conducta agresiva

¿Qué es la agresividad y cómo se manifiesta en el comportamiento humano?

Desde el punto de vista del individuo, puede plantearse la agresividad como un rasgo de personalidad. Desde la perspectiva legal cabe delimitar su legitimidad, y por último desde un planteamiento social, requiere de una evaluación del contexto social de la conducta. Tal es la amplitud del concepto que se nos puede plantear la disyuntiva de la pertinencia o no del empleo del término, pero la dificultad para su definición no debe suponer el rechazo a su uso, sino el reconocimiento de su valor funcional aunque no técnico, es decir, debemos reconocer su valor como elemento comunicador, ya que la mayoría de las personas saben reconocerla<a. La dificultad está en medirla y controlarla como variable independiente en un experimento, cuando intentamos una definición operacional que permita un análisis exhaustivo, ya que podemos decir que hay muchas clases de conducta agresiva y en consecuencia no puede haber una definición único que sea satisfactoria; de ahí su relativo valor como término técnico. Se habla de agresividad reactiva, hostil y afectiva, caracterizada por el predominio de componentes afectivos y emotivos y por otro, de una forma proactiva o instrumental, caracterizada por el predominio de comportamientos cognitivos e intencionales. En análisis de la realidad nos lleva a admitir que ésta no deja de ser una clasificación aleatoria, con un marcado carácter operativo, ya que en mayor o menor medida, ambos componentes están presentes y podríamos tomar como referencia hacia dónde se inclina la balanza. En general, la conducta agresiva viene a ser el resultado de una compleja secuencia asociativa que podemos reunir en el siguiente esquema: Ideas + Sentimientos + Tendencias del comportamiento Entendemos que el comportamiento agresivo aparece como resultado de una elaboración afectivo-cognitiva de la situación, donde están en juego procesos intencionales de atribución de significados y de anticipación de consecuencias, capaz de activar conductas y sentimientos de ira. Además se trata de un tipo de actuación que una vez activada, alimenta y sostiene la conducta incluso más allá del control voluntario. (Información extraída de La violencia en las aulas: análisis y propuestas de intervención / Fuensanta Cerezo Ramírez, 2001)

¿Qué es la agresividad y cómo se manifiesta en el comportamiento humano? Leer más »

¿Por qué es importante modificar la impulsividad?

