Ejercicio físico

¿Conoces los ejercicios que ayudan a mantener tu mente activa?

Cuando pensamos en cuidar nuestra salud solemos centrarnos en el ejercicio físico, la alimentación o el descanso. Sin embargo, el cerebro también necesita entrenamiento. Al igual que los músculos, las funciones cognitivas pueden fortalecerse y mantenerse activas mediante prácticas específicas. En este contexto, los ejercicios neuropsicológicos se han convertido en una herramienta cada vez más utilizada tanto en la rehabilitación cognitiva como en la prevención del deterioro mental. Estos ejercicios no están destinados únicamente a personas con daño cerebral o trastornos neurológicos. Cualquier persona puede beneficiarse de ellos para mejorar su memoria, su capacidad de concentración o su agilidad mental. Incorporarlos a la rutina diaria puede contribuir significativamente al bienestar psicológico y al mantenimiento de la salud cognitiva a lo largo de la vida. ¿Qué es la neuropsicología? La neuropsicología es una disciplina que estudia la relación entre el cerebro y la conducta. Analiza cómo las diferentes estructuras cerebrales influyen en procesos como el pensamiento, la memoria, las emociones, el lenguaje o la toma de decisiones. Cuando alguna de estas funciones se ve alterada —ya sea por estrés, envejecimiento, lesiones cerebrales o trastornos psicológicos— los ejercicios neuropsicológicos pueden ayudar a estimular y reforzar las capacidades cognitivas. El objetivo principal de este tipo de actividades es estimular el cerebro para mejorar su funcionamiento, favoreciendo la llamada plasticidad cerebral, es decir, la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales. ¿Qué funciones cognitivas se pueden entrenar? Los ejercicios neuropsicológicos suelen diseñarse para estimular distintas funciones mentales: Memoria Es la capacidad para almacenar y recuperar información. Existen distintos tipos de memoria: memoria inmediata, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo. Atención Permite concentrarse en una tarea concreta durante un tiempo determinado. Es fundamental para el aprendizaje y el rendimiento diario. Funciones ejecutivas Incluyen habilidades como planificar, organizar, resolver problemas, tomar decisiones o controlar impulsos. Lenguaje Se refiere a la capacidad para comprender y expresar información verbal o escrita. Velocidad de procesamiento Es la rapidez con la que el cerebro procesa la información y responde a los estímulos. Trabajar estas funciones de forma regular ayuda a mantener el cerebro activo y flexible. Beneficios de los ejercicios neuropsicológicos Incorporar actividades que estimulen el cerebro puede aportar múltiples beneficios tanto a nivel cognitivo como emocional: 1. Mejora de la memoriaRealizar ejercicios que impliquen recordar información fortalece las conexiones neuronales relacionadas con el almacenamiento y recuperación de recuerdos. 2. Mayor capacidad de concentraciónEntrenar la atención permite reducir distracciones y mejorar el rendimiento en tareas diarias. 3. Estimulación de la creatividadMuchas actividades cognitivas requieren pensar de forma diferente, lo que fomenta la flexibilidad mental. 4. Prevención del deterioro cognitivoMantener el cerebro activo puede ayudar a retrasar el envejecimiento cognitivo. 5. Aumento de la autoestimaSuperar retos mentales y observar progresos en la memoria o la concentración genera una sensación positiva de logro. 