Psicosis

¿Sabías que existe un trastorno en el que la persona cree estar muerta?

El trastorno de Cotard es una condición psiquiátrica extremadamente rara y llamativa en la que la persona tiene la firme creencia de estar muerta, de no existir, de haber perdido partes de su cuerpo o incluso de no tener órganos internos. Aunque pueda parecer una idea propia de la ficción, se trata de un fenómeno clínico descrito dentro de los trastornos delirantes graves y asociado en muchos casos a depresión psicótica o a trastornos neurológicos. Este cuadro también se conoce como síndrome del cadáver andante o delirio de negación nihilista, precisamente por esa sensación radical de inexistencia que experimenta quien lo padece. ¿Qué es exactamente el trastorno de Cotard? El trastorno de Cotard puede entenderse como un tipo de delirio nihilista en el que la persona construye una realidad interna en la que ella misma, su cuerpo o incluso el mundo han dejado de existir. Delirio de Cotard  →  creencia fija de no existencia o muerte No se trata de una metáfora ni de una forma de hablar: la persona lo vive como una convicción absoluta, no como una idea pasajera o una duda. Esta creencia no se corrige fácilmente con la lógica ni con la evidencia externa. Origen del término El síndrome debe su nombre al neurólogo francés Jules Cotard, quien lo describió en 1880 al estudiar pacientes que afirmaban estar muertos o no tener órganos internos. Cotard denominó a este cuadro inicialmente como “delirio de negación”, destacando su carácter extremo dentro de los trastornos psiquiátricos. Síntomas principales El trastorno de Cotard puede presentarse de forma progresiva y con distintos niveles de intensidad. Los síntomas más característicos incluyen: 1. Delirios de inexistencia La persona cree que: Está muerta. No existe. Ha perdido su alma o su identidad. El mundo ha dejado de ser real. 2. Negación del cuerpo Es frecuente la convicción de: No tener órganos internos. Haber perdido sangre, cerebro o funciones vitales. Estar en estado de descomposición. 3. Distorsión emocional extrema Sensación de vacío absoluto. Anhedonia profunda (incapacidad para sentir placer). Desconexión emocional total. 4. Conductas asociadas Aislamiento social severo. Negativa a comer o beber en casos graves. Abandono del autocuidado. En algunos casos, riesgo de conductas autolesivas. ¿A qué se asocia el síndrome de Cotard? Aunque puede aparecer de forma aislada, lo más habitual es que el trastorno de Cotard esté vinculado a otras condiciones: Depresión mayor con síntomas psicóticos Trastorno bipolar en fase depresiva grave Esquizofrenia Trastornos neurológicos (lesiones cerebrales, epilepsia, demencias) Estados confusionales o delirium En muchos casos, el síndrome no es un diagnóstico independiente, sino una manifestación extrema de un trastorno subyacente. Causas posibles: ¿por qué ocurre? No existe una única causa, pero la investigación apunta a una combinación de factores: Alteraciones cerebrales Se han observado disfunciones en áreas relacionadas con: El reconocimiento del propio cuerpo. La emoción. La percepción de la realidad. Depresión severa En algunos casos, el pensamiento depresivo extremo puede evolucionar hacia una negación total del propio ser. Factores neurológicos Lesiones en el lóbulo frontal o parietal pueden alterar la percepción de identidad corporal. Desconexión emocional extrema El cerebro puede “desvincular” la experiencia emocional de la identidad, generando una sensación de inexistencia. Diagnóstico El diagnóstico del trastorno de Cotard es clínico y debe ser realizado por profesionales de salud mental. No existen pruebas específicas, pero sí una evaluación exhaustiva que incluye: Entrevista psiquiátrica. Evaluación del estado de ánimo. Exploración de posibles trastornos psicóticos. Pruebas neurológicas si se sospechan causas orgánicas. Es fundamental diferenciarlo de otros trastornos delirantes o depresivos graves. Tratamiento Aunque el trastorno de Cotard es grave, sí tiene tratamiento y en muchos casos puede mejorar significativamente con intervención adecuada. 1. Tratamiento farmacológico Antidepresivos. Antipsicóticos. Estabilizadores del ánimo en algunos casos. 2. Terapia electroconvulsiva (TEC) En casos graves o resistentes, la TEC ha mostrado eficacia especialmente cuando el síndrome está asociado a depresión psicótica severa. 3. Psicoterapia Acompañamiento psicológico. Reestructuración cognitiva progresiva. Trabajo con la percepción de la realidad y la identidad. 4. Hospitalización Puede ser necesaria en fases agudas para garantizar seguridad y estabilización. Evolución y pronóstico El pronóstico varía según la causa subyacente. En casos relacionados con depresión, el tratamiento adecuado puede llevar a una recuperación significativa. Cuando está asociado a enfermedades neurológicas, el curso puede ser más complejo. Lo importante es que, con intervención precoz, muchos pacientes mejoran notablemente. Un trastorno poco frecuente, pero muy revelador El síndrome de Cotard es raro, pero resulta especialmente relevante para la comprensión de la mente humana. Muestra hasta qué punto la identidad, la percepción del cuerpo y la conciencia de existir dependen de procesos cerebrales complejos y frágiles. También recuerda algo esencial: la realidad que experimentamos no es solo externa, sino una construcción del cerebro. Cuando esa construcción se altera, la experiencia del “yo” puede fragmentarse de formas extremas. Conclusión El trastorno de Cotard no es simplemente una curiosidad clínica, sino una condición grave que refleja el impacto profundo que ciertos trastornos psiquiátricos y neurológicos pueden tener sobre la identidad personal. A pesar de su rareza, su estudio ha contribuido a comprender mejor la relación entre cerebro, conciencia y percepción de la realidad, y subraya la importancia de la atención temprana en los trastornos mentales graves.

