Incontinencia urinaria

¿La incontinencia urinaria es lo mismo que vejiga hiperactiva?

La vejiga hiperactiva (VH) es un trastorno común que afecta a muchas personas en todo el mundo. Se caracteriza por una necesidad frecuente y urgente de orinar, lo que puede afectar significativamente la calidad de vida. A pesar de ser una condición frecuente, no siempre es reconocida o entendida correctamente. En este artículo, exploraremos qué es la vejiga hiperactiva, sus posibles causas, los síntomas más comunes y las opciones de tratamiento disponibles. ¿Qué es la Vejiga Hiperactiva? La vejiga hiperactiva es un trastorno del sistema urinario que se presenta cuando la vejiga se contrae de manera involuntaria, incluso cuando no está llena. Esto lleva a una sensación urgente de necesidad de orinar, que a menudo no puede ser controlada. En algunos casos, también puede haber incontinencia urinaria, es decir, la pérdida involuntaria de orina. Causas de la Vejiga Hiperactiva Aunque no siempre se comprende completamente, la vejiga hiperactiva puede tener varias causas. Algunas de las más comunes incluyen: Problemas neurológicos: Condiciones como el Parkinson, la esclerosis múltiple o los accidentes cerebrovasculares pueden afectar el control de la vejiga. Infecciones del tracto urinario (ITU): Las infecciones pueden irritar la vejiga y provocar síntomas similares a los de la vejiga hiperactiva. Cambios hormonales: Las fluctuaciones hormonales, especialmente en mujeres durante la menopausia, pueden contribuir al desarrollo de la vejiga hiperactiva. Causas estructurales: En algunos casos, los problemas físicos con la vejiga, como un músculo de la vejiga debilitado, pueden ser responsables. Factores psicológicos: El estrés y la ansiedad también pueden empeorar los síntomas. Síntomas Comunes Los síntomas de la vejiga hiperactiva varían de una persona a otra, pero los más comunes incluyen: Urgencia urinaria: Una necesidad repentina e intensa de orinar, a veces difícil de controlar. Frecuencia urinaria: Orinar más de ocho veces al día o despertarse varias veces por la noche para orinar. Incontinencia: Pérdida involuntaria de orina, especialmente cuando no se puede llegar al baño a tiempo. Nicturia: La necesidad de orinar durante la noche, lo que interrumpe el sueño. Opciones de Tratamiento El tratamiento de la vejiga hiperactiva se basa en la gravedad de los síntomas y la causa subyacente. A continuación, se detallan algunas opciones comunes: Cambios en el estilo de vida: Reducir la ingesta de líquidos antes de acostarse, evitar la cafeína y practicar ejercicios de entrenamiento de la vejiga pueden ser útiles. Medicamentos: Los anticolinérgicos, que ayudan a relajar los músculos de la vejiga, son una opción común. En algunos casos, se pueden prescribir otros medicamentos para controlar los síntomas. Terapia conductual: La terapia de entrenamiento de la vejiga y la reentrenamiento de la vejiga son técnicas que ayudan a mejorar el control sobre la urgencia urinaria. Estimulación nerviosa: Se pueden utilizar dispositivos para estimular los nervios responsables del control de la vejiga. Intervenciones quirúrgicas: En casos más graves, procedimientos quirúrgicos como la augmentación de la vejiga o la estimulación del nervio sacro pueden ser necesarios. Conclusión La vejiga hiperactiva puede ser una condición incómoda y frustrante, pero con el diagnóstico adecuado y el tratamiento oportuno, muchas personas pueden controlar los síntomas y llevar una vida más cómoda. Si experimentas síntomas de vejiga hiperactiva, es importante consultar con un profesional de la salud para obtener una evaluación y explorar las opciones de tratamiento disponibles.  

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¿Cómo manejar la incontinencia fecal y el estreñimiento?

