Escuchar al cuerpo

¿Por qué el cuerpo somatiza lo que callamos?

Nuestro cuerpo habla. Siempre. Lo hace incluso cuando no queremos escuchar, cuando minimizamos lo que sentimos o cuando seguimos adelante por inercia. El problema no es que el cuerpo se exprese, sino que hemos aprendido a ignorar sus mensajes. Vivimos rápido, con agendas llenas y con una exigencia constante de productividad y fortaleza emocional. En ese contexto, el cuerpo se convierte muchas veces en el último recurso para avisarnos de que algo no va bien. La conexión entre cuerpo y mente: una relación inseparable Durante mucho tiempo se nos enseñó a separar lo físico de lo emocional, como si fueran compartimentos estancos. Sin embargo, hoy sabemos que cuerpo y mente funcionan como un sistema integrado. Las emociones generan respuestas fisiológicas reales: cambios hormonales, tensión muscular, alteraciones del sistema digestivo o del sueño. Cuando una emoción se mantiene en el tiempo sin ser reconocida o expresada, el cuerpo puede empezar a manifestar ese desequilibrio en forma de síntomas. No se trata de imaginar enfermedades ni de negar causas médicas, sino de entender que lo emocional también deja huella en el cuerpo. El cuerpo como mensajero del malestar emocional Muchas personas acuden al médico una y otra vez sin encontrar una causa clara para sus molestias. Pruebas normales, diagnósticos difusos, sensación de no ser comprendidas. En estos casos, el cuerpo puede estar expresando un malestar que no ha encontrado otro canal. Algunas señales habituales son: Dolores musculares y contracturas persistentes, especialmente en cuello, espalda y hombros. Problemas gastrointestinales como gastritis, colon irritable o digestiones pesadas. Dolores de cabeza o migrañas frecuentes. Cansancio extremo que no mejora con el descanso. Alteraciones del sueño, dificultad para conciliarlo o despertares nocturnos. Palpitaciones, opresión en el pecho o sensación de ahogo, asociadas a ansiedad. El cuerpo no habla con palabras, pero sí con sensaciones. Y cuanto más se ignoran, más intensas suelen volverse. Emociones que no se expresan, emociones que se somatizan Desde pequeños aprendemos qué emociones son aceptables y cuáles no. A muchas personas se les ha enseñado a no enfadarse, a no llorar, a no mostrar miedo o tristeza.Pero las emociones no desaparecen por prohibirlas. Se acumulan. Cuando no nos permitimos sentir, expresar o poner límites, el cuerpo puede empezar a hacerlo por nosotros. Aparecen los bloqueos, el agotamiento, la enfermedad como freno involuntario. En este sentido, el cuerpo no nos castiga:nos protege, obligándonos a parar cuando no sabemos hacerlo de otra manera. El ritmo del cuerpo frente al ritmo de la vida La mente puede convencernos de que “aguantemos un poco más”, pero el cuerpo tiene memoria y límites.El estrés sostenido, la sobrecarga emocional, la falta de descanso o la autoexigencia constante terminan pasando factura. El cuerpo necesita pausas, descanso real, seguridad emocional. Cuando estas necesidades básicas no se cubren, aparecen las señales de alarma. Escuchar al cuerpo implica preguntarnos: ¿Estoy viviendo por encima de mis límites? ¿Qué emociones estoy evitando? ¿Qué necesito y no me estoy permitiendo? Aprender a escuchar: un camino de autoconocimiento Escuchar al cuerpo no es algo que se aprenda de un día para otro. Requiere atención, paciencia y honestidad con uno mismo. Algunas prácticas sencillas pueden ayudar: Detenerse unos minutos al día para notar cómo se siente el cuerpo. Identificar tensiones y preguntarse qué las provoca. Dar espacio a las emociones sin juzgarlas. Expresar lo que sentimos a través de la palabra, la escritura o el movimiento. Respetar el descanso y el autocuidado como necesidades, no como premios. En muchos casos, contar con apoyo psicológico permite poner palabras a lo que el cuerpo lleva tiempo diciendo. El cuerpo como aliado en la salud mental Cambiar la mirada es fundamental. El cuerpo no es un enemigo que falla, sino un aliado que avisa. Cada síntoma es una oportunidad para revisar cómo estamos viviendo y qué necesitamos cambiar. Escuchar al cuerpo es un acto profundo de respeto hacia uno mismo.Es aceptar que no somos solo mente, ni solo cuerpo, sino una unidad que necesita equilibrio, cuidado y comprensión. Porque cuando aprendemos a escuchar lo que el cuerpo nos dice,empezamos a vivir de una forma más consciente, más amable y más saludable.

