Burnout

¿Cómo influye el estrés en las ausencias laborales?

El absentismo laboral es una realidad que afecta a empresas, trabajadores y a la sociedad en general. Aunque en muchas ocasiones se asocia únicamente a las bajas médicas o a las faltas injustificadas al trabajo, la realidad es mucho más compleja. Detrás del absentismo pueden encontrarse problemas de salud física, dificultades emocionales, estrés, agotamiento profesional o conflictos relacionados con el entorno laboral. En los últimos años, la salud mental ha adquirido un papel protagonista en el análisis de este fenómeno. Cada vez más especialistas señalan que el bienestar psicológico de los trabajadores influye directamente en su asistencia, rendimiento y satisfacción laboral. En este artículo analizaremos qué es el absentismo laboral, cuáles son sus principales causas, cómo afecta a la salud mental y qué medidas pueden ayudar a prevenirlo. ¿Qué es el absentismo laboral? El absentismo laboral hace referencia a la ausencia de un trabajador de su puesto de trabajo durante el tiempo que debería estar desempeñando sus funciones. Estas ausencias pueden estar justificadas o no justificadas. Entre las justificadas encontramos las bajas médicas, permisos legales, accidentes laborales o situaciones familiares contempladas por la legislación. Por otro lado, existen ausencias injustificadas que no cuentan con una causa reconocida o autorizada. Sin embargo, los expertos también hablan de una forma menos visible de absentismo: el denominado presentismo laboral. En este caso, la persona acude físicamente al trabajo, pero su rendimiento está significativamente reducido debido al cansancio, el estrés, la ansiedad o la falta de motivación. Tipos de absentismo laboral Absentismo justificado Se produce cuando existe una razón legítima para faltar al trabajo, como: Enfermedades comunes. Accidentes laborales. Intervenciones médicas. Cuidado de familiares dependientes. Permisos de maternidad o paternidad. Obligaciones legales. Absentismo injustificado Ocurre cuando el trabajador no acude a su puesto sin una causa aceptada o sin comunicar adecuadamente su ausencia. Absentismo presencial o presentismo Es una situación cada vez más estudiada por los profesionales de la salud mental. La persona está presente físicamente, pero no puede rendir adecuadamente debido a: Estrés crónico. Ansiedad. Depresión. Fatiga extrema. Problemas personales. Aunque pueda parecer menos perjudicial, el presentismo puede generar errores, accidentes y una disminución importante de la productividad. Principales causas del absentismo laboral Problemas de salud física Las enfermedades siguen siendo una de las principales razones de ausencia laboral. Entre las más frecuentes destacan: Problemas musculoesqueléticos. Dolor lumbar. Lesiones laborales. Enfermedades respiratorias. Enfermedades crónicas. Cuando la recuperación requiere reposo o tratamiento, la ausencia resulta necesaria para proteger la salud del trabajador. Problemas de salud mental La salud psicológica desempeña un papel cada vez más relevante. Trastornos como: Ansiedad. Depresión. Trastorno de adaptación. Estrés laboral. Síndrome de burnout. pueden provocar dificultades para mantener la asistencia regular al trabajo. En algunos casos, la persona experimenta síntomas físicos asociados a su malestar emocional, como insomnio, cefaleas, problemas digestivos o fatiga persistente. Estrés laboral El estrés aparece cuando las demandas del entorno superan los recursos percibidos por el trabajador para afrontarlas. Algunas situaciones de riesgo son: Sobrecarga de trabajo. Jornadas excesivas. Falta de personal. Objetivos poco realistas. Falta de control sobre las tareas. Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, aumenta significativamente el riesgo de absentismo. Burnout o síndrome de desgaste profesional La Organización Mundial de la Salud reconoce el burnout como un fenómeno relacionado con el trabajo. Sus principales características son: Agotamiento emocional. Distanciamiento mental respecto al trabajo. Sensación de ineficacia profesional. Las personas que sufren burnout pueden experimentar una necesidad creciente de ausentarse para recuperarse física y emocionalmente. Acoso laboral o mobbing Los ambientes laborales tóxicos constituyen otro factor importante. El acoso psicológico puede provocar: Ansiedad intensa. Miedo a acudir al trabajo. Baja autoestima. Síntomas depresivos. En estas circunstancias, las ausencias pueden convertirse en una forma de evitar una situación altamente estresante. Problemas familiares o personales Las dificultades fuera del entorno laboral también pueden influir: Divorcios. Fallecimiento de seres queridos. Problemas económicos. Responsabilidades de cuidado. Conflictos familiares. Cuando estas situaciones generan una elevada carga emocional, pueden afectar a la asistencia y al rendimiento laboral. La relación entre absentismo laboral y salud mental Durante mucho tiempo se prestó más atención a las enfermedades físicas que a los problemas psicológicos. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que la salud mental constituye uno de los factores más relevantes en la aparición del absentismo. Cuando una persona atraviesa un episodio de ansiedad o depresión, tareas cotidianas que antes resultaban sencillas pueden convertirse en enormes desafíos. Levantarse, concentrarse, relacionarse con compañeros o asumir responsabilidades laborales puede requerir un esfuerzo extraordinario. Por ello, en muchas ocasiones, las ausencias no son una falta de compromiso, sino una consecuencia directa del malestar psicológico. Consecuencias del absentismo laboral Para el trabajador Las ausencias prolongadas pueden generar: Pérdida de confianza profesional. Sensación de desconexión del equipo. Inseguridad laboral. Dificultades económicas. Mayor riesgo de aislamiento social. Además, cuando el problema subyacente no recibe atención adecuada, el malestar puede cronificarse. Para la empresa El absentismo también tiene un impacto organizacional importante: Disminución de la productividad. Incremento de costes. Sobrecarga para otros empleados. Necesidad de sustituciones temporales. Deterioro del clima laboral. Para la sociedad A nivel social, el absentismo genera: Incremento del gasto sanitario. Costes asociados a prestaciones laborales. Menor productividad económica. Impacto en los sistemas de protección social. Señales de alerta que no deben ignorarse Algunas señales pueden indicar que existe un riesgo creciente de absentismo relacionado con el bienestar psicológico: Fatiga constante. Irritabilidad frecuente. Problemas de concentración. Desmotivación laboral. Insomnio. Aumento de errores. Aislamiento de compañeros. Quejas físicas recurrentes sin causa médica clara. Detectar estos signos de forma temprana puede ayudar a prevenir problemas más graves. Cómo prevenir el absentismo laboral Promover la salud mental en el trabajo Las organizaciones pueden implementar medidas que favorezcan el bienestar emocional: Programas de apoyo psicológico. Formación en gestión del estrés. Talleres de inteligencia emocional. Protocolos de prevención del acoso. Fomentar un liderazgo saludable Los responsables de equipos desempeñan un papel fundamental. Un liderazgo basado en: La comunicación. La empatía. El reconocimiento. La escucha activa. puede reducir significativamente el estrés laboral. Favorecer la conciliación La flexibilidad laboral permite