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¿Cómo se ve un episodio psicótico desde dentro del cerebro?

Los episodios psicóticos son experiencias complejas y desconcertantes que afectan tanto a quien los vive como a quienes le rodean. Aunque pueden parecer misteriosos o difíciles de entender, hoy sabemos bastante sobre lo que ocurre en el cerebro durante estos momentos. En este texto te explicamos de forma clara y sencilla qué sucede en el cerebro cuando una persona atraviesa un episodio psicótico. ¿Qué es un episodio psicótico? Primero, es importante saber qué es un episodio psicótico. La psicosis es un estado en el que la persona pierde contacto con la realidad. Esto puede manifestarse en varias formas, como: Alucinaciones: percibir cosas que no existen, como oír voces o ver imágenes. Delirios: creencias falsas o ideas erróneas que la persona sostiene con mucha convicción, por ejemplo, pensar que alguien quiere hacerle daño sin razón. Pensamiento desorganizado: dificultad para ordenar ideas o comunicarse con coherencia. Comportamientos extraños: acciones fuera de lo común o inapropiadas para la situación. Estos síntomas pueden presentarse en distintos trastornos, como la esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, episodios maníacos con psicosis, o debido a causas médicas o consumo de sustancias. ¿Qué ocurre en el cerebro? Durante un episodio psicótico, ocurren varios cambios en el cerebro a nivel químico, estructural y funcional. Aunque aún no se conocen todos los detalles, la ciencia ha identificado algunos mecanismos clave: Desequilibrio en neurotransmisores Los neurotransmisores son sustancias químicas que transmiten señales entre las neuronas, las células del cerebro. Dos de los neurotransmisores más implicados en la psicosis son: Dopamina: Se sabe que en los episodios psicóticos hay un aumento excesivo de actividad dopaminérgica, especialmente en ciertas áreas del cerebro como el sistema límbico, que está relacionado con las emociones y la motivación. Este exceso de dopamina puede causar alucinaciones y delirios. Glutamato: Es otro neurotransmisor importante que está involucrado en la comunicación neuronal. Se cree que una función alterada del glutamato también contribuye a la aparición de síntomas psicóticos, afectando el procesamiento de la información. Cambios en la actividad cerebral Durante la psicosis, ciertas áreas del cerebro funcionan de manera diferente: Corteza prefrontal: Esta región, que se encarga de funciones ejecutivas como el razonamiento, la planificación y el control de impulsos, suele mostrar una disminución en su actividad. Esto puede explicar la dificultad para organizar pensamientos y controlar el comportamiento. Sistema límbico: Incluye estructuras como la amígdala y el hipocampo, que regulan las emociones y la memoria. La hiperactividad en esta zona puede contribuir a la experiencia emocional intensa y a la interpretación errónea de la realidad. Alteraciones en la conectividad cerebral El cerebro funciona como una red compleja en la que distintas regiones se comunican entre sí. En la psicosis, se observa que esta comunicación o conectividad está alterada, lo que puede dificultar la integración adecuada de la información y provocar percepciones distorsionadas. ¿Por qué ocurren estos cambios? Las causas exactas no están del todo claras, pero se piensa que la psicosis surge de la interacción entre factores genéticos, biológicos y ambientales: Genética: Algunas personas tienen mayor predisposición debido a antecedentes familiares de trastornos psicóticos. Estrés y trauma: Situaciones de alta tensión, trauma o abuso pueden desencadenar un episodio en personas vulnerables. Consumo de sustancias: Drogas como el cannabis, la cocaína o anfetaminas pueden alterar el equilibrio químico cerebral y provocar síntomas psicóticos. Alteraciones neurobiológicas: Problemas en el desarrollo del cerebro o lesiones pueden influir en la aparición de psicosis. ¿Se puede tratar? Sí, hoy existen tratamientos efectivos para controlar y mejorar los episodios psicóticos. Los antipsicóticos son medicamentos que ayudan a regular el exceso de dopamina y otros neurotransmisores, reduciendo los síntomas como alucinaciones y delirios. Además, la terapia psicológica y el apoyo social son fundamentales para la recuperación y prevención de recaídas. En resumen Durante un episodio psicótico, el cerebro experimenta un desequilibrio en sustancias químicas y una alteración en la comunicación entre sus distintas áreas, lo que lleva a perder contacto con la realidad. Aunque es un proceso complejo, la ciencia está avanzando en entenderlo mejor, y hay tratamientos que permiten a muchas personas recuperarse y llevar una vida plena.  

