Persona tóxica

¿Por Qué Las Personas Más Felices Son Las Que Ponen Límites?

En una sociedad que a menudo nos empuja a complacer a los demás y a estar siempre disponibles, poner límites puede parecer un acto egoísta. Sin embargo, establecer límites saludables es una de las claves para una vida plena y feliz. Aquí exploramos por qué las personas que saben decir «no» son las que más disfrutan de su bienestar emocional. Los límites refuerzan la autoestima Cuando establecemos límites, estamos reconociendo nuestro valor y nuestras necesidades. Decir «no» a algo que no nos beneficia o que nos sobrecarga es una forma de afirmarnos. Esto refuerza nuestra autoestima, ya que enviamos un mensaje claro de que nuestras prioridades también importan. Protegen nuestra salud mental y física Las personas que no establecen límites a menudo terminan agotadas, tanto mental como físicamente. Esto puede conducir al estrés crónico, la ansiedad y el agotamiento. Poner límites nos permite conservar energía y tiempo para cuidar de nosotros mismos, previniendo el desgaste emocional. Fomentan relaciones más saludables Decir «sí» a todo puede generar resentimiento, especialmente si sentimos que los demás se aprovechan de nuestra disposición. Al poner límites, establecemos expectativas claras y fomentamos relaciones basadas en el respeto mutuo. Las personas que nos rodean aprenden a valorar nuestros límites y, como resultado, las relaciones se vuelven más equilibradas y genuinas. Ayudan a priorizar lo realmente importante Los límites nos permiten enfocar nuestra energía en lo que verdaderamente importa. Al aprender a decir «no» a lo que no aporta valor a nuestra vida, dejamos espacio para actividades, proyectos y personas que nos enriquecen. Promueven un sentido de control Sentir que tenemos el control sobre nuestras decisiones y nuestro tiempo es fundamental para nuestro bienestar. Poner límites nos da esa sensación de autonomía, permitiéndonos vivir una vida más alineada con nuestros valores y metas. Cómo empezar a establecer límites Si aún no estás acostumbrado a poner límites, aquí tienes algunos consejos para comenzar: Identifica tus necesidades: Reflexiona sobre qué aspectos de tu vida te generan estrés o insatisfacción. Comunícate con claridad: Expresa tus límites de forma respetuosa pero firme. Por ejemplo, «Gracias por pensar en mí, pero no puedo comprometerme con esto en este momento.» Acepta que no puedes complacer a todos: Siempre habrá personas que no comprendan tus límites, y eso está bien. Practica la autocompasíón: Recuerda que poner límites no te convierte en una mala persona, sino en alguien que se respeta a sí mismo. Conclusión Las personas más felices no son las que hacen todo por los demás, sino las que entienden la importancia de cuidarse a sí mismas. Poner límites es un acto de amor propio que nos permite vivir con autenticidad, equilibrio y paz. ¡Anímate a decir «no» cuando lo necesites y verás cómo tu felicidad se multiplica!  

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¿Qué señales indican que tienes una amistad tóxica?

En nuestra vida, las amistades ocupan un lugar especial. Son el refugio emocional y el soporte en los momentos difíciles. Sin embargo, no todas las relaciones amistosas son saludables. A veces, podemos encontrarnos enredados en amistades tóxicas que, en lugar de sumar, restan. Identificar estas relaciones y saber cómo manejarlas es clave para proteger nuestra salud emocional. ¿Qué es una amistad tóxica? Una amistad tóxica es aquella que afecta negativamente tu bienestar emocional. En lugar de proporcionarte apoyo y felicidad, te genera estrés, tristeza o incluso te hace cuestionar tu valía. Estas relaciones suelen estar marcadas por comportamientos manipuladores, celos, críticas constantes o una dinámica desequilibrada en la que solo una de las partes se beneficia. Señales de una amistad tóxica Falta de reciprocidad: Siempre eres tú quien da y nunca recibes el mismo nivel de apoyo o atención. Críticas constantes: Te juzga o menosprecia con frecuencia, incluso disfrazando sus comentarios como «bromas». Manipulación emocional: Utiliza la culpa o el chantaje emocional para controlarte. Celos y posesividad: No tolera que tengas otras amistades o actividades fuera de la relación. Energía negativa constante: Sientes agotamiento emocional cada vez que interactúas con esta persona. ¿Cómo afectan las amistades tóxicas? Las amistades tóxicas pueden impactar significativamente tu salud mental, causando estrés, ansiedad, baja autoestima e incluso depresión. Además, este tipo de relaciones pueden limitar tu crecimiento personal, ya que te sumergen en dinámicas negativas que te impiden avanzar. ¿Qué hacer si tienes una amistad tóxica? Identifica el problema: Reflexiona sobre la dinámica de tu relación y reconoce si está afectando tu bienestar. Establece límites: Habla con esta persona y comunica tus necesidades de manera asertiva. Prioriza tu bienestar: No temas alejarte si la relación sigue siendo perjudicial, incluso después de intentar resolver los conflictos. Busca apoyo: Habla con otros amigos, familiares o un terapeuta para obtener perspectiva y guía. Rodéate de relaciones saludables: Invierte tu tiempo en amistades que te aporten felicidad y apoyo. El valor de cuidar tu círculo social Las amistades son un reflejo de lo que permitimos en nuestra vida. Al rodearte de personas que valoren, respeten y te inspiren, te aseguras de construir un entorno que promueva tu felicidad y crecimiento. Reconocer una amistad tóxica no es fácil, pero dar el paso para priorizar tu salud emocional es un acto de amor propio. Reflexión final Dejar ir una amistad tóxica puede ser doloroso, pero también es una oportunidad para abrir espacio a nuevas conexiones más enriquecedoras. Recuerda: las relaciones verdaderas no solo te aceptan como eres, sino que también te animan a ser tu mejor versión.        