La incontinencia fecal (IF) es la incapacidad para retener el contenido intestinal. Se estima que la IF afecta ENTRE UN 3 y un 21% de la población  general mayor de 65 años, un 50% de las personas mayores institucionalizadas y más de un 80% de pacientes con demencia hospitalizados. García-Cabrera describe la etiología multicausal de la IF y señala el deterioro cognitivo como una de las principales causas de este problema en población anciana, por la influencia del sistema nervioso central en la regulación y el control de los esfínteres. Este síndrome es uno de los que más afecta a la calidad de vida del anciano y del mismo modo, uno de los que más sobrecarga a los cuidadores. Además, provoca un gran impacto a nivel físico, económico y psicosocial. Es una de las principales causas de institucionalización en ancianos, sobre todo cuando esta incontinencia se asocia también a la urinaria. Se distinguen dos tipos de IF, la IF menor, que se refiere a soiling (ej. Ensuciarse la ropa), incontinencia de gas, urgencia defecatoria e incontinencia verdadera a heces liquidas. Y por otro lado la IF mayor que incluye la pérdida de la continencia para hacer heces solidas por lesiones en el suelo pélvico, fármacos, prolapso, cáncer de recto, alteraciones neurológicas centrales, espinales y periféricas, enfermedades miopáticas y enfermedades sistemáticas. El origen multicausal de este problema hace que una buena evaluación sea fundamental para elegir su abordaje. Tradicionalmente, en el tratamiento de la IF se intentan establecer medidas de cuidado higiénica y dermatológica, programar las defecaciones, realizar ajustes en la dieta y en la actividad física y modificar las posibles barreras arquitectónicas. Si existe impactación fecal, esta se trata mediante enemas y sistemas de irrigación. Cuando estas medidas no son suficientes, también se recurre al tratamiento farmacológico, y según las características del paciente, se aplican también técnicas de biofeedback y rehabilitación del suelo pélvico, así como intervenciones quirúrgicas. Por otro lado, el estreñimiento no es una enfermedad, sino un síntoma que se define como la evaluación de las heces excesivamente secas, escasas o infrecuentes. Es más frecuente en mujeres que en hombres y una cuarta parte de las personas mayores de 60 años cumplen con algunos criterios de estreñimiento. El problema principal del estreñimiento son las complicaciones que tiene, como la impactación fecal, ulceras colónicas, fisura anal, prolapso de la mucosa anal, hernias, alteraciones circulatorias, vólvulo de colon, incontinencia fecal y retención urinaria.     (Información extraída de Perspectivas de estudio en gerontología y salud en el siglo XXI  / Coordinadores: Jesús Rodríguez Marín, Esther Sitges Maciá, 2020)  

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¿Cuáles son las complicaciones más comunes de la incontinencia urinaria?