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Entrevista a Rafa Alonso especialista en burnout y bienestar laboral

Vivimos en una época que glorifica estar ocupados, convertir la productividad en una medida de valor personal y asumir que el cansancio es simplemente el precio del éxito. Sin embargo, existe una línea casi invisible entre el esfuerzo saludable y el desgaste emocional profundo. El problema es que muchas veces no se cruza de golpe: se entra poco a poco, normalizando el agotamiento hasta que descansar deja de ser suficiente. En esta entrevista hablamos con Rafa sobre el burnout desde un lugar especialmente valioso: la experiencia vivida y el conocimiento profesional. A través de su propio recorrido, reflexiona sobre cómo la autoexigencia, la identificación con el trabajo y la dificultad para poner límites pueden llevarnos a desconectarnos de nosotros mismos sin apenas darnos cuenta. Una conversación para entender mejor las señales tempranas del agotamiento, cuestionar ciertas ideas instaladas sobre el éxito y recordar que trabajar no debería significar dejar de vivir. Rafa ¿cómo describirías ese momento silencioso en el que una persona pasa de estar simplemente cansada a empezar a desconectarse emocionalmente de su trabajo sin darse cuenta? La característica principal es que no te das cuenta, vas entrando poco a poco en una espiral muy complicada de gestionar, donde lo normal es que todos los días se parezcan entre si y esperes al fin de semana para descansar. En el momento en que ese descanso no es suficiente y empiezas la semana con la energía baja es cuando seguramente estés entrando en fase de agotamiento profundo. Has vivido el burnout en primera persona, ¿qué creencias personales tuviste que desmontar para empezar a recuperarte realmente? Sobre todo que yo tenía que estar en todo para demostrar mi trabajo. Una de las características de las personas que sufren burnout es que el trabajo es su identidad. Yo tenía que ser el que tuviera la solución para todo porque se supone que esa era mi misión. Como persona hiper responsable tuve que derribar el falso mito de que trabajar más equivale a ser mejor profesional. En tu experiencia, ¿qué papel juega la autoexigencia en el desarrollo del burnout y por qué muchas veces está socialmente bien vista? Todo parte de la creencia de que descansar no es productivo, de que siempre hay que estar haciendo algo para crecer. De un tiempo a aquí se ha puesto de «moda», sobre todo en redes sociales, que el tiempo es efímero y no puedes perder ni un segundo, y aunque el tiempo pasa y no vuelve, descansar y tomar pausas debe tener el mismo papel en tu vida si no quieres acabar agotado. ¿Qué señales tempranas suele ignorar la gente porque las ha normalizado dentro de la cultura laboral actual? Hemos normalizado tener tiempo limitado para lo que de verdad nos llena en la vida, como si disfrutar de actividades que nos nutren fuera en contra de nuestra naturaleza. No hemos nacido para estar 8 horas -o más- trabajando sino para desarrollarnos y vivir nuestra vida. El trabajo es una herramienta para ganar dinero, no es el fin último de nuestra existencia. Si sientes que tu vida gira en torno a tu trabajo, probablemente has perdido la noción de tu propósito principal, que no es más que vivir. ¿Cómo influye la identidad profesional en el hecho de que a muchas personas les cueste reconocer que están quemadas? Hay mucha presión social implícita en este tema. Solo hace falta entrar a Linkedin para comprobar cómo todo el mundo tiene interiorizado el discurso de que el trabajo es su identidad. Yo, por ejemplo, ya no digo que «soy psicólogo», sino que «me dedico a la psicología». Mi trabajo no me define aunque sea parte de mi, porque soy más cosas: marido, hermano, hijo, fan de los videojuegos, aficionado del Real Madrid…. Reducir mi existencia a mi trabajo es un error que ya no cometo. ¿Crees que hay perfiles más vulnerables al burnout o puede afectar a cualquier persona independientemente de su fortaleza mental? Si, está demostrado que hay rasgos de personalidad que tienden más a quemarse que otros. Por ejemplo, personas con miedo al conflicto, complacientes o con altos grados de implicación, suelen ser las que menos límites ponen en su trabajo, lo que puede llevarles al burnout de una forma mucho más rápida. ¿Qué errores comete la gente cuando intenta “solucionar” su burnout por su cuenta sin ayuda profesional? Hay dos errores principales. El primero es pensar que por cambiar de trabajo el burnout se va a curar. Es evidente que las condiciones de tu trabajo afectan, pero no es menos importante tu relación con él, y esto no cambia al irte a otra empresa. El segundo error es pensar que descansar o estar de baja es suficiente. La realidad es que es necesario un alto trabajo de autoconocimiento para entender qué patrones te llevan a actuar de determinadas maneras en según qué condiciones. En un entorno laboral que premia la productividad constante, ¿cómo puede alguien empezar a poner límites sin sentir culpa? No es fácil hacerlo porque poner límites suele tener consecuencias. Es importante saber cómo, cuándo y de qué manera poner límites. Esto es algo que ayudo a hacer a las personas a las que acompaño. Poner límites no es decir que no, eso es parte pero no el todo. Hay que entender las dinámicas laborales y utilizar una comunicación adecuada para que de verdad se respeten. ¿Qué impacto tiene el burnout en la vida personal y en las relaciones, más allá del ámbito laboral? Depende del grado de burnout. En casos leves lo más normal es que la persona abandone por completo sus hobbys y esté más irritable, pero en casos más graves podemos hablar de aislamiento social, pérdida total de placer por aquello que antes sí disfrutaba (anhedonia) e incluso depresión. ¿Cómo se puede diferenciar entre una mala racha puntual en el trabajo y un proceso real de desgaste profundo? El estrés puntual suele tener un límite temporal, es decir, tú sabes que va a haber un momento que el ritmo va

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¿Qué es un shutdown emocional y cómo reconocerlo?