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¿Qué es un brote psicótico?

La esquizofrenia es uno de los trastornos psiquiátricos más complejos y a menudo incomprendidos. Aunque la palabra «esquizofrenia» puede evocar muchas ideas erróneas, es crucial entender que se trata de una condición crónica que afecta la forma en que una persona piensa, siente y se comporta. En muchos casos, los brotes psicóticos son una manifestación clave de la esquizofrenia, pero es importante saber qué son y cómo se manejan para apoyar a quienes los padecen. ¿Qué es un Brote Psicótico? Un brote psicótico se refiere a un episodio en el cual una persona experimenta una desconexión temporal con la realidad. Durante un brote psicótico, la persona puede presentar síntomas como: Alucinaciones: percibir cosas que no están presentes, como escuchar voces, ver cosas o sentir sensaciones que no existen. Delirios: creencias erróneas e infundadas, como pensar que alguien los persigue o que tienen poderes especiales. Desorganización del pensamiento: dificultad para organizar y conectar pensamientos, lo que puede resultar en un discurso incoherente. Un brote psicótico no es exclusivo de la esquizofrenia; puede ocurrir en otros trastornos psiquiátricos o debido a factores externos como consumo de sustancias, estrés extremo o una enfermedad médica subyacente. La Esquizofrenia y los Brotes Psicóticos En el caso de la esquizofrenia, los brotes psicóticos son frecuentes, especialmente durante las primeras etapas del trastorno. La esquizofrenia se caracteriza por episodios psicóticos recurrentes, junto con otros síntomas como: Aplanamiento emocional: dificultad para experimentar emociones y responder apropiadamente a situaciones. Desorganización del comportamiento: dificultad para llevar a cabo tareas cotidianas, como vestirse o mantener la higiene. Dificultades cognitivas: problemas de memoria, concentración y toma de decisiones. La esquizofrenia afecta a aproximadamente 1 de cada 100 personas en todo el mundo, y los brotes psicóticos suelen ser más frecuentes en los primeros años de la enfermedad. Sin embargo, con el tratamiento adecuado, los pacientes pueden aprender a manejar los episodios y llevar una vida plena. Causas de los Brotes Psicóticos en la Esquizofrenia Aunque la causa exacta de la esquizofrenia no se comprende completamente, se sabe que varios factores pueden contribuir a su aparición, incluyendo: Genética: tener antecedentes familiares de esquizofrenia aumenta el riesgo de desarrollarla. Desequilibrios químicos: alteraciones en los neurotransmisores del cerebro, especialmente la dopamina, están relacionadas con los brotes psicóticos. Factores ambientales: situaciones de estrés extremo, abuso de sustancias o traumas durante la infancia pueden desencadenar episodios psicóticos. Alteraciones cerebrales: se han identificado diferencias estructurales en los cerebros de las personas con esquizofrenia, lo que podría contribuir a la aparición de los brotes. Cómo Abordar un Brote Psicótico La intervención temprana y el tratamiento adecuado son esenciales para manejar los brotes psicóticos en la esquizofrenia. Algunas estrategias incluyen: Tratamiento farmacológico: Los antipsicóticos son el pilar principal en el tratamiento de la esquizofrenia. Ayudan a controlar los síntomas psicóticos, como las alucinaciones y delirios. Terapia psicosocial: La terapia cognitivo-conductual, la psicoeducación y el entrenamiento en habilidades sociales pueden ser útiles para ayudar a los pacientes a lidiar con los efectos de la enfermedad y mejorar su calidad de vida. Apoyo familiar: El apoyo de los familiares es crucial en el proceso de recuperación. El entrenamiento familiar y la creación de un entorno de apoyo pueden reducir el riesgo de recaídas y mejorar el bienestar del paciente. Manejo de estrés: Estrategias de relajación, meditación y una vida estructurada pueden ayudar a reducir el estrés y prevenir futuros episodios psicóticos. El Estigma y la Importancia de la Empatía Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las personas con esquizofrenia es el estigma social. A menudo, los pacientes pueden sentirse marginados o incomprendidos debido a los síntomas psicóticos. La empatía, la educación y la sensibilización en la sociedad son fundamentales para crear un ambiente que apoye a quienes luchan contra esta enfermedad. Conclusión Los brotes psicóticos son una parte desafiante de la esquizofrenia, pero con un tratamiento adecuado y un entorno de apoyo, las personas pueden aprender a manejar su condición y vivir una vida satisfactoria. Es esencial que la sociedad reconozca la importancia de la intervención temprana, el tratamiento médico y el apoyo emocional para mejorar la calidad de vida de quienes padecen esquizofrenia. La comprensión y el apoyo de amigos, familiares y profesionales de la salud mental son cruciales para brindar una ayuda significativa a aquellos que atraviesan estos difíciles episodios.  

