Desarrollo neurológico

Entrevista a Aarón del Olmo, neuropsicólogo

En esta entrevista, el neuropsicólogo Aarón del Olmo nos acerca a una realidad fascinante y, a la vez, desconocida: cómo el cerebro condiciona nuestras emociones, pensamientos y comportamientos cotidianos. A lo largo de la conversación, desmonta mitos muy extendidos sobre la memoria, la atención o la autoexigencia, y explica cómo el ritmo de vida actual, la sobreestimulación y la falta de descanso afectan directamente a nuestro rendimiento cognitivo. Además, pone el foco en la importancia de comprender nuestro propio funcionamiento mental como herramienta clave para mejorar el bienestar emocional, adaptarnos a los cambios y aprender a convivir con la incertidumbre. Aarón ¿qué te motivó a centrar tu trabajo en comprender cómo el cerebro influye directamente en nuestras emociones y conducta diaria? Una parte de ello se debe a que el cerebro sigue siendo un misterio y que precisamente detrás de ese misterio se oculta el por qué nos comportamos como nos comportamos. Realmente entender las emociones y la conducta pasan por entender cómo funciona el cerebro y cómo influye. La otra parte radica en que precisamente esa comprensión ayuda a poder ayudar a las personas mucho mejor. Muchos casos que he evaluado y trabajo me muestran a personas que están a “merced” de cómo funciona su cerebro, de lo que permite hacer o no y comprender ese funcionamiento es una herramienta que les puede ayudar a funcionar mejor, a cambiar cosas o a entender otras. En tu experiencia clínica, ¿qué errores comete con más frecuencia la gente al interpretar sus propios problemas de memoria o atención? Pues ahí depende mucho de la edad y del tipo de problema. Me explico. En la etapa infantil por ejemplo, cualquier fallo de atención, problema de concentración o despiste se convierte en un indicador del famoso trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad. Y eso es un error, ya que en el neurodesarrollo, los propios procesos atencionales tienen que construirse e integrarse. Muchas veces el desarrollo normal o momentos en los que todo está “montándose” se patologizan. Pero también en las personas mayores, a veces los despistes que pueden ser normales de la edad se confunden con un inicio de un problema neurodegenerativo. No es que no sean problemas reales o molestos para una persona (despistarte ahora más que hace 20 años cuando eras joven) pero eso no implica una patología o un problema de atención. Igual, también nos ocurre ahora, con tanta sobre estimulación, en la que parece que perdemos la memoria pero realmente es nuestra atención la que no puede seguir todo lo que nos rodea. ¿Cómo explicas a un paciente que su cerebro puede “engañarle” y qué impacto tiene esto en su bienestar emocional? La idea más que decirle que le “engaña” es explicarle cómo funciona. El cerebro tiene sus límites y fallos. A veces nos exigimos más de lo que incluso nuestros cerebros pueden hacer y otras resulta que podemos tener problemas de atención, memoria o de manejo de información que nos dificultan hacer tareas en el día a día y que convertimos en un problema intencional (no lo hace porque no quiere) o un problema de capacidad (no lo hace porque es tonto). Así te encuentras con muchas personas que se consideran poco capaces o poco útiles simplemente porque no atienden a su forma de funcionar. Eso es importante porque muchas veces puedes modificar el grado de exigencia (por ejemplo en la escuela) o cómo exiges las cosas. Pero muchas veces la clave de esto es que, al comprenderse, uno puede reinterpretar las cosas que le han ocurrido hasta ahora, su historia vital y plantearse la forma de, con esa información, comenzar a organizar su entorno conforme a ello. ¿Qué relación observas entre el ritmo de vida actual y el aumento de dificultades cognitivas como la falta de concentración o la fatiga mental? En mi opinión, resulta más fácil tener fallos atencionales en cualquier ambiente que tenga mucha estimulación simultánea o nos exija una alta velocidad. Simplemente, nuestros procesos atencionales no son estables ni perfectos. Si necesitamos estar continuamente usando nuestros procesos de control atencional para frenar estímulos que son irrelevantes, terminamos por fatigarnos más rápido y al final, empezamos a cometer errores de manera más frecuente. Este exceso de estimulación y este ritmo de vida superan muchas veces y de muchas maneras la forma de funcionar de nuestro cerebro y nos terminan arrastrando a llevar un ritmo para el que no estamos preparados. Desde tu perspectiva, ¿cómo afecta la autoexigencia excesiva al funcionamiento cognitivo y emocional? Es una buena pregunta. Creo que muchas veces esa autoexigencia puede estar en la base de una ansiedad anticipatoria. Si por ejemplo uno espera o aspira a hacerlo de una forma perfecta todo puede experimentar cierto grado de ansiedad ante las diferentes situaciones que le provoque precisamente evitar enfrentarse a ciertas tareas. Un ejemplo que veo mucho en los niños y niñas en la edad escolar lo podemos tener en al aprendizaje de la lectura, un proceso duro y largo que no todos los niños dominan a la misma velocidad ni con la misma eficiencia. Ocurre que muchas veces hay pequeños que durante su desarrollo presentan problemas de atención o lenguaje que forman parte de su desarrollo y eso impacta en cómo aprenden a leer, terminando por frustrarse ante la lectura o tener sensaciones de baja autoestima.  Igual pasa en los casos de personas con un perfil TDAH en la edad adulta, donde el nivel de exigencia choca a veces con sus capacidad de control atencional y eso conlleva una respuesta de evitación de tareas que puedan provocar situaciones difíciles de gestionar. ¿Qué papel juega la frustración en los procesos de rehabilitación neuropsicológica y cómo se puede trabajar de forma saludable? Pues es muy importante, porque debemos saber lidiar con ella. Cuando tenemos a una persona con daño cerebral, está generalmente ha podido perder o ver afectados procesos que antes de ese daño funcionaban perfectamente. Esto supone una choque para personas. El verse menos fluido hablando, cometiendo errores de

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¿Conoces los ejercicios que ayudan a mantener tu mente activa?

