Culpa

¿Es normal sentirse triste tras el parto?

La llegada de un bebé suele asociarse a felicidad, plenitud y amor incondicional. Sin embargo, para muchas mujeres, este momento también puede ir acompañado de tristeza profunda, ansiedad o incluso sensación de vacío. Hablar de la depresión posparto es fundamental para romper el silencio y comprender que no estás sola. ¿Qué es la depresión posparto? La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo que puede aparecer después del parto, generalmente en las primeras semanas o meses tras el nacimiento del bebé. No se trata de un simple “bajón emocional”, sino de una condición que afecta de forma significativa al bienestar de la madre y, en consecuencia, al vínculo con su hijo. Es importante diferenciarla del llamado “baby blues”, una tristeza leve y pasajera que muchas mujeres experimentan tras dar a luz y que suele desaparecer en pocos días. ¿Por qué ocurre? La depresión posparto no tiene una única causa, sino que suele ser el resultado de varios factores: Cambios hormonales bruscos tras el parto Cansancio extremo y falta de sueño Cambios en la identidad personal Expectativas irreales sobre la maternidad Falta de apoyo social o familiar Antecedentes de depresión o ansiedad Todo esto puede hacer que la mujer se sienta desbordada, vulnerable o desconectada de sí misma. Síntomas más frecuentes Cada mujer lo vive de forma diferente, pero algunos signos comunes son: Tristeza persistente o llanto frecuente Irritabilidad o cambios de humor intensos Sensación de incapacidad para cuidar del bebé Falta de energía o agotamiento extremo Dificultad para dormir (incluso cuando el bebé duerme) Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba Sentimientos de culpa o inutilidad Dificultad para conectar emocionalmente con el bebé En los casos más graves, pueden aparecer pensamientos negativos sobre una misma o incluso sobre el bebé, lo que requiere atención inmediata. Rompiendo mitos Uno de los mayores obstáculos es el estigma. Muchas mujeres sienten que “deberían” ser felices y se culpabilizan por no sentirse así. Es importante recordar: No es una debilidad No es culpa tuya No significa que no quieras a tu bebé Es un problema de salud mental que necesita comprensión y apoyo ¿Qué hacer si crees que la estás sufriendo? Reconocer lo que te ocurre es el primer paso. A partir de ahí: Habla de cómo te sientes con alguien de confianza Busca ayuda profesional (psicólogo o psiquiatra) Descansa siempre que sea posible Acepta ayuda con el cuidado del bebé Evita exigirte demasiado El tratamiento puede incluir terapia psicológica y, en algunos casos, medicación compatible con la lactancia. El papel del entorno La pareja, la familia y los amigos juegan un papel clave. Escuchar sin juzgar, ofrecer ayuda práctica y validar las emociones de la madre puede marcar una gran diferencia en su recuperación. Un mensaje necesario La maternidad no siempre es idílica, y eso también es válido. Hablar de la depresión posparto ayuda a visibilizar una realidad que afecta a muchas mujeres en silencio. Pedir ayuda es un acto de valentía, no de debilidad.

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¿Cuándo trabajar demasiado deja de ser saludable?

