Crecimiento personal

¿Qué es la modernidad líquida de Zygmunt Bauman y cómo afecta a nuestra salud mental?

En una sociedad que cambia a una velocidad vertiginosa, donde las relaciones parecen más frágiles, el trabajo más incierto y el futuro más impredecible, las reflexiones de Zygmunt Bauman adquieren una relevancia extraordinaria. Aunque no fue psicólogo ni psiquiatra, este reconocido sociólogo y filósofo polaco dedicó gran parte de su obra a analizar cómo las transformaciones sociales afectan la vida de las personas, sus emociones y su bienestar psicológico. Sus teorías ayudan a comprender muchos de los desafíos emocionales que enfrentamos actualmente, desde la ansiedad y la soledad hasta la dificultad para establecer vínculos duraderos. Por ello, conocer su pensamiento puede ofrecer valiosas herramientas para entender el mundo contemporáneo y su influencia en nuestra salud mental. ¿Quién fue Zygmunt Bauman? Zygmunt Bauman nació en Poznań, Polonia, en 1925, y falleció en Leeds, Reino Unido, en 2017. Fue uno de los sociólogos más influyentes del siglo XX y principios del XXI. Su vida estuvo marcada por acontecimientos históricos de enorme impacto. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que huir de Polonia junto a su familia debido a la persecución nazi. Más adelante, las tensiones políticas del régimen comunista lo llevaron a emigrar al Reino Unido, donde desarrolló gran parte de su carrera académica. A lo largo de su trayectoria publicó más de cincuenta libros sobre temas como la modernidad, la globalización, el consumo, la identidad, la ética y las relaciones humanas. Sin embargo, su concepto más conocido es el de «modernidad líquida», una metáfora que se ha convertido en una de las explicaciones más influyentes sobre la sociedad contemporánea. ¿Qué es la modernidad líquida? Bauman observó que las estructuras tradicionales que durante siglos proporcionaron estabilidad a las personas comenzaron a debilitarse. En épocas anteriores, muchas dimensiones de la vida eran relativamente sólidas: Los empleos solían ser para toda la vida. Las relaciones sentimentales tendían a ser más duraderas. Las comunidades eran más estables. Las normas sociales estaban más definidas. La identidad personal se construía de forma más predecible. Según Bauman, la sociedad actual se parece más a un líquido que a un sólido. Los líquidos no conservan una forma fija, sino que cambian constantemente. Del mismo modo, nuestras vidas se desarrollan en un contexto caracterizado por la incertidumbre, la flexibilidad y el cambio permanente. Esta realidad ofrece mayores oportunidades y libertad individual, pero también genera inseguridad, ansiedad y sensación de fragilidad. La incertidumbre como fuente de ansiedad Uno de los aspectos más interesantes del pensamiento de Bauman para la salud mental es su análisis de la incertidumbre. El ser humano necesita cierto grado de estabilidad para sentirse seguro. Cuando las reglas del juego cambian continuamente, resulta más difícil planificar el futuro o construir una sensación de control. Actualmente muchas personas experimentan preocupaciones relacionadas con: La estabilidad laboral. La situación económica. El acceso a la vivienda. Los cambios tecnológicos. La evolución de las. El futuro profesional. Bauman sostenía que esta incertidumbre permanente puede convertirse en una importante fuente de malestar emocional. No se trata únicamente de problemas individuales, sino de fenómenos sociales que afectan a millones de personas simultáneamente. Las relaciones líquidas: cuando los vínculos se vuelven frágiles Uno de los libros más conocidos de Bauman es Amor líquido, donde analiza cómo han cambiado las relaciones humanas. Según el autor, muchas relaciones contemporáneas están marcadas por una contradicción: Deseamos cercanía emocional. Tememos el compromiso y la dependencia. Las nuevas dinámicas sociales favorecen vínculos más flexibles y menos permanentes. Aunque esto puede aportar libertad, también puede generar inseguridad afectiva y dificultades para construir relaciones profundas. Bauman señalaba que muchas personas buscan conexiones significativas, pero al mismo tiempo temen que dichas relaciones limiten su autonomrelacioíarelacion. Esta tensión puede contribuir a: Sentimientos de soledad. Miedo al abandono. Inseguridad emocional. Dificultades en la intimidad. Relaciones superficiales. La paradoja de la hiperconexión Vivimos en una época donde resulta más fácil que nunca comunicarse con otras personas. Las redes sociales, la mensajería instantánea y las plataformas digitales nos permiten estar conectados constantemente. Sin embargo, Bauman advertía que la cantidad de conexiones no siempre equivale a una mayor calidad de los vínculos. Muchas personas cuentan con cientos o miles de contactos digitales y, aun así, experimentan una profunda sensación de aislamiento. La soledad se ha convertido en una preocupación creciente para especialistas en salud mental de todo el mundo. Desde la perspectiva de Bauman, esto ocurre porque las conexiones digitales pueden ser rápidas, cómodas y numerosas, pero no siempre sustituyen la profundidad emocional de las relaciones presenciales y significativas. El consumismo y la construcción de la identidad Otro aspecto fundamental de su obra es la relación entre consumo e identidad. En las sociedades actuales, el consumo ya no satisface únicamente necesidades básicas. También se utiliza para expresar quiénes somos. La ropa que vestimos, los lugares que visitamos, los dispositivos que utilizamos o las experiencias que compartimos pueden convertirse en símbolos de identidad. Bauman argumentaba que la sociedad de consumo transmite continuamente el mensaje de que necesitamos más para sentirnos satisfechos. Esta dinámica puede generar: Insatisfacción crónica. Comparaciones constantes. Baja autoestima. Sensación de insuficiencia. Dependencia de la aprobación externa. Desde la salud mental, este fenómeno resulta especialmente relevante porque puede alimentar sentimientos de frustración y una búsqueda interminable de validación. La cultura de la inmediatez La modernidad líquida también se caracteriza por la rapidez. Queremos resultados inmediatos: Respuestas instantáneas. Compras rápidas. Información inmediata. Gratificación constante. Sin embargo, muchos aspectos importantes de la vida requieren tiempo: Construir relaciones. Aprender habilidades. Desarrollar la autoestima. Superar pérdidas. Alcanzar objetivos personales. Cuando la cultura de la inmediatez se impone, puede aumentar la frustración frente a los procesos lentos y naturales del crecimiento personal. El miedo en la sociedad contemporánea Bauman dedicó gran atención al papel del miedo en la vida moderna. A diferencia de otras épocas, muchos de los temores actuales son difusos y difíciles de identificar. No siempre existe una amenaza concreta. En cambio, aparecen preocupaciones relacionadas con: Crisis económicas. Cambios tecnológicos. Inestabilidad laboral. Problemas medioambientales. Conflictos globales. Estos miedos pueden generar una sensación persistente de vulnerabilidad que repercute directamente en el

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¿Por qué me atraen personas que no me convienen?