Cuando pensamos en cuidar nuestra salud solemos centrarnos en el ejercicio físico, la alimentación o el descanso. Sin embargo, el cerebro también necesita entrenamiento. Al igual que los músculos, las funciones cognitivas pueden fortalecerse y mantenerse activas mediante prácticas específicas. En este contexto, los ejercicios neuropsicológicos se han convertido en una herramienta cada vez más utilizada tanto en la rehabilitación cognitiva como en la prevención del deterioro mental. Estos ejercicios no están destinados únicamente a personas con daño cerebral o trastornos neurológicos. Cualquier persona puede beneficiarse de ellos para mejorar su memoria, su capacidad de concentración o su agilidad mental. Incorporarlos a la rutina diaria puede contribuir significativamente al bienestar psicológico y al mantenimiento de la salud cognitiva a lo largo de la vida. ¿Qué es la neuropsicología? La neuropsicología es una disciplina que estudia la relación entre el cerebro y la conducta. Analiza cómo las diferentes estructuras cerebrales influyen en procesos como el pensamiento, la memoria, las emociones, el lenguaje o la toma de decisiones. Cuando alguna de estas funciones se ve alterada —ya sea por estrés, envejecimiento, lesiones cerebrales o trastornos psicológicos— los ejercicios neuropsicológicos pueden ayudar a estimular y reforzar las capacidades cognitivas. El objetivo principal de este tipo de actividades es estimular el cerebro para mejorar su funcionamiento, favoreciendo la llamada plasticidad cerebral, es decir, la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales. ¿Qué funciones cognitivas se pueden entrenar? Los ejercicios neuropsicológicos suelen diseñarse para estimular distintas funciones mentales: Memoria Es la capacidad para almacenar y recuperar información. Existen distintos tipos de memoria: memoria inmediata, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo. Atención Permite concentrarse en una tarea concreta durante un tiempo determinado. Es fundamental para el aprendizaje y el rendimiento diario. Funciones ejecutivas Incluyen habilidades como planificar, organizar, resolver problemas, tomar decisiones o controlar impulsos. Lenguaje Se refiere a la capacidad para comprender y expresar información verbal o escrita. Velocidad de procesamiento Es la rapidez con la que el cerebro procesa la información y responde a los estímulos. Trabajar estas funciones de forma regular ayuda a mantener el cerebro activo y flexible. Beneficios de los ejercicios neuropsicológicos Incorporar actividades que estimulen el cerebro puede aportar múltiples beneficios tanto a nivel cognitivo como emocional: 1. Mejora de la memoriaRealizar ejercicios que impliquen recordar información fortalece las conexiones neuronales relacionadas con el almacenamiento y recuperación de recuerdos. 2. Mayor capacidad de concentraciónEntrenar la atención permite reducir distracciones y mejorar el rendimiento en tareas diarias. 3. Estimulación de la creatividadMuchas actividades cognitivas requieren pensar de forma diferente, lo que fomenta la flexibilidad mental. 4. Prevención del deterioro cognitivoMantener el cerebro activo puede ayudar a retrasar el envejecimiento cognitivo. 5. Aumento de la autoestimaSuperar retos mentales y observar progresos en la memoria o la concentración genera una sensación positiva de logro. 6. Mejora del bienestar emocionalEl entrenamiento cognitivo también contribuye a reducir el estrés y aumentar la sensación de control sobre nuestras capacidades mentales. Ejercicios neuropsicológicos que puedes practicar en casa Existen múltiples actividades que ayudan a estimular el cerebro y que pueden realizarse fácilmente en la vida cotidiana. 1. Ejercicio de memoria visual Observa una imagen durante unos 30 segundos. Después retírala e intenta recordar todos los detalles posibles: colores, objetos, posiciones o elementos del entorno. Este ejercicio ayuda a mejorar la memoria visual y la capacidad de observación. 2. Listas de palabras Pide a alguien que te diga entre 5 y 10 palabras o escríbelas en un papel. Léelas durante un minuto y luego intenta recordarlas sin mirar. Para aumentar la dificultad, intenta recordarlas en el mismo orden o agrupándolas por categorías. 3. Cambiar rutinas diarias Realizar acciones cotidianas de forma diferente obliga al cerebro a crear nuevas conexiones neuronales. Por ejemplo: Cepillarte los dientes con la mano no dominante Cambiar el camino habitual al trabajo Vestirte siguiendo un orden diferente Estos pequeños cambios estimulan la flexibilidad mental. 4. Juegos de lógica Los juegos mentales son excelentes herramientas de estimulación cognitiva. Algunos ejemplos son: Sudoku Crucigramas Sopas de letras Juegos de estrategia Rompecabezas Estas actividades estimulan la memoria, la atención y la resolución de problemas. 5. Asociación de palabras Elige una palabra y trata de pensar en todas las palabras relacionadas que se te ocurran en un minuto. Por ejemplo, si la palabra es “mar”, podrías asociar: playa, arena, barco, ola, pescador, puerto… Este ejercicio mejora la fluidez verbal y la agilidad mental. 6. Narrar historias Observa una imagen o una escena cotidiana e inventa una historia sobre lo que está sucediendo. Esta actividad estimula: creatividad memoria lenguaje capacidad narrativa 7. Ejercicios de atención plena Las prácticas de mindfulness también ayudan a mejorar la atención y la conciencia del momento presente. Un ejercicio sencillo consiste en observar durante unos minutos todo lo que ocurre a tu alrededor: sonidos, colores, olores o sensaciones físicas. Esto entrena la capacidad de concentración y reduce la dispersión mental. La importancia de la constancia Para que los ejercicios neuropsicológicos tengan efecto es importante practicarlos con cierta regularidad. No es necesario dedicar muchas horas al día: entre 10 y 20 minutos diarios pueden ser suficientes para mantener el cerebro activo. Además, es recomendable variar las actividades para estimular diferentes áreas cognitivas y evitar que el cerebro se acostumbre a un solo tipo de ejercicio. Un cerebro activo es un cerebro saludable El cerebro posee una extraordinaria capacidad de adaptación y aprendizaje a lo largo de toda la vida. Mantenerlo estimulado mediante ejercicios neuropsicológicos no solo mejora habilidades como la memoria o la atención, sino que también favorece un mayor bienestar mental. En un mundo lleno de estímulos, distracciones y estrés, dedicar unos minutos al día a entrenar nuestra mente puede convertirse en una herramienta sencilla pero muy valiosa para cuidar nuestra salud mental.