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¿Cómo soltar el pasado para seguir adelante y encontrar la paz interior?

Si en algo se caracteriza el pensamiento de estas personas es por una pertinaz, insistente y rutinaria insistencia en NO OLVIDAR determinadas sensaciones, pensamientos, actos, sucesos, que por una u otra razón constituyen precisamente el amplio abanico de causas a las cuales ellos atribuyen su problema. Esa insistencia en no olvidar no es meditada y consciente, es simplemente automática. Lo que supone que se ejecuta de modo poco consciente, dedicando amplísimos periodos de tiempo a recrearse en imágenes y recuerdos, o bien reproduciendo sensaciones, para comprobar una y otra vez que su mal persiste y está ahí y ellos no pueden seguir en ese estado. El olvido es necesario para la mente. Quien no olvida no puede atender a los aspectos nuevos de la realidad, que le ayuden a valorar los acontecimientos de otro modo. A veces el olvido es muy difícil, como por ejemplo en una situación de olvido. Sin embargo, por mucho que se quiera a una persona que se pierde, llega un momento en el cual es necesario tener algunos momentos en el que el ser humano olvide que no está. Ello no supone en absoluto que sea necesario borra real recuerdo. Sí parece preciso, sin embargo,  a través del tiempo acostumbrarse a vivir de forma que cada sensación, acto o pensamiento no haga referencia  a la persona que no está. Siendo fácil, es necesario diseñar otro modo de vida que implique volver a hacer cosas agradables, sin llenarse de culpa por ello. La evitación Otra característica esquemática del comportamiento de las personas ansiosas y/o depresivas, es la tendencia a la evitación. En los ansiosos, evitación significa no afrontar las situaciones que generan ansiedad y como consecuencia no permanecer en ellas. Si es un fóbico, evitará cualquier objeto o situación que motive su sintomatología. Si es un obsesivo, evitará cualquier acto que previamente no lleve implícito el ritual o la compulsión. Si es una ansiedad generalizada, evitará la distracción. Si es un hipocondriaco, evitará despreocuparse de su dolencia, etc. y todos ellos evitarán afrontar anticipadamente con el pensamiento estas situaciones. En realidad actuarán contrariamente. En los depresivos se evitará evitación a cualquier estimulo agradable, grande o pequeño, para no avergonzarse por “sentirse bien” siquiera un momento. Esta evitación que se manifiesta no solo en los actos, se presenta cognitivamente aludiendo imágenes e idea, así como sensaciones que el sujeto prevé que le causará malestar. La preocupación La tercera característica notable y destacada es desde luego la Preocupación. Si la energía psíquica es algo limitado que podemos usar para atraer aspectos positivos de la vida, las personas ansiosas y depresivas la utilizan únicamente para preocuparse en exclusiva por los aspectos más angustiosos, negativos y tristes de sus propias respuesta, de las de los demás y de las de la sociedad en general. La desorganización Producida acaso por su desinterés por todo lo que no sea sufrimiento y su pena permanente y circular. Desorganización que se observa en su propio pensamiento y que se da también en