Psicoterapia

Entrevista a Andrea Anaya psicóloga clínica

La salud mental ocupa hoy un lugar cada vez más relevante en la conversación pública, aunque todavía persisten numerosos mitos y estigmas que dificultan que muchas personas pidan ayuda cuando la necesitan. En esta entrevista conversamos con Andrea Anaya, psicóloga clínica especializada en terapia individual, infantil, familiar y de pareja, para conocer cómo nació su vocación, qué aprendizajes ha adquirido a lo largo de su trayectoria y cuál es su visión sobre algunos de los grandes retos actuales de la psicología. Hablamos del impacto de las redes sociales en el bienestar emocional, de la importancia de acudir a terapia sin esperar a tocar fondo, del papel de las familias en el desarrollo de niños y adolescentes, de los límites saludables y de cómo la inteligencia artificial puede influir en el futuro de la salud mental. Una conversación cercana, rigurosa y llena de reflexiones que pone el foco en el valor del autocuidado emocional y en la necesidad de seguir normalizando el cuidado de nuestra mente. Andrea ¿qué experiencias personales y profesionales despertaron tu interés por la psicología clínica y marcaron el camino hacia la psicoterapia como proyecto de vida? Desde que era niña mi mamá nos llevaba mucho a orfanatos, asilos, a donar juguetes y ropa. A los 17 años entré a ser dama voluntaria en un hospital y ahí sentí una sensación que dije “quiero sentir esto toda mi vida”. No sabía que tenía que estudiar para sentirlo, pensé en medicina, enfermería, pero como no me gusta la sangre en una clase en prepa escuché hablar más de psicología y dije , aquí es . A lo largo de tu trayectoria has trabajado con terapia individual, infantil, familiar y de pareja. ¿Qué aprendizajes te ha aportado cada uno de estos ámbitos y cómo se complementan entre sí en tu práctica clínica? Para mí la infancia lo es todo, pero cuando esa infancia se rompe o tiene fracturas llegan esas heridas a siguientes etapas. Entonces ahí se complementa todo. Claro que puedes tener una buena infancia y tener problemas en otras etapas y se trabajan en terapia pero así es como lo relacionaría . En los últimos años la salud mental ha ganado una enorme visibilidad en redes sociales. Desde tu perspectiva, ¿qué beneficios y qué riesgos observas cuando la psicología se divulga a través de plataformas digitales? Veo demasiados beneficios empezando por la desestigmatización de la misma. El volverla una profesión clínica y cercana sin los tabúes del pasado. Sin embargo los riesgos son que hay gente sin credenciales que mal informa o profesionales poco preparados que desacreditan la profesión. Muchas personas sienten miedo o vergüenza antes de acudir por primera vez a terapia. ¿Cuáles son los mitos más frecuentes con los que te encuentras y qué les dirías a quienes todavía dudan en pedir ayuda? Que los psicólogos son lo para los “locos”, que damos consejos, que solo queremos tu dinero. La realidad es que la terapia es para toda persona que tenga mente y le interese saber cómo funcionan sus pensamientos y creencias. Con la finalidad de sanar y tener una mejor calidad de vida. También hay pacientes clínicos pero son minoría y es una fortuna que exista un área de la salud que los acompañe. Y sobretodo que es más difícil llegar a terapia que estar. En el momento que te sientas, te sueltas. Y si no sabes qué decir, el trabajo del terapeuta es ese, tú no tienes que hacer nada más que llegar. La terapia cognitivo-conductual cuenta con una sólida base científica, pero cada persona es única. ¿Cómo consigues adaptar las herramientas terapéuticas a las necesidades, valores e historia de cada paciente? Yo tengo maestría en terapia cognitivo conductual pero es mi segunda maestría. La primera es en terapia integral que justamente integra distintos modelos de la psicología para saber qué herramientas utilizar según el problema del paciente. Pero incluso en TCC no siempre se van al pensamiento-emoción. Ya ha evolucionado mucho y se van a otras áreas para trabajar el problema. En consulta es habitual encontrar personas que han aprendido a normalizar el estrés, la ansiedad o el malestar emocional. ¿Qué señales nos indican que ya no estamos ante una dificultad pasajera y que conviene buscar apoyo profesional? Cuando el malestar afecta las siguientes áreas: personal, laboral, familiar, social y de pareja si las hay. Puedes acudir a terapia, no necesitas estar MUY mal para querer estar bien Las redes sociales han cambiado la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. ¿Cómo están influyendo en la autoestima, la comparación social y la salud mental de adolescentes y adultos? Muchísimo y es delicado. Los trastornos de la conducta alimentaria han aumentado, así como la ansiedad y la depresión por el uso de redes sociales. La gente se compara más, duerme menos, no se dejan sentir y hay poca validez emocional. Trabajar diariamente acompañando el sufrimiento de otras personas también puede resultar emocionalmente exigente. ¿Qué estrategias utilizas para cuidar tu propio bienestar psicológico y prevenir el desgaste profesional? Si, es una profesión hermosa pero que exige mucho autocuidado. Yo hago ejercicio a primera hora de la mañana, como bien, me doy breaks entre bloques de pacientes, trato de distraerme y hacer cosas que me gusten cuando no estoy trabajando, hidratarme mucho y sobre todo y más importante, dormir bien. Además de ir a terapia donde no hablo de mis pacientes si no de mi. Entre más te cuides y más “limpio” estés por decirlo de alguna manera, más puedes ayudar a tus pacientes La terapia de pareja suele estar rodeada de numerosos prejuicios. ¿En qué momento recomendarías acudir a terapia y qué ideas erróneas crees que dificultan que muchas parejas den ese paso a tiempo? Yo creo que toda pareja debería de ir a terapia para conocerse como equipo y conocer las heridas que detonan al otro. No para dañarlo sino para entenderlo. Lo que pasa con la terapia de pareja es que llegan muy tarde y muy

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Entrevista a Tamara Arroyo psicóloga cíclica

