Deseo sexual

¿Por qué ha desaparecido mi deseo sexual?

El deseo sexual es una parte fundamental del bienestar humano, no solo por su función en la reproducción, sino también por su papel en la conexión emocional, la autoestima y la salud general. Sin embargo, muchas personas experimentan en algún momento de sus vidas una disminución o desaparición del deseo sexual, una situación que puede generar confusión, malestar e impacto en las relaciones personales. En este artículo, exploraremos las causas emocionales más comunes que pueden provocar la pérdida del deseo sexual y ofreceremos estrategias para recuperarlo desde una perspectiva de salud mental integral. ¿Qué es el deseo sexual y por qué es importante? El deseo sexual, también llamado libido, es la motivación o impulso interno que lleva a una persona a buscar experiencias sexuales. Este deseo puede manifestarse como fantasías, pensamientos o ganas reales de tener contacto íntimo. Aunque varía mucho entre individuos y a lo largo del tiempo, mantener un deseo sexual saludable es importante porque está vinculado con la satisfacción personal, la intimidad en las relaciones y el equilibrio emocional. Cuando el deseo sexual desaparece o se reduce drásticamente, no se trata solo de un tema físico, sino también emocional y psicológico. Entender las causas emocionales detrás de esta pérdida es clave para abordarla de manera eficaz. Causas emocionales comunes de la desaparición del deseo sexual Estrés y ansiedad El estrés crónico y la ansiedad pueden afectar el deseo sexual de manera significativa. Cuando el cuerpo y la mente están en estado constante de alerta, el organismo prioriza funciones esenciales para la supervivencia y reduce aquellas consideradas “no urgentes”, como la respuesta sexual. El estrés laboral, problemas financieros o conflictos personales pueden hacer que el deseo sexual disminuya o desaparezca, ya que la energía emocional se desvía hacia la gestión de estos problemas. Depresión La depresión es una de las causas emocionales más frecuentes de la pérdida de deseo sexual. Esta enfermedad afecta neurotransmisores clave para el placer y la motivación, como la serotonina y la dopamina, generando una disminución general del interés en actividades que antes resultaban placenteras, incluyendo el sexo. Además, la depresión puede afectar la autoestima y la imagen corporal, dificultando la conexión íntima con la pareja. Problemas en la relación de pareja Los conflictos no resueltos, la falta de comunicación, la desconfianza o la pérdida de intimidad emocional pueden generar una desconexión que repercute directamente en el deseo sexual. Cuando las emociones negativas o el resentimiento predominan, es difícil que el deseo pueda florecer. La falta de afecto, comprensión o apoyo emocional también son factores que disminuyen el interés por la sexualidad compartida. Trauma y experiencias negativas previas Las personas que han sufrido abusos sexuales, violencia o traumas emocionales pueden experimentar una disminución o bloqueo del deseo sexual como mecanismo de defensa. Estos traumas pueden generar miedo, rechazo o dolor asociados a la sexualidad, dificultando el disfrute y la búsqueda del placer. Trabajar estos temas en terapia es fundamental para la recuperación del deseo sexual en estos casos. Baja autoestima y autoimagen negativa Sentirse inseguro, tener una percepción negativa del propio cuerpo o no valorarse adecuadamente afecta la manera en que una persona se relaciona con su sexualidad. La vergüenza, la culpa o la autocrítica limitan la libertad para disfrutar y expresar el deseo. Mejorar la autoestima y aceptar el cuerpo tal como es son pasos esenciales para reactivar el deseo sexual. Cómo recuperar el deseo sexual desde el ámbito emocional Recuperar el deseo sexual es posible cuando se abordan las causas emocionales subyacentes con paciencia y apoyo. Aquí algunas estrategias útiles: Atención a la salud mental Si la pérdida del deseo está relacionada con estrés, ansiedad o depresión, es importante buscar ayuda profesional. Psicólogos, psiquiatras y terapeutas sexuales pueden ofrecer herramientas, tratamientos y acompañamiento adecuados para gestionar estas condiciones. El tratamiento puede incluir terapia cognitivo-conductual, técnicas de relajación, mindfulness o medicación si es necesario. Comunicación abierta con la pareja Hablar con sinceridad sobre los sentimientos, miedos y expectativas puede fortalecer la conexión emocional. La pareja debe ser un espacio seguro donde se expresen necesidades sin juicios. La terapia de pareja es una opción valiosa para mejorar la intimidad, resolver conflictos y restablecer el deseo mutuo. Reducción del estrés y autocuidado Incorporar prácticas que disminuyan el estrés diario, como ejercicio físico, meditación, hobbies o momentos de descanso, ayuda a equilibrar el cuerpo y la mente, favoreciendo la recuperación del deseo. Priorizar el autocuidado es fundamental para sentirse bien con uno mismo y, por ende, para el bienestar sexual. Reconectar con el propio cuerpo Explorar la sexualidad de forma individual, a través de la masturbación consciente, el autoconocimiento y el contacto corporal sin presiones, permite recuperar la conexión con el placer y el deseo. Esta exploración puede incluir técnicas de respiración, masajes o ejercicios que aumenten la sensibilidad corporal. Buscar apoyo profesional en caso de traumas Si existen traumas o experiencias negativas previas, es vital abordarlos con profesionales especializados en trauma y sexualidad. La terapia puede ayudar a procesar emociones, sanar heridas y liberar bloqueos. La recuperación es un proceso gradual que requiere contención y respeto hacia los propios tiempos. Cuando pedir ayuda: señales de alarma Es importante acudir a un profesional cuando la desaparición del deseo sexual: Persiste durante meses y genera malestar intenso. Afecta la calidad de vida y la relación de pareja. Está acompañada de síntomas depresivos o ansiedad severa. Surge tras un evento traumático o cambios emocionales importantes. El acompañamiento profesional no solo mejora el deseo sexual, sino que también contribuye a una mejor salud mental y emocional en general.

