Entrevista a Nuria Roure especialista en sueño y psicología clínica
Dormir debería ser uno de los procesos más naturales de nuestra vida y, sin embargo, para millones de personas se convierte cada noche en una fuente de preocupación, agotamiento y frustración. El insomnio y los problemas de sueño afectan mucho más que al descanso: influyen directamente en nuestro estado emocional, nuestra capacidad de concentración, nuestras relaciones y nuestra salud mental. En esta entrevista conversamos con Nuria, especialista en sueño y psicología clínica, para comprender cómo ha evolucionado el conocimiento científico sobre el insomnio, qué errores solemos cometer cuando intentamos resolverlo por nuestra cuenta y por qué dormir bien va mucho más allá de alcanzar un número concreto de horas. A través de su experiencia clínica, académica y divulgativa, abordamos cuestiones esenciales como la influencia del estrés, las pantallas y el estilo de vida actual en el descanso, la relación bidireccional entre sueño y salud mental, y las señales que indican cuándo es momento de pedir ayuda profesional. Una conversación necesaria para recordar algo que con demasiada frecuencia olvidamos: descansar no es perder tiempo, sino cuidar uno de los pilares fundamentales de nuestro bienestar físico y emocional. Nuria, ¿qué te llevó a especializarte en el estudio del sueño y qué momento consideras decisivo en tu trayectoria profesional para dedicarte por completo a este campo tan específico de la psicología clínica? Siempre me ha fascinado entender cómo funciona el cerebro y cómo el descanso influye en absolutamente todas las áreas de nuestra vida. A lo largo de mi trayectoria clínica empecé a ver que muchas personas llegaban a consulta con ansiedad, agotamiento, problemas emocionales o dificultades de rendimiento, y detrás de todo ello había un sueño profundamente alterado. El momento decisivo fue entender que dormir bien no era un complemento de la salud, sino uno de sus pilares fundamentales. Ahí decidí especializarme completamente en medicina del sueño y en el tratamiento del insomnio desde un enfoque integral. Desde tu experiencia clínica y académica, ¿cuáles son los errores más frecuentes que cometen las personas cuando intentan mejorar su sueño por su cuenta sin ayuda profesional? El error más frecuente es centrarse únicamente en “dormir” sin entender qué está provocando realmente el problema. Muchas personas prueban soluciones rápidas, suplementos o técnicas aisladas, pero sin trabajar el origen del mal dormir. También vemos mucha obsesión por controlar el sueño: mirar constantemente la hora, forzarse a dormir o preocuparse excesivamente por pasar otra mala noche. Y precisamente cuanto más control intentamos ejercer sobre el sueño, más se activa el cerebro. Dormir bien no es cuestión de forzar, sino de crear las condiciones adecuadas para que el sueño aparezca de forma natural. ¿Cómo ha evolucionado la comprensión científica del insomnio en los últimos años y qué ideas antiguas crees que todavía están muy arraigadas en la población general? Afortunadamente hoy entendemos mucho mejor que el insomnio no es solo “no poder dormir”, sino un trastorno complejo donde intervienen factores fisiológicos, emocionales, cognitivos y conductuales. Durante muchos años se pensó que el insomnio era simplemente una consecuencia del estrés o que solo podía tratarse con medicación. Actualmente sabemos que los tratamientos psicológicos especializados, como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, son una de las herramientas más eficaces a largo plazo. Aun así, sigue muy arraigada la idea de que dormir mal es normal con la edad, con el estrés o con determinados ritmos de vida, y eso hace que muchas personas normalicen un sufrimiento que tiene solución. En consulta, ¿qué diferencias observas entre el insomnio que aparece como síntoma de otro problema emocional y aquel que se convierte en un trastorno primario del sueño? Muchas veces el insomnio comienza como consecuencia de un momento de estrés, ansiedad o dificultad emocional. El problema aparece cuando el cerebro empieza a asociar la noche y la cama con alerta, preocupación o miedo a no dormir. Ahí es cuando el insomnio puede cronificarse y convertirse en un trastorno en sí mismo, independientemente de cuál fuera el desencadenante inicial. Por eso es tan importante intervenir cuanto antes y no esperar años pensando que “ya pasará solo”. ¿Qué papel juegan las rutinas diarias, la alimentación y el uso de pantallas en la calidad del sueño y cómo deberían adaptarse de forma realista en la vida cotidiana? Juegan un papel enorme. El sueño se empieza a fabricar desde la mañana, no cuando nos acostamos. La exposición a la luz natural, el movimiento diario, los horarios, la alimentación o la gestión del estrés influyen directamente en cómo dormiremos por la noche. Las pantallas, especialmente al final del día, son uno de los factores que más alteran actualmente el descanso, porque mantienen al cerebro hiperestimulado y dificultan la producción natural de melatonina. No se trata de buscar la perfección, sino de introducir pequeños cambios sostenibles que ayuden al cerebro a entender cuándo debe activarse y cuándo debe descansar. ¿Cuál es el mayor mito sobre dormir bien que te gustaría desmontar de forma definitiva desde tu experiencia como somnóloga acreditada? Que dormir bien significa dormir ocho horas perfectas cada noche. El sueño no funciona de manera matemática ni idéntica para todas las personas. Lo importante no es únicamente la cantidad, sino la calidad y cómo nos sentimos durante el día. También es importante entender que tener alguna mala noche puntual es completamente normal. Muchas veces la obsesión por dormir “perfectamente” termina generando más ansiedad y empeorando el propio insomnio. En tu libro “Por fin duermo”, abordas soluciones prácticas, ¿qué cambio sencillo pero poderoso recomendarías a alguien que lleva años durmiendo mal? Le recomendaría empezar por dejar de luchar contra el sueño. Muchas personas llevan años viviendo la noche con miedo, frustración o hipervigilancia constante. A veces el primer gran cambio no es una técnica concreta, sino aprender a reducir la alerta física y mental asociada al hecho de dormir. Precisamente eso es lo que trabajamos en el programa Por Fin Duermo, ayudar a las personas a recuperar la confianza en su capacidad natural de dormir desde un enfoque práctico, científico e integral. ¿Cómo influye el estrés laboral
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