Hiperactividad

¿En qué momento el trabajo lo ocupa todo?

En una sociedad donde estar ocupado se asocia al éxito y a la responsabilidad, trabajar sin descanso suele verse como una virtud. Sin embargo, cada vez más personas viven atrapadas en una dinámica de actividad constante que va mucho más allá del compromiso laboral. La hiperactividad laboral es una realidad silenciosa que afecta a la salud mental, emocional y física, y que a menudo pasa desapercibida porque está socialmente reforzada. Trabajar mucho no siempre es sinónimo de bienestar. Cuando el trabajo ocupa todo el espacio vital, invade el descanso y se convierte en una necesidad constante, deja de ser una elección para transformarse en una obligación interna difícil de frenar. ¿Qué es la hiperactividad laboral? La hiperactividad laboral se caracteriza por una necesidad persistente de estar trabajando o realizando tareas productivas, incluso cuando no es necesario. No se trata únicamente de largas jornadas laborales, sino de la incapacidad para desconectar mental y emocionalmente del trabajo. La persona siente inquietud, culpa o ansiedad cuando no está ocupada. El descanso se vive como una pérdida de tiempo y el valor personal queda ligado al rendimiento, la eficacia o la productividad. En muchos casos, el trabajo se convierte en el eje central de la identidad. Señales de hiperactividad laboral La hiperactividad laboral no aparece de forma brusca, sino que se instala de manera progresiva. Algunas señales frecuentes son: Pensamientos constantes sobre el trabajo fuera del horario laboral.Dificultad para relajarse o disfrutar del tiempo libre.Sensación de culpa al descansar o desconectar.Revisión continua de correos, mensajes o tareas.Cansancio crónico acompañado de irritabilidad o tensión.Priorizar el trabajo por encima de la salud, el ocio o las relaciones personales. Cuando estas señales se mantienen en el tiempo, es importante prestar atención y no normalizarlas. ¿Por qué se desarrolla la hiperactividad laboral? Detrás de la hiperactividad laboral suelen existir factores psicológicos, emocionales y sociales. En muchos casos, el trabajo actúa como una vía de escape emocional. Mantenerse ocupado evita el contacto con emociones incómodas como la tristeza, la soledad, el miedo o la inseguridad. La actividad constante funciona como una forma de anestesia emocional. También es frecuente que la autoestima esté profundamente ligada al rendimiento. La persona siente que solo vale cuando produce, cuando cumple objetivos o cuando es reconocida por su esfuerzo. Parar activa la sensación de vacío o inutilidad. A esto se suma la presión social. Vivimos en una cultura que glorifica la productividad, penaliza el descanso y refuerza la idea de que siempre se puede hacer más. En este contexto, la hiperactividad laboral no solo se tolera, sino que se premia. Consecuencias en la salud mental y física Aunque a corto plazo pueda parecer eficaz, la hiperactividad laboral tiene consecuencias importantes a medio y largo plazo. El estrés mantenido puede derivar en ansiedad, insomnio y agotamiento emocional. Aparece la dificultad para concentrarse, la irritabilidad constante y una sensación de desconexión con uno mismo. En muchos casos, acaba desarrollándose el síndrome de burnout o cuadros depresivos. A nivel físico, el cuerpo también se resiente: fatiga persistente, dolores musculares, problemas digestivos y alteraciones del sistema inmunológico son algunas de las consecuencias más habituales. El precio de no parar suele ser alto. La dificultad de descansar Uno de los aspectos más complejos de la hiperactividad laboral es la incapacidad para descansar sin malestar. El descanso deja de ser reparador y se vive con ansiedad. Incluso en vacaciones, la mente sigue conectada al trabajo. Esto ocurre porque el descanso confronta con el silencio, con la falta de estímulos y con aquello que se ha ido evitando. Por eso, muchas personas hiperactivas laboralmente no saben qué hacer cuando no tienen tareas pendientes. ¿Cómo empezar a cambiar la relación con el trabajo? Superar la hiperactividad laboral no implica dejar de trabajar, sino aprender a relacionarse de forma más saludable con el trabajo. Es fundamental revisar las creencias asociadas al valor personal y a la productividad. Descansar no es fracasar ni ser menos válido. El descanso es una necesidad básica para el equilibrio mental y emocional. Aprender a poner límites, introducir pausas reales y reconectar con otras áreas de la vida es parte del proceso. El ocio, las relaciones, el cuerpo y las emociones también forman parte de la identidad, aunque no produzcan resultados medibles. Cuando la hiperactividad laboral está muy instaurada, la ayuda psicológica resulta clave para comprender su origen y construir nuevas formas de autocuidado. Trabajar no debería significar desaparecer El trabajo puede ser una fuente de satisfacción, pero no debería convertirse en el único lugar donde existe la persona. Vivir permanentemente acelerado no es sinónimo de éxito, sino una señal de alarma que merece ser escuchada. Cuidar la salud mental también implica aprender a parar, a descansar y a habitar el propio tiempo sin culpa. Porque trabajar es importante, pero vivir lo es aún más.

