Higiene digital

Entrevista a Nayara Ortega, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

En un contexto donde la salud mental ha ganado visibilidad, pero también se ha visto rodeada de mensajes simplificados y a veces confusos, resulta fundamental escuchar la voz de profesionales que trabajan desde el rigor, la experiencia y la cercanía. En esta entrevista, profundizamos en la mirada de una psicóloga, Nayara Ortega que entiende la salud mental no solo desde la teoría, sino también desde la vivencia personal y el contacto directo con sus pacientes. A lo largo de la conversación, se abordan temas clave como el impacto de las redes sociales, la importancia del vínculo terapéutico, las señales invisibles del malestar emocional o el papel del autoconocimiento real frente a la superficialidad actual. Una reflexión honesta y necesaria sobre cómo vivimos, sentimos y gestionamos nuestras emociones en una sociedad marcada por la inmediatez, la autoexigencia y la comparación constante. Nayara, ¿qué experiencias personales o momentos clave marcaron tu manera de entender la salud mental más allá de la formación académica, y cómo han influido en tu forma de trabajar con pacientes? Estudié Psicología por vocación. Debido a ciertas situaciones familiares, entendí desde muy temprana edad que sin salud mental no hay salud. En general, nos resulta más fácil identificar el dolor o malestar físico que el emocional, a pesar de que este último puede llegar a ser mucho más limitante en nuestro día a día. Creo firmemente en la importancia de los vínculos y en la necesidad de sentirnos seguros y escuchados como base fundamental para la mejora. Por eso intento ejercer una psicología cercana, humana y siempre apoyada en la evidencia científica.   En un mundo donde cada vez se habla más de psicología en redes sociales, ¿cómo distingues entre divulgación útil y contenido que puede simplificar en exceso problemas complejos? Las redes sociales están diseñadas para captar la atención en muy poco tiempo, y es complicado explicar un tema con todos sus matices en 60 segundos. Para mí, algo fundamental es evitar una divulgación basada en afirmaciones absolutas o que estigmatizan. Es frecuente encontrar contenido del tipo: “si haces estas 4 cosas es que eres…”. Este tipo de mensajes simplifica en exceso y deja fuera muchos factores que pueden explicar la conducta en un momento determinado. La buena divulgación informa, contextualiza y evita etiquetar de forma reduccionista.   ¿Cómo crees que está cambiando la relación entre paciente y terapeuta en la era digital, especialmente con el auge de la terapia online y la exposición constante en redes? La era digital ha traído ventajas importantes, como una mayor accesibilidad a la terapia y la posibilidad de llegar a personas que antes no podían acceder a ella. Sin embargo, también ha generado ciertos retos, como la expectativa de inmediatez o la exposición constante a información psicológica que puede generar confusión. La relación terapéutica sigue siendo el pilar fundamental del proceso, y es importante cuidar el encuadre, los límites y la calidad del vínculo, independientemente del formato online o presencial.   Trabajas desde un enfoque cognitivo-conductual, pero ¿en qué momentos sientes que este modelo necesita complementarse con otras perspectivas para adaptarse mejor a cada persona? El trabajo en psicología siempre debe adaptarse a las necesidades del paciente. Para ello, es fundamental escuchar con detalle su historia y realizar un buen análisis funcional de sus circunstancias. Aunque mi base sea el enfoque cognitivo-conductual, considero esencial ser flexible a la hora de intervenir, integrando otras perspectivas cuando la situación lo requiere, siempre en función de lo que mejor se ajuste a la persona.   ¿Qué señales sutiles suelen pasar desapercibidas en alguien que aparentemente “está bien”, pero que en realidad podría estar atravesando un malestar psicológico importante? Es importante prestar atención a pequeños cambios en el comportamiento: si la persona está más callada o aislada, si ha habido cambios en sus hábitos de alimentación o en el sueño, si muestra menos interés por actividades que antes disfrutaba o si se percibe más irritable. A menudo, estas señales pasan desapercibidas, pero pueden ser indicadores de un malestar más profundo.   ¿Cómo influye el entorno social actual —inmediatez, comparación constante, exigencia de productividad— en la aparición de nuevos tipos de malestar emocional? Creo que el ritmo de vida actual nos dificulta conectar con nosotros mismos. No nos damos el tiempo necesario para reflexionar sobre cómo nos sentimos, qué nos ha llevado a ese punto y qué podemos hacer para cambiarlo. Además, la comparación constante puede afectar negativamente a la autoestima y generar una sensación continua de insatisfacción personal.   En tu experiencia clínica, ¿qué papel juega el autoconocimiento real frente al autoconocimiento  superficial  que  muchas  veces  se  promueve  en  redes? El autoconocimiento real marca una gran diferencia tanto a nivel intrapersonal como interpersonal. Conocernos en profundidad nos permite ser más reflexivos, entender qué nos desestabiliza, qué nos regula y cómo poner límites de forma saludable. Esto favorece relaciones de mayor calidad y una mayor coherencia personal. El autoconocimiento superficial, en cambio, puede quedarse en etiquetas sin un verdadero proceso de comprensión.   ¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometen las personas cuando intentan gestionar sus emociones  sin acompañamiento          profesional? Uno de los errores más frecuentes es normalizar síntomas que, con el tiempo, pueden derivar en la cronificación de un problema de salud mental. También es habitual intentar evitar o suprimir las emociones en lugar de comprenderlas, o aplicar estrategias generales que no siempre se ajustan a la situación individual.   ¿Qué importancia le das a la psicoeducación del paciente sobre el funcionamiento del cerebro  y   cómo   impacta   esto   en   su   proceso   terapéutico? Le doy mucha importancia. En sesión dedico tiempo a explicar al paciente cómo funciona el cerebro, qué papel tienen distintas áreas y cómo esto se relaciona con su conducta. He observado que cuando la persona entiende qué le ocurre y por qué, se implica mucho más en su proceso terapéutico y se siente más capaz de generar cambios.   En el trabajo con adolescentes, ¿qué retos específicos encuentras hoy en día que no eran   tan   evidentes  en generaciones anteriores? Uno