6. Mejora del bienestar emocionalEl entrenamiento cognitivo también contribuye a reducir el estrés y aumentar la sensación de control sobre nuestras capacidades mentales. Ejercicios neuropsicológicos que puedes practicar en casa Existen múltiples actividades que ayudan a estimular el cerebro y que pueden realizarse fácilmente en la vida cotidiana. 1. Ejercicio de memoria visual Observa una imagen durante unos 30 segundos. Después retírala e intenta recordar todos los detalles posibles: colores, objetos, posiciones o elementos del entorno. Este ejercicio ayuda a mejorar la memoria visual y la capacidad de observación. 2. Listas de palabras Pide a alguien que te diga entre 5 y 10 palabras o escríbelas en un papel. Léelas durante un minuto y luego intenta recordarlas sin mirar. Para aumentar la dificultad, intenta recordarlas en el mismo orden o agrupándolas por categorías. 3. Cambiar rutinas diarias Realizar acciones cotidianas de forma diferente obliga al cerebro a crear nuevas conexiones neuronales. Por ejemplo: Cepillarte los dientes con la mano no dominante Cambiar el camino habitual al trabajo Vestirte siguiendo un orden diferente Estos pequeños cambios estimulan la flexibilidad mental. 4. Juegos de lógica Los juegos mentales son excelentes herramientas de estimulación cognitiva. Algunos ejemplos son: Sudoku Crucigramas Sopas de letras Juegos de estrategia Rompecabezas Estas actividades estimulan la memoria, la atención y la resolución de problemas. 5. Asociación de palabras Elige una palabra y trata de pensar en todas las palabras relacionadas que se te ocurran en un minuto. Por ejemplo, si la palabra es “mar”, podrías asociar: playa, arena, barco, ola, pescador, puerto… Este ejercicio mejora la fluidez verbal y la agilidad mental. 6. Narrar historias Observa una imagen o una escena cotidiana e inventa una historia sobre lo que está sucediendo. Esta actividad estimula: creatividad memoria lenguaje capacidad narrativa 7. Ejercicios de atención plena Las prácticas de mindfulness también ayudan a mejorar la atención y la conciencia del momento presente. Un ejercicio sencillo consiste en observar durante unos minutos todo lo que ocurre a tu alrededor: sonidos, colores, olores o sensaciones físicas. Esto entrena la capacidad de concentración y reduce la dispersión mental. La importancia de la constancia Para que los ejercicios neuropsicológicos tengan efecto es importante practicarlos con cierta regularidad. No es necesario dedicar muchas horas al día: entre 10 y 20 minutos diarios pueden ser suficientes para mantener el cerebro activo. Además, es recomendable variar las actividades para estimular diferentes áreas cognitivas y evitar que el cerebro se acostumbre a un solo tipo de ejercicio. Un cerebro activo es un cerebro saludable El cerebro posee una extraordinaria capacidad de adaptación y aprendizaje a lo largo de toda la vida. Mantenerlo estimulado mediante ejercicios neuropsicológicos no solo mejora habilidades como la memoria o la atención, sino que también favorece un mayor bienestar mental. En un mundo lleno de estímulos, distracciones y estrés, dedicar unos minutos al día a entrenar nuestra mente puede convertirse en una herramienta sencilla pero muy valiosa para cuidar nuestra salud mental.

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¿Caminar, correr o bailar puede reducir la ansiedad?