En los últimos años, términos como ansiedad, burnout o sobreestimulación han entrado con fuerza en nuestro vocabulario cotidiano. Sin embargo, hay otro fenómeno menos conocido pero cada vez más frecuente: el shutdown. Lejos de ser simplemente “estar cansado”, el shutdown es una respuesta profunda del organismo ante una sobrecarga emocional, mental o sensorial. Es, en cierto modo, una forma de “apagado” que el cerebro activa para protegerse. ¿Qué es exactamente un shutdown? El shutdown (traducido como “apagón” o “bloqueo”) es un estado en el que la persona reduce drásticamente su capacidad de respuesta. Puede afectar al habla, al movimiento, a la toma de decisiones o incluso a la conexión emocional con el entorno. No se trata de una elección consciente. Es una reacción automática del sistema nervioso cuando percibe que la situación supera los recursos disponibles para afrontarla. A diferencia de otras respuestas como la ansiedad intensa o el pánico —que implican una activación elevada—, el shutdown pertenece al extremo opuesto: una desconexión. ¿Por qué ocurre? Nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir. Ante situaciones de amenaza o sobrecarga, activa mecanismos de defensa. Normalmente hablamos de tres respuestas clásicas: lucha, huida o congelación. El shutdown estaría relacionado con esta última, pero en una versión más profunda. Cuando ni luchar ni huir parecen posibles, el organismo opta por “apagarse”. Algunas causas frecuentes son: Exceso de estrés mantenido en el tiempo Sobrecarga sensorial (ruidos, luces, multitudes) Emociones intensas difíciles de gestionar Situaciones de conflicto o presión extrema Fatiga mental acumulada También es especialmente común en personas con alta sensibilidad o dentro del espectro del autismo, aunque cualquier persona puede experimentarlo en determinados momentos de su vida. ¿Cómo se manifiesta? El shutdown no siempre es fácil de identificar, ni por la persona que lo sufre ni por quienes la rodean. Algunas señales habituales incluyen: Dificultad para hablar o quedarse en silencio Sensación de “mente en blanco” Falta de energía para moverse o reaccionar Necesidad urgente de aislarse Desconexión emocional o sensación de irrealidad Lentitud en pensamientos y respuestas En ocasiones, puede parecer desde fuera que la persona está ignorando lo que ocurre o que “no quiere colaborar”, cuando en realidad su sistema nervioso está saturado. Shutdown, burnout y ansiedad: ¿en qué se diferencian? Aunque pueden estar relacionados, no son lo mismo: Ansiedad: activación elevada, inquietud, pensamientos acelerados Burnout: agotamiento crónico, especialmente ligado al ámbito laboral Shutdown: desconexión, bloqueo, reducción de la actividad mental y emocional Una misma persona puede pasar de la ansiedad al shutdown si la sobrecarga se mantiene durante demasiado tiempo. ¿Qué hacer durante un shutdown? Lo más importante es entender que no se trata de “forzarse a reaccionar”. Intentar salir del estado de golpe suele empeorarlo. Algunas estrategias útiles son: Buscar un entorno tranquilo y seguro Reducir estímulos (luz, ruido, interacción) Permitir el descanso sin culpa Practicar respiraciones suaves y conscientes Hidratarse y, si es posible, comer algo ligero Aceptar el estado sin juzgarse El objetivo no es “activar” rápidamente, sino permitir que el sistema nervioso se regule de forma natural. ¿Cómo prevenirlo? Aunque no siempre se puede evitar, sí es posible reducir su frecuencia: Identificar señales previas de saturación Establecer límites en el trabajo y las relaciones Introducir pausas reales durante el día Cuidar el descanso y el sueño Practicar técnicas de regulación emocional Pedir ayuda cuando sea necesario Escuchar al cuerpo antes de llegar al límite es clave. La importancia de comprenderlo Uno de los mayores problemas del shutdown es la incomprensión. Muchas personas que lo experimentan sienten culpa, vergüenza o frustración. Entender que se trata de una respuesta automática y protectora permite mirarlo con más amabilidad. No es debilidad, ni falta de interés, ni pereza: es el cuerpo diciendo “necesito parar”. Cuándo buscar ayuda profesional Si los episodios de shutdown son frecuentes, intensos o afectan significativamente a tu vida diaria, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental. Un acompañamiento adecuado puede ayudarte a comprender mejor lo que ocurre, identificar desencadenantes y desarrollar herramientas para gestionarlo. En resumen El shutdown es una forma en la que el cerebro intenta protegernos cuando la carga es demasiado alta. Aunque puede resultar desconcertante, aprender a reconocerlo y respetarlo es un paso fundamental hacia el autocuidado. En una sociedad que valora la productividad constante, quizá el verdadero reto sea aprender a parar antes de que el cuerpo tenga que hacerlo por nosotros.

