Motivación

¿Tienes el cerebro saturado y no sabes por qué?

Vivimos en una época de prisas, pantallas, notificaciones constantes y exigencias que no parecen tener fin. Hacer varias cosas a la vez se ha convertido casi en una norma, y descansar… en un lujo. En este contexto, cada vez más personas sienten que su mente está agotada, como si el cerebro estuviera “lleno” y ya no pudiera más. A esto lo llamamos cerebro saturado. Pero ¿qué significa realmente tener el cerebro saturado? ¿Es lo mismo que estrés o ansiedad? ¿Y qué podemos hacer para aliviarlo? ¿Qué es un cerebro saturado? El cerebro saturado no es una enfermedad, sino un estado de sobrecarga mental. Ocurre cuando el cerebro recibe más información, estímulos y demandas de las que puede procesar adecuadamente durante un periodo prolongado. Nuestro cerebro necesita pausas para organizar la información, recuperarse y funcionar bien. Cuando no las tiene, empieza a dar señales de alarma. Señales de que tu cerebro está saturado Cada persona lo vive de forma distinta, pero hay síntomas muy comunes: Dificultad para concentrarte o mantener la atención Sensación de cansancio mental constante, incluso al despertar Olvidos frecuentes o “mente en blanco” Irritabilidad, impaciencia o cambios de humor Sensación de estar desbordado/a por tareas pequeñas Problemas para dormir o sueño poco reparador Falta de motivación o apatía A veces no es que no podamos con todo, es que nuestro cerebro necesita parar. ¿Por qué se satura el cerebro? Las causas suelen ser acumulativas y forman parte de nuestra vida diaria: Exceso de información (móvil, redes sociales, noticias, mensajes) Multitarea constante, saltando de una cosa a otra sin descanso Estrés prolongado laboral, académico o familiar Falta de descanso real (no solo dormir, sino desconectar) Autoexigencia elevada y dificultad para decir “no” Falta de espacios de calma y silencio El problema no es tener un día complicado, sino vivir permanentemente en modo urgencia. Cerebro saturado, estrés y ansiedad: ¿son lo mismo? No exactamente, aunque están muy relacionados. El estrés es una respuesta del cuerpo ante una demanda. La ansiedad es una reacción emocional que puede aparecer cuando el estrés se mantiene. El cerebro saturado es el resultado de una sobrecarga mental continuada. Un cerebro saturado puede ser el terreno perfecto para que aparezcan el estrés crónico, la ansiedad o el agotamiento emocional. ¿Qué puedes hacer para aliviar la saturación mental? No se trata de cambiar toda tu vida de golpe, sino de introducir pequeños hábitos que ayuden al cerebro a respirar. 1. Reduce estímulos Apaga notificaciones innecesarias, limita el tiempo en redes y evita el bombardeo constante de información. 2. Haz una cosa cada vez La multitarea cansa más de lo que ayuda. Prioriza y ve paso a paso. 3. Descansa de verdad Descansar no es solo tumbarse con el móvil. A veces implica silencio, pasear, respirar o no hacer nada. 4. Cuida el sueño Dormir mal mantiene el cerebro en estado de alerta permanente. 5. Baja la autoexigencia No todo tiene que hacerse perfecto ni ahora mismo. 6. Escucha a tu cuerpo Si tu mente está agotada, no es pereza: es una señal. Cuando pedir ayuda Si la sensación de saturación es constante, interfiere en tu vida diaria o viene acompañada de ansiedad intensa, tristeza o bloqueo, pedir ayuda profesional es un acto de cuidado, no de debilidad. En resumen El cerebro saturado es una respuesta lógica a un mundo que no para. Escuchar sus señales, respetar los límites y aprender a frenar no es rendirse: es cuidar tu salud mental. Porque una mente descansada no hace más cosas, vive mejor.

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¿Cómo explican Humphreys y Revelle la relación entre activación y motivación?