Hay una pregunta que muchas personas se hacen en silencio después de varias decepciones sentimentales: ¿por qué siempre me pasa lo mismo? Cambian los nombres, las historias y los escenarios, pero el resultado parece repetirse. Relaciones que empiezan con ilusión y acaban en dolor. Promesas que no se cumplen. Personas que, de una forma u otra, terminan haciendo daño. Lejos de ser una cuestión de “mala suerte”, este patrón suele tener raíces más profundas. Entenderlas no solo alivia la frustración, sino que abre la puerta a relaciones más sanas y conscientes. El patrón invisible: repetir sin darte cuenta El ser humano tiende a lo conocido, incluso cuando lo conocido duele. Esto ocurre porque nuestra mente busca coherencia interna. Si has crecido en un entorno donde el amor estaba ligado a la inseguridad, la distancia emocional o el conflicto, es posible que tu cerebro haya aprendido que eso es “normal”. Sin darte cuenta, puedes sentirte más atraído por personas que activan esas emociones familiares, aunque sean incómodas. No es una elección consciente, sino un patrón aprendido. Heridas emocionales no resueltas Muchas veces, las relaciones que nos hacen daño conectan directamente con heridas del pasado: Miedo al abandono Baja autoestima Necesidad de validación Carencias afectivas en la infancia Cuando estas heridas no se han trabajado, es fácil caer en relaciones donde intentas, inconscientemente, “reparar” lo que dolió en su momento. Por ejemplo, buscar el amor de alguien emocionalmente distante puede ser una forma de intentar conseguir, ahora sí, la atención que antes faltó. El problema es que esto suele perpetuar el dolor, no resolverlo. La trampa de la química intensa A veces confundimos intensidad con amor. Esa conexión inmediata, ese “enganche” rápido, puede parecer una señal de que la relación es especial. Sin embargo, en muchos casos, esa intensidad está más relacionada con la activación de patrones emocionales que con una compatibilidad real. Las relaciones sanas, en cambio, suelen construirse de forma más tranquila, progresiva y estable. Pero si estás acostumbrado al caos emocional, esa calma puede parecer aburrida o incluso sospechosa. Creencias limitantes sobre el amor Las ideas que tienes sobre el amor influyen directamente en tus elecciones. Algunas creencias comunes que pueden llevar a relaciones dañinas son: “Tengo que esforzarme mucho para que me quieran” “El amor duele” “No voy a encontrar a alguien mejor” “Si cambio, la otra persona también cambiará” Estas creencias actúan como filtros: condicionan lo que toleras, lo que justificas y lo que decides aceptar. El papel de la autoestima Cuando la autoestima está debilitada, es más probable: Conformarse con menos de lo que se merece Justificar comportamientos dañinos Tener miedo a poner límites Permanecer en relaciones insatisfactorias No es que “atraigas” personas que hacen daño de forma mágica, sino que, en muchos casos, toleras más de lo que deberías o eliges desde un lugar de carencia. El miedo a la soledad El miedo a quedarse solo puede empujar a mantener relaciones que no son saludables. A veces, el dolor de una mala relación parece más llevadero que la incertidumbre de estar sin pareja. Esto puede hacer que ignores señales de alerta desde el principio o que prolongues vínculos que ya sabes que no funcionan. Cómo romper el ciclo Cambiar este patrón es posible, pero requiere un trabajo interno honesto y constante. 1. Toma conciencia Identifica qué tipo de personas sueles elegir y qué tienen en común tus relaciones pasadas. Detectar el patrón es el primer paso para cambiarlo. 2. Revisa tu historia emocional Pregúntate qué aprendiste sobre el amor en tu infancia o en relaciones anteriores. Muchas respuestas están ahí. 3. Trabaja tu autoestima Aprender a valorarte cambia radicalmente el tipo de relaciones que aceptas. Cuando sabes lo que mereces, es más fácil poner límites. 4. Aprende a detectar señales de alerta Presta atención a comportamientos como la falta de compromiso, la manipulación emocional o la inconsistencia. No los justifiques. 5. No confundas intensidad con conexión Date tiempo para conocer a la otra persona. Las relaciones sanas no necesitan prisa. 6. Considera la ayuda profesional Un proceso terapéutico puede ayudarte a entender tus patrones y a desarrollar herramientas para relacionarte de forma más saludable. Elegir desde la conciencia, no desde la herida El cambio no consiste en “dejar de atraer” a cierto tipo de personas, sino en aprender a elegir de forma diferente. Cuando sanas tus heridas, fortaleces tu autoestima y cuestionas tus creencias, empiezas a construir relaciones desde un lugar más seguro. Y entonces ocurre algo importante: ya no te conformas con lo que duele. Empiezas a reconocer lo que cuida, lo que respeta y lo que suma. Porque el amor sano no debería dejarte roto, sino ayudarte a crecer.

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¿Sabes qué tipo de vínculo construiste con tus padres?