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¿Sientes aversión sexual?

La aversión sexual, también conocida como trastorno de aversión sexual, es una condición en la que una persona siente un fuerte rechazo o incomodidad hacia la actividad sexual, a menudo acompañada de un sentimiento de ansiedad o incluso repulsión. Esta condición puede interferir significativamente en la vida de una persona, afectando tanto su bienestar emocional como sus relaciones de pareja. Es importante destacar que la aversión sexual no es lo mismo que una baja libido o la falta de deseo sexual. Mientras que la libido baja implica una falta de interés en el sexo, la aversión sexual se refiere a un rechazo activo hacia las actividades sexuales. Señales de Aversión Sexual Si estás comenzando a preguntarte si podrías tener aversión sexual, aquí hay algunas señales que podrían indicar la presencia de esta condición: Sentimiento de repulsión o incomodidad ante el sexo: Si piensas en la actividad sexual y experimentas una sensación de incomodidad, ansiedad o incluso asco, podrías estar lidiando con aversión sexual. Evitar el contacto físico o la intimidad: Evitar actividades sexuales o cualquier tipo de contacto físico que pueda llevar a la intimidad sexual es un indicio común de aversión sexual. Falta de deseo sexual: Aunque la falta de deseo sexual por sí sola no indica aversión, en algunos casos, las personas con aversión sexual experimentan una total ausencia de interés por el sexo. Sentimientos de ansiedad o pánico: Algunas personas con aversión sexual pueden experimentar ansiedad, miedo o pánico ante la idea de tener relaciones sexuales. Dolor durante o después del sexo: Si el sexo te resulta doloroso o incómodo, tanto física como emocionalmente, esto puede contribuir a la aversión hacia la actividad sexual. Culpa o vergüenza: Sentirse culpable o avergonzado por no disfrutar del sexo, o por rechazarlo, puede ser una consecuencia emocional de la aversión sexual. Causas Comunes de la Aversión Sexual Las causas de la aversión sexual pueden ser diversas y variar de una persona a otra. Algunas de las más comunes incluyen: Experiencias traumáticas previas: El abuso sexual, la violencia o cualquier otro tipo de trauma emocional relacionado con el sexo pueden crear una aversión duradera. Problemas de relación: Los conflictos de pareja, la falta de comunicación o una relación poco satisfactoria pueden afectar negativamente la actitud de una persona hacia el sexo. Trastornos psicológicos: Trastornos como la depresión, la ansiedad o el estrés pueden contribuir a la aversión sexual al disminuir el deseo o aumentar la incomodidad emocional. Factores físicos o médicos: Trastornos hormonales, infecciones o problemas de salud física también pueden desencadenar una aversión al sexo. Cultura y creencias: En algunas personas, los valores culturales o religiosos pueden influir en la forma en que perciben el sexo, llevándolas a rechazarlo. Soluciones para Superar la Aversión Sexual Si experimentas aversión sexual, hay soluciones y enfoques que pueden ayudarte a superar esta dificultad: Terapia psicológica: Un terapeuta especializado en problemas sexuales o terapia de pareja puede ayudarte a abordar las causas emocionales y psicológicas de la aversión sexual. Terapia cognitivo-conductual (TCC): La TCC puede ser útil para cambiar patrones de pensamiento negativos y evitar que los temores o la ansiedad interfieran en la actividad sexual. Mejorar la comunicación en la pareja: Hablar abierta y sinceramente con tu pareja sobre tus sentimientos y preocupaciones puede aliviar tensiones y mejorar la relación. Educación sobre sexualidad: Informarte sobre sexualidad y aprender sobre el consentimiento, la intimidad y las preferencias personales puede ayudarte a redefinir tu relación con el sexo. Cuidado médico: Si la aversión sexual está relacionada con problemas de salud, como desequilibrios hormonales o dolor físico, es importante consultar a un médico para recibir tratamiento adecuado. Mindfulness y relajación: La práctica de técnicas de relajación o mindfulness puede ser útil para reducir la ansiedad y crear un ambiente más cómodo para la intimidad. Conclusión La aversión sexual es una condición que puede afectar profundamente la vida de una persona y sus relaciones. Reconocer los signos y entender sus causas es el primer paso hacia la recuperación. Si estás lidiando con la aversión sexual, no dudes en buscar apoyo profesional para encontrar las soluciones adecuadas que te ayuden a superar esta dificultad y mejorar tu bienestar emocional y sexual.  

