Psicoterapia

¿Sabías que existe un trastorno en el que la persona cree estar muerta?

El trastorno de Cotard es una condición psiquiátrica extremadamente rara y llamativa en la que la persona tiene la firme creencia de estar muerta, de no existir, de haber perdido partes de su cuerpo o incluso de no tener órganos internos. Aunque pueda parecer una idea propia de la ficción, se trata de un fenómeno clínico descrito dentro de los trastornos delirantes graves y asociado en muchos casos a depresión psicótica o a trastornos neurológicos. Este cuadro también se conoce como síndrome del cadáver andante o delirio de negación nihilista, precisamente por esa sensación radical de inexistencia que experimenta quien lo padece. ¿Qué es exactamente el trastorno de Cotard? El trastorno de Cotard puede entenderse como un tipo de delirio nihilista en el que la persona construye una realidad interna en la que ella misma, su cuerpo o incluso el mundo han dejado de existir. Delirio de Cotard  →  creencia fija de no existencia o muerte No se trata de una metáfora ni de una forma de hablar: la persona lo vive como una convicción absoluta, no como una idea pasajera o una duda. Esta creencia no se corrige fácilmente con la lógica ni con la evidencia externa. Origen del término El síndrome debe su nombre al neurólogo francés Jules Cotard, quien lo describió en 1880 al estudiar pacientes que afirmaban estar muertos o no tener órganos internos. Cotard denominó a este cuadro inicialmente como “delirio de negación”, destacando su carácter extremo dentro de los trastornos psiquiátricos. Síntomas principales El trastorno de Cotard puede presentarse de forma progresiva y con distintos niveles de intensidad. Los síntomas más característicos incluyen: 1. Delirios de inexistencia La persona cree que: Está muerta. No existe. Ha perdido su alma o su identidad. El mundo ha dejado de ser real. 2. Negación del cuerpo Es frecuente la convicción de: No tener órganos internos. Haber perdido sangre, cerebro o funciones vitales. Estar en estado de descomposición. 3. Distorsión emocional extrema Sensación de vacío absoluto. Anhedonia profunda (incapacidad para sentir placer). Desconexión emocional total. 4. Conductas asociadas Aislamiento social severo. Negativa a comer o beber en casos graves. Abandono del autocuidado. En algunos casos, riesgo de conductas autolesivas. ¿A qué se asocia el síndrome de Cotard? Aunque puede aparecer de forma aislada, lo más habitual es que el trastorno de Cotard esté vinculado a otras condiciones: Depresión mayor con síntomas psicóticos Trastorno bipolar en fase depresiva grave Esquizofrenia Trastornos neurológicos (lesiones cerebrales, epilepsia, demencias) Estados confusionales o delirium En muchos casos, el síndrome no es un diagnóstico independiente, sino una manifestación extrema de un trastorno subyacente. Causas posibles: ¿por qué ocurre? No existe una única causa, pero la investigación apunta a una combinación de factores: Alteraciones cerebrales Se han observado disfunciones en áreas relacionadas con: El reconocimiento del propio cuerpo. La emoción. La percepción de la realidad. Depresión severa En algunos casos, el pensamiento depresivo extremo puede evolucionar hacia una negación total del propio ser. Factores neurológicos Lesiones en el lóbulo frontal o parietal pueden alterar la percepción de identidad corporal. Desconexión emocional extrema El cerebro puede “desvincular” la experiencia emocional de la identidad, generando una sensación de inexistencia. Diagnóstico El diagnóstico del trastorno de Cotard es clínico y debe ser realizado por profesionales de salud mental. No existen pruebas específicas, pero sí una evaluación exhaustiva que incluye: Entrevista psiquiátrica. Evaluación del estado de ánimo. Exploración de posibles trastornos psicóticos. Pruebas neurológicas si se sospechan causas orgánicas. Es fundamental diferenciarlo de otros trastornos delirantes o depresivos graves. Tratamiento Aunque el trastorno de Cotard es grave, sí tiene tratamiento y en muchos casos puede mejorar significativamente con intervención adecuada. 1. Tratamiento farmacológico Antidepresivos. Antipsicóticos. Estabilizadores del ánimo en algunos casos. 2. Terapia electroconvulsiva (TEC) En casos graves o resistentes, la TEC ha mostrado eficacia especialmente cuando el síndrome está asociado a depresión psicótica severa. 3. Psicoterapia Acompañamiento psicológico. Reestructuración cognitiva progresiva. Trabajo con la percepción de la realidad y la identidad. 4. Hospitalización Puede ser necesaria en fases agudas para garantizar seguridad y estabilización. Evolución y pronóstico El pronóstico varía según la causa subyacente. En casos relacionados con depresión, el tratamiento adecuado puede llevar a una recuperación significativa. Cuando está asociado a enfermedades neurológicas, el curso puede ser más complejo. Lo importante es que, con intervención precoz, muchos pacientes mejoran notablemente. Un trastorno poco frecuente, pero muy revelador El síndrome de Cotard es raro, pero resulta especialmente relevante para la comprensión de la mente humana. Muestra hasta qué punto la identidad, la percepción del cuerpo y la conciencia de existir dependen de procesos cerebrales complejos y frágiles. También recuerda algo esencial: la realidad que experimentamos no es solo externa, sino una construcción del cerebro. Cuando esa construcción se altera, la experiencia del “yo” puede fragmentarse de formas extremas. Conclusión El trastorno de Cotard no es simplemente una curiosidad clínica, sino una condición grave que refleja el impacto profundo que ciertos trastornos psiquiátricos y neurológicos pueden tener sobre la identidad personal. A pesar de su rareza, su estudio ha contribuido a comprender mejor la relación entre cerebro, conciencia y percepción de la realidad, y subraya la importancia de la atención temprana en los trastornos mentales graves.

