso. Cuando esa mirada externa se interioriza, terminan dudando de sí mismas incluso cuando sus reacciones son completamente comprensibles. Uno de los trabajos más importantes en terapia consiste precisamente en diferenciar lo que realmente pertenece a la persona de aquello que ha aprendido a pensar sobre sí misma. Has estudiado diferentes modelos de psicoterapia corporal y abordaje del trauma. ¿Qué aportaciones únicas encuentras en cada uno y cómo las integras sin perder la esencia de tu propia mirada clínica? Cada modelo aporta una pieza distinta. Algunos ayudan especialmente a comprender el funcionamiento del sistema nervioso; otros ofrecen herramientas muy valiosas para trabajar el trauma del desarrollo, la regulación emocional o la relación terapéutica. Con los años he aprendido que integrar no significa mezclar técnicas, sino construir una forma coherente de trabajar

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Entrevista a Magdalena Dabrowska vocal de la Asociación Síndrome de Myhre España

En esta entrevista conversamos con Magdalena Dabrowska, persona con síndrome de Myhre y vocal de la Asociación Síndrome de Myhre España (ASME), sobre el impacto emocional de convivir con una enfermedad ultrarrara, la importancia del apoyo psicológico, el papel de la investigación y el valor de la visibilidad para que ningún paciente ni ninguna familia tengan que recorrer este camino en soledad. Un testimonio sincero que nos invita a mirar más allá del diagnóstico para descubrir la fortaleza, la esperanza y la humanidad que existen detrás de cada experiencia. Magdalena ¿qué aspectos de tu identidad sientes que han sido moldeados por el síndrome de Myhre? El síndrome de Myhre ha formado parte de mi vida y, de alguna manera, también ha moldeado quién soy. Me ha enseñado a ser más fuerte, paciente y constante ante las dificultades, pero, sobre todo, me ha hecho valorar cada pequeño logro y cada oportunidad. También ha despertado en mí el deseo de dar visibilidad a esta enfermedad, apoyar a otras familias y contribuir a la investigación para que, en el futuro, las personas con síndrome de Myhre tengan un mejor diagnóstico, más tratamientos y una mejor calidad de vida. El síndrome forma parte de mi historia, pero no define todo lo que soy; soy una persona con sueños, capacidades, ilusiones y muchas ganas de seguir adelante. Cuando una enfermedad rara ocupa tanto espacio en la vida cotidiana, ¿cómo consigues que no se convierta en el único tema sobre el que gira tu historia personal? Vivir con el síndrome de Myhre forma parte de quién soy, pero no define todo lo que soy. Es una parte importante de mi historia, no el libro completo. Intento que mi vida también esté llena de sueños, trabajo, familia, amistades, aficiones y nuevos proyectos. Dar visibilidad a la enfermedad es una de mis prioridades porque puede ayudar a otras personas y contribuir a la investigación, pero también me esfuerzo por disfrutar de cada momento y seguir construyendo mi futuro. Mi síndrome me acompaña cada día, pero no quiero que sea el único capítulo de mi vida. Prefiero que mi historia también hable de superación, esperanza, aprendizaje y de todo lo que todavía me queda por vivir. ¿Qué has aprendido sobre la fortaleza emocional que jamás habrías descubierto si no hubieras tenido que convivir con una enfermedad tan poco frecuente? Vivir con el síndrome de Myhre me ha enseñado que la verdadera fortaleza emocional no significa no tener miedo, no llorar o no sentirse vulnerable. Significa seguir adelante incluso en los días más difíciles, aprender a adaptarme a los cambios, valorar cada pequeño logro y no perder la esperanza. Convivir con una enfermedad tan poco frecuente me ha hecho descubrir una fuerza que nunca imaginé que tenía. También me ha enseñado a ser más paciente, más resiliente y a convertir las dificultades en un motivo para seguir luchando. Hoy sé que mi enfermedad no define quién soy; forma parte de mi historia, pero mi mayor fortaleza está en la forma en la que decido vivirla y en el deseo de dar visibilidad para que, gracias a la investigación, el futuro de las personas con síndrome de Myhre sea cada vez mejor. Muchas personas hablan del impacto físico del síndrome de Myhre, pero poco del desgaste psicológico que supone convivir con la incertidumbre. ¿Cómo gestionas los momentos en los que el miedo al futuro aparece con más intensidad? Vivir con el síndrome de Myhre significa aprender a convivir con muchas preguntas que no siempre tienen una respuesta. Hay momentos en los que el miedo al futuro aparece, sobre todo cuando pienso en cómo puede evolucionar la enfermedad o en los nuevos retos que puedan surgir. En esos días intento centrarme en el presente y recordar que no estoy definida por mi diagnóstico. Me ayuda confiar en mi equipo médico, en la investigación que avanza gracias al esfuerzo de muchas personas y en el apoyo de mi familia, mis amigos y la Asociación Síndrome de Myhre España. También encuentro fuerza en dar visibilidad a esta enfermedad, porque sentir que mi experiencia puede ayudar a otras personas transforma el miedo en esperanza. No siempre es fácil, pero he aprendido que tener miedo no significa perder la esperanza. Significa ser consciente de la realidad y, aun así, seguir adelante con valentía, disfrutando cada paso del camino y creyendo que cada avance en la investigación puede cambiar el futuro de quienes convivimos con el síndrome de Myhre. Si pudieras sentarte a hablar con una persona que acaba de recibir un diagnóstico de síndrome de Myhre, ¿qué conversación crees que realmente necesitaría escuchar en ese momento, más allá de los datos médicos? Si pudiera sentarme a hablar con una persona que acaba de recibir un diagnóstico de síndrome de Myhre, lo primero que le diría es que no está sola. Sé que al principio aparecen muchas dudas, miedo e incertidumbre, pero un diagnóstico también es el comienzo de un camino en el que hay personas dispuestas a acompañarte. Más allá de los informes médicos, creo que lo más importante es escuchar que hay esperanza, que cada persona vive el síndrome de Myhre de forma diferente y que, con un buen seguimiento médico, apoyo y comprensión, es posible seguir construyendo proyectos, sueños y una vida con sentido. Como persona que convive con el síndrome de Myhre y como vocal de la Asociación Síndrome de Myhre España (ASME), quiero que todas las personas y familias sepan que aquí estamos para escuchar, orientar y apoyar en todo lo que necesiten. Nadie debería recorrer este camino en soledad. Juntos somos más fuertes y cada paso que damos también contribuye a impulsar la investigación y dar más visibilidad a nuestra enfermedad. ¿En qué momentos has sentido que la sociedad confunde la discapacidad o la enfermedad con una limitación para soñar, decidir o construir un proyecto de vida propio? Lo he sentido en muchas ocasiones, cuando algunas personas creen que tener una discapacidad o una enfermedad rara, como el síndrome de

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¿Qué nos enseña Gabor Maté sobre el trauma y la salud mental?