Vivimos en una sociedad que premia el esfuerzo constante, la productividad y el “no parar”. Frases como “el que quiere, puede”, “hay que darlo todo” o “ya descansaré cuando pueda” están tan normalizadas que, a veces, cuesta ver cuándo el trabajo deja de ser una parte importante de la vida y pasa a ocuparlo todo. La obsesión por el trabajo, también conocida como adicción al trabajo o workaholism, es una realidad cada vez más frecuente y no siempre fácil de detectar. ¿Qué es la obsesión por el trabajo? No se trata simplemente de trabajar muchas horas o de tener una temporada especialmente intensa. La obsesión por el trabajo aparece cuando: El trabajo se convierte en el centro absoluto de la vida Se experimenta ansiedad o culpa al descansar Es difícil desconectar, incluso en vacaciones o fines de semana El rendimiento y el valor personal dependen casi exclusivamente del trabajo En estos casos, trabajar deja de ser una elección y pasa a sentirse como una necesidad constante. Señales de alerta: ¿cuándo preocuparse? Algunas señales que pueden indicar una relación poco saludable con el trabajo son: Pensar continuamente en tareas pendientes Revisar correos o mensajes laborales de forma compulsiva Sentirse inquieto, irritable o vacío cuando no se está trabajando Descuidar relaciones personales, ocio o autocuidado Tener problemas de sueño por preocupaciones laborales Dificultad para delegar o confiar en otros Muchas personas con obsesión por el trabajo reciben reconocimiento social por su “entrega”, lo que hace que el problema pase desapercibido durante años. ¿Por qué alguien se obsesiona con el trabajo? Las causas pueden ser muy variadas y, a menudo, se combinan entre sí: Autoestima ligada al rendimiento: sentir que solo se vale algo si se produce o se rinde Miedo al fracaso o al rechazo Perfeccionismo extremo Dificultad para gestionar el tiempo libre Uso del trabajo como escape emocional (para no sentir tristeza, soledad o ansiedad) Presión social y cultural que glorifica el exceso de trabajo En algunos casos, esta obsesión se inicia tras una etapa difícil, como una pérdida, una ruptura o una inseguridad económica. Consecuencias para la salud mental y física Aunque al principio pueda parecer “solo cansancio”, mantener este ritmo de forma prolongada tiene un impacto real: Estrés crónico y ansiedad Burnout o síndrome de desgaste profesional Depresión Problemas de sueño Aislamiento social Dificultades en las relaciones personales Dolores musculares, problemas digestivos o cardiovasculares El cuerpo y la mente siempre acaban pasando factura. ¿Trabajar mucho es lo mismo que amar tu trabajo? No necesariamente. Amar lo que haces es saludable cuando: Puedes desconectar sin culpa Disfrutas también de otras áreas de tu vida El trabajo no define por completo quién eres La obsesión aparece cuando no trabajar genera malestar y cuando el descanso se vive como una amenaza, no como una necesidad. ¿Qué se puede hacer para recuperar el equilibrio? Algunos pasos importantes son: Revisar creencias: no vales más por trabajar más Aprender a poner límites, incluso contigo mismo Recuperar espacios de descanso y ocio, aunque al principio cueste Escuchar al cuerpo y respetar sus señales Pedir ayuda profesional si el malestar es persistente Trabajar es importante, pero no debería ser la única fuente de identidad ni de sentido. Un mensaje final La obsesión por el trabajo no es un signo de fortaleza, sino muchas veces una señal de que algo necesita atención. Cuidar la salud mental también implica aprender a parar, descansar sin culpa y recordar que somos mucho más que nuestra productividad. Porque una vida equilibrada no se construye solo con logros, sino también con bienestar.

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¿Por qué me siento culpable por haber sobrevivido?