¿Tan importante es la impulsividad como para que sea realmente necesaria su modificación? Y si así fuera, ¿no podría desaparecer por sí sola con el paso del tiempo? En respuesta a estas preguntas, los autores dicen que sí a la primera y no a la segunda. Las razones por las que se dan estas respuestas tan tajantes son las siguientes: con respecto al sí a la necesidad de modificar la impulsividad, o lo que es lo mismo, hacer que los niños sean más reflexivos, es una respuesta que no puede poner en tela de juicio, ya que los problemas académicos que tienen los niños que responden impulsivamente son numerosos y su educación se ve mermada, empobrecida por ese “modo de actuar” ante determinadas tareas. Además, no solo es importante lo que ocurra en el presente de un niño que se comporta impulsivamente hoy, sino que también es importante lo que suceda en el niño (adulto en el futuro) que se comporte impulsivamente mañana. Lo importante es fomentar una actitud reflexiva que promueva la evaluación de las distintas opciones existentes en el contexto de la resolución de un problema, y que la toma rápida de alguna de ellas pueda tener importantes repercusiones. En lo que respecta a la segunda de la respuesta, se argumenta así: para cambiar hace falta que algo cambie y el paso del tiempo (y la práctica) fortalece las conductas aprendidas. Comenzando por la primera de las dos razones aducidas, no hay ni que decir que las conductas se aprenden y si no tratamos de desaprenderlas “introduciendo” algún elemento que haga que cambien, éstas no cambiarán por sí solas. No es necesario que seamos nosotros mismos los que introduzcamos esas modificaciones, el propio ambiente, el medio en el que uno se encuentra puede hacer proclive que éstas se den. Lo que es indiscutible es que, para modificar una conducta, algo de lo que la sustenta debe ser cambiado. Podemos dejar que esos cambios aparezcan por sí solos, pero ¿qué necesidad hay de mantenerlos a la espera de que se den o no?, ¿no es mejor que seamos nosotros los que los provoquemos? Evidentemente es mejor una conducta activa, es decir, tratar de cambiar ese aspecto que mantiene la conducta, que esperar a que el cambio nos venga como “caído del cielo” o, peor aún, “por arte de magia”. Las cosas cambian por alguna razón, y si somos nosotros los que tenemos la posibilidad de cambiarlas, o los elementos que nos hacen falta para su modificación entonces mucho mejor. Otro aspecto que hace difícil la modificación de las conductas es la práctica, es decir, cuanto más se ha practicado una forma de hacer las cosas, más difícil se hace su cambio. Por ejemplo, si nos dicen que debemos aprender a conducir por la izquierda, probablemente nos resultaría muy difícil y seguramente no lo haríamos a no ser por un buen motivo (cambio en el ambiente), como por ejemplo, tener que trasladarnos a vivir a Gran Bretaña y que conducir un coche fuera un hecho totalmente necesario para el desarrollo de nuestra vida cotidiana o simplemente porque la conducta de conducir por la derecha resultará problemática para vivir en consonancia con el entorno que nos rodeara. A su vez no solo debe cambiar algo en el ambiente que nos lleve a cambiar a nosotros, sino que además ese cambio se convierte en un reto muy difícil cuando la conducta se ha practicado muchas veces, a lo largo del tiempo.  Si llevamos veinte años conduciendo en España, el hecho de irse a vivir a un lugar donde cambia el sentido de la conducción, nos resultaría cuanto menos problemático en un primer momento. De hecho, pensemos cómo sería si lleváramos únicamente un año con la licencia de conducción. Lo mismo que con este ejemplo tan cotidiana ocurre cuando un niño ha aprendido a responder de manera impulsiva ante cualquier tarea que requiera un mínimo de reflexión para ser resuelta y no solo eso, sino que además sus resultados académicos no son buenos. ¿No sería bueno modificar de manera sencilla y hasta divertida, esa tendencia a contestar sin pensar? ¿no es beneficioso “enseñar a pensar” a esos niños para que en un futuro no necesiten mucho más que sus propias energías para asimilar cualquier concepto y resolver con la mayor eficacia que puedan cualquier problema?  ¿Por qué importante modificarla en la edad infantil? Si en los niños pequeños, las conductas llevan menos tiempo siendo practicadas, será más fácil cambiarlas. Otro hecho importante, es la interferencia de algunos aprendizajes que interfieren con otros que se están llevando a cabo y dificultan la adquisición del nuevo. En el aprendizaje de idiomas, no es lo mismo aprender inglés y alemán a la vez que inglés primero y alemán después. En el primer caso, probablemente cuando estemos leyendo en alemán la palabra name pronunciemos en inglés (/neim/) que es la manera en la que aprendimos a leerlo cuando aprendimos inglés. Sin embargo, será al menos sorprendente el descubrimiento de que en alemán esa palabra, que tiene el mismo grafema que en inglés, se pronuncia tal y como se lee (/name/). No es necesario indicar que hasta que esa conducta se haga de manera automática serán muchas las veces que se diga “neim” en vez de “name”. Un aprendizaje consolidado puede dificultad la adquisición de otro nuevo y parecido. Esto, en el caso de los niños, también es menos problemático, ya que no solo el aprendizaje aún está menos consolidado, sino que hay menos hechos aprendidos que pueden interferir, ya que las experiencias que los niños de corta edad tienen son menos numerosas. La modificación de la impulsividad es necesaria por varias razones: La impulsividad puede llevar a elegir una opción incorrecta cuyas implicaciones sean negativas No va a cambiar por sí sola a no ser que el ambiente lo haga, y esperar a ello es una pérdida de tiempo Cuanto más tiempo dejemos que se siga practicando la conducta que pretendemos que cambie más difícil se

¿Por qué es importante modificar la impulsividad? Leer más »

¿Por Qué «Piensa en Voz Alta» de Camp y Bash Sigue Siendo Recordado?