Tamara es psicóloga y psicoterapeuta especializada en trauma, psicoterapia corporal y salud femenina. Desde hace más de veinte años acompaña procesos de cambio y recuperación, integrando distintas corrientes psicoterapéuticas desde una mirada que entiende a la persona como una unidad donde cuerpo, emociones, historia y contexto se influyen mutuamente. A través de Psicología Cíclica y Ágora Vitae también desarrolla formación y supervisión para profesionales, con el propósito de ampliar la comprensión de la salud mental femenina desde una perspectiva integradora, rigurosa y profundamente humana. ¿Cuál fue el momento en el que comprendiste que la psicología necesitaba integrar el cuerpo y el ciclo femenino para ofrecer una comprensión más completa de la experiencia de las mujeres? Más que un momento concreto fue una evidencia que se fue construyendo con los años. En consulta veía mujeres que comprendían perfectamente lo que les ocurría desde un punto de vista cognitivo, pero cuyos cuerpos seguían viviendo en alerta, agotamiento o desconexión. También observaba cómo muchas sufrían porque interpretaban como problemáticos cambios vinculados a su ciclo menstrual, al posparto o a la perimenopausia, cuando en realidad nadie les había enseñado a comprender esos procesos. Entendí que era imposible hablar de salud mental femenina dejando fuera el cuerpo y la biología. No porque el ciclo explique todo, sino porque forma parte de la experiencia de muchas mujeres y dialoga constantemente con su historia, sus relaciones y su contexto. Durante mucho tiempo, la psicología y la medicina han generado gran parte de su conocimiento a partir de investigaciones realizadas mayoritariamente con hombres, asumiendo que esos resultados eran universalmente aplicables. Poco a poco estamos comprendiendo que incorporar la salud femenina no significa crear una psicología distinta, sino hacer una psicología más completa y más precisa. Hablas de la naturaleza, la artesanía y los cuidados como pilares de tu vida. ¿Cómo han moldeado estos tres escenarios tu forma de acompañar a las personas en consulta y qué enseñanzas te siguen ofreciendo hoy? Los tres tienen algo en común: me recuerdan que los procesos importantes no pueden acelerarse. La naturaleza enseña que todo tiene ritmos y estaciones. La artesanía me recuerda el valor de lo imperfecto y del trabajo paciente. Y los cuidados me han enseñado que el vínculo es profundamente transformador. Creo que la psicoterapia comparte mucho con esas experiencias. No consiste en «arreglar» personas, sino en crear las condiciones para que puedan reorganizarse desde sus propios recursos. Tras dos décadas de trayectoria profesional, ¿qué creencias sobre la salud mental has tenido que desmontar en ti misma para seguir evolucionando como psicoterapeuta? Quizá la más importante ha sido abandonar la idea de que comprender un problema basta para resolverlo. Hoy sabemos mucho más sobre trauma, neurobiología y memoria implícita. Hay experiencias que no se modifican únicamente hablando sobre ellas. Necesitan ser vividas de otra manera también desde el cuerpo y desde una relación terapéutica suficientemente segura. Otra creencia que he dejado atrás es pensar que existe un método válido para todas las personas. Cada proceso necesita una escucha distinta, En una sociedad que sigue premiando el rendimiento constante, ¿qué consecuencias psicológicas observas cuando las mujeres intentan vivir desconectadas de sus ritmos biológicos y emocionales? Veo muchísimo agotamiento. Muchas mujeres viven intentando mantener siempre el mismo nivel de productividad, energía y disponibilidad, ignorando señales de cansancio, necesidad de descanso o cambios naturales en su estado físico y emocional. No se trata de afirmar que todas las dificultades psicológicas tengan un origen biológico, ni mucho menos. La salud mental siempre surge de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Pero ignorar cualquiera de esas dimensiones empobrece nuestra comprensión de las personas. Cuando una persona aprende a desconectarse de esas señales para responder continuamente a las exigencias externas, acaba perdiendo también la capacidad de reconocer sus propias necesidades. Eso favorece la ansiedad, la culpa, el burnout y, en muchos casos, una sensación muy profunda de haberse perdido a sí misma. La expresión «Psicología Cíclica» despierta mucha curiosidad. Si tuvieras que explicarla a alguien que nunca ha oído hablar de ella, ¿qué aspectos consideras imprescindibles para entender su verdadero alcance? Psicología Cíclica no significa que todas las mujeres sean iguales ni que todo dependa de las hormonas. Tampoco propone una visión esencialista de lo femenino. Es una forma de comprender la salud mental integrando una realidad que durante mucho tiempo apenas se ha tenido en cuenta: que muchos procesos biológicos femeninos interactúan con las emociones, el estrés, el trauma, las relaciones y el contexto social. Durante décadas, estas variables apenas estuvieron presentes en la investigación psicológica y médica, lo que ha contribuido a que muchas experiencias específicamente femeninas fueran malinterpretadas, invisibilizadas o incluso patologizadas. La Psicología Cíclica propone ampliar la mirada. No sustituye a la psicología basada en la evidencia, sino que incorpora conocimientos procedentes de la neurociencia, la psicología del trauma, la endocrinología y la salud emocional femenina para comprender mejor la experiencia de las mujeres desde una perspectiva integradora. Con frecuencia escuchamos a mujeres describirse como «demasiado sensibles», «intensas» o «inestables». ¿Cómo influye el contexto cultural en estas etiquetas y qué impacto tienen sobre la autoestima y la identidad? Las etiquetas nunca aparecen en el vacío. Muchas mujeres han aprendido desde pequeñas que expresar determinadas emociones es un exceso. Cuando esa mirada externa se interioriza, terminan dudando de sí mismas incluso cuando sus reacciones son completamente comprensibles. Uno de los trabajos más importantes en terapia consiste precisamente en diferenciar lo que realmente pertenece a la persona de aquello que ha aprendido a pensar sobre sí misma. Has estudiado diferentes modelos de psicoterapia corporal y abordaje del trauma. ¿Qué aportaciones únicas encuentras en cada uno y cómo las integras sin perder la esencia de tu propia mirada clínica? Cada modelo aporta una pieza distinta. Algunos ayudan especialmente a comprender el funcionamiento del sistema nervioso; otros ofrecen herramientas muy valiosas para trabajar el trauma del desarrollo, la regulación emocional o la relación terapéutica. Con los años he aprendido que integrar no significa mezclar técnicas, sino construir una forma coherente de trabajar

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Entrevista a Ángel Macías psicólogo