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¿Por qué nunca estás conforme con tu cuerpo?

La percepción corporal distorsionada es un fenómeno psicológico complejo que afecta a muchas personas, especialmente a aquellas que luchan contra trastornos alimentarios, como la anorexia nerviosa, la bulimia o el trastorno por atracón. Este trastorno se caracteriza por una visión alterada de cómo una persona ve su propio cuerpo, lo que puede llevar a una preocupación constante por el peso, la forma corporal y las imperfecciones físicas que, en realidad, pueden no ser evidentes para los demás. En este artículo, exploramos las causas, consecuencias y enfoques de tratamiento de la percepción corporal distorsionada. ¿Qué es la Percepción Corporal Distorsionada? La percepción corporal distorsionada se refiere a la incapacidad de una persona para ver su cuerpo de manera precisa y objetiva. En lugar de reconocer su figura tal como es, la persona puede percibirla de una forma exagerada, ya sea viéndose más gorda de lo que realmente está, o, en algunos casos, no percibiendo su bajo peso como una preocupación. Esta distorsión puede afectar tanto la forma en que se ve a sí misma en el espejo como la manera en que se siente respecto a su cuerpo. Causas de la Percepción Corporal Distorsionada Factores Genéticos y Biológicos: Algunas investigaciones sugieren que la predisposición genética puede influir en el desarrollo de trastornos de la imagen corporal, ya que ciertas personas pueden ser más vulnerables a la distorsión debido a factores hereditarios y biológicos. Factores Psicológicos: Los trastornos de ansiedad, la depresión y la baja autoestima están fuertemente relacionados con la percepción corporal distorsionada. Las personas que sufren de inseguridad personal pueden ser más propensas a enfocarse en aspectos negativos de su cuerpo, ignorando sus características positivas. Factores Socioculturales: En muchas culturas, los estándares de belleza impuestos por los medios de comunicación, la publicidad y la moda pueden generar presiones sociales para cumplir con un ideal físico irreal. Esto puede contribuir a la inseguridad y al deseo de cambiar el cuerpo para ajustarse a estos ideales. Experiencias Traumáticas: En algunos casos, el abuso o el trauma pueden afectar la forma en que una persona percibe su cuerpo, llevando a una distorsión que puede ser tanto física como emocional. Consecuencias de la Percepción Corporal Distorsionada La percepción distorsionada de la imagen corporal no solo afecta la autoestima, sino que también puede tener consecuencias significativas para la salud física y emocional. Entre las posibles consecuencias se incluyen: Desórdenes alimenticios: La distorsión de la imagen corporal es un factor clave en el desarrollo de trastornos alimentarios. Las personas que ven su cuerpo de manera distorsionada pueden recurrir a conductas alimentarias poco saludables, como la restricción extrema de alimentos o los atracones, lo que puede llevar a problemas de salud graves. Aislamiento social: La preocupación constante por la apariencia puede llevar a una persona a evitar situaciones sociales, como reuniones con amigos, eventos públicos o incluso actividades cotidianas, por temor a ser juzgada. Problemas emocionales: La insatisfacción constante con la imagen corporal puede provocar altos niveles de ansiedad, depresión y estrés. Las personas pueden sentirse atrapadas en un ciclo de autocrítica que deteriora su bienestar emocional. Tratamientos y Enfoques Terapéuticos El tratamiento de la percepción corporal distorsionada varía según la gravedad del trastorno y los síntomas específicos de cada persona. Algunas estrategias efectivas incluyen: Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): La TCC es una de las terapias más eficaces para tratar los trastornos de la imagen corporal. Ayuda a las personas a identificar y cambiar los pensamientos distorsionados sobre su cuerpo, promoviendo una visión más realista y saludable de su apariencia. Psicoterapia: El apoyo emocional de un terapeuta puede ser crucial para explorar las causas subyacentes de la distorsión corporal. La psicoterapia también puede ayudar a las personas a abordar problemas de autoestima y a desarrollar una relación más saludable con su cuerpo. Tratamiento Nutricional: En el caso de los trastornos alimentarios, trabajar con un nutricionista especializado puede ser fundamental para recuperar una alimentación equilibrada y evitar conductas destructivas. Apoyo Familiar: Contar con una red de apoyo, como familiares y amigos cercanos, puede ser un factor protector importante en el tratamiento de la distorsión de la imagen corporal. La comprensión y el apoyo emocional de los seres queridos son esenciales para superar estos desafíos.  