Es indudable que el aumento progresivo de la próstata va a acarrear una serie de complicaciones, debidas sobre todo a la dificultad para vaciar la vejiga Sangre en la orina La orina trata de compensar el obstáculo al vaciado, lo cual implica que trabaje más y que se encuentre más congestionada, ya que los vasos por donde llega la sangre están con más presión de lo normal. Este hecho justifica que, con cierta frecuencia, pueda aparecer sangre en la orina “hematuria”, debido a que algún vaso se ha roto por acción de esta presión que tiene en su interior. Habitualmente, la cantidad de sangre no suele ser muy abundante, aunque sí que es espectacular, por pequeña que sea la cantidad de sangre que exista en la orina. Ocasionalmente puede ocurrir que el sangrado por la orina sea muy abundante, precisando atención urgente en algún centro hospitalario. No puedo orinar Si bien no suele ser un problema muy frecuente, sí que es muy fastidioso e inolvidable para quien lo haya padecido en alguna ocasión. Puede ser que debido al crecimiento progresivo de la próstata o bien a un proceso inflamatorio añadido a ese aumento de tamaño, se produzca una obstrucción total al vaciado de la vejiga, de modo que no se pueda orinar ni una gota “retención aguda de orina”. En estos casos, el sujeto nota que cada vez es mayor la dificultad para orinar hasta que de repente no es capaz de orinar nada. Es una complicación muy incómoda y arriesgada, ya que además de las considerables molestias en el abdomen puede verse alterada la función de los riñones, apareciendo una insuficiencia renal, con todas las consecuencias. Cuando ocurre esto se precisa atención médica urgente, pues es preciso colocar una sonda que permita salvar la obstrucción y recoger la orina almacenada y la que se irá formando posteriormente. Las infecciones En las fases avanzadas del crecimiento prostático sucede con bastante frecuencia que la orina que se encuentra almacenada en la vejiga y que no puede ser eliminada, sufre una infección, empeorando todavía más las molestias urinarias y pudiendo precipitar una retención aguda de orina. No es infrecuente que se descubra que la próstata esta aumentada de tamaño por la aparición de infecciones urinarias repetidas y frecuentes. En estos casos la solución a las infecciones vendrá de la mano de la eliminación del obstáculo para vaciar la vejiga. Pérdida de calidad de vida Cada vez se reconoce más que las molestias urinarias derivadas del crecimiento de la glándula prostática provocan una serie de consecuencias psicológicas y sociales que influyen negativamente sobre la calidad de vida del sujeto que las padece. Estas consecuencias se deben sobre todo a las limitaciones que provocan los síntomas prostáticos, tales como la necesidad de orinar frecuentemente, el disconfort constante, la falta de previsión de una micción urgente, a lo cual también se puede unir algún escape involuntario de orina. Por estos motivos, el sujeto mayor que padece de próstata suele evitar los desplazamientos alejados de su casa o ambiente familiar, las reuniones sociales, las visitas a otros domicilios, los actos públicos, viajes largos, etc. Además de estas limitaciones físicas, puede que se sienta también más inseguro, intranquilo y nervioso, llegando en algunos casos a padecer situaciones de ansiedad o depresión reactivas a su problema urinario. (Información extraída de Lo suyo tiene solución: los problemas de la incontinencia urinaria Carlos Verdejo Bravo, 1994)    

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¿Cuáles son las principales causas de la incontinencia urinaria?

Las causas de los escapes de orina pueden ser múltiples y muy variadas, cabiendo la posibilidad de que el fallo radique en más de un órgano o sistema. Las causas más habituales se engloban en sencillas y más complejas Causas transitorias Con bastante frecuencia el origen de la incontinencia de orina no radica en una lesión del aparato urinario, sino que las pérdidas de orina se deben a problemas médicos generales (Diabetes, infección, alteración renal, estreñimiento, etc.) a problemas con la movilidad (lentitud para desplazarse, inestabilidad para la marcha, etc.) o al uso de medicamentos (Diuréticos, sedantes), que por un mecanismo u otro pueden provocar las pérdidas de orina, pero sin que el aparato urinario esté afectado. La gran mayoría de estas causas sencillas van a poder ser descubiertas por su médico habitual a través de la historia clínica y unos análisis básicos, sin precisar pruebas sofisticadas Causas permanentes En cambio, otras veces no es tan fácil descubrir alguna causa “sencilla” y será necesario acudir a otros especialistas (urólogo, ginecólogo) para realizar unas pruebas más complejas y poder saber así por qué mecanismo se le escapa la orina. Es posible conocer casi todos los casos de incontinencia dónde radica el problema, gracias al desarrollo en los últimos años de técnicas sofisticadas (uro dinámicas) que permiten ver cómo se comporta la vejiga durante el acto de la micción (se reproduce mediante la introducción del suero salino en la vejiga a través de una sonda vesical) y comprobar así en qué escalón o fase de la micción está el fallo. Esta técnica habitualmente se realiza en los grandes hospitales, precisando de un aparataje y equipo de especialista. Aunque le parezca muy difícil, no lo es, ni tampoco provoca graves molestias ni por supuesto supone ningún peligro para el enfermo. Las causas que se descubren en las personas de edad con mayor frecuencia son: la obstrucción a la salida de la orina en la vejiga y/o uretra debida al crecimiento de la próstata, la pérdida de eficacia de los elementos de sujeción de la vejiga y la pérdida de control del cerebro sobre la vejiga. En general, no resulta muy difícil ponerle el apellido a la incontinencia y una vez conocido su origen es posible utilizar unos tratamientos u otros. (Información extraída de Lo suyo tiene solución los problemas de la incontinencia urinaria Carlos Verdejo Bravo, 1994)  

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¿Cuáles son las causas más comunes de la incontinencia urinaria en los hombres?

