Conflicto familiar

¿Cómo se puede apoyar a la pareja frente a las parafilias sin juzgar?

Los trastornos parafílicos son un conjunto de condiciones que se caracterizan por una atracción sexual intensa y recurrente hacia objetos, situaciones o personas que son inusuales o atípicas. Estos trastornos pueden afectar la vida sexual y emocional de quienes los padecen, así como las relaciones de pareja. A continuación, exploraremos cómo los trastornos parafílicos pueden influir en las relaciones y qué medidas pueden tomar las parejas para brindar apoyo mutuo. ¿Qué son los trastornos parafílicos? Un trastorno parafílico implica la presencia de deseos o comportamientos sexuales que se desvían de las normas convencionales, como el fetichismo, el voyeurismo, el exhibicionismo, o la pedofilia, entre otros. Si bien algunas parafilias no interfieren gravemente con la vida cotidiana, otras pueden causar angustia emocional, conductas compulsivas o conflictos con la pareja. Impacto en las relaciones de pareja Los trastornos parafílicos pueden tener un impacto profundo en una relación de pareja, especialmente si uno de los miembros experimenta angustia debido a sus deseos sexuales. Algunos efectos comunes incluyen: Falta de comunicación: El temor al juicio o la vergüenza puede hacer que la persona afectada se sienta incapaz de compartir sus deseos sexuales con su pareja, lo que lleva a una falta de comunicación abierta. Diferencias en las expectativas sexuales: Las personas con parafilias pueden tener expectativas sexuales muy distintas a las de su pareja, lo que puede generar fricciones o malentendidos. Culpa y vergüenza: Si la parafilia es vista como algo negativo o inmoral por la pareja, puede llevar a la persona afectada a experimentar sentimientos de culpa, vergüenza o incluso ansiedad. Problemas en la intimidad: Las diferencias en los intereses sexuales pueden afectar la intimidad emocional y física, lo que podría llevar a una desconexión en la relación. Consejos para el apoyo mutuo en la pareja Fomentar la comunicación abierta y sin juicio Es esencial que ambas personas en la relación se sientan seguras para hablar sobre sus deseos sexuales sin miedo al rechazo o al juicio. La comunicación abierta y sincera puede ayudar a que ambos comprendan mejor las necesidades y límites de cada uno. Educarse sobre los trastornos parafílicos El desconocimiento puede generar malentendidos y prejuicios. Informarse sobre los trastornos parafílicos, sus causas y manifestaciones puede ayudar a la pareja a entender mejor lo que está ocurriendo y cómo manejar la situación de manera saludable. Buscar ayuda profesional Un terapeuta especializado en sexualidad o en trastornos psicológicos puede ser fundamental para abordar cualquier problema relacionado con la parafilia. La terapia individual o de pareja puede ayudar a manejar los sentimientos de angustia, culpa y vergüenza que pueden surgir, así como a encontrar maneras de reconciliar las diferencias sexuales. Establecer límites claros y consensuados Las parejas deben establecer límites que respeten los deseos y las necesidades de ambos. El consentimiento mutuo es la base de una relación saludable. Si las prácticas sexuales relacionadas con la parafilia son aceptables para ambos, debe haber un acuerdo claro sobre cómo se llevarán a cabo de manera segura y respetuosa. Practicar la paciencia y la empatía Las parafilias pueden ser difíciles de comprender si no se experimentan, por lo que es importante que ambas personas practiquen la paciencia y la empatía. La persona afectada por un trastorno parafílico puede sentirse vulnerable, por lo que el apoyo emocional es crucial para fortalecer la relación. Evitar la culpabilización Los trastornos parafílicos no son necesariamente algo que la persona pueda controlar por completo. Evitar culpar a la pareja o mostrar desdén por sus deseos sexuales puede hacer que la relación se mantenga sólida y que la persona afectada no se sienta rechazada o incomprendida. Explorar juntos opciones saludables En muchos casos, las parejas pueden explorar alternativas saludables y consensuadas para satisfacer las necesidades sexuales de ambos. Esto puede incluir la búsqueda de nuevas formas de intimidad o el establecimiento de acuerdos específicos para que ambas partes se sientan cómodas. Conclusión Los trastornos parafílicos pueden presentar desafíos significativos para las relaciones de pareja, pero con el apoyo adecuado, comprensión y respeto mutuo, es posible manejar estas diferencias sexuales de manera saludable. La clave para afrontar estos trastornos radica en la comunicación abierta, la empatía y la disposición para buscar ayuda profesional si es necesario. Con el apoyo adecuado, las parejas pueden fortalecer su relación y construir una vida sexual más enriquecedora y satisfactoria para ambos.  