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¿Cuándo las fantasías se convierten en un problema?

La sexualidad humana es un ámbito complejo y diverso, donde las fantasías juegan un papel importante en la expresión de deseos y preferencias. Sin embargo, en algunos casos, las fantasías pueden llevarnos a una reflexión más profunda sobre si son saludables o si, por el contrario, podrían estar relacionadas con trastornos sexuales como las parafilias. Este artículo tiene como objetivo ayudar a comprender la diferencia entre una expresión saludable de la sexualidad y cuando las fantasías se vuelven problemáticas. ¿Qué son las fantasías sexuales? Las fantasías sexuales son representaciones mentales que nos permiten explorar nuestros deseos, intereses y necesidades en un plano imaginativo. Estas fantasías pueden ser un componente normal y saludable de la sexualidad, ya que nos permiten explorar nuestra identidad sexual sin necesidad de llevar a cabo esas prácticas en la vida real. Algunas personas disfrutan de fantasías sobre situaciones específicas, lugares, personas o roles. En la mayoría de los casos, estas fantasías no afectan negativamente la vida diaria de quien las experimenta, y se mantienen dentro de los límites de la privacidad y el consentimiento mutuo. ¿Qué es la parafilia? Las parafilias son trastornos sexuales en los cuales las fantasías, impulsos o comportamientos sexuales se enfocan en objetos, actividades o situaciones que se consideran atípicas o extremas. Aunque la fantasía en sí misma no siempre se considera patológica, es cuando estas fantasías afectan la calidad de vida o el bienestar de una persona o involucran a otras sin su consentimiento que se vuelve problemático. Algunas de las características que podrían indicar una parafilia incluyen: Persistencia: Las fantasías, impulsos o comportamientos parafílicos son recurrentes y persistentes, lo que significa que no se limitan a momentos ocasionales de exploración sexual. Dificultad para funcionar en la vida cotidiana: Cuando las fantasías interfieren con el trabajo, las relaciones interpersonales o el bienestar emocional, pueden indicar un problema. Falta de consentimiento: Las parafilias que involucran a otras personas sin su consentimiento, ya sea en la fantasía o en la realidad, pueden causar daño tanto a la persona afectada como a quien las experimenta. ¿Cómo diferenciar entre una fantasía sexual saludable y una parafilia? Consenso y responsabilidad: La clave para que una fantasía sexual sea saludable radica en el consentimiento. Las fantasías que involucran a otros deben ser consensuadas y respetuosas, ya sea en la imaginación o en la práctica real. Las parafilias, por otro lado, suelen involucrar la fantasía de actividades que no se basan en el consentimiento mutuo o que causan daño o malestar a otras personas. Impacto en la vida diaria: Las fantasías sexuales saludables no afectan negativamente la vida cotidiana ni las relaciones. Son algo privado y personal, pero no impiden que una persona funcione normalmente en su trabajo, sus relaciones o su bienestar emocional. Si una fantasía interfiere con estos aspectos de la vida, puede ser indicativo de un problema más profundo. Placer sin coacción: En una fantasía sexual saludable, el placer es mutuo, incluso en la imaginación. Las fantasías problemáticas pueden surgir cuando se percibe que se necesita algo específico o extremo para alcanzar el placer, lo que puede generar sentimientos de inseguridad o incomodidad en la persona. Fantasías y respeto propio: Las personas que tienen fantasías saludables pueden aceptarlas como una parte normal de su sexualidad sin sentirse culpables o avergonzadas. En cambio, si una fantasía se vuelve obsesiva o desproporcionada, o si una persona siente que su identidad sexual se reduce exclusivamente a una parafilia, podría ser hora de examinar más a fondo la situación. ¿Qué hacer si las fantasías se vuelven problemáticas? Si te das cuenta de que tus fantasías o impulsos sexuales están afectando negativamente tu vida o tu bienestar, es importante buscar ayuda profesional. Un terapeuta sexual o un psicólogo especializado en salud sexual puede ayudarte a explorar estas cuestiones de manera segura y sin juicio, y trabajar contigo para desarrollar una comprensión más saludable de tu sexualidad. En algunos casos, puede ser necesario un tratamiento especializado para abordar los trastornos parafílicos. Los enfoques terapéuticos incluyen la terapia cognitivo-conductual y, en ocasiones, el uso de medicamentos, siempre bajo la supervisión de un profesional de la salud. Conclusión Las fantasías sexuales son una parte natural y saludable de la sexualidad humana, pero es crucial reconocer cuándo se están volviendo problemáticas. Diferenciar entre una fantasía saludable y una parafilia requiere una comprensión profunda de cómo estas influencian nuestra vida y relaciones. Siempre que las fantasías se mantengan dentro de los límites del consentimiento y no interfieran con el bienestar personal, son parte de una sexualidad sana. Sin embargo, si se convierten en una fuente de angustia o daño, buscar ayuda profesional es el paso más importante para recuperar el equilibrio y la salud sexual.  