Es bastante habitual encontrar a varones ancianos que han tenido problemas con la próstata y a quienes, como remedio a sus males, les han colocado una sonda vesical para permitir que la orina salga libremente de la vejiga, salvando así el obstáculo de la próstata. Bien es verdad que en ocasiones no queda otro remedio que actuar así, pero desde luego, el hecho de “soportar” la sonda urinaria conlleva unos inconvenientes que deterioran considerablemente la calidad de vida de cualquier sujeto. Por ello, es recomendable consultar al médico cuando aparezca cualquier problema para orinar, por pequeño que sea, para evitar que progrese la sintomatología y no correr el riesgo de acabar con una sonda vesical Los primeros síntomas La gran mayoría de las veces a partir de los 50 años se “despierta” la próstata, en el sentido de que aparecen por primera vez las molestias. Los síntomas casi siempre comienzan de forma poca manifiesta, y lo más probable es que solo se acentúen algunas molestias previas que habían pasado inadvertidas. Inicialmente, suele producirse una necesidad de vaciar la vejiga sobre todo por la noche, lo cual obligará a orinar con bastante frecuencia, tanto durante el día como por la noche. En esta fase es bastante típico que el sujeto tenga que buscar con “prisa” un baño, ya que siente necesidad de vaciar la vejiga inmediatamente y es posible incluso que a veces no le dé tiempo a llegar al WC y sufra algún escape involuntario de orina. Junto con este aumento de la frecuencia miccional, suele existir una disminución en el chorro de la orina, ya que se orina con menos fuerza y con un calibre más fino. Conforme pasa el tiempo puede ser que aparezcan algunas dificultades para empezar a orinar, notando ganas de vaciar la vejiga pero que no se puede orinar fácilmente. También es posible que después de orinar se note que no se ha vaciado por completo la vejiga y que se quede con ganas de orinar mas. Las dificultades aumentan Aunque no existen unas reglas flojas con respecto a los síntomas de los problemas prostáticos, habitualmente esas molestias iniciales van seguidas de otra serie de síntomas, sobre todo con dificultad para empezar a orinar, micciones muy frecuentes pero con escasa cantidad de orina, un chorro de orina muy finito y sensación de que la vejiga continua llena después de haber orinado. La progresión de estos síntomas suele indicar que la próstata está produciendo un obstáculo cada vez mayor para vaciar la vejiga. ¿Por qué pasa esto? La justificación de estos síntomas se debe a la estrecha relación que existe entre la próstata y la vejiga. Conforme la próstata va aumentando de tamaño, que es lo que ocurre a partir de la edad media de vida, puede ir provocando cierto grado de compresión sobre la uretra y la vejiga, actuando como un obstáculo parcial para vaciar la vejiga. Como este proceso de crecimiento de la glándula prostática es lento, hay tiempo suficiente para que el tramo urinario inferior se adapte a esta situación. Por ello suelen existir unos síntomas iniciales que indican un intento de compensar esta dificultad para vaciar la vejiga. Posteriormente aparecen otros síntomas que ya hacen pensar que el obstáculo al vaciado de la vejiga va siendo mayor y que no compensa solo con un mayor número de micciones. Lo ideal es consultar al médico en las fases iniciales, para tratar de evitar un mayor crecimiento de la próstata y que no tenga repercusiones sobre la función de los riñones o en el proceso de eliminación de la orina.   (Información extraída de Lo suyo tiene solución los problemas de la incontinencia urinaria Carlos Verdejo Bravo, 1994)

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¿Cuáles son las etapas clave del desarrollo de la continencia urinaria en los niños?