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¿Qué factores influyen en el desarrollo cerebral de un niño?

El desarrollo cerebral en la infancia es un proceso dinámico y complejo que sienta las bases para el aprendizaje, la conducta y la salud mental a lo largo de la vida. Durante los primeros años, el cerebro experimenta un crecimiento acelerado, formando conexiones neuronales que determinan habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Existen múltiples factores que influyen en este proceso, desde la genética hasta el entorno en el que crece el niño. A continuación, exploramos los principales factores que afectan el desarrollo cerebral infantil y su impacto en la vida futura. Genética y Factores Biológicos La herencia genética juega un papel fundamental en la estructura y función del cerebro. Factores como la predisposición a ciertas enfermedades neurológicas, la velocidad de desarrollo de las conexiones neuronales y las capacidades cognitivas básicas están determinadas, en parte, por la genética. Sin embargo, la interacción con el ambiente también es crucial y puede modificar la expresión genética a través de procesos como la epigenética. Nutrición y Desarrollo Cerebral Una alimentación adecuada durante el embarazo y los primeros años de vida es esencial para el desarrollo del cerebro. Nutrientes como el ácido fólico, los ácidos grasos omega-3, el hierro y el zinc favorecen la formación de neuronas, la mielinización y las conexiones sinápticas. Por el contrario, la desnutrición en etapas tempranas puede generar problemas en la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje a largo plazo. Experiencias y Estimulación Temprana El entorno en el que crece un niño tiene un impacto significativo en su desarrollo cerebral. La estimulación temprana a través del juego, la lectura, la música y la interacción social fortalece las conexiones neuronales y mejora habilidades como el lenguaje, la motricidad y la inteligencia emocional. Un ambiente enriquecido favorece la plasticidad cerebral y la capacidad de aprendizaje. Vínculo Afectivo y Apego Seguro Las relaciones tempranas con los cuidadores principales influyen en la estructura cerebral. Un apego seguro, caracterizado por la atención y el afecto constantes, contribuye a la regulación emocional y al desarrollo de la confianza en el entorno. Por el contrario, la negligencia o el estrés en el hogar pueden afectar el desarrollo de la amígdala y la corteza prefrontal, áreas clave en la gestión emocional y la toma de decisiones. Factores Ambientales y Socioeconómicos El acceso a educación de calidad, un hogar estable y una comunidad segura favorecen el desarrollo cognitivo y emocional del niño. En cambio, la pobreza, la violencia y el estrés tóxico pueden afectar negativamente la estructura cerebral, alterando la producción de hormonas del estrés como el cortisol, lo que puede generar dificultades en la concentración, el aprendizaje y la regulación emocional. Salud y Cuidado Médico Las infecciones prenatales, la exposición a toxinas ambientales y enfermedades infantiles pueden influir en el desarrollo cerebral. Las visitas médicas regulares, la vacunación y el tratamiento temprano de cualquier problema de salud son fundamentales para garantizar un desarrollo óptimo. Conclusión El desarrollo cerebral infantil es el resultado de la interacción entre la genética y el entorno. Proporcionar una nutrición adecuada, estimulación temprana, afecto y un ambiente seguro permite que el cerebro se desarrolle de manera óptima, sentando las bases para el bienestar a lo largo de la vida. Invertir en la infancia es invertir en el futuro de la sociedad.  

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¿Sabías que la postura del sueño influye en el desarrollo neurológico de tu bebé?