La salud mental ha dejado de ser un tema del que solo se habla cuando aparece el sufrimiento. Cada vez existe una mayor conciencia sobre la importancia de comprender nuestras emociones, aprender a gestionar las dificultades y pedir ayuda cuando la necesitamos. Sin embargo, siguen existiendo muchos mitos, falsas creencias y preguntas sobre el verdadero trabajo que realiza un psicólogo y sobre cómo construir un bienestar emocional sólido. En esta entrevista conversamos con Ángel Macías, psicólogo con una amplia trayectoria clínica, divulgador y conferenciante, para profundizar en algunos de los grandes desafíos psicológicos de nuestro tiempo: la autoexigencia, la ansiedad, la necesidad de aparentar bienestar, el peso de las heridas emocionales y la responsabilidad personal en los procesos de cambio. A lo largo de esta conversación, Ángel comparte no solo su experiencia profesional, sino también una visión clara, cercana y profundamente humana sobre la psicología. Una entrevista que invita a reflexionar, cuestionar creencias y comprender que cuidar la salud mental no consiste en buscar la perfección, sino en aprender a vivir con mayor conciencia, autenticidad y equilibrio. Ángel ¿cómo nació tu vocación por la psicología y en qué momento supiste que querías dedicar tu vida a acompañar emocionalmente a otras personas? Siempre he sido una persona a la que le gusta ayudar. Con el paso de los años y ya de joven adulto entendí que la vida si no es para servir a los demás de alguna forma, para mi no tiene sentido. Estudié psicología porque de las ramas de salud es la que más me gustaba y creo que era mas coherente conmigo. No me veía en el modelo médico. Después de años de experiencia profesional, ¿qué es lo más difícil de ser psicólogo y qué aspecto sigue emocionándote como el primer día? Creo que cuando te gusta algo, no ves dificultad como tal. Si es cierto que hay casos mas complejos, pero son solo retos y oportunidades de mejorar profesionalmente. Mi relación con lo “difícil” es sana con lo cual dejo de verlo incluso como una dificultad. Emocionante para mi es terminar mi día de consulta y saber que he ayudado a muchas personas, que avanzan a pesar de los problemas que surjan y los altibajos. También cuando alguno de los videos que hago en redes llega a las personas y me escriben por privado para agradecer mi labor. Es muy gratificante. ¿Qué aprendizajes personales te ha dejado escuchar durante tantos años el sufrimiento emocional de otras personas? Que quien quiere cambiar SIEMPRE puede cambiar. Es una cuestión de responsabilidad y el problema está precisamente ahí. Nos victimizamos mucho y delegamos la responsabilidad de nuestras vidas a factores externos. ¿Crees que la sociedad sigue teniendo una visión equivocada sobre lo que realmente hace un psicólogo en consulta? Está mejorando mucho y a veces incluso nos pasamos de frenada. Ahora todo el mundo quiere ir y está bien, pero no todo el mundo lo necesita. No hay que ir por ir. Por otro lado sigue habiendo muchas personas que no tienen mucha idea de lo que significa ir al psicólogo y de que realmente es útil. Falta de psicoeducación y de experiencia. En tu profesión, ¿cómo consigues encontrar equilibrio entre implicarte emocionalmente con tus pacientes y proteger también tu propia salud mental? Lo único que puede llegar a afectarme a nivel mental es el estrés por todas las cosas que llevo a la vez a nivel profesional. No solo paso consulta, sino que también doy conferencias, creo contenido y gestiono a un equipo de psicólogos. Con respeto a los pacientes se separar bien lo que pasa en consulta para que se quede ahí cada vez que me voy a casa. No me suelo quedar pensando en los casos ni me afectan los casos. Creo que soy muy consciente de que el malestar psicológico es real y de cuál es mi profesión. Para mi es como si un bombero se asustara al ver fuego (entiéndase la analogía). ¿Qué silencios emocionales observas con más frecuencia en consulta y que, sin embargo, casi nadie se atreve a reconocer en voz alta? En general y relacionado con una pregunta anterior. No queremos expresar lo que nos pasa porque es muy probable que al hacerlo se generen ciertos cambios en mi contexto que me obliguen a tener que responsabilizarme de algo. No solemos querer por no afrontar el dolor. ¿Crees que hoy en día muchas personas están más preocupadas por aparentar estabilidad emocional que por sentirse realmente bien? Definitivamente si. También hay personas que ahora expresan todo, todo el rato. No es necesario tampoco. El veneno está en la dosis. ¿Qué ocurre psicológicamente cuando alguien lleva tantos años sobreviviendo que ya no recuerda cómo era vivir con calma? No será consciente de que tenga que pedir ayuda a no ser que su entorno se lo haga ver. Una vez tome conciencia empieza el trabajo. En una sociedad obsesionada con la productividad, ¿qué consecuencias emocionales tiene sentir que descansar genera culpa? Desgaste emocional, desconexión de nuestros valores e identidad, estrés… Si no se corrige a tiempo puede llevar a enfermedades físicas o mentales graves. ¿Has tenido pacientes que descubren en terapia que no estaban viviendo la vida que deseaban, sino la que otros esperaban de ellos? Literalmente casi todos los que vienen a consulta en mayor o menor medida. No hay que alarmarse porque vivimos en base a lo aprendido y lo aprendido no me lo enseño yo mismo sino que copio a papá, mamá o cualquier otra figura referente que tenga. Una vez construido eso hay que desaprender y empezar a ser yo realmente. Pocos lo hacen del todo. ¿Qué tipo de heridas emocionales dejan las relaciones donde nunca hubo gritos, pero sí indiferencia constante? Uno de los problemas mas frecuentes en estos casos es la “compañía indiferente”. Cuando las personas están rodeadas de personas a su cargo pero que no le prestan atención se sienten igual de solas que una persona que no tiene a nadie. De hecho es un miedo a

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Entrevista a Rafa Alonso especialista en burnout y bienestar laboral