El vínculo entre padres e hijos es mucho más que una relación familiar: es el cimiento sobre el que se construye la identidad, la autoestima y la forma en la que una persona se relacionará con el mundo a lo largo de su vida. Aunque a menudo se da por hecho, este lazo emocional es uno de los factores más determinantes en el desarrollo psicológico y emocional. Desde los primeros días de vida, los seres humanos necesitamos conexión. No se trata solo de alimentación o cuidados físicos, sino de algo mucho más profundo: sentirnos vistos, protegidos y comprendidos. ¿Qué es el vínculo afectivo y cómo se origina? El vínculo afectivo es la relación emocional que el niño establece con sus figuras de apego, generalmente sus padres o cuidadores principales. Este vínculo no aparece de forma automática, sino que se construye progresivamente a través de la interacción diaria. El psiquiatra John Bowlby revolucionó la comprensión de este proceso con su teoría del apego, señalando que los niños nacen con una necesidad biológica de establecer vínculos para sobrevivir, no solo físicamente, sino también emocionalmente. Posteriormente, la psicóloga Mary Ainsworth profundizó en esta teoría y describió distintos tipos de apego (seguro, inseguro evitativo, inseguro ambivalente y desorganizado), demostrando que la calidad del vínculo tiene consecuencias directas en la vida futura del niño. Tipos de apego: cómo influyen en el desarrollo El tipo de vínculo que se construye en la infancia condiciona la manera en la que una persona se percibe a sí misma y a los demás. Apego seguro Se desarrolla cuando los padres responden de forma consistente, afectuosa y sensible. El niño aprende que puede confiar en los demás y en sí mismo. Apego inseguro evitativo Surge cuando las necesidades emocionales del niño son ignoradas o minimizadas. El niño aprende a no expresar emociones y a depender solo de sí mismo. Apego inseguro ambivalente Aparece cuando la respuesta de los padres es inconsistente. El niño vive en incertidumbre y desarrolla ansiedad ante la separación. Apego desorganizado Se da en contextos donde hay miedo, negligencia o comportamientos impredecibles. Es el tipo de apego más complejo y con mayor impacto emocional. Comprender estos estilos no tiene como objetivo etiquetar, sino entender cómo nuestras primeras relaciones influyen en nuestra forma de vivir y sentir. La importancia del vínculo en la salud mental Un vínculo sano no solo genera bienestar en la infancia, sino que actúa como un factor protector a lo largo de toda la vida. La Organización Mundial de la Salud señala que las experiencias tempranas tienen un impacto directo en la salud mental, influyendo en la aparición o prevención de trastornos emocionales. Un apego seguro favorece: Una autoestima sólida Mayor capacidad para gestionar emociones Relaciones afectivas más sanas Mayor resiliencia frente a la adversidad Menor probabilidad de desarrollar ansiedad o depresión Por el contrario, vínculos inseguros pueden dar lugar a inseguridad, miedo al abandono, dependencia emocional o dificultades en la regulación emocional. Cómo se construye un vínculo sano en el día a día El vínculo no depende de grandes gestos ni de una crianza perfecta, sino de la calidad de las interacciones cotidianas. Presencia emocional real Estar presente no es solo compartir espacio físico, sino conectar emocionalmente. Escuchar con atención, mirar, responder y mostrar interés genuino. Respuesta sensible Atender el llanto, el miedo o la necesidad del niño de forma respetuosa le enseña que sus emociones importan. Contacto físico y afecto Los abrazos, las caricias y el contacto físico generan seguridad y liberan oxitocina, la hormona del vínculo. Comunicación abierta Hablar, jugar, compartir experiencias y fomentar la expresión emocional fortalece la relación. Validación emocional Frases como “entiendo que estés triste” o “es normal sentirte así” ayudan al niño a comprender y aceptar sus emociones. Rutinas y estabilidad Las rutinas aportan seguridad, previsibilidad y confianza en el entorno. El papel de los errores: reparar también es vincular Uno de los mitos más dañinos es creer que hay que ser padres perfectos. La realidad es que el vínculo también se fortalece a través de la reparación. Discusiones, enfados o momentos de desconexión son inevitables. Lo importante es cómo se gestionan después: Pedir perdón Explicar lo ocurrido Validar emociones Reconectar desde el afecto Estas experiencias enseñan al niño que las relaciones pueden repararse y que el conflicto no implica pérdida de amor. Consecuencias del vínculo en la vida adulta El vínculo temprano actúa como un “modelo interno” que influye en la forma en la que una persona: Se percibe a sí misma Confía en los demás Gestiona el rechazo o la pérdida Vive las relaciones de pareja Afronta el estrés y la frustración Muchas dificultades en la vida adulta, como la dependencia emocional, el miedo al abandono o la dificultad para expresar emociones, tienen su origen en experiencias tempranas de apego. Sin embargo, esto no significa que todo esté determinado: el vínculo puede transformarse a lo largo de la vida. ¿Se puede reparar el vínculo? Sí. El vínculo no es algo rígido ni inamovible. Incluso cuando ha habido dificultades, siempre existe la posibilidad de reconstruir la conexión. Algunas claves para fortalecer o reparar el vínculo son: Dedicar tiempo de calidad sin distracciones Practicar la escucha activa Mostrar afecto de forma constante Ser paciente y coherente Trabajar las propias emociones como adultos En muchos casos, el trabajo personal de los padres es fundamental. Cuidar la propia salud mental también es una forma de cuidar a los hijos. El impacto del vínculo en la sociedad Hablar del vínculo padres-hijos no es solo una cuestión individual, sino social. Una infancia emocionalmente segura contribuye a una sociedad más empática, resiliente y saludable. Invertir en el bienestar emocional de los niños es invertir en el futuro colectivo. Conclusión El vínculo entre padres e hijos es una construcción diaria hecha de pequeños momentos: una mirada, un abrazo, una palabra de consuelo, una escucha atenta. No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo consciente. Porque al final, lo que más necesita un niño no es tenerlo todo, sino sentir que es

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¿Sabes lo que pasa en tu cerebro cuando meditas?

Vivimos en una sociedad marcada por la prisa, las exigencias constantes y la sobrecarga de estímulos. En este contexto, encontrar momentos de calma se vuelve esencial para mantener el equilibrio emocional. La meditación, una práctica milenaria, ha ganado popularidad en los últimos años precisamente por su capacidad para ayudarnos a reconectar con nosotros mismos y mejorar nuestra salud mental. Pero, ¿qué es exactamente la meditación y qué beneficios tiene? ¿Qué es la meditación? La meditación es una técnica que entrena la mente para enfocar la atención y redirigir los pensamientos. Aunque existen diferentes tipos, la mayoría comparten un objetivo común: alcanzar un estado de mayor conciencia y tranquilidad mental. No se trata de “dejar la mente en blanco”, sino de observar los pensamientos sin juzgarlos, aprendiendo a gestionarlos de manera más saludable. Principales beneficios de la meditación 1. Reduce el estrés y la ansiedad Uno de los beneficios más conocidos de la meditación es su capacidad para disminuir los niveles de estrés. Al practicarla, el cuerpo reduce la producción de cortisol, la hormona del estrés, lo que favorece una sensación de calma y bienestar. Además, ayuda a manejar la ansiedad al enseñarnos a no dejarnos arrastrar por pensamientos anticipatorios o negativos. 2. Mejora la concentración y la atención La meditación actúa como un “entrenamiento” para la mente. Practicarla de forma regular mejora la capacidad de concentración, la memoria y la claridad mental. Esto resulta especialmente útil en un entorno donde la distracción es constante, como ocurre con el uso intensivo de dispositivos digitales. 3. Favorece el equilibrio emocional Meditar nos ayuda a tomar distancia de nuestras emociones, lo que permite responder en lugar de reaccionar impulsivamente. Con el tiempo, esto se traduce en una mayor estabilidad emocional y en una mejor gestión de situaciones difíciles. 4. Mejora la calidad del sueño Muchas personas encuentran en la meditación una herramienta eficaz para combatir el insomnio. Al relajar la mente y reducir la activación mental antes de dormir, facilita conciliar el sueño y mejora su calidad. 5. Aumenta el bienestar general La práctica regular de la meditación se asocia con una mayor sensación de bienestar, satisfacción personal y conexión con el presente. Nos ayuda a valorar más el momento actual y a reducir la rumiación mental. 6. Refuerza la autoconciencia Meditar implica observar nuestros pensamientos y emociones, lo que favorece el autoconocimiento. Esto permite identificar patrones negativos y trabajar en ellos de manera consciente. ¿Cómo empezar a meditar? Iniciar una práctica de meditación no requiere experiencia previa ni grandes conocimientos. Algunos consejos básicos son: Dedicar entre 5 y 10 minutos al día al principio Buscar un lugar tranquilo Adoptar una postura cómoda Centrarse en la respiración Aceptar los pensamientos sin juzgarlos La clave está en la constancia más que en la duración. Conclusión La meditación no es una solución mágica, pero sí una herramienta poderosa para mejorar la salud mental y emocional. En un mundo que nos empuja constantemente hacia el exterior, meditar es una forma de volver hacia dentro, escucharnos y cuidarnos. Incorporar esta práctica en la rutina diaria puede marcar una gran diferencia en cómo nos sentimos y afrontamos la vida.