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¿Cómo se manifiesta la psicosis de angustia-felicidad en los pacientes?

Los rasgos clínicos de la psicosis de angustia-felicidad son los siguientes: Angustia intensa y fluctuante Angustia desconfiada Felicidad, éxtasis y placidez Delirios místico-religiosos Preocupación por la muerte Alucinaciones visuales complejas En esta psicosis la ansiedad, que es uno de los síntomas que se observa más frecuentemente no suele darse en forma pura y es habitual que aparezca junto a ideas de referencia, dando lugar a un cuadro de angustia desconfiada cursando con ideas de auto referencia frecuentemente complicada con pseudopercepciones. Así, los enfermos creen que son espiados que los vigilan, temen que serán castigados, etc. Es frecuente que aparezcan ideas hipocondriacas, con sensación de malestar fisco y no es raro que el paciente esté intranquilo, quejándose a veces con gritos, que realice intentos de fuga y en general, viviendo su situación con intenso terror. La angustia suele ser fluctuante, es decir, que oscile en intensidad de un momento a otro de su enfermedad, pero también que cambie a la experiencia contraria y el paciente experimente una intensa sensación de felicidad, verdaderas experiencias de éxtasis que pueden ser de felicidad plena. Perris (1974) llama la atención sobre el hecho de que un análisis superficial puede llevar al diagnóstico equivocado de manía, pero que una adecuada observación del paciente lleva al diagnóstico correcto. De acuerdo con una serie de autores puede afirmarse que frente a la experiencia del maniaco asociada a una manifiesta intranquilidad motora, la experiencia de felicidad del enfermo cicloide es estática, calmada y placentera. No es infrecuente que el sentimiento de felicidad de estos enfermos se acompañe de una sensación de contacto con Dios, llegándose a verdaderas experiencias de iluminación y de éxtasis pseudomístico, lo que constituye el centro de las psicosis de inspiración. En relación con estas experiencias místicas es interesante destacar, como ha mostrado Leonhard (1959) que los pacientes no se explican el origen de tales vivencias, que no pueden achacar a ninguna circunstancia, por lo que hablan de revelaciones. Los pacientes se sienten profetas, redentores, caudillos y sienten que pueden ayudar a los demás. Proclaman sus ideas con entusiasmo, hablan de forma patética y se sienten impulsados a grandes obras. Las psicosis paranoides agudas de Kleist, en la que este autor incluye la auto psicosis expansiva con ideas autóctonas de Wernicke y la alucinosis paranoide agudo, el modo en que el paciente vive el delirio es diferente al de los cuadros de grandeza de los enfermos maniacos. Lo que Wernicke entendía por ideas autóctonas eran creencias y revelaciones que crecen repentina y bruscamente, inspiraciones debidas a Dios, los ángeles y los santos. El psicótico de inspiración se siente conmovido y extrañado y si hace cosas importantes es, no porque él tenga ese poder, sino porque le es dado por Dios. Tal como ha señalado Anderson (1938); mientras que el paciente maniaco intenta olvidar sus experiencias al curar de su fase, el paciente cicloide que ha experimentado episodios de éxtasis tiende a interpretarlos como una experiencia enriquecedora que no debe ser olvidada. Un hecho notable que había señalado Vaillant (1964) en paciente que deben ser diagnosticados de psicosis cicloides (Perris, 1974) y que han sido confirmado por otros autores, es la existencia de una pronunciada preocupación por la muerte, un hecho que ha sido investigado por Perris y que debe ser considerado como característico de estas psicosis. La manifestación más común consiste en rumiación sobre la muerte sin ideas de suicidio, delirios sobre la muerte de parientes o en casos extremos experiencias alucinatorias visuales referentes a cuerpos muertos. Las experiencias alucinatorias son también frecuentes y estructuradas con el cuadro alucinatorio-confusional o con las experiencias de éxtasis anteriormente descritas. Pueden darse todas las formas posibles respecto al tipo de alucinaciones experimentado y aunque seguramente son mas frecuentes las auditivas son quizás más características las visuales sobre todo si se compara con la esquizofrenia procesual. Como ocurre con las ideas delirantes, la experiencia alucinatoria del cicloide es también diferente al del esquizofrénico. Tsutsumi et al (1967) analizaron el fenómeno alucinatorio y pusieron de manifiesto que no hay diferencias en términos de incidencia entre la esquizofrenia y la psicosis cicloides, pero que la diferencia se vuelve significativa cuando se analiza el modo de experimentar la alucinación. Estos autores estudiaron especialmente las alucinaciones olfatorias y señalaron que en los esquizofrénicos la alucinación olfatoria es vivida como si el olor procediera del propio cuerpo y fuera percibido por otras personas, mientras que en la psicosis cicloide el olor venia de afuera, de alguna parte y se asemejaba a la experiencia de las crisis uncinadas. (Información extraída de Psicosis cicloides: (psicosis marginales, bouffées delirantes) / Demetrio Barcia, 1998)

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¿Cómo los déficits neurocognitivos afectan a las personas con psicosis?