Sobrevivir a una experiencia traumática suele verse desde fuera como una suerte, un milagro o incluso un motivo de gratitud. Sin embargo, para muchas personas, seguir con vida no siempre es sinónimo de alivio. A veces, vivir también duele. A esto se le conoce como síndrome del superviviente. ¿Qué es el síndrome del superviviente? El síndrome del superviviente es un conjunto de emociones, pensamientos y reacciones psicológicas que experimentan algunas personas que han sobrevivido a situaciones extremas en las que otras no lo hicieron. Puede aparecer tras: Accidentes graves Catástrofes naturales Guerras o atentados Enfermedades graves Suicidio o muerte repentina de un ser querido Pandemias o situaciones de riesgo colectivo La persona sobrevive, pero queda atrapada en una pregunta persistente:“¿Por qué yo sigo aquí y otros no?” No es una enfermedad, pero sí un sufrimiento real El síndrome del superviviente no es un trastorno mental en sí mismo, pero puede generar un gran malestar emocional y, si no se aborda, derivar en problemas como ansiedad, depresión o estrés postraumático. Lo más característico es una sensación de culpa intensa, incluso cuando la persona no tuvo ningún control sobre lo ocurrido. Síntomas más frecuentes Cada persona lo vive de forma distinta, pero algunos síntomas habituales son: Culpa por haber sobrevivido Tristeza profunda o sensación de vacío Pensamientos recurrentes sobre lo ocurrido Dificultad para disfrutar de la vida Sensación de no merecer estar bien Aislamiento social Ansiedad o miedo constante Problemas de sueño En algunos casos, la persona siente que no tiene derecho a ser feliz, como si hacerlo traicionara la memoria de quienes no sobrevivieron. ¿Por qué aparece la culpa del superviviente? Nuestro cerebro busca explicaciones cuando ocurre algo injusto o incomprensible. Como no siempre hay respuestas racionales, la mente intenta asumir la responsabilidad:“Si yo sigo vivo, algo debo haber hecho mal”. Esta culpa no es lógica, pero sí emocional, y suele estar relacionada con la empatía, el vínculo con las personas fallecidas y la dificultad para aceptar la pérdida. El silencio: un obstáculo añadido Muchas personas que sufren este síndrome no hablan de lo que sienten porque creen que “no deberían quejarse”, ya que han sobrevivido. Frases como: “Podría haber sido peor” “Debería estar agradecido” “Otros lo pasaron más mal” lejos de ayudar, suelen aumentar el sufrimiento y la sensación de incomprensión. ¿Cómo se puede afrontar el síndrome del superviviente? Aunque no existe una solución rápida, hay caminos que ayudan a sanar: 1. Validar el dolorSentirse mal no es ingratitud. El sufrimiento no se mide en comparaciones. 2. Hablar de lo ocurridoCompartir la experiencia con personas de confianza o con un profesional ayuda a aliviar la carga emocional. 3. Trabajar la culpaEntender que sobrevivir no implica responsabilidad ni deuda moral. 4. Honrar sin castigarseRecordar a quienes no están no significa renunciar a vivir. Se puede honrar su memoria sin anular la propia vida. 5. Pedir ayuda profesionalLa terapia psicológica es clave para elaborar el trauma y reconstruir el sentido de la vida tras la experiencia. Vivir no es traicionar Uno de los aprendizajes más importantes es comprender que seguir adelante no borra el pasado, ni resta amor, ni invalida el dolor. Vivir plenamente puede convertirse, incluso, en una forma de homenaje. El síndrome del superviviente nos recuerda algo fundamental:a veces, el verdadero reto no es sobrevivir, sino permitirse vivir después.

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¿El secreto para evitar atracones está en NO prohibirte nada?