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¿Cómo el cine y la TV distorsionan el desdoblamiento de la personalidad?

El desdoblamiento de la personalidad, o trastorno de identidad disociativo (TID), ha sido un tema recurrente en el cine y la televisión. Desde thrillers psicológicos hasta series de misterio, este trastorno ha sido retratado de maneras que capturan la imaginación del público, pero a menudo a costa de la precisión científica. A lo largo de los años, las representaciones ficticias han dado lugar a muchos mitos y malentendidos sobre lo que realmente significa vivir con TID. En este artículo, analizamos algunos de los mitos más comunes y los contrastamos con la realidad de este trastorno. Mito 1: Las personas con desdoblamiento de la personalidad tienen múltiples «personalidades» totalmente distintas En películas como Split o Psicosis, los personajes con TID a menudo son mostrados como personas que pueden tener varias personalidades completamente diferentes en términos de edad, género, habilidades e incluso acentos. Esta idea ha reforzado la creencia de que cada identidad o «alter» es completamente independiente de las demás. Realidad: Si bien es cierto que las personas con TID pueden tener diferentes «alter egos» o estados de identidad que funcionan de manera distinta, no son personalidades completamente separadas en el sentido que las películas sugieren. Los «alters» pueden tener sus propias memorias, actitudes y comportamientos, pero todos forman parte de la misma persona. Además, estos «alters» pueden interactuar y ser conscientes unos de otros, lo que es mucho más complejo que la idea de una simple «transformación» instantánea. Mito 2: El desdoblamiento de la personalidad es un trastorno común Muchos personajes en películas parecen sufrir de TID, lo que puede llevar a la creencia de que es un trastorno común. Algunas películas retratan el desdoblamiento de la personalidad como algo que cualquiera podría desarrollar bajo estrés extremo. Realidad: El trastorno de identidad disociativo es extremadamente raro. Se estima que afecta solo al 1% de la población mundial. Además, su diagnóstico suele estar vinculado a experiencias de trauma severo, como abuso físico o emocional en la infancia. No es un trastorno que se desarrolle repentinamente, ni es tan frecuente como las películas sugieren. Mito 3: Las personas con TID son peligrosas o violentas El cine a menudo vincula el desdoblamiento de la personalidad con comportamientos peligrosos o violentos. Split (2016), por ejemplo, retrata a un hombre con múltiples identidades que secuestra a varias mujeres, sugiriendo que su trastorno es la causa de su comportamiento violento. Realidad: Este mito es uno de los más dañinos, ya que perpetúa el estigma de que las personas con TID (y otros trastornos mentales) son inherentemente peligrosas. En realidad, la mayoría de las personas con TID no son violentas ni peligrosas. El trastorno está más relacionado con el manejo del trauma que con comportamientos antisociales. Si bien los problemas de identidad pueden causar angustia emocional, no hay evidencia que sugiera que las personas con TID tengan más probabilidades de ser violentas que el resto de la población. Mito 4: El desdoblamiento de la personalidad es fácil de diagnosticar En muchas películas y series, los personajes que experimentan desdoblamiento de la personalidad son diagnosticados rápidamente por un psiquiatra o terapeuta. Esto puede dar la impresión de que es un trastorno fácilmente identificable. Realidad: El diagnóstico del trastorno de identidad disociativo es extremadamente complicado y puede llevar años. Muchas veces, los síntomas del TID se superponen con otros trastornos, como la depresión, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o los trastornos de ansiedad. Además, los pacientes pueden no ser conscientes de la presencia de otras identidades, lo que dificulta aún más el diagnóstico. Mito 5: Cambiar de identidad es algo que ocurre instantáneamente y de forma dramática En la cultura popular, el cambio de una identidad a otra suele representarse de manera instantánea y exagerada, con cambios dramáticos en la voz, la postura e incluso en el comportamiento en cuestión de segundos. Realidad: En la vida real, el cambio entre diferentes identidades (o «switching») no suele ser tan dramático ni rápido. Puede ocurrir gradualmente y no siempre es evidente para los demás. Las transiciones pueden ser sutiles, como cambios en el estado de ánimo o en la manera de interactuar con el entorno. Además, no todas las personas con TID experimentan cambios tan visibles. Mito 6: El desdoblamiento de la personalidad es incurable Algunas películas y series retratan el TID como un trastorno que no tiene solución, donde la persona afectada está condenada a vivir con múltiples identidades por el resto de su vida. Realidad: Si bien el trastorno de identidad disociativo es crónico, las personas con TID pueden mejorar significativamente con tratamiento. La terapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual y la terapia orientada al trauma, puede ayudar a las personas a integrar sus identidades y a llevar una vida funcional. El objetivo del tratamiento no siempre es eliminar las identidades, sino ayudar a la persona a manejar sus síntomas de manera efectiva.  

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¿Cómo se conectan el miedo, la ansiedad y el crecimiento personal?