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¿TDAH o solo distracción?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición que afecta tanto a niños como a adultos, caracterizándose por dificultades en la concentración, la impulsividad y la hiperactividad. Aunque es más conocido en niños, muchos adultos también pueden tener TDAH sin haber sido diagnosticados previamente. Si te preguntas si podrías tener TDAH, hay varios test y cuestionarios que pueden ayudarte a entender mejor tus síntomas y a determinar si debes buscar una evaluación profesional. ¿Qué Es el TDAH? El TDAH es un trastorno neurobiológico que se manifiesta principalmente a través de dificultades para concentrarse, controlar impulsos y, en algunos casos, mantener la calma. Las personas con TDAH pueden experimentar olvidos frecuentes, inestabilidad emocional, desorganización y dificultad para seguir instrucciones. Aunque se asocia comúnmente con niños, los adultos también pueden experimentar los mismos síntomas, lo que puede afectar su vida profesional y personal. ¿Por Qué Es Importante Realizar un Test para TDAH? Realizar un test para evaluar si tienes TDAH es una herramienta útil para comprender mejor tus comportamientos y cómo estos impactan tu vida diaria. Sin embargo, es importante recordar que los test no son diagnósticos definitivos. Si el resultado sugiere que podrías tener TDAH, es fundamental acudir a un profesional de la salud, como un psicólogo o psiquiatra, para obtener un diagnóstico oficial. Test Comunes para Evaluar el TDAH Existen varios cuestionarios y test validados que pueden ayudar a identificar síntomas comunes del TDAH. A continuación, te presentamos algunos de los más utilizados: Cuestionario de Autoinforme de Conners Este es uno de los test más utilizados tanto para niños como para adultos. El Cuestionario de Conners consta de una serie de preguntas sobre los comportamientos del individuo, la atención, la impulsividad y la hiperactividad. Está diseñado para ayudar a los profesionales a evaluar si los síntomas son consistentes con el TDAH. Test de Atención de la Universidad de Vanderbilt Este test se utiliza principalmente en niños, pero también puede ser útil para adultos que sospechan tener TDAH. El cuestionario incluye una serie de preguntas que examinan la capacidad de concentración, la impulsividad y otros aspectos relacionados con el TDAH. Escala de Evaluación de TDAH para Adultos (ASRS) El ASRS es una herramienta específicamente diseñada para evaluar los síntomas del TDAH en adultos. Está compuesto por preguntas centradas en la atención, la organización, la impulsividad y la gestión emocional. El ASRS tiene la ventaja de ser más accesible para quienes no fueron diagnosticados en la infancia. Cuestionario de Evaluación de TDAH de Brown Este test está orientado a adultos y se enfoca en los problemas relacionados con la memoria de trabajo, la organización y el control de impulsos. Es muy útil para personas que tienen dificultades a nivel laboral o social debido a los síntomas de TDAH. Inventario de TDAH para Adultos de Wender Este inventario está diseñado para evaluar si los síntomas del TDAH en la infancia persisten en la adultez. A través de preguntas que exploran los recuerdos de la infancia y los síntomas actuales, este test ayuda a identificar patrones persistentes que podrían ser indicativos de TDAH. ¿Cómo Interpretar los Resultados de un Test para TDAH? Es importante tener en cuenta que los resultados de un test son solo una parte del proceso diagnóstico. Aunque un test pueda indicar que tienes síntomas compatibles con el TDAH, se necesita una evaluación clínica completa para confirmar el diagnóstico. Los profesionales de la salud utilizan una combinación de entrevistas, pruebas psicológicas y análisis de antecedentes médicos para realizar un diagnóstico adecuado. ¿Qué Hacer Después de Realizar un Test? Si los resultados de un test sugieren que podrías tener TDAH, el siguiente paso es consultar a un médico especializado. El diagnóstico de TDAH se basa en una evaluación completa y en la consideración de los síntomas desde la infancia. Un profesional de la salud podrá ofrecerte un plan de tratamiento que puede incluir terapia cognitivo-conductual, medicamentos o estrategias de manejo personal. Conclusión Si sospechas que puedes tener TDAH, realizar un test es un primer paso valioso para comprender mejor tu situación. Sin embargo, recuerda que solo un profesional de la salud puede realizar un diagnóstico oficial. Si los síntomas del TDAH están afectando tu vida diaria, buscar ayuda es esencial para mejorar tu calidad de vida y gestionar los síntomas de manera efectiva. ¿Has hecho alguna vez un test de TDAH? ¿Qué te pareció? ¡Nos encantaría conocer tu experiencia!  

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¿Dónde encontrar los mejores especialistas en TDAH en España?

En España, el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es fundamental para mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen. Afortunadamente, existen muchos especialistas altamente capacitados que pueden ofrecer evaluaciones precisas y tratamientos efectivos. Si sospechas que tú o un ser querido tienen TDAH, buscar la ayuda de los mejores profesionales es crucial para obtener un diagnóstico adecuado y una intervención efectiva. A continuación, te presentamos algunos de los mejores especialistas y centros en España donde puedes encontrar apoyo para el diagnóstico y tratamiento del TDAH. Unidad de TDAH del Hospital Niño Jesús (Madrid) El Hospital Niño Jesús en Madrid es uno de los centros de referencia en España para el tratamiento de trastornos del neurodesarrollo, incluido el TDAH. Su Unidad de TDAH ofrece un enfoque multidisciplinario que involucra psicólogos, psiquiatras y neurólogos, todos especializados en el manejo de este trastorno. Además, tienen un equipo de pedagogos que trabajan en la adaptación de estrategias educativas para niños con TDAH. Servicios destacados: Diagnóstico integral Tratamiento farmacológico y psicológico Seguimiento a largo plazo Centro de Psicología Areté (Madrid) El Centro Areté es conocido por su enfoque en el tratamiento del TDAH en niños y adultos. Dirigido por un equipo de psicólogos y psiquiatras expertos en neuropsicología, ofrecen terapia cognitivo-conductual (TCC) y orientación sobre el manejo de impulsos y mejora de la atención. Además, proporcionan recursos para padres y familiares para ayudarles a entender y gestionar el trastorno. Servicios destacados: Terapia cognitivo-conductual Evaluación neuropsicológica Apoyo a padres y familias Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad de Deusto (Bilbao) La Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad de Deusto es otro centro destacado en la atención de personas con TDAH. Con un enfoque multidisciplinario, cuentan con profesionales especializados en psicología, neuropsicología y pedagogía. La clínica ofrece un tratamiento integral tanto para niños como para adultos, con un seguimiento personalizado. Servicios destacados: Evaluación diagnóstica especializada Tratamientos individualizados Servicios educativos y pedagógicos Instituto de Psicología y Psiquiatría Infanto-Juvenil (Barcelona) Ubicado en Barcelona, el Instituto de Psicología y Psiquiatría Infanto-Juvenil se especializa en el diagnóstico y tratamiento del TDAH en niños y adolescentes. El equipo está formado por psicólogos, psiquiatras infantiles y pedagogos, quienes ofrecen un tratamiento individualizado que incluye terapia psicológica y, en algunos casos, medicación para el control de los síntomas. Servicios destacados: Evaluación neuropsicológica Terapia para el manejo de la atención y la impulsividad Apoyo escolar y social Centro de TDAH Dr. Antonio Rodríguez (Sevilla) El Dr. Antonio Rodríguez es un referente en el tratamiento del TDAH en Andalucía. Su centro en Sevilla ofrece una evaluación exhaustiva y personalizada, combinando el diagnóstico psicológico con el tratamiento farmacológico adecuado. Además, cuentan con programas de intervención psicopedagógica para ayudar a los pacientes a mejorar su rendimiento académico y su vida diaria. Servicios destacados: Diagnóstico completo del TDAH Tratamiento con medicación Terapia psicológica y educativa Centro de Psicología Psicode (Valencia) En Valencia, el Centro Psicode se destaca por su enfoque integral en el tratamiento del TDAH. Los psicólogos y psiquiatras del centro ofrecen una amplia gama de servicios que incluyen terapia cognitivo-conductual, entrenamiento en habilidades sociales, y apoyo psicológico a padres. Además, están especializados en el TDAH en adultos, lo que es fundamental para quienes continúan enfrentando este trastorno en la adultez. Servicios destacados: Terapia cognitivo-conductual Atención a adultos con TDAH Apoyo psicoeducativo y familiar Clínica de Psicología y Psiquiatría Dr. Ignacio Fernández (Madrid) La Clínica Dr. Ignacio Fernández es reconocida por su enfoque personalizado para el tratamiento del TDAH. Este centro se especializa en la atención integral de niños y adultos con trastornos del neurodesarrollo, incluyendo el TDAH. El equipo ofrece diagnósticos precisos, terapia psicológica y orientación a padres para ayudar a gestionar los síntomas de manera efectiva. Servicios destacados: Evaluación neuropsicológica avanzada Tratamiento farmacológico y psicológico Orientación a padres y familiares ¿Cómo Elegir al Mejor Especialista? A la hora de elegir un especialista para el tratamiento del TDAH, es importante considerar varios factores: Especialización: Busca profesionales con experiencia y formación específica en TDAH, tanto en niños como en adultos. Enfoque multidisciplinario: Los tratamientos más efectivos suelen involucrar a un equipo de expertos, que incluye psicólogos, psiquiatras y pedagogos. Tratamientos personalizados: Es fundamental que el tratamiento se adapte a las necesidades individuales del paciente. Referencias y opiniones: Las recomendaciones de otros pacientes o de profesionales de la salud pueden ser muy útiles para tomar una decisión. Conclusión Si crees que tú o alguien cercano podría tener TDAH, no dudes en buscar el apoyo de un especialista. España cuenta con numerosos centros y profesionales altamente capacitados que pueden ofrecer un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por este trastorno. No dejes de consultar con un especialista para obtener la orientación que necesitas y empezar el camino hacia una vida más plena y controlada.  