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¿Qué es la anhedonia y cómo afecta en nuestra vida?

La anhedonia es un término que describe la pérdida de interés y la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes solían ser disfrutables. Este síntoma es central en varios trastornos mentales, especialmente en la depresión mayor y otros trastornos del estado de ánimo. Entender la anhedonia es crucial para abordar eficazmente estos trastornos y ofrecer el apoyo necesario a quienes lo padecen. ¿Qué es la Anhedonia? La anhedonia se manifiesta como una reducción significativa en la capacidad de experimentar placer. Las personas que sufren de anhedonia a menudo encuentran que actividades previamente disfrutadas, como pasatiempos, interacciones sociales o incluso comidas favoritas, ya no les resultan gratificantes. Esta pérdida de interés puede ser generalizada o específica, afectando solo ciertos aspectos de la vida. Tipos de Anhedonia Existen dos tipos principales de anhedonia: Anhedonia Social: Se refiere a la pérdida de interés en las interacciones sociales y en las relaciones interpersonales. Las personas pueden sentirse aisladas, desconectadas y tener dificultades para disfrutar de la compañía de otros. Anhedonia Física o Sensorial: Afecta la capacidad de disfrutar de experiencias físicas o sensoriales, como comer, escuchar música o practicar deportes. Las actividades que solían ser placenteras pueden volverse insípidas o indiferentes. Causas y Factores Contribuyentes La anhedonia puede ser un síntoma de diversas condiciones mentales, siendo más común en trastornos como: Depresión Mayor: La anhedonia es un síntoma clave de la depresión, donde la pérdida de placer se manifiesta en casi todas las áreas de la vida. Esquizofrenia: En algunos casos, la anhedonia puede aparecer como parte de un cuadro clínico más amplio. Trastorno Bipolar: Durante las fases depresivas, los individuos pueden experimentar anhedonia. Factores biológicos, psicológicos y sociales pueden influir en el desarrollo de la anhedonia. Alteraciones en la química cerebral, como desequilibrios en neurotransmisores como la dopamina, pueden estar implicadas en la pérdida de placer. Impacto en la Vida Diaria La anhedonia puede tener un profundo impacto en la vida diaria. Las personas afectadas pueden experimentar dificultades en el trabajo, en las relaciones personales y en el bienestar general. La falta de motivación y el sentimiento de vacío pueden llevar a un ciclo de aislamiento y deterioro emocional, exacerbando el problema. Tratamiento y Manejo El tratamiento de la anhedonia suele ser parte de un enfoque más amplio para tratar el trastorno subyacente. Las estrategias incluyen: Medicamentos: Los antidepresivos y otros fármacos pueden ayudar a restaurar el equilibrio químico en el cerebro, lo que a su vez puede mejorar la capacidad de experimentar placer. Terapia: La terapia cognitivo-conductual y otras formas de psicoterapia pueden ser útiles para abordar los patrones de pensamiento negativos y fomentar la participación en actividades gratificantes. Intervención Temprana: Buscar ayuda profesional al primer signo de anhedonia puede mejorar el pronóstico y ayudar a prevenir el deterioro significativo. Cómo Apoyar a Alguien con Anhedonia Si conoces a alguien que lucha con la anhedonia, tu apoyo puede ser invaluable. Escuchar sin juzgar, fomentar la participación en actividades y ofrecer comprensión son formas efectivas de brindar ayuda. Anímales a buscar ayuda profesional para obtener el tratamiento adecuado.  