En las últimas décadas, pocas figuras han generado tanto interés en el ámbito de la salud mental como Gabor Maté, un médico, escritor y conferenciante que ha revolucionado la manera de entender el trauma, las adicciones y la relación entre la mente y el cuerpo. Sus planteamientos han llegado a millones de personas en todo el mundo y han abierto un importante debate sobre cómo las experiencias de la infancia pueden influir en nuestra salud física y emocional durante toda la vida. Aunque algunas de sus teorías siguen siendo objeto de discusión dentro de la comunidad científica, su trabajo ha contribuido significativamente a visibilizar la importancia de los traumas psicológicos y el impacto que estos tienen en el bienestar integral de las personas. ¿Quién es Gabor Maté? Gabor Maté nació en Budapest (Hungría) en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. Su infancia estuvo marcada por el contexto del Holocausto, una experiencia que él mismo ha señalado como fundamental para comprender su posterior interés por el trauma y sus efectos en la salud. Cuando era apenas un bebé, su familia emigró a Canadá, donde más tarde estudió Medicina en la Universidad de British Columbia. Durante años ejerció como médico de familia y trabajó con poblaciones especialmente vulnerables, incluyendo personas con problemas de drogodependencia, trastornos mentales graves y situaciones de exclusión social. Fue precisamente esta experiencia clínica la que le llevó a cuestionarse algunas explicaciones tradicionales sobre las enfermedades mentales y las adicciones. La idea central de su trabajo: el trauma importa Si hubiera que resumir el pensamiento de Gabor Maté en una sola frase, probablemente sería: «Las experiencias traumáticas no solo afectan a la mente, también influyen profundamente en el cuerpo y en nuestra forma de relacionarnos con el mundo.» Para Maté, muchas dificultades psicológicas no son simplemente el resultado de una predisposición genética o de decisiones personales equivocadas. En numerosos casos, constituyen respuestas adaptativas a experiencias dolorosas vividas durante la infancia o etapas posteriores de la vida. Según esta perspectiva, los síntomas no deben interpretarse únicamente como problemas que hay que eliminar, sino como señales que intentan comunicar algo sobre la historia emocional de una persona. ¿Qué entiende Gabor Maté por trauma? Uno de los aspectos más interesantes de su trabajo es la definición amplia que realiza del trauma. Cuando se habla de trauma, muchas personas piensan inmediatamente en acontecimientos extremos como: Guerras. Catástrofes naturales. Agresiones físicas. Abusos sexuales. Accidentes graves. Sin embargo, Maté considera que el trauma también puede surgir cuando un niño no recibe el apoyo emocional que necesita para desarrollarse de manera saludable. Desde esta perspectiva, el trauma no se define únicamente por lo que ocurre, sino por cómo lo experimenta la persona y por las consecuencias emocionales que deja en ella. Por ejemplo: Sentirse constantemente rechazado. Crecer en un ambiente emocionalmente frío. Vivir con padres impredecibles. Experimentar negligencia emocional. Tener que reprimir las propias emociones para ser aceptado. Estas experiencias pueden dejar huellas profundas incluso cuando no existe violencia explícita. Trauma y desarrollo infantil Una parte importante de las investigaciones y reflexiones de Maté se centra en la infancia. Durante los primeros años de vida, el cerebro se encuentra en pleno desarrollo. Las experiencias tempranas influyen en: La regulación emocional. La autoestima. La capacidad para establecer relaciones. La respuesta al estrés. El funcionamiento del sistema nervioso. Cuando un niño crece en un entorno seguro y afectuoso, aprende a gestionar mejor sus emociones y desarrolla una sensación de seguridad interna. Por el contrario, cuando el entorno es impredecible o emocionalmente amenazante, el organismo puede permanecer en un estado constante de alerta que persiste durante años. Este fenómeno ha sido respaldado por numerosas investigaciones sobre las Experiencias Adversas en la Infancia (ACE, por sus siglas en inglés), que muestran cómo determinados eventos infantiles pueden aumentar el riesgo de problemas físicos y psicológicos en la edad adulta. La conexión entre mente y cuerpo Uno de los aspectos más conocidos de la obra de Gabor Maté es su insistencia en que no debemos separar la salud mental de la salud física. Tradicionalmente, la medicina ha tratado mente y cuerpo como entidades independientes. Sin embargo, Maté sostiene que ambos sistemas están profundamente conectados. Cuando una persona vive durante años bajo elevados niveles de estrés emocional, pueden producirse alteraciones en: El sistema inmunitario. El sistema endocrino. El sistema nervioso. Los procesos inflamatorios. Por ello, el autor ha explorado posibles vínculos entre el trauma crónico y determinadas enfermedades físicas. Aunque algunos especialistas consideran que sus planteamientos simplifican en exceso procesos biológicos muy complejos, existe un amplio consenso científico en que el estrés prolongado influye negativamente sobre la salud general. Gabor Maté y las adicciones Quizá uno de los ámbitos donde más reconocimiento ha obtenido es en el estudio de las adicciones. Durante años trabajó en Vancouver con personas que sufrían dependencia a sustancias como: Heroína. Cocaína. Alcohol. Metanfetaminas. Su experiencia le llevó a formular una pregunta diferente: En lugar de preguntar «¿por qué la adicción?», deberíamos preguntar «¿qué dolor intenta aliviar esa persona?» Para Maté, muchas conductas adictivas son intentos de escapar temporalmente del sufrimiento emocional. Desde esta óptica, las adicciones no deben entenderse únicamente como un problema de voluntad o disciplina, sino como mecanismos de adaptación que ayudan a sobrellevar heridas psicológicas profundas. Este enfoque ha contribuido a promover modelos más empáticos y menos estigmatizantes en el tratamiento de las dependencias. El concepto de autenticidad Otro elemento central en su pensamiento es la relación entre autenticidad y pertenencia. Maté sostiene que los seres humanos nacemos con dos necesidades fundamentales: 1. La necesidad de apego Necesitamos sentirnos conectados con quienes nos cuidan. 2. La necesidad de autenticidad Necesitamos poder expresar quiénes somos realmente. El problema surge cuando ambas necesidades entran en conflicto. Muchos niños descubren que expresar ciertas emociones, opiniones o comportamientos puede poner en riesgo el afecto de sus cuidadores. Como consecuencia, aprenden a ocultar partes de sí mismos para mantener la conexión emocional. Con el tiempo, esta desconexión de las propias necesidades puede favorecer: Ansiedad. Depresión. Baja autoestima. Problemas relacionales.