Son numerosas las teorías relativas al área del sueño infantil. Se distinguen tres categorías que atienden a: Temperatura del cuerpo Nivel de liquido Posición del cuerpo El factor de la temperatura es muy relevante. Todas las escuelas de enseñanza de cuidados del niño indican que la temperatura del cuerpo debe mantenerse constante durante el sueño. Durante el sueño descienden la presión sanguínea, el ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio, la temperatura y la oxigenación; todas ellas actividades típicas de la fase anfibia del desarrollo filogenético. La información acerca de los anfibios incluye cada uno de los términos indicados como descriptivos de su especie y la anatomía comparativa confirma que el cerebro de los anfibios permanece atrofiado en el hombre como un cerebro antiguo o mesencéfalo. La regulación del liquido es utilizada incluso para inducir el sueño. Es creencia general que, el niño dormirá y que el niño se hallará inquieto, a menos que haya comido. Se coge a un niño con la fontanela en posición cóncava e inquieta y se le alimenta con biberón, se observa que aumenta el líquido cefalorraquídeo, la fontanela se vuelve convexa y el niño se duerme. Cuando el niño se duerme y su nivel de líquido baja, podemos observar que desplaza la parte superior de la cabeza hacia una esquina de su cuna o la apoya contra los cobertores, algún juguete blando o la almohada para obtener un incremento de presión de un sistema interno y otro externo. El sistema interno consta de los dos ventrículos laterales, de sus orificios interventriculares del tercer ventrículo, del cuatro ventrículo y del acueducto de Silvo. El sistema externo está compuesto por los espacios subaracnoideos e incluye las áreas dilatadas conocidas como cisternas. Estos dos sistemas forman uno solo cerrado donde volumen y presión se encuentran en relación directa. Las modificaciones de volumen y presión se transmiten directamente a través de los orificios de Luschka, situados en las cavidades laterales del cuatro ventrículo y del orificio de Magendie, situado en la parte superior del cuarto ventrículo. Las madres colocan a sus niños a dormir con la parte superior de sus cabezas suavemente apoyadas sobre una almohada, porque éstos buscan naturalmente esa posición, que les resulta favorable para dormir mejor y más prolongadamente. La fase filogenética en la cual se hace necesario el mayor ajuste posible entre la presión externa y la interna es obviamente la fase anfibia, en la cual el aire y el agua constituyen los entornos de presión inmediatos. Ningún otro nivel filogenético presenta más de un tipo de presión ambiental; la única excepción es la constituida por el nivel mesencefálico o anfibio, el mismo nivel en el cual el hombre duerme. Si se observa a los niños, se aprecia un tipo de desarrollo llamativo. Los niños pequeños adquieren los reflejos posturales seriados del nivel anfibio en los periodos prenatal y posnatal para el descanso y para la actividad. La idea generalmente aceptada respecto al reflejo tónico del cuello ha sido la de que desaparece rápidamente después de las 16 semanas y que solo reaparece como un reflejo patológico cuando son lesionados los centros nerviosos más altos. Si colocamos a un recién nacido en posición supina y giramos su cabeza hacia la derecha o izquierda, tiene lugar una rotación refleja de la columna en la dirección de rotación de la cabeza, si fijamos el tórax, la pelvis se vuelve en dirección opuesta. Si el reflejo es fuerte, el giro de la cabeza provoca un giro violento en todo el cuerpo en la dirección de rotación de la cabeza. Estos movimientos son eficaces y espínatenos y todos ellos están seriados. Los complejos reflejos seriados pueden darse bajo esquemas funcionales modificados originados por un proceso asimilativo. Piaget piensa que los patrones reflejos forman la base de la inteligencia y que su iotización los refuerza. Y también que se asimilan a consecuencia del desarrollo de los niveles superiores de acomodación. Si se analiza la organización neurológica se puede comprender rápidamente la relación entre la posición del cuerpo durante el sueño y la organización neurológica total. El autor del libro cree que solamente sobre la base de una adecuada adopción de postura puede el organismo alcanzar la unidad y la organización neuromuscular más compleja requerida por las adaptaciones controladas por el córtex. Cree asimismo que tal unidad es un prerrequisito a las funciones sensorio motoras de las habilidades contraladas por el córtex, que operan bajo un modelo global y seriado. La adopción idónea de postura en la posición prona es la siguiente: Los ojos mirando hacia la mano subdominante El brazo y la pierdan del lado hacia el cual está encarado el niño flexionados El brazo y la pierna opuestos extendidos La mano próxima a la boca debe estar con la palma hacia abajo y con el pulgar apuntado a la boca La mano extendida debe estar con la palma hacia arriba y junto a la cadera (Información extraída de Tratamiento y prevención de los problemas de lectura: enfoque neuropsicológico / Carl H. Delacato, 1985)  

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¿Cuáles son las cuatro fases de la desorientación en los adultos mayores?

