Mitos

¿Cuánto daño hacen los mitos sobre la salud mental?

La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más incomprendidos y estigmatizados en nuestra sociedad. A pesar de ser una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo, los mitos y las ideas erróneas alrededor de esta enfermedad siguen siendo comunes, y contribuyen a la discriminación, el miedo y la desinformación. En este artículo, queremos derribar algunos de los mitos más dañinos sobre la esquizofrenia y compartir verdades poco conocidas que pueden ayudar a cambiar la mirada hacia quienes la padecen, promoviendo la empatía, la inclusión y el respeto. Mito 1: La esquizofrenia es sinónimo de «personalidad múltiple» Probablemente uno de los errores más frecuentes es confundir la esquizofrenia con el trastorno de identidad disociativo (popularmente conocido como «personalidad múltiple»). La esquizofrenia no implica tener múltiples personalidades. Se trata de un trastorno psicótico caracterizado por alteraciones en la percepción de la realidad, como alucinaciones (escuchar voces, ver cosas que no existen) y delirios (creencias falsas e irracionales). La confusión entre ambos trastornos no solo es incorrecta, sino que también genera una visión distorsionada de la esquizofrenia. Verdad: La esquizofrenia afecta la forma en que una persona piensa, siente y se comporta, pero no implica que tenga múltiples identidades. Mito 2: Las personas con esquizofrenia son violentas o peligrosas Este es uno de los mitos más dañinos y responsables de la estigmatización. La realidad es que la mayoría de las personas con esquizofrenia no son violentas ni representan una amenaza para la sociedad. De hecho, tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia que perpetradores. La violencia, en ocasiones, puede estar vinculada a episodios agudos no tratados, pero no es una característica inherente al trastorno. Verdad: La esquizofrenia no convierte a una persona en violenta. La mayoría de las personas con esta condición son pacíficas y buscan vivir una vida normal. Mito 3: La esquizofrenia no tiene tratamiento ni esperanza de mejoría Muchas personas creen erróneamente que la esquizofrenia es una enfermedad crónica y degenerativa sin posibilidad de recuperación. Sin embargo, la realidad es mucho más esperanzadora. Existen tratamientos efectivos, incluyendo medicamentos antipsicóticos, terapia psicológica, y programas de rehabilitación psicosocial que pueden mejorar significativamente la calidad de vida y permitir que muchas personas lleven una vida plena y funcional. Verdad: Aunque la esquizofrenia es un trastorno complejo, con el tratamiento adecuado y apoyo, muchas personas pueden controlar sus síntomas y alcanzar una recuperación funcional. Mito 4: La esquizofrenia es causada por debilidad personal o falta de voluntad Este mito perpetúa la culpa y la vergüenza entre quienes la padecen. La esquizofrenia no es una consecuencia de la «debilidad» de carácter ni una elección consciente. Es un trastorno con una base neurobiológica compleja que involucra factores genéticos, químicos y ambientales. Verdad: La esquizofrenia es una enfermedad médica real que requiere atención profesional, no una falla moral ni una cuestión de fuerza de voluntad. Mito 5: Solo afecta a personas sin educación o de ciertos grupos sociales La esquizofrenia no discrimina. Puede afectar a personas de todas las edades, géneros, razas y niveles socioeconómicos. De hecho, suele comenzar en la adolescencia tardía o en la adultez temprana, sin importar la clase social. Verdad: La esquizofrenia puede afectar a cualquiera, y el acceso a un diagnóstico temprano y tratamiento es clave para un mejor pronóstico. Mito 6: Las alucinaciones y delirios son solo «imaginación» o «locura» Este mito minimiza el sufrimiento real de quienes experimentan síntomas psicóticos. Las alucinaciones y delirios no son simples invenciones o fantasías; son experiencias muy reales para la persona que las vive, y pueden generar miedo, confusión y sufrimiento intenso. Verdad: Las alucinaciones y delirios son síntomas médicos serios que requieren intervención especializada. Verdades poco conocidas que debes saber La esquizofrenia puede presentarse en diferentes formas No todas las personas con esquizofrenia experimentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Existen subtipos y variaciones individuales, que pueden incluir síntomas negativos (como el retraimiento social o la apatía), síntomas positivos (como las alucinaciones), y síntomas cognitivos (problemas con la memoria o la atención). El apoyo social es fundamental El entorno y las redes de apoyo familiar, comunitario y profesional juegan un papel crucial en la recuperación. El estigma social, la discriminación y la exclusión pueden agravar la enfermedad, mientras que el acompañamiento, la comprensión y el acceso a recursos promueven la recuperación. La creatividad y la sensibilidad pueden coexistir con la esquizofrenia Muchas personas con esquizofrenia tienen talentos artísticos y capacidades creativas destacables. La enfermedad no define a la persona ni limita su potencial. La investigación sigue avanzando Los avances en neurociencia, genética y psicofarmacología están mejorando la comprensión de la esquizofrenia y desarrollando nuevas terapias. Esto ofrece esperanza para tratamientos más personalizados y efectivos en el futuro. ¿Cómo ayudar y apoyar a alguien con esquizofrenia? Infórmate y educa a otros: El conocimiento es la mejor herramienta contra el estigma. Escucha sin juzgar: Acepta y valida las experiencias de la persona. Anima al tratamiento: Apoya el acceso a profesionales y el seguimiento terapéutico. Promueve la inclusión: Facilita su participación social y laboral. Cuida tu salud mental también: Acompañar a alguien con esquizofrenia puede ser desafiante; busca ayuda cuando lo necesites. La esquizofrenia no es un misterio ni una condena. Detrás del diagnóstico hay personas con sueños, emociones y capacidades, que merecen respeto y apoyo. Romper los mitos es un paso fundamental para construir una sociedad más justa y compasiva.  