Cuando hablamos de cuidar nuestra mente, muchas veces pensamos en meditación, terapia o descanso, y olvidamos que mover el cuerpo también es fundamental. El ejercicio aeróbico, aquel que aumenta el ritmo cardíaco y la respiración durante un tiempo prolongado, no solo fortalece el corazón y los pulmones, sino que tiene efectos poderosos sobre nuestra salud mental. ¿Qué es el ejercicio aeróbico? Se trata de actividades como correr, nadar, bailar, montar en bicicleta o incluso caminar a paso rápido. Lo que caracteriza a este tipo de ejercicio es su intensidad moderada y la duración sostenida, que permite que el cuerpo use oxígeno de manera eficiente para generar energía. Beneficios para la mente Reduce el estrés y la ansiedadAl realizar ejercicio aeróbico, el cuerpo libera endorfinas, conocidas como las “hormonas de la felicidad”. Estas sustancias químicas naturales ayudan a disminuir la sensación de tensión y mejorar el estado de ánimo. Mejora la memoria y la concentraciónEstudios muestran que la actividad física regular aumenta el flujo sanguíneo al cerebro, favoreciendo la plasticidad cerebral y la capacidad de aprendizaje. Esto puede ayudar a mantener la mente más alerta y a combatir la fatiga mental. Previene la depresiónPracticar ejercicio aeróbico de manera constante se asocia con un menor riesgo de depresión. La combinación de movimiento, exposición a la luz natural y sensación de logro al cumplir objetivos contribuye a un bienestar emocional más estable. Aumenta la energía y la motivaciónAunque parezca contradictorio, moverse más ayuda a sentirse con más energía. Con el tiempo, las sesiones de ejercicio aeróbico mejoran la resistencia física y mental, facilitando afrontar los retos diarios con más vitalidad. Cómo empezar de manera segura Comienza poco a poco: Si llevas tiempo sin moverte, inicia con caminatas de 15–20 minutos y aumenta la intensidad gradualmente. Elige lo que disfrutes: Bailar, nadar, pedalear o correr son igual de efectivos; la clave está en mantener la constancia. Establece un horario regular: Practicar ejercicio a la misma hora cada día ayuda a crear un hábito sostenible. Escucha a tu cuerpo: Prestar atención a las señales de fatiga o molestias evita lesiones y mantiene la motivación. Pequeños pasos, grandes cambios No hace falta convertirse en un atleta para notar los beneficios. Incorporar incluso 30 minutos de actividad aeróbica tres veces por semana puede marcar la diferencia en tu bienestar emocional. Con cada paso, pedalada o brazada, estás fortaleciendo tu cuerpo y tu mente.

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¿Puede el Ejercicio Físico Mejorar los Síntomas del TDAH?

El potencial valor terapéutico del ejercicio en el tratamiento del TDAH ha sido objeto de diferentes estudios. En la mayor parte de ellos, se contempla dentro de un tratamiento multimodal, lo que dificulta la valoración de los efectos del ejercicio de forma aislada. En otros casos, se evalúa el efecto del ejercicio sobre diversas manifestaciones del síndrome. Lemura, Von Duvillard y Moolerjee (2000) han mostrado sus efectos positivos de la práctica de la actividad física sobre el funcionamiento cognitivo y especialmente, que la actividad física vigorosa puede beneficiar a niños que padecen el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Tantillo, Keisck, Hynd y Dishman (2002) publicaron un estudio donde aplicaron ejercicio aeróbico en niños con TDAH y encontraron que el ejercicio podría tener un efecto positivo en las conductas típicas del trastorno, pudiendo aportar al niño con TDAH los siguientes beneficios: A nivel físico: corregir problemas de lateralidad o de coordinación y trabajar la motricidad gruesa y fina A nivel educativo: favorecer el aprendizaje motor, facilitar el conocimiento del esquema corporal y propiciar la comprensión del movimiento A nivel social: compartir una actividad en grupo, aprender a respetar las normas, aceptar a los demás y ser respetado por el grupo Sin embargo, este trabajo no especifica los resultados objetivos tras el programa de ejercicio aeróbico, limitándose a proponer los supuestos beneficios que de dicho programa podrían derivarse. Algunos de tales beneficios, como por ejemplo los que los autores proponen a nivel social, serian difíciles de obtener mediante la caminata en banda rodante, ya que esta actividad no