los otros dos sistemas de respuestas. Estilo perceptivo no centrado en el presente La última característica que define a estas personas es un estilo perceptivo centrado en el pasado y en el futuro que, por supuesto, elude sistemáticamente el presente. Los acontecimientos de pasado y futuro dan toda la interpretación vital a su existencia, lo que hace difícil que valoren cualquier valoración o cambio positivo de su presente, de forma que les sea útil y valioso. Pensamientos des adaptativos En las personas con ansiedad sucede que no solo utilizan en exceso el pensamiento circular, sino que se suma a este hecho la realidad de que muchos de sus pensamientos, partiendo de premisas ciertas, terminan en conclusiones erróneas. Una  vez detectados nuestros pensamientos erróneos más comunes, según las técnicas de evaluación expuestas es preciso valorar si en el pensamiento personal e individual de tipo circular en el que nos vemos reflejados se encuentra alguna distorsión cognitiva. Si ello sucede, además de utilizar el esquema circular anti-ansiedad debemos eliminar los pensamientos erróneos flexibilizando más nuestras creencias y expectativas, con razonamientos más lógicos ¿qué evidencia tengo de que mis creencias sobre mí mismo, el mundo y los demás son ciertas? ¿Hasta qué punto esas creencias están condicionando mi forma de estar en el mundo? Cómo cazar los pensamientos erróneos Si hubiera una sola regla a dar en este caso, sería algo así como domina tu tendencia a la exageración. Leonor I. Lega y Ellas nos hablan del no puedo “soportantitis”, como una de las expresiones más graficas y afortunadas al respecto para “darnos cuenta” de que dedicamos mucha más energía psíquica a elaborar nuestras quejas que a descubrir cómo soportarlas y enfrentarlas. En ese sentido funciona el “¿Y qué?” Hay que enseñar a nuestros hijos que el aburrimiento, la tristeza, el cansancio, el abatimiento, el desanimo son emociones normales que los humanos debemos aprender a reevaluar de otros modos mas flexibles y menos polarizados. Lo no adaptativo es EXAGERARLAS. El maniqueísmo o tendencia a evaluar todo como bueno o malo nos perjudica mucho y supone que deseemos un Mundo armónico, equilibrado, justo, perfecto y bueno de forma permanente. Las personas e incluso el mundo inmaterial de las cosas, parece que debemos aspirar porque por algo nos educan para ello, a esa siempre inalcanzable perfección y si no lo logramos es catastrófico. La táctica más útil al respecto pudiera ser reducir la tendencia  a la exageración de todo lo malo que nos ocurre en la vida y tratar de iniciarnos en el aprendizaje lento, difícil y tortuoso, pero sumamente eficaz de valorar los aspectos pequeños, positivos y agradables de uno mismo, del mundo y de los demás. Se trata en concreto de iniciarse en un aprendizaje hacia una mayor flexibilidad y tolerancia que nos permita, de la misma manera que proponíamos para los síntomas, OLVIDAR lo malo y penoso que nosotros mismos, el mundo o los demás nos presenten en la vida: RESISTIR lo inevitable procurando no huir y luego volver a olvidar y NO

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¿Cómo afecta la dependencia emocional la calidad de las relaciones personales?