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¿Cómo podemos derribar los mitos de la esquizofrenia?

La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más incomprendidos y estigmatizados en el mundo. A pesar de los avances científicos y la difusión de información, todavía persisten muchos mitos que confunden a la sociedad y dificultan la vida de quienes la padecen. ¿Quieres saber qué creencias falsas rodean esta enfermedad y cómo podemos cambiarlas? Aquí te lo explicamos. Mito 1: “Las personas con esquizofrenia tienen doble personalidad” Este es quizás el mito más extendido, pero también el más erróneo. La esquizofrenia no implica tener múltiples personalidades, sino que es un trastorno que afecta la percepción de la realidad, el pensamiento y las emociones. La confusión con el trastorno de identidad disociativo ha generado este malentendido. Mito 2: “Las personas con esquizofrenia son violentas o peligrosas” Las películas y la televisión suelen mostrar a las personas con esquizofrenia como violentas o impredecibles. Sin embargo, la mayoría no son violentas. De hecho, tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia que de causarla. La violencia está más relacionada con el consumo de sustancias o con la falta de tratamiento adecuado. Mito 3: “La esquizofrenia es incurable” Aunque no existe una cura definitiva, la esquizofrenia es tratable. Con medicación adecuada, terapia y apoyo social, muchas personas logran llevar una vida plena y funcional. El pronóstico ha mejorado mucho en las últimas décadas gracias a los avances médicos y al enfoque integral en la salud mental. Mito 4: “La esquizofrenia afecta solo a personas adultas” La esquizofrenia suele manifestarse en la adolescencia o adultez temprana, pero puede aparecer en cualquier momento de la vida. Detectarla y tratarla temprano es fundamental para mejorar el pronóstico y evitar complicaciones. Mito 5: “Las personas con esquizofrenia no pueden trabajar ni llevar una vida independiente” Aunque la esquizofrenia puede dificultar algunas áreas de la vida, muchas personas trabajan, estudian y mantienen relaciones saludables con apoyo adecuado. La inclusión social y la comprensión son claves para derribar este mito. ¿Por qué es importante derribar estos mitos? Los estigmas y prejuicios hacen que muchas personas con esquizofrenia se sientan aisladas, no busquen ayuda o sean discriminadas. La información correcta ayuda a crear empatía y una sociedad más inclusiva. ¿Cómo podemos ayudar? Infórmate y comparte información verídica. Sé amable y paciente con las personas que enfrentan trastornos mentales. Apoya campañas de sensibilización y la normalización de la salud mental. La esquizofrenia es una condición que puede desafiar, pero no define a la persona. Romper con los mitos es el primer paso para construir un mundo más humano y comprensivo.  