Los muy mayores despistados y desorientados han entrado en la última fase de la vida: resolución frente a vegetación. Se trata de personas que jamás han logrado lo que Erikson denomina la “integridad”. Esas personas pasan por cuatro fases, que se distinguen por diversas características físicas y psicológicas. Cada una de ellas supone un paso más hacia la retirada del sujeto de la realidad en una lenta regresión física. Sin embargo, no hay que tomarse literalmente las categorías, ya que hay personas que pueden pasar de una fase a la siguiente en apenas cinco minutos. Un hombre puede estar orientado a las ocho de la mañana y a las tres de la tarde asegurar que debe marcharse a  su casa a dar a comer a los caballos y a ordenar las vacas. Primera fase: despiste – orientación deficiente ante la realidad Segunda fase: confusión temporal – pérdida de las capacidades cognitivas Tercera fase: movimientos repetitivos que sustituyen al discurso Cuarta fase: vegetación – retraimiento total hacia el interior Para comprender a los ancianos que se encuentran en estas cuatro fases, se ha de entender cómo utilizan los símbolos Símbolos: billetes al pasado Un símbolo es un objeto o una persona del presente que representa un objeto significativo del pasado. Los símbolos utilizados por los adultos psicóticos pueden parecerse a los que utilizan las personas despistadas o desorientadas. De hecho a los muy mayores despistados se les suelen diagnosticar alucinaciones o ilusiones paranoides. Una persona psicótica fabrica símbolos imaginarios a partir de miedos internos; sus alucinaciones e ilusiones son percepciones patológicas e infundadas de la realidad y, por lo tanto, esas personas necesitan ayuda. Los símbolos no están relacionados con la pérdida de capacidad intelectual, ni tampoco responden a un mecanismo de curación que aparezca en la última etapa de la vida. Cuando el mundo exterior se desdibuja debido a la pérdida de visión, al deterioro del oído y la pérdida del tacto, resulta fácil y natural reemplazar objetos y personas actuales por otros del pasado. Las personas despistadas suelen utilizar figuras de autoridad del presente para expresar la ira que sintieron hacia sus padres. Símbolos universales y su posible significado Joyas, ropa: valor identidad Zapatos: contenedor, útero, macho o hembra, símbolo sexual Monedero: sexo femenino, vagina, identidad Bastón o puño: pene, potencia, poder Mobiliario duro: padre, Dios Mobiliario blando: seguridad, madre, hogar Pañuelo, objeto plano: tierra, pertenencia, vagina, identidad Comida: amor, madre Beber de un vaso: poder masculino, potencia Cualquier receptáculo: útero Hurgarse la nariz: placer sexual Jugar con excrementos: placeres de la infancia temprana Algunos símbolos personales típicos empleados por muy mayores desorientados: Una mano: un bebé Un dedo: un padre, pies para andar, niños con quienes pasear Un trapo: papeles importantes, masa para cocinar, ropa de niño El brazo de una silla: una calle Espacio abierto: un pasillo de casa, paraíso, esperanza Botón guijarro: alimento, amor Chasquidos con la lengua: seguridad, alegría Movimiento de mecer: madre, maternidad, seguridad, alegría Liquido: poder masculino Silla resistente: pene, hombre, marido, sexo Tenedor, cuchillo: enfado Asa, mango: pene Voz grave: persona masculina Cuchara u objeto curvado: mujer, sexo femenino Calcetín, zapato: niño, ropa de niño, órgano sexual Prende de quita y pon: acto sexual, libertad, desafío Planta de una residencia: barrio Pasillo de la residencia: una calle del barrio Silla de ruedas: un coche, una bicicleta, un carruaje Primera fase: despiste Estas personas se aferran a roles sociales establecidos con una única excepción: necesitan expresar conflictos del pasado de forma velada. Para ello, utilizan a las personas del presente como símbolos que representan a personas del pasado. Una anciana, por ejemplo, puede acusar a su compañera de habitación de robarle la ropa interior; en ese caso, la compañera de habitación simboliza a una hermana de quien siempre estuvo muy celosa. Asimismo, una mujer que nunca haya expresado sus deseos sexuales puede asegurar que hay un hombre escondido bajo su cama. En esta fase se suele producir una negación de los sentimientos. El habla, la razón y el pensamiento racional son muy importantes. Las personas despistadas valoran las opiniones claras y serenas y el control, y suelen responder negativamente al control físico y al contacto visual demasiado cercano. Son conscientes del paso del tiempo, reflexionan, ponen cada cosa en su lugar y mantienen un orden. Se sienten avergonzadas cuando alguien se da cuenta de que han olvidado algo, cuando repiten frases o historias que ya han explicado o cuando confunden a una persona con otra. Entonces se inventan cosas, utilizan experiencias ficticias para ocultar sus lagunas de memoria y las niegan. Se sienten viejas e inútiles, tanto si están en una residencia como si están solos en casa, creyendo que se trata de un castigo por su comportamiento en el pasado, dicen que “alguien está envenenando” su comida. La comida es un símbolo de amor. Amargadas, solas y sin el amor de nadie, estas personas se quejan de que “alguien está robando” sus posesiones. Se sienten robadas en la vejez igual que de niños se sintieron robadas por sus hermanas que les robaban la dignidad. Los sentimientos de naturaleza parecida cruzan el tiempo y se atraen como imanes. Para justificarse a sí mismos o negar sus sentimientos del mismo modo que han hecho durante toda la vida, esos ancianos culpan y acusan a los demás. Cuando su pareja muere nunca sienten culpa o pena, sino que acusan a los médicos. Se ofenden cuando los jubilan, pero en lugar de expresar esa cólera, acusan a su jefe de tener perjuicios contra las personas mayores que él. Cuando pierden el pelo por culpa de la edad, culpan a la esteticista o al peluquero. Para mantener el control en una guerra contra la pérdida del control, se dedican a acumular cosas; ante el miedo de sufrir cada vez más pérdidas, almacenan todo lo que pueden: naranjas, pañuelos, tazas, paquetes de azúcar, sal, periódicos, cintas, todo para protegerse contra futuras pérdidas. Y nadie logrará convencerles para que no lo hagan: la necesidad de justificar el pasado