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¿Por qué es tan difícil aceptar nuestro cuerpo tal y como es?

El Body Positivity es un movimiento social que tiene como objetivo cuestionar las normas de belleza convencionales, que a menudo se centran en un cuerpo delgado y tonificado como ideal. Se busca fomentar la aceptación de todas las formas de cuerpo y la confianza en uno mismo, sin importar el tamaño o las imperfecciones. El Body Positivity nos invita a celebrar la diversidad corporal y a reconocer que todos los cuerpos son dignos de amor y respeto. Los Trastornos Alimentarios: Una Realidad Desgarradora Por otro lado, los trastornos alimentarios, como la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón, son problemas de salud mental que afectan a millones de personas en todo el mundo. Estos trastornos se caracterizan por una relación disfuncional con la comida y el cuerpo, lo que puede tener consecuencias devastadoras tanto para la salud física como mental. Las personas que sufren de trastornos alimentarios suelen estar obsesionadas con el control del peso, la figura corporal y la alimentación, lo que puede llevar a comportamientos extremos y peligrosos, como la restricción severa de alimentos, los atracones o el vómito autoinducido. Estos trastornos no son simplemente una cuestión de apariencia, sino que tienen profundas raíces psicológicas relacionadas con la baja autoestima, la ansiedad y, en muchos casos, el deseo de cumplir con los estándares de belleza socialmente aceptados. La Relación Entre Body Positivity y Trastornos Alimentarios Si bien el Body Positivity promueve la aceptación del cuerpo tal y como es, puede parecer en principio que los trastornos alimentarios y este movimiento son incompatibles. Sin embargo, la clave radica en cómo se aborda la salud mental y la relación con el cuerpo. El Body Positivity no está en contra de la salud o del cuidado personal, sino que se centra en una visión más amplia de bienestar. A través de la aceptación incondicional del cuerpo, el movimiento Body Positivity puede ser un antídoto para la presión social que alimenta los trastornos alimentarios. Fomentar el amor propio y la aceptación de uno mismo puede ayudar a las personas a sanar una relación dañada con la comida y el cuerpo. El Papel del Body Positivity en la Prevención y Recuperación de los Trastornos Alimentarios Desafiando los Estándares de Belleza: Uno de los principales factores que contribuyen a los trastornos alimentarios es la presión constante de cumplir con los estándares de belleza impuestos por la sociedad. El Body Positivity desafía estos ideales y ofrece una alternativa basada en la aceptación de la diversidad corporal. Al adoptar esta filosofía, las personas pueden empezar a liberarse de la tiranía de la imagen corporal perfecta. Promoviendo una Relación Saludable con la Comida: El Body Positivity no solo fomenta el amor propio, sino también una relación más saludable con la comida. En lugar de ver los alimentos como enemigos o como algo que debe controlarse, este movimiento enfatiza la importancia de comer de manera intuitiva y escuchar las necesidades del propio cuerpo. Esto puede ser una herramienta útil en la recuperación de los trastornos alimentarios, donde la comida se convierte en una fuente de placer y bienestar en lugar de culpa. Apoyo a la Salud Mental: La aceptación del propio cuerpo también implica cuidar la salud mental. Los trastornos alimentarios no son solo un problema físico, sino que tienen raíces profundas en la salud emocional y psicológica. El Body Positivity promueve la importancia de la salud mental como un aspecto fundamental del bienestar general, alentando a las personas a buscar ayuda cuando la necesiten. Educación y Sensibilización: El Body Positivity también juega un papel clave en la sensibilización sobre los trastornos alimentarios. Al promover una imagen más inclusiva del cuerpo humano, se ayuda a reducir el estigma en torno a los trastornos alimentarios, creando un entorno donde las personas se sientan más cómodas para hablar abiertamente sobre sus luchas y buscar el apoyo necesario. Conclusión El movimiento Body Positivity tiene el poder de transformar la forma en que vemos nuestros cuerpos y nuestra relación con la comida. Al desafiar los ideales de belleza restrictivos, promover la aceptación y el amor propio, y fomentar una relación más saludable con la alimentación, el Body Positivity puede ser una herramienta poderosa en la prevención y recuperación de los trastornos alimentarios. Al integrar este enfoque inclusivo, podemos trabajar hacia una sociedad más saludable, donde todas las personas, sin importar su tamaño o forma, se sientan valoradas y respetadas.