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¿Cuándo trabajar demasiado deja de ser saludable?

Vivimos en una sociedad que premia el esfuerzo constante, la productividad y el “no parar”. Frases como “el que quiere, puede”, “hay que darlo todo” o “ya descansaré cuando pueda” están tan normalizadas que, a veces, cuesta ver cuándo el trabajo deja de ser una parte importante de la vida y pasa a ocuparlo todo. La obsesión por el trabajo, también conocida como adicción al trabajo o workaholism, es una realidad cada vez más frecuente y no siempre fácil de detectar. ¿Qué es la obsesión por el trabajo? No se trata simplemente de trabajar muchas horas o de tener una temporada especialmente intensa. La obsesión por el trabajo aparece cuando: El trabajo se convierte en el centro absoluto de la vida Se experimenta ansiedad o culpa al descansar Es difícil desconectar, incluso en vacaciones o fines de semana El rendimiento y el valor personal dependen casi exclusivamente del trabajo En estos casos, trabajar deja de ser una elección y pasa a sentirse como una necesidad constante. Señales de alerta: ¿cuándo preocuparse? Algunas señales que pueden indicar una relación poco saludable con el trabajo son: Pensar continuamente en tareas pendientes Revisar correos o mensajes laborales de forma compulsiva Sentirse inquieto, irritable o vacío cuando no se está trabajando Descuidar relaciones personales, ocio o autocuidado Tener problemas de sueño por preocupaciones laborales Dificultad para delegar o confiar en otros Muchas personas con obsesión por el trabajo reciben reconocimiento social por su “entrega”, lo que hace que el problema pase desapercibido durante años. ¿Por qué alguien se obsesiona con el trabajo? Las causas pueden ser muy variadas y, a menudo, se combinan entre sí: Autoestima ligada al rendimiento: sentir que solo se vale algo si se produce o se rinde Miedo al fracaso o al rechazo Perfeccionismo extremo Dificultad para gestionar el tiempo libre Uso del trabajo como escape emocional (para no sentir tristeza, soledad o ansiedad) Presión social y cultural que glorifica el exceso de trabajo En algunos casos, esta obsesión se inicia tras una etapa difícil, como una pérdida, una ruptura o una inseguridad económica. Consecuencias para la salud mental y física Aunque al principio pueda parecer “solo cansancio”, mantener este ritmo de forma prolongada tiene un impacto real: Estrés crónico y ansiedad Burnout o síndrome de desgaste profesional Depresión Problemas de sueño Aislamiento social Dificultades en las relaciones personales Dolores musculares, problemas digestivos o cardiovasculares El cuerpo y la mente siempre acaban pasando factura. ¿Trabajar mucho es lo mismo que amar tu trabajo? No necesariamente. Amar lo que haces es saludable cuando: Puedes desconectar sin culpa Disfrutas también de otras áreas de tu vida El trabajo no define por completo quién eres La obsesión aparece cuando no trabajar genera malestar y cuando el descanso se vive como una amenaza, no como una necesidad. ¿Qué se puede hacer para recuperar el equilibrio? Algunos pasos importantes son: Revisar creencias: no vales más por trabajar más Aprender a poner límites, incluso contigo mismo Recuperar espacios de descanso y ocio, aunque al principio cueste Escuchar al cuerpo y respetar sus señales Pedir ayuda profesional si el malestar es persistente Trabajar es importante, pero no debería ser la única fuente de identidad ni de sentido. Un mensaje final La obsesión por el trabajo no es un signo de fortaleza, sino muchas veces una señal de que algo necesita atención. Cuidar la salud mental también implica aprender a parar, descansar sin culpa y recordar que somos mucho más que nuestra productividad. Porque una vida equilibrada no se construye solo con logros, sino también con bienestar.

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¿Cómo Saber Si Sufres un Burnout?

