Desarrollo neurológico

¿Qué es la ecolalia y por qué no siempre significa autismo?

La ecolalia consiste en la repetición automática o intencionada de palabras, frases o sonidos que otra persona acaba de decir o que se han escuchado previamente en conversaciones, películas, canciones o programas de televisión. Aunque muchas personas asocian inmediatamente la ecolalia con el trastorno del espectro autista (TEA), la realidad es que puede aparecer en diferentes etapas del desarrollo y en diversos trastornos neurológicos. Lejos de ser simplemente una repetición «sin sentido», hoy sabemos que, en muchas ocasiones, la ecolalia representa un intento válido de comunicarse, organizar el pensamiento o procesar la información. Durante los primeros años de vida es completamente normal que los niños repitan palabras mientras aprenden el lenguaje. Este fenómeno suele desaparecer de manera progresiva conforme desarrollan habilidades lingüísticas más complejas. Cuando la ecolalia persiste más allá de la edad esperada o aparece de forma repentina en un adulto, conviene realizar una valoración profesional para comprender su origen. ¿Por qué aparece la ecolalia? El cerebro aprende el lenguaje mediante la observación, la imitación y la repetición. En algunas personas este proceso se prolonga más tiempo o se convierte en una estrategia principal para comunicarse. La ecolalia puede cumplir diferentes funciones: Aprender nuevas palabras. Ganar tiempo para procesar una pregunta. Expresar necesidades. Reducir la ansiedad. Autorregular las emociones. Mantener una conversación. Mostrar interés por otra persona. Recordar instrucciones. Organizar el pensamiento. Es decir, repetir no siempre significa no comprender. En muchas ocasiones la persona entiende perfectamente el mensaje, pero necesita utilizar esa repetición para elaborar una respuesta. Tipos de ecolalia Ecolalia inmediata Se produce justo después de escuchar una palabra o una frase. Ejemplo: Adulto: «¿Quieres agua?» Niño: «¿Quieres agua?» En ocasiones esta repetición es el primer paso antes de responder. Ecolalia diferida La repetición aparece minutos, horas, días o incluso años después. La persona puede repetir: Diálogos de películas. Canciones. Frases de profesores. Expresiones familiares. Anuncios publicitarios. A menudo estas frases aparecen porque están relacionadas emocionalmente con la situación que está viviendo. Por ejemplo, un niño puede repetir una frase de un dibujo animado cuando siente miedo porque esa frase le transmite seguridad. ¿La ecolalia tiene un propósito? Sí. Actualmente muchos especialistas consideran la ecolalia una forma funcional de comunicación. Puede servir para: Pedir algo En lugar de decir: «Quiero galletas.» Puede repetir: «¿Quieres galletas?» porque esa es la frase que suele escuchar. Decir «sí» Si un adulto pregunta: «¿Quieres salir al parque?» El niño puede repetir: «Salir al parque.» Y con ello está indicando afirmativamente que desea ir. Autorregularse Repetir determinadas frases puede ayudar a disminuir la ansiedad. Sucede especialmente en situaciones nuevas o estresantes. Expresar emociones Algunas personas utilizan frases aprendidas para expresar sentimientos que todavía no saben verbalizar de otra manera. Procesar la información Al repetir una pregunta, el cerebro gana unos segundos adicionales para comprenderla y preparar una respuesta. ¿La ecolalia siempre indica autismo? No. Aunque es muy frecuente en personas con trastorno del espectro autista, no toda ecolalia implica un diagnóstico de TEA. También puede aparecer en: Desarrollo normal del lenguaje. Retrasos del lenguaje. Discapacidad intelectual. Afasia. Demencias. Síndrome de Tourette. Lesiones cerebrales. Enfermedad de Alzheimer. Esquizofrenia (en algunos casos). Trastornos neurológicos. Por ello siempre debe interpretarse dentro del contexto clínico completo. La ecolalia en el trastorno del espectro autista En el autismo la ecolalia suele formar parte del desarrollo comunicativo. Durante muchos años se pensó que debía eliminarse. Actualmente el enfoque ha cambiado considerablemente. Numerosas investigaciones muestran que la ecolalia puede representar una etapa hacia un lenguaje más flexible y espontáneo. Además, muchas personas autistas utilizan la ecolalia para: Iniciar conversaciones. Pedir ayuda. Mostrar emociones. Recordar normas. Explicar experiencias. Anticipar situaciones. Reducir la incertidumbre. Por ello, muchos profesionales ya no intentan eliminarla automáticamente, sino comprender qué está comunicando la persona. ¿Cómo saber si la ecolalia es funcional? Conviene observar: En qué momentos aparece. Qué ocurre antes. Qué sucede después. Si siempre utiliza las mismas frases. Si obtiene algún beneficio comunicativo. Si expresa emociones. Si intenta interactuar. Muchas veces el significado depende del contexto. Una misma frase puede significar: hambre, miedo, cansancio, alegría, deseo de jugar, necesidad de descansar. ¿Cuándo conviene consultar con un profesional? Es recomendable solicitar una valoración cuando: La ecolalia persiste más allá de los tres años sin que evolucione el lenguaje. Existe una pérdida del lenguaje previamente adquirido. Se acompaña de dificultades importantes para comunicarse. Hay problemas para comprender instrucciones sencillas. Se observan otros signos del desarrollo que preocupan a la familia. Aparece de forma repentina en una persona adulta. Una evaluación temprana permite comprender mejor las necesidades de la persona y ofrecer apoyos ajustados. ¿Cómo se evalúa? La valoración suele incluir: Historia del desarrollo. Observación clínica. Evaluación del lenguaje. Evaluación cognitiva. Valoración del desarrollo social. Exploración neurológica cuando es necesaria. El objetivo no es solo identificar la ecolalia, sino entender qué función cumple y cómo favorecer una comunicación más eficaz. ¿Cómo ayudar a una persona con ecolalia? Escuchar antes de corregir Antes de asumir que la repetición carece de sentido, conviene preguntarse: ¿Qué intenta comunicar? Modelar respuestas En lugar de corregir continuamente, resulta más útil ofrecer modelos adecuados. Ejemplo: Niño: «¿Quieres leche?» Adulto: «Sí, quiero leche.» Así aprende nuevas estructuras lingüísticas. Dar tiempo para responder Muchas personas necesitan unos segundos para procesar la información. Evitar responder por ellas favorece su participación. Utilizar frases claras Las preguntas sencillas facilitan la comprensión. En lugar de: «¿Qué te parecería si después de comer fuéramos al parque?» Puede resultar más accesible: «Después de comer iremos al parque.» Apoyarse en recursos visuales Las imágenes, pictogramas, agendas visuales o gestos pueden complementar la comunicación y reducir la necesidad de repetir frases. No ridiculizar Imitar o burlarse de una persona con ecolalia puede afectar a su autoestima y aumentar la ansiedad. La comunicación debe abordarse siempre desde el respeto. ¿Puede desaparecer? Depende de cada persona. En muchos niños la ecolalia disminuye conforme aumenta el desarrollo del lenguaje. En otras personas continúa durante toda la vida, aunque suele hacerse más flexible y adaptativa. El objetivo no debería ser necesariamente eliminarla, sino ampliar las posibilidades

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Entrevista al Dr. Gonzalo Muñoz Neurólogo Adultos en Chile