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¿Qué te está diciendo tu cuerpo mientras duermes?

¿Alguna vez te has despertado sintiéndote igual o más cansado que cuando te acostaste? Este problema, más común de lo que parece, puede ser una señal de que algo no anda bien en tu cuerpo o en tus hábitos diarios. Aquí te explicamos las posibles causas y cómo abordarlas para mejorar tu calidad de vida. Causas Físicas del Cansancio Persistente Apnea del Sueño La apnea del sueño es un trastorno en el que la respiración se detiene y reinicia repetidamente durante la noche. Esto interrumpe el ciclo de sueño profundo y puede dejarte agotado al despertar. Señales: Ronquidos fuertes, jadeos nocturnos, sequedad bucal al despertar. Solución: Consulta a un especialista en sueño. Un dispositivo CPAP o cambios en el estilo de vida pueden ser necesarios. Deficiencias Nutricionales La falta de nutrientes esenciales como hierro, vitamina D o vitamina B12 puede generar fatiga constante. Señales: Debilidad, piel pálida, caída de cabello. Solución: Realiza un análisis de sangre y ajusta tu dieta o suplementación bajo supervisión médica. Trastornos Hormonales Problemas como el hipotiroidismo pueden alterar tu energía y hacer que despiertes cansado. Señales: Aumento de peso, sensibilidad al frío, piel seca. Solución: Consulta a un endocrinólogo para evaluar tus niveles hormonales. Factores Psicológicos y Hábitos Estrés Crónico El estrés puede mantener tu cuerpo en un estado de alerta constante, dificultando el descanso reparador. Señales: Dificultad para desconectar, tensión muscular, pensamientos intrusivos. Solución: Practica técnicas de relajación como la meditación o el yoga. Mala Higiene del Sueño Hábitos como usar dispositivos electrónicos antes de dormir o acostarse a horas irregulares afectan la calidad del sueño. Señales: Dificultad para conciliar el sueño, despertarte en medio de la noche. Solución: Establece una rutina de sueño consistente, limita el uso de pantallas y crea un ambiente propicio para dormir. Cuidados Esenciales para Combatir el Cansancio Mantén una dieta equilibrada: Incluye frutas, vegetales, proteínas y carbohidratos complejos. Hidrátate adecuadamente: La deshidratación también puede causar fatiga. Haz ejercicio regularmente: Mejora tu energía y regula tus patrones de sueño. Consulta a un especialista: Si el cansancio persiste, un profesional de la salud podrá identificar causas subyacentes. Reflexión Final Sentirte cansado al despertar no es algo que debas ignorar. Es la manera en que tu cuerpo te dice que algo necesita atención. Con pequeños ajustes y, si es necesario, ayuda profesional, puedes recuperar tu energía y disfrutar de un sueño reparador. ¡Tu bienestar lo merece!  

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¿Qué es la vigorexia y cómo afecta el deseo obsesivo de perfección física?