En un mundo donde el trabajo y las responsabilidades parecen nunca acabar, el síndrome de burnout se ha convertido en un enemigo silencioso que afecta a millones de personas. ¿Te has preguntado si podrías estar experimentando burnout? En este artículo, te ayudaremos a identificar las señales menos evidentes de este síndrome y te daremos soluciones que quizás no conocías. ¿Qué es el burnout? El burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés crónico relacionado con el trabajo o las responsabilidades diarias. Si no se aborda a tiempo, puede afectar tu salud, relaciones y calidad de vida. Señales de que podrías estar sufriendo burnout Fatiga extrema persistente Sentirse cansado incluso después de dormir bien puede ser una señal de alarma. Este agotamiento no desaparece con el descanso habitual. Irritabilidad y cambios de humor Si reaccionas de manera desproporcionada ante situaciones menores o tienes cambios de humor repentinos, puede ser indicio de burnout. Cínico o desapegado Perder interés en tu trabajo, tareas o relaciones, y sentirte indiferente, puede ser una señal importante. Problemas de concentración y memoria Olvidar tareas importantes o tener dificultad para enfocarte puede ser síntoma de que tu mente está sobrecargada. Dolores físicos inexplicables Dolor de cabeza, musculares o problemas gastrointestinales pueden aparecer debido al estrés acumulado. Baja productividad Sentir que estás trabajando más pero logrando menos es una de las características principales del burnout. Soluciones que no sabías para combatir el burnout Practica la desconexión digital Desconéctate de correos y redes sociales fuera del horario laboral. Establecer límites claros ayuda a reducir la sobrecarga. Tómate microdescansos Pequeñas pausas de 5 minutos durante tu jornada pueden recargar tu energía y mejorar tu productividad. Prioriza el autocuidado Haz ejercicio, medita o simplemente date tiempo para actividades que disfrutes. Cuidar de ti mismo es clave para prevenir el agotamiento. Aprende a decir “no” No puedes hacerlo todo. Establecer prioridades y delegar tareas te ayudará a aliviar la presión. Busca apoyo Habla con amigos, familiares o un terapeuta. Compartir tus sentimientos puede ser un gran alivio. Rediseña tu espacio de trabajo Un entorno organizado y agradable puede influir positivamente en tu estado de ánimo y productividad. Evalúa tus metas y valores Reflexiona si tus esfuerzos están alineados con lo que realmente valoras en la vida. Ajustar tus metas puede ayudarte a encontrar un propósito renovado. Conclusión El burnout no es solo un cansancio pasajero; es un problema serio que puede afectar todos los aspectos de tu vida. Si identificas algunas de las señales mencionadas, no ignores los síntomas. Implementa las soluciones propuestas y, si es necesario, busca ayuda profesional. Tu bienestar es esencial. Recuerda que no puedes dar lo mejor de ti si no te cuidas primero.  ¿Y tú? ¿Has experimentado alguna vez burnout? Comparte tu experiencia en los comentarios.

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¿Cómo Reconocer si Tienes Burnout o Solo Estrés?