Del mismo modo que se conocen algunos de los estímulos más temidos por algunas especies, el ser humano se caracteriza por sentir más frecuentemente miedo “en”, “y” a situaciones concretas muy diversas variadas y amplias. Según Alfonso Chinchilla Moreno, en su libro “Trastornos por ansiedad” cuando habla de los diferentes miedos humanos, de los cuales realiza una excelente revisión, nos encontramos con: Miedos sociales: represión social, cultural, educativa, política, religiosa, etc. Miedos familiares: problemas de los padres Miedos personales: conflicto, fobias, etc. Miedos biológicos: alteraciones del S.N.C. y otras Miedos colectivos: guerras, catástrofes, etc. Miedos por carencias: dinero, afecto, etc. Miedos por insuficiencia: cultural, salud, etc. Miedos por conflictos: inseguridad, dudas, etc. También diferencia este autor los miedos en función del momento evolutivo Miedo a la enfermedad y muerte Engloba múltiples facetas de la aversión y el dolor, y se relaciona con el miedo a objetos cuyo significado tenga alguna relación con la posibilidad de que suceda alguno de esos dos acontecimientos. Así, si un alimento ha provocado gran malestar, será evitado de la misma forma que se evitarán los contagios o cualquier posibilidad de recibir daño. Engloba pues esta categoría multitud de miedos diversos relacionados con estos dos aspectos de la realidad Miedo a los animales Nos recuerda este miedo lo evolutivo. Está muy ejemplificado en los mitos y leyendas repletas de historias fantásticas de animales irreales y misteriosos, que matizan muy bien este tipo de miedo, muy relacionado con lo no conocido, como la muerte, lo fantástico y lo tenebroso y lo exagerado y desproporcionado Miedo a los demás Engloba este apartado aquel miedo acaso más intrínsecamente relacionado con lo remoto, primitivo y ancestral, pues remite al sentido gregario y grupal del ser humano que, del mismo modo que la manada animal, tiende a someterse al líder, aunque cuando reúne arrestos, lo que sucede con frecuencia, se opone a él. Desde Darwin se conoce con gran exactitud la importancia de la selección natural en las especies, que defiende cómo sobreviven los más fuertes o astutos. No sería justo equiparar el hombre al animal, ni en estos ni en otros comportamientos. A pesar de todo, el hombre posee valores y coraje suficientes para imponerse a los dictados más misteriosos y profundos de la especie o al menos algunos hombres suficientemente educados ética y moralmente. De cualquier modo, lo evidente es cómo los humanos somos influidos ENORMEMENTE por el comportamiento del otro, de los otros, más cuanto más diferencias de jerarquía, poder, saber u otras capacidades que se perciban como mas que, posean aquellos. En relación con el miedo, los problemas que a lo largo del desarrollo del ser humano le generan los demás, son innumerables. Están relacionados con actuaciones sociales, que con frecuencia implican no solo un dominio-sumisión de uno o otros por otro u otros y que provocan sensaciones, sentimientos, actitudes y estilos de comportamientos inadaptativos claramente patológicos, también faltas de apoyo y refuerzo consistente con las actuaciones, que generan incompetencia y desanimo, seguridad y …miedo. Desde las primeras interacciones del niño con su madre puede percibir que un gesto suyo mínimo tiene una respuesta: una sonrisa supone recibir otra, lo que según Seligman va a provocar con la repetición una mayor sensación de controlar el mundo que percibe. Si esto no sucediera, el infante percibirá que su gesto no provoca ninguna consecuencia y sentiría inseguridad y temor Si además al sonreír o realizar cualquier otra petición recibe un castigo, entonces el miedo será mucho más intenso y mas patológico. A lo largo del desarrollo, las situaciones por las que los seres humanos interaccionamos positiva, negativa o neutramente con los demás, van a posibilitar que seamos conscientes de nuestra eficacia en influir en nuestro entorno, contexto o situación, desde lo micro hasta lo macro ambiental, desde lo más concreto como puede ser el sonajero del infante hasta lo más abstracto como puede ser el elaborar un diseño para construir una complicada nave espacial. Ese yo que consideramos tan nuestro, como si hubiera surgido por generación espontanea, en realidad ha ido elaborándose a partir de las experiencias de manipulación del mundo, a través de la asimilación y acomodación, tal y como nos recuerda Piaget el gran maestro de la psicología evolutiva. En relación con el miedo, la timidez, fobias sociales, vergüenza, ridículo, ansiedad social en general, tienen su más probable causa en la dinámica histórica de las relaciones que cada uno de nosotros ha mantenido con los demás, acumulando éxitos o fracaso de una forma habitual y consistente. Con el matiz de que el éxito fácil y sin esfuerzo puede llevar también al miedo y al fracaso ante la menor dificultad y por el contrario, el fracaso total ha llevado de forma excepcional a algunos sujetos altamente resistentes y por ello afortunados, a tener grandes éxitos posteriores. Lo que variará será la intensidad y cualidad, así como la frecuencia con la que lo percibimos y otorgamos. En funcione de estas tres variables podrían explicarse muchas de nuestras emociones y sensaciones.   (Información extraída de Un método científico para afrontar el miedo y la tristeza / Amado Ramírez Villafañez, 1995)

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¿Qué tipos de programas afectan más las creencias y actitudes de los niños?