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¿Conoces de verdad los mitos que rodean los TCA?

Los trastornos alimentarios son afecciones graves que afectan tanto la salud física como la mental de quienes los padecen. Sin embargo, alrededor de estos trastornos existen muchos mitos y malentendidos que pueden dificultar la comprensión y el apoyo adecuado para las personas que los sufren. En este artículo, desmentiremos algunos de los mitos más comunes sobre los trastornos alimentarios y exploraremos la realidad detrás de ellos. Mito: Los trastornos alimentarios solo afectan a las mujeres jóvenes. Realidad: Aunque los trastornos alimentarios son más comunes en mujeres jóvenes, también afectan a hombres de todas las edades. Se estima que hasta un 25% de los casos de anorexia y bulimia pueden presentarse en hombres. Las causas de los trastornos alimentarios son complejas y van más allá del género. Mito: Las personas con trastornos alimentarios lo hacen para llamar la atención. Realidad: Los trastornos alimentarios no son una forma de manipulación o una llamada de atención. Son enfermedades mentales graves que están relacionadas con una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. La persona que padece un trastorno alimentario generalmente está lidiando con sentimientos de desesperación, control y dismorfia corporal, lo cual puede ser extremadamente difícil de manejar. Mito: Las personas con trastornos alimentarios solo están obsesionadas con su peso. Realidad: Aunque el peso y la imagen corporal pueden ser factores importantes, los trastornos alimentarios no se limitan a preocupaciones superficiales sobre la apariencia física. Estos trastornos están vinculados a una serie de problemas emocionales y psicológicos, como la ansiedad, la depresión, el miedo al fracaso y el control, que pueden estar profundamente enraizados en la vida del individuo. Mito: Las personas con trastornos alimentarios siempre tienen un peso extremadamente bajo. Realidad: No todas las personas con trastornos alimentarios están extremadamente delgadas. De hecho, algunas personas con bulimia o trastornos de la alimentación compulsiva pueden tener un peso normal o incluso estar por encima de lo que se considera un peso saludable. El trastorno alimentario no siempre se refleja en el peso corporal, por lo que es importante no hacer suposiciones solo con base en la apariencia física. Mito: Los trastornos alimentarios son solo una fase. Realidad: Los trastornos alimentarios no son una fase que se pueda superar sin tratamiento. Sin intervención, pueden tener consecuencias graves a largo plazo para la salud física y mental, e incluso ser mortales. Es esencial buscar ayuda profesional para abordar los trastornos alimentarios de manera adecuada. Mito: La gente con trastornos alimentarios solo necesita «comer más». Realidad: Tratar un trastorno alimentario es mucho más que simplemente incentivar a alguien a comer más. Estos trastornos implican una serie de problemas emocionales, psicológicos y sociales que requieren tratamiento especializado. Es fundamental abordar tanto los aspectos físicos como los emocionales a través de terapia, apoyo familiar y, en muchos casos, intervenciones médicas. Mito: Las dietas estrictas y el ejercicio excesivo son una forma de evitar los trastornos alimentarios. Realidad: Adoptar dietas extremadamente restrictivas o hacer ejercicio en exceso no es una manera de «prevenir» los trastornos alimentarios, sino que a menudo puede ser un factor desencadenante o una manifestación de los mismos. La obsesión con la comida, el cuerpo y el ejercicio puede ser un síntoma de un trastorno alimentario que aún no se ha diagnosticado. Mito: Las personas con trastornos alimentarios son egoístas o vanidosas. Realidad: Las personas con trastornos alimentarios no son egoístas ni vanidosas. Estas afecciones surgen debido a una lucha interna con el control, la ansiedad y las emociones no procesadas. Es importante reconocer que las personas con trastornos alimentarios están luchando con su salud mental y emocional, no con una obsesión superficial con su apariencia. Mito: Si se trata a tiempo, la recuperación de los trastornos alimentarios es fácil. Realidad: La recuperación de un trastorno alimentario puede ser un proceso largo y desafiante. Muchas personas luchan con recaídas, y los trastornos alimentarios pueden tener efectos duraderos en la salud física y emocional. La recuperación es posible, pero requiere un enfoque integral que incluya apoyo psicológico, nutricional y médico.    