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Entrevista a Nayara Ortega, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

En un contexto donde la salud mental ha ganado visibilidad, pero también se ha visto rodeada de mensajes simplificados y a veces confusos, resulta fundamental escuchar la voz de profesionales que trabajan desde el rigor, la experiencia y la cercanía. En esta entrevista, profundizamos en la mirada de una psicóloga, Nayara Ortega que entiende la salud mental no solo desde la teoría, sino también desde la vivencia personal y el contacto directo con sus pacientes. A lo largo de la conversación, se abordan temas clave como el impacto de las redes sociales, la importancia del vínculo terapéutico, las señales invisibles del malestar emocional o el papel del autoconocimiento real frente a la superficialidad actual. Una reflexión honesta y necesaria sobre cómo vivimos, sentimos y gestionamos nuestras emociones en una sociedad marcada por la inmediatez, la autoexigencia y la comparación constante. Nayara, ¿qué experiencias personales o momentos clave marcaron tu manera de entender la salud mental más allá de la formación académica, y cómo han influido en tu forma de trabajar con pacientes? Estudié Psicología por vocación. Debido a ciertas situaciones familiares, entendí desde muy temprana edad que sin salud mental no hay salud. En general, nos resulta más fácil identificar el dolor o malestar físico que el emocional, a pesar de que este último puede llegar a ser mucho más limitante en nuestro día a día. Creo firmemente en la importancia de los vínculos y en la necesidad de sentirnos seguros y escuchados como base fundamental para la mejora. Por eso intento ejercer una psicología cercana, humana y siempre apoyada en la evidencia científica.   En un mundo donde cada vez se habla más de psicología en redes sociales, ¿cómo distingues entre divulgación útil y contenido que puede simplificar en exceso problemas complejos? Las redes sociales están diseñadas para captar la atención en muy poco tiempo, y es complicado explicar un tema con todos sus matices en 60 segundos. Para mí, algo fundamental es evitar una divulgación basada en afirmaciones absolutas o que estigmatizan. Es frecuente encontrar contenido del tipo: “si haces estas 4 cosas es que eres…”. Este tipo de mensajes simplifica en exceso y deja fuera muchos factores que pueden explicar la conducta en un momento determinado. La buena divulgación informa, contextualiza y evita etiquetar de forma reduccionista.   ¿Cómo crees que está cambiando la relación entre paciente y terapeuta en la era digital, especialmente con el auge de la terapia online y la exposición constante en redes? La era digital ha traído ventajas importantes, como una mayor accesibilidad a la terapia y la posibilidad de llegar a personas que antes no podían acceder a ella. Sin embargo, también ha generado ciertos retos, como la expectativa de inmediatez o la exposición constante a información psicológica que puede generar confusión. La relación terapéutica sigue siendo el pilar fundamental del proceso, y es importante cuidar el encuadre, los límites y la calidad del vínculo, independientemente del formato online o presencial.   Trabajas desde un enfoque cognitivo-conductual, pero ¿en qué momentos sientes que este modelo necesita complementarse con otras perspectivas para adaptarse mejor a cada persona? El trabajo en psicología siempre debe adaptarse a las necesidades del paciente. Para ello, es fundamental escuchar con detalle su historia y realizar un buen análisis funcional de sus circunstancias. Aunque mi base sea el enfoque cognitivo-conductual, considero esencial ser flexible a la hora de intervenir, integrando otras perspectivas cuando la situación lo requiere, siempre en función de lo que mejor se ajuste a la persona.   ¿Qué señales sutiles suelen pasar desapercibidas en alguien que aparentemente “está bien”, pero que en realidad podría estar atravesando un malestar psicológico importante? Es importante prestar atención a pequeños cambios en el comportamiento: si la persona está más callada o aislada, si ha habido cambios en sus hábitos de alimentación o en el sueño, si muestra menos interés por actividades que antes disfrutaba o si se percibe más irritable. A menudo, estas señales pasan desapercibidas, pero pueden ser indicadores de un malestar más profundo.   ¿Cómo influye el entorno social actual —inmediatez, comparación constante, exigencia de productividad— en la aparición de nuevos tipos de malestar emocional? Creo que el ritmo de vida actual nos dificulta conectar con nosotros mismos. No nos damos el tiempo necesario para reflexionar sobre cómo nos sentimos, qué nos ha llevado a ese punto y qué podemos hacer para cambiarlo. Además, la comparación constante puede afectar negativamente a la autoestima y generar una sensación continua de insatisfacción personal.   En tu experiencia clínica, ¿qué papel juega el autoconocimiento real frente al autoconocimiento  superficial  que  muchas  veces  se  promueve  en  redes? El autoconocimiento real marca una gran diferencia tanto a nivel intrapersonal como interpersonal. Conocernos en profundidad nos permite ser más reflexivos, entender qué nos desestabiliza, qué nos regula y cómo poner límites de forma saludable. Esto favorece relaciones de mayor calidad y una mayor coherencia personal. El autoconocimiento superficial, en cambio, puede quedarse en etiquetas sin un verdadero proceso de comprensión.   ¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometen las personas cuando intentan gestionar sus emociones  sin acompañamiento          profesional? Uno de los errores más frecuentes es normalizar síntomas que, con el tiempo, pueden derivar en la cronificación de un problema de salud mental. También es habitual intentar evitar o suprimir las emociones en lugar de comprenderlas, o aplicar estrategias generales que no siempre se ajustan a la situación individual.   ¿Qué importancia le das a la psicoeducación del paciente sobre el funcionamiento del cerebro  y   cómo   impacta   esto   en   su   proceso   terapéutico? Le doy mucha importancia. En sesión dedico tiempo a explicar al paciente cómo funciona el cerebro, qué papel tienen distintas áreas y cómo esto se relaciona con su conducta. He observado que cuando la persona entiende qué le ocurre y por qué, se implica mucho más en su proceso terapéutico y se siente más capaz de generar cambios.   En el trabajo con adolescentes, ¿qué retos específicos encuentras hoy en día que no eran   tan   evidentes  en generaciones anteriores? Uno

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¿Sabías que no es lo que pasa, sino lo que piensas, lo que te afecta?