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¿Qué debemos saber acerca de las llamadas telefónicas obscenas?

Mientras que un exhibicionista exhibe sus genitales para producir la respuesta deseada, el que realiza llamadas telefónicas obscenas se exhibe verbalmente soltando obscenidades y provocaciones sexuales hacia una persona que no consiente. La llamada telefónica obscena se considera a veces un subtipo de exhibicionismo. El DSM (2000) etiqueta este tipo de parafilia como escatología telefónica (lascivia). Relativamente pocas son las mujeres que realizan llamadas telefónicas obscenas. Las mujeres que están acusadas de dichas ofensas están motivadas, por lo general, por la rabia de algún rechazo real o fantaseado más que por el deseo de excitación sexual. Ellas utilizan el teléfono para lazar improperios sexuales contra los hombres que ellas consideran que le han agraviado. Por contraste, los hombres que realizan llamadas telefónicas obscenas están motivados, por lo general, por un deseo de excitación sexual y normalmente eligen a sus víctimas aleatoriamente, de la guía telefónica o marcando al azar. Típicamente, ellos se masturban durante la llamada telefónica o poco después. La mayoría de los que realizan llamadas telefónicas obscenas también mantienen otros actos parafilicos, especialmente el voyerismo y el exhibicionismo. Existen muchos patrones de llamadas telefónicas obscenas. Algunos de los que llaman se limitan a decir obscenidades. Otros realizan proposiciones sexuales. De algunos solo se escucha una fuerte respiración. Otros describen su actividad de masturbación a sus víctimas. Algunos declaran haber conocido a la víctima en un evento social o a través de algún conocido común. Hay quien incluso se presenta como si estuviera realizando una encuesta telefónica sobre sexualidad y realiza una serie de preguntas íntimas. Típicamente, la persona que realiza llamadas telefónicas obscenas es un hombre heterosexual, socialmente inadaptado, que tiene dificultades para establecer relaciones íntimas con las mujeres. La relativa seguridad y el anonimato del teléfono pueden protegerle del riesgo del rechazo. La reacción de conmoción o sobresalto de sus víctimas puede proporcionarles los sentimientos de poder y control de los que carecen en su vida, especialmente en sus relaciones con las mujeres. En las obscenidades pueden descargar la rabia que albergan contra las mujeres que les han rechazado. Las llamadas telefónicas obscenas son ilegales, pero hasta ahora ha resultado difícil para las autoridades perseguir a los responsables. El seguimiento de las llamadas pude ayudar a la policía a seguir la pista de los que realizan este tipo de llamadas. La mayoría de los terminales telefónicos, ya sean de telefónica fijas o móviles, disponen de una pantalla que muestra el número de la llamada entrante o el nombre de la persona, si está almacenado en la lista telefónica. De esta manera, el usuario puede aceptar solo aquellas llamadas que identifique por su número o por el nombre. Este servicio pude impedir algunas de las llamadas obscenas, pero algunos pueden utilizar teléfonos públicos en lugar de sus teléfonos particulares. ¿Cómo debería actuar una mujer que recibe una llamada telefónica obscena? Por lo general, los consejos son similares a los que se dan a las mujeres que son víctimas de los exhibicionistas. Sobre todo, se les aconseja que permanezcan en calma y no muestren conmoción o sobresalto, porque dichas reacciones tienden a reforzar a quien llama e incrementar la probabilidad de llamadas reincidentes. Se aconseja a las mujeres que lo mejor que pueden hacer es no decir nada en absoluto y colgar al receptor suavemente. Como alternativa, la mujer podría responder brevemente antes de colgar haciendo referencia a los problemas de quien hace la llamada. Podría decir con voz calmada pero firme: “Es una lástima que tenga este problema. Creo que debería buscar ayuda de un profesional”. Si recibiera llamadas repetidas, la mujer podría pedir un nuevo número de teléfono que no aparezca en las guías telefónicas o que la policía realice un seguimiento de las llamadas recibidas.   (Información extraída de Sexualidad humana / Spencer A. Rathus, Jeffrey S. Nevid, Lois Fichner-Rathus; traducción, Roberto Leal Ortega; revisión técnica, prologo y adaptación, Félix López, 2005)  

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¿Qué esconde el trastorno del travestismo?