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¿Cuáles son los primeros signos neurológicos de la enfermedad de Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer (EA) se define clínicamente por las alteraciones cognoscitivas, que son precoces e intensas y predominan durante todo el curso de la enfermedad. Se piensa que la exploración neurológica habitual es normal y en consecuencia, la aparición de signos neurológicos convencionales se considera un dato en contra de este diagnóstico. A pesar de esta noción clásica, los enfermos pueden presentar precozmente signos extra piramidales y durante el curso del proceso aparecen alteraciones de la marcha, reflejos de liberación, paratonía y otras alteraciones. Parkinsonismo Los pacientes con EA tiene manifestaciones clínicas que se pueden interpretar como parkinsonianas sin serlo, y así, la indecisión al dar el paso se puede confundir con una marcha parkinsoniana lenta, la paratonía con una rigidez y el aspecto “parado” de un demente inatento, inseguro o deprimido con una bradicinesia. De hecho, esto y otros problemas dificultan la revisión de los trabajos que tratan de las manifestaciones extra piramidales en la EA, por lo que se ha propuesto definiciones más rígidas de cada signo. Puede además ocurrir que un signo aparezca en ambas, EA y enfermedad de Parkinson (EP), pero su significado difiera, y así, el reflejo de parpadeo, aumentado en la EA, cuando la afectación cognoscitiva empieza a ser severa, disminuye al empeorar más la enfermedad mientras que persiste y se acentúa al avanzar la EP, lo que sugiere una naturaleza distinta en ambas enfermedades. En cualquier caso, la enfermedad causa signos parkinsonianos auténticos. La rigidez y bradicinesia se pueden detectar mediante técnicas neurofisiológicas, incluso antes de que sean evidentes clínicamente y los signos clínicos mediante escalas habituales, como la Escala Unificada o con otras más simples de concordancia interobservador elevada. Los signos parkinsonianos más frecuentes son la inexpresividad, la disminución de la velocidad de la marcha, y braceo y la rigidez, mientras que el temblor de reposo o no aparece o es infrecuente. Un punto de interés es saber si estos signos se deben a la propia enfermedad o al envejecimiento. La frecuencia de los signos parkinsonianos es baja en una población normal de edad avanzada 61 años, y el síndrome parkinsoniano no aparece en los controles o es muy infrecuente en la población general (49,59), de forma que los signos y síndromes parkinsonianos son mucho más frecuentes en la EA que en el control en la mayoría de los estudios, con alguna excepción, y su intensidad aumenta al progresar la enfermedad, lo que sugiere claramente su relación con la enfermedad. Una de las razones que puede justificar el parkinsonismo de la EA son los neurolépticos (NL), medicamentos capaces de causar numeroso efectos adversos, quizás en relación con las modificaciones que provocan en el sistema extra piramidal experimentalmente. Por otra parte, los pacientes que desarrollan un parkinsonismo por neurolépticos tienen mayor bradicinesia previamente y como ambos, psicosis y parkinsonismo son más frecuentes conforme la enfermedad avanza y la intensidad del parkinsonismo se correlaciona con la severidad de las alteraciones conductuales, es más probable que sean los pacientes con signos parkinsonianos quienes reciban neurolépticos. En cualquier caso, los signos parkinsonianos son más frecuentes cuando se utilizan NL, en especial si el examen se realiza al poco de introducirlos y su aparición es, al menos en parte, dosis dependiente: las dosis bajas de haloperidol no aumentan su incidencia, mientras que las dosis altas los causan en el 75 al 100% de los pacientes. Discinesias La discinesia buco facial (DBF) aparece en el 13% de los enfermos en una serie con demencia de EA moderada sin tratamiento neuroléptico (10), cifra en el extremo alto de la población no demenciada, lo que puede hacer pensar en una simple coincidencia. Sin embargo, otros datos sugieren una interrelación y por ejemplo, la frecuencia de la DBF aumenta conforme avanza la EA, llega a ser del 67% en estadios tardíos y puede extenderse entonces a otros territorios. La discinesia no suele ser llamativa, ni precisar tratamiento. Mioclonias Las mioclonías de la EA se han atribuido a la pérdida celular de los núcleos serotonérgicos dorsal del rafe y noradrenérgico del locus coeruleus. No obstante, esta MC comparte muchos datos con la de origen cortical, de forma que aparece con más frecuencia si existen ondas trifásicas en el EEG y las anomalías paroxísticas y las crisis epilépticas son más frecuentes en los pacientes con MC. Las MC de la EA aparecen en el sueño con el sobresalto o se recogen solo durante la vigilia, pero la mayoría de los estudios se refiere a la MC diurna, generalmente parcelar, asíncrona, asimétrica y distal, que puede estar potenciada por el movimiento, la actitud y la postura. La supervivencia del paciente con miclonías está acortada, de forma que la vida del enfermo se prolonga solo una media de 0,8 años a partir de la aparición de la mioclonía, con una supervivencia máxima de 3 años, aunque muchos de los enfermos fallecen en el año de su aparición. Epilepsia La interrelación entre crisis epiléptica y EA es evidente. La incidencia de una CE única sintomática de una demencia es del 7,2/100.000 en personas mayores de 60 años. Cuando una CE aparece después de los 60 años aumenta la posibilidad de que ese paciente padezca una demencia y nada menos que el 11,5% de las epilepsias aparecidas a partir de los 64 años se deben a una afectación degenerativa cerebral, en gran medida una demencia. De la misma forma, una demencia sextuplica el riesgo de tener una CE a partir de los 55 años de edad y es la causa del 4% de las CE tardías asistidas en medio hospitalaria. La influencia de la EA en la aparición de CE es todavía mayor que la de una simple demencia, de forma que esta enfermedad duplica el riesgo de padecer una epilepsia. Las crisis epilépticas de la EA son generalizadas tónico-clónicas y se considera que un estado de mal o crisis focales inequívocas obligan a investigar una causa distinta de la demencia. No obstante, las crisis focales pasan fácilmente desapercibidas en el paciente demenciado: en un

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¿Cuál es el síndrome de las piernas inquietas?

El síndrome de las piernas inquietas (SPI) es un trastorno del sueño sensoriomotor y neurológico que se caracteriza por un deseo de mover las piernas o los brazos normalmente asociados a sensaciones incómodas que se describen típicamente como calambres, cosquilleo, hormigueo, quemazón o picor (Criterio A). El diagnóstico del SPI se basa principalmente en el relato del paciente y en la historia. Los síntomas empeoran cuando el paciente está quieto, por lo que se realizan movimientos frecuentes de las piernas para aliviar las sensaciones incómodas. Los síntomas empeoran por la tarde o por la noche y en algunos sujetos sucede solo por la tarde o por la noche. El empeoramiento vespertino aparece de manera independiente de cualquier diferencia en la actividad. Es importante diferenciar el SPI de otros trastornos, como la incomodidad postural y los calambres en las piernas (Criterio D). Los síntomas del SPI pueden retrasar el comienzo del sueño y despertar al sujeto, y se asocian con una fragmentación significativa del sueño. El alivio que se obtiene al mover las piernas puede no ser evidente en los casos más graves. El SPI se asocia con somnolencia diurna y se acompaña con frecuencia de un malestar significativo o de deterioro funcional. Los movimientos periódicos de las piernas durante el sueño (MPPS) pueden servir de signo para corrobra el SPI, y hasta un 90% de los sujetos diagnosticados de SPI presenta MPPS cuando se realizan registros durante varias noches. Los movimientos periódicos de las piernas durante la vigilia apoyan el diagnóstico del SPI. También puede apoyar el diagnóstico del SPI los relatos de dificultad para iniciar y mantener el sueño y la excesiva somnolencia diurna. Otros rasgos son la historia familiar del SPI en los familiares de primer grado y la reducción de los síntomas, al menos inicialmente, con el tratamiento dopaminérgico.   (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cómo afecta en las mujeres el síndrome de Rett?