El niño de 4 a 12 años se encuentra en una fase de su vida en la que se forma todo tipo de creencias. Pero a diferencia del adulto, la televisión le presenta no pocas parcelas de la realidad con la que todavía no ha tenido contacto directo. Además, su capacidad de discernimiento y pensamiento está en formación. Ello hace que esté en una situación de fragilidad y desventaja porque no puede comparar las creencias que le presenta la televisión y la realidad de la vida cotidiana que todavía no ha experimentado. De ahí que la televisión sea un medio propicio para inducir la formación de creencias y actitudes. Puede provocar, sin que el niño lo advierta, creencias distorsionadas y estereotipos Los estereotipos son creencias o concepciones estandarizadas y convencionales. Son generalizaciones o presunciones que a menudo están basadas en percepciones distorsionadas pues cuando se aplican a personas presentan a éstas de forma unidimensional. Los estereotipos juegan un papel importante en los roles televisivos como agentes de socialización. La televisión presenta numerosos estereotipos y el niño, en su contacto con esos contenidos, puede desarrollar concepciones acerca de la gente que reflejen esas imágenes estereotipadas asimiladas de la pantalla. A pesar de las apariencias, el mundo de la televisión es muy estable en cuanto a las imágenes que muestra. A pesar de que la representación de los personajes femeninos en televisión ha mejorado, sigue sin reflejar la proporción en la vida real. Así por ejemplo, en los años setenta y ochenta los personajes masculinos eran tres veces más numeroso que los de la mujer y en los años noventa seguían siendo el doble. Por otro lado, durante los años noventa los roles de las mujeres seguían siendo menos importantes que las de los hombres y cuando las mujeres tienen roles importantes suelen darse en la comedia. La presencia de estereotipos en televisión sigue siendo muy fuerte en la actualidad. Por ejemplo, las mujeres prime time suelen ser más jóvenes que los hombres y se presentan con papeles más tradicionales y estereotipados que los hombres. Siguiendo un estudio realizado por la asociación CEACCU, en la programación infantil se dan varios arquetipos de representación de la condición femenina que se repiten con insistencia: La mujer como única ejecutar de las tareas del hogar La coquetería como cualidad más destacada del carácter femenino Referencias al aspecto físico femenino, realizadas por personajes masculinos La utilización de las mal llamadas “armas de mujer” Referencia a cualquier “rasgo distintivo” del sexo femenino Cuando se presenta una mujer ocupando algún lugar de la vida pública, fuera del ámbito privado del hogar, generalmente se ridiculiza o se deja bien patente su ineptitud. Si los análisis pues siguen mostrando que la televisión actual todavía presenta estereotipos, la cuestión fundamental es que la investigación también ha mostrado que tales estereotipos influyen sobre las percepciones de los niños, particularmente en lo que se refiere a los estereotipos de género, entre los que destacan los roles profesionales, el aspecto físico y el matrimonio. Por ejemplo, la felicidad se asocia frecuentemente al ejercicio de determinadas profesiones  y a la belleza física. Dicho de otra manera, la televisión tendería a hacer creer que ser feliz siendo obrero y feo es una aspiración difícil de lograr. Una temática que permite ver claramente cómo la televisión puede afectar al niño en la adquisición de creencias y actitudes es la representación que hace del sexo y el alcohol. La asimilación por los niños de ese conjunto de comportamientos sexuales representados en la pantalla, puestos en evidencia por los análisis de contenido, tiene influencia sobre las creencias y actitudes construidas sobre ellos. Dada la baja probabilidad de que el niño pueda contrastar las escenas de sexualidad vistas en televisión en la vida real, suelen perdurar en ellos más tiempo las creencias de que lo que  ven en televisión es real, en comparación con otros tipos de contenidos. La televisión por esta razón es un influyente inductor de creencias. Otra creencia entre los jóvenes que ven muchas series de televisión y que ilustra la distorsión que se produce, es que estiman mayores porcentajes de gente divorciada y de hijos ilegítimos en la vida real que aquellos jóvenes que ven menos esas series. También pueden llegar a creer que las relaciones sexuales prematrimoniales y extramatrimoniales, la violación y la prostitución son más comunes en la vida corriente de lo que realmente son. Por otro lado, los jóvenes que ven mucha televisión suelen manifestar actitudes más estereotipadas con relación a los roles sexuales. Con respecto al alcohol las creencias y actitudes están influidas también por la televisión. Por ejemplo, en una investigación se pretendía comprobar cómo afectaba el visionado de imágenes de gente bebiendo sobre las creencias de los niños acerca del alcohol. Los resultados mostraban que las intenciones de los chicos de consumir alcohol podían predecirse a partir de sus interpretaciones de los mensajes televisivos, de las conductas en casa con relación al alcohol, de sus deseos de ser como los personajes que bebían y por ultimo por las expectativas de que “beber aporta recompensa” Otro aspecto a tener en cuenta es la influencia de la realidad televisiva sobre la realidad del niño. Numerosos trabajos han mostrado que el contenido televisivo percibido como no realista retiene menos influencia sobre las actitudes, las creencias y los comportamientos del niño que aquellos considerados como realistas. Por otro lado, los contenidos de origen real dan lugar a mayores niveles de recuerdo y de interferencia de estados psicológicos, como motivos e intenciones de las personas que aparecen en el programa. La familia puede influir para reducir el realismo que el niño atribuye a programas ficcionales. Pero una cuestión muy importante es la que plantea qué efectos producen en el niño las imágenes en función de su carácter factual o ficcional. De manera general, las imágenes factuales le influyen más que aquella que juzga como ficticias. A pesar de que los programas de ficción también pueden tener influencia sobre él. En algún caso se ha

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¿Qué pasos seguir después de un test conductual para tratar la agorafobia?