Los dependientes utilizan a sus objetos para compensar su necesidad afectiva del otro y su negación patológica de sí mismos. Las características que tienen estos objetos son las siguientes: Son fácilmente idealizables. No es casualidad situar esta característica como la primera y no por ser más importante o significativa que las demás, sino por tratarse de un autentico nexo de unión entre las peculiaridades propias de los objetos. los objetos no son personas fácilmente idealizables de por sí, es decir, no es normal que cualquier persona puede reaccionar con extrañeza, desinterés, apatía o en la mayoría de las ocasiones con un contacto superficial. Los objetos son fácilmente idealizables para personas con baja autoestima, entre ellas los dependientes emocionales, por eso esta característica es válida solo para ellos y no para otras personas, que en absoluto les idealizarían. Idealizar significa otorgar a personas o cosas cualidades positivas que no existen en realidad o que son exageraciones de la misma. Son narcisistas y explotadores. El narcisismo es el amor excesivo a uno mismo, es una exageración patológica de la autoestima que conduce a una autentica auto idealización. Existen muchos grados de narcisismo, desde la vaga sensación de ser diferente a los demás por despuntar en algo, hasta la convicción absoluta de ser una persona especial, peculiar, etc. el denominador común a todos los grados es la sobrevaloración que en mayor o menos medida se produce del ego y la consiguiente minusvaloración del entorno. El narcisista es una persona que solo desea admiración del entorno, que entiende las relaciones positivas únicamente como la adulación de sus propias cualidades por parte de otro individuo. El amor excesivo a sí mismo tiene entonces un deseo de correspondencia en los demás. No existe afecto sincero hacia los demás, pero tampoco se desea su cariño, solo su sometimiento y su admiración. La contrapartida del narcisismo es la devaluación de los demás, incluidas las personas que entran en el juego de la exaltación de su ego. Para justificar su amor excesivo hacia sí mismos deben considerarse realmente superiores a los demás, diferentes, peculiares, extraordinarios. Suelen padecer trastornos de personalidad. Al igual que sucede con los dependientes emocionales, el padecimiento por parte de los objetos de entidades patológicas no es un requisito indispensable; es más, es también bastante común que estos individuos no tenga trastornos de personalidad diagnosticables y que solo sean ligeramente egoístas y soberbios, aunque con el tiempo estos rasgos se acentúen en interacción con sus parejas sumisas y admiradoras. Obviamente el trastorno narcisista de la personalidad será el diagnóstico más común, los criterios propuestos por el DSM-IV para esta categoría: Un patrón general de grandiosidad, una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican los siguientes ítems: Tiene un grandioso sentido de auto importancia Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios Cree que es especial y único y que solo puede ser comprendido por otras personas que son especiales o de alto status Exige una admiración excesiva Es muy pretencioso; por ejemplo, tiene expectativas irrazonables de recibir un trato especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas Es interpersonalmente explotador, saca provecho de los demás para alcanzar sus metas Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él. Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios Los individuos con trastorno narcisista de la personalidad basan su carácter precisamente en el narcisismo desproporcionado; por tanto, esta categoría constituye el prototipo de los objetos de los dependientes emocionales. Pueden existir rasgos de narcisismo en otros trastornos de la personalidad que también aparecerán con relativa frecuencia en los objetos de los dependientes emocionales. Algunos de estos otros trastornos de personalidad son el histriónico, el antisocial y el paranoide.   (Información extraída de Dependencia emocional: características y tratamiento / Jorge Castelló Blasco, 2005)  

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¿Cómo la baja autoestima está relacionada con la dependencia emocional?