El primer autor en detallar el deterioro cognitivo característico de los trastornos psicóticos fue a principios del siglo XX, Emir Kraepelin (1919-1971) en sus descripciones clínicas de la demencia precoz. Kraepelin se percató de que determinados pacientes manifestaban una progresiva disminución funcional e intelectual a edades tempranas e identificó diversos déficits que incluían las alteraciones en la atención, aprendizaje y la resolución de problemas. Sugirió que estas alteraciones neurocognitivas explican el pobre funcionamiento social, personal y laboral de estos pacientes. Se estima que en torno a un 90% de los individuos con esquizofrenia presenta un deterioro clínicamente significativo en al menos un dominio neurocognitivo y el 75% en dos. Es probable, además que estas cifrase sean aun mayores debido a las limitaciones de los estudios que examinan estos déficits. El hecho de que solo un pequeño porcentaje de pacientes no manifieste déficits puede deberse al efecto de presentar un nivel superior de funcionamiento pre mórbido y/o reserva cognitiva frente a los pacientes que presentan déficits. Se ha planteado la necesidad de llevar a cabo comparaciones con subgrupo clínicos mas específicos. Por ejemplo Heinrichs et al. (2015) examinaron el funcionamiento neurocognitivo en pacientes con trastorno de espectro psicótico sin aparentes déficits neurocognitivos, controlando: El nivel de funcionamiento pre mórbido estimado El perfil neurocognitivo El nivel de razonamiento social y probabilístico Cuando se controlan estas variantes lo que se observa es que el subgrupo sin déficits presenta en realidad niveles inferiores en velocidad de procesamiento que individuos sin el trastorno. Estos resultados son consistentes con otros hallazgos que ponen de manifiesto una menor velocidad de procesamiento en los pacientes categorizados como “cognitivamente normales” Los déficits neurocognitivos parecen ser independientes de los síntomas clínicos de la psicosis. Aunque cabria suponer que la capacidad neurocognitiva estuviera afectada por la presencia de síntomas positivos (por ejemplo, las alucinaciones auditivas o los delirios), existe poca evidencia que apoye esta relación. Por el contrario, estos déficits parecen relacionarse de manera más consistente con los síntomas negativos (por ejemplo, la abulia, la alogia, la apatía o la anhedonia) y desorganizados, pero la cantidad de varianza compartida sigue siendo relativamente pequeña entre el 5 y 10%. La independencia entre el funcionamiento neurocognitivo y los síntomas clínicos se apoya en múltiples estudios que relevan la persistencia de las alteraciones neurocognitivas tanto en momentos de sintomatología severa como de revisión. Estas alteraciones han sido identificadas en estudios con muestras de individuos a lo largo de todo el continuo de severidad de la psicosis. El alcance y la gravedad de los déficits neurocognitivos tampoco parecen asociarse de forma consistente con el uso de anti psicóticos. A pesar de que algunos estudios han concluido que los anti psicóticos de primera generación podrían afectar a la neurocognición, este efecto no se ha observado con los de segunda generación e incluso su uso se ha realizado con ciertos beneficios. En todo  caso, estas diferencias a favor de los anti psicóticos de segunda generación  pueden deberse a otras variantes tales como las dosis utilizadas, la presencia de síntomas extra piramidales o la administración de agentes anti colinérgicos. Otros datos apoyan que los efectos adversos de los anti psicóticos sobre la neurocognición podrían ser el mecanismo por el cual se reducen los síntomas positivos. En concreto, Moritz et al. (2013) han considerado que la disminución de la velocidad de procesamiento y el incremento de la duda secundarios a los neurolépticos podrían ser el requisito previo para poder trabajar sobre los delirios y las alucinaciones. Diversos estudios han relacionado la capacidad neurocognitiva con el nivel de funcionamiento psicosocial en los trastornos del espectro de la psicosis. En concreto, se ha encontrado que los niveles de atención y vigilancia se asocian con el funcionamiento social; la memoria y el aprendizaje  verbal, con el nivel de independencia social y ocupacional, las funciones ejecutivas con el grado de independencia y la velocidad de procesamiento con la capacidad para trabajar. También se ha visto que son determinantes a la hora de predecir la evolución clínica del trastorno. En este sentido, los problemas de memoria pueden afectar a la adherencia a los tratamientos psicofarmacológicos y psicoterapéuticos. Los problemas de atención, razonamiento y memoria pueden limitar, a su vez la capacidad para comprender e interiorizar los conocimientos y habilidades adquiridos en psicoterapia y por tanto, impedir la correcta transferencia de las habilidades aprendidas a la vida diaria. (Información extraída de Evaluación de los trastornos del espectro psicótico Eduardo Fonseca Pedrero (Coordinador), 2018)

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¿Cómo el NHSI contribuye a la mejora del tratamiento personalizado en esquizofrenia?