El programa de Camp y Bash cuya edición original es de 1981 y su primera revisión de 1985, en realidad es el resultado de una larga trayectoria de investigaciones por parte de estas investigadoras. Una de las características del programa es que está diseñado para hacerlo con parejas de niños con problemas de conducta, tales como la agresividad.  Esto no es así caprichosamente, sino que responde a necesidades de investigación. Camp y Bash (1998) afirman que, en principio, iría dirigido a niños agresivos de entre 6 y 8 años.  También a cualquier niño con un déficit cognitivo similar y con una capacidad intelectual adecuada a lo que el programa requiere. Asimismo, creen que sería beneficioso con niños impulsivos, con problemas de aprendizaje, puramente académicos (en lectura o matemáticas) o de relaciones sociales. Cuando han utilizado el programa con niños retardados o psicóticos ha funcionado bien, pero, eso sí adaptando las lecciones del programa de forma que quedarán sujetas a sus necesidades de tiempo (ya que requieren más para aprender) y de progresos (ir aumentando la tarea paso a paso, más lentamente que otros niños). Las autoras han identificado tres tipos de niños: niños con habilidades cognitivas superiores o inferiores a las que se requieren para realizar el programa, niños perturbados emocional o motivacionalmente y niños conflictivos de familias desestructuradas. Distinguen cinco estudios a partir a partir de lo que han podido ir depurando el programa. Así el primero de ellos lo realizaron con 24 chicos agresivos que fueron asignados de forma aleatoria en dos grupos: uno que iba a recibir el entrenamiento en el programa de forma individual (equipo A) y otro que no (Equipo B). A la vez utilizaron otro grupo de chicos normales (equipo C) con el que comprar a los otros dos. Se tomaron algunas medidas a los tres equipos antes y después de la puesta en práctica del proyecto, que fueron de tres tipos: Los profesores informaban de las conductas agresivas de todos los chicos Se pasaron escalas de conducta social que informaban sobre cómo se comportaban esos chicos socialmente en la escuela Un conjunto de pruebas de índole cognitiva (inteligencia, memoria, lectura, escritura, etc.) Los resultados que obtuvieron indicaron que los chicos del Equipo A (el que fue entrenado con el Piensa en Voz Alta-Think Aloud) mejoraron muchísimo mas que los del equipo B, tanto en su ejecución de tareas cognitivas como en sus conductas en clase. Además, no se diferenciaban mucho de los del equipo C, es decir, de los que no eran agresivos. Todo esto quiere decir que los del equipo A mejoraron, incluso llegaron a comportarse como los “normales”, es decir, a no ser agresivos gracias al programa. El problema fue que sus conductas sociales en general no mejoraron, los profesores decían que los chicos habían mejorado en cuanto a su comportamiento en clase, pero no tenían mejores relaciones sociales. Esto llevó a las autoras a revisar el programa y tratar de fortalecer este aspecto ¿cómo? Fue así como decidieron entrenar a parejas de chicos, en vez de hacerlo individualmente. De este modo, y tras un estudio de prueba, realizaron un entrenamiento de 8 semanas a 63 chicos agresivos. Los dividieron de nuevo en dos grupos: uno iba a ser entrenado en el programa “Piensa en Voz Alta” (PA) y otro en un programa cuyo objetivo era aumentar la autoestima para chicos impulsivos. Este era el programa “Grandes Expectativas (GE)”. Los resultados que obtuvieron fueron buenos en cuanto a los aspectos cognitivos. Los chicos del PA mejoraron más que los del GE, y sus mejoras tendían hacia la normalidad (tanto a corto como a largo plazo). Sin embargo, los aspectos sociales y de la conducta en clase volvieron a no ser tan claros. A corto plazo, parecía que los chicos del PA realizaban las conductas agresivas en clase de un modo más apropiado que los del programa GE. De hecho, estos últimos seguían agrediendo físicamente a sus compañeros, mientras que los otros realizaban conductas tales como ha<ser ruido, levantarse de la silla, etc. Las autoras afirman que estos chicos quizá estaban utilizando en clase las técnicas aprendidas en el entrenamiento, y no es que fueran menos agresivos que sus compañeros del otro programa, sino que “canalizaban” su agresividad de una manera menos perturbadora. En cuanto a los resultados que obtuvieron pasado un tiempo, los profesores admitían que ya no había diferencias entre ellos, es decir, lo poco bueno parecía haberse disipado. Finalmente, tras estos resultados decidieron depurar aun mas los procedimientos con mayor impacto en las relaciones sociales y en el aula, y realizaron un programa-repaso tanto del PA como del GE a los dos grupos. Los resultados apuntan a que los chicos que se beneficiaron del repaso, también obtuvieron mejoras en la conducta en clase, en la hiperactividad, la impulsividad medida con el MFFT, etc. Los que no se beneficiaron de estas sesiones de repaso no mejoraron en ninguno de los tres aspectos mencionados anteriormente. Las autoras llegaron a la conclusión de que el programa de repaso de PA beneficia a aquellos que evolucionaron favorablemente en cuanto a lo cognitivo en la primera fase, pero no a las conductas de clase y sociales. Así, esto puede desarrollarse mediante el programa de repaso debido a su énfasis en la resolución de problemas sociales.   (información extraída de El Niño impulsivo : estrategias de evaluación, tratamiento y prevención / Gualberto Buela-Casal, Hugo Carretero-Dios, Macarena de los Santos-Roig, 2002)