implica, en principio, relación social ni el desarrollo del respeto propio y ajeno. Tampoco es fácil entender cómo podrían corregirse problemas de lateralidad o coordinación ni mejorar la motricidad fina con el trabajo en la banda rodante, etc. en suma, estudios de esta índole, lejos de clarificar las relaciones entre el ejercicio físico y el TDAH pueden incluso inducir a confusión. En relación al ejercicio, como parte del tratamiento, Barkley (2002) presenta estudios de caso de los pacientes con TDAH en cuyo tratamiento se incluye el ejercicio físico y/o la práctica deportiva, fundamentalmente de carácter aeróbico intenso, afirmando haberse observado un claro beneficio. En ninguno de estos estudios se operativiza el tipo de ejercicio prescrito a los sujetos, ni se cuantifican las mejoras obtenidas. Lo que ofrece el autor es una descripción somera del tratamiento, indicando la prescripción de ejercicio y se añade un comentario anecdótico sobre los efectos obtenidos Winnick (2004 p.153) estudió 19 niños con TDAH que tomaban estimulantes y constató que el desempeño de estos niños, en términos de aptitud física y habilidades motrices gruesas, estaba por debajo de la media, comparada con los estándares establecidos para los niños de estas edades y generó. También mostraron como la incompetencia atlética y el fracaso escolar podía contribuir para que estos niños mantuvieran un auto concepto bajo, lo que les ocasionaba un sentimiento de desvalorización y frustración frente a actividades de relaciones sociales. La Educación física puede proporcionar un campo grande de aprendizaje para mejorar las habilidades sociales en los estudiantes con TDAH. Si existen diferentes causas y formas de TDAH, debe haber también varias formas de enseñar a los niños con este trastorno. Winnick (2004 p.156) sugiere estrategias específicas de enseñanza para profesores de Educación física que ayuden a los niños con TDAH a mantener la atención y concentración en los diferentes ambientes escolares. Estas estrategias implican el abordaje de rutinas altamente estructuradas y consistentes, el establecimiento de reglas, el uso de programas de control del comportamiento, expresar claramente todas las expectativas esperadas, escoger actividades que involucren movimientos lentos y controlados para disminuir la hiperactividad e impulsividad, destacar comandos relevantes, estimular al niño, variar permanentemente las tareas motrices, minimizar las actividades de juegos competitivos y estimular la cooperación. En la misma línea, Tantillo et al (2002) recomiendan la actividad física a los niños con TDAH, hasta donde sea posible. Consideran que se les debe proveer por lo menos una hora diaria de aeróbicos, karate, natación, gimnasio, danzas, u otros deportes. Estos autores sostienen que el gasto energético realizado por el niño al hacer ejercicio le permitirá mayores niveles de quietud. Además, argumentan que el ejercicio superior al nivel la condición física requiere mayor concentración del niño, lo que se generalizaría a tareas de índole intelectual. Aunque ambos argumentos puedan ser razonables, disminuir la hiperactividad mediante el aumento del gasto energético lograría, en todo caso una reducción temporal y no una modificación de los mecanismos neuropsicológicas que subyacen en la etiología del trastorno. Asimismo, esperar una trasferencia desde la supuesta concentración generada por el ejercicio físico hacia las tareas intelectuales sugiere un conocimiento muy superficial del funcionamiento de los procesos atencionales. En general, los estudios sobre la influencia del ejercicio físico en los síntomas del TDAH son simplistas y marcados por deficiencias metodológicas. Esto dificulta conocer con precisión: El efecto del ejercicio físico sobre síntomas concretos del TDAH El tipo de ejercicio más adecuado en la mejora de tales síntomas Las vías neurológicas y bioquímicas mediante las cuales se expliquen las mejoras obtenidas Y la eficacia del ejercicio frente a otros tratamientos tradicionales o como parte del tratamiento multimodal.     (Información extraída de TDAH y motricidad: Perfil psicomotor de los niños diagnosticados clínicamente con TDAH / José A. Vidarte Claros, 2010)

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¿Cómo puedes personalizar tu rutina de ejercicio para evitar lesiones y mejorar tu salud?