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¿Cuáles son los mitos más comunes sobre el TDAH en los niños?

Algunos autores se han referido al TDAH como a una discapacidad oculta, haciendo referencia a que otras discapacidades, como la sordera, ceguera, parálisis o cualquier deficiencia física se ve o es fácilmente constatable por cualquier observador externo. Sin embargo, el niño con TDAH padece unas dificultades que solo se hacen evidentes con una observación cuidadosa, experta e interesada. La inteligencia general suele ser normal, la apariencia física también, no hay signos externos o estigmas acusatorios del problema. Sin embargo, esto que en principio es una ventaja, se convierte en una dificultad para la aceptación y comprensión del problema, siendo mucho más fácil que ante otras adversidades achacar los comportamientos anómalos y los fracasos a cuestiones como falta de voluntad, desinterés, mala intención, mala educación, problemas familiares, etc. Mamá yo no estoy loco El trastorno por déficit de atención e hiperactividad TDAH es uno de los trastornos infantiles más frecuentes y explica por qué muchos niños con una inteligencia buena fracasan escolarmente y niños con una educación adecuada tienen un comportamiento problemático. Consiste en un conjunto de disfunciones del desarrollo del sistema nervioso central que hacen que el niño tenga dificultades escolares, sociales, de adaptación y del desarrollo de su personalidad. No es una enfermedad como tal, pero sí supone unas alteraciones del funcionamiento del sistema nervioso central que son más evidentes en las etapas del crecimiento del niño y del adolescente y que sino se tienen en cuenta al educar al niño pueden tener consecuencias graves en la adolescencia y vida adulta. La expresión básica del trastorno, que hace el diagnóstico, consiste en un exceso de actividad y una menor capacidad de atención y concentración que la correspondiente a la edad del niño. La repercusión funcional, es decir, que haya un impacto negativo en el funcionamiento del niño, define el trastorno, En general, si un niño presenta varios problemas psiquiátricos, se debe diagnosticar el más importante y aludir a los otros como síntomas asociados y no pensar y diagnosticar que el niño tiene varios trastornos Hace las cosas mal porque es un vago Es cierto que en situaciones altamente motivantes los niños hiperactivos se pueden concentrar, al menos durante mas tiempo que en actividades que no les apetece nada. Esto no le ocurre solo a ello, sino a todas las personas. Lo que es propio de ellos es que, sin motivación, sin el suficiente nivel de alerta, son incapaces de rendir. Al no atender de forma continuada no se enteran de lo que hacen, y retiran el esfuerzo. O la retiran por adelantado ante la anticipación del fracaso. Pregúntese lo que haría en una situación en que la resolución de una tarea le resulta compleja y poco estimulante y piense que para el niño hiperactivo muchas de las tareas escolares son complejas y poco estimulantes. Antes de juzgar si es vago o no, pregúntese también qué hace el niño en otras situaciones de la vida en las que no tiene dificultad. ¿es un niño abúlico que quiere estar siempre tirado en el sofá, al que le da pereza coger la bici, hacer una excursión, etc.? ¿le motiva o no que le feliciten a sacar una buena nota? Quizá no es el esfuerzo, sino el esfuerzo estéril, sin resultados, el que le hace rechazar el estudio. Pregúntese qué tareas se le dan bien y procure que tenga la posibilidad de realizarlas con frecuencia. Hay que evitar caer en el circulo vicioso de mal rendimiento-clases particulares continuas-deberes toda la tarde mal rendimiento-rechazo al aprendizaje escolar. Intente que varias veces a la semana tenga actividades en las que le resulte fácil lograr buenos resultados, en las que se ponga en práctica su capacidad de esfuerzo, en las que se sienta reconfortado por verse capaz. Esto alimenta su autoestima y generará un estado de animo favorable. No caiga en el error de castigar sin actividades extraescolares que pueden ser la única fuente de sentimientos de competencia y logros, los malos resultados escolares. Se puede llegar a la situación en que el niño vea su vida reducida a aquella parcela para la que está más limitado. No va a aprender a concentrarse si se concentra con una pastilla La atención y la concentración precisan de un habito y un entrenamiento, como cualquier otra capacidad mental, como la memoria o el calculo mental. Sin embargo, si el potencial innato para la atención es inferior al resto de capacidades puede ser un obstáculo para el desarrollo general. Si el niño no se concentra lo suficiente, difícilmente va a poder practicar la lectura, las matemáticas y resto de capacidades que también precisan de un entrenamiento y práctica constantes para su aprendizaje. La medicación permite que la intención deje de ser un problema para el aprendizaje general, y permite preservar en la tarea escolar de manera que se puedan ir entrenando todas las habilidades, incluida la propia concentración. La medicación no impide, sino que facilita el entrenamiento en atención. Permite que el niño se mantenga suficiente tiempo en la tarea como para afrontar las dificultades, buscar soluciones, preservar y llegar a conseguir completar adecuadamente los ejercicios que se le presenten. Si duerme bien, no puede tener TDAH Los problemas de sueño no tienen nada que ver con el TDAH. Sin embargo, es frecuente que los niños con TDAH necesiten dormir menos horas que la mayoría de los niños, estando a pesar de ello descansados por el día. Algunos se acuestan siempre muy tarde, porque no tienen sueño antes y otros se levantan muy temprano sistemáticamente. Solo unos pocos tienen problemas de insomnio importantes y los padres recuerdan con horror los primeros años en que su hijo apenas durmió. Sin embargo, la mayoría duermen bien Se va a acostumbrar a la medicación La medicación especifica para el TDAH no provoca tolerancia. Tolerancia es un término técnico que significa que la medicación pierde efecto con el tiempo, que para conseguir el mismo efecto de una medicación hay que aumentar las dosis cada cierto tiempo. Los psicoestimulantes no tienen este efecto.