¿Por Qué «Piensa en Voz Alta» de Camp y Bash Sigue Siendo Recordado? Leer más »

¿Cómo se comportan las personas con trastorno de conducta?

La principal característica del trastorno de conducta es un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que no se respetan los derechos básicos de otros, ni las normas o reglas sociales propias de la edad (Criterio A). Estos comportamientos se clasifican en cuatro grandes grupos principales: conducta agresiva que causa o amenaza con daño físico a otras personas o animales (Criterios A1-A7); conducta no agresiva que causa daño o destrucción de la propiedad (Criterios A8-A9); engaño o robo (Criterios A10-A12) y transgresión grave de las normas (Criterios A13-A15). Tiene que haber habido tres o más comportamientos característicos durante los últimos 12 meses, con al menos un comportamiento presente en los últimos 6 meses. Los problemas de comportamiento provocan un deterioro clínicamente significativo en áreas del funcionamiento social, académico o laboral (Criterio B). El patrón de comportamiento suele presentarse en una variedad de entornos, como en casa, en la escuela o en la comunidad. Dado que los individuos con trastorno de conducta son proclives a minimizar sus problemas de conducta, los clínicos a menudo deben confiar en otros informantes. Sin embargo, el conocimiento de los informantes sobre los problemas de conducta del individuo puede ser limitado si han supervisado al individuo insuficientemente o el individuo ha ocultado sus comportamientos sintomáticos. Los individuos con trastorno de conducta a menudo inician un comportamiento agresivo y reaccionan violentamente ante otras personas. Pueden tener un comportamiento de acoso, amenaza o intimidación (incluido el acoso mediante mensajes en las redes sociales) (Criterio A); a menudo empiezan peleas (Criterio A2), utilizan armas que puedan causar heridas graves a terceros (p.ej., un bastón, un ladrillo, una botella rota, un cuchillo, un arma)(Criterio A3), ejercen la crueldad física contra personas (Criterio A4) o animales (Criterio A5), han robado enfrentándose a una víctima (ej., atraco, robo de monedero, extorsión, atraco a mano armada) (Criterio A6) o han violado sexualmente a alguien (Criterio A7). La violencia física puede tomar la forma de violación, asalto, o rara vez, homicidio. La destrucción deliberada de las propiedades de otras personas puede incluir el prender fuego deliberadamente con la intención de provocar daños graves (Criterio A8) u otros modos de destrucción deliberada de la propiedad de otros (p.ej., romper las ventanas de los coches, realizar actos vandálicos en la escuela) (Criterio A9). Los actos de engaño o robo pueden incluir: invadir la casa, el edificio o el automóvil de alguien (Criterio A10), romper promesas o mentir frecuentemente para obtener objetos o favores o para evitar deudas u obligaciones (p.ej., engañar a otras personas)(Criterio A11), robar objetos de valor no trivial sin enfrentarse a la victima (p.ej., robo en tiendas, falsificación, fraude)(Criterio A12). Los individuos con trastorno de conducta también pueden transgredir frecuente y seriamente las normas (p.ej., en la escuela, con los padres, en el lugar de trabajo). Los niños con trastorno de conducta a menudo presentan un patrón de salidas por la noche a pesar de la prohibición de sus padres, empezando antes de los 13 años (Criterio A13). Los niños también pueden tener como patrón pasar toda la noche fuera de casa (Criterio A14). Para considerarse un síntoma de trastorno de conducta, el escapar de casa debe ocurrir al menos dos veces (o una sola si el individuo no vuelve durante un periodo prolongado de tiempo). Los episodios de escapadas que son consecuencia directa de abusos físicos o sexuales no se corresponden con este criterio. Los niños con trastorno de conducta pueden a menudo empezar a faltar a la escuela, empezando antes de los 13 años (Criterio A15). Especialmente en situaciones ambiguas, los individuos agresivos con trastorno de conducta malinterpretan frecuentemente las intenciones de los demás como más hostiles y amenazantes de lo que son, y responden con una agresividad que ellos sienten como razonables y justificada. Las características de la personalidad con rasgos de emoción negativos y de bajo autocontrol, como baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, arrebatos, suspicacia, insensibilidad al castigo, búsqueda de emociones e imprudencia, concurren frecuentemente en el trastorno de conducta. El abuso de sustancias es a menudo una característica asociada, particularmente en las chicas adolescentes. Las ideas suicidas, las tentativas de suicidio y el suicidio consumado en un porcentaje mucho más alto de lo esperado en los individuos con trastorno de conducta. Consecuencias del trastorno de conducta Los comportamientos del trastorno de conducta pueden conducir a la expulsión temporal o definitiva de la escuela, a problemas de adaptación laboral y problemas legales, a enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados y a lesiones físicas por accidentes o peleas. Estos problemas pueden impedir la asistencia a escuelas ordinarias o la vida en casa de los padres o en un hogar de acogida. Los trastornos de conducta se asocian a menudo con un inicio temprano de la conducta sexual, del consumo de alcohol, del consumo de tabaco, del consumo de sustancias ilegales y de actos arriesgados e imprudentes. Las tasas de accidentes parecen ser mayores entre los individuos con trastorno de conducta que entre los que no lo tienen. Estas consecuencias funcionales del trastorno de conducta pueden predecir problemas de salud cuando los individuos alcanzan la mediana edad. No es inusual que los individuos con trastorno de conducta entren en contacto con el sistema de justicia penal por realizar conductas ilegales. El trastorno de conducta es una causa frecuente de derivación a tratamiento del paciente y se diagnostica frecuentemente en los dispositivos de salud mental para niños, especialmente en los de práctica forense. Se asocia con un deterioro que es más grave y crónico que el presentado por los otros niños derivados a los servicios de salud mental. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