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Entrevista a Mara Sánchez psicóloga general sanitaria

En un momento en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio en la conversación pública, también proliferan los mensajes simplistas, la búsqueda de soluciones inmediatas y la presión por mostrarnos siempre felices. En esta entrevista, la psicóloga Mara García comparte una mirada honesta, rigurosa y profundamente humana sobre algunos de los grandes retos emocionales de nuestro tiempo: la patologización de las emociones, el impacto de las redes sociales, la importancia de aprender a tolerar la frustración, el papel del silencio, el autoconocimiento y la necesidad de normalizar pedir ayuda psicológica. Una conversación que invita a reflexionar, desmontar mitos y recordar que sentir emociones difíciles no es un signo de debilidad, sino una parte esencial de la experiencia humana. ¿Qué crees que la sociedad está normalizando a nivel emocional que dentro de unos años veremos como un grave error para nuestra salud mental? Creo que estamos normalizando la patologización de la vida cotidiana y el autodiagnóstico rápido a través de las redes Sentir tristeza ante una pérdida, frustración ante un fracaso o estrés ante un desafío es humano. Etiquetar y tratar de medicalizar cualquier emoción que nos resulte mínimamente incómoda nos desconecta de nuestra propia naturaleza. También me resulta inevitable hablar del llamado positivismo tóxico; ese “tener que estar bien” a cualquier precio, porque nos hemos tragado mensajes como “puedes conseguir todo lo que te propongas” o “un día sin sonreír es un día perdido”. Y no; podemos tener días malos, estar tristes, no conseguir nuestras metas… y también está bien, es válido y forma parte de la vida. No podemos pretender que todos los días sean bonitos. En la vida tenemos que esperar días malos, momentos incómodos, problemas, malas noticias…, para así poder responder mejor cuando pasen. Después de tantos años acompañando a personas en terapia, ¿qué has aprendido sobre el ser humano que nunca imaginaste cuando empezaste a ejercer como psicóloga? La inmensa e inagotable capacidad de resiliencia que tenemos. A consulta llegan personas que han atravesado situaciones verdaderamente devastadoras, y es profundamente conmovedor ver cómo, con el espacio seguro y las herramientas adecuadas, el ser humano siempre tiene un impulso vital hacia la recuperación y la reconstrucción. También me llama la atención el poder del autoengaño y nuestra lealtad a lo conocido, aunque nos haga daño. Me sigue sorprendiendo cómo el ser humano prefiere, en muchas ocasiones, aferrarse a un sufrimiento familiar antes que enfrentarse a la incertidumbre de un cambio positivo. He aprendido que el miedo a lo desconocido paraliza mucho más que el propio dolor, y que acompañar a alguien a soltar esa certeza es un gran reto terapéutico. ¿Hay emociones que intentamos eliminar cuando, en realidad, cumplen una función esencial para nuestro equilibrio psicológico? ¿Cuáles son y por qué? Principalmente tres: la tristeza, el miedo y el enfado. El miedo nos protege de peligros reales; el enfado es la energía necesaria para poner límites y defendernos frente a injusticias; y la tristeza es fundamental para procesar las pérdidas, asimilar los cambios y pedir apoyo a nuestro Intentar eliminarlas es ir contra nuestro propio sistema de supervivencia. Cada vez veo más frecuentemente en consulta gente que se siente mal por estar mal (lo que es un círculo vicioso), o que, por ejemplo, cree que el enfado no es adaptativo, y que siempre está mal enfadarse. Obviamente habrá momentos donde esas emociones puedan ser desadaptativas, pero de partida no conviene demonizarlas ya que forman parte de nuestra naturaleza y de nuestra capacidad de reacción/respuesta al entorno y a lo que vivimos. Vivimos en una cultura obsesionada con sentirse bien ¿Qué riesgos psicológicos tiene convertir la felicidad en una obligación? Como comentaba antes, lo que conocemos como «positividad tóxica» genera una doble carga de sufrimiento. Por un lado, sufres por el dolor lógico que estés atravesando y, por otro, te sientes culpable por no ser capaz de «estar bien» o de «verle el lado positivo». Convertir la felicidad en una obligación nos invalida emocionalmente y nos impide procesar la realidad. Nos obligamos a ir a sentir cosas que en algún momento son contraproducentes, negando lo que realmente sentimos… y eso nos puede hacer un daño horrible. ¿Cuál es la diferencia entre conocerse a uno mismo y quedarse atrapado en un análisis constante de todo lo que pensamos y sentimos? El autoconocimiento es observarse con curiosidad y compasión (que no victimismo) para llegar a una conclusión que nos permita actuar o aceptar; promueve una autocrítica constructiva. En cambio, caer en esos análisis constantes de todo, es lo que en psicología llamamos «rumiación»: darle vueltas a los pensamientos en bucle sin llegar a ninguna solución. La rumiación paraliza y alimenta la ansiedad; el autoconocimiento Yo siempre digo en terapia a mis pacientes que generalmente los extremos no suelen ser buenos, y aquí tenemos el caso. No nos conviene darle vueltas sin parar a todo, de forma obsesiva, igual que tampoco nos hace bien el no promover ninguna reflexión sobre lo que nos pasa. Y ahí es donde tenemos el autoconocimiento y la reflexión proactiva como punto intermedio, sano. ¿Crees que las redes sociales están cambiando nuestra forma de construir la identidad personal? ¿Cómo afecta esto especialmente a los jóvenes? Están externalizando nuestra autoestima. Históricamente, la identidad se construía explorando hacia dentro y en interacciones reales. Hoy, muchos jóvenes construyen su autoconcepto basándose en una métrica externa (los likes y la validación constante). El riesgo más grave radica en que realizan una comparación totalmente asimétrica: miden su propia realidad en crudo frente a un escaparate digital diseñado para parecer perfecto. Por ejemplo, he visto pacientes preocupadas por no llegar a ser las madres perfectas que ven en las redes sociales (tiempo para trabajar, para cocinar sano, para limpiar la casa, para hacer actividades creativas, sin poner pantallas, sin gritos ni enfados, sin un día tristes o cansadas…); y no podemos llevar esta carga encima. Donde más estoy viendo que nos afecta, especialmente a la población joven, es en la imagen corporal, con verbalizaciones como “es que no

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Entrevista a Patricia Ramírez psicóloga, escritora, conferenciante, actriz y divulgadora

