La salud mental ha dejado de ser un tema del que solo se habla cuando aparece el sufrimiento. Cada vez existe una mayor conciencia sobre la importancia de comprender nuestras emociones, aprender a gestionar las dificultades y pedir ayuda cuando la necesitamos. Sin embargo, siguen existiendo muchos mitos, falsas creencias y preguntas sobre el verdadero trabajo que realiza un psicólogo y sobre cómo construir un bienestar emocional sólido.
En esta entrevista conversamos con Ángel Macías, psicólogo con una amplia trayectoria clínica, divulgador y conferenciante, para profundizar en algunos de los grandes desafíos psicológicos de nuestro tiempo: la autoexigencia, la ansiedad, la necesidad de aparentar bienestar, el peso de las heridas emocionales y la responsabilidad personal en los procesos de cambio.
A lo largo de esta conversación, Ángel comparte no solo su experiencia profesional, sino también una visión clara, cercana y profundamente humana sobre la psicología. Una entrevista que invita a reflexionar, cuestionar creencias y comprender que cuidar la salud mental no consiste en buscar la perfección, sino en aprender a vivir con mayor conciencia, autenticidad y equilibrio.
Ángel ¿cómo nació tu vocación por la psicología y en qué momento supiste que querías dedicar tu vida a acompañar emocionalmente a otras personas? Siempre he sido una persona a la que le gusta ayudar. Con el paso de los años y ya de joven adulto entendí que la vida si no es para servir a los demás de alguna forma, para mi no tiene sentido. Estudié psicología porque de las ramas de salud es la que más me gustaba y creo que era mas coherente conmigo. No me veía en el modelo médico.
Después de años de experiencia profesional, ¿qué es lo más difícil de ser psicólogo y qué aspecto sigue emocionándote como el primer día? Creo que cuando te gusta algo, no ves dificultad como tal. Si es cierto que hay casos mas complejos, pero son solo retos y oportunidades de mejorar profesionalmente. Mi relación con lo “difícil” es sana con lo cual dejo de verlo incluso como una dificultad.
Emocionante para mi es terminar mi día de consulta y saber que he ayudado a muchas personas, que avanzan a pesar de los problemas que surjan y los altibajos. También cuando alguno de los videos que hago en redes llega a las personas y me escriben por privado para agradecer mi labor. Es muy gratificante.
¿Qué aprendizajes personales te ha dejado escuchar durante tantos años el sufrimiento emocional de otras personas? Que quien quiere cambiar SIEMPRE puede cambiar. Es una cuestión de responsabilidad y el problema está precisamente ahí. Nos victimizamos mucho y delegamos la responsabilidad de nuestras vidas a factores externos.
¿Crees que la sociedad sigue teniendo una visión equivocada sobre lo que realmente hace un psicólogo en consulta? Está mejorando mucho y a veces incluso nos pasamos de frenada. Ahora todo el mundo quiere ir y está bien, pero no todo el mundo lo necesita. No hay que ir por ir. Por otro lado sigue habiendo muchas personas que no tienen mucha idea de lo que significa ir al psicólogo y de que realmente es útil. Falta de psicoeducación y de experiencia.
En tu profesión, ¿cómo consigues encontrar equilibrio entre implicarte emocionalmente con tus pacientes y proteger también tu propia salud mental? Lo único que puede llegar a afectarme a nivel mental es el estrés por todas las cosas que llevo a la vez a nivel profesional. No solo paso consulta, sino que también doy conferencias, creo contenido y gestiono a un equipo de psicólogos.
Con respeto a los pacientes se separar bien lo que pasa en consulta para que se quede ahí cada vez que me voy a casa. No me suelo quedar pensando en los casos ni me afectan los casos. Creo que soy muy consciente de que el malestar psicológico es real y de cuál es mi profesión. Para mi es como si un bombero se asustara al ver fuego (entiéndase la analogía).