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¿Cómo controlar las conductas desafiantes en niños con TDAH?

El tratamiento conductual se fundamenta en que las conductas se producen, mantienen o desaparecen en función de las consecuencias ambientales. Si un comportamiento determinado va seguido de una recompensa aparecerá con mas frecuencia. Por el contrario, si ese comportamiento no tiene ninguna recompensa, se ignora de forma sistemática o va seguido de un castigo o una pérdida de beneficios tiende a reducirse y desaparecer. Los programas de modificación de conducta siguen una pauta que se resumen en los siguientes puntos: Identificación de las conductas problema Análisis de las relaciones entre estas conductas y los acontecimientos externos y los estados internos Manejo de las consecuencias ambientales Se ha observado que cuando aparecen conductas alteradas o comportamientos perturbadores en niños hiperactivos, los adultos prestan demasiada atención a estas conductas, hacen valoraciones negativas sobre la forma de ser del niño y lo molesto de su comportamiento y lanzan amenazas en forma de castigos que en muchas ocasiones quedan sin cumplir. Por el contrario, son menos frecuentes las valoraciones positivas, como alabanzas, elogios, muestras de satisfacción por parte de los padres y la familia en relación con las habilidades y conductas adecuadas. Esta actitud resulta comprensible pero no ayuda al niño a cambiar su comportamiento y en cambio carga negativamente las relaciones familiares. Las técnicas de modificación de conductas permiten intervenir de una forma mas eficaz para lograr el control y la modificación de los comportamientos inadecuados y el refuerzo de las conductas adaptadas y positivas de los niños con TDAH. Los conceptos de premio y castigo son ampliamente admitidos como estrategias educativas, pero con frecuencia desconocemos que precisan de ciertas condiciones para resultar eficaces. La primera tiene que ver con la identificación de las conductas que queremos eliminar o desarrollar y su asociación con consecuencias coherentes, consistentes y proporcionadas. No aplicar de forma aleatoria premios o castigos, sino que cada comportamiento del niño quede asociado siempre a la misma consecuencia ambiental y que ésta sea específica para esa conducta. La segunda es saber que los procedimientos de castigo nunca favorecen el establecimiento de hábitos deseables. El castigo será eficaz únicamente para eliminar aquellos comportamientos a los cuales queda asociado de manera inmediata y consistente. Es fundamental no utilizar el castigo físico como forma de corrección de conductas negativas. El castigo físico merma la autoestima del niño, que en el caso de niños con TDAH suele estar ya afectada por el bajo rendimiento escolar y por sentir que no cumplen con las expectativas de los padres. Además, despierta intensos sentimientos de rabia en el niño que le conducen a actitudes desafiantes y deteriora su confianza en los padres y en su capacidad para controlar las situaciones. Es siempre preferible aplicar la fuerza de la razón que la razón de la fuerza. Técnicas para disminuir o eliminar las conductas alteradas Retirada de atención. Consiste en no prestar atención a la conducta alterada, dirigir la mirada hacia otro lado sin hacer ningún tipo de comentario tanto positivo como negativo acerca de lo ocurrido. Esta técnica puede utilizarse en aquellos comportamientos no deseables del niño y que suelen ser objeto de atención continuada por parte de los adultos como, por ejemplo, llantos y rabietas, utilización de palabras malsonantes, bromas inoportunas o gestos inadecuados a la situación. Tiempo fuera. Es muy eficaz cuando el niño se porta mal buscando la atención de las personas que están con él. Consiste en la retirada del niño a un lugar cercano pero apartado de estímulos gratificantes como personas o juguetes durante un tiempo breve que dependerá de la edad del niño y de la conducta que se pretende corregir Coste de respuesta. Se trata de retirar algún reforzador tras emitir una conducta desajustada Sobrecorreccion. Se aplica cuando el comportamiento inadecuado ha tenido consecuencias negativas para terceros o entraña una gravedad significativa. El niño tiene que reparar los efectos que ha originado su conducta y además realizar una acción compensatoria. Técnicas para el aumento de las conductas adaptadas Refuerzo positivo. Es todo objeto o experiencia que cuando se produce tras una conducta hace que aumente la probabilidad de que esa conducta se repita en el futuro. Son premios a las conductas positivas en forma de objetos materiales o refuerzos sociales. Reconocimiento social. Las alabanzas como premio han demostrado ser muy eficaces en mejorar el rendimiento y el comportamiento de los niños hiperactivos. Pese a su aparente desinterés, los niños con TDAH están ansiosos por lograr la aprobación de quienes les rodean y en especial de aquellos adultos a los que sienten realmente interesados en su bienestar. La imposibilidad de conseguir esa aprobación es la mayor fuente de frustración en esos niños y el convencimiento de que esta incapacidad es algo intrínseco en ellos y no una dificultad extreman, constituye uno de los mayores riesgos para el desarrollo de trastornos de conducta y/o del estado de ánimo. Atención a los adultos. Es uno de los principales reforzadores para los niños, por lo que resulta muy útil el procedimiento de la atención selectiva. Ignorarle cuando se porta mal y atenderle, escucharle, jugar con él cuando se porta bien es uno de los principios básicos para cambiar su comportamiento. Un tipo de refuerzo positivo muy utilizado es el llamado “economía de fichas o puntos” que consiste en otorgar al niño un punto cada vez que los adultos consideren que ha cumplido con el objetivo planteado. Los puntos pueden anotarse en algún tipo de registro o entregarse en forma de fichas que pueden ser de cualquier material, forma o color. El primer paso es lograr la colaboración del niño, de manera que no vea esta tarea como una imposición de los adultos, sino que perciba que el objetivo último es que él consiga el control de su propia conducta, a la vez que logra un repertorio de comportamientos adecuado a su edad y capacidades. Para ello es importante que adquiera protagonismo participando activamente en las sucesivas decisiones que hay que tomar en el diseño del sistema de economía de puntos. La primera de estas decisiones