Hablar de salud mental ya no debería ser un acto de valentía, sino una parte natural del cuidado de nuestra salud. Sin embargo, todavía existen muchos mitos, tabúes y falsas creencias que dificultan que las personas pidan ayuda cuando la necesitan o aprendan a cuidar de su bienestar emocional antes de que aparezca el sufrimiento. En esta entrevista conversamos con Patri Psicóloga, psicóloga general sanitaria y divulgadora, una profesional que lleva décadas acercando la psicología a la vida cotidiana con un objetivo claro: hacer que el conocimiento científico sea accesible para cualquier persona. A lo largo de esta conversación reflexionamos sobre la importancia de la prevención, la autoexigencia, la vulnerabilidad, el impacto de las redes sociales, la felicidad, la resiliencia y los grandes desafíos emocionales de nuestro tiempo. Con un lenguaje cercano y basado en la evidencia, Patri comparte su experiencia tras años acompañando a cientos de personas en consulta y nos recuerda que la salud mental no consiste únicamente en tratar los problemas cuando aparecen, sino en aprender a construir una vida más equilibrada, consciente y coherente con nuestros valores. Porque cuidar de nuestra mente no es un lujo ni un signo de debilidad: es una inversión en bienestar, calidad de vida y salud. Te invitamos a leer esta entrevista con calma y descubrir algunas de las reflexiones que pueden ayudarte a mirar tu mundo emocional desde una perspectiva diferente. Patri, ¿qué experiencia personal o profesional te hizo comprender que la psicología debía salir de la consulta para llegar a la vida cotidiana de las personas? Desde muy temprano cuando empecé a pasar consulta, en el año 95, me di cuenta de que no se hablaba de salud mental en los medios de comunicación, y que debía dejar de ser tabú. Y empecé a divulgar en COPE Granada todas las semanas sobre psicología. La mayoría de las personas no llegaban a consulta cuando aparecía el problema, sino cuando el problema ya llevaba demasiado tiempo instalado. Pensé que, si conseguíamos acercar la psicología a la vida cotidiana, podríamos prevenir mucho sufrimiento. La psicología no debería ser solo un recurso para cuando estamos mal, sino una herramienta para vivir mejor. Esa fue la razón por la que empecé a divulgar. Y quería que se dejara de ver como un tabú, igual que n o es un tabú ir a cualquier médico. Después de tantos años escuchando historias humanas, ¿qué crees que tienen en común las personas que logran reconstruirse tras atravesar momentos muy difíciles? No son las más fuertes ni las que menos sufren. Son las que aceptan que el dolor forma parte de la vida, dejan de luchar contra lo que ya ha ocurrido y empiezan a preguntarse: «¿Qué puedo hacer ahora?» en lugar de preguntarse “¿por qué a mí?”. Mantienen cierta flexibilidad psicológica, piden ayuda cuando la necesitan y entienden que reconstruirse no significa volver a ser quienes eran, sino aprender a vivir de otra manera. Si pudieras cambiar una sola creencia que la sociedad tiene sobre la salud mental, ¿cuál sería y por qué? Que cuidar la salud mental es solo para quien tiene un trastorno psicológico. Igual que hacemos ejercicio para prevenir enfermedades cardiovasculares, deberíamos entrenar nuestras habilidades psicológicas antes de que aparezca el sufrimiento intenso. La salud mental se construye todos los días, en cómo pensamos, descansamos, nos relacionamos y afrontamos las dificultades. ¿Hay algún aprendizaje que hayas obtenido de tus propios pacientes que haya transformado tu forma de entender la vida? Muchísimos. Quizá el más importante es que todos somos mucho más parecidos y vulnerables de lo que creemos. Cambian las circunstancias, las historias y los nombres, pero el miedo, la culpa, la necesidad de ser queridos o el deseo de encontrar sentido son universales. Vivimos rodeados de estímulos, información y exigencias constantes. ¿Qué habilidades emocionales consideras imprescindibles para mantener el equilibrio psicológico en el siglo XXI? La capacidad de dirigir la atención, porque donde ponemos el foco construimos nuestra experiencia. Saber regular las emociones sin intentar eliminarlas. Aprender a poner límites. Tolerar el aburrimiento y la frustración. Y desarrollar pensamiento crítico para no dejarnos arrastrar por el ruido constante de las redes sociales o las comparaciones. Y sobre todo, tener clara nuestra escala de valores y entender que ser adulto implica muchas veces compromiso, responsabilidad y esfuerzo. La actitud no lo es todo, pero sí que es algo importantísimo. A menudo buscamos la felicidad como una meta. Desde tu experiencia, ¿qué aspectos estamos descuidando cuando perseguimos una idea idealizada de felicidad? Estamos descuidando la serenidad. Hemos confundido felicidad con euforia permanente. Una buena vida no es una vida sin tristeza, sin miedo o sin problemas. Es una vida con propósito, relaciones sanas, descanso, valores, crecimiento y capacidad para atravesar las emociones difíciles sin que nos definan. ¿Qué conversaciones sobre salud mental siguen siendo incómodas o tabúes y deberían ocupar más espacio en el debate público? Hablar del suicidio de forma responsable, de la soledad, del duelo, del impacto psicológico de cuidar a un familiar dependiente, de la salud femenina, de la salud mental de los hombres y de cómo el exceso de trabajo y la hiperproductividad están deteriorando nuestro bienestar. Son conversaciones necesarias porque afectan a millones de personas. ¿Crees que las nuevas generaciones están emocionalmente mejor preparadas que las anteriores o se enfrentan a desafíos diferentes que requieren nuevas herramientas? Creo que hablan con más naturalidad de las emociones, y eso es un avance enorme. Pero también viven expuestas a desafíos inéditos: redes sociales, comparación permanente, sobreestimulación y dificultad para regular y gestionar el aburrimiento o la espera. No necesitan ser más fuertes; necesitan herramientas diferentes para gestionar un entorno que nunca antes había existido. ¿Qué impacto tiene la autoexigencia silenciosa en nuestro bienestar y cómo podemos aprender a relacionarnos de una manera más amable con nosotros mismos? Un miramiento con la exigencia puede ser un gran aliado cuando nos impulsa a crecer, pero se convierte en un problema cuando nuestro valor depende únicamente del rendimiento. Muchas personas creen que si dejan

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Entrevista a Jose Manuel Molinero Roldán psicólogo clínico