Vivimos en una época que glorifica estar ocupados, convertir la productividad en una medida de valor personal y asumir que el cansancio es simplemente el precio del éxito. Sin embargo, existe una línea casi invisible entre el esfuerzo saludable y el desgaste emocional profundo. El problema es que muchas veces no se cruza de golpe: se entra poco a poco, normalizando el agotamiento hasta que descansar deja de ser suficiente. En esta entrevista hablamos con Rafa sobre el burnout desde un lugar especialmente valioso: la experiencia vivida y el conocimiento profesional. A través de su propio recorrido, reflexiona sobre cómo la autoexigencia, la identificación con el trabajo y la dificultad para poner límites pueden llevarnos a desconectarnos de nosotros mismos sin apenas darnos cuenta. Una conversación para entender mejor las señales tempranas del agotamiento, cuestionar ciertas ideas instaladas sobre el éxito y recordar que trabajar no debería significar dejar de vivir. Rafa ¿cómo describirías ese momento silencioso en el que una persona pasa de estar simplemente cansada a empezar a desconectarse emocionalmente de su trabajo sin darse cuenta? La característica principal es que no te das cuenta, vas entrando poco a poco en una espiral muy complicada de gestionar, donde lo normal es que todos los días se parezcan entre si y esperes al fin de semana para descansar. En el momento en que ese descanso no es suficiente y empiezas la semana con la energía baja es cuando seguramente estés entrando en fase de agotamiento profundo. Has vivido el burnout en primera persona, ¿qué creencias personales tuviste que desmontar para empezar a recuperarte realmente? Sobre todo que yo tenía que estar en todo para demostrar mi trabajo. Una de las características de las personas que sufren burnout es que el trabajo es su identidad. Yo tenía que ser el que tuviera la solución para todo porque se supone que esa era mi misión. Como persona hiper responsable tuve que derribar el falso mito de que trabajar más equivale a ser mejor profesional. En tu experiencia, ¿qué papel juega la autoexigencia en el desarrollo del burnout y por qué muchas veces está socialmente bien vista? Todo parte de la creencia de que descansar no es productivo, de que siempre hay que estar haciendo algo para crecer. De un tiempo a aquí se ha puesto de «moda», sobre todo en redes sociales, que el tiempo es efímero y no puedes perder ni un segundo, y aunque el tiempo pasa y no vuelve, descansar y tomar pausas debe tener el mismo papel en tu vida si no quieres acabar agotado. ¿Qué señales tempranas suele ignorar la gente porque las ha normalizado dentro de la cultura laboral actual? Hemos normalizado tener tiempo limitado para lo que de verdad nos llena en la vida, como si disfrutar de actividades que nos nutren fuera en contra de nuestra naturaleza. No hemos nacido para estar 8 horas -o más- trabajando sino para desarrollarnos y vivir nuestra vida. El trabajo es una herramienta para ganar dinero, no es el fin último de nuestra existencia. Si sientes que tu vida gira en torno a tu trabajo, probablemente has perdido la noción de tu propósito principal, que no es más que vivir. ¿Cómo influye la identidad profesional en el hecho de que a muchas personas les cueste reconocer que están quemadas? Hay mucha presión social implícita en este tema. Solo hace falta entrar a Linkedin para comprobar cómo todo el mundo tiene interiorizado el discurso de que el trabajo es su identidad. Yo, por ejemplo, ya no digo que «soy psicólogo», sino que «me dedico a la psicología». Mi trabajo no me define aunque sea parte de mi, porque soy más cosas: marido, hermano, hijo, fan de los videojuegos, aficionado del Real Madrid…. Reducir mi existencia a mi trabajo es un error que ya no cometo. ¿Crees que hay perfiles más vulnerables al burnout o puede afectar a cualquier persona independientemente de su fortaleza mental? Si, está demostrado que hay rasgos de personalidad que tienden más a quemarse que otros. Por ejemplo, personas con miedo al conflicto, complacientes o con altos grados de implicación, suelen ser las que menos límites ponen en su trabajo, lo que puede llevarles al burnout de una forma mucho más rápida. ¿Qué errores comete la gente cuando intenta “solucionar” su burnout por su cuenta sin ayuda profesional? Hay dos errores principales. El primero es pensar que por cambiar de trabajo el burnout se va a curar. Es evidente que las condiciones de tu trabajo afectan, pero no es menos importante tu relación con él, y esto no cambia al irte a otra empresa. El segundo error es pensar que descansar o estar de baja es suficiente. La realidad es que es necesario un alto trabajo de autoconocimiento para entender qué patrones te llevan a actuar de determinadas maneras en según qué condiciones. En un entorno laboral que premia la productividad constante, ¿cómo puede alguien empezar a poner límites sin sentir culpa? No es fácil hacerlo porque poner límites suele tener consecuencias. Es importante saber cómo, cuándo y de qué manera poner límites. Esto es algo que ayudo a hacer a las personas a las que acompaño. Poner límites no es decir que no, eso es parte pero no el todo. Hay que entender las dinámicas laborales y utilizar una comunicación adecuada para que de verdad se respeten. ¿Qué impacto tiene el burnout en la vida personal y en las relaciones, más allá del ámbito laboral? Depende del grado de burnout. En casos leves lo más normal es que la persona abandone por completo sus hobbys y esté más irritable, pero en casos más graves podemos hablar de aislamiento social, pérdida total de placer por aquello que antes sí disfrutaba (anhedonia) e incluso depresión. ¿Cómo se puede diferenciar entre una mala racha puntual en el trabajo y un proceso real de desgaste profundo? El estrés puntual suele tener un límite temporal, es decir, tú sabes que va a haber un momento que el ritmo va

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¿Qué es la Terapia Cognitivo-Conductual de Aaron Beck y por qué funciona?

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es una de las formas de tratamiento psicológico más utilizadas y eficaces en la actualidad. Su origen se remonta al trabajo del psiquiatra estadounidense Aaron Beck, quien revolucionó la manera de entender los trastornos emocionales al poner el foco en algo clave: la forma en que pensamos influye directamente en cómo nos sentimos y actuamos. Este artículo te ayudará a comprender, de forma clara y práctica, en qué consiste la TCC, cómo funciona y por qué sigue siendo una de las herramientas más poderosas en salud mental. ¿Quién fue Aaron Beck y por qué es tan importante? Aaron T. Beck (1921–2021) fue un psiquiatra que, inicialmente, se formó en el psicoanálisis. Sin embargo, al trabajar con pacientes con depresión, observó que muchos de sus pensamientos eran negativos, automáticos y distorsionados, y que estos influían directamente en su estado emocional. En lugar de centrarse exclusivamente en el pasado, Beck propuso algo innovador:👉 trabajar sobre los pensamientos actuales para cambiar las emociones y conductas. Así nació la Terapia Cognitiva, que más tarde evolucionaría hacia lo que hoy conocemos como Terapia Cognitivo-Conductual. La idea clave: no es lo que te pasa, es cómo lo interpretas Uno de los pilares de la TCC es el llamado modelo cognitivo, que se puede resumir así: No son los acontecimientos los que nos afectan directamente, sino la interpretación que hacemos de ellos. Por ejemplo: Situación: alguien no responde a tu mensaje Pensamiento: “seguro que está enfadado conmigo” Emoción: ansiedad o tristeza Conducta: evitas escribir o te preocupas excesivamente La TCC trabaja precisamente en ese punto intermedio: los pensamientos. La tríada cognitiva de la depresión Beck identificó un patrón muy común en personas con depresión, conocido como la tríada cognitiva: 🔹 Visión negativa de uno mismo (“no valgo nada”) 🔹 Visión negativa del mundo (“todo es injusto”) 🔹 Visión negativa del futuro (“nada va a mejorar”) Este esquema mental actúa como un filtro que distorsiona la realidad y refuerza el malestar. ¿Qué son los pensamientos automáticos? Los pensamientos automáticos son ideas que aparecen de forma rápida, casi sin darnos cuenta, y que suelen estar cargadas de emoción. Ejemplos habituales: “Voy a hacerlo fatal” “Seguro que me juzgan” “Siempre me pasa lo mismo” No siempre son ciertos, pero los vivimos como si lo fueran. Aquí es donde entra el trabajo terapéutico. Las distorsiones cognitivas más comunes Beck y sus seguidores identificaron varios errores de pensamiento frecuentes: Pensamiento todo o nada: ver las cosas en extremos (todo o fracaso) Generalización excesiva: un hecho negativo se convierte en “siempre me pasa” Catastrofismo: anticipar lo peor Lectura de mente: asumir lo que otros piensan sin pruebas Descalificar lo positivo: ignorar lo bueno Reconocer estas distorsiones es el primer paso para cambiarlas. ¿Cómo funciona la Terapia Cognitivo-Conductual? La TCC es una terapia estructurada, práctica y orientada a objetivos. Algunas de sus técnicas más utilizadas son: 1. Identificación de pensamientos El paciente aprende a detectar qué está pensando en determinadas situaciones. 2. Registro de pensamientos Se anotan situaciones, emociones y pensamientos para analizarlos con más claridad. 3. Reestructuración cognitiva Consiste en cuestionar esos pensamientos y sustituirlos por otros más realistas. Ejemplo:👉 “Voy a suspender seguro” → “He estudiado, puedo hacerlo razonablemente bien” 4. Técnicas conductuales Se introducen cambios en la conducta, como: Exposición gradual a miedos Activación conductual (especialmente en depresión) Entrenamiento en habilidades sociales ¿Para qué problemas es eficaz? La Terapia Cognitivo-Conductual cuenta con una sólida base científica y se utiliza en: Depresión Ansiedad (generalizada, social, fobias) Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) Trastornos de la conducta alimentaria Problemas de autoestima Estrés y manejo emocional Su eficacia ha sido ampliamente demostrada en múltiples estudios clínicos. Ventajas de la TCC ✔️ Es estructurada y clara ✔️ Tiene objetivos concretos ✔️ Ofrece herramientas prácticas ✔️ Suele ser de duración limitada ✔️ Enseña habilidades que puedes aplicar toda la vida ¿Tiene limitaciones? Aunque es muy eficaz, no es una “solución mágica”: Requiere implicación activa del paciente Puede resultar exigente (hay tareas entre sesiones) No siempre profundiza tanto en el pasado como otras terapias Aun así, muchas personas encuentran en la TCC un enfoque transformador. Conclusión: aprender a pensar mejor para vivir mejor La gran aportación de Aaron Beck fue demostrar algo tan sencillo como poderoso:👉 nuestros pensamientos no son hechos, y podemos aprender a cambiarlos. La Terapia Cognitivo-Conductual no busca eliminar las emociones negativas (algo imposible), sino ayudarte a relacionarte de forma más saludable con lo que piensas y sientes. En definitiva, se trata de adquirir una habilidad fundamental para la vida:cuestionar lo que pasa por tu mente y construir una mirada más equilibrada y realista.