Un tracto urinario inferior que funcione normalmente debe ser capaz de almacenar adecuadamente la orina y producir de forma voluntaria un vaciado eficiente de la misma. Para llegar a conseguirlo se requiere un complejo mecanismo que debe actuar coordinadamente y que implica centros nerviosos cerebrales y espinales, así como a la musculatura lisa de la vejiga y uretra posterior y a la musculatura estriada del esfínter de la uretra. Cronología evolutiva de la micción En el niño pequeño, hasta los dos años de edad aproximadamente, la micción está controlada exclusivamente de forma refleja por la porción sacra de la médula espinal. A partir de esa edad, en torno a los dos años, los niños son capaces de reconocer que su vejiga está llena y sienten la necesidad de orinar. Algo más avanzada dicha edad van siendo capaces de iniciar la micción, incluso sin que la vejiga se haya llenado completamente. Es en esta etapa durante la cual la capacidad funcional de la vejiga va aumentando progresivamente. Antes de alcanzar un control voluntario de la micción hay una fase de transición en la que se combinan los reflejos espinales con el control de los centros supra espinales. Fisiología de la micción En el ciclo urinario se pueden distinguir dos fases: la de llenado de la vejiga y la de micción o expulsión de la orina Fase de llenado Gracias a la gran distensibilidad de la vejiga, se consigue el almacenamiento de la orina sin que aumente mucho la presión en su interior. Si esto no fuera así, no sería posible el drenaje continuo de orina procedentes de los uréteres. Fase de micción La actividad de la vejiga está controlada por el sistema nervioso autónomo (SNA) y por el sistema nervioso central (SNC) La inervación simpática se orina en la médula tronco lumbar a nivel de T11-L2. El impulso se transmite por el nervio hipogástrico hasta la vejiga y la porción superior de la uretra. Participa fundamentalmente en la expansión de la vejiga durante la fase de llenado. La inervación parasimpática tiene su origen en la médula sacra a nivel de S2-S4. Va vehiculada por el nervio pélvico, hasta el plexo pélvico y de ahí a la vejiga. Es responsable de las contracciones vesicales durante la fase de vaciado La inervación somática voluntaria está localizada en el núcleo de Onuf, en la misma región medular que el componente parasimpático. La transmisión tiene lugar a través del pudendo, que inerva la musculatura pélvica y el esfínter externo de la vejiga. Su misión principal es mantener controlado el esfínter externo de la vejiga. Es necesario que estos tres componentes estén perfectamente coordinados para conseguir una micción normal. Así, durante la fase de llenado, mientras que el control voluntario mantiene el esfínter vesical cerrado, el estimulo simpático aumenta el tono de la musculatura lisa en el trígono y la uretra proximal impidiendo que la orina refluya hacia los uréteres o escape por la uretra, además de posibilitar la distención vesical. Una vez completada esta fase, comienzan las contracciones vesicales mediadas por el estimulo parasimpático. El cese de los impulsos somáticos permite la relajación del esfínter, momento en el cual se produce la micción. En los niños pequeños la micción está controlada exclusivamente por el arco reflejo sacro espinal, que se pone en marcha por la distención vesical. Este reflejo consigue la contracción del depresor y la relajación del esfínter externo, posibilitando así la salida de la orina por la uretra. En la mayoría de los niños el control voluntario de la micción por la maduración de los mecanismos corticales se va desarrollando entre los 18 meses y los 3 años de tal forma que el control supra espinal se va imponiendo sobre el reflejo medular progresivamente pasando por una etapa de control mixto. La continencia se alcanza cuando el niño es capaz de lograr una contracción voluntaria del esfínter externo de la uretra, mientras que el depresor, que no está sometido a ninguna supresión cortical, se contra de forma involuntaria. En la adquisición de la capacidad voluntaria de la micción influyen varios factores: Factores biológicos. Todos los centros y vías nerviosas implicados en el mecanismo de la micción y las estructuras neuromusculares de la vejiga deben estar intactos y madurar adecuadamente. Existe una cierta predisposición genética que influye en la edad a la que se consigue el control del esfínter urinario. Se ha visto que el 75% de los niños con enuresis tiene algún familiar de primer grado con enuresis en la infancia. Factores psicosociales que influyen sobre el aprendizaje. Algunos autores argumentan que si el entrenamiento en el control vesical se inicia antes de los doce meses, se conseguirá su control más fácilmente y la enuresis es más infrecuente. Sin embargo, otros autores refieren que cuando determinados educadores fuerzan al niño en el control de esfínteres a edades muy tempranas pueden suscitar en el niño una reacción airada y un desafío inconsciente que lleva a una ausencia de control miccional. Los refuerzos positivos favorecen el control, mientras que los negativos lo dificultan. Las alteraciones emocionales o acontecimientos estresantes durante el periodo de aprendizaje influyen negativamente (nacimiento de un hermano, comienzo de guardería, cambio de domicilio, etc.)   (Información extraída de Incontinencia urinaria director L. Resel Estévez, co-directores A. SIlmi Moyano y J. Moreno Sierra, 2000)  