El síndrome de Rett es un trastorno muy grave del desarrollo del sistema nervioso que afecta de forma casi exclusiva a las mujeres. Fue descrito por Andreas Rett en 1966. Los aspectos clínicos más representativos son: regresión psicomotora, movimientos estereotipados, marcha atáxica y conducta autística. El gen causante del síndrome de Rett, el MECP2, se descubrió en el año 1999. Está ubicado en el brazo largo del cromosoma X. puesto que las mujeres tienen dos cromosomas X, parecería que deberían estar menos afectadas. Una posible explicación puede residir en que la ausencia de una copia funcional del MECP2 sea letal para el feto masculino antes del nacimiento. Otra cuestión es por qué las mujeres están afectadas a pesar de que uno de sus cromosomas X es normal. Esto se debe al fenómeno de inactivación del cromosoma X, un proceso normal según el cual el cromosoma X se inactiva aleatoriamente en cada célula. Esta deficiencia parcial permite a las mujeres sobrevivir y desarrollarse normalmente durante la primera infancia. A pesar de que puede heredarse, más del 95% de caso son mutaciones de novo. El gen MECP2 codifica una proteína que inhibe la función de otros genes que deben dejar de actuar de forma sincronizada para regular el desarrollo del cerebro. La incidencia se estima en 1 de cada 10.000-20.000 recién nacidos. El desarrollo es aparentemente normal hasta la edad de 6 a 18 meses. Una vez que se inicia la regresión, ésta suele ser bastante rápida. Se pierden habilidades motoras, tanto en lo que se refiere al equilibrio y coordinación como en los movimientos propositivos de las manos. Suele aparecer un leve temblor en las manos y, sobre todo, movimientos estereotipados consistentes en actividad manual de lavado de manos. También es posible una tendencia estereotipada a llevarse las manos a la boca. Se pierden, si es que se habían adquirido, algunas habilidades lingüísticas y la capacidad de comunicación, tanto verbal como no verbal. En conjunto su conducta puede definirse como autística, por su falta de interacción social, su incapacidad para comunicarse y la presencia de estereotipias. Muchas niñas afectas muestran también problemas conductuales y emocionales, que incluyen ansiedad, bajo estado anímico y conducta auto agresiva. Las niñas con síndrome de Rett desarrollan microcefalia y pueden tener convulsiones que aparecen entre los 2 y 4 años. Además, es bastante común la presentación de disfunción respiratoria periódica, trastornos de la alimentación, retraso del crecimiento, constipación, distonía y escoliosis. Al periodo de regresión rápida, le sigue un estancamiento con persistencia de las conductas autísticas y el trastorno motor. Actualmente, está incluido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) entre los trastornos generalizados del desarrollo, pero fácilmente salta a la vista que el Síndrome de Rett difiere en muchos aspectos, no solo clínicos, sino también conceptuales, de los otros trastornos generalizados del desarrollo. El síndrome de Rett se relaciona con una alteración genética específica, se asocia a importantes manifestaciones neurológicas y sistemáticas y sigue un curso muy distinto al del resto de trastornos generalizados del desarrollo. (información extraída de Trastornos del neurodesarrollo / editores, Josep Artigas-Pallarés, Juan Narbona, 2011)

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¿A qué se debe la pérdida de memoria?

El proceso por el cual se pueden recordar hechos pasados, tanto recientes como lejanos, tiene lugar en el cerebro. La información (palabras, imágenes, olores, sensaciones y otros muchos tipos de datos) llega al cerebro sobre todo a partir de los sentidos, asentándose en las células cerebrales, inicialmente en lo que se denomina “memoria reciente”, luego, con frecuencia mediante un proceso más o menos consciente, estos datos se organizan de forma lógica y se guardan en una “memoria a largo plazo”. Cuando recordamos, tiene lugar el proceso de buscar, por lo general por asociación de ideas, aquellos datos que se hallan almacenados en las células cerebrales. Fallos Olvidarse de algo que se creía recordar ocurre con frecuencia. Los fallos diarios de memoria no son, por lo general, debidos a ninguna dolencia, sino que forman parte del proceso normal de memorización. Por una parte, no todas las personas tienen la misma facilidad de recordar, si bien se sabe que casi nadie utiliza más allá de una décima parte de su posible capacidad memorística. Por otra parte, influye de forma considerable en estos “olvidos diarios” el temperamento y el grado de estrés de un individuo en un momento determinado. El proceso de recordar un dato puede verse entorpecido por un torbellino de ideas que acuden a la mente y que hace difícil o más lenta la recuperación del dato buscado. Por dicha razón, las personas de temperamento nervioso y muy ajetreado en su quehacer diario sufren más olvidos que las personas tranquilas y que gozan de un temperamento reposado. No es posible aumentar la capacidad memorística de una persona mediante la administración de fármacos u otros remedios “milagrosos”, si bien en la actualidad existen técnicas de desarrollo de la memoria que, por medio de reglas mnemotécnicas y de asociación de ideas, pueden mejorar la facilidad para recordar los datos que nuestra memoria ya posee. Por otra parte, parece ser que existen diversos tipos de memoria, en el sentido de que hay personas a las que les resulta muy fácil reconocer una cara y por el contrario, no logran recordar el nombre del individuo en cuestión. Otras recuerdan con mayor facilidad una melodía o un olor. Parece ser que la memoria es selectiva y que en unos individuos se muestran más eficaz con los datos percibidos por determinados sentidos y menos eficaces con otros. Amnesia Se denomina amnesia a la pérdida parcial o total de memoria, proceso más profundo que el ocasional olvido diario o momentáneo. La amnesia puede ser debida a muy diversas causas, siendo las más frecuentes las lesiones cerebrales producidas por un traumatismo craneal, o por tumores o hemorragias cerebrales. También pueden provocar amnesia los procesos infecciosos y las intoxicaciones. A veces, la pérdida de memoria tiene un origen psíquico. Puede tratarse de un episodio muy desagradable o de una fuerte emoción que impacta profundamente al individuo. Ante estas circunstancias, el subconsciente puede reaccionar mediante un mecanismo de autodefensa, impidiendo que el individuo recuerde el hecho en sí o, incluso bloqueando sus recuerdos. Las personas ancianas sufren un lento, pero progresivo deterioro de la memoria. Esto es debido a que las células cerebrales que envejecen y mueren no son sustituidas por nuevas células, con lo que, a medida que transcurren los años, quedan menos células capaces de retener los datos. La enfermedades de Alzheimer (o mal de Alzheimer) que afecta más a las personas ancianas, causa un profundo deterioro de todas las células cerebrales y en particular de las que se hallan relacionadas con la memoria, por lo que el enfermo, en fases avanzadas, llega a ser incapaz de reconocer a sus parientes más cercanos. (Información extraída de Guía médica familiar, 1994)