Se pueden dividir en tres áreas relevantes del ser humano y de las personas afectas de este problema como son el área de las relaciones de pareja, de relaciones con otras personas y el de la autoestima y estado anímico. Como es obvio, no es preciso que se cumplan todas y cada una de las siguientes características para poder afirmar que alguien sufre de dependencia emocional. Área de las relaciones de pareja Necesidad excesiva del otro, deseo de acceso constante hacia él Deseos de exclusividad en la relación Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa Idealización del objeto Relaciones basadas en la sumisión y la subordinación Historia de relaciones de pareja desequilibradas Miedo a la ruptura Asunción del sistema de creencias de la pareja Área de las relaciones con el entorno interpersonal Deseos de exclusividad hacia otras personas significativas Necesidad de agradar Déficit de habilidades sociales Área de autoestima y estado anímico Baja autoestima Miedo e intolerancia a la soledad Estado de ánimo negativo y comorbilidades frecuentes Área de las relaciones de pareja Sin lugar a duda, ésta es el área más relevante y manifiesta en los dependientes emocionales. También es el contexto más frecuente en el que están inmersos a pesar de que pueden tener situaciones de soledad, más o menos deseada o incluso relaciones de pareja ficticias, como determinados noviazgos por internet o a distancia, que son mas fruto de su propia ilusión que de la realidad. Las características de los dependientes emocionales que se producen dentro de las relaciones de pareja: Necesidad excesiva del otro, deseo de acceso constancia hacia él. Es la expresión de la necesidad psicológica que el dependiente tiene hacia su pareja. Se puede traducir en deseos constantes del hablar con él, llamadas continuas al teléfono, mensajes de texto en el móvil, apariciones inoportunas en lugares como el trabajo o el gimnasio, realizar cualquier actividad junto a la otra persona sea de trabajo o de ocio, ser incapaz de hacer algo solo sin sentir la necesidad de tener contacto con la pareja, etc. Los dependientes describen en ocasiones esta sensación como de “hambre” de la pareja, una necesidad insaciable que recuerda a la de los adictos a sustancias. La reacción de los objetos suele ser de agobio. Esto puede traer consecuencias de diferentes tipos, como puede ser la ruptura precoz de la relación, o la más frecuente, la demarcación de límites estrictos. Poco a poco, la pareja restringe las continuas invasiones del dependiente basándose en amenazas mas o menos explicitas, con lo que a éste no le queda más remedio que aceptar las reglas y contenerse en su afán desmedido del otro. Es muy usual también que los objetos aprovechen este tipo de ocasiones en el que el agobio es muy evidente para establecer sus reglas generales sobre la relación, afirmando, por ejemplo, que su idea es la de tener una pareja libre o abierta o que simplemente son amigos. El dependiente aceptará estas reglas muy a su pesar. Por tanto, a nivel conductual el dependiente puede no aparentar esta necesidad excesiva hacia la otra persona, pero sin duda la está sintiendo con toda su fuerza como algo que le impulsa hacia ella y que produce un torrente de ideas obsesivas alrededor de la pareja.   Deseos de exclusividad en la relación. La exclusividad se extiende aquí en ambos sentidos, en el del propio dependiente, que voluntariamente se aísla en mayor o menor medida de su entorno para dedicarse por entero a su pareja y en el del anhelo de que el objeto haga lo propio. No obstante, esto último le resulta más difícil por la reacción de la pareja, que en lugar de participar en esa burbuja imaginaria en la que ambos se fusionarían y se distanciarían de los demás, intentará marcar sus propias pautas. Existe una modalidad de dependencia emocional en la que el sujeto que la padece sí consigue imponer sus deseos al otro. Obviamente, la exclusividad es una de las reglas que se imponen consiguiendo que la pareja se aísle casi por completo de su entorno. Si hubiera alguna frase que pudiera ilustrar con claridad los deseos de exclusividad del dependiente emocional hacia su pareja, podría ser “yo soy solo para él y el es solo para mi, nosotros nos bastamos mutuamente”. La exclusividad aparecerá también en las relaciones con otras personas significativas. Por ejemplo, los dependientes emocionales se encuentran más cómodos en las relaciones de amistad con una sola persona perdiéndose en las situaciones de grupo   Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa. Es una de las características más frecuentes y mas observables por el entorno social, entre otros motivos porque éste está directamente afectado al sentirse minusvalorado o simplemente despreciado. El dependiente emocional considera a su pareja el centro de su existencia, el objeto predilecto de su atención, el sentido de su vida. no habrá nada más importante, incluyéndose a sí mismo o incluso a sus hijos. Si la pareja considera que algo debe hacerse se hará sin dudar, si ella piensa que habría que mudarse de casa o que el dependiente debería cambiar de trabajo, también se procederá a hacerlo porque la otra persona es lo más importante. Ocupará continuamente el pensamiento con él, reproduciría sus frases, se esperará con exceptuación cualquier gesto, movimiento o palabra porque el objeto se habrá convertido en lo más importante y necesario de la vida, pasado todo lo demás a un segundo plano mucho más discreto.   Idealización del objeto. El dependiente suele idealizar enormemente a su pareja a lo largo de la relación a pesar de ser consciente con el paso del tiempo de sus defectos. El objeto representa todo aquello que no tiene el dependiente, como es seguridad en sí mismo, auto aprecio y una posición de superioridad sobre los demás; por esto supone su tabla de salvación, la persona a la que tiene que aferrarse para encontrar lo que le falta. Esta carencia, la del afecto de los demás y la de su propia

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¿Qué Señales Te Ayudan a Detectar a una Persona Manipuladora?