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¿Qué tipos de incontinencia urinaria afectan más a las mujeres y por qué?

Atendiendo a su forma de presentación clínica, encontramos diferentes tipos de incontinencia: Incontinencia continua o total El paciente refiere una pérdida de orina constante, con independencia de la postura. Puede tener conciencia o no de la pérdida urinaria. Su causa suele ser una lesión del esfínter urinario, ya sea como secuela de un acto quirúrgico o en la fase final de un proceso obstructivo prolongado; también aparece en los casos en los que existe un bypass de esfínteres Entre las cirugías que pueden lesionar el esfínter, destacan la prostatectomía radical y la adenomectomía suprapública. Tras la prostatectomía, la incidencia de incontinencia varía del 4 al 37% dependiendo de las series. Se debe a la lesión del esfínter distal, por una retracción del mismo por fibrosis. Durante el primer mes, tras la cirugía hasta un 50% de los pacientes presentan algún tipo de incontinencia, descendiendo hasta un 10% a los dos años. Incontinencia del esfuerzo Esta incontinencia se define por la pérdida involuntaria de orina ocasionada por un aumento de la presión intravesical sobre la presión uretral máxima, en ausencia de contracción del detrusor. En este tipo de incontinencia urinaria predomina la sintomatología de esfuerzos con escapes urinarios. La mujer que presenta incontinencia de esfuerzo suele tener antecedentes de cirugía sobre la región genitourinaria por vía abdominal o vaginal o bien un número elevado de partos o partos distócicos. Incontinencia con urgencia miccional Se caracteriza por presentar de forma brusca una emisión involuntaria de orina acompañado de un intenso deseo miccional. Habitualmente se acompaña de contracciones no inhibidas del musculo detrusor aunque no siempre. Cuando a las contracciones involuntarias del detrusor se asocia una patología neurológica clínicamente demostrable, estamos ante una hiperreflexia vesical. Estas contracciones pueden ser provocadas por alteraciones primarias del detrusor o estar originado por otro tipo de patología. Por tanto, la vejiga inestable puede dividirse en inestabilidad vesical primaria y secundaria. Entre las principales causas de inestabilidad secundaria: Inestabilidad vesical de origen urológico Enfermedades irritativas o infecciosas como trigonitis, tuberculosis, cistitis, etc. Obstrucción al flujo urinario. En varones, esta obstrucción en un gran número de casos, se debe a patología prostática: prostatitis, adenocarcinoma de próstata, etc. Inestabilidad vesical por patología de vecindad En la mujer puede suceder en presencia de una enfermedad inflamatoria pélvica o con la endometriosis En ambos sexos, ante una patología intestinal, como una diverticulitis o un adenocarcinoma del recto Inestabilidad vesical por patología lejana Patología neurológica Patología vascular, como la arteriosclerosis Patología psicosomática Inestabilidad vesical farmacológica Por para simpaticomiméticos u otros La inestabilidad vesical es importante ya que es la segunda causa en frecuencia de la incontinencia femenina. Su prevalencia aumenta con la edad, alcanzado un 30% en mujeres mayores de 70 años. Incontinencia mixta Se caracteriza por presentar sintomatología de urgencia y esfuerzo asociada a escapes. En este tipo, junto a la incontinencia del esfuerzo coexiste una incontinencia por