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¿Cómo el cine y la TV distorsionan el desdoblamiento de la personalidad?

El desdoblamiento de la personalidad, o trastorno de identidad disociativo (TID), ha sido un tema recurrente en el cine y la televisión. Desde thrillers psicológicos hasta series de misterio, este trastorno ha sido retratado de maneras que capturan la imaginación del público, pero a menudo a costa de la precisión científica. A lo largo de los años, las representaciones ficticias han dado lugar a muchos mitos y malentendidos sobre lo que realmente significa vivir con TID. En este artículo, analizamos algunos de los mitos más comunes y los contrastamos con la realidad de este trastorno. Mito 1: Las personas con desdoblamiento de la personalidad tienen múltiples «personalidades» totalmente distintas En películas como Split o Psicosis, los personajes con TID a menudo son mostrados como personas que pueden tener varias personalidades completamente diferentes en términos de edad, género, habilidades e incluso acentos. Esta idea ha reforzado la creencia de que cada identidad o «alter» es completamente independiente de las demás. Realidad: Si bien es cierto que las personas con TID pueden tener diferentes «alter egos» o estados de identidad que funcionan de manera distinta, no son personalidades completamente separadas en el sentido que las películas sugieren. Los «alters» pueden tener sus propias memorias, actitudes y comportamientos, pero todos forman parte de la misma persona. Además, estos «alters» pueden interactuar y ser conscientes unos de otros, lo que es mucho más complejo que la idea de una simple «transformación» instantánea. Mito 2: El desdoblamiento de la personalidad es un trastorno común Muchos personajes en películas parecen sufrir de TID, lo que puede llevar a la creencia de que es un trastorno común. Algunas películas retratan el desdoblamiento de la personalidad como algo que cualquiera podría desarrollar bajo estrés extremo. Realidad: El trastorno de identidad disociativo es extremadamente raro. Se estima que afecta solo al 1% de la población mundial. Además, su diagnóstico suele estar vinculado a experiencias de trauma severo, como abuso físico o emocional en la infancia. No es un trastorno que se desarrolle repentinamente, ni es tan frecuente como las películas sugieren. Mito 3: Las personas con TID son peligrosas o violentas El cine a menudo vincula el desdoblamiento de la personalidad con comportamientos peligrosos o violentos. Split (2016), por ejemplo, retrata a un hombre con múltiples identidades que secuestra a varias mujeres, sugiriendo que su trastorno es la causa de su comportamiento violento. Realidad: Este mito es uno de los más dañinos, ya que perpetúa el estigma de que las personas con TID (y otros trastornos mentales) son inherentemente peligrosas. En realidad, la mayoría de las personas con TID no son violentas ni peligrosas. El trastorno está más relacionado con el manejo del trauma que con comportamientos antisociales. Si bien los problemas de identidad pueden causar angustia emocional, no hay evidencia que sugiera que las personas con TID tengan más probabilidades de ser violentas que el resto de la población. Mito 4: El desdoblamiento de la personalidad es fácil de diagnosticar En muchas películas y series, los personajes que experimentan desdoblamiento de la personalidad son diagnosticados rápidamente por un psiquiatra o terapeuta. Esto puede dar la impresión de que es un trastorno fácilmente identificable. Realidad: El diagnóstico del trastorno de identidad disociativo es extremadamente complicado y puede llevar años. Muchas veces, los síntomas del TID se superponen con otros trastornos, como la depresión, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o los trastornos de ansiedad. Además, los pacientes pueden no ser conscientes de la presencia de otras identidades, lo que dificulta aún más el diagnóstico. Mito 5: Cambiar de identidad es algo que ocurre instantáneamente y de forma dramática En la cultura popular, el cambio de una identidad a otra suele representarse de manera instantánea y exagerada, con cambios dramáticos en la voz, la postura e incluso en el comportamiento en cuestión de segundos. Realidad: En la vida real, el cambio entre diferentes identidades (o «switching») no suele ser tan dramático ni rápido. Puede ocurrir gradualmente y no siempre es evidente para los demás. Las transiciones pueden ser sutiles, como cambios en el estado de ánimo o en la manera de interactuar con el entorno. Además, no todas las personas con TID experimentan cambios tan visibles. Mito 6: El desdoblamiento de la personalidad es incurable Algunas películas y series retratan el TID como un trastorno que no tiene solución, donde la persona afectada está condenada a vivir con múltiples identidades por el resto de su vida. Realidad: Si bien el trastorno de identidad disociativo es crónico, las personas con TID pueden mejorar significativamente con tratamiento. La terapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual y la terapia orientada al trauma, puede ayudar a las personas a integrar sus identidades y a llevar una vida funcional. El objetivo del tratamiento no siempre es eliminar las identidades, sino ayudar a la persona a manejar sus síntomas de manera efectiva.  