El Índice de New Haven para la Esquizofrenia (NHSI) intenta operativizar el amplio concepto de esquizofrenia del DSM-II (Fenton y cols. 1982). Para este fin utilizan un complicado sistema de puntaciones en el que es necesario obtener un mínimo de cuatro puntos para el diagnostico de esquizofrenia. Aunque probablemente sea más útil para un screening diagnostico inicial, puede también utilizarse en estudios retrospectivos basados en material de archivo. No hay duda de que Índice de New Haven para la Esquizofrenia (NHSI) representa un conjunto de auténticos criterios aunque quizás no estén formulados de forma tan rigurosa como las definiciones de Feighner, los RDC o el DSM-III. La pauta de aplicación del NHSI parece dirigirse solo a los criterios de inclusión. Sin embargo, la primera publicación que introdujo el NHSI, exponía que no solo operaban como criterios de exclusión una enfermedad orgánica o el consumo de tóxicos, sino también una sintomatología afectiva intensa. Al igual que los criterios de Feighner, el NHSI contempla también ciertas formas anómalas de conductas (trastornos formales del pensamiento y autismo) o ciertas vivencias (ideas delirantes no depresivas o alucinaciones) como condiciones sine qua non para el diagnóstico de esquizofrenia. Tanto en el DSM-III como en los RDC, las reglas para la aplicación del diagnóstico de esquizofrenia conceden una gran importancia a las vivencias del paciente. En cambio en el NHSI, las anormalidades de la conducta y de las vivencias adquieren una importancia clínica similar, aunque existe un grupo de conductas y vivencias que puntúan más que otras. Esto significa que en el NHSI algunos tratarnos formales del pensamiento, a juzgar por los puntos que se les otorgan, se considera que están en un mismo plano clínico que los síntomas de primer orden. Además, los trastornos formales del pensamiento se consideran cruciales para el diagnostico incluso cuando no se acompañan de otros síntomas. En base a esto, se podría interpretar que el  NHSI representa un enfoque próximo al de Bleuler. Adema, como ocurre con el NHSI, el concepto de Feighner de la esquizofrenia también otorga un peso diagnostico similar, a algunos trastornos formales del pensamiento y a las ideas delirantes y alucinaciones. Sin embargo, el resto de criterios estrictos que forman las definiciones de Feighner implican con toda seguridad que estos síntomas conductuales no representan elementos cruciales para el diagnóstico de este trastorno. Por esta razón, el diagnostico de esquizofrenia de Feighner, cuando se compara con el NHSI, puede interpretarse como cercano al concepto de Kraepelin.   (Información extraída de Criterios diagnósticos para la esquizofrenia y las psicosis afectivas / P.Berner [et al.]; World Psychiatric Association, 1986)

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¿Cuáles Son las Causas y Síntomas del Trastorno Psicótico Breve?

La característica esencial del trastorno psicótico breve es una alteración que implica el inicio brusco de, al menos, uno de los siguientes síntomas psicóticos positivos: delirios, alucinaciones, discurso desorganizado (p. ej., disgregación o incoherencia frecuente) o comportamiento psicomotor muy anómalo, incluyendo la catatonía (Criterio A). El inicio brusco se define como un cambio de un estado no psicótico a otro claramente psicótico dentro de un periodo de 2 semanas, habitualmente sin pródromo. Un episodio del trastorno dura al menos 1 día, pero menos de 1 mes y el individuo al final retorna por completo al nivel de funcionamiento premórbido (Criterio B). El trastorno no se explica mejor por un trastorno depresivo o bipolar con características psicóticas, por un trastorno esquizoafectivo, ni por una esquizofrenia, y no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p.ej., un alucinógeno) o de otra afección médica (p. ej., hematoma subdural)(Criterio C). Los sujetos con trastorno psicótico breve normalmente experimentan agitación emocional o una gran confusión. Pueden presentar cambios rápidos de un afecto intenso a otro. Aunque el trastorno sea breve, el grado de disfunción puede ser grave, y puede requerirse supervisión para asegurarse de que las necesidades nutricionales e higiénicas se satisfacen y que el individuo está protegido de las consecuencias de la falta de juicio, de la disfunción cognitiva y de las acciones basadas en los delirios. Parece haber un aumento del riesgo de comportamiento suicida, en especial durante el episodio agudo. (Información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cómo Afectan las Drogas o Medicamentos al Desarrollo de Trastornos Psicóticos?