José Manuel Molinero Roldán es investigador y docente especializado en psicología, con una sólida trayectoria en el estudio de la evaluación psicológica, la personalidad y el sufrimiento humano desde una perspectiva contextual y científica. Su trabajo se centra en comprender los procesos que subyacen al malestar psicológico, promoviendo una visión que trasciende las etiquetas diagnósticas para poner el foco en la historia, el contexto y la singularidad de cada persona. En esta entrevista comparte una reflexión crítica sobre algunos de los principales retos de la salud mental en la sociedad actual, desde el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial hasta la importancia de construir una vida con sentido más allá de la ausencia de sufrimiento. La sociedad actual parece estar cada vez más preocupada por su bienestar emocional. Desde su experiencia como investigador y docente, ¿cree que realmente entendemos qué significa tener una buena salud mental o seguimos asociándola únicamente a la ausencia de trastornos psicológicos? Creo que seguimos teniendo una comprensión bastante limitada de lo que llamamos salud mental. De hecho, incluso el término “salud mental” no tiene demasiado sentido. Y digo esto aquí porque las “mentes”, de hecho, no pueden enfermar luego no puede haber salud o enfermedad mental. Lo que si existe es el sufrimiento humano. Con frecuencia la definimos por oposición: no tener ansiedad, no estar deprimido, no sufrir, no tener síntomas. Pero una vida psicológicamente saludable no es una vida sin malestar. Eso sería una ficción. Lo que se denomina “salud mental” tiene más que ver con la capacidad de vivir de manera flexible, significativa y vinculada a lo que importa, incluso en presencia de dolor, incertidumbre o contradicciones. No se trata de eliminar toda emoción desagradable, sino de poder relacionarnos de otra manera con lo que sentimos, pensamos y recordamos.  Quizá uno de los problemas de nuestra época sea haber convertido el bienestar emocional en una especie de obligación. Parece que sentirse mal se ha vuelto sospechoso y que cualquier experiencia dolorosa requiere una explicación psicológica o una intervención inmediata. Desde mi punto de vista, una buena salud psicológica tiene más que ver con la flexibilidad para vivir, amar, trabajar y comprometerse con lo que importa, incluso cuando el dolor está presente, que con la ausencia absoluta de sufrimiento. En los últimos años hemos visto un aumento notable de personas que buscan respuestas sobre sí mismas a través de etiquetas diagnósticas. ¿Qué riesgos y beneficios encuentra en esta tendencia a identificar experiencias personales complejas mediante categorías psicológicas? Las etiquetas diagnósticas pueden tener cierta utilidad. A veces ayudan a ordenar la experiencia, a pedir ayuda, a acceder a recursos o a que una persona deje de sentirse culpable por lo que le ocurre. En ese sentido, pueden ofrecer un alivio inicial y favorecer una mayor comprensión de algunas dificultades. El problema aparece cuando la etiqueta deja de ser una descripción provisional y se convierte en una identidad. Cuando alguien pasa de “me ocurre esto en determinadas circunstancias” a “soy esto”. Ahí corremos el riesgo de empobrecer la comprensión de la persona. Una categoría diagnóstica puede nombrar una forma de sufrimiento, pero no explica por sí misma la historia que la ha hecho posible ni las condiciones que la mantienen. Existe además, un problema menos evidente, pero importante: el riesgo de caer en explicaciones tautológicas. Es decir, acabar utilizando la propia categoría diagnóstica como si fuera la causa de aquello que pretendemos explicar. Por ejemplo, decir que una persona evita determinadas situaciones porque “tiene ansiedad”, o que es muy impulsiva porque “tiene TDAH”, puede dar una sensación de explicación, cuando en realidad estamos describiendo el problema con otras palabras. Es una especie de razonamiento circular: la conducta se utiliza para construir la categoría y, después, la categoría se emplea para explicar la conducta. Esto puede dar una falsa sensación de comprensión y hacer que dejemos de preguntarnos por la historia de aprendizaje, las relaciones, las circunstancias y las funciones que esas conductas cumplen en la vida de esa persona. También, existe el riesgo de la estigmatización. A veces el diagnóstico no solo cambia la forma en que otros miran a la persona, sino también la forma en que la persona acaba mirándose a sí misma. Puede favorecer expectativas de limitación, sentimientos de diferencia o una especie de identidad cerrada en torno al problema. Paradójicamente, algo que inicialmente pretendía ayudar puede terminar estrechando las posibilidades de cambio y reforzando una visión excesivamente fija de uno mismo. También existe el riesgo de releer retrospectivamente toda la biografía a través de esa categoría. Una vez recibida la etiqueta, algunas personas comienzan a reinterpretar gran parte de su historia desde ella, como si hubiera estado presente explicándolo todo desde siempre. Este fenómeno, conocido como “timetización”, puede aportar una sensación de coherencia, pero también simplificar en exceso la complejidad de una vida y oscurecer otros factores relevantes relacionados con la historia de aprendizaje, las relaciones y el contexto. El sufrimiento humano suele tener una trama: relaciones, aprendizajes, contextos, reglas familiares, exigencias sociales y formas de protegerse que en algún momento tuvieron sentido. Si reducimos todo eso a una etiqueta, podemos ganar rapidez, pero perder profundidad. El diagnóstico puede ser un mapa útil, pero nunca debería convertirse en la totalidad del territorio ni en una definición de la persona. Muchas personas afirman sentirse agotadas emocionalmente sin que exista una causa concreta o un acontecimiento traumático detrás. ¿Qué factores psicológicos y sociales podrían explicar este fenómeno tan frecuente en la actualidad? No todo sufrimiento procede de un gran trauma visible. Muchas veces el desgaste se va construyendo por acumulación: pequeñas renuncias, exigencias continuas, hiperconectividad, precariedad, comparación social, falta de descanso real, relaciones poco nutritivas o vidas organizadas más alrededor del rendimiento que del sentido. Vivimos en una cultura que pide disponibilidad permanente. Hay que responder, producir, mejorar, mostrarse, cuidarse, optimizarse. Incluso el bienestar se ha convertido a veces en una obligación más. Y eso genera una forma de cansancio que no siempre tiene una causa única, sino muchas condiciones

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¿Cómo influye el estrés en las ausencias laborales?