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¿Cómo dormir a tu bebé de forma segura para reducir el riesgo de muerte súbita?

También conocida como síndrome de la muerte en la cuna, se caracteriza por la muerte inesperada durante el sueño, nocturno o diurno, de lactantes aparentemente sanos. Conocida desde antiguo, se pensaba que el timo hipertrofiado cortaba la circulación de aire en la tráquea. También era popular pensar que durante el sueño, la desprevenida madre asfixiaba al infante con su cuerpo o brazo. Como el síndrome era y sigue siendo más prevalente en clases menesterosas, se han invocado factores de insalubridad, ignorancia, alcoholismo y masificación para explicar el suceso. La muerte súbita del lactante ocurre entre las 4 semanas y los 6 meses de edad, siendo más frecuente entre octubre y marzo. Los estudios de necropsia han demostrado pocos signos patológicos, algunos compatibles con muerte de origen respiratorio, posiblemente apnea prolongada. Entre los mecanismos etiopatológicos se han barajado causas cardiacas y causas respiratorias. Algunos recién nacidos presentan trastornos electrocardiográficos, como prolongación del intervalo Q-T por desequilibrio de estímulos simpatomiméticos o por reducción de la variabilidad en la frecuencia cardiaca de origen vagal. Esto indica una alteración del control autonómico, que podría representar un subgrupo de pacientes con riesgo de muerte súbita. Se ha sugerido que el retraso en el desarrollo de los mecanismos de control respiratorio durante el sueño inactivo no REM, cuando éste adquiere mayor proporción y consolidación hacia los 3 meses de edad, incrementaría el riesgo de muerte súbita. Otras teorías sugieren como causa, el laringoespasmo por irritación de la laringe y las apenas de origen comicial. Tampoco hay que olvidar la posibilidad de muerte accidental por asfixia en cunas mal diseñadas. La identificación de los infantes con riesgo de muerte súbita, continúa siendo tarea compleja. Los factores de riesgo son prematuridad, embarazo comprometido, drogadicción de la madre durante el embarazo, enfermedad crónica de la madre, sufrimiento durante el parto, historia de internamiento en una unidad de cuidados intensivos neonatal, embarazos múltiples, juventud excesiva de la madre, historia familiar de muerte súbita y trastornos del desarrollo. Cuando se sospecha que un lactante tiene riesgo aumentado de muerte o hay evidencia de que ha sufrido episodios prolongados de apnea, algunos recomiendan hospitalización hasta que pase el riesgo. Patrones y normas de higiene del sueño infantil Hasta los 3 meses de edad, el sueño no está acoplado con el ciclo día noche Entre los 3 y 6 meses, el lactante duerme de 14-15 horas, en su mayoría durante la noche, pero aun conserva tres siestas diurnas A los 6 meses el tiempo total de sueño es de 14 hora, con 3 horas diurnas divididas en dos siestas diurnas A la edad de 1 año, el lactante duerme 11,5 horas por noche y 2 horas durante el día en una sola siesta A los 5 años, el niño requiere 11 horas de sueño nocturno, a los 9 años, 10 horas a los 14 años, 9 horas. La siesta diurna se abandona hacia los 4 años dependiendo en parte de la costumbre local Los horarios de sueño deben ser regulares y estables, incluyendo fines de semana. La falta de disciplina puede conducir a insomnio conductual Se recomienda eliminar las tomas nocturnas de alimento, para evitar despertamientos condicionados El sueño del lactante y del niño debe trascurrir en un ambiente tranquilo, relajado, limpio, cómodo, hogareño y acogedor. La falta de sueño retraso el desarrollo mental y fisco del niño.   (Información extraída de La medicina del sueño / Antonio Culebras, 1994)

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¿Qué errores comunes cometen los profesionales al diagnosticar el TEA?

