Entrevista a Andrea Anaya psicóloga clínica
La salud mental ocupa hoy un lugar cada vez más relevante en la conversación pública, aunque todavía persisten numerosos mitos y estigmas que dificultan que muchas personas pidan ayuda cuando la necesitan. En esta entrevista conversamos con Andrea Anaya, psicóloga clínica especializada en terapia individual, infantil, familiar y de pareja, para conocer cómo nació su vocación, qué aprendizajes ha adquirido a lo largo de su trayectoria y cuál es su visión sobre algunos de los grandes retos actuales de la psicología. Hablamos del impacto de las redes sociales en el bienestar emocional, de la importancia de acudir a terapia sin esperar a tocar fondo, del papel de las familias en el desarrollo de niños y adolescentes, de los límites saludables y de cómo la inteligencia artificial puede influir en el futuro de la salud mental. Una conversación cercana, rigurosa y llena de reflexiones que pone el foco en el valor del autocuidado emocional y en la necesidad de seguir normalizando el cuidado de nuestra mente. Andrea ¿qué experiencias personales y profesionales despertaron tu interés por la psicología clínica y marcaron el camino hacia la psicoterapia como proyecto de vida? Desde que era niña mi mamá nos llevaba mucho a orfanatos, asilos, a donar juguetes y ropa. A los 17 años entré a ser dama voluntaria en un hospital y ahí sentí una sensación que dije “quiero sentir esto toda mi vida”. No sabía que tenía que estudiar para sentirlo, pensé en medicina, enfermería, pero como no me gusta la sangre en una clase en prepa escuché hablar más de psicología y dije , aquí es . A lo largo de tu trayectoria has trabajado con terapia individual, infantil, familiar y de pareja. ¿Qué aprendizajes te ha aportado cada uno de estos ámbitos y cómo se complementan entre sí en tu práctica clínica? Para mí la infancia lo es todo, pero cuando esa infancia se rompe o tiene fracturas llegan esas heridas a siguientes etapas. Entonces ahí se complementa todo. Claro que puedes tener una buena infancia y tener problemas en otras etapas y se trabajan en terapia pero así es como lo relacionaría . En los últimos años la salud mental ha ganado una enorme visibilidad en redes sociales. Desde tu perspectiva, ¿qué beneficios y qué riesgos observas cuando la psicología se divulga a través de plataformas digitales? Veo demasiados beneficios empezando por la desestigmatización de la misma. El volverla una profesión clínica y cercana sin los tabúes del pasado. Sin embargo los riesgos son que hay gente sin credenciales que mal informa o profesionales poco preparados que desacreditan la profesión. Muchas personas sienten miedo o vergüenza antes de acudir por primera vez a terapia. ¿Cuáles son los mitos más frecuentes con los que te encuentras y qué les dirías a quienes todavía dudan en pedir ayuda? Que los psicólogos son lo para los “locos”, que damos consejos, que solo queremos tu dinero. La realidad es que la terapia es para toda persona que tenga mente y le interese saber cómo funcionan sus pensamientos y creencias. Con la finalidad de sanar y tener una mejor calidad de vida. También hay pacientes clínicos pero son minoría y es una fortuna que exista un área de la salud que los acompañe. Y sobretodo que es más difícil llegar a terapia que estar. En el momento que te sientas, te sueltas. Y si no sabes qué decir, el trabajo del terapeuta es ese, tú no tienes que hacer nada más que llegar. La terapia cognitivo-conductual cuenta con una sólida base científica, pero cada persona es única. ¿Cómo consigues adaptar las herramientas terapéuticas a las necesidades, valores e historia de cada paciente? Yo tengo maestría en terapia cognitivo conductual pero es mi segunda maestría. La primera es en terapia integral que justamente integra distintos modelos de la psicología para saber qué herramientas utilizar según el problema del paciente. Pero incluso en TCC no siempre se van al pensamiento-emoción. Ya ha evolucionado mucho y se van a otras áreas para trabajar el problema. En consulta es habitual encontrar personas que han aprendido a normalizar el estrés, la ansiedad o el malestar emocional. ¿Qué señales nos indican que ya no estamos ante una dificultad pasajera y que conviene buscar apoyo profesional? Cuando el malestar afecta las siguientes áreas: personal, laboral, familiar, social y de pareja si las hay. Puedes acudir a terapia, no necesitas estar MUY mal para querer estar bien Las redes sociales han cambiado la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. ¿Cómo están influyendo en la autoestima, la comparación social y la salud mental de adolescentes y adultos? Muchísimo y es delicado. Los trastornos de la conducta alimentaria han aumentado, así como la ansiedad y la depresión por el uso de redes sociales. La gente se compara más, duerme menos, no se dejan sentir y hay poca validez emocional. Trabajar diariamente acompañando el sufrimiento de otras personas también puede resultar emocionalmente exigente. ¿Qué estrategias utilizas para cuidar tu propio bienestar psicológico y prevenir el desgaste profesional? Si, es una profesión hermosa pero que exige mucho autocuidado. Yo hago ejercicio a primera hora de la mañana, como bien, me doy breaks entre bloques de pacientes, trato de distraerme y hacer cosas que me gusten cuando no estoy trabajando, hidratarme mucho y sobre todo y más importante, dormir bien. Además de ir a terapia donde no hablo de mis pacientes si no de mi. Entre más te cuides y más “limpio” estés por decirlo de alguna manera, más puedes ayudar a tus pacientes La terapia de pareja suele estar rodeada de numerosos prejuicios. ¿En qué momento recomendarías acudir a terapia y qué ideas erróneas crees que dificultan que muchas parejas den ese paso a tiempo? Yo creo que toda pareja debería de ir a terapia para conocerse como equipo y conocer las heridas que detonan al otro. No para dañarlo sino para entenderlo. Lo que pasa con la terapia de pareja es que llegan muy tarde y muy
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