El absentismo laboral es una realidad que afecta a empresas, trabajadores y a la sociedad en general. Aunque en muchas ocasiones se asocia únicamente a las bajas médicas o a las faltas injustificadas al trabajo, la realidad es mucho más compleja. Detrás del absentismo pueden encontrarse problemas de salud física, dificultades emocionales, estrés, agotamiento profesional o conflictos relacionados con el entorno laboral. En los últimos años, la salud mental ha adquirido un papel protagonista en el análisis de este fenómeno. Cada vez más especialistas señalan que el bienestar psicológico de los trabajadores influye directamente en su asistencia, rendimiento y satisfacción laboral. En este artículo analizaremos qué es el absentismo laboral, cuáles son sus principales causas, cómo afecta a la salud mental y qué medidas pueden ayudar a prevenirlo. ¿Qué es el absentismo laboral? El absentismo laboral hace referencia a la ausencia de un trabajador de su puesto de trabajo durante el tiempo que debería estar desempeñando sus funciones. Estas ausencias pueden estar justificadas o no justificadas. Entre las justificadas encontramos las bajas médicas, permisos legales, accidentes laborales o situaciones familiares contempladas por la legislación. Por otro lado, existen ausencias injustificadas que no cuentan con una causa reconocida o autorizada. Sin embargo, los expertos también hablan de una forma menos visible de absentismo: el denominado presentismo laboral. En este caso, la persona acude físicamente al trabajo, pero su rendimiento está significativamente reducido debido al cansancio, el estrés, la ansiedad o la falta de motivación. Tipos de absentismo laboral Absentismo justificado Se produce cuando existe una razón legítima para faltar al trabajo, como: Enfermedades comunes. Accidentes laborales. Intervenciones médicas. Cuidado de familiares dependientes. Permisos de maternidad o paternidad. Obligaciones legales. Absentismo injustificado Ocurre cuando el trabajador no acude a su puesto sin una causa aceptada o sin comunicar adecuadamente su ausencia. Absentismo presencial o presentismo Es una situación cada vez más estudiada por los profesionales de la salud mental. La persona está presente físicamente, pero no puede rendir adecuadamente debido a: Estrés crónico. Ansiedad. Depresión. Fatiga extrema. Problemas personales. Aunque pueda parecer menos perjudicial, el presentismo puede generar errores, accidentes y una disminución importante de la productividad. Principales causas del absentismo laboral Problemas de salud física Las enfermedades siguen siendo una de las principales razones de ausencia laboral. Entre las más frecuentes destacan: Problemas musculoesqueléticos. Dolor lumbar. Lesiones laborales. Enfermedades respiratorias. Enfermedades crónicas. Cuando la recuperación requiere reposo o tratamiento, la ausencia resulta necesaria para proteger la salud del trabajador. Problemas de salud mental La salud psicológica desempeña un papel cada vez más relevante. Trastornos como: Ansiedad. Depresión. Trastorno de adaptación. Estrés laboral. Síndrome de burnout. pueden provocar dificultades para mantener la asistencia regular al trabajo. En algunos casos, la persona experimenta síntomas físicos asociados a su malestar emocional, como insomnio, cefaleas, problemas digestivos o fatiga persistente. Estrés laboral El estrés aparece cuando las demandas del entorno superan los recursos percibidos por el trabajador para afrontarlas. Algunas situaciones de riesgo son: Sobrecarga de trabajo. Jornadas excesivas. Falta de personal. Objetivos poco realistas. Falta de control sobre las tareas. Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, aumenta significativamente el riesgo de absentismo. Burnout o síndrome de desgaste profesional La Organización Mundial de la Salud reconoce el burnout como un fenómeno relacionado con el trabajo. Sus principales características son: Agotamiento emocional. Distanciamiento mental respecto al trabajo. Sensación de ineficacia profesional. Las personas que sufren burnout pueden experimentar una necesidad creciente de ausentarse para recuperarse física y emocionalmente. Acoso laboral o mobbing Los ambientes laborales tóxicos constituyen otro factor importante. El acoso psicológico puede provocar: Ansiedad intensa. Miedo a acudir al trabajo. Baja autoestima. Síntomas depresivos. En estas circunstancias, las ausencias pueden convertirse en una forma de evitar una situación altamente estresante. Problemas familiares o personales Las dificultades fuera del entorno laboral también pueden influir: Divorcios. Fallecimiento de seres queridos. Problemas económicos. Responsabilidades de cuidado. Conflictos familiares. Cuando estas situaciones generan una elevada carga emocional, pueden afectar a la asistencia y al rendimiento laboral. La relación entre absentismo laboral y salud mental Durante mucho tiempo se prestó más atención a las enfermedades físicas que a los problemas psicológicos. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que la salud mental constituye uno de los factores más relevantes en la aparición del absentismo. Cuando una persona atraviesa un episodio de ansiedad o depresión, tareas cotidianas que antes resultaban sencillas pueden convertirse en enormes desafíos. Levantarse, concentrarse, relacionarse con compañeros o asumir responsabilidades laborales puede requerir un esfuerzo extraordinario. Por ello, en muchas ocasiones, las ausencias no son una falta de compromiso, sino una consecuencia directa del malestar psicológico. Consecuencias del absentismo laboral Para el trabajador Las ausencias prolongadas pueden generar: Pérdida de confianza profesional. Sensación de desconexión del equipo. Inseguridad laboral. Dificultades económicas. Mayor riesgo de aislamiento social. Además, cuando el problema subyacente no recibe atención adecuada, el malestar puede cronificarse. Para la empresa El absentismo también tiene un impacto organizacional importante: Disminución de la productividad. Incremento de costes. Sobrecarga para otros empleados. Necesidad de sustituciones temporales. Deterioro del clima laboral. Para la sociedad A nivel social, el absentismo genera: Incremento del gasto sanitario. Costes asociados a prestaciones laborales. Menor productividad económica. Impacto en los sistemas de protección social. Señales de alerta que no deben ignorarse Algunas señales pueden indicar que existe un riesgo creciente de absentismo relacionado con el bienestar psicológico: Fatiga constante. Irritabilidad frecuente. Problemas de concentración. Desmotivación laboral. Insomnio. Aumento de errores. Aislamiento de compañeros. Quejas físicas recurrentes sin causa médica clara. Detectar estos signos de forma temprana puede ayudar a prevenir problemas más graves. Cómo prevenir el absentismo laboral Promover la salud mental en el trabajo Las organizaciones pueden implementar medidas que favorezcan el bienestar emocional: Programas de apoyo psicológico. Formación en gestión del estrés. Talleres de inteligencia emocional. Protocolos de prevención del acoso. Fomentar un liderazgo saludable Los responsables de equipos desempeñan un papel fundamental. Un liderazgo basado en: La comunicación. La empatía. El reconocimiento. La escucha activa. puede reducir significativamente el estrés laboral. Favorecer la conciliación La flexibilidad laboral permite

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¿Qué es la modernidad líquida de Zygmunt Bauman y cómo afecta a nuestra salud mental?