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¿Qué factores contribuyen a los conflictos entre estudiantes en la escuela obligatoria?

El conflicto interpersonal o entre grupos que no cede con el esfuerzo espontaneo no solo es indeseable sino que es una situación crítica. Entendemos por situación crítica una posición de extrema tensión en la dinámica, siempre cambiante y diversa, de las relaciones entre las personas. Las relaciones sociales estables basadas en la vida en común deberían ser fluidas, afectivas y solidarias, pero también hay en muchas ocasiones en que no lo son. La cotidianeidad y el trabajo conjunto crean sistemas de conocimiento compartido, afectos y emociones que pueden deteriorarse  a niveles mucho más profundos que aquellas que unen a las personas que no conviven. Los afectos y emociones que connotan las relaciones estables afectan en gran medida a la comunicación y al entendimiento mutuo, para bien y para mal. Las relaciones estables crean una suerte de expectativas respecto del interlocutor que con frecuencia es origen del buen entendimiento mutuo, pero también puede convertirse en la causa de malos entendidos que se hacen más y más profundos, produciendo estos conflictos críticos que se resuelven mal de forma espontanea. Las relaciones interpersonales producen tensiones entre los grupos y las personas, cuando éstas deben acudir asiduamente a los mismos escenarios, someterse a normas comunes y realizar actividades compartidas, de forma cotidiana. La información que se comparte, los sentimientos que se crean y las emociones que emergen ante situaciones difíciles van creando tensiones que deterioran los formatos de comunicación, inhiben sentimientos, transforman la empatía en resentimiento, con el consiguiente deterioro de la red de vínculos sociales. Aunque el sistema de relaciones interpersonales más cálido en afectos y emociones es el familiar, otros como el escolar en tiempos infantiles y juveniles y el laboral el resto de la vida, son también muy importantes en la vida de las personas. En ellos emergen afectos y emociones que pueden dar lugar a conflictos y tensiones que provocan un gran desgaste psicológico. La escuela es un escenario en el que la convivencia es literalmente una red de relaciones en la que es imprescindible disponer de instrumentos y recursos para resolver de forma espontánea los conflictos que emergen en el devenir diario de la vida en común. Aunque la escuela ha buscado formas de resolver conflictos y para ello ha establecido los sistemas normativos y disciplinares, no siempre son eficaces, por distintas razones. Un problema estable es que el sistema normativo no siempre ha sido elaborado con la participación de todos; no siempre es bien entendido por todos o no siempre incluye vías de solución de lo divergente, lo poco común y lo que por tanto es impredecible. No todo se puede regular mediante normas, hay un espacio importante, para la espontaneidad que cada uno administra con relación a los otros, en estos espacios de libertad es en los que aparecen conflictos que son propios de la relación concreta de los que tienen que hacer cosas en común. Los sistemas disciplinarios que emana de la construcción de normas y convenciones sociales deben realizarse mediante procesos negociadores que activen una visión positiva del conflicto, es decir, que asuman que el conflicto es positivo cuando estimula la comunicación y el dialogo constructivo; y muy negativo cuando la tensión emocional y el desafecto enturbian la comunicación o la hace inviable. Un centro que construye y una cultura de diálogo y negociación ante la toma de decisiones y que dedica tiempo y espacio a ello, es de esperar que sea una comunidad en la que los conflictos interpersonales no se fijen ni paralicen la convivencia, pero incluso en centros que disponen de una ideología positiva ante el conflicto, surgen entre las personas y los grupos algunos que son visualizados por sus protagonistas como difíciles de resolver de forma espontanea; es en estos casos en los que hay que pensar en una estrategia de mediación.   (Información extraída de La violencia escolar: estrategias de prevención / Rosario Ortega, Rosario del Rey, 2003)

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¿En qué consiste la confusión en personas mayores?