La migraña y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) han sido considerados durante años dos problemas de salud independientes. Sin embargo, la investigación más reciente está revelando que ambas condiciones comparten mucho más de lo que se pensaba, desde determinados mecanismos cerebrales hasta factores ambientales que pueden favorecer su aparición y mantenimiento. Comprender esta relación no solo permite realizar diagnósticos más precisos, sino también ofrecer un abordaje integral que mejore la calidad de vida de quienes conviven con ambas. En esta entrevista, el Dr. Gonzalo Muñoz Muñoz, neurólogo de adultos de Clínica Las Condes (Chile), analiza la evidencia científica actual, desmonta algunos de los mitos más extendidos y explica cómo la interacción entre migraña y TDAH está cambiando la forma de entender y tratar estas dos condiciones neurológicas. Durante años se ha considerado que el dolor de cabeza y el TDAH eran problemas independientes, pero ¿qué cambios en la investigación y en la práctica clínica le han llevado a pensar que existe una relación mucho más estrecha de lo que imaginábamos y qué implicaciones tiene esto para los pacientes? Durante mucho tiempo se estudiaron como enfermedades completamente distintas. Sin embargo, en los últimos años han aparecido estudios epidemiológicos muy sólidos que muestran que las personas con TDAH presentan una prevalencia significativamente mayor de migraña que la población general. Además, en consulta es muy frecuente encontrar pacientes con ambas condiciones. (y creo que cada vez lo he ido preguntando y evaluando más en los pacientes). Hoy sabemos que probablemente comparten mecanismos biológicos, como alteraciones en redes cerebrales relacionadas con la regulación de la atención, la modulación del dolor y neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina. Pero por sobre todo, comparten factores ambientales como la privación de sueño, el estrés y la dificultad para mantener hábitos regulares. La principal implicancia es que ya no basta con tratar únicamente el dolor de cabeza. Si el TDAH no se identifica, es posible que el paciente siga teniendo crisis frecuentes pese a recibir un buen tratamiento para la migraña. Cuando una persona con TDAH acude a consulta por migrañas recurrentes, ¿qué señales le hacen sospechar que el trastorno del neurodesarrollo puede estar influyendo directamente en la frecuencia, intensidad o evolución de esas cefaleas? Más que la intensidad del dolor, observo el contexto en que aparecen las crisis. Pacientes que duermen a horarios muy irregulares, olvidan comer durante horas, trabajan bajo hiperfoco, consumen exceso de cafeína o viven con una sensación permanente de saturación mental. También me llama la atención cuando las migrañas empeoran durante periodos de alta demanda cognitiva o cuando el paciente refiere que «no logra desconectar nunca». En muchos casos, al explorar la historia aparecen síntomas de TDAH presentes desde la infancia que nunca habían sido diagnosticados. ¿Hasta qué punto la sobrecarga sensorial que muchas personas con TDAH experimentan a diario puede convertirse en un desencadenante silencioso de migrañas o cefaleas tensionales y cómo puede aprender el paciente a identificar ese patrón? La sobrecarga sensorial probablemente es uno de los factores menos reconocidos. Muchas personas con TDAH pasan horas expuestas a ruido, pantallas, múltiples conversaciones o ambientes muy demandantes sin darse cuenta del esfuerzo que supone para su cerebro. No significa que el ruido provoque directamente la migraña, pero sí aumenta el nivel de estrés fisiológico y reduce el umbral para desarrollar una crisis. Un diario de cefaleas suele ser muy útil (algunos lo hacen en aplicaciones o en papel). Muchas veces el paciente descubre que sus crisis aparecen tras jornadas especialmente caóticas más que por un alimento concreto. Identificar este patrón permite intervenir antes de que aparezca el dolor. En consulta, ¿ha observado diferencias en la forma en que describen el dolor las personas con TDAH respecto a quienes no presentan este trastorno, y qué le enseñan esas diferencias sobre el funcionamiento del cerebro? Sí. Muchas personas con TDAH describen el dolor como una experiencia que invade completamente su capacidad de pensar y funcionar. Les cuesta «poner el dolor en segundo plano», especialmente cuando existe una alta sensibilidad sensorial o emocional. También suelen referir mayor dificultad para anticipar desencadenantes y para mantener estrategias preventivas de forma consistente. Esto refleja que el dolor no depende únicamente de la intensidad del estímulo, sino también de cómo el cerebro procesa la atención, la regulación emocional y la información sensorial. Muchos adultos descubren que tienen TDAH después de años consultando únicamente por dolores de cabeza. ¿Qué errores diagnósticos siguen siendo frecuentes y qué preguntas cree que ningún profesional debería dejar de hacer en estos casos? El error más frecuente es atribuir todos los síntomas al estrés o a la ansiedad sin explorar si existe un trastorno del neurodesarrollo de base. Siempre pregunto si desde la infancia existían dificultades para concentrarse, terminar tareas, organizarse, controlar impulsos o gestionar el tiempo. También pregunto por el rendimiento escolar, la historia laboral y antecedentes familiares de TDAH. El diagnóstico del TDAH es clínico y longitudinal; no aparece de un día para otro en la adultez. Además creo que es extremadamente importante realizar un adecuado tratamiento de la migraña porque esta enfermedad tiene muchos síntomas cognitivos asociados y que no solo aparecen en el momento del dolor. ¿Cómo influye la desregulación emocional característica del TDAH en la percepción del dolor y por qué dos personas con una cefalea similar pueden vivir experiencias completamente diferentes? El cerebro no procesa el dolor de forma aislada. La ansiedad, la frustración, la fatiga mental y la regulación emocional modifican la experiencia dolorosa. En el TDAH existe una mayor dificultad para modular estas respuestas. Eso puede hacer que una misma migraña tenga un impacto funcional mucho mayor que en otra persona. No significa que «les duela más porque sean más sensibles», sino que el procesamiento cerebral del dolor es diferente. ¿Considera que el tratamiento eficaz del TDAH puede reducir indirectamente la aparición de migrañas al mejorar hábitos como el sueño, la organización, la alimentación o el manejo del estrés, incluso sin actuar específicamente sobre el dolor? Sí, y es algo que

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Entrevista a Maria Garau experta en neuropsicología