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¿Qué Provoca el Parkinson, Cuáles Son sus Síntomas y Cómo Se Trata?

La enfermedad de Parkinson, nombre que se dio en honor a James Parkinson, médico británico que tras años de investigación la describió en 1817, cursa con mucha lentitud, pero de forma progresiva y crónica. Afecta a individuos que han sobrepasado los 40 años y dado que su incidencia aumenta con la edad, suele registrarse sobre todo entre quienes superan los 60 años. Síntomas del Parkinson La etiología del parkinsonismo es múltiple, pero su sintomatología, cualesquiera que sean sus causas, presenta las mismas marcadas características, entre las que destacan la rigidez muscular, los temblores, la lentitud y la escasez de movimientos y la inestabilidad postural. Debido a la rigidez progresiva que sufren los músculos, el enfermo va adquiriendo una postura envarada y echada hacia delante, y su rostro pierde expresividad por el deficiente movimiento de los músculos faciales. Poco a poco se produce una acinesia, nombre que recibe la dificultad de movimientos y desaparecen también los movimientos asociados, como el balanceo de los brazos al caminar, gesto espontáneo y automático en una persona sana. También aparece lo que se denomina “marcha festinante”, o sea, el andar a pasos cortos, que se hacen cada vez más acelerados y que solo se detienen cuando el paciente se encuentra ante un objeto o un obstáculo. En la mayoría de los casos los temblores se inician en las manos, muy a menudo con movimientos de roce entre el pulgar y los demás dedos, como si el paciente estuviese amasando una miga de pan entre ellos; a medida que la enfermedad avanza, los temblores se extienden a toda la mano. Cuando el paciente está en reposo, los temblores suelen desaparecer, así como también lo hacen cuando estira la mano para coger algo, pero se acentúan si se siente observado o si registra alguna emoción. Consecuencias del Parkinson La rigidez anormal que la enfermedad produce en los músculos es frecuente causa de dolor, en particular al levantarse por la mañana tras varias horas de reposo. Además, como el enfermo también suele registrar un descenso de la presión sanguínea al levantarse, no es extraño que tenga una sensación de desmayo, así como dificultad para expresarse con normalidad y de forma correcta.. El andar de los afectados se dificulta debido a sus pasos apresurados y a que su cuerpo se pone rígido y se encorva hacia delante. Las caídas son frecuentes en ellos y pueden revestir gravedad porque al haber perdido la facultad de mover de forma automática los brazos, no atinan a avanzar las manos antes de dar con el cuerpo contra el suelo. En etapas más avanzadas de la enfermedad, aumenta la acinesia o sea la dificultad de realizar cualquier tipo de movimiento físico. Aunque en general la inteligencia no se ve afectada, con el tiempo, el paciente puede ir perdiendo la facultad de realizar funciones mentales superiores. Algunos pacientes presentan depresión y demencia. No sufren modificación alguna la sensibilidad y los reflejos, salvo en las últimas etapas de la enfermedad, cuando pueden producirse alteraciones. Causas del Parkinson Como se ha indicado al principio, la etiología de la enfermedad es múltiple. La enfermedad de Parkinson, conocida como parkinsonismo esencial o idiopático, se atribuye a la degeneración o al envejecimiento prematuro de las células de los ganglios basales, situados en una región profunda del cerebro. Estas células conforman un complejo sistema de control que coordina la actividad muscular. Otras enfermedades con una sintomatología análoga, son la arteriosclerosis, la encefalitis letárgica y algunos tipos de tumores cerebrales. Pero también pueden manifestarse los mismos síntomas por repetidos traumas cerebrales, como suele suceder entre los que practican el boxeo, por el uso prolongado de ciertos fármacos y por intoxicaciones con monóxido de carbono o con manganeso. Tratamiento del Parkinson Hasta hace poco tiempo, el parkinsonismo solía tratarse con fármacos del grupo anticolinérgico, que tienen una acción antiespasmódica muscular. Sin embargo, en la actualidad, habiéndose descubierto que en las personas que padecen este mal existe en el cerebro una grave carencia de dopamina, sustancia a la que se atribuye la condición de facilitar los reflejos condicionados, se utiliza la L-Dopa o levadopa. Este medicamento, precursor de la dopamina, actúa con resultados excelentes en cuando se refiere a los movimientos y a la rigidez muscular; sus efectos sobre los temblores son menores. Con la administración de antihistamínicos se ha logrado mejorar también los temblores. Con los medicamentos adecuados, ejercicio regular y una alimentación apropiada, el enfermo podrá llevar una vida normal, como mínimo, hasta unos diez años después de la aparición de la enfermedad. La intervención quirúrgica es un método muy poco habitual hoy en día de combatir la enfermedad por los considerables riesgos que implica. No obstante, algunos pacientes que han sido operados han registrado una mejoría transitoria, sobre todo en lo relativo a la rigidez y a los temblores. (información extraída de Guía médica familiar, 1994)

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