En una sociedad que cambia a una velocidad vertiginosa, donde las relaciones parecen más frágiles, el trabajo más incierto y el futuro más impredecible, las reflexiones de Zygmunt Bauman adquieren una relevancia extraordinaria. Aunque no fue psicólogo ni psiquiatra, este reconocido sociólogo y filósofo polaco dedicó gran parte de su obra a analizar cómo las transformaciones sociales afectan la vida de las personas, sus emociones y su bienestar psicológico. Sus teorías ayudan a comprender muchos de los desafíos emocionales que enfrentamos actualmente, desde la ansiedad y la soledad hasta la dificultad para establecer vínculos duraderos. Por ello, conocer su pensamiento puede ofrecer valiosas herramientas para entender el mundo contemporáneo y su influencia en nuestra salud mental. ¿Quién fue Zygmunt Bauman? Zygmunt Bauman nació en Poznań, Polonia, en 1925, y falleció en Leeds, Reino Unido, en 2017. Fue uno de los sociólogos más influyentes del siglo XX y principios del XXI. Su vida estuvo marcada por acontecimientos históricos de enorme impacto. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que huir de Polonia junto a su familia debido a la persecución nazi. Más adelante, las tensiones políticas del régimen comunista lo llevaron a emigrar al Reino Unido, donde desarrolló gran parte de su carrera académica. A lo largo de su trayectoria publicó más de cincuenta libros sobre temas como la modernidad, la globalización, el consumo, la identidad, la ética y las relaciones humanas. Sin embargo, su concepto más conocido es el de «modernidad líquida», una metáfora que se ha convertido en una de las explicaciones más influyentes sobre la sociedad contemporánea. ¿Qué es la modernidad líquida? Bauman observó que las estructuras tradicionales que durante siglos proporcionaron estabilidad a las personas comenzaron a debilitarse. En épocas anteriores, muchas dimensiones de la vida eran relativamente sólidas: Los empleos solían ser para toda la vida. Las relaciones sentimentales tendían a ser más duraderas. Las comunidades eran más estables. Las normas sociales estaban más definidas. La identidad personal se construía de forma más predecible. Según Bauman, la sociedad actual se parece más a un líquido que a un sólido. Los líquidos no conservan una forma fija, sino que cambian constantemente. Del mismo modo, nuestras vidas se desarrollan en un contexto caracterizado por la incertidumbre, la flexibilidad y el cambio permanente. Esta realidad ofrece mayores oportunidades y libertad individual, pero también genera inseguridad, ansiedad y sensación de fragilidad. La incertidumbre como fuente de ansiedad Uno de los aspectos más interesantes del pensamiento de Bauman para la salud mental es su análisis de la incertidumbre. El ser humano necesita cierto grado de estabilidad para sentirse seguro. Cuando las reglas del juego cambian continuamente, resulta más difícil planificar el futuro o construir una sensación de control. Actualmente muchas personas experimentan preocupaciones relacionadas con: La estabilidad laboral. La situación económica. El acceso a la vivienda. Los cambios tecnológicos. La evolución de las. El futuro profesional. Bauman sostenía que esta incertidumbre permanente puede convertirse en una importante fuente de malestar emocional. No se trata únicamente de problemas individuales, sino de fenómenos sociales que afectan a millones de personas simultáneamente. Las relaciones líquidas: cuando los vínculos se vuelven frágiles Uno de los libros más conocidos de Bauman es Amor líquido, donde analiza cómo han cambiado las relaciones humanas. Según el autor, muchas relaciones contemporáneas están marcadas por una contradicción: Deseamos cercanía emocional. Tememos el compromiso y la dependencia. Las nuevas dinámicas sociales favorecen vínculos más flexibles y menos permanentes. Aunque esto puede aportar libertad, también puede generar inseguridad afectiva y dificultades para construir relaciones profundas. Bauman señalaba que muchas personas buscan conexiones significativas, pero al mismo tiempo temen que dichas relaciones limiten su autonomrelacioíarelacion. Esta tensión puede contribuir a: Sentimientos de soledad. Miedo al abandono. Inseguridad emocional. Dificultades en la intimidad. Relaciones superficiales. La paradoja de la hiperconexión Vivimos en una época donde resulta más fácil que nunca comunicarse con otras personas. Las redes sociales, la mensajería instantánea y las plataformas digitales nos permiten estar conectados constantemente. Sin embargo, Bauman advertía que la cantidad de conexiones no siempre equivale a una mayor calidad de los vínculos. Muchas personas cuentan con cientos o miles de contactos digitales y, aun así, experimentan una profunda sensación de aislamiento. La soledad se ha convertido en una preocupación creciente para especialistas en salud mental de todo el mundo. Desde la perspectiva de Bauman, esto ocurre porque las conexiones digitales pueden ser rápidas, cómodas y numerosas, pero no siempre sustituyen la profundidad emocional de las relaciones presenciales y significativas. El consumismo y la construcción de la identidad Otro aspecto fundamental de su obra es la relación entre consumo e identidad. En las sociedades actuales, el consumo ya no satisface únicamente necesidades básicas. También se utiliza para expresar quiénes somos. La ropa que vestimos, los lugares que visitamos, los dispositivos que utilizamos o las experiencias que compartimos pueden convertirse en símbolos de identidad. Bauman argumentaba que la sociedad de consumo transmite continuamente el mensaje de que necesitamos más para sentirnos satisfechos. Esta dinámica puede generar: Insatisfacción crónica. Comparaciones constantes. Baja autoestima. Sensación de insuficiencia. Dependencia de la aprobación externa. Desde la salud mental, este fenómeno resulta especialmente relevante porque puede alimentar sentimientos de frustración y una búsqueda interminable de validación. La cultura de la inmediatez La modernidad líquida también se caracteriza por la rapidez. Queremos resultados inmediatos: Respuestas instantáneas. Compras rápidas. Información inmediata. Gratificación constante. Sin embargo, muchos aspectos importantes de la vida requieren tiempo: Construir relaciones. Aprender habilidades. Desarrollar la autoestima. Superar pérdidas. Alcanzar objetivos personales. Cuando la cultura de la inmediatez se impone, puede aumentar la frustración frente a los procesos lentos y naturales del crecimiento personal. El miedo en la sociedad contemporánea Bauman dedicó gran atención al papel del miedo en la vida moderna. A diferencia de otras épocas, muchos de los temores actuales son difusos y difíciles de identificar. No siempre existe una amenaza concreta. En cambio, aparecen preocupaciones relacionadas con: Crisis económicas. Cambios tecnológicos. Inestabilidad laboral. Problemas medioambientales. Conflictos globales. Estos miedos pueden generar una sensación persistente de vulnerabilidad que repercute directamente en el

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¿Qué está pasando con nuestra salud mental?

En España se está produciendo un cambio silencioso pero trascendental: la salud mental ha pasado a ocupar el primer lugar entre las preocupaciones de la ciudadanía, superando incluso a enfermedades tradicionalmente temidas como el cáncer. Este dato, respaldado por distintos barómetros sociales y estudios recientes, no solo refleja una mayor sensibilidad hacia el bienestar emocional, sino también una realidad que afecta de forma directa a millones de personas. Lejos de ser una moda o una exageración, este fenómeno nos obliga a detenernos y analizar qué está ocurriendo en nuestra sociedad, por qué cada vez más personas sienten que su salud mental está en riesgo y qué podemos hacer para revertir esta situación. De tabú a prioridad social: la evolución de la salud mental Durante décadas, la salud mental fue relegada a un segundo plano. Problemas como la ansiedad, la depresión o el estrés crónico se vivían en silencio, muchas veces acompañados de culpa, incomprensión o miedo al rechazo social. Expresiones como “tienes que ser fuerte” o “eso es solo una mala racha” invisibilizaban el sufrimiento real de muchas personas. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio significativo: Se habla abiertamente de salud mental en medios de comunicación Figuras públicas comparten sus experiencias personales Las redes sociales han contribuido a normalizar el discurso emocional Las nuevas generaciones priorizan su bienestar psicológico Este avance ha permitido romper parte del estigma, pero también ha puesto de manifiesto una realidad: el malestar psicológico está mucho más extendido de lo que pensábamos. ¿Por qué la salud mental preocupa más que nunca? El aumento de la preocupación por la salud mental no surge de la nada. Es el resultado de múltiples factores que se entrelazan y afectan a la vida cotidiana. 1. Una sociedad acelerada y exigente Vivimos en una cultura de la inmediatez donde todo ocurre rápido: trabajo, comunicación, ocio. La presión por ser productivos, exitosos y constantemente disponibles genera una carga emocional difícil de sostener. El estrés se ha convertido en un compañero habitual, y muchas personas viven en un estado constante de alerta que termina pasando factura. 2. El impacto emocional de la pandemia La pandemia de COVID-19 marcó un antes y un después en la salud mental colectiva. El confinamiento, la incertidumbre, el miedo a la enfermedad y la pérdida de seres queridos dejaron huellas profundas. A día de hoy, muchas personas siguen experimentando: Ansiedad generalizada Trastornos del sueño Miedo al futuro Sensación de inestabilidad La pandemia no solo afectó a la salud física, sino que destapó una crisis emocional latente. 3. Precariedad e incertidumbre económica La dificultad para encontrar empleo estable, los bajos salarios o el acceso limitado a la vivienda generan una sensación constante de inseguridad. Este contexto impacta especialmente en jóvenes y adultos jóvenes, que sienten que su futuro es incierto o inaccesible. Esta falta de estabilidad puede derivar en frustración, ansiedad e incluso depresión. 4. Soledad en la era digital Aunque vivimos hiperconectados, muchas personas se sienten más solas que nunca. Las relaciones digitales no siempre sustituyen el contacto humano real, y esto puede generar una sensación de vacío emocional. La soledad no deseada es uno de los factores de riesgo más importantes para la salud mental, y afecta a personas de todas las edades. 5. Sobrecarga informativa y redes sociales El acceso constante a información, noticias negativas y comparaciones sociales puede generar ansiedad, baja autoestima y sensación de insuficiencia. Las redes sociales, aunque tienen aspectos positivos, también pueden contribuir a crear expectativas irreales sobre la vida, el éxito o la felicidad. Más conciencia, pero también más demanda El hecho de que la salud mental sea la principal preocupación tiene una doble lectura. Por un lado, es positivo: Más personas reconocen que no se encuentran bien Se reduce el estigma asociado a acudir a terapia Se visibilizan los problemas psicológicos Pero, por otro lado, plantea importantes desafíos: Los servicios de salud mental están saturados Las listas de espera en la sanidad pública son largas No todas las personas pueden acceder a atención privada Esto evidencia la necesidad urgente de reforzar los recursos destinados a la salud mental. La importancia de cuidar la salud mental desde la prevención Uno de los grandes retos actuales es pasar de un modelo reactivo (actuar cuando el problema ya existe) a un modelo preventivo. Cuidar la salud mental no debería comenzar cuando aparece un trastorno, sino formar parte del día a día. Algunas claves fundamentales incluyen: Educación emocional desde la infancia Fomento de hábitos de vida saludables Espacios de diálogo y escucha Reducción del estigma social Promoción del autocuidado La prevención no elimina los problemas, pero sí ayuda a afrontarlos con más recursos. ¿Qué podemos hacer a nivel individual? Aunque muchos factores son estructurales, cada persona puede incorporar pequeños cambios que favorezcan su bienestar emocional: Escuchar y validar lo que siente, sin minimizarlo Establecer límites en el trabajo y en las relaciones Reducir la sobreexposición a redes sociales Priorizar el descanso y el tiempo personal Mantener vínculos sociales de calidad Pedir ayuda profesional cuando sea necesario Cuidar la salud mental no significa evitar el malestar, sino aprender a gestionarlo de forma saludable. Hacia una sociedad que priorice el bienestar emocional Que la salud mental haya pasado a ser la principal preocupación en España no debe interpretarse únicamente como un problema, sino también como una oportunidad. Estamos ante un cambio de paradigma: la sociedad empieza a reconocer que el bienestar emocional es tan importante como el físico. El reto ahora es colectivo: Instituciones que inviertan en recursos Educación que integre la salud mental Entornos laborales más humanos Una sociedad más empática y consciente Una crisis global (según la OMS) Este fenómeno no es exclusivo de España. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que: Más de 1.000 millones de personas en el mundo viven con trastornos mentales La ansiedad y la depresión son los problemas más frecuentes Son una de las principales causas de discapacidad a nivel global Esto sitúa la salud mental como uno de los grandes