En esta entrevista conversamos con María, especialista en neuropsicología infantil, sobre los retos a los que se enfrentan muchos niños y adolescentes cuando sus necesidades no son comprendidas a tiempo. Hablamos de diversidad neurocognitiva, salud mental, autoestima, resiliencia, fracaso escolar y del papel decisivo que desempeñan familias y docentes en la construcción de la identidad infantil. María ¿qué historias silenciosas cree que se esconden detrás de los niños que “no encajan” en el aula pero nunca llegan a ser evaluados clínicamente?  Muchas veces hay historias de esfuerzo invisible. Niñxs que pasan horas intentando compensar dificultades que nadie está viendo. Niñxs que no dan problemas de conducta y, precisamente por eso, pasan desapercibidxs. Detrás del “no se esfuerza”, “eres una despistadx” o “es peculiar” puede haber TDAH, dislexia, TEA, ansiedad, trauma… También veo mucho sufrimiento silencioso asociado a la comparación constante. Hay niñxs que aprenden muy pronto que mostrar dificultad implica decepcionar, así que empiezan a esconderla. Y cuando un niño tiene que dedicar tanta energía a aparentar que puede, queda muy poco espacio para aprender o disfrutar. Si pudiera rediseñar desde cero el sistema educativo pensando en la diversidad neurocognitiva, ¿qué tres cambios estructurales serían imprescindibles? Primero, formación real en neurodesarrollo para docentes. Seguimos interpretando muchas conductas desde la voluntariedad (“quiere/no quiere”) en lugar de desde la comprensión de la neurobiología. Segundo, flexibilizar la forma de enseñar y evaluar. El sistema sigue premiando sobre todo rapidez, memoria inmediata, atención sostenida prolongada y capacidad de adaptación a formatos rígidos. Pero aprender no es eso únicamente. Y tercero, incorporar salud mental y regulación emocional como parte estructural de la educación, no como algo accesorio. El cerebro aprende peor en alerta constante. No podemos separar aprendizaje de sistema nervioso. ¿Qué le ha enseñado su práctica clínica sobre la relación entre el lenguaje interno de un niño y su capacidad para regular emociones? Que el lenguaje interno acaba convirtiéndose en la forma en la que el cerebro interpreta la experiencia. Muchxs niñxs no solo tienen dificultades académicas; tienen un diálogo interno profundamente hostil construido a base de repetición: “soy tontx”, “siempre lo hago mal”, “todo me cuesta”. Y eso tiene impacto regulatorio. La regulación emocional no depende solo de “calmarse”, sino también de cómo interpretas lo que te ocurre. Un niño que vive el error como amenaza a su valía entra antes en activación fisiológica y tiene más dificultades para recuperar su estado basal. ¿Hasta qué punto cree que estamos patologizando conductas infantiles que en realidad son respuestas adaptativas a entornos poco flexibles?Creo que a veces confundimos adaptación con patología. Hay niñxs inquietxs en contextos extremadamente sedentarios. Niñxs distraídxs en entornos sobreestimulantes. Niñxs irritables sosteniendo niveles de exigencia muy altos o vínculos inseguros. Es fundamental contextualizar el síntoma. Observar ese patrón conductual, emocional y cognitivo en el contexto de origen. Si un niñx se cría en un entorno en el que no hay límites desafiará la norma, pero no como síntoma del propio TDAH sino a consecuencia del contexto en el que se encuentra. No tener en cuenta el contexto, puede llevar al sobre diagnóstico. ¿Qué papel juega la mirada del adulto (familia o docente) en la evolución de un niño con dificultades, más allá del propio diagnóstico? Es enorme. La mirada del adulto muchas veces acaba convirtiéndose en identidad. Un niñx que crece con etiquetas como “problemático”, “vago” o “difícil” organiza su autoconcepto alrededor de eso. Nuestro autoconcepto determina el cómo me relaciono con el mundo: con mis compañeros, con mi trabajo cuando sea adultx, con mi pareja… La diferencia entre un entorno que interpreta la conducta como desafío y otro que la interpreta como señal de necesidad cambia esas etiquetas y por tanto la vivencia del propio niñx. ¿Cómo influye el contexto cultural y social en la forma en que se manifiestan y se interpretan los trastornos del neurodesarrollo? Mucho. El contexto define qué conductas son toleradas y cuáles generan alarma. Por ejemplo, en niñas con TDAH o TEA seguimos viendo mucho infradiagnóstico porque socialmente se refuerzan más las conductas de complacencia y compensación. También influye el acceso a recursos, el nivel de información de las familias y el estigma. Hay entornos donde pedir ayuda psicológica sigue viviéndose como fracaso o donde las dificultades se interpretan exclusivamente desde la disciplina. En su experiencia, ¿qué diferencias encuentra entre los niños que reciben un acompañamiento emocional adecuado desde el inicio y los que solo reciben intervención académica? La diferencia principal suele estar en la autoestima y en la relación con el aprendizaje. Cuando solo abordamos el rendimiento, pero no el impacto emocional de sentirse diferente o quedarse atrás, el riesgo es que el niño aprenda estrategias académicas mientras sigue sintiéndose incapaz, muchas veces impidiendo que se acaben de automatizar realmente las pautas académicas. Los niñxs que reciben validación emocional suelen desarrollar más sensación de competencia, menos indefensión y más capacidad para pedir ayuda sin vivirlo como fracaso. El como tu te percibes (autoconcepto) va a determinar como te enfrentas al mundo. Si se trabaja la esfera emocional, el sistema de creencias (soy capaz o soy suficiente) y el autoconcepto será muy diferente el cómo el niño o la niña se enfrente a la esfera académica. ¿Qué impacto tiene en el cerebro en desarrollo crecer sintiéndose constantemente comparado con otros? La comparación mantenida activa sistemas relacionados con amenaza y evaluación social. Y cuando un niño o una niña crece sintiendo que nunca llega al nivel esperado, aumenta el riesgo de ansiedad, evitación, perfeccionismo o desconexión emocional del aprendizaje. Además, el cerebro infantil está construyendo identidad. La repetición constante de experiencias de “quedar por debajo” acaba consolidando creencias muy profundas sobre el propio valor. ¿Cómo se construye la resiliencia en niños que han vivido fracaso escolar repetido? No se construye diciéndoles que “pueden con todo”. Se construye generando experiencias reales de competencia y seguridad. Un niño o una niña recupera resiliencia cuando deja de vivir cada error como confirmación de incapacidad. Necesita adultos que entiendan su funcionamiento, ajusten expectativas y le permitan experimentar pequeños éxitos

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Entrevista a Aarón del Olmo, neuropsicólogo