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¿Puede el Ejercicio Físico Mejorar los Síntomas del TDAH?

El potencial valor terapéutico del ejercicio en el tratamiento del TDAH ha sido objeto de diferentes estudios. En la mayor parte de ellos, se contempla dentro de un tratamiento multimodal, lo que dificulta la valoración de los efectos del ejercicio de forma aislada. En otros casos, se evalúa el efecto del ejercicio sobre diversas manifestaciones del síndrome. Lemura, Von Duvillard y Moolerjee (2000) han mostrado sus efectos positivos de la práctica de la actividad física sobre el funcionamiento cognitivo y especialmente, que la actividad física vigorosa puede beneficiar a niños que padecen el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Tantillo, Keisck, Hynd y Dishman (2002) publicaron un estudio donde aplicaron ejercicio aeróbico en niños con TDAH y encontraron que el ejercicio podría tener un efecto positivo en las conductas típicas del trastorno, pudiendo aportar al niño con TDAH los siguientes beneficios: A nivel físico: corregir problemas de lateralidad o de coordinación y trabajar la motricidad gruesa y fina A nivel educativo: favorecer el aprendizaje motor, facilitar el conocimiento del esquema corporal y propiciar la comprensión del movimiento A nivel social: compartir una actividad en grupo, aprender a respetar las normas, aceptar a los demás y ser respetado por el grupo Sin embargo, este trabajo no especifica los resultados objetivos tras el programa de ejercicio aeróbico, limitándose a proponer los supuestos beneficios que de dicho programa podrían derivarse. Algunos de tales beneficios, como por ejemplo los que los autores proponen a nivel social, serian difíciles de obtener mediante la caminata en banda rodante, ya que esta actividad no implica, en principio, relación social ni el desarrollo del respeto propio y ajeno. Tampoco es fácil entender cómo podrían corregirse problemas de lateralidad o coordinación ni mejorar la motricidad fina con el trabajo en la banda rodante, etc. en suma, estudios de esta índole, lejos de clarificar las relaciones entre el ejercicio físico y el TDAH pueden incluso inducir a confusión. En relación al ejercicio, como parte del tratamiento, Barkley (2002) presenta estudios de caso de los pacientes con TDAH en cuyo tratamiento se incluye el ejercicio físico y/o la práctica deportiva, fundamentalmente de carácter aeróbico intenso, afirmando haberse observado un claro beneficio. En ninguno de estos estudios se operativiza el tipo de ejercicio prescrito a los sujetos, ni se cuantifican las mejoras obtenidas. Lo que ofrece el autor es una descripción somera del tratamiento, indicando la prescripción de ejercicio y se añade un comentario anecdótico sobre los efectos obtenidos Winnick (2004 p.153) estudió 19 niños con TDAH que tomaban estimulantes y constató que el desempeño de estos niños, en términos de aptitud física y habilidades motrices gruesas, estaba por debajo de la media, comparada con los estándares establecidos para los niños de estas edades y generó. También mostraron como la incompetencia atlética y el fracaso escolar podía contribuir para que estos niños mantuvieran un auto concepto bajo, lo que les ocasionaba un sentimiento de desvalorización y frustración frente a actividades de relaciones sociales. La Educación física puede proporcionar un campo grande de aprendizaje para mejorar las habilidades sociales en los estudiantes con TDAH. Si existen diferentes causas y formas de TDAH, debe haber también varias formas de enseñar a los niños con este trastorno. Winnick (2004 p.156) sugiere estrategias específicas de enseñanza para profesores de Educación física que ayuden a los niños con TDAH a mantener la atención y concentración en los diferentes ambientes escolares. Estas estrategias implican el abordaje de rutinas altamente estructuradas y consistentes, el establecimiento de reglas, el uso de programas de control del comportamiento, expresar claramente todas las expectativas esperadas, escoger actividades que involucren movimientos lentos y controlados para disminuir la hiperactividad e impulsividad, destacar comandos relevantes, estimular al niño, variar permanentemente las tareas motrices, minimizar las actividades de juegos competitivos y estimular la cooperación. En la misma línea, Tantillo et al (2002) recomiendan la actividad física a los niños con TDAH, hasta donde sea posible. Consideran que se les debe proveer por lo menos una hora diaria de aeróbicos, karate, natación, gimnasio, danzas, u otros deportes. Estos autores sostienen que el gasto energético realizado por el niño al hacer ejercicio le permitirá mayores niveles de quietud. Además, argumentan que el ejercicio superior al nivel la condición física requiere mayor concentración del niño, lo que se generalizaría a tareas de índole intelectual. Aunque ambos argumentos puedan ser razonables, disminuir la hiperactividad mediante el aumento del gasto energético lograría, en todo caso una reducción temporal y no una modificación de los mecanismos neuropsicológicas que subyacen en la etiología del trastorno. Asimismo, esperar una trasferencia desde la supuesta concentración generada por el ejercicio físico hacia las tareas intelectuales sugiere un conocimiento muy superficial del funcionamiento de los procesos atencionales. En general, los estudios sobre la influencia del ejercicio físico en los síntomas del TDAH son simplistas y marcados por deficiencias metodológicas. Esto dificulta conocer con precisión: El efecto del ejercicio físico sobre síntomas concretos del TDAH El tipo de ejercicio más adecuado en la mejora de tales síntomas Las vías neurológicas y bioquímicas mediante las cuales se expliquen las mejoras obtenidas Y la eficacia del ejercicio frente a otros tratamientos tradicionales o como parte del tratamiento multimodal.     (Información extraída de TDAH y motricidad: Perfil psicomotor de los niños diagnosticados clínicamente con TDAH / José A. Vidarte Claros, 2010)