Los trastornos alimentarios y las conductas alimentarias descontroladas, como los atracones, afectan a millones de personas en todo el mundo. Este problema no solo impacta la salud física, sino también la emocional y mental, generando un círculo difícil de romper: la culpa tras la comida lleva a más episodios de atracones, que a su vez aumentan la culpa y la angustia. Pero, ¿qué pasaría si te dijéramos que es posible comer sin culpa, recuperando la relación natural y saludable con la comida? Una de las herramientas más prometedoras para lograrlo es el método de “desensibilización”. ¿Qué es el método de desensibilización en la alimentación? El método de desensibilización es una técnica basada en la exposición gradual y controlada a ciertos alimentos o situaciones que generan ansiedad, miedo o culpa en las personas con problemas de atracones o con una relación conflictiva con la comida. Esta técnica se inspira en principios psicológicos utilizados en terapias para tratar fobias o trastornos de ansiedad, donde la exposición repetida y sin consecuencias negativas permite que la persona reduzca progresivamente su respuesta emocional intensa. Aplicado a la alimentación, el método consiste en permitir que la persona coma aquellos alimentos “prohibidos” o “culpables” en pequeñas cantidades, de manera consciente y sin juicios, hasta que deje de generar ansiedad o el impulso compulsivo de comer en exceso. Este proceso de “desensibilización” facilita romper el ciclo de restricción → deseo intenso → atracón → culpa. ¿Por qué la culpa aumenta los atracones? La culpa tras comer un alimento “prohibido” actúa como un detonante emocional muy potente. Cuando una persona siente culpa o vergüenza por haber comido algo que considera “malo” o “fuera de su dieta”, suele experimentar un malestar intenso que, irónicamente, se alivia momentáneamente con más comida. Así, la culpa puede ser el combustible que alimenta el atracón, haciendo que la persona pierda el control y coma en exceso para “calmar” su ansiedad. Este ciclo negativo se retroalimenta, y la persona termina sintiéndose atrapada en una relación tóxica con la comida, donde el placer natural de comer se transforma en un castigo emocional. ¿Cómo funciona el método de desensibilización para comer sin culpa? Identificación de alimentos detonantes: Primero, se identifican aquellos alimentos que la persona ha etiquetado como prohibidos, culpables o que generan ansiedad. Exposición gradual: Se comienza a consumir esos alimentos en pequeñas cantidades y en momentos planificados, para que la mente y el cuerpo aprendan que no hay consecuencias negativas, ni falta de control. Mindfulness y atención plena: Durante la exposición, se practica la alimentación consciente, prestando atención a las sensaciones, el sabor, la textura y las emociones que surgen al comer, sin juzgarlas ni rechazarlas. Repetición y habituación: Con el tiempo, la respuesta emocional disminuye, la ansiedad baja y se reduce el impulso de comer en exceso. El alimento deja de ser un “enemigo” y recupera su lugar como parte natural y placentera de la alimentación. Beneficios de comer sin culpa Reducción de episodios de atracones: Al eliminar la culpa y la ansiedad, se disminuye la frecuencia y la intensidad de los episodios de ingesta compulsiva. Mejora de la relación con la comida: Se restablece un vínculo más saludable y equilibrado, donde la comida es fuente de nutrición y placer, no de conflicto emocional. Incremento de la autoestima y la confianza: Romper con el ciclo de culpa genera una sensación de control y bienestar que se traslada a otras áreas de la vida. Mayor conciencia corporal: La alimentación consciente ayuda a sintonizar con las señales de hambre y saciedad reales, evitando comer en exceso. Consejos para empezar a practicar la desensibilización Busca el apoyo de un profesional en salud mental o nutrición, especializado en trastornos alimentarios o en alimentación consciente. Empieza con alimentos que generan menos ansiedad y avanza poco a poco hacia los más “temidos”. Practica la alimentación consciente: come despacio, sin distracciones, y observa cómo te sientes en cada bocado. Evita la autocrítica y la culpa: el proceso puede ser lento y con altibajos, pero cada paso es un avance. Integra otras herramientas emocionales, como la terapia cognitivo-conductual o la gestión del estrés, para fortalecer tu bienestar integral. Recuperar una relación sana y sin culpa con la comida es posible. El método de desensibilización ofrece un camino para quienes luchan contra los atracones, ayudando a transformar la ansiedad en aceptación y el miedo en disfrute. Comer sin culpa no es solo un objetivo, es una forma de cuidar de ti mismo, con respeto y amor.  

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¿Fe o Miedo? ¿Podría ser TOC Religioso?