La forma en que interpretamos lo que nos sucede determina en gran medida cómo nos sentimos y cómo actuamos. Esta idea, que hoy parece evidente, fue revolucionaria en los años 50 gracias a Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC). Su propuesta, conocida como Modelo ABC, es una herramienta sencilla y práctica que nos ayuda a comprender y modificar la relación entre pensamientos, emociones y conductas. ¿En qué consiste el Modelo ABC? Ellis explicó que muchas veces pensamos que nuestras emociones dependen directamente de lo que nos ocurre. Por ejemplo, creemos que “estoy triste porque alguien me rechazó” o que “me siento ansioso porque tengo una entrevista de trabajo”. Sin embargo, lo que realmente determina cómo nos sentimos no es el hecho en sí, sino la interpretación que hacemos de ese hecho. De ahí surge el Modelo ABC: A (Activating Event – Acontecimiento activador): Es la situación o hecho que ocurre. Puede ser algo externo (una discusión, perder un examen, recibir una crítica) o interno (un recuerdo, una preocupación, un pensamiento intrusivo). B (Beliefs – Creencias): Son los pensamientos, interpretaciones y creencias que elaboramos a partir de lo sucedido. Estas creencias pueden ser racionales (realistas, flexibles, útiles) o irracionales (distorsionadas, absolutistas, rígidas). C (Consequences – Consecuencias): Se refieren a las emociones y conductas que resultan de esas creencias. Ansiedad, tristeza, ira, evitación o bloqueo pueden aparecer si las creencias son irracionales; mientras que calma, aceptación o motivación pueden surgir si los pensamientos son más racionales. Ellis lo resumía así: “No son los hechos los que nos perturban, sino lo que pensamos acerca de esos hechos”. Ejemplo práctico Imagina la siguiente situación: A (Acontecimiento activador): Un amigo no responde tu mensaje. B (Creencia): Opción irracional: “Ya no le importo, seguro me está ignorando a propósito”. Opción racional: “Probablemente esté ocupado, ya responderá cuando pueda”. C (Consecuencia): Si piensas de forma irracional, sentirás ansiedad, tristeza o enojo, y quizás lo enfrentes con reproches. Si piensas de forma racional, mantendrás la calma, esperarás su respuesta y seguirás con tu día. La diferencia está en el B: la interpretación. ¿Por qué es tan importante el Modelo ABC? El Modelo ABC no solo explica cómo funciona nuestra mente, sino que también ofrece un camino para mejorar nuestra salud mental: Favorece la autoconciencia: Aprendemos a identificar qué pensamos y cómo eso impacta en nuestras emociones. Reduce el malestar emocional: Al detectar pensamientos irracionales, podemos cuestionarlos y sustituirlos por otros más adaptativos. Promueve la resiliencia: Nos ayuda a responder de forma más flexible ante las dificultades, sin quedarnos atrapados en reacciones automáticas negativas. Facilita el cambio conductual: Cambiar cómo interpretamos lo que ocurre también cambia cómo actuamos. ¿Cómo aplicar el Modelo ABC en tu vida? Ellis proponía un ejercicio práctico que cualquiera puede incorporar en su día a día: Anota el acontecimiento (A): Describe lo que sucedió de manera objetiva, sin juicios. Ejemplo: “Llegué tarde al trabajo porque había mucho tráfico”. Identifica tu creencia (B): Pregúntate qué pensaste en ese momento. Ejemplo: “Soy un desastre, nunca hago nada bien” o “Hoy el tráfico estaba peor de lo normal, no siempre está en mis manos llegar puntual”. Observa las consecuencias (C): Toma nota de cómo te sentiste y qué hiciste después. Ejemplo: Con la primera creencia aparece culpa y desmotivación; con la segunda, aceptación y capacidad para seguir con tu día. Reformula tu pensamiento: Sustituye la creencia irracional por una más realista y útil. Ejemplo: “Hoy llegué tarde, pero puedo avisar la próxima vez y salir con más tiempo para prevenirlo”. Este ejercicio, repetido con frecuencia, entrena a la mente para detectar pensamientos automáticos irracionales y transformarlos. Los cuatro tipos de creencias irracionales más comunes Albert Ellis identificó varias creencias irracionales que suelen estar en la base del malestar emocional: Exigencias absolutistas: Pensar en términos de “debo” o “tengo que”. Ejemplo: “Debo ser amado y aceptado por todos”. Catastrofismo: Magnificar lo negativo. Ejemplo: “Si fracaso en esto, será terrible y no lo soportaré”. Baja tolerancia a la frustración: Creer que no se puede manejar la incomodidad. Ejemplo: “No puedo soportar que las cosas no salgan como quiero”. Condena global: Juzgar a uno mismo o a los demás de manera absoluta. Ejemplo: “Si me equivoco, soy un inútil”. Aprender a reconocerlas es el primer paso para cambiarlas. Más allá del ABC: la “D” y la “E” Con el tiempo, Ellis amplió su modelo e incluyó dos pasos más: D (Dispute – Debate): Cuestionar activamente las creencias irracionales. Preguntarse: ¿Qué pruebas tengo de que esto es verdad? ¿Es útil pensar así? ¿Existe otra interpretación posible? E (Effect – Efecto): Los efectos positivos de sustituir la creencia irracional por otra racional. Aparecen emociones más sanas y conductas más adaptativas. De este modo, el modelo completo es ABCDE, un esquema aún más práctico para el cambio personal. Conclusión El Modelo ABC de Albert Ellis es una herramienta poderosa para comprendernos mejor y transformar nuestro bienestar emocional. Recordemos: no siempre podemos elegir lo que nos ocurre, pero sí podemos decidir cómo interpretarlo. Ese cambio de perspectiva puede marcar la diferencia entre sentirnos atrapados en la ansiedad o vivir con mayor serenidad y resiliencia. Practicar el Modelo ABC es, en definitiva, un ejercicio de autocuidado y de responsabilidad personal con nuestra salud mental.    

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¿Por qué Albert Ellis es considerado el padre de la psicoterapia moderna?