En esta entrevista, el neuropsicólogo Aarón del Olmo nos acerca a una realidad fascinante y, a la vez, desconocida: cómo el cerebro condiciona nuestras emociones, pensamientos y comportamientos cotidianos. A lo largo de la conversación, desmonta mitos muy extendidos sobre la memoria, la atención o la autoexigencia, y explica cómo el ritmo de vida actual, la sobreestimulación y la falta de descanso afectan directamente a nuestro rendimiento cognitivo. Además, pone el foco en la importancia de comprender nuestro propio funcionamiento mental como herramienta clave para mejorar el bienestar emocional, adaptarnos a los cambios y aprender a convivir con la incertidumbre. Aarón ¿qué te motivó a centrar tu trabajo en comprender cómo el cerebro influye directamente en nuestras emociones y conducta diaria? Una parte de ello se debe a que el cerebro sigue siendo un misterio y que precisamente detrás de ese misterio se oculta el por qué nos comportamos como nos comportamos. Realmente entender las emociones y la conducta pasan por entender cómo funciona el cerebro y cómo influye. La otra parte radica en que precisamente esa comprensión ayuda a poder ayudar a las personas mucho mejor. Muchos casos que he evaluado y trabajo me muestran a personas que están a “merced” de cómo funciona su cerebro, de lo que permite hacer o no y comprender ese funcionamiento es una herramienta que les puede ayudar a funcionar mejor, a cambiar cosas o a entender otras. En tu experiencia clínica, ¿qué errores comete con más frecuencia la gente al interpretar sus propios problemas de memoria o atención? Pues ahí depende mucho de la edad y del tipo de problema. Me explico. En la etapa infantil por ejemplo, cualquier fallo de atención, problema de concentración o despiste se convierte en un indicador del famoso trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad. Y eso es un error, ya que en el neurodesarrollo, los propios procesos atencionales tienen que construirse e integrarse. Muchas veces el desarrollo normal o momentos en los que todo está “montándose” se patologizan. Pero también en las personas mayores, a veces los despistes que pueden ser normales de la edad se confunden con un inicio de un problema neurodegenerativo. No es que no sean problemas reales o molestos para una persona (despistarte ahora más que hace 20 años cuando eras joven) pero eso no implica una patología o un problema de atención. Igual, también nos ocurre ahora, con tanta sobre estimulación, en la que parece que perdemos la memoria pero realmente es nuestra atención la que no puede seguir todo lo que nos rodea. ¿Cómo explicas a un paciente que su cerebro puede “engañarle” y qué impacto tiene esto en su bienestar emocional? La idea más que decirle que le “engaña” es explicarle cómo funciona. El cerebro tiene sus límites y fallos. A veces nos exigimos más de lo que incluso nuestros cerebros pueden hacer y otras resulta que podemos tener problemas de atención, memoria o de manejo de información que nos dificultan hacer tareas en el día a día y que convertimos en un problema intencional (no lo hace porque no quiere) o un problema de capacidad (no lo hace porque es tonto). Así te encuentras con muchas personas que se consideran poco capaces o poco útiles simplemente porque no atienden a su forma de funcionar. Eso es importante porque muchas veces puedes modificar el grado de exigencia (por ejemplo en la escuela) o cómo exiges las cosas. Pero muchas veces la clave de esto es que, al comprenderse, uno puede reinterpretar las cosas que le han ocurrido hasta ahora, su historia vital y plantearse la forma de, con esa información, comenzar a organizar su entorno conforme a ello. ¿Qué relación observas entre el ritmo de vida actual y el aumento de dificultades cognitivas como la falta de concentración o la fatiga mental? En mi opinión, resulta más fácil tener fallos atencionales en cualquier ambiente que tenga mucha estimulación simultánea o nos exija una alta velocidad. Simplemente, nuestros procesos atencionales no son estables ni perfectos. Si necesitamos estar continuamente usando nuestros procesos de control atencional para frenar estímulos que son irrelevantes, terminamos por fatigarnos más rápido y al final, empezamos a cometer errores de manera más frecuente. Este exceso de estimulación y este ritmo de vida superan muchas veces y de muchas maneras la forma de funcionar de nuestro cerebro y nos terminan arrastrando a llevar un ritmo para el que no estamos preparados. Desde tu perspectiva, ¿cómo afecta la autoexigencia excesiva al funcionamiento cognitivo y emocional? Es una buena pregunta. Creo que muchas veces esa autoexigencia puede estar en la base de una ansiedad anticipatoria. Si por ejemplo uno espera o aspira a hacerlo de una forma perfecta todo puede experimentar cierto grado de ansiedad ante las diferentes situaciones que le provoque precisamente evitar enfrentarse a ciertas tareas. Un ejemplo que veo mucho en los niños y niñas en la edad escolar lo podemos tener en al aprendizaje de la lectura, un proceso duro y largo que no todos los niños dominan a la misma velocidad ni con la misma eficiencia. Ocurre que muchas veces hay pequeños que durante su desarrollo presentan problemas de atención o lenguaje que forman parte de su desarrollo y eso impacta en cómo aprenden a leer, terminando por frustrarse ante la lectura o tener sensaciones de baja autoestima.  Igual pasa en los casos de personas con un perfil TDAH en la edad adulta, donde el nivel de exigencia choca a veces con sus capacidad de control atencional y eso conlleva una respuesta de evitación de tareas que puedan provocar situaciones difíciles de gestionar. ¿Qué papel juega la frustración en los procesos de rehabilitación neuropsicológica y cómo se puede trabajar de forma saludable? Pues es muy importante, porque debemos saber lidiar con ella. Cuando tenemos a una persona con daño cerebral, está generalmente ha podido perder o ver afectados procesos que antes de ese daño funcionaban perfectamente. Esto supone una choque para personas. El verse menos fluido hablando, cometiendo errores de

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¿Conoces los ejercicios que ayudan a mantener tu mente activa?

Cuando pensamos en cuidar nuestra salud solemos centrarnos en el ejercicio físico, la alimentación o el descanso. Sin embargo, el cerebro también necesita entrenamiento. Al igual que los músculos, las funciones cognitivas pueden fortalecerse y mantenerse activas mediante prácticas específicas. En este contexto, los ejercicios neuropsicológicos se han convertido en una herramienta cada vez más utilizada tanto en la rehabilitación cognitiva como en la prevención del deterioro mental. Estos ejercicios no están destinados únicamente a personas con daño cerebral o trastornos neurológicos. Cualquier persona puede beneficiarse de ellos para mejorar su memoria, su capacidad de concentración o su agilidad mental. Incorporarlos a la rutina diaria puede contribuir significativamente al bienestar psicológico y al mantenimiento de la salud cognitiva a lo largo de la vida. ¿Qué es la neuropsicología? La neuropsicología es una disciplina que estudia la relación entre el cerebro y la conducta. Analiza cómo las diferentes estructuras cerebrales influyen en procesos como el pensamiento, la memoria, las emociones, el lenguaje o la toma de decisiones. Cuando alguna de estas funciones se ve alterada —ya sea por estrés, envejecimiento, lesiones cerebrales o trastornos psicológicos— los ejercicios neuropsicológicos pueden ayudar a estimular y reforzar las capacidades cognitivas. El objetivo principal de este tipo de actividades es estimular el cerebro para mejorar su funcionamiento, favoreciendo la llamada plasticidad cerebral, es decir, la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales. ¿Qué funciones cognitivas se pueden entrenar? Los ejercicios neuropsicológicos suelen diseñarse para estimular distintas funciones mentales: Memoria Es la capacidad para almacenar y recuperar información. Existen distintos tipos de memoria: memoria inmediata, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo. Atención Permite concentrarse en una tarea concreta durante un tiempo determinado. Es fundamental para el aprendizaje y el rendimiento diario. Funciones ejecutivas Incluyen habilidades como planificar, organizar, resolver problemas, tomar decisiones o controlar impulsos. Lenguaje Se refiere a la capacidad para comprender y expresar información verbal o escrita. Velocidad de procesamiento Es la rapidez con la que el cerebro procesa la información y responde a los estímulos. Trabajar estas funciones de forma regular ayuda a mantener el cerebro activo y flexible. Beneficios de los ejercicios neuropsicológicos Incorporar actividades que estimulen el cerebro puede aportar múltiples beneficios tanto a nivel cognitivo como emocional: 1. Mejora de la memoriaRealizar ejercicios que impliquen recordar información fortalece las conexiones neuronales relacionadas con el almacenamiento y recuperación de recuerdos. 2. Mayor capacidad de concentraciónEntrenar la atención permite reducir distracciones y mejorar el rendimiento en tareas diarias. 3. Estimulación de la creatividadMuchas actividades cognitivas requieren pensar de forma diferente, lo que fomenta la flexibilidad mental. 4. Prevención del deterioro cognitivoMantener el cerebro activo puede ayudar a retrasar el envejecimiento cognitivo. 5. Aumento de la autoestimaSuperar retos mentales y observar progresos en la memoria o la concentración genera una sensación positiva de logro. 6. Mejora del bienestar emocionalEl entrenamiento cognitivo también contribuye a reducir el estrés y aumentar la sensación de control sobre nuestras capacidades mentales. Ejercicios neuropsicológicos que puedes practicar en casa Existen múltiples actividades que ayudan a estimular el cerebro y que pueden realizarse fácilmente en la vida cotidiana. 1. Ejercicio de memoria visual Observa una imagen durante unos 30 segundos. Después retírala e intenta recordar todos los detalles posibles: colores, objetos, posiciones o elementos del entorno. Este ejercicio ayuda a mejorar la memoria visual y la capacidad de observación. 2. Listas de palabras Pide a alguien que te diga entre 5 y 10 palabras o escríbelas en un papel. Léelas durante un minuto y luego intenta recordarlas sin mirar. Para aumentar la dificultad, intenta recordarlas en el mismo orden o agrupándolas por categorías. 3. Cambiar rutinas diarias Realizar acciones cotidianas de forma diferente obliga al cerebro a crear nuevas conexiones neuronales. Por ejemplo: Cepillarte los dientes con la mano no dominante Cambiar el camino habitual al trabajo Vestirte siguiendo un orden diferente Estos pequeños cambios estimulan la flexibilidad mental. 4. Juegos de lógica Los juegos mentales son excelentes herramientas de estimulación cognitiva. Algunos ejemplos son: Sudoku Crucigramas Sopas de letras Juegos de estrategia Rompecabezas Estas actividades estimulan la memoria, la atención y la resolución de problemas. 5. Asociación de palabras Elige una palabra y trata de pensar en todas las palabras relacionadas que se te ocurran en un minuto. Por ejemplo, si la palabra es “mar”, podrías asociar: playa, arena, barco, ola, pescador, puerto… Este ejercicio mejora la fluidez verbal y la agilidad mental. 6. Narrar historias Observa una imagen o una escena cotidiana e inventa una historia sobre lo que está sucediendo. Esta actividad estimula: creatividad memoria lenguaje capacidad narrativa 7. Ejercicios de atención plena Las prácticas de mindfulness también ayudan a mejorar la atención y la conciencia del momento presente. Un ejercicio sencillo consiste en observar durante unos minutos todo lo que ocurre a tu alrededor: sonidos, colores, olores o sensaciones físicas. Esto entrena la capacidad de concentración y reduce la dispersión mental. La importancia de la constancia Para que los ejercicios neuropsicológicos tengan efecto es importante practicarlos con cierta regularidad. No es necesario dedicar muchas horas al día: entre 10 y 20 minutos diarios pueden ser suficientes para mantener el cerebro activo. Además, es recomendable variar las actividades para estimular diferentes áreas cognitivas y evitar que el cerebro se acostumbre a un solo tipo de ejercicio. Un cerebro activo es un cerebro saludable El cerebro posee una extraordinaria capacidad de adaptación y aprendizaje a lo largo de toda la vida. Mantenerlo estimulado mediante ejercicios neuropsicológicos no solo mejora habilidades como la memoria o la atención, sino que también favorece un mayor bienestar mental. En un mundo lleno de estímulos, distracciones y estrés, dedicar unos minutos al día a entrenar nuestra mente puede convertirse en una herramienta sencilla pero muy valiosa para cuidar nuestra salud mental.