¿Qué silencios emocionales observas con más frecuencia en consulta y que, sin embargo, casi nadie se atreve a reconocer en voz alta? En general y relacionado con una pregunta anterior. No queremos expresar lo que nos pasa porque es muy probable que al hacerlo se generen ciertos cambios en mi contexto que me obliguen a tener que responsabilizarme de algo. No solemos querer por no afrontar el dolor.
¿Crees que hoy en día muchas personas están más preocupadas por aparentar estabilidad emocional que por sentirse realmente bien? Definitivamente si. También hay personas que ahora expresan todo, todo el rato. No es necesario tampoco. El veneno está en la dosis.
¿Qué ocurre psicológicamente cuando alguien lleva tantos años sobreviviendo que ya no recuerda cómo era vivir con calma? No será consciente de que tenga que pedir ayuda a no ser que su entorno se lo haga ver. Una vez tome conciencia empieza el trabajo.
En una sociedad obsesionada con la productividad, ¿qué consecuencias emocionales tiene sentir que descansar genera culpa? Desgaste emocional, desconexión de nuestros valores e identidad, estrés… Si no se corrige a tiempo puede llevar a enfermedades físicas o mentales graves.
¿Has tenido pacientes que descubren en terapia que no estaban viviendo la vida que deseaban, sino la que otros esperaban de ellos? Literalmente casi todos los que vienen a consulta en mayor o menor medida. No hay que alarmarse porque vivimos en base a lo aprendido y lo aprendido no me lo enseño yo mismo sino que copio a papá, mamá o cualquier otra figura referente que tenga. Una vez construido eso hay que desaprender y empezar a ser yo realmente. Pocos lo hacen del todo.
¿Qué tipo de heridas emocionales dejan las relaciones donde nunca hubo gritos, pero sí indiferencia constante? Uno de los problemas mas frecuentes en estos casos es la “compañía indiferente”. Cuando las personas están rodeadas de personas a su cargo pero que no le prestan atención se sienten igual de solas que una persona que no tiene a nadie. De hecho es un miedo a la soledad diferente porque no nace de estar solo, sino de sentir que no importo y dejo de relacionarme yo con mi entorno por esa idea.
¿Crees que existe una generación emocionalmente agotada por intentar sanar demasiado rápido? Hoy todo lo queremos rápido y al pie y yo abogo por una psicología mas simple y que agilice procesos, pero hay unos mínimos insalvables. La sociedad en general está mal acostumbrada a la inmediatez para todo. Los smartphones en este caso han hecho mucho daño. La tecnología en general. Creo personalmente que vamos a peor en este aspecto. No hay cultura del esfuerzo y la renuncia por conseguir metas.
¿Qué le dirías a quienes convierten la autoexigencia en una forma silenciosa de maltrato hacia sí mismos? Que están tapando algo. Una herida pasada o la no gestión de su presente. Se ocultan detrás de esa máscara de la autoexigencia para no prestar atención a eso pendiente que solucionar.
¿Por qué muchas personas toleran durante años situaciones que las destruyen emocionalmente antes de pedir ayuda? Por el mismo motivo que cuando una persona viene de la guerra tras dos años se siente mal cuando esta en paz en casa. Literalmente “pierden la cabeza”. Nuestro cerebro se adapta y familiariza a lo que yo le exponga durante un tiempo prolongado. Si me he criado así, mis decisiones van a llevarme a recrear los mismos escenarios en el futuro porque es lo que conozco y lo que es conocido da sensación de control aunque sea tóxico.
Después de tantos años escuchando historias personales, ¿qué te ha enseñado la psicología sobre la fragilidad humana que nunca imaginaste cuando empezaste? Es difícil esta pregunta. Creo que somos más frágiles conforme menos conscientes de que podemos no serlo somos. Nuestras creencias nos limitan. Si creo que soy frágil voy a crear una visión de mi y unos comportamientos que perpetúen mi fragilidad.
Es cierto que de niños si somos más frágiles y que esa fragilidad se mantiene en la vida adulta cuando esas heridas no se sana.