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¿Qué señales del TDAH se pueden observar en bebés y niños hasta los 5 años?

Cuanto antes sea detectado un problema, antes se podrán adoptar las medidas oportunas para solucionarlo. La detección del TDAH puede hacerse a edades tempranas ya que algunos de los síntomas fundamentales aparecen pronto. No obstante, la aparición de los indicadores tempranos constituirá un factor de riesgo de una posible aparición el trastorno y aunque no se sepa con contundencia el diagnóstico sí se podrá comenzar a intervenir con el objetivo de paliar la sintomatología presente. Los factores de riesgo de aparición del TDAH van a ser diferentes en función del momento en el que se encuentre el sujeto. Se expone una relación de síntomas de predicción de la posible presencia de TDAH en niños de 0 a 5 años de edad. Características de la etapa de lactancia Los bebés con TDAH suelen mostrarse: • Insaciables • Irritados • Difícilmente consolables • Con una mayor prevalencia de cólicos • Con dificultades para alimentación y el sueño Características desde la etapa de la lactancia a los dos años Estas características pueden constituir los primeros signos de aparición de un TDAH que aun no se ha manifestado por completo debido a la etapa tan temprana del desarrollo en que nos encontramos. De 0 a 2 años los sujetos con TDAH pueden mostrar: • Retrasos en el desarrollo motor (tarda más en andar, tiene muchos accidentes, es muy rápido, impulsivo y arriesgado, se muestra más torpe a nivel motor que otros niños de su misma edad) • Retrasos en el desarrollo del lenguaje • Actividad excesiva sin motivo aparente • Atención a los objetos o juguetes durante periodos de tiempo muy cortos • Falta de persistencia en la búsqueda de los objetos en su campo de visión • Reacciones emocionales inadecuadas • Incapacidad de realizar tareas habituales (comer, vestirse, etc.) sin estarse quietos y sin intentar hacer otras cosas al mismo tiempo • Irritabilidad (temperamento negativo, muy llorones) • Problemas de sueño y de alimentación Características de 2 a 5 años La presencia de estas características y las expuestas anteriormente constituyen una fuerte predicción del riesgo para desarrollar un TDAH. En esta etapa los niños pueden presentar: • Desarrollo persistente del exceso de actividad motora • Dificultades para relacionarse con los demás • Excesiva desatención • Dificultades emocionales e • Exigencias muy altas • Problemas para adaptarse a los cambios • Irregularidades en los periodos de sueño/vigilia, comidas y control de esfínteres • Incapacidad de prever las consecuencias de sus actos, de tal modo que dan la impresión de no aprender de una vez para otra. Por ello son niños que constantemente presentan heridas, moratones y otras lesiones Si a todo ello se le une un entorno familiar inadecuado la persistencia y/o severidad del trastorno se agudizará, pero no será el responsable de la aparición del mismo. (Información extraída de El TDAH: ¿qué es?, ¿qué lo causa?, ¿cómo evaluarlo y tratarlo? / Rocío Lavigne Cerván, Juan Francisco Romero Pérez, 2010)

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¿Cómo gestionar el estrés y la frustración en la familia cuando se tiene un niño con TDAH?