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¿Qué factores influyen en el desarrollo cerebral de un niño?

El desarrollo cerebral en la infancia es un proceso dinámico y complejo que sienta las bases para el aprendizaje, la conducta y la salud mental a lo largo de la vida. Durante los primeros años, el cerebro experimenta un crecimiento acelerado, formando conexiones neuronales que determinan habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Existen múltiples factores que influyen en este proceso, desde la genética hasta el entorno en el que crece el niño. A continuación, exploramos los principales factores que afectan el desarrollo cerebral infantil y su impacto en la vida futura. Genética y Factores Biológicos La herencia genética juega un papel fundamental en la estructura y función del cerebro. Factores como la predisposición a ciertas enfermedades neurológicas, la velocidad de desarrollo de las conexiones neuronales y las capacidades cognitivas básicas están determinadas, en parte, por la genética. Sin embargo, la interacción con el ambiente también es crucial y puede modificar la expresión genética a través de procesos como la epigenética. Nutrición y Desarrollo Cerebral Una alimentación adecuada durante el embarazo y los primeros años de vida es esencial para el desarrollo del cerebro. Nutrientes como el ácido fólico, los ácidos grasos omega-3, el hierro y el zinc favorecen la formación de neuronas, la mielinización y las conexiones sinápticas. Por el contrario, la desnutrición en etapas tempranas puede generar problemas en la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje a largo plazo. Experiencias y Estimulación Temprana El entorno en el que crece un niño tiene un impacto significativo en su desarrollo cerebral. La estimulación temprana a través del juego, la lectura, la música y la interacción social fortalece las conexiones neuronales y mejora habilidades como el lenguaje, la motricidad y la inteligencia emocional. Un ambiente enriquecido favorece la plasticidad cerebral y la capacidad de aprendizaje. Vínculo Afectivo y Apego Seguro Las relaciones tempranas con los cuidadores principales influyen en la estructura cerebral. Un apego seguro, caracterizado por la atención y el afecto constantes, contribuye a la regulación emocional y al desarrollo de la confianza en el entorno. Por el contrario, la negligencia o el estrés en el hogar pueden afectar el desarrollo de la amígdala y la corteza prefrontal, áreas clave en la gestión emocional y la toma de decisiones. Factores Ambientales y Socioeconómicos El acceso a educación de calidad, un hogar estable y una comunidad segura favorecen el desarrollo cognitivo y emocional del niño. En cambio, la pobreza, la violencia y el estrés tóxico pueden afectar negativamente la estructura cerebral, alterando la producción de hormonas del estrés como el cortisol, lo que puede generar dificultades en la concentración, el aprendizaje y la regulación emocional. Salud y Cuidado Médico Las infecciones prenatales, la exposición a toxinas ambientales y enfermedades infantiles pueden influir en el desarrollo cerebral. Las visitas médicas regulares, la vacunación y el tratamiento temprano de cualquier problema de salud son fundamentales para garantizar un desarrollo óptimo. Conclusión El desarrollo cerebral infantil es el resultado de la interacción entre la genética y el entorno. Proporcionar una nutrición adecuada, estimulación temprana, afecto y un ambiente seguro permite que el cerebro se desarrolle de manera óptima, sentando las bases para el bienestar a lo largo de la vida. Invertir en la infancia es invertir en el futuro de la sociedad.  

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¿Sabías que la postura del sueño influye en el desarrollo neurológico de tu bebé?