Uno de los mitos más extendidos es aquel que propugna que los niños con TEA son incapaces de amar o de entablar relaciones amorosas. Cuando el autismo fue definido por primera vez como trastorno en la década de 1940, se destacaron las características de “soledad autista” e incapacidad de construir relaciones intimas, cálidas y enriquecedoras. Leo Kanner, considerado el padre del autismo porque fue el autor de la primera descripción sistemática de niños con TEA, acuñó este término. A partir de ese momento todas las definiciones de autismo han girado en torno a esta incapacidad de construir lazos emocionales y amorosos. Si bien antes se pensaba que la soledad autista era un síntoma inalterable de la infancia, hoy en día lo habitual para construir relaciones se entiende como un “continuar”. Sin embargo, persiste la noción de que los niños con autismo nunca serán capaces de entablar relaciones tan profundas o intensas como los demás. La capacidad de amar y de sentirse bien en una relación amorosa incluye placer en experimentar intimidad emocional con otra persona. Fácilmente interpretamos que la sonrisa limpia de un bebé de cuatro meses refleja un vínculo muy profundo y emocional y que se irá fortaleciendo a lo largo de los siguientes meses. Sin embargo, ¿por qué cuando un niño de dos años y medio con TEA tiene miedo y va corriendo a agarrarse a los brazos de su madre consideramos que esta es una señal de amor o intimidad menos válida? El programa DIR/Floortime destinado a satisfacer las necesidades del niño aunque este muestre una conducta repetitiva o auto estimulatoria, no se ocupa de desarrollar el lenguaje o la comunicación, sino la sensación de apego. La respuesta llega rápidamente al tercer o cuarto mes de tratamiento. El hecho de que la sensación de apego emerja tan rápidamente nos hace pensar que ya existía de alguna forma. La confusión que existe entre la capacidad de amar y sentir emociones de los niños con TEA se debe a que muchos de estos niños presentan problemas a la hora de comunicar sus emociones. Desde los cuatro hasta los diez meses, los niños interactúan emocionalmente y responden a los estímulos con sonidos, lenguaje corporal y expresiones faciales: una sonrisa les provoca sonrisa; un sonido les hace emitir sonidos. En los niños que se desarrollan de manera normal, esto les lleva a un patrón de conducta complejo entre los doce y los dieciséis meses: ya se dirigen a la madre o al padre y quieren alcanzar sus brazos, sonríen abiertamente, imitan sonidos e incluso dicen una palabra o dos; se ríen sin parar y juegan a imitar al padre. Se produce un amplio intercambio de emociones. Este tipo de intercambio rápido de señales emocionales resulta mucho más complicado para los niños con TEA. Eso se debe a trastornos biológicos que impiden una buena conexión entre las emociones y el sistema psicomotor. Al no poder guiar las acciones por medio del deseo, prefieren encerrarse en sí mismos, porque no saben traducir un deseo en acción. En cuanto al lenguaje, aunque puedan memorizar o repetir palabras les resulta muy difícil imprimir un deseo en una palabra o conectar una emoción o afecto a cierto símbolo verbal diciendo “Mamá te quiero” o “Mamá abrázame”. ¿Incapaces de comunicarse? Otro mito es aquel que asegura que los niños con TEA no pueden aprender las claves de la comunicación y el pensamiento y que lo mejor que podemos esperar de ellos es que cambien su comportamiento y memoricen escritos. Sin embargo, los niños con autismo pueden involucrarse en la resolución social de problemas y pueden pensar con lógica y creatividad. El resultado de nuestros estudios demuestra que existe un alto porcentaje de niños que alcanzan los hitos emocionales básicos para su desarrollo. En cuanto a los padres y tutores se olviden de estos falsos mitos sobre falta de apego y comunicación y ayuden al niño a construir estas capacidades, los temibles comportamientos como la conducta obsesiva, la ecolalia, la agresión o los cambios de humor tienden a debilitarse. ¿Incapaces de desarrollar el pensamiento abstracto? Otro falso mito conocido es el que propugna que los niños con TEA no pueden desarrollar un pensamiento abstracto ni hacer interferencias. Si bien es verdad que no todos los niños son capaces de alcanzar el pensamiento abstracto, un estudio de los autores mostró en un programa DIR, trabajando sobre las señales emocionales básicas, los niños que habían avanzado más aprendieron a hacer inferencias, a dominar las acciones circunscritas a la teoría de la mente y a mostrar empatía. ¿Incapaces de interpretar las emociones? Otra afirmación recurrente sostiene que los niños con TEA no pueden interpretar las emociones de los demás niños o de los adultos. Estudios anteriores sugerían que, cuando los niños con TEA ven expresiones de emoción en la cara de los demás, procesan la información en una región diferente del cerebro y distinta a la de los demás. Esto parecía avalar la idea de que los niños con autismo tenían un cerebro diferente. Una de las conclusiones del trabajo de Gersbacher y sus colegas es que los niños y adultos hipersensibles a las sensaciones externas se estresan fácilmente cuando tienen que mirar a la cara de una persona. De hecho, los sujetos del estudio padecían una gran ansiedad cuando miraban a la cara de los demás. Este estudio demostró lo complejo, sutiles y delicados que son los problemas asociados a los TEA y cómo incluso la mejor de las investigaciones puede llevar a conclusiones erróneas si los investigadores no tienen en cuenta las hipótesis alternativas. La evidencia más clara sobre las capacidades de los niños con TEA es que muchos de estos niños desarrollan capacidades de pensamiento de alto nivel. ¿Trastorno inicial o disfunción progresiva? Es tentador para muchos pensar que los individuos con autismo presentan anomalías crónicas y rígidas como consecuencia de ciertos trastornos del cerebro. Sin embargo, estas conclusiones se suelen basar en datos insuficientes. Una de las cuestiones más difíciles de responder es si una particularidad