Humphreys y Revelle (1984) han propuesto un modelo en el que sugieren que individuos reaccionan de forma diferente a distintos factores estresantes dependiendo de la naturaleza de la tarea que se esté realizando, no solamente en función de las diferencias de ansiedad, sino también de motivación y extraversión. El modelo incorpora dos sistemas: activación y esfuerzo. La primera se contempla como una dimensión conceptual definida como el factor común a varios indicadores de alerta. El segundo sería el estado motivacional generalmente interpretado como “trabajar duro” y se incrementaría cuando la tarea es importante y difícil o existen incentivos para trabajar mejor. Los autores del modelo consideran la existencia de dos tipos de tareas o habilidades. El primero (denominado SIT) requiere una “transferencia mantenida de información”, pero no se requiere una retención aplicable de la misma. El segundo tipo, denominado “de memoria a corto plazo” (STM) requiere un mantenimiento de la información en una situación utilizable o la recuperación de la información en una situación utilizable o la recuperación de la información que no ha sido utilizada durante un periodo de tiempo corto. El rendimiento en tareas de tipo SIT se incrementaría al hacerlo la activación fisiológica, mientras que el rendimiento en tareas de tipo STM se vería reducido. El componente motivacional resulta especialmente importante en este modelo. La motivación es un constructo que se ha utilizado para describir y explicar diferencias en la intensidad y dirección de la conducta. La motivación de ejecución, tal y como se ha entendido tradicionalmente, sería la comparación subjetiva del rendimiento ante una tarea concreta con una norma de efectividad máxima. No se trataría simplemente de una mera exploración, de una inspección del ambiente, sino de una búsqueda dirigida hacia la solución de los problemas planteados (Pelechano, 1973). Según el planteamiento de Humphreys y Revelle (1984) el rendimiento de los sujetos con un grado de motivación alto sería mas elevado que el de los sujetos con un bajo grado de motivación en aquellas tareas que presentasen una dificultad moderada y que se relacionase con las habilidades del tipo SIT. La dimensión introversión/extroversión también seria de importancia. Eysenck (1976,1981) ha sugerido que la principal diferencia entre introvertidos y extrovertidos se encontraría en la activación basal. Esta hipótesis predice que la ejecución de los introvertidos y extrovertidos podría modificarse en forma diferente por manipulaciones de las activaciones. Según Humphreys y Revelle (1984) se podría establecer una relación mas especifica con los estados de impulso, sin considerar el componente de sociabilidad de la introversión/extroversión de los sujetos. El concepto de impulso podría interpretarse en términos de un energetizador o activador inespecífico de la conducta o como un facilitador en el establecimiento de conexiones. Las interacciones entre nivel impulsivo y conducta serían complejas, pudiendo existir factores facilitadores o perturbadores de la ejecución (Pelechano, 1975). Parece que al menos durante las mañanas los individuos con un nivel impulsivo bajo estarían mas activados que los que presentan un nivel impulsivo alto, ejecutando mejor en tareas de tipo SIT y peor en las del tipo STM. La situación se invertiría por la tarde. En cuanto a la ansiedad la situación seria mas compleja. Un incremento de ansiedad somática puede llevar a una mayor activación y a la mejora de la ejecución en tareas SIT. A la inversa, la ansiedad cognitiva, se relacionaría con la motivación de evitación y con una reducción del esfuerzo, produciendo normalmente una disminución del rendimiento en este tipo de tareas. Los resultados obtenidos por algunos autores que han estudiado la relación entre distintos componentes de la ansiedad y ejecución en jugadores de voleibol y baloncesto, se podrían explicar, al menos parcialmente, según estas consideraciones (Parfitt y Hardy, 1987; Parfitt 1988) y un estudio experimental llevado a cabo mediante un protocolo de ejercicio en cicloergómetro se ha comprobado que los niveles elevados de activación incrementan la cantidad de recursos de tipo SIT. Aunque el modelo Humphreys y Revelle (1984) ofrece interesantes perspectivas al abrir la posibilidad de relacionar diferentes dimensiones de la personalidad con la ejecución y el rendimiento, aun no se ha realizado una investigación experimental detallada que permita comprobar la validez y utilidad del mismo. Especialmente problemático al respeto resulta el hecho de que se basa parcialmente en una serie de supuestos difíciles de confirmar, como son el que los recursos sean limitados y pueden compartirse entre dos o mas tareas o que la curvilinearidad, cuando está presente, puede derivarse de las acciones opuestas de dos o más procesos monotónicos. Existe un factor inherente al modelo, que lleva a albergar dudas sobre su posible aplicación al campo del rendimiento deportivo. Se asume que la interrelación entre distintas capacidades de ejecución puede expresarse en términos de las demandas sobre los recursos de tipo SIT y STM, lo que llevaría implícito que todas las tareas podrían describirse en términos de sus requerimientos de uno u otro tipo. Parece improbable en el campo del deporte, que todas las tareas puedan definirse en un espacio bidimensional. (información extraída de Ansiedad, estrés y deporte / Sara Márquez Rosa, 2004)

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¿Qué sienten los pacientes con distimia?

El rasgo principal del trastorno depresivo persistente (distimia) es un ánimo deprimido que aparece la mayor parte del día, durante la mayor parte de los días, durante al menos dos años o al menos durante un año en los niños y los adolescentes (Criterio A). En este trastorno se agrupan el trastorno de depresión mayor crónico y el trastorno distímico del DSM-IV. La depresión mayor puede preceder al trastorno depresivo persistente y los episodios de depresión mayor pueden ocurrir durante el trastorno depresivo persistente. Los pacientes cuyos síntomas cumplan los requisitos del trastorno depresivo mayor durante dos años deberían diagnosticar de trastorno depresivo persistente además del trastorno depresivo mayor.  Los pacientes con trastorno depresivo persistente describen su estado de ánimo como triste o con el ánimo “por los suelos”. Durante los periodos de ánimo deprimido deben presentarse al menos dos de los siete síntomas del Criterio B. Como estos síntomas forman parte de la experiencia diaria del paciente, sobre todo en los casos de inicio temprano (ej., siempre he sido así), es posible que no se mencionen a menos que se le pregunte al individuo.  Durante el periodo de dos años (de un año en los niños o los adolescentes) cualquier intervalo sin síntomas dura como máximo dos meses (Criterio C). (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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