La confusión es una alteración mental que se presenta cada vez con más frecuencia entre las personas mayores. No es una enfermedad, sino un síndrome, es decir, un conjunto de signos y síntomas que pueden indicar la agravación de una enfermedad ya presente. La confusión mental se caracteriza por en una alteración del reconocimiento del entorno y un inicio brusco, es decir, de un día para otro. Existe también pérdida de memoria: la persona mayor puede ser incapaz de reconocer a sus familiares, así como el lugar y el tiempo en el que está. Igualmente, puede tener lentitud de pensamiento. Suele aparecer a última hora de la tarde, cuando empieza a obscurecer o bien por la noche y esta disminución de la claridad del entorno, así como el desconocimiento de éste le conduce a un estado de gran ansiedad y agitación. Puede incluso sufrir alucinaciones, que harán que crezca más aun su estado de agitación. Otras veces presenta un aspecto extraviado, ausente, indiferente a lo que le rodea. Esta situación puede ir unida a otros síntomas tales como el insomnio. ¿Qué puede producir confusión? Hay muchas causas que pueden llevar a un estado de confusión. Se puede hablar de causas orgánicas, debido a la enfermedad que padece el individuo. También influye un factor muy importante que puede precipitar la confusión en la persona mayor: el ambiente en que se encuentra. Hay una extensa lista de problemas que aparecen muchas veces asociados a la persona mayor. Entre ellas se encuentran: Problemas cardiovasculares y circulatorios: infarto cerebral, insuficiencia cardiaca, arritmias Infecciones/fiebre: neumonías, infecciones urinarias Problemas metabólicos: insuficiencia hepática, diabetes, déficit de vitamina B12 o ácido fólico Ciertos fármacos: tranquilizantes, hipnóticos, antidepresivos Anemia, hemorragias, digestivas Deshidratación Retención urinaria y/o fecal Tumores Traumatismos Cirugía (cataratas, fractura de cadera, etc.) Tóxicos (alcohol) Muchas veces el problema aparece en el hogar y es bastante fácil de reconocer por la familia, pero no siempre es así. Se considera que el 40% de las personas mayores hospitalizadas sufren estados confusionales, que se deben a: Situación de enfermedad, que suele ser la causa principal El hecho de estar rodeadas de gente que no conocen (médicos, enfermeras, auxiliares, etc.) y que les someten muchas veces a técnicas cruentas Los continuos cambios de turno del personal sanitario. El lugar, que les es extraño y les causa ansiedad, más aún si se trata de unidades donde especialmente los pacientes desarrollan confusión, como son las unidades de cuidados intensivos. ¿Qué consecuencias puede tener? Fugas. Una persona mayor que sufre un estado confusional se desorienta, se vuelve ansiosa, y puede extraviarse Agresividad. Éste sería el mecanismo de protección ante una situación que no conoce. La persona mayor siente que el ambiente y las personas le son extrañas. Los intentos de acercarnos a él, así como las distintas pruebas a las que es sometido en el hospital puede interpretarlas como agresiones a su persona, por lo que intentará defenderse. Además, la persona mayor puede no colaborar con el profesional sanitario y esto dificultará su diagnóstico y tratamiento. Empeoramiento del estado general. La confusión agrava los problemas de base que tenga el mayor Problemas familiares. En la familia se produce gran tensión. Tener en casa a un ser querido con este estado de confusión, con el cual es difícil comunicarse y del que a veces se obtienen respuestas agresivas puede acusar gran dolor para los familiares y cuidadores. Esto conduce a una situación de estrés importante, que puede tener repercusiones sobre la atención que recibe la persona mayor. Otras veces, familiares desaprensivos responder de manera violenta a la agresividad de la persona mayor confusa. Ésta es una situación de malos tratos y, por tanto, denunciable. Detección del síndrome confusional Los síndromes confusionales que aparecen en los mayores ingresados son más difíciles de valorar, y esto se complica aun mas si tiene problemas de visión o de audición. Es conveniente comparar la función mental del momento, con la que tenia antes de que apareciera el problema. La persona que se encargue de valorar esto debe recoger toda la información posible, por lo cual la familia y amigos de la persona mayor deberían prestar toda su ayuda. Interesa que conozcan y puedan informar sobre el modo en que se desarrolló la desorientación y el tiempo que ha pasado desde que ocurrió esto. Cuidados de una persona mayor con confusión Los cuidados que hay que prestar a una persona mayor con confusión son: Es muy importante hablarla, con lenguaje sencillo y directo. También es conveniente no discutir con ella, para no crear un ambiente tenso. Evitar realizar comentarios acerca de su trastorno creyendo que “no nos oye” porque pueden herir sus sentimientos No forzarla, intentar convencerla de que está a salvo y tranquilizarla, debemos intentar comprenderla, saber escucharla, para evitar una confrontación. Cuando cometa errores, no reprenderla con dureza sino con suavidad o no reprenderla. Procurar que no esté sometida a emociones excesivas ni situaciones de estrés Control de los estímulos externos que recibe: crear a su alrededor un ambiente sosegado Medidas de seguridad ambiental: Barras de seguridad en la cama, para evitar caídas en estado de agitación Evitar la oscuridad, que favorece la confusión; es aconsejable tener alguna luz de seguridad en los pasillos, habitación, etc. No cambiar frecuentemente los muebles de lugar Evitar los cambios bruscos del entorno Facilitarle el contacto con un entorno conocido: familiares, amigos, objetos valiosos para ella, fotografías, etc. Mantener a la persona mayor ocupada el mayor tiempo posible, intentar que su vida no sea una rutina Es preciso que la persona mayor tenga conciencia del tiempo que pasa: debe tener a su alcance relojes, calendarios, etc. Control adecuado de los medicamentos que toma y revisiones periódicas Higiene y dieta adecuada a sus necesidades No aislar a la persona mayor, sino hacerla partícipe de las actividades familiares y de su entorno.     (información extraída de Guía de cuidados de personas mayores / Andrés Pérez Melero (editor) ; [autores Álvaro Noguera Macarena … et al.], 1999)