Son numerosas las teorías relativas al área del sueño infantil. Se distinguen tres categorías que atienden a: Temperatura del cuerpo Nivel de liquido Posición del cuerpo El factor de la temperatura es muy relevante. Todas las escuelas de enseñanza de cuidados del niño indican que la temperatura del cuerpo debe mantenerse constante durante el sueño. Durante el sueño descienden la presión sanguínea, el ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio, la temperatura y la oxigenación; todas ellas actividades típicas de la fase anfibia del desarrollo filogenético. La información acerca de los anfibios incluye cada uno de los términos indicados como descriptivos de su especie y la anatomía comparativa confirma que el cerebro de los anfibios permanece atrofiado en el hombre como un cerebro antiguo o mesencéfalo. La regulación del liquido es utilizada incluso para inducir el sueño. Es creencia general que, el niño dormirá y que el niño se hallará inquieto, a menos que haya comido. Se coge a un niño con la fontanela en posición cóncava e inquieta y se le alimenta con biberón, se observa que aumenta el líquido cefalorraquídeo, la fontanela se vuelve convexa y el niño se duerme. Cuando el niño se duerme y su nivel de líquido baja, podemos observar que desplaza la parte superior de la cabeza hacia una esquina de su cuna o la apoya contra los cobertores, algún juguete blando o la almohada para obtener un incremento de presión de un sistema interno y otro externo. El sistema interno consta de los dos ventrículos laterales, de sus orificios interventriculares del tercer ventrículo, del cuatro ventrículo y del acueducto de Silvo. El sistema externo está compuesto por los espacios subaracnoideos e incluye las áreas dilatadas conocidas como cisternas. Estos dos sistemas forman uno solo cerrado donde volumen y presión se encuentran en relación directa. Las modificaciones de volumen y presión se transmiten directamente a través de los orificios de Luschka, situados en las cavidades laterales del cuatro ventrículo y del orificio de Magendie, situado en la parte superior del cuarto ventrículo. Las madres colocan a sus niños a dormir con la parte superior de sus cabezas suavemente apoyadas sobre una almohada, porque éstos buscan naturalmente esa posición, que les resulta favorable para dormir mejor y más prolongadamente. La fase filogenética en la cual se hace necesario el mayor ajuste posible entre la presión externa y la interna es obviamente la fase anfibia, en la cual el aire y el agua constituyen los entornos de presión inmediatos. Ningún otro nivel filogenético presenta más de un tipo de presión ambiental; la única excepción es la constituida por el nivel mesencefálico o anfibio, el mismo nivel en el cual el hombre duerme. Si se observa a los niños, se aprecia un tipo de desarrollo llamativo. Los niños pequeños adquieren los reflejos posturales seriados del nivel anfibio en los periodos prenatal y posnatal para el descanso y para la actividad. La idea generalmente aceptada respecto al reflejo tónico del cuello ha sido la de que desaparece rápidamente después de las 16 semanas y que solo reaparece como un reflejo patológico cuando son lesionados los centros nerviosos más altos. Si colocamos a un recién nacido en posición supina y giramos su cabeza hacia la derecha o izquierda, tiene lugar una rotación refleja de la columna en la dirección de rotación de la cabeza, si fijamos el tórax, la pelvis se vuelve en dirección opuesta. Si el reflejo es fuerte, el giro de la cabeza provoca un giro violento en todo el cuerpo en la dirección de rotación de la cabeza. Estos movimientos son eficaces y espínatenos y todos ellos están seriados. Los complejos reflejos seriados pueden darse bajo esquemas funcionales modificados originados por un proceso asimilativo. Piaget piensa que los patrones reflejos forman la base de la inteligencia y que su iotización los refuerza. Y también que se asimilan a consecuencia del desarrollo de los niveles superiores de acomodación. Si se analiza la organización neurológica se puede comprender rápidamente la relación entre la posición del cuerpo durante el sueño y la organización neurológica total. El autor del libro cree que solamente sobre la base de una adecuada adopción de postura puede el organismo alcanzar la unidad y la organización neuromuscular más compleja requerida por las adaptaciones controladas por el córtex. Cree asimismo que tal unidad es un prerrequisito a las funciones sensorio motoras de las habilidades contraladas por el córtex, que operan bajo un modelo global y seriado. La adopción idónea de postura en la posición prona es la siguiente: Los ojos mirando hacia la mano subdominante El brazo y la pierdan del lado hacia el cual está encarado el niño flexionados El brazo y la pierna opuestos extendidos La mano próxima a la boca debe estar con la palma hacia abajo y con el pulgar apuntado a la boca La mano extendida debe estar con la palma hacia arriba y junto a la cadera (Información extraída de Tratamiento y prevención de los problemas de lectura: enfoque neuropsicológico / Carl H. Delacato, 1985)  

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¿Cuáles son las cuatro fases de la desorientación en los adultos mayores?

Los muy mayores despistados y desorientados han entrado en la última fase de la vida: resolución frente a vegetación. Se trata de personas que jamás han logrado lo que Erikson denomina la “integridad”. Esas personas pasan por cuatro fases, que se distinguen por diversas características físicas y psicológicas. Cada una de ellas supone un paso más hacia la retirada del sujeto de la realidad en una lenta regresión física. Sin embargo, no hay que tomarse literalmente las categorías, ya que hay personas que pueden pasar de una fase a la siguiente en apenas cinco minutos. Un hombre puede estar orientado a las ocho de la mañana y a las tres de la tarde asegurar que debe marcharse a  su casa a dar a comer a los caballos y a ordenar las vacas. Primera fase: despiste – orientación deficiente ante la realidad Segunda fase: confusión temporal – pérdida de las capacidades cognitivas Tercera fase: movimientos repetitivos que sustituyen al discurso Cuarta fase: vegetación – retraimiento total hacia el interior Para comprender a los ancianos que se encuentran en estas cuatro fases, se ha de entender cómo utilizan los símbolos Símbolos: billetes al pasado Un símbolo es un objeto o una persona del presente que representa un objeto significativo del pasado. Los símbolos utilizados por los adultos psicóticos pueden parecerse a los que utilizan las personas despistadas o desorientadas. De hecho a los muy mayores despistados se les suelen diagnosticar alucinaciones o ilusiones paranoides. Una persona psicótica fabrica símbolos imaginarios a partir de miedos internos; sus alucinaciones e ilusiones son percepciones patológicas e infundadas de la realidad y, por lo tanto, esas personas necesitan ayuda. Los símbolos no están relacionados con la pérdida de capacidad intelectual, ni tampoco responden a un mecanismo de curación que aparezca en la última etapa de la vida. Cuando el mundo exterior se desdibuja debido a la pérdida de visión, al deterioro del oído y la pérdida del tacto, resulta fácil y natural reemplazar objetos y personas actuales por otros del pasado. Las personas despistadas suelen utilizar figuras de autoridad del presente para expresar la ira que sintieron hacia sus padres. Símbolos universales y su posible significado Joyas, ropa: valor identidad Zapatos: contenedor, útero, macho o hembra, símbolo sexual Monedero: sexo femenino, vagina, identidad Bastón o puño: pene, potencia, poder Mobiliario duro: padre, Dios Mobiliario blando: seguridad, madre, hogar Pañuelo, objeto plano: tierra, pertenencia, vagina, identidad Comida: amor, madre Beber de un vaso: poder masculino, potencia Cualquier receptáculo: útero Hurgarse la nariz: placer sexual Jugar con excrementos: placeres de la infancia temprana Algunos símbolos personales típicos empleados por muy mayores desorientados: Una mano: un bebé Un dedo: un padre, pies para andar, niños con quienes pasear Un trapo: papeles importantes, masa para cocinar, ropa de niño El brazo de una silla: una calle Espacio abierto: un pasillo de casa, paraíso, esperanza Botón guijarro: alimento, amor Chasquidos con la lengua: seguridad, alegría Movimiento de mecer: madre, maternidad, seguridad, alegría Liquido: poder masculino Silla resistente: pene, hombre, marido, sexo Tenedor, cuchillo: enfado Asa, mango: pene Voz grave: persona masculina Cuchara u objeto curvado: mujer, sexo femenino Calcetín, zapato: niño, ropa de niño, órgano sexual Prende de quita y pon: acto sexual, libertad, desafío Planta de una residencia: barrio Pasillo de la residencia: una calle del barrio Silla de ruedas: un coche, una bicicleta, un carruaje Primera fase: despiste Estas personas se aferran a roles sociales establecidos con una única excepción: necesitan expresar conflictos del pasado de forma velada. Para ello, utilizan a las personas del presente como símbolos que representan a personas del pasado. Una anciana, por ejemplo, puede acusar a su compañera de habitación de robarle la ropa interior; en ese caso, la compañera de habitación simboliza a una hermana de quien siempre estuvo muy celosa. Asimismo, una mujer que nunca haya expresado sus deseos sexuales puede asegurar que hay un hombre escondido bajo su cama. En esta fase se suele producir una negación de los sentimientos. El habla, la razón y el pensamiento racional son muy importantes. Las personas despistadas valoran las opiniones claras y serenas y el control, y suelen responder negativamente al control físico y al contacto visual demasiado cercano. Son conscientes del paso del tiempo, reflexionan, ponen cada cosa en su lugar y mantienen un orden. Se sienten avergonzadas cuando alguien se da cuenta de que han olvidado algo, cuando repiten frases o historias que ya han explicado o cuando confunden a una persona con otra. Entonces se inventan cosas, utilizan experiencias ficticias para ocultar sus lagunas de memoria y las niegan. Se sienten viejas e inútiles, tanto si están en una residencia como si están solos en casa, creyendo que se trata de un castigo por su comportamiento en el pasado, dicen que “alguien está envenenando” su comida. La comida es un símbolo de amor. Amargadas, solas y sin el amor de nadie, estas personas se quejan de que “alguien está robando” sus posesiones. Se sienten robadas en la vejez igual que de niños se sintieron robadas por sus hermanas que les robaban la dignidad. Los sentimientos de naturaleza parecida cruzan el tiempo y se atraen como imanes. Para justificarse a sí mismos o negar sus sentimientos del mismo modo que han hecho durante toda la vida, esos ancianos culpan y acusan a los demás. Cuando su pareja muere nunca sienten culpa o pena, sino que acusan a los médicos. Se ofenden cuando los jubilan, pero en lugar de expresar esa cólera, acusan a su jefe de tener perjuicios contra las personas mayores que él. Cuando pierden el pelo por culpa de la edad, culpan a la esteticista o al peluquero. Para mantener el control en una guerra contra la pérdida del control, se dedican a acumular cosas; ante el miedo de sufrir cada vez más pérdidas, almacenan todo lo que pueden: naranjas, pañuelos, tazas, paquetes de azúcar, sal, periódicos, cintas, todo para protegerse contra futuras pérdidas. Y nadie logrará convencerles para que no lo hagan: la necesidad de justificar el pasado