Los niños con TDAH no viven en el vacío. Ocupan un sitio especifico dentro de la red o sistema social, siendo el más significativo y próximo la familia. Nadie puede apreciar completamente el trastorno, sus causas, deterioros, curso y sus consecuencias sin recurrir al entorno social y a la interacción del niño con él. Son los informes de otros los que determinan qué niños se envían a consulta, se diagnostican y se tratan. El pronóstico del TDAH para cualquier niño seguramente también gira en torno a este factor. Para entender quién llega a tener un TDAH, quien lo tiene a lo largo del desarrollo, quiénes desarrollan problemas adicionales, quienes saldrán adelante a pesar de dichos problemas y qué individuos en la madurez saldrán del paso con más dificultad es más importante tener en cuenta esta red social. Saber que los niños tienen un TDAH es una limitada importancia para su futuro o para diseñar un tratamiento para ellos. Saber cuál es el impacto que los niños con TDAH tiene en sus familias, cómo actúan dichas familias y cómo los padres controlan su comportamiento le ayudará a entender no solo a su hijo, sino también a la familia. El contexto familiar de un niño con TDAH es importante para entender a estos niños. Primero, las interacciones sociales de estos niños con otros, las reacciones de sus padres y hermanos, son inherentemente más negativas y estresantes para todos los miembros de la familia que las de las familias con niños sin TDAH. Hay más evidencia de que los padres y hermanos de niños con TDAH pueden estar sufriendo más angustia y trastornos psiquiátricos que las familias con niños sin TDAH. De hecho, es posible que al menos en un 40% de los casos uno de los padres de un niño con TDAH tenga también este trastorno. Estas dificultades que presentan otros miembros de la familia seguramente tendrán influencia sobre la forma en que se percibe, se controla, se educa, se quiere y se conduce hacia la edad adulta a un niño con TDAH. Esta influencia actúa en un sentido único y tiene efectos a largo plazo que llegan hasta la adolescencia y la vida adulta de estos niños. Tal vez se inicie un círculo vicioso como el siguiente: Los padres que tienen problemas personales a menudo perciben que sus hijos muestran más comportamientos disruptivos y que estos comportamientos son más difíciles de controlar para ellos que para los padres sin estos problemas Estas percepciones afectan a la manera en que los padres reaccionan, algunas veces, frente al comportamiento de su hijo, dando como resultado un severo castigo innecesario o una irritabilidad hacia el niño sin importar lo que haga El niño también recibe mucho menos estimulo, elogio y un clima menos cálido del que se le podría dar La forma de tratar al niño influye en cómo el niño se comporta con los padres, amentando en ocasiones el nivel de desafío, testarudez, discusiones y conflicto en general Esto podría reforzar el punto de vista de los padres de que su hijo es difícil de controlar El ciclo empieza de nuevo Esto no significa que el padre sea la causa principal del TDAH del niño o de su comportamiento desafiante; solo sugiere que la relación padre-hijo puede influir en la severidad de los problemas del niño y las percepciones de los padres sobre lo estresante que es educar al niño. Las interacciones de los niños con TDAH con sus madres Los primeros estudios para observar directamente el comportamiento de las madres con sus hijos con TDAH se hicieron por la doctora Susan Campbell en la Universidad de Pittsburg en 1975. La doctora Campbell observó que los niños hiperactivos iniciaban más interacciones que otros niños cuando estaban trabajando con sus madres para acabar una tarea. Estos niños también hablaban con sus madres y les pedían más ayuda. Los niños hiperactivos parecían necesitar más atención, hablaban más y buscaban más ayuda de sus madres durante las interacciones con ellas. Las madres de niños hiperactivos les daban más indicaciones, consentimiento, desaprobación e instrucciones sobre el control de sus impulsos que las madres de niños del grupo control. Las madres con niños con TDAH tenían que controlar más el comportamiento y comprometerse más con el autocontrol de sus hijos que las madres de los niños sin TDAH. Las interacciones de los niños con TDAH con sus padres El padre que censura los déficits de conducta del niño con TDAH tendrá muchos problemas con este niño. Las madres parecen utilizar más el razonamiento y el afecto para conseguir que su hijo siga las instrucciones. Este enfoque es probablemente menos motivador con un niño con TDAH, que no sigue las instrucciones o no razona muy bien y no es tan sensible al elogio. Los padres razonan y repiten menos las órdenes y puede que impongan un rápido castigo por no obedecer. El padre que actúa rápidamente para proporcionar alguna consecuencia por el comportamiento positivo y/o negativo de su hijo puede conseguir más obediencia. Tampoco podemos excluir el hecho de que la talla física más grande y la fuerza del padre puedan intimidar al niño con TDAH. Sin tener en cuenta por qué existe esta discrepancia, el hecho de que exista puede causar problemas en el matrimonio. El padre podría atribuir las quejas de su esposa a que es muy exagerad o decidir que el mal comportamiento del niño con ella es debido a que es demasiado permisiva. Las interacciones de los niños con TDAH con sus hermanos La relación de los niños con TDAH con sus hermanos también parece diferir de las que se dan en otras familias. Los niños con TDAH discuten más, juegan de forma más alborotada, gritan más a sus hermanos y tienen un comportamiento inadecuado o hacen travesuras; así, no es raro que el conflicto sea mayor de lo normal. ¿Cómo se siente el hermano que no tiene un  TDAH? Hermanos crecen cansados y exasperados por vivir en este ambiente disruptivo y confuso, llegando

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¿Cómo actuar ante el diagnóstico de TDAH?