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¿Qué son las constelaciones familiares y para qué sirven?

Las Constelaciones Familiares nos muestran las dinámicas inconscientes en las que nos vemos envueltos, y el camino para que vuelva a fluir la armonía en nuestras relaciones y en nuestra Vida. Tomando conciencia del lugar que nos pertenece y de nuestras raíces, conectamos con nuestra fuerza, con nuestra sabiduría interna y con la capacidad para confiar y abrirnos a la Vida sin miedo. En los talleres de Constelaciones Familiares hacemos que lo invisible se vuelva visible, descubrimos el origen, y también el camino, para desbloquear o superar aquello que nos está provocando desequilibrios o nos mantiene estancados. Se pueden constelar conflictos, fobias, miedos, temas de salud, trabajo, familia, pareja, adicciones, apatía, tristeza, depresión, desvalorización…. A los talleres podemos asistir para constelar algún tema personal o como observadores, papel en el que también trabajamos temas nuestros, que se ven reflejados, de una manera u otra, en las Constelaciones de los compañeros. Constelar nos aporta siempre claridad y dirección en la sanación de nuestras heridas. María Ángeles Alandete Segura facilitadora de Constelaciones Familiares Recuerdo que a mis 16 años, ya tenía muchas inquietudes, muchas preguntas sin respuesta, y una cantidad considerable de nudos en mi vida que no conseguía desenredar. Buscaba aquí y allá las respuestas a todas esas preguntas. Comencé a buscarlas primero en libros, luego a practicar meditación, a asistir a charlas y a cursos de autoconocimiento (en aquel momento bastante escasos). Me acostumbré a ir mirando cada vez menos fuera, y más adentro; y a buscar allí las respuestas. La vida, poco a poco, las fue trayendo, y fue también abriendo nuevos caminos de aprendizaje. Más tarde en el tiempo, me fui formando en diferentes terapias: Esencias florales, para trabajar con las emociones estancadas, bloqueadas. Con el dolor, la tristeza, la ansiedad, y tantas otras. Hice, durante un largo periodo de tiempo, seminarios de Kinesiología, de Restauración Bioenergética, y muchos otros. Y luego, llegaron las Constelaciones Familiares. Durante años, asistí a talleres de Constelaciones, comprendiendo con más profundidad cada vez, las poderosas fuerzas que nos mueven, las lealtades, los lazos, y los vínculos visibles e invisibles que tenemos. Fui ampliando la mirada, y el espacio, tanto en mi mente como en mi corazón, hacia nuestro árbol genealógico; hasta que un día, sentada en silencio frente al mar, decidí formarme en Constelaciones Familiares. Nunca estaré suficientemente agradecida de haberlas encontrado en mi camino y de aquella decisión. Desde entonces, hace más de 10 años ya, trabajo con ellas, tanto a nivel grupal como individual, y no consigo imaginar  ningún otro trabajo más bello, ni en el que desearía estar. Cada sonrisa, cada nuevo brillo en los ojos en los que antes había tristeza o desaliento, cada espalda y cada corazón más ligeros de pesos, nudos y cargas, son preciosos regalos que recibo en cada taller.

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