El tipo de ejercicio que seleccione depende de sus objetivos. El ejercicio aeróbico es normalmente el más efectivo para disminuir la ansiedad. El ejercicio aeróbico exige una actividad sostenida de los músculos largos. Disminuye la tensión ósea y mejora el estado físico del aparato cardiovascular, es decir, la capacidad del sistema circulatorio de proporcionar oxigeno con mayor eficiencia a los tejidos y células. El ejercicio aeróbico regular disminuye el estrés y aumenta la moral. Los ejercicios aeróbicos más comunes son correr, nadar, clases de aerobic, bicicleta y caminar rápido. Mas allá de la puesta en forma aeróbica, el ejercicio debería tener otros objetivos. Si para usted es importante reforzar los músculos, debería incluir en el programa el levantamiento de pesas o el ejercicio isométrico. El ejercicio con estiramientos como el baile o el yoga, es ideal para fortalecer la flexibilidad muscular y es un buen complemento del ejercicio aeróbico. Si quiere perder peso, lo más efectivo es correr o practicar bicicleta. Si lo importa es descargar su agresión y frustración, pruebe con deportes competitivos. Finalmente, si lo único que desea es estar en contacto con la naturaleza, lo adecuado sería el senderismo o la jardinería. El excursionismo duro puede aumentar tanto la fuerza como la resistencia. A mucha gente le va bien ir cambiando el tipo de ejercicio que realiza. Practicar dos o tres formas distintas de ejercicio, en días alternos es lo que se conoce como Cross training. Esta modalidad, al ejercitar distintos grupos musculares, le ofrece la oportunidad de desarrollar una puesta en forma más equilibrada. Las combinaciones más populares son las que alternan el ejercicio aeróbico (Como correr o bicicleta tres o cuatro veces por semana) y un ejercicio de socialización (como el golf) o un ejercicio de pesas, dos veces por semana. Seguir un programa con dos tipos distinto de ejercicio evita acabarse aburriendo de cualquiera de ellos. A continuación se detallan breves descripciones de algunos de los tipos más comunes de ejercicio aeróbico. Cada tipo tiene sus ventajas y posibles inconvenientes Correr Durante muchos años correr o caminar rápido ha sido la forma más popular de realizar ejercicio aeróbico, tal vez por lo cómodo que resulta. El único equipo que se necesita son unas zapatillas de deporte y en muchos casos basta con cruzar la puerta para ponerse a ello. Correr es una de las mejores formas de ejercicio que existe para perder peso, ya que quema calorías más rápidamente. Numerosos estudios han demostrado sus beneficios para la depresión, porque aumenta los niveles de serotonina y endorfina en el cerebro. Correr disminuye la ansiedad porque metaboliza el exceso de adrenalina y libera la tensión muscular y ósea. Correr cinco kilómetros (unos 30 minutos) cuatro o cinco veces por semana ayuda, en mucho, a disminuir nuestra vulnerabilidad a la ansiedad. El inconveniente de correr es que, con el tiempo, es un ejercicio que aumenta las probabilidades de sufrir lesiones. En particular si corre sobre superficies duras, el contacto constante de las articulaciones puede producir problemas de pies, rodillas y espalda. El riesgo de sufrir lesiones se minimiza de la siguiente forma: Utilizando calzado adecuado que minimice el contacto entre articulaciones Corriendo sobre superficies blandas, preferiblemente hierba, ceniza, una pista o la zona dura de la playa. Evite el cemento siempre que sea posible, el asfalto es una superficie correcta si dispone de un buen calzado y no corre a diario. Calentando antes de empezar. Intente, durante un minuto o dos, correr muy lentamente Alternando el correr con otro tipo de ejercicio. Evite correr a diario. Si correr al aire libre representa un problema debido al tiempo, la ausencia de superficie blanda, la contaminación o el tráfico, puede invertir en una cinta automática para correr o ir al gimnasio. Para que no le resulte tan aburrido, coloque la máquina de correr delante de la televisión o de una pantalla de video. Natación La natación es un ejercicio especialmente adecuado porque utiliza muchos músculos de todo el cuerpo. Los médicos suelen recomendar la natación a personas con problemas musculares y óseos, lesiones