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¿Por qué es importante la rehabilitación cognitiva?

La incapacidad para recordar se puede deber a fallos que ocurren durante alguna de las tres fases de la memoria, o sea, durante el registro o codificación, el almacenamiento o retención y la evocación o recuperación. Cuando alguien experimenta la sensación de angustia de “lo tengo en la punta de la lengua”, el problema se puede atribuir a una falta de atención en el momento de registro, a problemas durante el almacenamiento o a deficiencias para encontrar alguna clave que propicie la evocación. Hay estrategias dirigidas al paciente para cada una de las etapas de los procesos de memoria: Para mejorar el registro o codificación Mantenga una actitud abierta y positiva. Como la memoria es un proceso creativo, la intención de recordar y la activación emocional van a determinar la actividad que se desarrolla. Crea en usted. No permita que las expectativas negativas lo derroten. Si se descubre pensando que no puede recordar nombres, sustituya el pensamiento por “puede que olvide los nombres, pero voy a mejorar gracias a las técnicas” Haga una elección consciente de lo que quiere recordar. Es imposible recordarlo todo, así que dirija su energía a las áreas mas importantes para usted. Observe activamente y piense acerca de lo que quiere recordar. Es muy difícil recordar cosas que no hemos observado claramente o con interés. Observar activamente es el acto de prestar atención consciente a los detalles que vemos, escuchamos o leemos. Por medio de una observación activa podemos encontrar significado en una fotografía, una cara nueva, un paisaje, una conversación o lo que sucede en la calle. Esto contrasta con la actitud pasiva de dejar pasar lo que nos ocurre diariamente sin pensar o sin mostrar interés. Es importante el significado de lo que estamos aprendiendo. Analice cómo se siente, cómo le afecte y qué es lo que desea recordar. Hágase preguntas que refuercen el significado. Una clave para recordar es mantenerse interesado. Enfoque la atención en lo que desea recordar. Pregúntese a qué le presta atención; hacerlo aumenta inmediatamente nuestra atención y concentración. Una alta proporción de los problemas de memoria se debe a una mala capacidad para escuchar activamente Fortalezca la huella de la memoria mediante varias modalidades. Utilice los cinco sentidos. Tenemos diversos tipos de memoria y la capacidad de cada una es extraordinaria. Por ejemplo, un olor puede activar los recuerdos más vividos, pues el nervio olfativo está a solo dos sinapsis de la amígdala, centro de las emociones humanas. El recuerdo evocado por un olor no es más exacto que uno evocado por otras claves como imágenes. A pesar de que el olor no aumenta la exactitud, se ha encontrado que incrementa la intensidad de la evocación. Elabore sobre los detalles de lo que desea recordar. Un pensamiento breve y mal examinado es muy frágil y se olvida fácilmente. Cuando elaboramos sobre los detalles de un pensamiento o una idea, la codificación de la información es más profunda. Para lograrlo trate de entender qué sucede y relaciónelo con lo que ya conoce y la sensación que le provoca Trate de comprender antes de memorizar. Haga preguntas para aclarar y verificar la información. Para mejorar la retención o el almacenamiento Proporciónese tiempo para aprendizaje y la memorización. Olvidamos cuando estamos apurados. Es necesario darnos tiempo para consolidar lo que tenemos que recordar. El aprendizaje nuevo interfiere con el antiguo. Recuerde que el almacenamiento temporal es muy susceptible a las interferencias Evite las distracciones, dé tiempo a la consolidación. Después de estudiar cerca de una hora, es importante que se tome un descanso y haga algo que eleve sus noveles de adrenalina y norarenalina como correr, caminar, lavar ropa, barrer; actividades que ayuden a fijar los recuerdos. Cuando tenemos una experiencia muy intensa, la norarenalina aumenta la intensidad de la señal y ésta se guarda en la memoria. Después del descanso regrese y revise el material antes de intentar aprender algo nuevo Repita y practique. Revise la información. Dígala o léala en voz alta; subraye lo que considere importante, haga un resumen o revíselo. Repetir la información ayuda a mejorar el recuerdo, siempre y cuando se haya combinado con otras estrategias. Este repaso adicional mejora el tiempo de evocación y fortalece el aprendizaje Revisualización. “una imagen vale más que mil palabras”. La visualización es el proceso de crear una imagen mental de una tarea, un número, un nombre o un pensamiento abstracto. Trate de convertir las palabras en imágenes con significado y retenga la imagen en la mente durante unos segundos. Esta técnica se conoce como “el arte de la memoria” y consiste en asociar imágenes vividas de las cosas o palabras que se desea retener con un conjunto de lugares conocidos para recordarlas luego. Por ejemplo, para no olvidar comprar aceite: coloque la imagen de la botella sobre la mesa de la sala donde si llega a tirarla, dañará los muebles. También puede colocar en varios cuartos de su casa imágenes de lo que necesita. Este sistema fue ideado en el año 500 a.C. por Simónides de Creos, poeta griego quien desarrolló el sistema de los lugares de la memoria. Cuenta la leyenda que durante un banquete el poeta se salvó de morir aplastado por el derrumbe del techo y fue el único capaz de reconocer los cuerpos destrozados de los comensales al recordar los lugares donde estaban sentados. Asociación. Consiste en hacer una conexión mental entre lo que estamos memorizando y el conocimiento que ya tenemos. Otra manera de utilizar la técnica estriba en asociar los datos e ideas que tienen sentido para nosotros; por ejemplo, codificar o asociar el número confidencial de la tarjeta bancaria con la fecha del cumpleaños. En este caso también es importante repetir la información varias veces, memorizar en sesiones cortas y descansar diez minutos. Mientras aprende es importante evitar interferencias como las llamadas telefónicas o el ruido Genere instrucciones verbales acerca de lo que desea recordar. La auto instrucción es el proceso de darse un refuerzo mental o verbal para prestar atención a