Albert Ellis es conocido por haber desarrollado la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) en los años 50, una de las primeras formas de terapia cognitivo-conductual (TCC). Su enfoque, radical en su momento, sostenía que nuestras emociones no son causadas directamente por las situaciones, sino por nuestras creencias y pensamientos sobre esas situaciones. Desarrollo: El Enfoque Revolucionario de Ellis: Ellis argumentaba que las emociones negativas, como la ansiedad, la depresión o el enojo, no son el resultado de eventos externos, sino de las interpretaciones irracionales que hacemos sobre esos eventos. Por ejemplo, una situación de rechazo puede provocar una profunda tristeza no por el hecho en sí, sino por creencias como «no valgo nada» o «nunca seré amado». Para Ellis, identificar y desafiar esas creencias irracionales era la clave para lograr una mejor salud mental. Los Principios Clave de la TREC: A-B-C: El modelo básico de la TREC es el modelo A-B-C, donde A es el acontecimiento activador (eventos externos), B son las creencias sobre esos eventos, y C es la consecuencia emocional. La clave está en que no es A lo que causa C, sino B, nuestras creencias. Disputa de creencias irracionales: Una parte central de la TREC es desafiar estas creencias irracionales, cuestionar su validez y reemplazarlas por pensamientos más racionales y realistas. Aceptación incondicional de uno mismo: Ellis enseñaba que aceptar que todos cometemos errores y que ningún ser humano es perfecto es crucial para dejar de castigarnos psicológicamente por nuestras fallas o errores. Diferencias con otras Terapias: A diferencia del psicoanálisis, que enfatiza el pasado y los traumas inconscientes, Ellis propuso que el cambio en el presente es más efectivo, enfocándose en cambiar patrones de pensamiento distorsionados. Además, en comparación con las terapias centradas en la emoción o el comportamiento, la TREC da un peso particular al pensamiento lógico y a la capacidad de analizar nuestras propias creencias irracionales. Impacto de la TREC en la Psicología Moderna: Ellis fue uno de los pioneros de la terapia cognitivo-conductual (TCC), que hoy en día es una de las formas más efectivas y utilizadas de tratamiento psicológico, especialmente para trastornos como la ansiedad, la depresión, y los problemas de autoestima. La TREC sigue siendo una de las terapias más prácticas y directas, enfocada en ayudar a las personas a reconocer patrones de pensamiento nocivos y sustituirlos por creencias más sanas y funcionales. Cómo Aplicar la TREC en la Vida Cotidiana: La obra de Ellis no solo es relevante para la terapia clínica; sus principios pueden ser aplicados por cualquier persona que busque mejorar su bienestar emocional. Algunas técnicas útiles incluyen escribir un diario de creencias, en el que las personas pueden identificar sus pensamientos automáticos y luego disputarlos con lógica. Otro consejo práctico es preguntarse «¿Qué evidencia tengo de que este pensamiento es verdadero?» cuando se experimentan emociones fuertes basadas en creencias negativas. El legado de Albert Ellis sigue siendo profundo en la psicología moderna. Su enfoque en cómo los pensamientos irracionales pueden afectar nuestras emociones y comportamientos ofrece herramientas prácticas para mejorar la salud mental de manera efectiva. Al ayudarnos a comprender que no son los eventos externos los que nos afectan, sino cómo los interpretamos, la TREC de Ellis sigue siendo una técnica poderosa para quienes buscan un cambio significativo en sus vidas.  

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¿Por Qué la Terapia es Clave para Sanar Emocionalmente?

La alianza entre el paciente y terapeuta se desarrolla mediate un trabajo compartido. El trabajo de la terapia es tanto una labor de amor como un compromiso de colaboración. Aunque la alianza terapéutica tiene algo de las costumbres de las negociaciones normales, no es un mero acuerdo de negocios. Y aunque evoca todas las pasiones de las relaciones humanas, no se trata de una relación amorosa ni de una relación paternofilial. Es una relación de compromiso existencial en la que ambos socios se comprometen en la labor de recuperación. Este compromiso adopta la forma de un contrato de terapia. Los términos de este contrato son los necesarios para promover una alianza de trabajo. Ambas partes son responsables de la relación. Algunas de las tareas como respetar las citas son iguales para paciente y terapeuta. Algunas tareas son diferentes y complementarias: la terapeuta contribuye con sus conocimientos y sus capacidades y la paciente paga una tarifa por el tratamiento; la terapeuta promete confidencialidad, mientras que la paciente se compromete a abrirse; la terapeuta promete escuchar y ser testigo y la paciente decir la verdad. La terapeuta debería poner un gran énfasis desde el principio en la importancia de decir la verdad y abrirse del todo, ya que es probable que la paciente tenga muchos secretos, incluso algunos guardados a ella misma. La terapeuta debería dejar claro que decir la verdad es una meta por la que se debe luchar y que, aunque al principio es difícil conseguirlo, se irá haciendo más fácil con el paso del tiempo. Con frecuencia, los pacientes tienen muy clara la importancia de comprometerse a decir la verdad. Para facilitar la terapia una superviviente aconseja al terapeuta: “que se sepa la verdad. No partícipes en taparla. Cuando se pongan tan claros, no dejéis que se callen. Es como ser un buen entrenador. Empujarles a que corran y que luego consigan sus mejores marcas. Está bien relajarse en los momentos adecuados, pero siempre es bueno enseñarle a la gente cuál es su potencial”. Además de la regla fundamental de decir la verdad, es importante que destaquemos la naturaleza cooperativa del trabajo. La psicóloga Jessica Wolfe describe el contrato terapéutico que establece con los veteranos de guerra: “está claramente deletreado como una sociedad, para evitar cualquier repetición de la pérdida del poder del trauma. Nosotros (los terapeutas) somos gente que sabe algo del tema, pero ellos saben mas y acordamos compartir. En algunas cosas debemos recomendar, servimos como guía”. Terence Keane añade su propia metáfora para las reglas básicas y los objetivos de la relación de terapia “cuando empecé me sentía como un entrenador. Era porque solía jugar al baloncesto y lo sentía así: yo era el entrenador y esto era un partido y así es como juegas el partido, y así es como se hacen y el objetivo es ganar. Yo no se lo digo así a los pacientes, pero así es como lo veo yo”. La paciente entra en la relación de terapia habiendo sufrido un grave daño en su capacidad para crear una confianza apropiada. Como la confianza no está presente al principio del tratamiento, tanto la terapeuta como la paciente deben prepararse para probar cosas, para sortear los obstáculos y para reconstruir la relación terapéutica. Cuando la paciente se involucra, experimenta inevitablemente la intensa ansia de rescate que tenia en el momento del trauma. La terapeuta también puede desear, consciente o inconscientemente, compensar las atroces experiencias que ha vivido la paciente. De esta manera surgen expectativas imposibles que se ven decepcionadas. La mejor protección contra las reacciones de transferencia y contratransferencia excesivas e inmanejables es prestar una cuidadosa atención a los límites de la relación terapéutica. Los limites solidos crean un terreno solido en el que se puede desarrollar la labor de recuperación. La terapeuta acceded a estar disponible para la paciente dentro de unos limites que están claros, son razonables y tolerables para ambas. Los limites de la terapia existen en beneficio y para la protección de ambas partes y están basados en el reconocimiento de las necesidades legitimas tanto de la terapeuta como de la paciente. Estos limites incluyen una clara comprensión de que el contrato de terapia excluye cualquier otro tipo de relación social, una clara definición de la frecuencia y duración de las sesiones de terapia y unas reglas básicas claras en referencia a los contactos de urgencia fuera de las sesiones ya planeadas. Las decisiones sobre los limite se toman basándose en si devuelven la sensación de poder a la paciente y estimulan una buena relación de trabajo y nunca en sí la paciente debería sentir complacida o frustrada. La terapeuta no insiste en que existan unos límites claros para controlar, racionar o privar a la paciente, sino que reconoce desde el principio que es un ser humano limitado y falible que necesita que se den ciertas condiciones para poder vincularse en una relación emocionalmente exigente. Como dice Patricia Ziegler, una terapeuta con una larga experiencia con pacientes traumatizados: “Los pacientes tienen que acceder a no volverme loca. Les digo que yo también soy sensible al abandono. Es la condición humana. Les digo que yo invierto todo en este tratamiento y que no quiero dejarles y que no quiero que ellos me dejen. Les digo que me deben el respeto de no matarme de un susto”. A pesar de los esfuerzos de la terapeuta para definir unos límites claros, es lógico que la paciente encuentre zonas de ambigüedad. Normalmente las terapeutas descubren que también es necesario tener cierto grado de flexibilidad: los limites aceptables para ambas partes no se crean por mandato, sino mediante un proceso de negociación y pueden evolucionar con el paso del tiempo. Una paciente describe su opinión sobre el proceso: “mi psiquiatra tiene lo que él llama reglas que yo he definido como objetivos volantes. Los limites que ha establecido entre nosotros parecen flexibles y a menudo intento modificarlos o estirarlos. En ocasiones él lucha con esos límites, intentando equilibrar sus reglas con el respeto