El Test de Evitación Conductual (TEC) más ampliamente utilizado es uno en que el sujeto intenta ascender a través de una jerarquía de situaciones crecientemente temerarias y que requiere un mayor contacto íntimo con el objeto temido. Por ejemplo, se le puede requerir al sujeto que permanezca a una cierta distancia de una serpiente, después que permanezca al lado de un tanque que contenga la serpiente, después que toque a una serpiente llevando un guante grueso en la mano y a través de varios pasos intermedios, acabar con la serpiente encima de él. Es posible elaborar un escalonamiento Guttman, de la jerarquía de situaciones de manera que todos los sujetos que consigan realizar un ítem determinado de la jerarquía pueda también conseguir todos los ítems más fáciles. De esta manera, es posible registrar el número de ítems realizados antes y después del tratamiento y obtener una medida directa de la conducta fóbica. Además, las medidas del estado subjetivo del sujeto y de la activación fisiológica pueden ser realizadas durante el trascurso del test conductual de manera que los componentes de la ansiedad puedan ser medidos antes y después del tratamiento y puedan así evaluarse los cambios. La mayoría de los mayores grupos de investigación que investigan sobre la agorafobia han intentado usar alguna forma de test conductual, pero no se ha elaborado hasta la fecha ningún método que sea plenamente satisfactorio. Los miedos de los agorafóbicos no caen dentro de una dimensión universal que sea trasladable a un escalonamiento tiempo Guttman. Los pacientes temen diferentes cosas e incluso si temen un grupo común de situaciones, pueden no coincidir en el ordenamiento de tales situaciones en función del miedo que puedan provocarles. Además, las situaciones que los agorafóbicos temen son complejas y no pueden ser controladas fácilmente, de manera que el examen de tales miedos supone una pérdida de tiempo y una fuente de error. Se han intentado diferentes abordajes, Emmelkamp y sus colaboradores basaron su medida conductual en el tiempo que los pacientes se mantenían alejados de un lugar seguro. Ellos pedían al paciente que se mantuviera fuera de su casa o del hospital tanto tiempo como les fuera posible sintiéndose tranquilos y sin tensión. Este tiempo era considerado como una medida de miedo. La medida ha probado ser sensible a los efectos del tratamiento en los estudios que este grupo ha llevado a cabo. Sin embargo, la medida tiene al menos dos desventajas: la primera es que el tiempo invertido fuera de casa no es lo esencial en el caso de la agorafobia, tan solo está relacionado con el problema del paciente. En general, cuanto más tiempo estén los pacientes fuera de casa, con más probabilidad se puede esperar que se hayan alejado de ella y con más probabilidad pueden haberse enfrentado a situaciones difíciles y temerarias. Sin embargo, esto no tiene por qué ser siempre así. La segunda desventaja en esta forma de examen es que el paciente sea enseñado a permanecer en el exterior hasta que empiece a sentirse incomodo o tenso y tenga que volver al sitio seguro rápidamente. Estas instrucciones son simples. Es muy probable que muchos pacientes se sientan tensos e incómodos durante gran parte del tiempo y por lo tanto tiendan a sentirse así antes de que abandonen su casa para realizar el test conductual. Por lo tanto, los pacientes deben tomar la decisión de forma inevitable sobre el nivel de tensión o incomodidad que es aceptable para ellos mismos y para el terapeuta. No se trata simplemente de la presencia o ausencia de tensión. Tal valoración puede sin duda verse fácilmente alterada por las características implícitas en la situación, y por esta razón, cualquier cambio observado después del tratamiento podría reflejar no tan solo reducciones en la evitación fóbica sino también alteraciones en la valoración que realice el paciente respecto a lo que está preparado para tolerar antes de que él califique sus sensaciones como tensión. Los autores de este libro obtuvieron una jerarquía de situaciones fóbicas de cada paciente. Esta jerarquía intentaba representar la total variedad de situaciones fóbicas desde las más fáciles hasta las más difíciles y luego fueron utilizadas como la base de un test conductual individual. La jerarquía fue elaborada pidiendo primero a cada paciente que describiera dos situaciones en una de las cuales se sintiese totalmente relajado mientras que la otra debe ser la situación más difícil que él/ella pudiera imaginar. Después se le pedía al paciente que elaborara un intervalo entre estas dos situaciones y describiera una tercera situación que ocupara la posición central dentro de la dimensión de miedo. Después él/ella proporcionaría dos situaciones centrales entre el límite superior e inferior de la mitad de la dimensión original, y así hasta que se elaborara una jerarquía de 15 ítems. Después el paciente debía confirmar que los 15 ítems elaborados de tal manera estuvieran distribuidos en un orden de dificultad ascendente y que ningún aspecto significativo de su miedo hubiera sido omitido. Si alguno se hubiera omitido, se intentaría sustituir uno de los ítems existentes por otro de la fobia. También se intentó asegurar que antes de que comenzase el tratamiento, el paciente pudieses llevar a cabo tres o cuatro ítems de la jerarquía, dejando así espacio para una deterioración significativa o por el contrario una mejora. Esta jerarquía fue utilizada después como base para un test conductual real en las situaciones descritas por el paciente. Jerarquía del test conductual de un agorafóbico Estar en casa con los niños y hacer los quehaceres domésticos Caminar hasta la tienda más próxima a fin de comprar algo en un momento tranquilo del día y retroceder Coger el autobús solo, recorrer tres paradas y volver andando a casa Ir sola en el autobús hasta el centro de una ciudad y volver en autobús Caminar hasta la tienda más próxima a fin de comprar algo en un momento concurrido del día y tener que hacer cola para apagar Ir sola en el autobús hasta el centro, comprar sola durante

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¿Qué significa el trabajo para las personas con Síndrome de Down?

El trabajo es una característica de la vida adulta para todas las personas discapacitadas o no. El tipo de empleo, el salario percibido y las oportunidades dadas afectan directamente a la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y a la forma en que la sociedad nos valora, así como al grado de libertad que tenemos en el nivel económico y social. Todo el mundo aspira a conseguir un puesto de trabajo socialmente reconocido y a percibir un salario que te permita vivir con comodidad. Partiendo de esta idea, podemos comprender la situación de la persona discapacitada que se encuentra en un centro de asistencia o centro ocupacional, rodeada solo de personas con discapacidades y sin la posibilidad de realizar ningún trabajo remunerado. Dar a esta persona una oportunidad de emplea significa no solo el salario percibido, sino también el reconocimiento de su valor social por parte de la familia y la aceptación en el seno de la comunidad. Otra ventaja importante es la oportunidad de hacer amigos y establecer vínculos afectivos con personas no discapacitadas. El salario es un determinante importante de la calidad de vida, tanto en el ámbito emocional como maternal. Por lo general, cuanto mejor remunerada esté una persona, tanto mayor será su libertad para establecerse independientemente en la sociedad. Las personas son lo que hacen. Es por eso que el trabajo da al individuo con Síndrome de Down la capacidad de tomar decisiones, lo trasforma en una persona activa, dignifica su situación económica, le permite obtener lo que desea y le da seguridad y responsabilidad. Cualquier persona discapacitada cuya capacidad residual pueda ser convertida en valor útil debe ser considerada de por sí como un ser laboral. El valor social extraordinario de esta posibilidad significa que las personas con retraso mental pueden ser iguales a los no discapacitados en el trabajo allí donde sea posible que la tecnología compense las limitaciones humanas. La falta de fe de la sociedad en la capacidad de las personas discapacitadas para realizar un trabajo provechoso es el principal obstáculo para su facultad de integración socio-laboral. La integración laboral es la clave para la integración social. En un estudio llevado a cabo en las Islas Baleares (Asociación Síndrome de Down de Baleares, ASNIMO-SEMPRE VERD): Dieciséis sujetos con Síndrome de Down fueron controlados longitudinalmente durante cuatro años en el sector de la horticultura (cultivos en invernaderos). Mensualmente, profesionales responsables registraban datos sobre las familias y las personas para evaluar su progreso en el trabajo y sus logros en el campo de la autonomía económica social y personal. Veamos los resultados. Existe un marcado interés sobre las siguientes variables: Variables de tipo personal Autoestima y confianza en sí mismo Sensación de utilidad Definición de los rasgos de la propia personalidad Autonomía personal Capacidad de adaptación a lo nuevo Promoción de las capacidades Conciencia de la necesidad de realizar un esfuerzo Sentimiento de que el esfuerzo se traduce en nuevas capacidades y resultados Conciencia de las propias limitaciones Variables de tipo social Experiencia de integración Aprender a coexistir, compartir y relacionarse Aprender a competir Estatus social (participación en la vida comunitaria) Seguridad para el futuro (pensión-jubilación) Mejor conocimiento del valor del dinero Aumento en el nivel de aspiración Variables de tipo económico Dejar de ser sujetos pasivos (un cargo para la sociedad) Convertirse en sujetos productivos Se llegan a las siguientes conclusiones: Nunca es demasiado tarde para aprender en el caso de los adultos con Síndrome de Down. Aunque sean adultos, incluso aunque no haya asistido al colegio, aun cuando presenten daños significativos. La falta de intervención redunda en un aumento del retraso. O, en otras palabras, la intervención debe ser constante, sistemática, adecuada y basada en una motivación personal y efectiva Las personas con Síndrome de Down de cualquier edad y condición pueden trabajar: Si estudiamos sus limitaciones y sus posibilidades y capacidades especificas Si las preparamos adecuadamente     (Información extraída de Síndrome de Down: perspectivas psicológica, psicobiológica y socio educacional / Jean A. Rondal … [et al.], 1997)  

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¿Qué es la PNL y cómo funciona?