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¿Por qué me atraen personas que no me convienen?

Hay una pregunta que muchas personas se hacen en silencio después de varias decepciones sentimentales: ¿por qué siempre me pasa lo mismo? Cambian los nombres, las historias y los escenarios, pero el resultado parece repetirse. Relaciones que empiezan con ilusión y acaban en dolor. Promesas que no se cumplen. Personas que, de una forma u otra, terminan haciendo daño. Lejos de ser una cuestión de “mala suerte”, este patrón suele tener raíces más profundas. Entenderlas no solo alivia la frustración, sino que abre la puerta a relaciones más sanas y conscientes. El patrón invisible: repetir sin darte cuenta El ser humano tiende a lo conocido, incluso cuando lo conocido duele. Esto ocurre porque nuestra mente busca coherencia interna. Si has crecido en un entorno donde el amor estaba ligado a la inseguridad, la distancia emocional o el conflicto, es posible que tu cerebro haya aprendido que eso es “normal”. Sin darte cuenta, puedes sentirte más atraído por personas que activan esas emociones familiares, aunque sean incómodas. No es una elección consciente, sino un patrón aprendido. Heridas emocionales no resueltas Muchas veces, las relaciones que nos hacen daño conectan directamente con heridas del pasado: Miedo al abandono Baja autoestima Necesidad de validación Carencias afectivas en la infancia Cuando estas heridas no se han trabajado, es fácil caer en relaciones donde intentas, inconscientemente, “reparar” lo que dolió en su momento. Por ejemplo, buscar el amor de alguien emocionalmente distante puede ser una forma de intentar conseguir, ahora sí, la atención que antes faltó. El problema es que esto suele perpetuar el dolor, no resolverlo. La trampa de la química intensa A veces confundimos intensidad con amor. Esa conexión inmediata, ese “enganche” rápido, puede parecer una señal de que la relación es especial. Sin embargo, en muchos casos, esa intensidad está más relacionada con la activación de patrones emocionales que con una compatibilidad real. Las relaciones sanas, en cambio, suelen construirse de forma más tranquila, progresiva y estable. Pero si estás acostumbrado al caos emocional, esa calma puede parecer aburrida o incluso sospechosa. Creencias limitantes sobre el amor Las ideas que tienes sobre el amor influyen directamente en tus elecciones. Algunas creencias comunes que pueden llevar a relaciones dañinas son: “Tengo que esforzarme mucho para que me quieran” “El amor duele” “No voy a encontrar a alguien mejor” “Si cambio, la otra persona también cambiará” Estas creencias actúan como filtros: condicionan lo que toleras, lo que justificas y lo que decides aceptar. El papel de la autoestima Cuando la autoestima está debilitada, es más probable: Conformarse con menos de lo que se merece Justificar comportamientos dañinos Tener miedo a poner límites Permanecer en relaciones insatisfactorias No es que “atraigas” personas que hacen daño de forma mágica, sino que, en muchos casos, toleras más de lo que deberías o eliges desde un lugar de carencia. El miedo a la soledad El miedo a quedarse solo puede empujar a mantener relaciones que no son saludables. A veces, el dolor de una mala relación parece más llevadero que la incertidumbre de estar sin pareja. Esto puede hacer que ignores señales de alerta desde el principio o que prolongues vínculos que ya sabes que no funcionan. Cómo romper el ciclo Cambiar este patrón es posible, pero requiere un trabajo interno honesto y constante. 1. Toma conciencia Identifica qué tipo de personas sueles elegir y qué tienen en común tus relaciones pasadas. Detectar el patrón es el primer paso para cambiarlo. 2. Revisa tu historia emocional Pregúntate qué aprendiste sobre el amor en tu infancia o en relaciones anteriores. Muchas respuestas están ahí. 3. Trabaja tu autoestima Aprender a valorarte cambia radicalmente el tipo de relaciones que aceptas. Cuando sabes lo que mereces, es más fácil poner límites. 4. Aprende a detectar señales de alerta Presta atención a comportamientos como la falta de compromiso, la manipulación emocional o la inconsistencia. No los justifiques. 5. No confundas intensidad con conexión Date tiempo para conocer a la otra persona. Las relaciones sanas no necesitan prisa. 6. Considera la ayuda profesional Un proceso terapéutico puede ayudarte a entender tus patrones y a desarrollar herramientas para relacionarte de forma más saludable. Elegir desde la conciencia, no desde la herida El cambio no consiste en “dejar de atraer” a cierto tipo de personas, sino en aprender a elegir de forma diferente. Cuando sanas tus heridas, fortaleces tu autoestima y cuestionas tus creencias, empiezas a construir relaciones desde un lugar más seguro. Y entonces ocurre algo importante: ya no te conformas con lo que duele. Empiezas a reconocer lo que cuida, lo que respeta y lo que suma. Porque el amor sano no debería dejarte roto, sino ayudarte a crecer.

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¿Sabías que existe un trastorno en el que la persona cree estar muerta?