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¿Prohibir las redes sociales a menores protege su salud mental?

Las redes sociales forman parte del día a día de niños y adolescentes. Plataformas como Instagram, TikTok o YouTube no solo son espacios de ocio, sino también de socialización, aprendizaje y construcción de la identidad. Ante el aumento de problemas de salud mental en menores, surge una pregunta cada vez más frecuente entre familias, educadores y profesionales: ¿deberían prohibirse las redes sociales a los menores de edad? Este artículo aborda el debate desde una mirada divulgativa, sin alarmismos, poniendo el foco en la salud mental y el acompañamiento adulto. Redes sociales y menores: una realidad que no se puede ignorar Prohibir las redes sociales puede parecer, a primera vista, una solución sencilla. Sin embargo, la realidad es más compleja. Vivimos en una sociedad digital y los menores crecen en ella. Las redes no son un fenómeno externo: forman parte de su entorno social, cultural y educativo. Para muchos adolescentes, las redes son: Un espacio para relacionarse con iguales. Una vía de expresión personal y creatividad. Una fuente de información y aprendizaje. El problema no es solo estar en redes, sino cómo, cuánto y con qué apoyo. Riesgos para la salud mental de los menores Numerosos estudios alertan de que un uso inadecuado o excesivo de las redes sociales puede afectar a la salud mental de niños y adolescentes. Entre los principales riesgos se encuentran: Ansiedad y baja autoestima, especialmente por la comparación constante. Presión por la imagen corporal y los estándares irreales de belleza. Ciberacoso, que puede tener consecuencias emocionales graves. Alteraciones del sueño por el uso nocturno de pantallas. Dependencia digital y dificultad para desconectar. Estos efectos no aparecen en todos los menores ni de la misma forma, pero sí son lo suficientemente frecuentes como para exigir una reflexión seria. ¿Prohibir o educar? La prohibición total plantea varios problemas: Puede generar uso oculto de las redes sin supervisión. Dificulta que los menores aprendan a gestionar riesgos reales. No prepara para un uso responsable en la vida adulta. Desde la salud mental, muchos profesionales coinciden en que educar y acompañar es más eficaz que prohibir. Esto implica: Establecer límites claros de tiempo y contenido según la edad. Hablar abiertamente sobre lo que ven y sienten en redes. Enseñar pensamiento crítico frente a la información y las imágenes. Promover una autoestima que no dependa de los “likes”. La edad importa (y mucho) No es lo mismo un niño de 9 años que un adolescente de 15. El desarrollo emocional y cognitivo es clave. En edades tempranas, la supervisión debe ser muy alta o incluso evitar redes sociales diseñadas para adultos. En la adolescencia, el acompañamiento debe centrarse en la autonomía progresiva, el diálogo y la responsabilidad. Las recomendaciones de edad mínima existen, pero a menudo no se cumplen. Aquí, el papel de las familias es fundamental. El papel de las familias y la sociedad No se puede delegar toda la responsabilidad en los menores. La protección de la salud mental infantil requiere: Familias informadas y presentes. Centros educativos que trabajen la educación digital y emocional. Plataformas que asuman su responsabilidad ética. Políticas públicas que regulen sin criminalizar. Entonces… ¿se deben prohibir las redes sociales a menores? Más que una prohibición generalizada, la clave está en regular, educar y acompañar. Las redes sociales no son intrínsecamente negativas, pero sí pueden ser dañinas si se usan sin límites, sin guía y sin conciencia emocional. Cuidar la salud mental de niños y adolescentes no pasa solo por decir “no”, sino por enseñarles a decir “hasta aquí”, a pedir ayuda y a construir una relación sana con el mundo digital.