Resulta muy duro vivir con una “espada de Damocles” encima, con el miedo de que cualquier situación revele nuestra debilidad y todos se den cuenta de las limitaciones que arrastramos. La inseguridad, además, tiende a generar baja autoestima y pobre control emocional. También puede ocurrir que nosotros nos sintamos inseguros y que los demás, por el contrario, nos vean como personas seguras, equilibradas, y con mucha confianza. Es una paradoja, pero se da con cierta frecuencia. En estos casos, a pesar de que la imagen que ofrece es buena, el inseguro sigue pasándolo mal y cree que los otros no lo conocen de verdad. Sobreviene un sufrimiento añadido cuando a nuestra inseguridad se une el reproche de aquellos que se han visto defraudados en sus expectativas hacia nosotros. En ese caso, la sensación de impotencia y de fracaso puede arrastrarnos a una crisis difícil de superar. En estas situaciones, nos sentimos tan culpables que perdonarnos nos parece una quimera e incluso una injusticia. Cuidado con los manipuladores Los psicólogos sabemos que las personas sensibles, las que habitualmente identificamos como buenas personas, pueden caer en el engaño y en la manipulación. Con los manipuladores, la secuencia de los hechos casi siempre es la misma: primero, se muestran encantadores y seductores, y después, cuando sienten que ya tienen a su “presa” segura, empiezan las extorsiones, las agresiones y en muchos casos, las vejaciones y el maltrato. Finalmente, intentan aislar al máximo a sus víctimas alejándolas de su familia y de sus amigos, para debilitarlas aún más. Desde fuera, se ve con nitidez cómo han tendido sus “redes”, cómo eligen muy bien a sus víctimas, cómo trabajan esas primeras fases de seducción, hasta que llegan a crearles una dependencia muy enfermiza, que las deja muy débiles y vulnerables, incapaces de reaccionar, sintiéndose cada día peor con ellas mismas. No parece sencillo perdonarnos primero y querernos después cuando sentimos que hemos perdido la dignidad, pero lo podemos conseguir. Sentimiento de fracaso con los hijos El sentimiento de haber fracasado con los hijos es uno de los sufrimientos más intensos y difíciles de superar. Lo curioso es que cuando preguntas a un padre por qué piensa que ha fracaso, habitualmente te dice que se siente responsable de aquellas facetas o conductas más negativas de su hijo; por el contrario, si le pides que te enumere los aspectos positivos o las cualidades que presenta su vástago nunca manifestará que sean debidas a su intervención. Y si le formulas por qué su hijo en el fondo es buena persona o generoso con los amigos o se muestra sensible con los abuelos, te contesta que era así desde pequeño. Así pues, mientras que se siente “responsable” de lo malo, no cree que tenga mérito alguno en los aspectos positivos de su hijo. En general, la mayoría hemos intentado prepararnos para afrontar la vida en buenas condiciones. Por ejemplo, nos hemos pasado bastantes años estudiando antes de ponernos a trabajar, pero nos hemos preparado poco, o nada, para ejercer la profesión más difícil del mundo: ser padres. Con ese precedente, es normal que cuando nos toque ejercer nos sintamos inseguros y en muchas ocasiones, la educación que intentamos transmitirles esté llena de ensayos y errores. El primer principio es que cada hijo es único y debemos tratarlo como tal, en función de su singularidad, para ayudarle a sacar lo mejor de sí mismo. Otro principio es que los niños necesitan pautas, normas, reglas, límites, hábitos y no lo decimos para anularlos, sino todo lo contrario; lo defendemos y argumentamos desde el convencimiento de que, gracias a este modelo educativo, el niño de hoy podrá ser un adulto auténticamente libre en ese difícil mañana que le espera. Otro hecho es que solo los buenos padres se plantean si están actuando bien con sus hijos, se preocupan por su desarrollo, se exigen al máximo y están pendientes de su evolución. Cuando vemos a un padre preocupado, sabemos que nos hallamos ante un progenitor sensible y honesto, que trata de dar la mejor educación a sus hijos. Precisamente, son los padres de este tipo los que a veces se desmoronan y se culpabilizan, al creer que han cometido errores o fallos imperdonables. Conviene recordar que: Perdonarnos cuando creemos que hemos defraudado a quien amamos es difícil, pero es indispensable para vivir y con apoyo terapéutico se puede conseguir No estar a la altura requerida en momentos difíciles a veces es inevitable, pero las personas que nos aman de verdad nunca nos juzgarán mal. Al perdonarnos, recuperamos la autoestima y la seguridad perdida, de manera que dejan de condicionarnos negativamente las opiniones de los demás Somos nosotros y no los demás los creadores tanto de nuestra felicidad como de nuestra insatisfacción Aprender a neutralizar los sentimientos de culpa por haberse dejado engañar es necesario para aquellas personas sensibles que son más vulnerables ante el engaño y la manipulación. Es la mejor forma de perdonarse y recuperar la dignidad. Saber perdonarnos es condición sin qua non para liberarnos de la extorsión de quienes nos manipulan, que ven fortalecidas sus estrategias con los sentimientos de culpabilidad que nos debilitan Perdonarnos cuando creemos que hemos fracasado con nuestros hijos es tan necesario como difícil Juzgarse con excesiva dureza es muy habitual entre las buenas personas. Por ello les cuesta tanto perdonarse a sí mismas, mientras que les resulta fácil perdonar a los demás. (información extraída de Las 3 claves de la felicidad : perdónate bien, quiérete mejor y coge las riendas de tu vida / Mº Jesús Álava Reyes, 2014)  

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