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es una condición de salud mental que afecta a muchas personas en todo el mundo. Si bien el TOC se manifiesta de diversas formas, uno de sus subtipos menos comprendidos y a menudo más estigmatizados es el TOC religioso. Este subtipo del trastorno involucra obsesiones y compulsiones vinculadas a creencias, prácticas y temores religiosos. Las personas que sufren de TOC religioso experimentan pensamientos intrusivos y no deseados sobre cuestiones de fe, moralidad y espiritualidad, lo que puede generarles una angustia emocional significativa. A continuación, exploramos este subtipo en mayor detalle. ¿Qué es el TOC Religioso? El TOC religioso es una forma del Trastorno Obsesivo-Compulsivo en la que las obsesiones (pensamientos intrusivos y no deseados) y las compulsiones (comportamientos repetitivos o actos mentales) están centradas en temas relacionados con la religión. Las personas que padecen este tipo de TOC pueden experimentar una ansiedad intensa relacionada con sus creencias religiosas y sentir que deben realizar ciertos rituales o acciones para aliviar esta ansiedad. A menudo, sus pensamientos y comportamientos se relacionan con la pureza moral, el pecado, la salvación y la necesidad de cumplir con estrictas normas religiosas. Características del TOC Religioso Las personas con TOC religioso suelen presentar una serie de obsesiones y compulsiones específicas: Obsesiones sobre el pecado y la moralidad Uno de los síntomas más comunes del TOC religioso es la obsesión constante con la idea de cometer un pecado. Las personas pueden tener pensamientos intrusivos de que han violado principios morales o religiosos, incluso si no han hecho nada mal. Este sentimiento de culpa puede ser desproporcionado y generar una angustia emocional considerable. Compulsiones de oración y rituales religiosos En respuesta a las obsesiones sobre el pecado o la impureza, las personas con TOC religioso a menudo sienten la necesidad de rezar o realizar rituales religiosos repetidamente para «limpiarse» o «purificarse». Este acto compulsivo puede implicar rezar muchas veces de una manera específica, hacer confesiones repetidas o seguir rituales que les dan la sensación de haber «eliminado» su pecado o errado moral. Temor a la condena o la pérdida de salvación Las personas con TOC religioso pueden vivir con un temor constante de que sus pensamientos, acciones o falta de devoción los condenen a una eternidad de sufrimiento. Este miedo a la condena eterna puede ser tan abrumador que lleva a una preocupación excesiva por la vida después de la muerte, buscando señales y actos de devoción incesantes para garantizar la salvación. Preocupación por la pureza espiritual El TOC religioso puede estar relacionado con la obsesión por mantener una pureza espiritual perfecta. Las personas pueden experimentar pensamientos intrusivos de que algo en su vida, pensamiento o acción podría manchar su alma, lo que provoca un deseo de realizar rituales de limpieza o purificación. Obsesiones con la interpretación «correcta» de las enseñanzas religiosas Quienes padecen TOC religioso pueden sentirse constantemente inseguros sobre si están interpretando correctamente las enseñanzas religiosas o si están cometiendo errores que podrían poner en peligro su fe o su moralidad. Esto puede llevar a una búsqueda interminable de respuestas, ya sea a través de libros sagrados, líderes religiosos o consejos espirituales. Consecuencias del TOC Religioso El TOC religioso, al igual que otras formas de TOC, tiene consecuencias significativas en la vida diaria de quienes lo padecen: Impacto emocional Las personas con TOC religioso pueden experimentar altos niveles de ansiedad, culpa y miedo. La constante preocupación sobre su moralidad, fe o la posibilidad de cometer un pecado puede generarles estrés psicológico profundo. A menudo, estas personas sienten que no son «lo suficientemente buenas» en su fe, lo que puede minar su autoestima. Interferencia con la vida diaria Las compulsiones religiosas, como orar repetidamente o realizar rituales religiosos de forma excesiva, pueden interferir con las actividades cotidianas. Esto puede incluir la incapacidad para llevar a cabo tareas normales, como trabajar, estudiar o mantener relaciones personales saludables, debido al tiempo y la energía que se dedica a estos rituales. Dificultades en las relaciones interpersonales El TOC religioso también puede causar tensiones en las relaciones interpersonales. Las personas que padecen este trastorno pueden sentirse incomprendidas o incluso rechazar a otros por no compartir sus creencias y rituales. Además, las expectativas de perfección religiosa pueden generar conflictos con amigos, familiares o miembros de la comunidad religiosa. Sentimientos de aislamiento y vergüenza La naturaleza de los pensamientos y compulsiones religiosas puede hacer que las personas se sientan muy aisladas o avergonzadas. Pueden tener miedo de compartir sus experiencias con otros debido a la percepción de que sus creencias o rituales son excesivos o inadecuados, lo que les lleva a ocultar su sufrimiento. Causas del TOC Religioso Aunque las causas exactas del TOC religioso no se comprenden completamente, se cree que una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales puede contribuir a su desarrollo: Factores genéticos El TOC, incluido el subtipo religioso, tiene un componente hereditario. Las personas que tienen familiares cercanos con TOC pueden estar en mayor riesgo de desarrollar el trastorno. Factores neurobiológicos Se ha observado que los desequilibrios en los neurotransmisores del cerebro, como la serotonina, juegan un papel en el desarrollo del TOC. Alteraciones en las áreas del cerebro que regulan el control de los impulsos y las emociones también pueden contribuir a la aparición de obsesiones y compulsiones religiosas. Factores psicológicos y ambientales El estrés, las experiencias traumáticas o los antecedentes de abuso religioso pueden ser factores desencadenantes en el desarrollo del TOC religioso. Las personas que crecen en entornos religiosos estrictos o que tienen padres extremadamente religiosos pueden estar más predispuestas a desarrollar preocupaciones obsesivas sobre su fe y moralidad. Tratamiento del TOC Religioso El tratamiento del TOC religioso suele seguir las mismas pautas que para otros tipos de TOC. Los enfoques más efectivos incluyen: Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) La TCC es la forma de terapia más efectiva para el TOC, incluido el subtipo religioso. En particular, la exposición y prevención de respuesta (EPR) es útil para ayudar a las personas a enfrentarse gradualmente a sus obsesiones religiosas y a resistir las

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¿Qué Señales Indican un Trastorno de Atracones?