En una sociedad cada vez más obsesionada con la apariencia física y los estándares de belleza, han surgido múltiples trastornos relacionados con la imagen corporal. Entre estos, la vigorexia, o trastorno dismórfico muscular, ha ganado notoriedad por su carácter insidioso y su relación con el ejercicio físico y la musculación. ¿Qué es la Vigorexia? La vigorexia es un trastorno psicológico caracterizado por una preocupación obsesiva por desarrollar una musculatura cada vez mayor. A menudo, las personas afectadas por este trastorno no logran sentirse satisfechas con su apariencia física, incluso cuando han alcanzado un cuerpo musculoso y atlético. En lugar de ver los resultados positivos de su entrenamiento, se perciben como delgadas o poco musculosas, lo que las lleva a un ciclo de entrenamiento excesivo y dietas estrictas. Este trastorno afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque es más común en los primeros. Se cree que está influenciado por los estándares sociales que promueven un ideal de cuerpo masculino extremadamente musculoso y una figura femenina tonificada. En la búsqueda de ese ideal, quienes sufren de vigorexia suelen sobreentrenar, seguir dietas extremas y, en algunos casos, recurrir al uso de esteroides anabólicos u otros suplementos peligrosos. Causas de la Vigorexia La vigorexia es un trastorno complejo que puede tener múltiples causas, entre ellas: Factores socioculturales: La presión social y los medios de comunicación juegan un papel importante al exaltar un cuerpo musculoso como sinónimo de éxito y atractivo. Las redes sociales, con su constante comparación visual, también contribuyen a este fenómeno. Factores psicológicos: Baja autoestima, insatisfacción con la imagen corporal y una tendencia a desarrollar comportamientos obsesivos son factores de riesgo importantes. En algunos casos, la vigorexia puede estar relacionada con otros trastornos de la salud mental, como la ansiedad o la depresión. Factores biológicos: Se ha investigado si la vigorexia puede tener una base genética o estar relacionada con desequilibrios químicos en el cerebro que afectan la percepción de la imagen corporal. Síntomas de la Vigorexia Algunos de los síntomas más comunes de la vigorexia incluyen: Entrenamiento excesivo: Las personas con vigorexia pasan horas en el gimnasio, a menudo hasta el punto de la extenuación, y les resulta difícil descansar. Preocupación constante por el tamaño muscular: A pesar de tener un cuerpo musculoso, nunca se sienten lo suficientemente grandes o definidos. Dietas restrictivas: Siguen dietas extremadamente controladas, centrándose principalmente en el consumo de proteínas y evitando grasas y carbohidratos. Uso de esteroides u otros productos: En algunos casos, recurren al uso de suplementos peligrosos, como esteroides, para aumentar el crecimiento muscular. Consecuencias de la Vigorexia Este trastorno puede tener serias consecuencias para la salud física y mental. En el plano físico, el entrenamiento excesivo y las dietas extremas pueden llevar a lesiones, agotamiento y problemas metabólicos. El uso de esteroides, en particular, puede causar daño hepático, desequilibrios hormonales, problemas cardiovasculares y, en los casos más extremos, la muerte. A nivel mental, la vigorexia puede afectar las relaciones personales y la calidad de vida en general. La obsesión por el cuerpo puede llevar al aislamiento social, a un aumento de los niveles de ansiedad y, en algunos casos, a la depresión. Tratamiento de la Vigorexia El tratamiento para la vigorexia debe abordar tanto los aspectos físicos como los psicológicos del trastorno. La intervención de un profesional de la salud mental, como un psicólogo o psiquiatra, es crucial para tratar las causas subyacentes del trastorno, especialmente en lo que respecta a la percepción distorsionada del cuerpo. Psicoterapia: Las terapias cognitivo-conductuales son efectivas para ayudar a las personas a cambiar sus patrones de pensamiento negativos sobre su cuerpo y desarrollar una relación más saludable con el ejercicio y la alimentación. Intervención médica: En los casos donde hay uso de esteroides u otros productos peligrosos, puede ser necesaria la intervención de un médico para ayudar a restaurar el equilibrio físico. Educación y conciencia: Sensibilizar a la persona sobre los riesgos de los comportamientos excesivos y ayudarla a desarrollar una imagen corporal más realista es parte clave del tratamiento.

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¿Qué Consecuencias Tiene el Uso Inadecuado de los Fármacos?