El trastorno de Cotard es una condición psiquiátrica extremadamente rara y llamativa en la que la persona tiene la firme creencia de estar muerta, de no existir, de haber perdido partes de su cuerpo o incluso de no tener órganos internos. Aunque pueda parecer una idea propia de la ficción, se trata de un fenómeno clínico descrito dentro de los trastornos delirantes graves y asociado en muchos casos a depresión psicótica o a trastornos neurológicos. Este cuadro también se conoce como síndrome del cadáver andante o delirio de negación nihilista, precisamente por esa sensación radical de inexistencia que experimenta quien lo padece. ¿Qué es exactamente el trastorno de Cotard? El trastorno de Cotard puede entenderse como un tipo de delirio nihilista en el que la persona construye una realidad interna en la que ella misma, su cuerpo o incluso el mundo han dejado de existir. Delirio de Cotard  →  creencia fija de no existencia o muerte No se trata de una metáfora ni de una forma de hablar: la persona lo vive como una convicción absoluta, no como una idea pasajera o una duda. Esta creencia no se corrige fácilmente con la lógica ni con la evidencia externa. Origen del término El síndrome debe su nombre al neurólogo francés Jules Cotard, quien lo describió en 1880 al estudiar pacientes que afirmaban estar muertos o no tener órganos internos. Cotard denominó a este cuadro inicialmente como “delirio de negación”, destacando su carácter extremo dentro de los trastornos psiquiátricos. Síntomas principales El trastorno de Cotard puede presentarse de forma progresiva y con distintos niveles de intensidad. Los síntomas más característicos incluyen: 1. Delirios de inexistencia La persona cree que: Está muerta. No existe. Ha perdido su alma o su identidad. El mundo ha dejado de ser real. 2. Negación del cuerpo Es frecuente la convicción de: No tener órganos internos. Haber perdido sangre, cerebro o funciones vitales. Estar en estado de descomposición. 3. Distorsión emocional extrema Sensación de vacío absoluto. Anhedonia profunda (incapacidad para sentir placer). Desconexión emocional total. 4. Conductas asociadas Aislamiento social severo. Negativa a comer o beber en casos graves. Abandono del autocuidado. En algunos casos, riesgo de conductas autolesivas. ¿A qué se asocia el síndrome de Cotard? Aunque puede aparecer de forma aislada, lo más habitual es que el trastorno de Cotard esté vinculado a otras condiciones: Depresión mayor con síntomas psicóticos Trastorno bipolar en fase depresiva grave Esquizofrenia Trastornos neurológicos (lesiones cerebrales, epilepsia, demencias) Estados confusionales o delirium En muchos casos, el síndrome no es un diagnóstico independiente, sino una manifestación extrema de un trastorno subyacente. Causas posibles: ¿por qué ocurre? No existe una única causa, pero la investigación apunta a una combinación de factores: Alteraciones cerebrales Se han observado disfunciones en áreas relacionadas con: El reconocimiento del propio cuerpo. La emoción. La percepción de la realidad. Depresión severa En algunos casos, el pensamiento depresivo extremo puede evolucionar hacia una negación total del propio ser. Factores neurológicos Lesiones en el lóbulo frontal o parietal pueden alterar la percepción de identidad corporal. Desconexión emocional extrema El cerebro puede “desvincular” la experiencia emocional de la identidad, generando una sensación de inexistencia. Diagnóstico El diagnóstico del trastorno de Cotard es clínico y debe ser realizado por profesionales de salud mental. No existen pruebas específicas, pero sí una evaluación exhaustiva que incluye: Entrevista psiquiátrica. Evaluación del estado de ánimo. Exploración de posibles trastornos psicóticos. Pruebas neurológicas si se sospechan causas orgánicas. Es fundamental diferenciarlo de otros trastornos delirantes o depresivos graves. Tratamiento Aunque el trastorno de Cotard es grave, sí tiene tratamiento y en muchos casos puede mejorar significativamente con intervención adecuada. 1. Tratamiento farmacológico Antidepresivos. Antipsicóticos. Estabilizadores del ánimo en algunos casos. 2. Terapia electroconvulsiva (TEC) En casos graves o resistentes, la TEC ha mostrado eficacia especialmente cuando el síndrome está asociado a depresión psicótica severa. 3. Psicoterapia Acompañamiento psicológico. Reestructuración cognitiva progresiva. Trabajo con la percepción de la realidad y la identidad. 4. Hospitalización Puede ser necesaria en fases agudas para garantizar seguridad y estabilización. Evolución y pronóstico El pronóstico varía según la causa subyacente. En casos relacionados con depresión, el tratamiento adecuado puede llevar a una recuperación significativa. Cuando está asociado a enfermedades neurológicas, el curso puede ser más complejo. Lo importante es que, con intervención precoz, muchos pacientes mejoran notablemente. Un trastorno poco frecuente, pero muy revelador El síndrome de Cotard es raro, pero resulta especialmente relevante para la comprensión de la mente humana. Muestra hasta qué punto la identidad, la percepción del cuerpo y la conciencia de existir dependen de procesos cerebrales complejos y frágiles. También recuerda algo esencial: la realidad que experimentamos no es solo externa, sino una construcción del cerebro. Cuando esa construcción se altera, la experiencia del “yo” puede fragmentarse de formas extremas. Conclusión El trastorno de Cotard no es simplemente una curiosidad clínica, sino una condición grave que refleja el impacto profundo que ciertos trastornos psiquiátricos y neurológicos pueden tener sobre la identidad personal. A pesar de su rareza, su estudio ha contribuido a comprender mejor la relación entre cerebro, conciencia y percepción de la realidad, y subraya la importancia de la atención temprana en los trastornos mentales graves.

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Entrevista a Nayara Ortega, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