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¿En qué consiste la terapia musical?

El beneficio de la música en el estado de ánimo, la regulación de las emociones y la creatividad es conocido desde hace mucho, pero el uso de técnicas musicales en la reeducación de los trastornos del neurodesarrollo en general. Si en la dislexia ocupa un lugar central la hipótesis de un déficit de tratamiento fonológico, el estudio del rendimiento de las personas disléxicas en diferentes sistemas lingüísticos objetiva una constelación de dificultades cognitivas asociadas, que afectan sobre todo a los procesos sensoriomotores, el tratamiento temporal de la audición o incluso el ritmo de la palabra y de la sensibilidad a los ritmos. La idea de que la práctica musical, unida y en sincronización con los ritmos percibidos e interpretados, puede mejorar la percepción auditiva de los índices acústicos integrados en la palabra y las actividades de lectura no está fuera de lugar, y podría ofrecer un enfoque interesante, complementario a las reeducaciones propuestas habitualmente en los trastornos del lenguaje escrito. Una forma original de comprobarlo es la ilustrada por Bishop-Liebler et al. Quienes compararon el rendimiento auditivo de los músicos, con o sin dislexia, con el de personas disléxicas no músicas. De su trabajo se desprende que con los músicos disléxicos tienen una sensibilidad auditiva y a la percepción de los ritmos equivalente a la de los músicos no disléxicos. Este hecho tiende a demostrar que la experiencia precoz y regular de una actividad rítmica podría apoyar positivamente los procesos auditivos de base en la dislexia. Durante el desarrollo, la practica musical parecería mejor en el niño la consciencia fonológica, la segmentación de las palabras, la memoria de trabajo y las capacidades de lectura. Un estudio aleatorizado publicado por un equipo francoitaliano vino a confirmar este beneficio del entrenamiento musical en el rendimiento de niños disléxicos, incluso con una afectación grave. Cabe destacar el programa desarrollado por Michel Habib et al. De Marsella. A partir de las competencias de integración sensitiva transmodal del cerebro, este autor ha puesto a punto un programa musical especifico y sostenido de entrenamiento cognitivo que se basa en diferente tipo de ejercicios sensitivos y sensomotoras, de percepción y producción, basados en la función rítmica y temporal de la música. Realizado en un grupo de 12 niños disléxicos de acuerdo con dos modalidades, su estudio objetiva un efecto significativo en la percepción categórica y temporal de la palabra y por otra, una mejora simultanea y duradera de la atención auditiva, la consciencia fonológica y las competencias en lectura que persiste tiempo después del entrenamiento.   (Información extraída de Niños con dificultades de aprendizaje / [coordinadores] Pierre de Fourneret, David Da Fonseca; ilustraciones, Cyrille Martinet; [colaboradores, Nicolas Adam … et al.] Por Fourneret, Pierre (Barc, 2019)

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¿En qué puede ayudar la hipoterapia?