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¿Qué es la higiene digital y cómo puede salvar tu descanso?

En la era digital en la que vivimos, el uso del móvil se ha convertido en una extensión de nosotros mismos. Es la herramienta que nos conecta con el mundo, nos informa, nos entretiene y nos mantiene en contacto con familiares y amigos. Sin embargo, el uso excesivo y descontrolado del móvil puede afectar gravemente nuestra salud, especialmente nuestro sueño, que es fundamental para el bienestar mental y físico. ¿Qué es la ‘higiene digital’? La ‘higiene digital’ hace referencia al conjunto de prácticas y hábitos saludables que se deben adoptar para usar las tecnologías de manera equilibrada y beneficiosa, minimizando sus efectos negativos en nuestra vida diaria. Así como cuidamos la higiene personal para evitar enfermedades, cuidar la higiene digital implica gestionar el tiempo y la forma en que interactuamos con dispositivos como móviles, tablets o computadoras. El impacto del móvil en el sueño Diversos estudios han demostrado que el uso del móvil antes de dormir altera el ciclo natural del sueño. Hay dos factores principales que explican este efecto: La luz azul Las pantallas de los móviles emiten una luz azul que engaña al cerebro, indicándole que es de día. Esta luz inhibe la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el sueño y la vigilia. Como consecuencia, nuestro reloj biológico se desajusta, dificultando el inicio y la calidad del sueño. La estimulación mental Las redes sociales, juegos, mensajes y notificaciones mantienen activo el cerebro justo cuando debería comenzar a relajarse para descansar. Esta estimulación mental aumenta el nivel de alerta y ansiedad, lo que puede derivar en dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o sueño poco reparador. Consecuencias del mal sueño por el uso del móvil El sueño insuficiente o de mala calidad tiene un impacto directo en nuestra salud mental y física. Algunas consecuencias frecuentes son: Fatiga crónica y falta de energía. Dificultad para concentrarse y problemas de memoria. Cambios de humor, irritabilidad y mayor riesgo de ansiedad y depresión. Problemas metabólicos y aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares. Disminución del rendimiento laboral o académico. ¿Cómo mejorar la higiene digital para dormir mejor? Afortunadamente, existen varias estrategias sencillas que podemos implementar para reducir el impacto negativo del móvil en nuestro sueño: Establece un horario ‘sin pantallas’ Intenta apagar todos los dispositivos electrónicos al menos 1 hora antes de acostarte. Usa este tiempo para actividades relajantes, como leer un libro, practicar la meditación o escuchar música suave. Usa filtros de luz azul Muchos móviles cuentan con la opción de activar un filtro de luz azul o modo nocturno. Esto reduce la emisión de esta luz dañina y facilita que tu cuerpo produzca melatonina de forma natural. Crea una rutina de sueño constante Ir a la cama y levantarte a la misma hora todos los días ayuda a regular tu reloj biológico. Evita usar el móvil en la cama para que tu cerebro asocie ese espacio con descanso y no con estímulos. Desactiva notificaciones y coloca el móvil en modo ‘No molestar’ Reducir las interrupciones durante la noche disminuye la probabilidad de despertarte con el móvil y perder el ritmo del sueño. Cuida el ambiente de tu dormitorio Haz que tu espacio para dormir sea cómodo, oscuro y silencioso. La ausencia de luz y ruido favorece la producción de melatonina y mejora la calidad del sueño. El equilibrio es la clave El móvil y las tecnologías digitales no son enemigos, sino herramientas muy útiles si se usan con conciencia y moderación. Incorporar hábitos de higiene digital en tu vida diaria no solo mejorará la calidad de tu sueño, sino también tu salud mental y bienestar general. Recuerda que dormir bien es uno de los pilares fundamentales para tener energía, mantener un buen ánimo y afrontar los desafíos del día a día. Dale a tu descanso la importancia que merece y regálate el cuidado que tu mente y cuerpo necesitan.  

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