A través de muchos libros de PNL o en alguno de los cursos sobre la misma, encontraremos información sobre como John Grinder y Richard Bandler la crearon allá por los años 70 del siglo XX, en la Universidad de Santa Cruz, en California. Su trabajo tuvo un objetivo muy ambicioso: descubrir por qué unos determinados psicoterapeutas obtenían unos resultados excelentes con sus pacientes y otros no. Para ello escogieron a tres grandes de la época: Franz Perls, creador de la terapia Gestalt; a Milton Erickson, el gran genio de la hipnosis clínica y a Virginia Satir, gran maestra de la terapia familiar. Y aunque cada uno de ellos empleaba técnicas diferentes, se dieron cuenta de que tenían mucho en común en lo que representa a la creación de empatía, atención sobre el lenguaje verbal y no verbal y a todo aquello que denominaríamos microconducta. Clásicamente a la PNL se le define como el estudio de la estructura de la experiencia subjetiva. Es decir, explora cómo organizamos lo que vemos, oímos y sentimos y cómo construimos y filtramos el mundo exterior a través de nuestros sentidos. Con todo ello construimos nuestra realidad. También explora cómo describimos eso con el lenguaje y cómo actuamos, tanto de forma consciente como inconsciente, para producir resultados. Desde esta perspectiva se puede entender muy bien el porqué de este nombre tan raro: Programación: dicho sin anestesia “estamos programados”. Programados por nuestra familia, la escuela, la sociedad, por los diferentes modelos que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida y que nos hacen percibir el mundo, lo que somos, lo que es la vida, lo que es correcto o inadecuado, etc. Y, haciendo una generalización, podemos decir que la mayoría de estos programas quedan fuera de la consciencia. Es más, si hubiéramos nacido en el seno de otra familia, en otras circunstancias, en otra cultura, nuestros programas serían diferentes. Neuro: porque a través de nuestro sistema neurológico recogemos todo tipo de información conscientemente. Sobre todo, lo hacemos a través de nuestros sentidos (vista, oído, tacto, gusto, olfato), consciente e inconscientemente. Y todo ello se traduce en una conducta o comportamiento al dar significado a toda esa información. Lingüística: se refiere a que utilizamos el lenguaje para ordenar nuestros pensamientos y conductas, darles sentido y comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. Es decir, nuestros pensamientos se pueden transmitir mediante el lenguaje que los estructura. De tal manera que tanto lenguaje verbal como el no verbal refleja lo que hay en nuestro interior. Y, ¿cuál sería la finalidad de la PNL? En pocas palabras, buscar la excelencia en el ser humano. La PNL nos ayuda a entender el comportamiento humano, cómo hacemos para dar un significado a las cosas que nos pasan y a nuestra propia existencia. Nos ha conscientes del mapa (modelo) que hemos hecho del mundo. Estudia y disecciona las estrategias físicas, mentales y emocionales que utilizamos. Nos ayuda a ser mas conscientes de nosotros mismos y de los demás. Nos provee de conocimientos y herramientas para poder cambiar conductas y dar respuestas mas saludables ante las diferentes situaciones. Nos permite adecuar nuestras creencias y valores para ser más congruentes, eficaces y felices. Es darnos la oportunidad para ir creando la mejor versión de nosotros mismos, Por todo ello, la PNL, nos puede aportar estrategias y recursos muy útiles y entretenidos, para prevenir y tratar el estrés. Lo que nos estresa no son las circunstancias propias de la vida, sino el cómo cada uno de nosotros interpretamos esas circunstancias; el significado que les damos y cómo respondemos ante ellas. Según el profesional de este libro, en consulta se encuentra con personas que, ante cualquier contratiempo en su día a día, por pequeño que sea, responde estresándose. Con cosas tan nimias como tener que cambiar una bombilla que se ha fundido, el que se estropee la impresora, no encontrar sitio para aparcar a la primera, esperar la respuesta inmediata de un wasap que no llega o tener que hacer cola para pagar en un supermercado. Cuando estas actitudes se van repitiendo en el tiempo, y vamos acumulando estrés de forma crónica, al final se traducirá en síntomas físicos, mentales, emocionales o enfermedad. La PNL nos enseña a tomar conciencia de nuestra realidad, a darnos cuenta de si nuestros pensamientos nos ayudan a vivir mejor o nos crean infelicidad, si nuestras creencias nos aportan recursos o nos limitan en el desarrollo de nuestra existencia. Nos enseña a dar un mejor sentido a nuestra vida, las relaciones, el trabajo, la salud, etc. y junto con esto, nos aporta recursos y herramientas para el cambio hacia una vida mejor. Así nos encontramos con las respuestas a las preguntas fundamentales: ¿Qué me pasa? ¿Desde cuándo? ¿Dónde, en qué circunstancias? ¿Cómo hago, mental, emocional y conductualmente para estar así? ¿Qué capacidades y recursos tengo o puedo adquirir al respecto? ¿Quiero cambiar? ¿Puedo cambiar? ¿Merezco cambiar? ¿Qué es lo realmente importante para mí? Solo haciéndonos preguntas adecuadas, tendremos respuestas adecuadas. Todo ello, tiene que ver, en gran medida, con nuestro diálogo interno. Lo que nos decimos a nosotros mismos y cómo nos lo decimos. Este diálogo es continuo, no para ni cuando dormimos. Y dependiendo como sea éste, así creamos nuestro estado interno y, como consecuencia, nuestra respuesta ante cualquier situación. Es decir, así construimos nuestra realidad. (información extraída de Trata el estrés con PNL / José Pérez Martínez, 2017)  

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