Las características esenciales del trastorno psicótico inducido por sustancias/medicamentos son los delirios o alucinaciones prominentes (Criterio A) que se consideran debidos a los efectos fisiológicos de una sustancia/medicamento (es decir, una droga, un medicamento o una toxina) (Criterio B). Las alucinaciones que el propio sujeto identifica como inducidas por sustancias/medicamentos no se incluyen aquí, y se diagnosticarían como intoxicación por sustancias o abstinencia de sustancias, acompañada del especificador “con alteraciones de la percepción” (se aplica a la abstinencia de alcohol, la intoxicación por cannabis, la abstinencia de sedantes, hipnóticos o ansiolíticos y la intoxicación por estimulantes). Un trastorno psicótico inducido por sustancias/medicamentos se distingue de un trastorno psicótico primario considerando el inicio, el curso y otros factores. Para las drogas deben encontrarse pruebas de consumo, intoxicación o abstinencia de sustancias en la historia, la exploración física o los hallazgos de laboratorio. Los trastornos psicóticos inducidos por sustancias/medicamentos surgen durante o poco después de la exposición a un medicamento, o tras la intoxicación o abstinencia de sustancias, pero pueden persistir durante semanas, mientras que los trastornos psicóticos primarios pueden preceder al inicio del uso de sustancias/medicamentos o pueden presentarse durante periodos de abstinencia prolongada. Una vez que se inician, los síntomas psicóticos pueden mantenerse mientras se continúe usando la sustancia/medicamento. Otro factor a considerar es la presencia de características que son atípicas de un trastorno psicótico primario (p.ej., una edad de inicio o un curso atípicos). Por ejemplo, la aparición de delirios de novo en una persona mayor de 35 años sin historia conocida de trastorno psicótico primario debería sugerir la posibilidad de un trastorno psicótico inducido por sustancias/medicamentos. Incluso una historia previa de trastorno psicótico primario no descarta la posibilidad de un trastorno psicótico inducido por sustancias/medicamentos. Por el contrario, algunos de los factores que sugieren que los síntomas psicóticos se explican mejor por un trastorno psicótico primario son la persistencia de síntomas psicóticos durante un periodo de tiempo sustancial (es decir, un mes o más) tras el fin de la intoxicación o la abstinencia aguda de una sustancia, o tras cesar el uso de un medicamento, y la presencia de antecedentes de algún trastorno psicótico primario recurrente. Deben considerarse otras causas de síntomas psicóticos incluso en los individuos con intoxicación o abstinencia de sustancias, puesto que los problemas por uso de sustancias no son infrecuentes entre los sujetos con trastornos psicóticos no inducidos por sustancias/medicamentos. Los trastornos psicóticos pueden asociarse a una intoxicación por los siguientes tipos de sustancias: alcohol, cannabis, alucinógenos como la fenciclidina y otras sustancias relacionadas, inhalantes, sedantes, hipnóticos y ansiolíticos, estimulantes (incluida la cocaína) y otras sustancias (o sustancias desconocidas). Los trastornos psicóticos pueden estar asociados a la abstinencia de los siguientes tipos de sustancias: alcohol, sedantes, hipnóticos y ansiolíticos, y otras sustancias (o sustancias desconocidas). Algunos de los medicamentos con los que se ha descrito la aparición de síntomas psicóticos son: anestésicos y analgésicos, agentes anticolinérgicos, anti convulsionantes, antihistamínicos, antihipertensivos y fármacos cardiovasculares, medicamentos antimicrobianos, fármacos anti parkinsonianos, agentes quimioterapéuticos (p.ej., ciclosporina, procarbazina), corticosteroides, medicamentos gastrointestinales, relajantes musculares, antiinflamatorios no esteroideos, otros medicamentos de venta sin receta (p.ej., fenilefrina, pseudoefedrina), fármacos antidepresivos y disulfiram. Las toxinas que se han descrito que pueden inducir síntomas psicóticos son: inhibidores de la acetilcolinesterasa, insecticidas organofosforados, sarín y otros gases nerviosos, monóxido de carbono, dióxido de carbono y sustancias volátiles como el combustible o la pintura.   (Información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)  

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¿Cuánto Dura un Episodio de Trastorno Esquizofreniforme?

Los síntomas característicos del trastorno esquizofreniforme son idénticos a los de la esquizofrenia (Criterio A).  El trastorno esquizofreniforme se distingue por su diferente duración: la duración total de la enfermedad, incluidas las fases prodrómicas, activa y residual, es de al menos 1 mes, pero menor de 6 meses (Criterio B). El requisito de duración del trastorno esquizofreniforme se encuentra entre el del trastorno psicótico breve, que dura más de 1 día y remite antes de 1 mes, y el de la esquizofrenia, que dura al menos 6 meses. El diagnóstico de trastorno esquizofreniforme se realiza en dos situaciones: 1) cuando un episodio de la enfermedad dura entre 1 y 6 meses y el sujeto ya ha recuperado, y 2) cuando un individuo tiene síntomas durante menos de los 6 meses requeridos para diagnosticar una esquizofrenia, pero todavía no se ha recuperado. En este caso, el diagnóstico debe anotarse como “trastorno esquizofreniforme (provisional)”, puesto que no es seguro que el individuo vaya a recuperarse del trastorno dentro del periodo de 6 meses. Si la alteración persiste más allá de los 6 meses, el diagnóstico debe cambiarse a esquizofrenia. Otra característica que distingue al trastorno esquizofreniforme es la ausencia de un criterio que requiera deterioro del funcionamiento social y laboral. Aunque, en potencia, dichas alteraciones puedan estar presentes, no son necesarias para diagnosticar el trastorno esquizofreniforme. Además de los cinco dominios sintomáticos identificados en los criterios diagnósticos, la evaluación de los dominios de síntomas cognitivos, depresivos y maniacos es fundamental para realizar distinciones de importancia crítica entre los diferentes trastornos del espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Al igual que en la esquizofrenia, no se dispone en la actualidad de pruebas de laboratorio o psicométricas para el trastorno esquizofreniforme. Hay múltiples regiones cerebrales en las que los estudios de neuroimagen, la neuropatología y la neurofisiología han encontrado anomalías, pero ninguna de ellas es diagnóstica. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cuáles Son los Criterios Diagnósticos del Trastorno Esquizoafectivo?