Algunos padres reaccionan negando la etiqueta o diagnóstico, o la base neurológica del trastorno. Se aferran desesperadamente a su idea original de que nada iba tan mal como para que no pudiera ser corregido mediante asesoramiento o simplemente con algunos métodos de modificación de conducta. Esta reacción suele ocurrir cuando los padres en un principio no sospechaban las dimensiones del problema. Con frecuencia la posibilidad de que exista un problema es mencionada por un cuidador de la guardería, un profesor de preescolar o incluso un padre de uno de los compañeros de juego del niño afectado. Cuando los padres son los últimos en saber que su hijo tiene un TDAH, es natural que lo nieguen o minimicen su importancia hasta que puedan reevaluar la información que están recibiendo y lleguen a ver con sus propios ojos los problemas de su hijo. Si se nota que se resiste a aceptar el diagnóstico, la mejor manera de salir de dudas es buscar una  segunda opinión de alguien de confianza y que sea entendido en el TDAH. Otros padres aceptan de buen grado la información que reciben sobre el TDAH, asumiendo el mensaje y las respuestas que habían buscado desesperadamente durante tanto tiempo. Finamente las preocupaciones relativas a su hijo tienen un nombre y están en situación de poder pedir ayuda. Estas familias agradecen el alivio que supone liberarse del peso de la duda y de la culpa que a menudo sienten. Saber que el TDAH tiene una base biológica les permite apartar aquella sensación que tenían de haber creado ellos mismos el problema. Ira En algunos padres el diagnóstico de TDAH provoca ira, irá dirigida hacia cualquiera que les hubiera asegurado que no había ningún problema, ira contra los que echan la culpa del problema a la mala política seguida por los padres o a los problemas familiares. Cuando los padres se dan cuenta finalmente de que ellos no son los responsables, es bastante lógico que reaccionen con ira o resentimiento Pena Es natural, y al mismo tiempo sano, reaccionar con cierta pena ante la noticia de que su hijo presenta un TDAH. Cuando a un padre se le comunica que su hijo sufre determinada discapacidad, es habitual que se entristezca por haber perdido la condición de normalidad. Algunos padres se lamentan de los riesgos que sobrevendrán al niño en un futuro; otros se quejan de las modificaciones que supondrán para la familia el hecho de acomodarse al TDAH. En la mayoría de los casos esta pena se irá desvaneciendo a medida que reelabora la visión sobre su hijo y sus problemas. Sin embargo, algunos opinan que la pena no desaparece nunca completamente, sino que más bien se adaptan a ella y por algún tiempo parecen dejarla en un segundo plano mientras se enfrentan a las responsabilidades del día a día en el cuidado de su hijo y de su trabajo. Poco después de un periodo largo en el que el niño ha funcionado especialmente bien, cuando sobreviene una regresión o una crisis de importancia, entonces reaparece el sentimiento de pena. Aceptación La aceptación es la reacción natural y más deseable ante la noticia del TDAH e implica aceptar lo que su hijo es y en lo que puede convertirse y además y no menos importante, aceptar lo que su hijo no es y nunca podrá llegar a ser. Llegado este momento aparece una paz interior, como si la tormenta se hubiera disipado, y este estado permite a los padres ver de forma más clara los problemas de su hijo y el modo en que ellos mismos reaccionan ante dichos problemas. Desde esta nueva perspectiva podrá entender que su hijo tiene un problema que no ha pedido, que no puede evitar y que para superarlo necesita ayuda, y también que le proteja de aquellos que no van a entender el problema. Necesita su apoyo para que consiga disfrutar de los derechos o servicios que le corresponden en la comunidad y en la escuela. Este cambio de perspectiva puede hacer aflorar profundos sentimientos, no solo en los padres que lo están experimentando, sino también en cualquiera que lo presencie. La aceptación del trastorno significa reconocer que hay cosas que simplemente no puede cambiarse y que el niño no llegará nunca a rendir al máximo ni conseguirá adaptarse tan bien como los niños sin este problema. La incapacidad para aceptar que su hijo tiene ciertas limitaciones puede favorecer la intolerancia, la ira y frustración; y a su vez puede someter al niño con TDAH a una presión excesiva. La aceptación del trastorno que presenta su hijo como todo que éste conlleva constituyen los cimientos que le permitirán cumplir con el papel decisivo que tiene en la mejoría de su hijo. Con mayor intensidad que otros padres, deberá reforzar activamente la autoestima de su hijo, tal vez por medios tradicionales, mientras que los niños que no presentan TDAH construyen la suya a partir del éxito académico y social. Es necesario que ejercite su creatividad para encontrar salidas validas para su hijo, ya sea en deportes organizados, bellas artes, aficiones o proyectos científicos o de mecánica. Una vez haya aceptado auténticamente el problema de su hijo podrá ver más allá de sus limitaciones y comprender, como nadie más va a ser capaz, las habilidades y cualidades únicas que tiene.   (Información extraída de Niños hiperactivos: cómo comprender y atender sus necesidades especiales: guía completa del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) / Russell A. Barkley; [traducción de Judit Abad Gil… et al.], 2011)

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¿En qué momento se puede afirmar que un niño sufre TDAH?

Cuanto antes sea detectado un problema, antes se podrán adoptar las medidas oportunas para solucionarlo. La detección del TDAH puede hacerse a edades tempranas aproximadamente a partir de los 4/5 años, ya que algunos de los síntomas fundamentales aparecen pronto. La aparición de los indicadores tempranos constituirá un factor de riesgo de una posible aparición del trastorno y aunque no se sepa con contundencia el diagnóstico sí que se podrá comenzar a intervenir con el objetivo de paliar la sintomatología presente. Los factores de riesgo de aparición del TDAH van a ser diferentes en función del momento en el que se encuentre el sujeto. Los bebés con TDAH suelen mostrarse: Insaciables Irritados Difícilmente consolables Con una mayor prevalencia de cólicos Con dificultades para la alimentación y el sueño Características desde la etapa de la lactancia a los 2 años Estas características pueden constituir los primeros signos de aparición de un TDAH que aun no se ha manifestado por completo debido a la etapa tan temprana del desarrollo en que nos encontramos. De 0 a 2 años los sujetos con TDAH pueden mostrar: Retrasos en el desarrollo motor (tarda más en andar, tiene muchos accidentes, es muy rápido, impulsivo y arriesgado, se muestra más torpe a nivel motor que otros niños de su misma edad) Retrasos en el desarrollo del lenguaje Actividad excesiva sin motivo aparente Atención a los objetos o juguetes durante periodos de tiempo muy cortos Falta de persistencia en la búsqueda de los objetos en su campo de visión Reacciones emocionales inadecuadas (por ejemplo, reacciones muy intensas cuando se les estimula) Incapacidad de realizar tareas habituales (comer, vestirse…) sin estarse quietos y sin intentar hacer otras cosas al mismo tiempo Irritabilidad (temperamento negativo, muy llorones) Problemas de sueño y de alimentación Características de 2 a 5 años La presencia de estas características y las anteriores descritas constituyen una fuerte predicción del riesgo para desarrollar un TDAH. En esta etapa los niños pueden presentar: Desarrollo persistente del exceso de actividad motora Dificultades para relacionarse con los demás Excesiva desatención Dificultades emocionales (frecuentes rabietas, enfados, alteraciones sin motivos, estado de ánimo negativo, etc.) Exigencias muy altas Problemas para adaptarse a los cambios (Dificultades en la adaptación a la guardería o escuela infantil) Irregularidades en los periodos de sueño/vigilia, comidas y control de esfínteres Incapacidad de prever las consecuencias de sus actos, de tal modo que dan la impresión de no aprender de una vez para otra (por ejemplo, intentan coger un objeto que desean sin prever que pueden golpearse, caerse, romper algo, aun cuando en ocasiones anteriores esas consecuencias se hayan dado, incluso con resultados dolorosos para el niño). Por ello son niños que constantemente presentan heridas, moratones y otras lesiones. Si a todo ello se le une un entorno familiar inadecuado (condiciones socioeconómicas adversas, nivel educativo bajo o muy bajo, familia desestructurada, presencia de problemas psicológicos o psiquiátricos en los padres, estilo educativo negativo, critico y autoritario, problemas matrimoniales) la persistencia y/o severidad del trastorno se agudizará, pero no será el responsable de la aparición de mismo.   (información extraída de El TDAH : ¿qué es?, ¿qué lo causa?, ¿cómo evaluarlo y tratarlo? / Rocío Lavigne Cerván, Juan Francisco Romero Pérez, 2010)  

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