La hipoterapia tal y como indica su terminología, esta actividad tiene un carácter terapéutico. Esta tipología consiste en animar al jinete a que realice diferentes ejercicios pie a tierra y sobre el caballo en forma de juegos. Tales ejercicios, combinados con el movimiento tridimensional y rítmico del animal, permiten trabajar aspectos físicos, psicológicos, emocionales y sensoriales del jinete, en función de las necesidades particulares que planteé. Hay que buscar juegos y ejercicios con los que sea posible realizar diferentes movimientos, posturas y sonidos, a fin de que todo ello ayude a desarrollar de manera integral los distintos aspectos de la persona. Dependiendo del perfil del jinete, el plan de centrado se centra en secuencias encaminadas a lograr los objetivos generales marcados inicialmente por el equipo multidisciplinar. Los planes de trabajo suelen realizarse trimestralmente, aunque el terapeuta evalúa el progreso cada mes. Se establecen objetivos específicos a corto plazo y a medida que se van cumpliendo se van integrando nuevos ejercicios o variantes de las actividades iniciales, que se centran en un solo ámbito o en varios, en función de los objetivos. En ocasiones, todo este trabajo se realiza de manera involuntaria, ya que el caballo, por medio de su movimiento y su presencia, nos aporta diferentes estímulos al que nuestro cuerpo responde sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, el movimiento del caballo ya proporciona por sí mismo una relajación o estimulación de los músculos y articulaciones del jinete. Además, el ritmo producido por el paso del animal ejerce un vaivén en la pelvis y el tronco del jinete que le transmite una sensación muy similar al caminar de las personas. Mientras el movimiento y el calor del cuerpo del animal ayudan a relajar toda la parte física del jinete, se puede llevar a cabo ejercicios para estimular aspectos que nos interese trabajar o reforzar: ejercicios sensoriales, logopédicos, afectivos o lúdicos. Equipo humano En hipoterapia, el jinete no dirige al caballo, sino que este es dirigido por un auxiliar ecuestre con conocimiento en este ámbito. Se encarga de controlar, dirigir el ritmo y la dirección del caballo siguiendo las directrices del terapeuta. Su función es esencial, ya que proporciona seguridad, calma y confianza al animal. El terapeuta dirige la sesión. Su posición es cercana al jinete para darle seguridad y confianza a la vez que marca la secuencia de los ejercicios. Es esencial contar con un equipo multidisciplinar que se reúna de manera periódica para llevar a cabo diferentes evaluaciones iniciales y de control. Debe estar formado por distintos profesionales: médicos, fisioterapeutas, psicólogos, educadores o trabajadores sociales, logopedas, etc. Este equipo debe planificar un trabajo integral de la persona, que incluya todos los aspectos de nuestro jinete; así, el trabajo es mas completo y los beneficios se multiplican. Estos especialistas pueden estar presentes en todas las sesiones o bien participar solo puntualmente en ellas cuando se necesite un soporte especifico relacionado con su área de conocimiento. El terapeuta o los especialistas que intervendrán directamente en la sesión harán una primera evaluación del jinete para familiarizarse con él y conocer sus particularidades antes de iniciar la sesión. Esta evaluación previa es muy importante, ya que nos dice si el jinete está animado y listo para empezar, o tal vez cansado, dolorido y muy enfadado. Dependiendo de su estado en el momento de comenzar la sesión, los ejercicios serán unos u otros. Monta gemelar En la monta gemelar, también conocida como backriding o Bobath, el terapeuta monta en el caballo y se sitúa detrás del jinete. Se recurre a esta posición cuando el jinete tiene dificultad para controlar su tronco y el terapeuta le sirve de ayuda o apoyo para mantener el equilibrio y fortalecer la musculatura de la zona. A medida que el jinete gana fuerza en su tronco y mejora el equilibrio, el terapeuta reduce el tiempo de la monta gemelar. Equipo para el caballo Dependiendo del trabajo planificado, existen diferentes opciones de preparación del caballo, en función de estos factores: el perfil y las necesidades del jinete, la comodidad de nuestro caballo o bien el objetivo de la sesión. A menudo, se requiere usar algunos equipos complementarios para el caballo, por ejemplo, el cinchuelo o una montura adaptada. Asimismo, por lo general, se emplea la cabezada con una cuerda para que el auxiliar pueda controlar el caballo durante la sesión. Cuando el terapeuta considera necesario hacer determinadas actividades encaminadas a que el jinete empiece a tomar el control del caballo, se recurre también a la brida. Ejemplo práctico Se muestra un ejemplo de plan de trabajo inicial de hipoterapia para una persona con autismo. Cada persona requiere un plan de trabajo individualizado que no debe extrapolarse a otros casos Reconocer los colores Ámbitos. Contenido cognitivo. Físico Objetivos específicos: Distinguir los aros por colores Reconocer y nombrar los colores Relacionar elementos del mismo color Actividades: Colocar los aros en los palos del mismo color Agarra el aro del color que el terapeuta indica Nombra el color del aro que el terapeuta muestra Trabajar el manejo del caballo Ámbitos: emocional, psicológico, contenido cognitivo, físico Objetivos específicos: Cepillar de forma autónoma al caballo Preparar al caballo sin ayuda Llevar al caballo pie a tierra Actividades: Reconocer los elementos de cepillado Cepilla el caballo de manera adecuada Elige el cepillo adecuado para cada zona del caballo Reconoce las guarniciones del caballo Aprende el orden adecuado de colocación de las guarniciones Conduce el caballo por diferentes obstáculos Trabajar el vínculo afectivo Ámbitos: emocional, psicológico Objetivos específicos: Fomentar el contacto táctil y visual con el caballo Fomentar el contacto táctil y visual con el terapeuta y el auxiliar Actividades: Acariciar el caballo Abrazar al caballo Mantener contacto visual con el caballo Acariciar, abrazar y mantener contacto visual con el terapeuta Aprender a controlar las emociones durante la sesión Ámbitos: emocional, psicológico Objetivos específicos: Reconocer las propias emociones Actividades: Busca el motivo que ha desencadenado una emoción Ayuda a reconducir la emoción expresada (información extraída de Equinoterapia terapias asistidas con caballos / textos, Cristina Cañadas

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¿Cuál es el rol del terapeuta ocupacional en la rehabilitación domiciliaria?