Entre los expertos dedicados al estudio del estrés, se ha generado mucha discusión sobre la considerada inicialmente una forma particular de estrés, como el denominado síndrome de burnout, en el sentido de si debería ser considerado una mera etapa del estrés o si, en realidad, constituye un fenómeno distinto y con características especificas propias. Entre los que apoyan esta distinción, la principal diferencia que establecen entre estos dos constructos, el estrés y el burnout, es la de que este último siempre está asociado al trabajo, a una actividad laboral y que es una respuesta de estrés que se ha cronificado o una forma de sobrevivir a las condiciones laborales adversas por parte de la persona. En este mismo sentido, diferentes estudios han encontrado otras características diferenciales entre el burnout y el estrés, como la de que el burnout no desaparece después del descanso, aunque éste sea prolongado, pues cuando la persona retorno al trabajo en poco tiempo, vuelven a aparecer todos los síntomas. Por otro lado el burnout también comporta una dimensión social o interrelacional, presente en la despersonalización, lo que no necesariamente ocurre en el estrés. En igual sentido, algunos científicos han encontrado también diferencias en los componentes fisiológicos de las respuestas implicadas en los procesos del estrés y del burnout. La definición o descripción más utilizada del burnout fue formulada por Maslach y Jackson (1981) y en ella se sugería que este síndrome estaba compuesto por tres dimensiones independientes: un estado elevado de agotamiento emocional y de despersonalización acompañado de una disminuida realización personal en el trabajo. El agotamiento emocional alude a la sensación de agotamiento, tanto físico como mental, al sentimiento de no disponer de energía para absolutamente nada, de haber llegado al límite de las posibilidades. La deshumanización se manifiesta por un contacto frio e impersonal con los usuarios de sus servicios pudiendo pasar a adoptar actitudes de cinismo e ironía en la relación con las personas, al igual que una indiferencia sobre lo que puede llegar a ocurrir a los demás. La falta de realización personal evidencia el sentimiento de insatisfacción con las actividades laborales que la persona viene realizando, el sentimiento de insuficiencia, de baja autoestima, de fracaso profesional o de desmotivación, relevando una baja eficacia en el trabajo. Los desencadenantes del burnout pueden ser múltiples y de naturaleza muy variada, lo que imprime una mayor complejidad a este síndrome. Los factores más decisivos para su desarrollo son las características propias de la organización, seguidas por las del tipo de trabajo que se realiza. En este sentido, los cambios organizacionales, el clima laboral del entorno de trabajo, el equilibrio entre responsabilidad y autonomía, la carga laboral, la burocracia, la seguridad, las normas institucionales, la equidad o las posibilidades de promoción y de recompensas se encuentran entre las más citadas. Entre las características del trabajo, por su parte, cabe resaltar los conflictos y/o ambigüedades de rol, la presión, el tipo y el tiempo de ejercicio de la profesión, el trabajo por turnos, la posible existencia de acoso laboral o la relación con los propios compañeros entre otras. Por otra parte, algunos factores o características personales pueden facilitar o retrasar el desarrollo del mismo síndrome. Entre estos factores cabe mencionar el idealismo basado en la disponibilidad de datos poco realistas sobre el tipo de trabajo, la motivación excesiva, un estilo atribuciones de control externo, las estrategias de afrontamiento empleadas, la existencia de un patrón de personalidad tipo A o la resiliencia entre otros. Entre las consecuencias patológicas o síntomas asociados al burnout, éstos pueden ser fiscos, como las jaquecas, los trastornos del sueño, los dolores óseos o musculares, principalmente en el cuello o la nuca, una disminución de la respuesta inmunitaria, una fatiga constante, los posibles problemas cardiovasculares y/o gastrointestinales o las disfunciones sexuales. Los problemas psicológicos, por su parte, pueden consistir en una dificultad de concentración, alteraciones en la memoria, lenificación del pensamiento, una reducida autoestima, labilidad emocional, impaciencia, sentimiento de insuficiencia, paranoia y hasta depresión. En cuanto a las alteraciones comportamentales entre éstas se han identificado una incapacidad para relajarse, irritabilidad, aumento de la agresividad, negligencia o escrúpulos excesivos, reducción de la iniciativa, dificultad para la aceptación de cambios o conductas de alto riesgo que pueden llegar hasta el suicidio. Entre los síntomas defensivos, se han descrito los siguientes: la tendencia al aislamiento, la pérdida del interés por el trabajo o el absentismo laboral. Aunque todos estos síntomas pueden ser similares a los observados en el caso del estrés, pueden ir acompañados de otros como los defensivos de omnipotencia, ironía y cinismo, que son típicamente característicos del burnout. Muchos de los estudios sobre el burnout se han centrado en la evolución del síndrome, existiendo un gran acuerdo entre los autores al describirlo según una secuencia de fases que empezaría por el cansancio emocional, elemento clave del burnout, que en su desarrollo y agravamiento generaría la deshumanización como defensa, llevando todo ello, finalmente, a la reducción de la realización en las actividades propias de su ocupación laboral. En todo este proceso pueden intervenir otras variables que pueden modular el desarrollo del burnout, retardándolo, acelerándolo o manteniéndolo. En este sentido, cabe considerar el apoyo profesional que el trabajador pueda o no recibir, las habilidades sociales que ha desarrollado en su vida, el tipo de trato que tiene con los clientes y el estatus social que comporta su actividad. El instrumento más utilizado  internacionalmente en las investigaciones realizadas sobre el burnout ha sido el MBI- Maslach Burnout Inventory, desarrollado por Maslach y Jackson (1986). En España, por su parte y solo por citar algunos ejemplos, se han desarrollado el CBB-Cuestionario Breve de burnout de Moreno-Jiménez, Bustos, Catalana y Miralles (1997); el CESQT-Cuestionario para la evaluación del síndrome de quemarse por el trabajo de Gil-Monte (2005) y el EPB- Efectos psíquicos del burnout de García (1995).   (Información extraída de Emociones positivas / coordinador, Enrique G. Fernández-Abascal Pirámide Madrid [2009])

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