¿Cómo se comportan las personas con trastorno de conducta? Leer más »

¿Cómo se diagnostica el trastorno negativista desafiante?

La característica principal del trastorno negativista desafiante es un patrón frecuente y persistente de enfado/irritabilidad y discusiones/actitudes desafiantes o vengativas (Criterio A). No es inusual que estas personas con trastorno negativista desafiante muestren las características conductuales del trastorno sin problemas de estado de ánimo negativo. Sin embargo, los individuos con este trastorno que muestran síntomas de enfado/irritabilidad suelen mostrar también las características conductuales. Los síntomas del trastorno negativista desafiante pueden estar circunscritos a un único entorno y es frecuente que éste sea en casa. Los individuos que muestran suficientes síntomas para llegar al umbral del diagnóstico, aun produciéndose éstos únicamente en casa, pueden presentar un deterioro significativo del funcionamiento social. Sin embargo, en los casos más graves, los síntomas del trastorno están en varios entornos. Dado que la generalización de los síntomas es indicativa de la gravedad del trastorno, es fundamental que el comportamiento del individuo se evalúe en los diferentes entornos y relaciones. Debido a que estos comportamientos son frecuentes entre hermanos, éstos deberían ser observados en interacciones con otras personas que no sean hermanos. Además, como los síntomas del trastorno son típicamente más evidentes en las interacciones con adultos o compañeros a los que el individuo conoce bien, pueden no ser evidentes durante la evaluación clínica. Los síntomas del trastorno negativista desafiante pueden darse en individuos sin este trastorno. Hay varias consideraciones clave para determinar si los comportamientos son sintomáticos de un trastorno negativista desafiante. La primera, debe cumplirse el umbral diagnóstico de cuatro o más síntomas dentro de los 6 meses precedentes. La segunda, la persistencia y frecuencia de los síntomas debe exceder aquello que es normativo para el individuo según su edad, género y cultura. Por ejemplo, no es inusual que los niños preescolares tengan berrinches semanalmente. Los arrebatos de un niño de preescolar deberían considerarse un síntoma de trastorno negativista desafiante solo si suceden la mayoría de los días en los 6 meses precedentes, si sed producen al menos otros tres síntomas del trastorno y si los arrebatos contribuyen a un deterioro significativo asociado al trastorno (p. ej. provocan daños en la propiedad durante los arrebatos que tienen como consecuencia que se pida al niño abandonar la escuela). A menudo forman parte de un patrón de interacciones problemáticas con otros. Además, los individuos con este trastorno no suelen considerarse ellos mismos como enfadados, negativistas o desafiantes. Por el contrario, a menudo suelen justificar su comportamiento como respuesta a circunstancias o exigencias poco razonables. Así, puede resultar difícil separar la relativa contribución del individuo al trastorno de las interacciones problemas que él o ella experimentan. Por ejemplo, los niños con trastorno negativista desafiante pueden haber tenido una historia parental hostil. A menudo es imposible determinar si fue el comportamiento del niño el que llevó a los padres a comportarse de un modo más hostil hacia el hijo, si la hostilidad de los padres condujo a los problemas de comportamiento del hijo o si hubo una combinación de ambas cosas. El