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¿Es posible trabajar teniendo un problema de salud mental?

Encontrar un empleo cuando se vive con un trastorno mental grave o algún problema de salud mental puede ser un reto, pero también una oportunidad para fortalecer la independencia, la autoestima y la vida social. Existen recursos y estrategias que facilitan este camino, y conocerlos puede marcar la diferencia. 1. Entender tus derechos laborales En muchos países, las personas con trastornos mentales tienen protecciones legales frente a la discriminación laboral. Esto significa que no pueden ser despedidas ni tratadas de manera injusta por su condición de salud mental. Además, hay programas de empleo protegido y ayudas económicas para facilitar la integración laboral. Es fundamental informarse sobre los derechos en tu país y, si es necesario, solicitar asesoría en organizaciones especializadas en salud mental y empleo. 2. Identificar tus fortalezas y limitaciones Antes de buscar trabajo, es útil hacer un inventario personal de habilidades: Qué tareas disfrutas y realizas bien. Qué horarios o entornos se adaptan mejor a tu bienestar. Qué apoyos podrías necesitar para cumplir con tus responsabilidades laborales. Con esta información, podrás buscar empleos que se ajusten a tus capacidades y reduzcan el riesgo de estrés o agotamiento. 3. Programas de empleo especializado Existen programas públicos y privados diseñados específicamente para personas con problemas de salud mental. Algunos ejemplos: Talleres de formación y orientación laboral. Inserción en empresas con conciencia sobre salud mental. Mentores o acompañamiento individual para adaptarte al trabajo. Estos programas no solo facilitan la búsqueda de empleo, sino que también ayudan a mantener un equilibrio entre salud y vida laboral. 4. Preparación para entrevistas y búsqueda activa Algunas estrategias para facilitar la búsqueda de empleo: Practicar entrevistas con alguien de confianza. Explicar de forma breve y positiva tu situación, si decides mencionarla, y cómo gestionas tu salud mental. Actualizar tu currículum destacando tus habilidades y experiencias. Recuerda: no estás obligado a revelar tu diagnóstico si no quieres, pero sí puedes hablar de adaptaciones que te ayuden a rendir mejor en el trabajo. 5. Cuidar tu bienestar en el trabajo Mantener la salud mental mientras trabajas es clave: Establece rutinas y pausas que reduzcan la ansiedad. Busca entornos laborales comprensivos y abiertos. Mantén comunicación con profesionales de salud mental si necesitas apoyo. Un trabajo adecuado puede mejorar la autoestima, la autonomía y la sensación de pertenencia, pero es importante priorizar siempre tu bienestar. 6. Recursos útiles Algunos recursos para empezar: Servicios públicos de empleo con programas inclusivos. Asociaciones de salud mental que ofrecen orientación laboral. Plataformas de empleo especializado en personas con discapacidad o problemas de salud mental. Explorar estos recursos puede abrir puertas a oportunidades adaptadas a tus necesidades. Aquí os dejo enlaces útiles y recursos  para personas con trastorno mental o problemas de salud mental que buscan empleo, apoyo o información relevante: Guías y publicaciones especializadas Colección Empleo y Salud Mental – Guías y recursos descargables sobre empleo, inclusión laboral y estrategias concretas para personas con salud mental. Guías de empleo y salud mental (Fundación Empleo y Salud Mental)Manuales de integración laboral – Documentos, guías y publicaciones técnicas que ayudan a entender y planificar la inserción laboral desde una perspectiva de salud mental. Manuales y guías para integración laboral (Empleo y Salud Mental) Guía descargable (PDF) – Documento de la colección “Empleo y Salud Mental” que incluye medidas y estrategias prácticas para la inclusión laboral. Colección Empleo y Salud Mental — guía descargable PDF Recursos internacionales (información y apoyo) CoAct Connect – Apoyo al empleo con problemas de salud mental – Servicio con especialistas para personas con diagnóstico de ansiedad, depresión u otros trastornos que quieren encontrar y mantener empleo. Employment services | CoAct Connect (mental health employment support)Helpful Links – Transitions-Mental Health Association – Lista de recursos con información sobre adaptaciones laborales, redes de apoyo, empleo con apoyo, y consejos para trabajadores y empleadores. Helpful Links for Mental Illness | TMHA Programs de empleo y apoyo laboral (Canadá) – Iniciativas que conectan servicios básicos de salud mental con oportunidades laborales significativas y sostenibles. Links to Employment – CMHA British Columbia Apoyo para mantenerse en el empleo Health2Employment – Apoyo para la salud mental en el trabajo – Servicio gratuito de coaching y apoyo personalizado para personas con dificultades de salud mental que trabajan o quieren permanecer trabajando. Mental health support in the workplace | Health2Employment

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