La característica principal del trastorno de atracones son los episodios recurrentes de atracones que deben producirse, de promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses (Criterio D). Un episodio de atracón, se define como la ingesta en un periodo determinado de una cantidad de alimentos claramente superior a la que la mayoría de las personas ingeriría en un periodo similar y en circunstancias parecidas (Criterio A1). El contexto en el que se produce la ingestión puede afectar a la valoración del clínico de si es o no excesiva. Por ejemplo, una cantidad de comida que sería considerada excesiva en una comida habitual podría considerarse normal durante una celebración o una festividad. La expresión periodo de tiempo determinado se refiere a un periodo delimitado, generalmente inferior a las 2 horas. Un único episodio de atracón no necesita limitarse a un único entorno. Por ejemplo, un individuo puede empezar un atracón en un restaurante para después continuar comiendo al llegar a casa. Picar comida continuamente en pequeñas cantidades durante el día no se consideraría atracón. La existencia del consumo excesivo de alimentos debe acompañarse de una sensación de falta de control (Criterio A2) para considerarlo un episodio de atracón. Un indicador de la pérdida de control es la incapacidad para contenerse y no comer, o para parar de comer una vez que se ha empezado. Algunos individuos refieren características disociativas durante o después de los episodios de atracones. El deterioro del control que se relaciona con los atracones puede no ser absoluto; por ejemplo, un individuo puede continuar atracándose mientras suena el teléfono, pero puede parar si un compañero de habitación o su cónyuge entra de forma inesperada en la estancia. Algunos individuos explican que sus episodios de atracones ya no se caracterizan por una sensación intensa de pérdida de control, sino más bien por un patrón generalizado de ingestión incontrolada. Si los individuos refieren que han dejado de esforzarse por controlar su ingesta, se debería considerar que existe pérdida de control. En algunos casos, los atracones también se pueden planificar. El tipo de alimento consumido durante los atracones varía entre los distintos individuos y en un mismo individuo. Los atracones parecen caracterizarse más por una alteración de la cantidad de alimentos consumidos que por el deseo de un nutriente específico. Los atracones deben caracterizarse por un malestar intenso (Criterio C) y, al menos, tres de los hechos siguientes: comer mucho más rápidamente de lo normal, comer hasta sentirse desagradablemente lleno, comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente, comer solo debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere y sentirse luego a disgusto consigo mismo, deprimido o muy avergonzado (Criterio B). Los individuos con trastorno de atracones se sienten avergonzados por sus problemas alimentarios e intentan ocultar sus síntomas. Los atracones suelen producirse a escondidas o lo más discretamente posible. Los atracones a menudo continúan hasta que el individuo se siente incómodo o incluso dolorido, lleno. El antecedente más frecuente de los atracones es el sentimiento negativo. Otros desencadenantes son los factores estresantes interpersonales, la restricción de la dieta, los sentimientos negativos acerca del peso corporal, la constitución corporal y los alimentos y el aburrimiento. Los atracones pueden minimizar o mitigar los factores que precipitaron el episodio a corto plazo, pero a menudo producen una autoevaluación negativa y disforia como consecuencia a largo plazo. El trastorno de atracones se produce normalmente en personas de peso normal/sobrepeso y en personas obesas. Se ha asociado con frecuencia al sobrepeso y a la obesidad en los individuos que buscan tratamiento. Sin embargo, el trastorno de atracones es distinto de la obesidad. La mayoría de las personas obesas no tienen atracones recurrentes. Además, en comparación con los individuos obesos de igual peso, pero sin trastorno de atracones, a los que tienen el trastorno consumen un mayor número de calorías en los estudios de laboratorio acerca del comportamiento alimentario y presentan mayor deterioro funcional, menor calidad de vida, mayor malestar subjetivo y mayor comorbilidad psíquica. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)  

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