El diagnóstico del trastorno de travestismo no se aplica a todos los individuos que se visten del sexo opuesto, ni siquiera a aquellos que lo hacen habitualmente. Se aplica a los individuos cuyo travestismo o pensamiento de travestirse se acompaña a menudo o siempre de excitación sexual (Criterio A) y que sufren malestar emocional o deterioro social o interpersonal a causa de dicho patrón (Criterio B). En el acto de travestirse se pueden utilizar tan solo una o dos prendas de vestir (p. ej., en los hombres, puede atañer tan solo a la ropa interior femenina), o puede implicar vestirse completamente con los atuendos externos y la ropa interior del sexo opuesto; también (en los hombres) puede incluir el uso de pelucas de mujer y maquillaje. El trastorno de travestismo es un fenómeno comunicado casi exclusivamente en hombres. La excitación sexual, en su forma más obvia de erección del pene puede concurrir con el travestismo de varias maneras. En los hombres jóvenes, el travestismo a menudo lleva a la masturbación, después de la cual se retiran todos los atuendos de mujer. Los hombres mas mayores, en cambio a menudo aprenden a evitar la masturbación o hacer alguna cosa para estimular el pene de manera que se evite la eyaculación y ello les permite prolongar su sesión de travestismo. Los hombres con pareja de sexo femenino a menudo completan la sesión de travestismo manteniendo relaciones sexuales con su pareja. Algunos de ellos presentan dificultades para mantener una erección suficiente en el coito sin travestirse (o de fantasear privadamente con travestirse). La valoración clínica del malestar o el deterioro, como la evaluación clínica de la excitación del travestismo sexual, suele depender de lo que el mismo individuo refiere. El patrón de conducta “adquirir y descartar” a menudo implica la presencia de malestar en los individuos con trastorno de travestismo. En ese patrón de conducta, un individuo (generalmente un hombre) que ha gastado una gran suma de dinero en ropa de mujer y en otro tipo de vestimenta (p. ej., zapatos, pelucas) desecha esos artículos (se deshace de ellos) para intentar superar el deseo irrefrenable de travestirse, pero acto seguido empieza a adquirir nuevamente vestimenta de mujer. El trastorno de travestismo en hombres se acompaña a menudo de autoginofilia (la tendencia parafílica en los hombres a sentirse sexualmente excitados por pensamientos o imágenes de uno mismo como mujer). Las fantasías y comportamientos autoginofílicos pueden centrarse en la idea de tener funciones fisiológicas femeninas (p. ej., lactancia, menstruación), de realizar acciones de mujer estereotipadas (p. ej., hacer punto) o de poseer anatomía femenina (p. ej., pechos) (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)  

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¿Cómo es la conducta de las personas que sufren sadismo sexual?

Los criterios diagnósticos del trastorno de sadismo sexual pueden aplicarse tanto a los individuos que admiten libremente este interés parafílico como a aquellos otros que niegan categóricamente cualquier tendencia sexual a someter a sufrimiento físico o psicológico a otras personas a pesar de tener pruebas objetivas de lo contrario. Los individuos que abiertamente reconocen su marcado intento sexual por someter a sufrimiento físico o psíquico a terceras personas son denominados “individuos que lo admiten”. Si estos individuos refieren también problemas psicosociales debidos a sus preferencias o deseos sexuales de someter a sufrimiento físico o psicológico a otras personas, pueden ser diagnosticados de trastorno de sadismo sexual. Por el contrario, si los individuos que lo admiten refieren no sufrir malestar, ejemplificado por la ausencia de ansiedad, obsesiones, culpa o vergüenza a causa de sus impulsos parafílicos, estos impulsos no suponen un obstáculo para alcanzar otras metas personales y los antecedentes psiquiátricos, legales o confesados indican que no actúan de esa manera, entonces puede confirmarse que tienen interés sexual en el sadismo, pero no cumplen los criterios para ser diagnosticados de trastorno de sadismo sexual. Entre los ejemplos de individuos que niegan cualquier interés por el sufrimiento físico o psicológico de otras personas están aquellos que se sabe que han infringido dolor o sufrimiento a varias personas en diferentes ocasiones pero que niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasía relacionada con dicho comportamiento sexual y que pueden asegurar que dichos episodios de agresión sexual fueron no intencionados o de naturaleza no sexual. Otros individuos pueden admitir episodios precedentes de comportamiento sexual en los que se ha infringido dolor o sufrimiento a personas sin su consentimiento, pero no refieren ningún interés sexual significativo o continuado en el sufrimiento físico o psicológico de terceras personas. Desde el momento en que se niegan tener deseos irrefrenables o fantasías de excitación sexual en relación con el dolor o sufrimiento, estos individuos también negarán sentir malestar subjetivo o deterioro psicosocial por causa de sus impulsos. Estos individuos pueden ser diagnosticados de trastorno de sadismo sexual a pesar de su negativa a aceptarlo. El sadismo sexual (al cumplir el Criterio A) y simultáneamente demuestra que ese comportamiento de motivación parafílica causa malestar, daño o riesgo de daño clínicamente significativo en terceras personas (al cumplir el Criterio B). El sadismo sexual “recurrente” contra personas sin su consentimiento (varias víctimas, diferentes en cada ocasión) puede ser interpretado, como norma general, como la existencia de tres o más victimas en diferentes ocasiones. Un menor número de víctimas puede también satisfacer el criterio si se dan varios casos de infligir dolor y sufrimiento a la misma persona o si hay pruebas que confirman un interés claro o preferente por el dolor y el sufrimiento de varias personas. Nótese que la multiplicidad de víctimas, como se ha sugerido anteriormente, es una condición suficiente pero no necesario para el diagnóstico; los criterios también pueden cumplirse si el individuo reconoce un intenso interés sexual por el sadismo. El marco temporal del Criterio A, que indica que los signos o síntomas de sadismo sexual deben haber persistido durante al menos 6 meses, debe entenderse como una pauta general, no como un umbral estricto, con el fin de asegurar que el interés sexual por infligir dolor y sufrimiento a personas sin su consentimiento no es meramente transitorio. Sin embargo, el diagnostico debe realizarse si hay un periodo más corto, pero claramente continuado, de comportamiento sádico. El uso frecuente de pornografía que ilustre el acto de infligir dolor o sufrimiento es, en ocasiones, una característica asociada al trastorno de masoquismo sexual.   (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cómo actúan las personas diagnosticadas de trastorno de pedofilia?