El terapeuta ocupacional hace uso de la ocupación desde su efecto restaurador o normalizador ayudando a las personas a alcanzar el máximo nivel de independencia en su domicilio teniendo en cuenta sus capacidades. La intervención domiciliaria es un área en crecimiento, pues los profesionales multiplican su capacidad de actuación en este entorno. Esta situación proporciona el ambiente idóneo para recabar información más precisa en relación con cuatro puntos destacables: estilo de vida y objetivos del usuario, comportamiento y rutinas, relaciones sociales y cultura Otro aspecto clave que ha de tenerse en cuenta es el hecho de que el terapeuta ocupacional es un desconocido que entra en el hogar del usuario, siendo su huésped, al contrario de lo que sucede cuando es el individuo el que acude al servicio. Por este motivo, el profesional debe actuar con el máximo de respeto hacia el usuario y su entorno, para que se sienta realmente cómodo en su espacio. Se trata de un punto de complejidad añadida al establecimiento de la relación usuario terapeuta, que además de emplear sus habilidades para congeniar con el sujeto y encontrar vértices comunes, deberá conocer, adaptarse y hacer buen uso del entorno físico que les rodea. De lograrlo, el profesional podrá desplegar su concepción holística de mayores, actuación que desde una institución se intenta abarcar pero resulta más limitada. Una vez conseguido esto, debe tenerse en cuenta que la intervención en el hogar de la evaluación funcional, valoración y asesoramiento en la modificación del entorno, para su accesibilidad, elaboración de férulas, prescripción y entrenamiento en el uso de productos de apoyo e intervención el usuario y los familiares o cuidadores principales de forma individualizada y personalizada Finalizada la fase de recogida de información, se pasaría a la intervención individualizada en cuanto a actividades de la vida diaria, trabajo y ocio, buscando en todo momento, el máximo nivel de independencia posible en cada caso. La terapia ocupacional a domicilio constituye en sí una estrategia para prevenir y reducir reingresos futuros de las personas mayores por complicaciones médicas, secundarias a un mal cuidado de su salud. A pesar de ello, existe un factor condicionante como son los recursos económicos tanto del usuario para acceder al servicio de forma privada, como del sistema sanitario de cada país para ofertarlo de manera pública en función de las necesidades de sus ciudades. Los profesionales de la terapia ocupacional proporcionan servicios de capacitación y rehabilitación que se encuentran entre los beneficios esenciales para la salud de la Ley del cuidado de Salud a Bajo Precio Asimismo, pueden ayudar al equipo interdisciplinar de atención primaria a mejorar los resultados y reducir los costes a través del manejo de enfermedades crónicas, mejora de las funciones y el apoyo a la independencia, ya que su enfoque holístico centrado en el bienestar, complementa en enfoque de ACA en el bienestar y la prevención según la AOTA. Una vez finalizada la intervención con visitas al domicilio, la presencia del terapeuta ocupacional pasa a un segundo plano con visitas esporádicas para la supervisión de su avance y mejora de habilidades y capacidades perdidas o deterioradas Por otra parte, cuidar de sí mismos y mantener su autonomía e independencia en las AVD supone la adquisición de estrategias que potencien su manejo, no sólo a la hora de llevarlas a cabo, sino también en estrategias de reducción de caídas o aparición de lesiones De este modo se podrán ir reduciendo las visitas al domicilio hasta que la figura del terapeuta ocupacional deje de ser necesaria, ya que su presencia debe ser temporal, alargándose en el tiempo lo estrictamente necesario para que se reponga y recupere las habilidades afectadas por un obstáculo en su salud o se adapte a una nueva situación adquiriendo estrategias para evitar nuevas pérdidas de habilidades. Tanto las familias como los propios usuarios patentes su preocupación por la capacidad para cuidar de sí mismos y manejarse de manera segura, es por ello que el fin máximo de los terapeutas ocupacionales en el domicilio es ofrecer estrategias para que sus usuarios puedan manejar las actividades diarias y reducir el riesgo de lesión en sus hogares, independientemente del diagnostico o condición especifica de la persona. (Información extraída de Terapia ocupacional en geriatría María del Carmen Rodríguez Martínez, Abel Toledano González, Uxía Bermúdez Bayón, 2019)

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¿Cómo elegir el animal adecuado para una terapia asistida?

Una de las partes fundamentales a la hora de realizar cualquier tipo de intervención o tratamiento es la planificación de las sesiones o actividades, de cara a obtener los mejores resultados posibles con los usuarios. Al trabajar con personas y animales, la planificación se vuelve mas complicada al tener que manejar mayor tipo de variables que pueden condicionar la evolución de una sesión o la finalización previa al tiempo esperado. Un animal no es una persona y como tal no se puede trabajar con él de a misma forma, lo que provoca que las sesiones deben ser entrenadas para que el animal sepa en todo momento cuál es el siguiente movimiento o comportamiento deseado y así poder llevar a cabo un aprendizaje poco a poco, tanto del animal como de los usuarios, al mismo tiempo que se habitúan el uno al otro. La manera más fácil de llevar a cabo una correcta intervención es preparando un plan de adiestramiento adecuado a través de un mapa de actividades done manejar con mayor precisión el comportamiento del animal. El comportamiento final que se busca en el animal deberá conocerlo el propio terapeuta a través de múltiples variables, como pueden ser la colocación del animal antes de comenzar la actividad, la forma de sentarse, identificar el estado o nivel de excitación, entorno, los propios usuarios, etc. Teniendo en cuenta el nivel de dificultad que tiene trabajar con animales, el entrenamiento al que se someterá deber ser lo mas parecido a la intervención que va a realizar y consiguiendo de manera satisfactoria o con amplio margen de ejecución el comportamiento que se busca. El contexto es importante en cualquier tipo de sesión, incluyendo al propio terapeuta, que a través de su cuerpo se convierte en una señal hacia el animal. Por otra parte, el lugar debe ser de fácil control y los ejercicios deben ser realizados en diferentes emplazamientos para garantizar la ejecución independientemente del contexto donde se realice. Perfeccionar el comportamiento o dividirlo en tareas mas sencillas será la manera ideal de entrenamiento para un animal de terapia. Además, la repetición incluso habiendo aprendido la secuencia, refuerza su ejecución y garantiza una mayor fiabilidad en su comportamiento La selección de un animal para terapia Son muchos los animales que pueden ser seleccionados para llevar a cabo una actividad de terapia asistida con animales, aunque, en su mayoría, los mas utilizados, tanto por costes económicos como por facilidad de adiestramiento, son perros y gatos. Otros que se pueden usar son: peces, caballos, conejos, pájaros, hámsteres y otros animales de granja Los animales de terapia son especialmente seleccionados, cuentan con unas aptitudes apropiadas y son educados con unas habilidades específicas, necesarias para conseguir mantener el estimulo motivacional del animal durante toda la sesión terapéutica o educativa, comportándose de manera tranquila y equilibrada. Para la utilización de un animal de terapia se deben seguir una serie de principios básicos: Debe evitarse que sufra abuso, dolor o malestar, tanto física como mental En todo momento, deben proporcionarse los cuidados sanitarios adecuados Todos los animales deben disponer de un guiar tranquilo donde pasar tiempo alejados de sus tareas profesionales Los especialistas deben poner en práctica procedimientos de prevención sanitaria Las interacciones con usuarios deben estar estructuradas de tal manera que permitan mantener la capacidad del animal para servir de agente terapéutico Nunca debe permitirse que un animal esté sometido a una situación de abuso o estrés Si una intervención resulta indebidamente estresante para el animal, el terapeuta debe suspender la sesión o la interacción Los terapeutas que empleen animales de terapia deben permitir que los animales disfruten de momentos de descanso varias veces al día A los animales viejos y a aquellos otros que deban afrontar un estrés elevado, deben reducirle progresivamente el tiempo dedicado a la actividad o eliminarla por completo. También debe prestarse atención a la transición del animal cuando comienza la fase, ya que hará que se sienta mejor En una situación en la que el usuario, ya sea intencionadamente o no, abuse del animal, tienen que respetarse las necesidades básicas de éste, incluso en el caso de que ello implique poner fin a la relación del animal con el usuario     (Información extraída de Terapia ocupacional en geriatría María del Carmen Rodríguez Martínez, Abel Toledano González, Uxía Bermúdez Bayón, 2019)

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¿Qué resultados se pueden esperar de una sesión de terapia con caballos?