detrusor hiperactivo Suele ser la forma de presentación más prevalente en la población femenina con un 33-55% frente a un 9-20% de la incontinencia de urgencia y un 25-27% de la de esfuerzo. Estos porcentajes son obtenidos mediante cuestionarios, sin embargo, la distribución varia cuando el diagnostico se establece mediante pruebas uro dinámicas, demostrándose incontinencia urinaria de esfuerzo en un 49%, incontinencia mixta en un 29% e incontinencia de urgencia en el 22%. Incontinencia por rebosamiento Puede darse de forma secundaria a una retención prolongada, cuando se asocia a presiones intravesicales superiores a las resistencias uretrales. También se observa cuando el detrusor presenta una insuficiencia contráctil. Esto puede aparecer de forma idiopática; por obstrucción del tracto urinario inferior o por inhibición del reflejo de la micción, como sucede en inflamaciones uretrales por el dolor que produce la orina al pasar por la uretra inflamada. Así mismo, el detrusor puede presentar una alteración neurológica, o arreflexia, como sucede en las neuropatías periféricas; cuando se interrumpe la inervación motora, como en la tumoración medular, cerebral o en la cola de caballo, en las lesiones degenerativas, en traumatismos, tras procesos hemorrágicos, isquémicos o infecciosos Aparece la incontinencia por rebosamiento cuando el detrusor es a contráctil. Esta circunstancia aparece en: Se ha demostrado una pérdida de terminaciones nerviosas y una tendencia a la pérdida del control supra medular del reflejo de la micción Cambios de la vascularización, como en la HTA, diabetes, arteriosclerosis Disminución de la contractilidad por desusos, como en cistoceles importantes de larga evolución Lesiones por sobre distención vesical o por alteraciones del comportamiento miccional, como en el Síndrome del vaciamiento vesical infrecuente Puede ser secundaria a fármacos Incontinencia urinaria postmiccional en el varón Aparece cuando existe un defecto de la contracción de la musculatura de la uretra posterior y de la musculatura bulbo esponjoso; aunque persiste cierto grado  de contracción de la musculatura peri uretral dirigida a la terminación de la micción, esta no se produce persistiendo la contracción del detrusor. Se da con frecuencia cuando el detrusor presenta una insuficiencia contráctil y es más frecuente a partir de la cuarta-quinta década de la vida. Puede verse favorecido tras la RTU de próstata o adenomectomía, al persistir orina residual en la celda prostática. También aparece cuando se afecta el mecanismo de eliminación de la orina de la uretra anterior con conservación del funcionalismo de la uretra posterior. Puede observarse en pacientes con antecedentes de trastornos uretrales adquiridos o iatrogénicos tras manipulación quirúrgica, en los que la musculatura bulbo esponjoso y/o la uretra se encuentran afectados. La uretra pude presentar una configuración sacular o cambios de calibre no anatómicos capaces de acumular orina. Enuresis Es la pérdida de orina inconsciente e involuntaria por fallo en el control voluntario y consciente de la micción. Puede ser diurna o nocturna aunque con frecuencia, el término de eneuresis se utiliza para describir incontinencia nocturna. (Información extraída de Incontinencia urinaria director L. Resel Estévez, co-directores A. SIlmi Moyano y J. Moreno Sierra, 2000)  

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