Los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia pueden aplicarse tanto a los individuos que admiten libremente este tipo de parafilia como a aquellos otros que niegan categóricamente cualquier atracción sexual hacia los niños prepúberes (generalmente menores de 13 años) a pesar de haber considerables pruebas objetivas de lo contrario. Entre los ejemplos de admisión de esta parafilia se incluyen el reconocimiento franco de un marcado interés sexual por los niños y la confesión de que ese interés sexual por los niños es mayor o igual que el interés sexual por las personas físicas maduras. Si los individuos también se quejan de que sus deseos o preferencias sexuales por los niños les están causando problemas psicosociales, pueden ser diagnosticados de trastorno de pedofilia. Sin embargo, si estos individuos refieren ausencia de sentimiento de culpa, vergüenza o ansiedad a causa de estos impulsos parafílicos, no están limitando funcionalmente por sus impulsos parafílicos y sus antecedentes legales, es como lo que ellos mismo refieren, indican que nunca han actuado bajo esos impulsos, entonces esos individuos tienen una orientación sexual de pedofilia, pero no un trastorno de pedofilia. Entre los ejemplos de individuos que niegan la atracción por los niños están los que se sabe que se han acercado a varios niños con intenciones sexuales en diferentes ocasiones, pero niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasías sobre comportamientos sexuales con niños y además refieren además que dichos episodios descritos de contacto físico fueron todos no intencionados y no sexuales. Otros individuos pueden reconocer episodios anteriores de comportamiento sexual que incluyan a niños, pero rechazan a su vez cualquier interés sexual importante o persistente en ese comportamiento. Desde el momento en que los individuos niegan tener impulsos o fantasías que implican niños, pueden también negarse sentir malestar subjetivo. Estos individuos todavía pueden ser diagnosticados de trastorno de pedofilia a pesar de la ausencia de malestar que puedan referir siempre que haya prueba de comportamientos persistentes recurrentes durante 6 meses (Criterio A) y de que dichos individuos han actuado con deseos sexuales irrefrenables o tenidos problemas interpersonales como consecuencia del trastorno (Criterio B). La presencia de varias víctimas es una condición suficiente pero no necesaria para el diagnóstico; esto es, el individuo puede todavía cumplir el Criterio A simplemente reconociendo su interés sexual preferente o marcado por los niños. La cláusula del Criterio A en la que se indica que los signos o síntomas de pedofilia han persistido durante 6 o más meses se ha establecido con el objeto de asegurar que la atracción sexual por los niños no sea meramente transitoria. Sin embargo, el diagnóstico puede realizarse si hay signos clínicos de persistencia continuada de la atracción sexual hacia los niños, incluso si la duración de 6 meses no puede determinarse de forma precisa El uso frecuente de pornografía en la que aparezcan niños prepúberes es un indicador útil para el diagnostico del trastorno de pedofilia. Es un ejemplo concreto del caso general según el cual las personas probablemente consumen la clase de pornografía que se corresponde con sus intereses sexuales. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association,2014)

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¿Cuáles son las características del trastorno de masoquismo sexual?