o artritis, porque minimiza el choque de las articulaciones. No sirve para perder tanto peso como correr, pero ayuda a mantener el cuerpo más firme En cuanto a su aspecto aeróbico, lo mejor es nadar practicando el estilo libre durante veinte o treinta minutos preferiblemente cuatro o cinco veces por semana. Para un ejercicio moderado y relajante, la braza es una buena alternativa. Como regla, lo mejor es nadar en una piscina climatizada donde la temperatura del agua sea de entre 24 y 25 grados. El principal inconveniente de la natación es el elevado nivel de cloro que tiene muchas piscinas. El cloro puede ser muy irritante para los ojos, la piel, el cabello, así como para las membranas de las vías respiratorias altas. Pude contrarrestarlo en parte utilizando gafas y una pinza para la nariz. Si está de suerte, tal vez encuentre una piscina donde se utilice como desinfectante peróxido de hidrogeno u ozono. Si frecuenta una piscina con cloro, enjabónese siempre después en la ducha. Bicicleta Ir en bicicleta se ha convertido en una forma muy popular de ejercicio aeróbico en los últimos años. Mientras que comparte muchos de los beneficios de correr, es menos dañino para las articulaciones. Para conseguir beneficio aeróbico es necesario montar en bicicleta vigorosamente (aproximadamente 25 kms por hora o más en superficies planas). Cuando hace buen tiempo, ir en bicicleta puede ser muy agradable, especialmente si disfruta de alrededores bonitos y con poco tráfico o de un carril bici especialmente concebido para ello. Si el tiempo impide salir con la bicicleta necesitará una máquina estática que pueda colocar delante de la televisión o un video. Si quiere practicar la bicicleta al aire libre, deberá realizar una inversión inicial en una buena maquina. Puede pedírsela prestada a alguien hasta que se sienta seguro de gastarse un buen dinero. Asegúrese de que la bicicleta que compra está diseñada adecuadamente y tiene el tamaño correcto para usted; de lo contrario

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¿Qué impacto tiene la ansiedad en la concentración y el rendimiento deportivo?

El deporte y la competición deportiva implican una demostración pública y una evaluación social de la capacidad motriz. La práctica deportiva se puede considerar en algunos casos como una amenaza a la autoestima y puede resultar en ansiedad. En el deporte existen unos factores interpersonales y situacionales que están relacionados con la ansiedad. De la misma manera que ocurre en la ansiedad ante situaciones académicas o escolares, aquí también podríamos clasificar la mayoría de las causas en tres categorías: ansiedad como consecuencia de una inadecuación aptitud-rendimiento, ansiedad cognitiva y ansiedad social. La ansiedad como consecuencia de una inadecuación aptitud-rendimiento surge porque la persona que tiene que actuar experimenta una diferencia demasiado grande entre el trabajo que tiene que realizar y la posibilidad que piensa poseer. Se trata de una sobreestimación de los requisitos de la situación y de la importancia de no fracasar. El hecho de que la ansiedad sea una función de la observación del atleta mismo lleva a dos importantes contradicciones. En primer lugar, lo que percibe el atleta no tiene que corresponder con la realidad. Es posible que un atleta sea muy aventajado y tenga miedo porque sobreestima los requisitos de la situación y la importancia de fracasar o de tener éxito. La ansiedad puede aparecer en cualquier momento, cada vez que el atleta percibe una desproporción entre los requisitos y sus posibilidades. Esto quiere decir que la ansiedad puede surgir antes de la actuación cuando se espera una mala actuación; durante la actuación, cuando el atleta nota que lo está haciendo mal y podría fracasar y también después de la actuación, cuando esta es interpretada como insatisfactoria. La ansiedad surge cuando se piensa que los requisitos para la actuación son inalcanzables de forma que el atleta experimenta una disminución de la autoconfianza. Se empieza a comparar la propia actuación con un criterio. Si la norma está orientada a un fin, se trata de una ansiedad que ha surgido por uno se ha puesto una determinada meta y no es capaz de alcanzarla. Por