El diagnóstico del trastorno esquizoafectivo se basa en la valoración de un periodo ininterrumpido de enfermedad durante el cual el individuo sigue manifestando síntomas activos o residuales de la patología psicótica. El diagnóstico habitualmente, aunque no necesariamente, se hace durante el periodo de enfermedad psicótica. En algún momento del periodo debe cumplirse el Criterio A de la esquizofrenia. El Criterio B (disfunción social) y el F  (exclusión de un trastorno del espectro autista u otro trastorno de la comunicación de inicio en la infancia) de la esquizofrenia no tienen por qué cumplirse. Además de cumplir el Criterio A de la esquizofrenia, hay un episodio mayor del estado de animo (depresivo mayor o maniaco)(Criterio A para el trastorno esquizoafectivo). Puesto que la pérdida de interés o de placer es frecuente en la esquizofrenia, para cumplir el Criterio A del trastorno esquizoafectivo, el episodio depresivo mayor debe cursos con ánimo deprimido de manera generalizada (es decir, que la presencia de una disminución importante del interés o del placer no es suficiente). Los episodios de depresión o de manía están presentes durante la mayor parte de la duración total de la enfermedad (es decir, después de que se cumpla el Criterio A)(Criterio C del trastorno esquizoafectivo). Para diferenciar el trastorno esquizoafectivo de un trastorno depresivo o bipolar con características psicóticas, los delirios o alucinaciones deben estar presentes durante al menos 2 semanas en ausencia de un episodio mayor del estado de ánimo (depresivo o maniaco) en algún momento de la enfermedad (Criterio B para el trastorno esquizoafectivo). Los síntomas no son atribuibles a los efectos de una sustancia o a otra afección médica (Criterio D del trastorno esquizoafectivo). El Criterio C del trastorno esquizoafectivo especifica que los síntomas del estado de ánimo que cumplen los criterios de un episodio mayor del estado de ánimo deben estar presentes durante la mayor parte de las fases activas y residual de la enfermedad. El Criterio C requiere la valoración de los síntomas del estado de animo durante todo el curso de la enfermedad psicótica, lo que difiere del criterio del DSM-IV, que únicamente requería una valoración del periodo actual de la enfermedad. Si los síntomas del estado de ánimo solo están presentes durante un periodo relativamente breve, el diagnóstico es de esquizofrenia, no de trastorno esquizoafectivo. A la hora de decidir si la presentación de un individuo cumple el Criterio C, el clínico debe revisar toda la duración de la enfermedad psicótica (es decir, tanto los síntomas afectivos como los residuales) y determinar cuándo hubo síntomas del estado de animo significativos (no tratados o que necesitaron tratamiento con antidepresivos o fármacos estabilizadores del ánimo) acompañando a los síntomas psicóticos. Determinar esto requiere tanto información histórica suficiente como juicio clínico. Por ejemplo, un individuo con antecedentes de 4 años de síntomas activos y residuales de esquizofrenia desarrolla episodios depresivos y maniacos que, tomados en conjunto, no ocupan más de 1 año a lo largo de los 4 años de la historia de la enfermedad psicótica. Esta presentación no cumpliría el Criterio C. El funcionamiento laboral a menudo se ve afectado, pero esto no es un criterio definitorio (a diferencia de la esquizofrenia). La restricción del contacto social y las dificultades con el autocuidado se asocian al trastorno esquizoafectivo, pero lo síntomas negativos pueden ser menos graves y menos persistentes que los que aparecen en la esquizofrenia. La anosognosia (es decir, la ausencia de introspección) pueden ser menos graves y generalizados que los de la esquizofrenia. Los individuos con trastorno esquizoafectivo pueden tener un riesgo mayor de desarrollar posteriormente episodios de trastorno depresivo mayor o trastorno bipolar si los síntomas del estado de ánimo se mantienen tras la remisión de los síntomas que cumplen el Criterio A para la esquizofrenia. Pueden asociarse trastornos relacionados con el alcohol u otras sustancias. No hay pruebas ni medidas biológicas que puedan ayudar a diagnosticar un trastorno esquizoafectivo. No está claro si el trastorno esquizoafectivo difiere de la esquizofrenia en cuanto a sus características asociadas, como son las anomalías cerebrales estructurales o funcionales, los déficits cognitivos y los factores genéticos. (Información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)  

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