En un contexto donde la salud mental ha ganado visibilidad, pero también se ha visto rodeada de mensajes simplificados y a veces confusos, resulta fundamental escuchar la voz de profesionales que trabajan desde el rigor, la experiencia y la cercanía. En esta entrevista, profundizamos en la mirada de una psicóloga, Nayara Ortega que entiende la salud mental no solo desde la teoría, sino también desde la vivencia personal y el contacto directo con sus pacientes. A lo largo de la conversación, se abordan temas clave como el impacto de las redes sociales, la importancia del vínculo terapéutico, las señales invisibles del malestar emocional o el papel del autoconocimiento real frente a la superficialidad actual. Una reflexión honesta y necesaria sobre cómo vivimos, sentimos y gestionamos nuestras emociones en una sociedad marcada por la inmediatez, la autoexigencia y la comparación constante. Nayara, ¿qué experiencias personales o momentos clave marcaron tu manera de entender la salud mental más allá de la formación académica, y cómo han influido en tu forma de trabajar con pacientes? Estudié Psicología por vocación. Debido a ciertas situaciones familiares, entendí desde muy temprana edad que sin salud mental no hay salud. En general, nos resulta más fácil identificar el dolor o malestar físico que el emocional, a pesar de que este último puede llegar a ser mucho más limitante en nuestro día a día. Creo firmemente en la importancia de los vínculos y en la necesidad de sentirnos seguros y escuchados como base fundamental para la mejora. Por eso intento ejercer una psicología cercana, humana y siempre apoyada en la evidencia científica.   En un mundo donde cada vez se habla más de psicología en redes sociales, ¿cómo distingues entre divulgación útil y contenido que puede simplificar en exceso problemas complejos? Las redes sociales están diseñadas para captar la atención en muy poco tiempo, y es complicado explicar un tema con todos sus matices en 60 segundos. Para mí, algo fundamental es evitar una divulgación basada en afirmaciones absolutas o que estigmatizan. Es frecuente encontrar contenido del tipo: “si haces estas 4 cosas es que eres…”. Este tipo de mensajes simplifica en exceso y deja fuera muchos factores que pueden explicar la conducta en un momento determinado. La buena divulgación informa, contextualiza y evita etiquetar de forma reduccionista.   ¿Cómo crees que está cambiando la relación entre paciente y terapeuta en la era digital, especialmente con el auge de la terapia online y la exposición constante en redes? La era digital ha traído ventajas importantes, como una mayor accesibilidad a la terapia y la posibilidad de llegar a personas que antes no podían acceder a ella. Sin embargo, también ha generado ciertos retos, como la expectativa de inmediatez o la exposición constante a información psicológica que puede generar confusión. La relación terapéutica sigue siendo el pilar fundamental del proceso, y es importante cuidar el encuadre, los límites y la calidad del vínculo, independientemente del formato online o presencial.   Trabajas desde un enfoque cognitivo-conductual, pero ¿en qué momentos sientes que este modelo necesita complementarse con otras perspectivas para adaptarse mejor a cada persona? El trabajo en psicología siempre debe adaptarse a las necesidades del paciente. Para ello, es fundamental escuchar con detalle su historia y realizar un buen análisis funcional de sus circunstancias. Aunque mi base sea el enfoque cognitivo-conductual, considero esencial ser flexible a la hora de intervenir, integrando otras perspectivas cuando la situación lo requiere, siempre en función de lo que mejor se ajuste a la persona.   ¿Qué señales sutiles suelen pasar desapercibidas en alguien que aparentemente “está bien”, pero que en realidad podría estar atravesando un malestar psicológico importante? Es importante prestar atención a pequeños cambios en el comportamiento: si la persona está más callada o aislada, si ha habido cambios en sus hábitos de alimentación o en el sueño, si muestra menos interés por actividades que antes disfrutaba o si se percibe más irritable. A menudo, estas señales pasan desapercibidas, pero pueden ser indicadores de un malestar más profundo.   ¿Cómo influye el entorno social actual —inmediatez, comparación constante, exigencia de productividad— en la aparición de nuevos tipos de malestar emocional? Creo que el ritmo de vida actual nos dificulta conectar con nosotros mismos. No nos damos el tiempo necesario para reflexionar sobre cómo nos sentimos, qué nos ha llevado a ese punto y qué podemos hacer para cambiarlo. Además, la comparación constante puede afectar negativamente a la autoestima y generar una sensación continua de insatisfacción personal.   En tu experiencia clínica, ¿qué papel juega el autoconocimiento real frente al autoconocimiento  superficial  que  muchas  veces  se  promueve  en  redes? El autoconocimiento real marca una gran diferencia tanto a nivel intrapersonal como interpersonal. Conocernos en profundidad nos permite ser más reflexivos, entender qué nos desestabiliza, qué nos regula y cómo poner límites de forma saludable. Esto favorece relaciones de mayor calidad y una mayor coherencia personal. El autoconocimiento superficial, en cambio, puede quedarse en etiquetas sin un verdadero proceso de comprensión.   ¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometen las personas cuando intentan gestionar sus emociones  sin acompañamiento          profesional? Uno de los errores más frecuentes es normalizar síntomas que, con el tiempo, pueden derivar en la cronificación de un problema de salud mental. También es habitual intentar evitar o suprimir las emociones en lugar de comprenderlas, o aplicar estrategias generales que no siempre se ajustan a la situación individual.   ¿Qué importancia le das a la psicoeducación del paciente sobre el funcionamiento del cerebro  y   cómo   impacta   esto   en   su   proceso   terapéutico? Le doy mucha importancia. En sesión dedico tiempo a explicar al paciente cómo funciona el cerebro, qué papel tienen distintas áreas y cómo esto se relaciona con su conducta. He observado que cuando la persona entiende qué le ocurre y por qué, se implica mucho más en su proceso terapéutico y se siente más capaz de generar cambios.   En el trabajo con adolescentes, ¿qué retos específicos encuentras hoy en día que no eran   tan   evidentes  en generaciones anteriores? Uno

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¿Sabías que no es lo que pasa, sino lo que piensas, lo que te afecta?