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¿Por qué las dietas milagro en internet pueden ser perjudiciales?

Se exponen una serie de mitos o leyendas urbanas que van recirculando de manera periódica y recurrente, unos más imaginativos y sorprendentes que otros, pero todos carentes de evidencia o de base científica Mito 1. No se deben mezclar carbohidratos con proteínas En los bocatas de jamón o tortilla de patatas, en las paellas y en otros muchos platos tradicionales se mezclan sin ningún problema. De hecho, muchos alimentos ya presentan “de origen” dicha mezcla, sobre todo los frutos secos y las legumbres, por lo que es fácil comprobar que esa afirmación es uno de los disparates que con más frecuencia se encuentra en la red. Mito 2. Los carbohidratos no se pueden tomar por la noche porque engordan más que por la mañana Lo que cuenta es el balance de calorías ingeridas y gastadas a lo largo del día; no hay ningún reloj en nuestro organismo que cambie el poder calórico ni la estructura molecular de los carbohidratos a partir de una hora determinada; no obstante, cenar a las 10 o 11 de la noche un plato hondo lleno de lentejas o una paella no es aconsejable por su lenta digestión, pero cenar pronto un poco de arroz integral o dos tostadas de pan con algún componente mas no tiene por qué suponer ningún problema, si el balance con el que hemos llegado a las 8 o a las 9 de la noche así nos lo exige. Mito 3. Si se quiere adelgazar hay que limitar la manera drástica los hidratos de carbono y comer más proteínas Es el mito más peligroso y el decreto-ley de muchas dietas. Estas recomendaciones de falso gurús es absurda y nociva; de todos modos, hay que señalar que si en la dieta hay una ingestión excesiva de carbohidratos simples, esto es, azucares, la limitación tendría sentido. Dentro de este mito, hay que hacer referencia a las dietas milagro, hiperproteicas, que surgidas ya en los años 70 vuelven al circo mediático actual con la famosa dieta Dukan y la paleodieta, como últimas versiones actualizadas. La dieta Dukan puede ser muy perjudicial en temas de desequilibrio metabólico y otros desordenes orgánicos. El reconocido dietista-nutricionista Juan Revenga, en su último libro Adelgázame, miénteme (ediciones B, 2015) hace una soberbia y fenomenal critica de este tipo de dietas, que consiguen, en demasiadas ocasiones, sacar dinero a personas con problemas de peso. Mito 4. Después de comer la fruta engorda Ni la composición ni el valor energético cambian por ingerir la fruta a una hora determinada. Muy al contrario, lo que sucede es que la ingesta de fruta después de comer puede ayudar a la absorción del hierro que hayamos ingerido con la comida Mito 5. Los alimentos que alcanalizan y otros que adifican el organismo Los alimentos no intervienen en el pH de la sangre ni queriendo pues sea cual sea el grado de acidez o alcalinidad les espera en nuestro aparato digestivo un autentico infierno químico que se inicia en la boca, al ser mezclados con la saliva y alcanza su máxima expresión