ejemplo, un atleta quiere correr los 100 metros en menos de 10 segundos. Antes de darse la salida está ansiosa porque considera que el objetivo autoimpuesto es inalcanzable. El criterio orientado a la norma es el criterio que considera la media de las actuaciones. Por ejemplo, una gimnasta siempre realiza un salto completo hacia atrás en un determinado sentido sobre la barra. Cuando un día en un entrenamiento la barra está colocada en otro sentido, de repente siente miedo y ya no se atreve. Otro ejemplo es el del jugador de voleibol que en el último entrenamiento antes del partido saca cinco de diez veces fuera del campo. Este jugador tendrá miedo al partido y estará preocupado por el posible fracaso de sus saques. Los aspectos relacionados con el resultado y la competición en sí misma también son de interés como fuente potencial de ansiedad. La relevancia de la importancia en los partidos o de los factores situacionales para el desarrollo de la ansiedad competitiva ha sido analizada por diversos autores y la falta de certeza sobre el resultado de una competición se ha considerado como responsable de entre un 15 a 23% de la ansiedad. El deporte también puede provocar ansiedad porque significa una amplia evaluación social de la capacidad o aptitud del atleta. Los datos sobre la aptitud del atleta son el resultado de una interacción con los padres, entrenadores, otros adultos significativos, compañeros de equipo y adversarios o de una comparación directa de aptitudes con iguales. Esta comparación determina muchas veces quien empieza en el campo y quién se va al banquillo, quién está de suplente y quien compite. En el ámbito del deporte infantil y juvenil es especialmente relevante el papel que juegan los adultos significativos ya que la ansiedad se basa en las percepciones del joven deportivas y los adultos son clave para darle formas a dichas percepciones. Sarason (1980) ha definido el apoyo social como la existencia o disponibilidad de personas en las que uno puede confiar, personas que se preocupan por nosotros nos valoran y nos quieren. Un número importante de estudios han puesto de manifiesto que las personas con un alto nivel de apoyo social en sus vidas son más resistentes a los agentes estresantes. En el entorno deportivo, la mayor parte del apoyo social proviene de la relación con padres, entrenador y compañeros. Scanlan (1984) demostró como los luchadores jóvenes que se sentían presionados por sus padres para competir presentaban niveles más elevados de ansiedad precompetitiva que aquellos otros en los que no existía tal presión y que un factor adicional desencadenante de ansiedad era la preocupación acerca de la posible apreciación negativa de padres y entrenador. En lo que se refiere a los compañeros, su actitud, tanto durante los entrenamientos como durante las competiciones, puede ser una fuerte importante de ansiedad. Por ejemplo, las jugadoras de la liga española de baloncesto hacen referencia  a la responsabilidad de las compañeras como generadoras de ansiedad ya sea por la actitud individualista o de desmotivación que en ocasiones puede adoptar durante los entrenamientos frente al grupo o por el clima de grupo enrarecido, pudiendo dar lugar a la generación de conflictos. El papel del entrenador es importante. La forma en que los entrenadores estructuran la situación atlética, las prioridades de objetivos que establecen o la forma en que se relacionan con los deportistas son determinantes del resultado de la participación deportiva y pueden constituir una importante fuente de estrés para los atletas. Smoll y Smith (1989) han desarrollado un modelo de conductas de liderazgo que permite entender estas complejas interrelaciones. Dicho modelo cognitivo conductual específica que los entrenadores se comportan de una determinada manera y los deportistas perciben y recuerdan dichas conductas, desarrollando una reacción evaluativa a la conducta del entrenador en función de dicha percepción. Los factores situacionales y las variables de diferencias individuales de atletas y entrenador median tanto la conducta del entrenador como la percepción y recuerdo del deportista. La conducta del

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