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¿Cuáles son los primeros signos neurológicos de la enfermedad de Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer (EA) se define clínicamente por las alteraciones cognoscitivas, que son precoces e intensas y predominan durante todo el curso de la enfermedad. Se piensa que la exploración neurológica habitual es normal y en consecuencia, la aparición de signos neurológicos convencionales se considera un dato en contra de este diagnóstico. A pesar de esta noción clásica, los enfermos pueden presentar precozmente signos extra piramidales y durante el curso del proceso aparecen alteraciones de la marcha, reflejos de liberación, paratonía y otras alteraciones. Parkinsonismo Los pacientes con EA tiene manifestaciones clínicas que se pueden interpretar como parkinsonianas sin serlo, y así, la indecisión al dar el paso se puede confundir con una marcha parkinsoniana lenta, la paratonía con una rigidez y el aspecto “parado” de un demente inatento, inseguro o deprimido con una bradicinesia. De hecho, esto y otros problemas dificultan la revisión de los trabajos que tratan de las manifestaciones extra piramidales en la EA, por lo que se ha propuesto definiciones más rígidas de cada signo. Puede además ocurrir que un signo aparezca en ambas, EA y enfermedad de Parkinson (EP), pero su significado difiera, y así, el reflejo de parpadeo, aumentado en la EA, cuando la afectación cognoscitiva empieza a ser severa, disminuye al empeorar más la enfermedad mientras que persiste y se acentúa al avanzar la EP, lo que sugiere una naturaleza distinta en ambas enfermedades. En cualquier caso, la enfermedad causa signos parkinsonianos auténticos. La rigidez y bradicinesia se pueden detectar mediante técnicas neurofisiológicas, incluso antes de que sean evidentes clínicamente y los signos clínicos mediante escalas habituales, como la Escala Unificada o con otras más simples de concordancia interobservador elevada. Los signos parkinsonianos más frecuentes son la inexpresividad, la disminución de la velocidad de la marcha, y braceo y la rigidez, mientras que el temblor de reposo o no aparece o es infrecuente. Un punto de interés es saber si estos signos se deben a la propia enfermedad o al envejecimiento. La frecuencia de los signos parkinsonianos es baja en una población normal de edad avanzada 61 años, y el síndrome parkinsoniano no aparece en los controles o es muy infrecuente en la población general (49,59), de forma que los signos y síndromes parkinsonianos son mucho más frecuentes en la EA que en el control en la mayoría de los estudios, con alguna excepción, y su intensidad aumenta al progresar la enfermedad, lo que sugiere claramente su relación con la enfermedad. Una de las razones que puede justificar el parkinsonismo de la EA son los neurolépticos (NL), medicamentos capaces de causar numeroso efectos adversos, quizás en relación con las modificaciones que provocan en el sistema extra piramidal experimentalmente. Por otra parte, los pacientes que desarrollan un parkinsonismo por neurolépticos tienen mayor bradicinesia previamente y como ambos, psicosis y parkinsonismo son más frecuentes conforme la enfermedad avanza y la intensidad del parkinsonismo se correlaciona con la severidad de las alteraciones conductuales, es más probable que sean los pacientes con signos parkinsonianos quienes reciban neurolépticos. En cualquier caso, los signos parkinsonianos son más frecuentes cuando se utilizan NL, en especial si el examen se realiza al poco de introducirlos y su aparición es, al menos en parte, dosis dependiente: las dosis bajas de haloperidol no aumentan su incidencia, mientras que las dosis altas los causan en el 75 al 100% de los pacientes. Discinesias La discinesia buco facial (DBF) aparece en el 13% de los enfermos en una serie con demencia de EA moderada sin tratamiento neuroléptico (10), cifra en el extremo alto de la población no demenciada, lo que puede hacer pensar en una simple coincidencia. Sin embargo, otros datos sugieren una interrelación y por ejemplo, la frecuencia de la DBF aumenta conforme avanza la EA, llega a ser del 67% en estadios tardíos y puede extenderse entonces a otros territorios. La discinesia no suele ser llamativa, ni precisar tratamiento. Mioclonias Las mioclonías de la EA se han atribuido a la pérdida celular de los núcleos serotonérgicos dorsal del rafe y noradrenérgico del locus coeruleus. No obstante, esta MC comparte muchos datos con la de origen cortical, de forma que aparece con más frecuencia si existen ondas trifásicas en el EEG y las anomalías paroxísticas y las crisis epilépticas son más frecuentes en los pacientes con MC. Las MC de la EA aparecen en el sueño con el sobresalto o se recogen solo durante la vigilia, pero la mayoría de los estudios se refiere a la MC diurna, generalmente parcelar, asíncrona, asimétrica y distal, que puede estar potenciada por el movimiento, la actitud y la postura. La supervivencia del paciente con miclonías está acortada, de forma que la vida del enfermo se prolonga solo una media de 0,8 años a partir de la aparición de la mioclonía, con una supervivencia máxima de 3 años, aunque muchos de los enfermos fallecen en el año de su aparición. Epilepsia La interrelación entre crisis epiléptica y EA es evidente. La incidencia de una CE única sintomática de una demencia es del 7,2/100.000 en personas mayores de 60 años. Cuando una CE aparece después de los 60 años aumenta la posibilidad de que ese paciente padezca una demencia y nada menos que el 11,5% de las epilepsias aparecidas a partir de los 64 años se deben a una afectación degenerativa cerebral, en gran medida una demencia. De la misma forma, una demencia sextuplica el riesgo de tener una CE a partir de los 55 años de edad y es la causa del 4% de las CE tardías asistidas en medio hospitalaria. La influencia de la EA en la aparición de CE es todavía mayor que la de una simple demencia, de forma que esta enfermedad duplica el riesgo de padecer una epilepsia. Las crisis epilépticas de la EA son generalizadas tónico-clónicas y se considera que un estado de mal o crisis focales inequívocas obligan a investigar una causa distinta de la demencia. No obstante, las crisis focales pasan fácilmente desapercibidas en el paciente demenciado: en un

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