En las terapias asistidas con caballos, el caballo forma parte indispensable del equipo de trabajo. Al montar sobre él, el jinete se beneficia de su movimiento, calor corporal y textura, mientras que la imagen del animal, el carácter y el lenguaje favorecen el establecimiento de vínculos afectivos entre ambos. Estos vínculos son muy importantes en la terapia, ya que son los que permiten obtener beneficios a nivel global de la persona. Por ello, la elección del caballo será al azar, sino que buscaremos aquellos ejemplares que presenten una serie de cualidades específicas para asegurarnos de que las terapias se desarrollen adecuadamente. La elección del caballo para terapias se basa en dos características esenciales que hay que valorar: el físico del animal y su carácter. Físicamente es muy importante que el caballo se encuentre en óptimas condiciones para realizar las terapias y en caso de que observemos alguna molestia debemos consultarlo con el veterinario para tomar la decisión pertinente. Al mismo tiempo, nos aseguraremos de que el cuerpo del animal está proporcionado y muscularmente preparado para la actividad que va a realizar. Su paso, trote y galope deben ser regulares y equilibrados. Otro aspecto que cabe destacar es la comodidad sobre su torno en los diferentes aires, ya que esta característica permitirá al jinete sentirse más seguro. Dependiendo de las necesidades de nuestros jinetes buscaremos una medida de altura u otra; como norma general, no debe superar 1,60m para permitir al equipo multidisciplinar trabajar cómodamente con el jinete: sujetar sus extremidades, dar soporte al tronco e intercambiar objetos para los ejercicios. Si lo creemos conveniente, también se puede trabajar con ponis sobre todo si el jinete es un niño pequeño, pues un animal mas bajo facilita el llevarlo pie a tierra, cepillarlo y montarlo, en especial cuando los objetivos de trabajo se centran en aspectos psicológicos, comunicativos o emocionales. Es bueno que el caballo tenga entre 10 y 18 años de edad, ya que su etapa de madurez es más estable a nivel emocional y tiene experiencia con todo tipo de jinetes. Para las terapias se necesitan caballos de carácter tranquilo y dócil, que puedan transmitir al jinete esa sensación. Es importante que el caballo haya vivido un amplio abanico de experiencias para que sea más adaptable y en caso de que no sea así, debemos proporcionarle todo tipo de estímulos que le ayuden a sentirse seguro y a estrechar vínculos con la persona o las personas que trabajarán con él. El entrenamiento En el entrenamiento del caballo de terapia debemos introducir diferentes estímulos para trabajar su adaptabilidad y para que aprenda a confiar en la persona que va a estar con él durante las sesiones. Si se establece un fuerte vinculo caballo-terapeuta, la comunicación entre ambos será fluida y sencilla, es decir, con un simple gesto o sonido del terapeuta, el caballo entenderá si debe detenerse o avanzar. Los pasos esenciales son: Paso 1. Vinculo caballo-terapeuta El caballo debe conocer perfectamente a la persona con la que va a trabajar, y confiar en ella. La confianza debe ser mutua, por ello llevarán a cabo unos primeros paseos juntos: cepillado, salir a comer hierba, visitar su establo o campo, etc. Paso 2. Trabajo conjunto El terapeuta debe conocer todas las facetas de su caballo: cómo es pie a tierra, montado, cómo se enfrenta a los miedos, como actúa en situaciones de tensión, cuándo se siente seguro, etc. Paso 3. Entrenamiento del equino Se diseña un plan de trabajo pie a tierra y sobre el caballo, que responda a las necesidades del animal y también lo prepare para responder al trabajo al cual vamos a destinarlo. Este entrenamiento se basa en el trabajo de figuras, cambios de ritmo y la introducción de diferentes elementos de uso cotidiano que puedan suponer una amenaza para el desarrollo de la sesión (ej. Paraguas, cochecitos de bebé, bolsas de plástico) Paso 4. Sensibilización al material de terapia Es importante que el caballo de terapia conozca de cerca el material que se va a usar en las sesiones: aros, conos, canastas, pelotas, pañuelos, barras, etc. Debe haber trabajado con estos y otros materiales previamente. También es imprescindible acostumbrarle a la presencia de otros elementos: sillas de rueda, bastones, caminadores, muletas y todo aquello que pueda crearle una inseguridad. Otro trabajo consiste en observar diferentes situaciones que pueden alertar al caballo y provocarlas de manera controlada mediante ejercicios en el entrenamiento: improvisar la presencia de perros, cochecitos de bebé, alboroto, lluvia. Paso 5. Sensibilización sobre el caballo Para este ejercicio, se requiere contar con un auxiliar ecuestre que simule llevar a cabo una sesión en la que el jinete adquiere posturas que incomoden al caballo; por ejemplo, estirarse sobre su grupa, tocarle las orejas o la monta gemelar. También podemos simular gritos, lloros, movimientos bruscos y otras situaciones que se pueden dar en una sesión. Paso 6. Trabajo de desconexión El caballo necesita momentos en los que poder “desconectar” de su trabajo rutinario. Debemos descubrir aquello que le guste y ofrecérselo como recompensa por su esfuerzo. Si le gusta estar suelto para saltar y brincar o bien prefiere salir a pasear por la montaña, detenerse a comer hierba, etc. Es muy importante garantizarle periódicamente este tiempo para que mantenga un buen equilibrio emocional. (información extraída de Equinoterapia terapias asistidas con caballos / textos, Cristina Cañadas Guerrero; ilustraciones. Myriam Ferrón; fotografías, Nos i Soto, Thinkstock; dirección editorial, María Fernanda Canal., 2018)  

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