en el fondo del estomago, donde reina una acidez extrema y gracias entre otras secreciones gástricas, al acido clorhídrico producido por las células parietales del estomago. La regulación del equilibrio ácido-base es compleja y puede consultarse en cualquier tratado básico de fisiológica médica. El pH sanguíneo es una de las variables biológicas que el organismo debe mantener en estrechos límites y el cuerpo es tan listo que no nos deja cambiarlo fácilmente y mucho menos con algo que podamos hacer voluntariamente y cada pocas horas, como sucede con las tomas de alimento. Entre otras causas, la fiebre, el ayuno prolongado, la deshidratación aguda, una crisis de ansiedad, la falta de oxigeno en altura, intoxicaciones medicamentosas, ingesta excesiva y aguda de alcohol, enfermedades importantes respiratorias, renales, hepáticas o metabólicas pueden alterar el equilibrio acido-básico del organismo, pero comer un bocata de queso en lugar de dos naranjas, no. Para un mejor asesoramiento es mejor consultar con webs fiables como Meline Plus. Mito 6. La leche produce mocos y es mejorar retirarla cuando los niños estén enfriados Si semejante estupidez fuera verdad, los bebés y niños pequeños se transformarían en seres verdes y viscosos, pues se pasan dos años tomando leche a todas horas. Lo que produce mocos son los catarros de repetición que se pillan en las guarderías a las que se lleva a los bebés cuando su sistema inmunológico  aun es inmaduro, con la intención de que haga amiguitos, pero a estas edades los amiguitos tienen nombres extraños: rotaperez, neumosanchez, adenogómez, etc. Lo malo es que este mito se ha extendido incluso al mundo adulto y muchas personas dejan de tomar lácteos cuando tienen procesos catarrales, convencidos de que producirán menos moco y gastarán menos en pañuelos; lo triste es que algunos vivales difunden estas teorías en sus consultas de medicina neurópata, homeopática, integrativa, holística y chupi guay y no solo te quitan los lácteos sino también un buen pellizco de tu cartera, recetando suplementos con su nombre o bolitas con sacarosa. Para informarse bien y no piense que el autor es extremista, recomienda el libro Medicina sin engaños de J.M. Mulet en el que se encarga de poner en su sitio a las pseudociencias y otras ¿medicinas? Alternativas. Mito 7. El pan y las galletas integrales no engordan o engordan menos que sus versiones no integrales Es mejor el pan integral que el pan blanco, por conservar más nutrientes y tener más fibra, pero el poder energético o calórico suele ser similar, por lo que si tiene la intención de bajar peso, tendrá que tenerlo en cuenta. Lo que sucede es que además de ser más saludable, el pan integral sacia más, lo que implica que solemos comer menos cantidad, por lo que el resultado final puede ser la ingestión de algunas calorías menos. En cuanto a las galletas, aquí el problema es el alto contenido en azúcar y grasas saturadas que llevan, por lo que aunque tengan fibra, y estén

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