hecho de que el clínico pueda o no separar las relativas contribuciones de los potenciales factores causales no debería influir en si se realiza o no el diagnóstico. En el caso de que el niño pueda estar viviendo en condiciones precarias en las que pueda haber maltrato o negligencia, puede ser útil la atención clínica para reducir la contribución del ambiente. Características asociadas que apoyan el diagnóstico En niños y adolescentes, el trastorno negativista desafiante es más prevalente en las familias en que el cuidado de los niños está alterado por una sucesión de diferentes cuidadores y en las familias en que el trato severo, inconstante o negligente es frecuente en la crianza de los niños. Dos de las condiciones concurrentes más frecuentes en el trastorno negativista desafiante son el trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) y el trastorno de conducta. El trastorno negativista desafiante se ha asociado con un aumento del riesgo de intentos de suicidio, incluso después de controlar los trastornos comórbidos. Prevalencia La prevalencia del trastorno negativista desafiante varía del 1 al 11% con una prevalencia media estimada de cerca del 3,3%. La tasa del trastorno negativista desafiante puede variar dependiendo de la edad y el género del niño. El trastorno parece ser algo más prevalente en niños que en niñas (1,4:1) antes de la adolescencia. Esta predominancia del sexo masculino no se ha hallado de forma sistemática en las muestras de adolescentes o adultos. Desarrollo y curso Los primeros síntomas del trastorno negativista desafiante suelen aparecer durante los años preescolares y raramente más tarde de la adolescencia temprana. El trastorno negativista desafiante a menudo precede al desarrollo del trastorno de conducta, especialmente en los casos del trastorno de conducta con inicio en la infancia. Sin embargo, muchos niños y adolescentes con trastorno negativista desafiante no desarrollan posteriormente un trastorno de conducta. El trastorno negativista desafiante también conlleva el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad y trastorno depresivo mayor, incluso en ausencia del trastorno de conducta. Los síntomas de desafío, discusión y venganza suponen un mayor riesgo de trastorno de conducta, mientras que los síntomas de enfado-irritabilidad suponen un mayor riesgo de trastornos emocionales. Las manifestaciones del trastorno a lo largo del desarrollo parecen uniformes. Los niños y adolescentes con trastorno negativista desafiante presentan un mayor riesgo de problemas de adaptación como adultos, como conducta antisocial, problemas de control de los impulsos, abuso de sustancias, ansiedad y depresión. Muchos de los comportamientos asociados al trastorno negativista desafiante aumentan su frecuencia durante la etapa preescolar y en la adolescencia. Por tanto, es especialmente importante durante estos periodos del desarrollo que la frecuencia y la intensidad de dichos comportamientos se evalúe conforme a los niveles normativos, antes de que se decida si son síntomas o no del trastorno negativista desafiante Factores de riesgo y pronóstico Temperamental. Los factores temperamentales relacionados con problemas de la regulación emocional predicen el trastorno Ambientales. El trato severo, inconstante o negligente en la crianza de los niños es frecuente en las familias con niños y adolescentes con trastorno negativista

¿Cómo se diagnostica el trastorno negativista desafiante? Leer más »