Los criterios diagnósticos del trastorno de masoquismo sexual han sido concebidos para aplicarse a los individuos que admiten libremente tener ese tipo de interés parafílico. Estas personas reconocen abiertamente su excitación sexual intensa al ser humillados, golpeados, atados o sometidos a sufrimiento de cualquier otra forma, y el trastorno se manifiesta por sus fantasías, deseos sexuales o comportamientos. Si esos individuos refieren también problemas psicosociales debido a sus preferencias sexuales o su inclinación a ser humillados, golpeados, atados o sometidos a sufrimiento de cualquier otra forma, entonces pueden ser diagnosticados de trastorno de masoquismo sexual. Por el contrario, si refieren no sufrir malestar, traducido por ausencia de ansiedad, obsesiones culpa o vergüenza en relación con esos impulsos parafílicos y éstos no suponen un obstáculo para alcanzar otras metas personales, podría afirmarse que tienen inclinaciones sexuales masoquistas, pero no deberían ser diagnosticados del trastorno de masoquismo sexual Características asociadas que apoyan el diagnóstico Un uso intensivo de pornografía que ilustre el acto de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento de cualquier otra forma es, en ocasiones, una característica asociada al trastorno de masoquismo sexual. Prevalencia La prevalencia del trastorno de masoquismo sexual en la población se desconoce. En Australia se ha estimado que el 2,2% de los hombres y el 1,3% de las mujeres han practicado actos de servidumbre y castigo, sadomasoquismo o dominancia y sumisión durante los últimos 12 meses. Desarrollo y curso Los individuos de la comunidad con parafilias han referido una edad media para el inicio del masoquismo de 19,3 años, aunque también se han comunicado edades más tempranas, como la infancia y la pubertad para el inicio de las fantasías masoquistas. Se conoce muy poco sobre su persistencia en el tiempo. El masoquismo sexual requiere, por definición, uno o más factores contribuyentes que pueden variar con el tiempo, con o sin tratamiento. Éstos son: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, soledad), morbilidad psiquiátrica, hipersexualidad e impulsividad y deterioro psicosocial. Por lo tanto, el trastorno de masoquismo sexual es probable que cambie con la edad. El aumento de la edad es probable que tenga el mismo efecto reductor sobre las preferencias sexuales que incluyen el masoquismo sexual, como sucede en otros comportamientos sexuales normofilicos o parafílicos. Consecuencias funcionales del trastorno de masoquismo sexual Se desconocen las consecuencias funcionales del trastorno de masoquismo sexual. Sin embargo, los masoquistas presentan riesgo de muerte accidental mientras practican la asfixiofilia u otras prácticas autoeróticas. Diagnóstico diferencial Muchas de las afecciones que podrían ser un diagnóstico diferencial para el trastorno de masoquismo sexual (p. ej., fetichismo travéstico, trastorno de sadismo sexual, hipersexualidad, trastorno por consumo de alcohol y sustancias) se presentan a veces también como diagnósticos comórbidos. Por lo tanto, es necesario evaluar cuidadosamente las pruebas del trastorno de masoquismo sexual teniendo en cuenta la posibilidad de la existencia de otras parafilias u otros trastornos mentales como parte del diagnóstico diferencial. El masoquismo sexual en ausencia de malestar (sin trastorno) también se incluye como diagnóstico diferencial, ya que los individuos que eligen este modo de comportarse pueden estar satisfechos con su orientación masoquista. Comorbilidad La comorbilidad conocida del trastorno de masoquismo sexual se basa en gran parte en individuos en tratamiento. Los trastornos que se dan comórbidamente con el trastorno de masoquismo sexual suelen incluir típicamente otros trastornos parafílicos, como el fetichismo travéstico. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Es Común Experimentar Problemas de Excitación Sexual en Mujeres?

En los problemas de falta de excitación sexual, las mujeres se quejan, normalmente, de vivir una situación en la que, súbitamente, pierden sus niveles de excitación y la actividad sexual deja de ser placentera, dándose una desconexión tanto física como emocional del acto sexual. En otras ocasiones, las mujeres perciben una incapacidad para responder a las caricias, no sintiéndose excitadas ante la estimulación y no experimentando las respuestas fisiológicas características, como son las sensaciones de tumefacción en la zona genital o la lubricación vaginal. Cuando las experiencias insatisfactorias se acumulan, las relaciones sexuales se viven de forma problemática, se inician con aprensión al prever fracaso y se escudriña constantemente el estado de excitación, lo que dificulta, aún más, la obtención de una experiencia placentera. Esta situación lleva a mostrar una actitud negativa hacia el sexo y a rehuir los contactos sexuales, experimentando una inhibición del deseo que se une al trastorno de excitación. (información extraída de Disfunciones sexuales femeninas / M.ª José́ Carrasco, 2001)

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