La forma en que interpretamos lo que nos sucede determina en gran medida cómo nos sentimos y cómo actuamos. Esta idea, que hoy parece evidente, fue revolucionaria en los años 50 gracias a Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC). Su propuesta, conocida como Modelo ABC, es una herramienta sencilla y práctica que nos ayuda a comprender y modificar la relación entre pensamientos, emociones y conductas. ¿En qué consiste el Modelo ABC? Ellis explicó que muchas veces pensamos que nuestras emociones dependen directamente de lo que nos ocurre. Por ejemplo, creemos que “estoy triste porque alguien me rechazó” o que “me siento ansioso porque tengo una entrevista de trabajo”. Sin embargo, lo que realmente determina cómo nos sentimos no es el hecho en sí, sino la interpretación que hacemos de ese hecho. De ahí surge el Modelo ABC: A (Activating Event – Acontecimiento activador): Es la situación o hecho que ocurre. Puede ser algo externo (una discusión, perder un examen, recibir una crítica) o interno (un recuerdo, una preocupación, un pensamiento intrusivo). B (Beliefs – Creencias): Son los pensamientos, interpretaciones y creencias que elaboramos a partir de lo sucedido. Estas creencias pueden ser racionales (realistas, flexibles, útiles) o irracionales (distorsionadas, absolutistas, rígidas). C (Consequences – Consecuencias): Se refieren a las emociones y conductas que resultan de esas creencias. Ansiedad, tristeza, ira, evitación o bloqueo pueden aparecer si las creencias son irracionales; mientras que calma, aceptación o motivación pueden surgir si los pensamientos son más racionales. Ellis lo resumía así: “No son los hechos los que nos perturban, sino lo que pensamos acerca de esos hechos”. Ejemplo práctico Imagina la siguiente situación: A (Acontecimiento activador): Un amigo no responde tu mensaje. B (Creencia): Opción irracional: “Ya no le importo, seguro me está ignorando a propósito”. Opción racional: “Probablemente esté ocupado, ya responderá cuando pueda”. C (Consecuencia): Si piensas de forma irracional, sentirás ansiedad, tristeza o enojo, y quizás lo enfrentes con reproches. Si piensas de forma racional, mantendrás la calma, esperarás su respuesta y seguirás con tu día. La diferencia está en el B: la interpretación. ¿Por qué es tan importante el Modelo ABC? El Modelo ABC no solo explica cómo funciona nuestra mente, sino que también ofrece un camino para mejorar nuestra salud mental: Favorece la autoconciencia: Aprendemos a identificar qué pensamos y cómo eso impacta en nuestras emociones. Reduce el malestar emocional: Al detectar pensamientos irracionales, podemos cuestionarlos y sustituirlos por otros más adaptativos. Promueve la resiliencia: Nos ayuda a responder de forma más flexible ante las dificultades, sin quedarnos atrapados en reacciones automáticas negativas. Facilita el cambio conductual: Cambiar cómo interpretamos lo que ocurre también cambia cómo actuamos. ¿Cómo aplicar el Modelo ABC en tu vida? Ellis proponía un ejercicio práctico que cualquiera puede incorporar en su día a día: Anota el acontecimiento (A): Describe lo que sucedió de manera objetiva, sin juicios. Ejemplo: “Llegué tarde al trabajo porque había mucho tráfico”. Identifica tu creencia (B): Pregúntate qué pensaste en ese momento. Ejemplo: “Soy un desastre, nunca hago nada bien” o “Hoy el tráfico estaba peor de lo normal, no siempre está en mis manos llegar puntual”. Observa las consecuencias (C): Toma nota de cómo te sentiste y qué hiciste después. Ejemplo: Con la primera creencia aparece culpa y desmotivación; con la segunda, aceptación y capacidad para seguir con tu día. Reformula tu pensamiento: Sustituye la creencia irracional por una más realista y útil. Ejemplo: “Hoy llegué tarde, pero puedo avisar la próxima vez y salir con más tiempo para prevenirlo”. Este ejercicio, repetido con frecuencia, entrena a la mente para detectar pensamientos automáticos irracionales y transformarlos. Los cuatro tipos de creencias irracionales más comunes Albert Ellis identificó varias creencias irracionales que suelen estar en la base del malestar emocional: Exigencias absolutistas: Pensar en términos de “debo” o “tengo que”. Ejemplo: “Debo ser amado y aceptado por todos”. Catastrofismo: Magnificar lo negativo. Ejemplo: “Si fracaso en esto, será terrible y no lo soportaré”. Baja tolerancia a la frustración: Creer que no se puede manejar la incomodidad. Ejemplo: “No puedo soportar que las cosas no salgan como quiero”. Condena global: Juzgar a uno mismo o a los demás de manera absoluta. Ejemplo: “Si me equivoco, soy un inútil”. Aprender a reconocerlas es el primer paso para cambiarlas. Más allá del ABC: la “D” y la “E” Con el tiempo, Ellis amplió su modelo e incluyó dos pasos más: D (Dispute – Debate): Cuestionar activamente las creencias irracionales. Preguntarse: ¿Qué pruebas tengo de que esto es verdad? ¿Es útil pensar así? ¿Existe otra interpretación posible? E (Effect – Efecto): Los efectos positivos de sustituir la creencia irracional por otra racional. Aparecen emociones más sanas y conductas más adaptativas. De este modo, el modelo completo es ABCDE, un esquema aún más práctico para el cambio personal. Conclusión El Modelo ABC de Albert Ellis es una herramienta poderosa para comprendernos mejor y transformar nuestro bienestar emocional. Recordemos: no siempre podemos elegir lo que nos ocurre, pero sí podemos decidir cómo interpretarlo. Ese cambio de perspectiva puede marcar la diferencia entre sentirnos atrapados en la ansiedad o vivir con mayor serenidad y resiliencia. Practicar el Modelo ABC es, en definitiva, un ejercicio de autocuidado y de responsabilidad personal con nuestra salud mental.    

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¿Por qué Albert Ellis es considerado el padre de la psicoterapia moderna?

Albert Ellis es conocido por haber desarrollado la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) en los años 50, una de las primeras formas de terapia cognitivo-conductual (TCC). Su enfoque, radical en su momento, sostenía que nuestras emociones no son causadas directamente por las situaciones, sino por nuestras creencias y pensamientos sobre esas situaciones. Desarrollo: El Enfoque Revolucionario de Ellis: Ellis argumentaba que las emociones negativas, como la ansiedad, la depresión o el enojo, no son el resultado de eventos externos, sino de las interpretaciones irracionales que hacemos sobre esos eventos. Por ejemplo, una situación de rechazo puede provocar una profunda tristeza no por el hecho en sí, sino por creencias como «no valgo nada» o «nunca seré amado». Para Ellis, identificar y desafiar esas creencias irracionales era la clave para lograr una mejor salud mental. Los Principios Clave de la TREC: A-B-C: El modelo básico de la TREC es el modelo A-B-C, donde A es el acontecimiento activador (eventos externos), B son las creencias sobre esos eventos, y C es la consecuencia emocional. La clave está en que no es A lo que causa C, sino B, nuestras creencias. Disputa de creencias irracionales: Una parte central de la TREC es desafiar estas creencias irracionales, cuestionar su validez y reemplazarlas por pensamientos más racionales y realistas. Aceptación incondicional de uno mismo: Ellis enseñaba que aceptar que todos cometemos errores y que ningún ser humano es perfecto es crucial para dejar de castigarnos psicológicamente por nuestras fallas o errores. Diferencias con otras Terapias: A diferencia del psicoanálisis, que enfatiza el pasado y los traumas inconscientes, Ellis propuso que el cambio en el presente es más efectivo, enfocándose en cambiar patrones de pensamiento distorsionados. Además, en comparación con las terapias centradas en la emoción o el comportamiento, la TREC da un peso particular al pensamiento lógico y a la capacidad de analizar nuestras propias creencias irracionales. Impacto de la TREC en la Psicología Moderna: Ellis fue uno de los pioneros de la terapia cognitivo-conductual (TCC), que hoy en día es una de las formas más efectivas y utilizadas de tratamiento psicológico, especialmente para trastornos como la ansiedad, la depresión, y los problemas de autoestima. La TREC sigue siendo una de las terapias más prácticas y directas, enfocada en ayudar a las personas a reconocer patrones de pensamiento nocivos y sustituirlos por creencias más sanas y funcionales. Cómo Aplicar la TREC en la Vida Cotidiana: La obra de Ellis no solo es relevante para la terapia clínica; sus principios pueden ser aplicados por cualquier persona que busque mejorar su bienestar emocional. Algunas técnicas útiles incluyen escribir un diario de creencias, en el que las personas pueden identificar sus pensamientos automáticos y luego disputarlos con lógica. Otro consejo práctico es preguntarse «¿Qué evidencia tengo de que este pensamiento es verdadero?» cuando se experimentan emociones fuertes basadas en creencias negativas. El legado de Albert Ellis sigue siendo profundo en la psicología moderna. Su enfoque en cómo los pensamientos irracionales pueden afectar nuestras emociones y comportamientos ofrece herramientas prácticas para mejorar la salud mental de manera efectiva. Al ayudarnos a comprender que no son los eventos externos los que nos afectan, sino cómo los interpretamos, la TREC de Ellis sigue siendo una técnica poderosa para quienes buscan un cambio significativo en sus vidas.  

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