La terapia de interacción recíproca no tiene ningún reparo en la utilización de fármacos psicotrópicos, así como admite con agrado tratamientos de homeopatía, acupuntura y otros tratamientos mecánicos o químicos que tienen suficiente experiencia clínica y que han demostrado ser efectivos. La única salvedad es utilizar estas herramientas químicas como ayudantes a la psicoterapia del conflicto básico. Solo con fármacos, solo con homeopatía o solo con acupuntura nos parece que no es suficiente. Es necesaria la psicoterapia, aunque muchas de estas disciplinas ya tienen incorporada esta cuestión en sus propios protocolos de intervención. En el modelo que utilizan los autores de este libro en los trastornos de pánico y en la agorafobia, es bastante común acoplar en el paciente una intervención farmacológica suficiente, adecuada y capacitante para cada caso. En numerosas intervenciones las dosis que se prescriben al paciente están por debajo del nivel terapéutico, con la consiguiente sensación de ineficacia que tiene aquel que sufre estos trastornos, pero también en ocasiones se han realizado tratamientos farmacológicos que han dejado K.O. al paciente por lo excesivo de la dosis. Adecuada en el sentido de adoptar para cada perfil de paciente un tratamiento a medida, de tal forma que detalles como repartir el tratamiento en varias dosis o en una sola, dependiendo del vínculo entre el psiquiatra y el paciente, pueden conseguir el éxito o el fracaso del tratamiento. El éxito del tratamiento farmacológico suele estar unido a la capacidad que tenga el facultativo de conseguir que éste lo realice tal como se le prescribe y durante todo el tiempo que se le prescribe; el fracaso en la mayoría de las ocasiones viene dado por la automedicación o por dejar de tomar parte o la totalidad del tratamiento antes de tiempo. Somos conscientes de que la eficacia suele ser una consecuencia de la ingesta del fármaco, pero para que esto sea así es necesario motivar al paciente par que lo haga y es ahí donde está la parte vincular psiquiatra-paciente. Si la relación es buena y hay un vínculo adecuado, es mejor que se tomen los medicamentos varias veces al día, en cada momento, y el paciente tendrá la imagen del médico, a su lado en cada toma. Mientras que, si la relación no es adecuada, con una sola dosis será suficiente, siempre que el medicamento pueda administrase así. Por último, capacitante tiene que ver con el equilibrio que hay que encontrar para que el paciente deje de sentir la angustia que lleva a la terapia, pero no se convierta en un vegetal. Cualquier protocolo de intervención en los procesos de miedo a tener miedo nos indica que son tres veces más eficaces los que conjugan durante dos tercios del tratamiento la intervención conjunta en psicoterapia con farmacoterapia y en el último tercio se estable la psicoterapia ya sin fármacos. También la investigación realizada a este respecto expresa la necesidad de conseguir equilibrar los desórdenes en distintos neurotransmisores en estos trastornos. Queda claro que todo el proceso farmacológico debe ser prescrito, regulado y revisado por un facultativo en medicina y/o psiquiatría. La automedicación puede no solo provocar un empeoramiento de estos trastornos, sino que en algunas ocasiones producirá desórdenes de otros niveles; sin embargo, la medicación prescrita por un profesional de la salud mental puede en algunos casos tardar en hacer efecto positivo, pero si se tiene un poco de paciencia se llega a conseguir descubrir la dosis y el activo adecuado para cada paciente. El tratamiento farmacológico en trastornos como la agorafobia o las crisis continuas de ansiedad, así como en algunos trastornos de fobia social y en casi todos los trastornos obsesivos-compulsivos cronificados, no es una cuestión de elección. En estos trastornos la comunidad psiquiátrica como psicológica debería asumir de una vez por todas que es una necesidad terapéutica sin la cual el paciente es posible que pueda cronificar su problema. El tratamiento debe ser biopsicosocial y de esta manera debemos integrar siempre el tratamiento psicoterapéutico, farmacológico y la intervención social. De no haberlo así, el porcentaje de éxitos disminuirá mucho. Si se hace un estudio amplio, nos daremos cuenta de que la mayoría sí necesita fármacos. Cuando la psicoterapia es realizada con protocolos en hipnosis, el nivel de mejoría del paciente se triplica (trabajos de Irving Kirsch), debido al trabajo sobre las estructuras límbicas y a la mejor capacidad del paciente de conseguir realizar sus deseos básicos. La realización de éstos produce una orden de apaciguamiento al cerebro que interviene en estos cuadros, activándose programas emocionales incompatibles con el de pánico u opuestos a él. Los fármacos más utilizados en el tratamiento de trastornos de pánico son: Benzodiacepinas Imidazopiridinas Azaspironas Antidepresivos: tricíclicos, ISRS. BENZODIACEPINAS Son agentes depresores del sistema nervioso muy selectivos. Actúan en particular sobre el sistema límbico. Las benzodiacepinas compartes estructura química similar y tienen gran afinidad con el complejo de receptores benzodiacepínicos en el sistema nervioso central. Su estructura presenta un anillo de benceno con seis elementos unido a otro anillo de diazepina con siete elementos. Cada benzodiacepina especifica se obtiene por sustitución de radicales en diferentes posiciones. El sistema nervioso central tiene unos receptores específicos para las benzodiacepinas, formando parte del complejo ácido gamma-amino-butírico o GABA. El GABA es un neurotransmisor con acción inhibitoria y sus receptores forman parte de un sistema bidireccional inhibitorio conectado entre diversas áreas del sistema nervioso central. Las benzodiacepinas amplifican la acción inhibitoria medida por el GABA y están distribuidas tanto por la médula espinal como por todo el cerebro, encontrándose en menor medida en las glándulas adrenales, riñones, glándula pineal y plaquetas. El tratamiento de benzodiacepinas para los trastornos de pánico y la agorafobia debe ser prescrito en los primeros momentos de la incorporación del tratamiento farmacológico con la idea de ir retirándolas según vayan haciendo efecto otros fármacos, tales como los ISRS, tricíclicos u otros. Las benzodiacepinas son muy eficaces para modular los efectos adversos de fármacos que tardan unas dos semanas en conseguir los efectos positivos y que en muchos casos pueden dar molestias que

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